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¡Cuidado con querer rebajar demasiado rápido!

julio 19, 2017

RFI, por Ivonne Sánchez

Llega el verano y con él las dietas “milagro” que prometen bajar de peso inmediatamente: ayunos “desintoxicantes” a base de jarabe de arce, cremas reductoras que “funcionan de noche”, la dieta de la piña, por no citar sólo algunas de estas dudosas prácticas…pero estas propuestas pueden ser peligrosas a la hora de adoptarlas. Es lo que un grupo de expertos en nutrición busca alertar, los peligros de querer bajar rápidamente de peso para poder lucir sin complejos la ropa ligera propia del verano.

Para escuchar el programa haga click en la imagen principal

Pastillas adelgazantes, pseudo-fármacos y sustancias prohibidas sin prescripción médica proliferan en internet. Así también todo tipo de dietas, las unas más exóticas que las otras, como una que está ahora de moda, la dieta de jarabe de arce, es decir ingerir todo el día bebidas a base de limón, miel de maple y pimienta de cayena, según esto para “desintoxicar” el cuerpo.

Expertos en nutrición señalan varios errores graves a evitar en ésta que llaman “operación bikini a contrarreloj”, tales como auto asignarse una dieta que le funcionó a otra persona conocida, alimentarse únicamente a base de jugos de frutas y verduras, sustituir la ingesta de alimentos sólidos por “productos adelgazantes” como polvos proteínicos.

Otros errores comunes son el ponerse a hacer ejercicio de manera exagerada cuando el cuerpo no está preparado para dichos esfuerzos.

La recomendación general es ir con nutricionista o un doctor capacitado, tener objetivos realistas y no querer perder más de 4 kilos al mes, 6 kilos, si se hace ejercicio. Más allá, hay que desconfiar.

Entrevistado: Rubén Bravo, experto en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Cuando la obesidad se convierte en éxito profesional

mayo 30, 2017

Esdiario.com

Tres mujeres que han luchado contra los kilos de más y su victoria ha servido para catapultarlas al éxito. Dos presentadoras y la ex de don Felipe se han coronado en reino de la obesidad.

Esto de las reinas de la obesidad va cambiando por temporadas. Hubo una época en que Isabel Sartorius parecía la única mujer excedida de peso de España. El asunto se trató en los medios y a ella le sirvió para encontrar su lugar bajo el sol en el panorama mediático. Habló de trastornos alimenticios, de compulsión, de desórdenes… ¿Y quién no iba a ponerse de su parte con esa cara que transmite dulzura? Los kilos de más la encaminaron por la senda del coaching y dijo adiós al diseño de bolsos, a los photocalls de dietas alcachoferas, a las quedadas con doña Letizia…

A Tania Llasera la conocimos delgadísima. Sin embargo, dejó de fumar y ahí empezó su vía crucis con el sobrepeso. Al compartir la presentadora su día a día en Instagram, le llueven críticas y alabanzas. Después llegaría su primer embarazo y tras dar a luz al precioso Pepe Bowie empezaría a ponerse en forma. Tania estaba un poco desaparecida cuando los kilos de más volvieron a darle protagonismo mediático. Regresó a los platós y observó un renacer profesional. Ha sabido aprovechar su nueva figura y trabajo no le falta.

Poco imaginaba Carlota Corredera que su lucha contra la obesidad iba a convertirla en imprescindible en los medios. Sin prisa pero sin pausa, la periodista ha conseguido rebajar más de 60 kilos. Desde entonces, el papel cuché está rendido a sus pies. Portadas y ventanitas se la disputan. Ahora corona su reinado publicando un libro en el que comparte su experiencia, Tú también puedes (Grijalbo). Cual diva, divina, ha posado en traje de baño demostrando que los complejos no sirven más que para estorbar. El único problema es que su omnipresencia ya despierta comentarios. Y es que en esto de los kilos, como en todo, la gente está ávida de nuevas musas. Una vez vista la transformación en cisne, llega el hartazgo y empieza el rechazo. El público, que tiene poca paciencia.

