Los 500 kilos de la mujer más obesa del planeta

Un médico indio costea el viaje y el tratamiento de la egipcia Iman, postrada desde hace dos años en una cama

El Mundo, por Francisco Carrión

La muejr más obesa está en Egipto y pesa 500 kilos

La muejr más obesa está en Egipto y pesa 500 kilos

Desde hace dos años Iman Ahmed Abdelati vive postrada en la cama, con su voluminoso cuerpo atrapado entre los pliegues de las sábanas. “No hace nada. Se pasa los días mirando al techo o al televisor. Es una niña de 500 kilos“, relata a EL MUNDO Shaima, una ingeniera que sacrificó su trabajo para cuidar de su hermana.

Es mediodía y la brisa del Mediterráneo se cuela por los ventanales del apartamento que Iman, de 35 años, ha convertido en su lugar de retiro. “Fue mi primera hija. Di a luz en casa. Al nacer ya nos dimos cuenta de que su peso no era normal. Sobrepasaba los cinco kilos y medio”, rememora Um Iman, madre de la mujer que esconde su peso bajo el edredón en la estancia contigua. “Cada vez que acudimos a ayudarla o que tenemos que cambiarla de posición es como desplazar un coche”, se queja la anciana.

Iman ocupa los desvelos de la familia. Un trastorno hormonal la ha ido condenando al aislamiento. “Mis padres la llevaron a varios doctores. Descubrieron que tenía una disfunción endocrina y le recetaron un medicamento que empezó a tomar cuando apenas tenía un año y medio”, comenta Shaima, que guarda aún las fotografías de la infancia en las que Iman juega con sus amigas. “Era una chica muy simpática. Le gustaba reír. Cuando necesitabas cambiar de humor acudías a ella. Era capaz de alegrarte el día con un par de palabras”, evoca su hermana.

Los kilos que en las últimas décadas ha ido sumando y su quebradiza salud han extraviado aquel carácter y cancelado su contacto con el exterior. Ni siquiera pudo terminar la primaria. “Hasta los 12 años -detalla- caminaba sin grandes dificultades. Luego las piernas empezaron a fallarle y comenzó a moverse por la casa con rodillas y manos. Hubo una temporada que con el ejercicio llegó a perder 50 kilos para sorpresa de los doctores que la examinaban”.

Hace dos años, sin embargo, la báscula se desbocó. “Sufrió un derrame cerebral. Ni siquiera éramos capaces de trasladarla a un hospital. Pesaba más de 300 kilos y no había clínica que quisiera aceptarla. Decían que no tenían medios para tratarla”, lamenta Shaima mientras vigila a su hija, que corretea por el salón del apartamento familiar. A pesar de los contratiempos y las negativas, Iman consiguió sobrevivir al trance. Permaneció dos semanas en la unidad de cuidados intensivos de un hospital alejandrino y regresó a casa transformada por las secuelas. “Ha perdido toda la movilidad en la parte derecha del cuerpo y habla con mucha dificultad. Balbucea palabras que sólo entendemos quienes estamos siempre con ella”, reconoce su hermana.

Durante algún tiempo Iman siguió moviéndose por el hogar “reptando con el vientre” hasta que a principios de este año una obstrucción linfática suspendió sus últimos y limitados movimientos. “Ahora pesa 500 kilos y no hay médico que quiera venir a visitarla. Lo máximo que hemos conseguido es que alguno acepte que, cuando tiene dolencias, le enviemos fotografías y nos recete el medicamento”, agrega Shaima. Iman, colocada en un colchón sobre el suelo, asiente sin musitar palabra. “Habla poco pero, por ejemplo, cuando mi madre sale a comprar, la llama y le pide lo que necesita. Come muy poco. Al mediodía algo de pan, huevos o queso y no cena nunca”.

14812158251375“Los especialistas -admite Shaima- que la han visto confirman que es un caso excepcional no sólo en Egipto sino también fuera. Nadie entiende cómo puede sobrevivir con este peso“. El drama de Iman es una rareza en un país de 90 millones de almas que, no obstante, en la última década ha pulverizado los registros sanitarios. Según una encuesta de la Organización Mundial de la Salud, el 62,2% de los egipcios padece sobrepeso. De ellos, el 31,1% pueden ser catalogados como obesos. La infancia tampoco escapa a la lacra que recorre las calles del país más poblado del mundo árabe. El 32% de los menores de edad sufren obesidad. Una dieta a base de carne, carbohidratos y azúcar acompañada de escaso ejercicio físico han convertido el peso en un problema de salud pública que, sin embargo, recibe aún escasa atención.

Hastiada por la falta de ayuda, la familia de Iman reclamaba a las autoridades egipcias que se hicieran cargo de los cuidados de la treintañera hasta que una llamada desde la India se cruzó en su camino. “El caso llegó a oídos de un médico indio que se puso en contacto con nosotros. Tras la ayuda de la ministra de Exteriores india, hemos conseguido visado para viajar a Bombay donde recibirá tratamiento“, replica feliz la hermana.

En declaraciones a la BBC, el cirujano hindú Muffazal Lakdawala explica que será sometida a una operación para reducir un peso que el facultativo achaca principalmente a un linfedema, un edema originado por la obstrucción en los canales linfáticos del organismo. “Tendrá que permanecer entre dos y tres meses en Bombay para la cirugía y el tratamiento antes de regresar a casa, pero necesitará dos o tres años para que el peso de su cuerpo baje de los 100 kilos”. “Espero poder ayudarla pero no diré que estoy seguro porque sería una exageración”, confiesa.

La repentina ayuda es un rayo de esperanza para su progenitora, cansada de librar batalla. “Es cada vez más difícil moverla, cambiarla de ropa y curar las heridas que le ocasionan el peso y la falta de movimiento. Yo siento que no puedo hacer más por socorrerla. Necesita atención continua. A veces pierde la consciencia y en otras ocasiones imagina cosas“, murmura.

Las desesperadas súplicas llegaron hasta el presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, y los despachos del todopoderoso Ejército egipcio, propietario de una prestigiosa y elitista red de hospitales. “Hace unas semanas varios médicos de las fuerzas armadas vinieron a verla. El Estado jamás se ha encargado de ella. Ni siquiera nos facilitan los trámites más leves”, replica Shaima, que acaricia ahora el objetivo de que su hermana viaje al extranjero para recibir tratamiento. “Sueño con que algún día pueda curarse y vuelva a caminar, como cualquier otra persona”.

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