Esto es lo que ocurre cuando uno se pasa 7 años sin hacer deporte

abril 12, 2017

Reencontrarse con la actividad deportiva tras una larga época de sedentarismo y talla XL no es fácil. Primera norma: olvide el ‘running’

El País, por Salomé García

Acaba de tomar una determinación: mañana mismo empieza a hacer deporte. Tal vez se había abandonado y Facebook vino a recordarle que hace siete años usted estaba hecho un figurín. Puede ser la crisis de los 40 sumada a una oronda barriga. O que la naturaleza le ha mandado un aviso en forma de amago de infarto o la glucosa y el colesterol por las nubes. Aunque usted solo vea michelines, sepa que ponerse en marcha va a costar. Y no solo por su voluminosa anatomía, que también. En su mochila posiblemente lleve malos compañeros de viaje, que resume así Carlos Saavedra, del Laboratorio de Metabolismo Energético del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos de la Universidad de Chile: “Lipoglucotoxicidad muscular (el exceso de glucosa y lípidos en sangre durante mucho tiempo provoca resistencia a la insulina), sarcopenia (degradación muscular por desuso) y mal funcionamiento muscular”.

Va a ser duro, pero no imposible. Y no será de hoy para mañana. Hay dos perfiles complicados. “Está el que antaño llevaba una vida activa y un buen día se abandonó, y cree que puede reengancharse al mismo nivel desde el principio sin plantearse que arranca con 20 o 40 kilos extra. La ventaja es que el cuerpo tiene memoria, ya conoce la rutina de entreno, las sensaciones y, si solo han pasado de 5 a 7 años y se retoma paulatinamente, la progresión será rápida”, apunta Mayte Fernández Arranz, directora de Fitness Center SportTime en Rafa Nadal Academy. Y un segundo grupo: los sedentarios y obesos con solera, que llevan ya 8 años apalancados en el sofá. Cuidado con los riesgos. “Sobre todo, por desconocimiento. La falta de experiencia puede llevarle a realizar ejercicios inadecuados, con técnicas erróneas o intensidades excesivas”, advierte Jorge Brañas, entrenador personal y preparador físico del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Haga caso a su barriga (y a la analítica)

No todas las personas con talla grande son iguales. Entre otras cosas, porque ni su corazón ni sus arterias ni su analítica, y puede que hasta la edad o nivel de entrenamiento previo, serán iguales. Entrenadores y médicos coinciden: ponerse a hacer deporte con un índice de masa corporal superior a 25 (sobrepeso) es arriesgado. Con más de 30 (obesidad) puede ser una bomba de relojería. Para José Ángel Cabrera, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid, “antes de atarse los cordones se debería medir los niveles de tensión arterial, el perfil lipídico, las cifras de colesterol, glucosa y de tensión arterial para valorar el riesgo cardiovascular. El aumento del perímetro de cintura es, en sí mismo, un factor de riesgo cardiovascular porque ese exceso de grasa está provocando un mal funcionamiento de las vísceras abdominales. También es recomendable realizar un ecocardiograma para chequear la función ventricular, las paredes del corazón y la función diastólica”. Y añada una prueba de esfuerzo para ver hasta dónde da de sí en un entorno controlado.

No corra

A la hora de arrancarse querer es poder, sí, pero no a cualquier precio. “Hay que ir de menos a más y siempre de la mano de un médico y un entrenador. Ahora no se trata de perder peso ni de lograr marcas. La prioridad en las primeras semanas es preservar la salud y mantener a raya las lesiones. Y a la vez, que le guste para lograr la máxima adhesión al programa. De nada sirve arrancar a tope si a los pocos días se siente agotado, se aburre o se frustra al no ver resultados.

Lo ideal es empezar tres días a la semana con sesiones de 20-30 minutos de actividad aeróbica a baja intensidad y sin impacto. Al principio no se debe superar el 60% de la frecuencia cardíaca máxima (FCM). Poco a poco iremos aumentando hasta llegar al 80% (la FCM equivale a 220 menos la edad, es decir, para una persona de 40 años será de 180 pulsaciones por minuto). Es fácil monitorizarlo con un pulsómetro. “Rotundamente prohibido correr, saltar o cualquier práctica de impacto”, explica Rubén Gadea, director de Sanus Vitae.

¿Por qué ese veto al running? Porque cada vez que apoyamos el pie contra el suelo el impacto no es solo el de nuestro peso, sino que se multiplica según la fuerza con la que lo posemos. “Al caminar a paso lento, cada pie aguanta una masa equivalente a su peso multiplicado por 1,19. Así que una persona que pese 70 kilos, cada vez que apoye el pie está soportando 83,3 kilos. Si pesa 100, serán 119. En el caso de correr, el impacto aumenta entre 2 y 3 veces. Esto es, caer con hasta 200 kilos o con 300 kilos. Y lo normal es que un corredor impacte entre 160 y 180 veces por minuto contra el suelo”, añade Gadea. Las rodillas tampoco salen bien paradas si le da por trotar: soportan el doble del peso del cuerpo con cada zancada. Ante tal panorama el experto sugiere sencillamente pasear, pedalear en la bicicleta (puede que para unas posaderas rotundas sea menester un sillón más ancho) o darle a la elíptica en las primeras semanas.

Con cada paso al caminar, su peso se multiplica por 1,19, y al correr por 2 o por 3, por lo que las articulaciones de una persona de 100 kilos pueden soportar entre 200 y 300 kilos…

Elija las pesas más pequeñas

“Alguien que lleva mucho tiempo sin ejercitar su masa muscular la tiene atrofiada. Hay que despertar esos músculos mediante ejercicios específicos de fuerza para fortalecerlos y, de paso, activar el metabolismo basal”, recalca el doctor Iván Ibáñez, de la Unidad de Medicina Nutricional, Ejercicio y Antiaging de Clínicas Planas. La recomendación es: empezar con 20 o 30 minutos de ejercicios suaves, como por ejemplo practicar con máquinas, pero que sean siempre de poco peso.

Meta la espalda

Incluso un garbeo aparentemente inocuo puede ser perjudicial con muchos kilos de más. Antes de echarse a andar, coloque bien la espalda o lo lamentará. Y plantéese hacer abdominales. El doctor Juan Antonio Corbalán, director de la Unidad de Medicina Deportiva de Vithas Internacional, advierte de que “las personas con obesidad tienden a desviar la columna hacia atrás (hiperlordosis lumbar) para compensar ese peso extra del abdomen. De ahí la conveniencia de ejercitar la musculatura toracoabdominal (abdominales, lumbares y oblicuos preferentemente)”. No se lo tome a broma: por cada kilo de sobrepeso estará sobrecargando 4 kilos a las vértebras lumbares y del sacro (en concreto, a la L5 y la S1). Lo mismo con la cadera: en el apoyo monopodal de la marcha, los aductores se tensan con una fuerza igual a tres veces el peso del cuerpo para equilibrarlo. Con los datos en la mano, no es fácil inferir que aunque camine sin prisas puede aparecer dolor. Si sucede, pare y coméntelo con su entrenador. O con el médico. No se arriesgue a una tendinitis por cabezonería.

El saber popular suele apuntar a la natación como un ejercicio seguro y saludable. Pues no lo es tanto. “Los pacientes con un volumen corporal alto someten a su columna vertebral a una curvatura lumbar peligrosa. En estos casos es preferible correr en el agua, ya que el propio medio minimiza el impacto que sí habría sobre el suelo. A medida que pierdan peso, podrán ir dando brazadas con el estilo que más les acompañe”, explica Miguel Guillermo Garber, cardiólogo y director médico de Revitacell Clinic. Tómeselo con calma y disfrute de la antigravedad subacuática. Se ahorrará entre un 33% y un 54% del impacto sobre el tren inferior.

Ojo también con querer darlo todo jugando al tenis. Ni siquiera una pachanguita al pádel en la comunidad de vecinos. “Son deportes muy rápidos que someten a las articulaciones a más peso del habitual. Es mejor evitarlos hasta que se desarrolle una mayor agilidad y se descargue el peso”, advierte Fernández Arranz. ¿Y pilates o yoga? Esta entrenadora reconoce que son prácticas beneficiosas. “El único problema es que una persona muy voluminosa y con poca flexibilidad puede sentirse cohibida en una clase colectiva. Levantarse, ponerse a cuatro patas o mantenerse sobre una sola pierna pueden antojarse como retos titánicos ante colegas más gráciles”, explica. Si se siente más cómodo, huya de las clases con compañeros de alto nivel. Incluso del gimnasio si la inhibición continúa. En un parque se notará menos observado.

Beba

Aunque la sudoración depende de la cantidad de glándulas sudoríparas y de la genética, es muy posible que si se arranca a hacer deporte con bastantes kilos de más sude bastante y pronto. “Es un mecanismo de adaptación para mantener la temperatura corporal estable, por eso nos pasa cuando hacemos deporte. Al transpirar perdemos agua y electrolitos, como sodio y cloro, de ahí la necesidad de beber incluso durante la práctica. En aquellas personas no acostumbradas a realizar ejercicio físico intenso es especialmente peligrosa la deshidratación, ya que la sensación de sed puede tardar en detectarse”, advierte la doctora Iris de Luna, endocrinóloga del Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid. Por si las moscas, beba con frecuencia.

Peligrosa tendencia en EEUU: los obesos abandonan sus dietas y cada vez hay más

marzo 14, 2017

Perder kilos es difícil, pero mantener el peso deseado lo es mucho más. Luego de intentar y fracasar, las personas con sobrepeso pierden la confianza y se dejan estar

Infobae

La población con sobrepeso aumenta y, por primera vez, también la que abandona las dietas: es un cambio generacional (IStock)

Mientras la obesidad aumentó del 53% al 66% en una generación, la cantidad de adultos que hacen dieta para combatirla descendió del 56% de las personas con problemas de peso al 49%, según un estudio publicado en la Revista de la Asociación Médica de los Estados Unidos (JAMA). Los investigadores encontraron que entre 1988 y 2014 la tendencia a abandonar las dietas resultó estadísticamente significativa entre los hombres y las mujeres blancos, pero aun más importante entre las mujeres afroestadounidenses: del 66% al 55 por ciento.

El equipo de la Facultad de Salud Púbica de la Universidad de Georgia del Sur ofreció una interpretación: “Aumenta el peso corporal socialmente aceptable”. La tendencia al sobrepeso se ha mantenido en un ascenso estable, pero es la primera vez que se advierte que la aceptación del sobrepeso está en un camino similar.

El trabajo comparó datos de 27.350 personas tomados de la Encuesta de Salud Nacional y Análisis Nutricional, un proyecto sostenido de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC). Durante el primer período que se estudió, 1988 a 1994, el 56% de los adultos obesos intentaron hacer algo al respecto y se sometieron a dietas; en cambio, entre 2009 y 2014 muchos más perdieron la confianza en esforzarse para tener una alimentación sana y el porcentaje descendió al 49.

Los autores apuntaron a un estudio que la revista académica Obesidad publicó en 2010, donde se relataba “un giro generacional en las normas sociales sobre el peso corporal”: la gordura se había normalizado, aseguraba. Entre 1998 y 2004 tanto los varones como las mujeres mostraron una declinación en la tendencia a considerarse con sobrepeso, aun si su índice de masa corporal lo indicaba. “Ese giro hace que la gente tienda menos que antes a querer bajar de peso, lo cual limita la efectividad de las campañas de salud pública a favor de la reducción de peso”.

Los autores del nuevo estudio reconocieron, además, otros factores por lo cual la cadena de acción del sobrepeso a la dieta se haya roto. La mala percepción del peso corporal propio puede reducir la motivación de las personas para hacer el esfuerzo de comenzar una dieta, observaron, pero también influyen la medicina preventiva y la experiencia.

El médico de cabecera, que debería aconsejar a los pacientes obesos que bajaran de peso, no lo está haciendo como antes. El otro factor de importancia es que muchos obesos han vivido así demasiados años y han intentado hacer dieta demasiadas veces, hasta que por fin perdieron la confianza en el método.

“Cuanto más tiempo han vivido los adultos con obesidad, menos podrían querer intentar bajar de peso”, escribieron. “En particular si lo han intentado muchas veces sin éxito”.

El éxito no radica en eliminar kilos, que en sí es muy difícil, sino en mantener un peso menor. El cuerpo está preparado para presentar obstáculos: el metabolismo cambia de manera tal que funciona igual con menos calorías y las hormonas se ajustan para aumentar el apetito y recuperar el volumen. Casi la totalidad de las personas que bajan de peso lo recuperan cinco años después de la dieta.

Jian Zhang, uno de los autores del estudio, explicó a la agencia Reuters que perder kilos “es un compromiso de por vida, y es doloroso, y muchos de nosotros lo hemos intentado y hemos fracasado, una y otra vez, y por fin dejamos de intentarlo”.

Con respecto a la falta de presión social, Zhang lo atribuyó a que se desvanece en la medida en que hay más personas obesas. También se puede pensar que influye, agregó, “el hecho de que los adultos con sobrepeso viven tanto, y a veces mas, que los adultos con peso normal”. Es decir que hacer dieta no les resulta necesariamente la mejor manera de mejorar la salud: el ejercicio, por ejemplo, puede ser más beneficioso que la restricción.

Qué es la ‘dieta militar’ y por qué no todos debemos seguirla

marzo 4, 2017

Un ayuno breve tiene consecuencias que no te imaginas

La Vanguardia, por Rocío Navarro Macías

img_msanoja_20170227-134537_imagenes_lv_otras_fuentes_istock-519788470-kqhb-u42253445971jcg-992x558lavanguardia-webSe acerca la primavera y también el firme propósito mejorar la forma física de cara al verano. Es el momento de elegir la fórmula para plantarle cara a la báscula. Existen dietas que consiguen reducir hasta cuatro kg en tres días. Pero pese a que estas pautas pueden resultar atractivas no siempre están justificadas y cuentan con una lista de contras a tener en cuenta.

Una de ellas es la dieta militar, un plan nutricional que establece un límite diario de calorías entre 860 y 1150. Está considerada un tipo de ayuno: se ingiere menos alimento de lo que el cuerpo consume, por lo que el organismo se nutre de las reservas de grasa.

Deberían abstenerse las personas sin exceso de peso, los diabéticos tipo 1 o 2, las mujeres embarazadas o lactantes, los menores de 18 años y los mayores de 65”, dice Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Asimismo, la comunidad médica alerta de que estas rutinas alimenticias no favorecen una pérdida saludable o sostenible de peso. Entonces, ¿tienen algún beneficio? Hemos valorado con el especialista las dos caras de las dietas hipocalóricas y estos son los resultados.

Pueden mejoran la salud cardiovascular

“Desde el año 2007 diversos estudios y declaraciones apuntan a que el semiayuno o las dietas hipocalóricas cortas aportan algunos beneficios para la salud en personas con exceso de peso”, señala Bravo. El Dr. Benjamin Home, director de epidemiología cardiovascular y genética del Instituto del Corazón del Centro Intermountain en EEUU, realizó un estudio a un grupo de mormones de Utah, pues son la comunidad norteamericana con menos mortalidad cardiovascular.

Los investigadores entrevistaron a 200 personas que se sometieron a una prueba de diagnóstico llamada angiografía, un examen de rayos X de los vasos sanguíneos y del corazón que puede determinar si una persona tiene una enfermedad coronaria.

Los resultados demostraron que las personas que ayunaban regularmente tenían un 58 % menos riesgo de enfermedad coronaria en comparación con aquellos que dijeron que no ayunaban.

Pueden mejoran el estado de ánimo

Otro estudio publicado en JAMA Internal Medicine indicó que restringiendo las calorías de la dieta en un 25%, puede mejorar el humor, la calidad del sueño y la vida sexual. Se reclutaron 220 hombres y mujeres con un índice de masa corporal normal (entre 22 y 28) y una edad media de 38 años y se dividieron en dos grupos. El primero tuvo que reducir su ingesta de calorías un 25 % durante dos años, y el segundo pudo limitar las que quisiesen al día. Ambos tuvieron que rellenar cuestionarios sobre su estilo de vida.

Quienes redujeron de forma obligatoria su dieta perdieron una media de 7,7 kg. Los que tuvieron libertad, menos de medio. Aunque los participantes tenían un peso normal y saludable, los investigadores creen que los beneficios se extenderían a la población con sobrepeso y obesidad basándose en estudios previos.

Reajuste de los sistemas

En 2015 el Dr. Pablo Saz Peiró realizó un análisis de diversos estudios científicos y publicó un informe sobre las indicaciones terapéuticas del ayuno, declarando que “la reacción del cuerpo mientras está viviendo de las reservas, siempre que se disponga de ellas, provoca un efecto de reequilibrio que reajusta muchos sistemas”.

Desnutrición leve

Estas dietas limitan la ingesta de alimentos básicos para las funciones cognitivas como aquellos ricos en grasas omega 3 como el salmón, la quinoa o el aguacate. “Si se prolongan en tiempo pueden provocar una desnutrición severa”, alerta el experto.

Bravo manifiesta que cuando existe un seguimiento profesional estas dietas podrían prolongarse hasta una o dos semanas, siempre que haya exceso de grasa corporal y las pautas alimenticias cubran las necesidades mínimas diarias en micronutrientes. “En personas sanas con exceso de peso que decidan practicarlas por su cuenta, no deberían extenderse más de 2 o 3 días”, añade.

Efecto rebote

Uno de los grandes contras de estas dietas es que si la transición no se realiza de forma controlada puede recuperarse más peso del que se ha perdido. “Para evitar el efecto rebote, y problemas digestivos, habría que realizar una pauta alimenticia progresiva, incorporando poco a poco todos los grupos de alimentos en sus cantidades adecuadas. Éste proceso debería durar entre una y dos semanas”, recomienda Bravo.

La propuesta del experto

img_msanoja_20170227-134537_imagenes_lv_otras_fuentes_istock-526655611-kqhb-656x449lavanguardia-webFrente a estas dietas de acción rápida existen otras alternativas más saludables con resultados que insisten en un cambio de hábitos. “Es el caso de la Dieta de los Días Alternos, recomendada para personas a las que les cuesta perder peso y han fracasado con las dietas hipocalóricas habituales”.

Según cuenta el especialista, esta opción combina Días Detox, Días de Régimen y Días Sociales para los fines de semana, incorporando superalimentos en los menús cotidianos que han demostrado evidencias de prevención frente a diferentes enfermedades.

“Se divide en tres fases: La primera de pérdida rápida de peso, la segunda de pérdida moderada y la última de mantenimiento, lo que enseña a sus seguidores a mejorar sus hábitos saludables de vida” concluye Bravo.

Continúa la guerra al azúcar: Francia prohíbe el “rellena tu bebida gratis”

febrero 5, 2017

Directo al Paladar, por Liliana Fuchs

1366_2000Parece el tema de moda: consumimos un exceso de azúcar sin darnos cuenta y eso trae consigo graves riesgos sobre la salud. Pero no, por desgracia no es una moda sino la llamada de atención sobre uno de los grandes problemas de nuestra sociedad, y afortunadamente cada vez nos lo tomamos más en serio. El último ejemplo que muestra el camino a seguir nos llega desde Francia, donde ahora se prohíben las promociones de rellenar los refrescos gratis de forma ilimitada.

El gran reto de frenar el consumo de azúcar está precisamente en el que no vemos, ese que tomamos sin darnos cuenta a través de los alimentos procesados. Los refrescos y otras bebidas azucaradas son uno de los principales culpables de que se superen las cantidades recomendadas por la OMS, disparando los índices de diabetes y obesidad. Por eso cada vez más países están declarando la guerra al azúcar, con impuestos o medidas concretas como la nueva ley aprobada en Francia.

Adiós a “rellena tu vaso todas las veces que quieras”

Seguro que todos habéis visto una promoción parecida en multitud de restaurantes y locales de comida rápida. El free refill es una táctica muy atractiva de atracción de clientes, o más bien de animar a que se queden consumiendo durante más tiempo. Es muy simple: pagas una bebida y puedes rellenarla de forma ilimitada sin que te cueste ni un céntimo más. Suele ser la práctica habitual de hamburgueserías y otros sitios similares, también de franquicias de restaurantes que imitan los diners americanos o negocios muy enfocados al ocio familiar.

Pero esto solo fomenta aún más el consumo excesivo de bebidas poco recomendables por su exceso de azúcares, y tampoco las edulcoradas son precisamente saludables. En Francia han resuelto combatir estas promociones para tratar de frenar ese abuso de azúcar en la dieta, en su lucha por frenar las cifras de obesidad, diabetes y otros problemas de salud de una sociedad mal y sobrealimentada.

Concretamente, la ley ha entrado en vigor desde el pasado viernes tras aprobarse el decreto el jueves 26 de enero, poniendo así fin a la distribución ilimitada de bebidas azucaradas en cualquier local de restauración, incluyendo también al sector de los hoteles e incluso los comedores escolares. Son muchos los establecimientos en los que se instalan esas típicas barras de grifos con múltiples variedades de refrescos y zumos, incluyendo parques de atracciones y otros sitios de ocio.

El azúcar de las bebidas, un peligro oculto del que debemos ser conscientes

En su publicación de 2015, la OMS establece las siguientes recomendaciones:

  • La OMS recomienda una ingesta reducida de azúcares libres a lo largo de toda la vida)
  • Tanto en adultos como en niños, la OMS recomienda reducir la ingesta de azúcares libres a menos del 10% de la ingesta calórica total
  • La OMS sugiere que se reduzca aún más la ingesta de azúcares libres a menos del 5% de la ingesta calórica total (recomendación condicional).

Y en los azúcares libres está la clave, pues incluyen, además de los presentes de forma natural, a los monosacáridos y disacáridos añadidos a cualquier alimento o bebida. Si muchos productos procesados -por no decir, la inmensa mayoría- ya llevan azúcar añadido de una forma u otra, en el caso de las bebidas las cifras se suelen disparar. Hace tiempo que mi compañero minue hizo un trabajo de investigación con una sencilla compra de supermercado, y más recientemente se han viralizado las imágenes de Sin Azúcar que muestran claramente todo ese azúcar que no vemos.

Todavía hay mucha gente que no es consciente de la cantidad de de azúcares que pueden llegar a tomar simplemente con un par de refrescos, un zumo, batido o bebida energética, por no hablar ya de los combinados. Las elaboraciones de café, supuestas aguas saludables e incluso el té frío también se incluyen dentro de las bebidas azucaradas en exceso, y los riesgos para la salud no se limitan solo a la obesidad y diabetes. Tener acceso libre e ilimitado a estas bebidas no ayuda al autocontrol, mucho menos si se trata de niños o jóvenes.

Aunque Francia no es uno de los países con mayores problemas de obesidad de la UE, sí parecen tomarse muy en serio el desarrollo de medidas para promover una vida saludable y sosteible, y controlar los abusos de la industria alimentaria. Ya se prohibieron en 2004 las máquinas expendedoras en los centros educativos y también han sido de los primeros en imponer un impuesto sobre los refrescos, así que esta nueva ley es un paso más por reducir la ingesta excesiva de azúcar. No hay que olvidar que económicamente también conviene a cada país mejorar la salud de sus habitantes, como bien saben en Reino Unido.

Está claro que las autoridades no pueden hacerlo todo por nosotros y tenemos que aprender a hacer las elecciones correctas en nuestra alimentación. Pero hay mucha gente vulnerable a la presión mediática de las grandes compañías y promociones como el rellenar gratis las bebidas solo acentúan el problema. Desde luego, hay mucho trabajo aún por hacer, pero quiero pensar que vamos en el buen camino y cada vez somos más conscientes del problema. ¿Vosotros soléis aprovechar el servicio de barra ilimitada de refrescos?

Riesgos en el plato: otros alimentos además de las tostadas que provocan cáncer

enero 31, 2017

La agencia británica de seguridad alimentaria advierte de los peligros de hornear mucho las patatas y el pan; lo que se une a los riesgos ya conocidos sobre la carne roja y procesada y los ahumados, entre otros productos

ABC, por Núria Ramirez de Castro
Las tostadas de pan bien horneadas, de color marrón, o las patatas a la brasa podrían ser cancerígenas, según advierte la Food Standards Agency, el organismo del Gobierno británico para la seguridad alimentaria. Desaconseja su consumo frecuente y ha lanzado una campaña titulada «Ve por el dorado», como un modo gráfico de recomendar que los alimentos con alto contenido en almidón, como las patatas, el pan o los cereales del desayuno, no se pasen demasiado.

La advertencia atiende a un estudio que ha probado en animales que una sustancia llamada acrilamida, que se produce al cocinar a altas temperaturas alimentos almidonados, puede causar cáncer y daños neuronales. En los seres humanos todavía no se ha demostrado de manera fehaciente. Pero, ¿qué otros alimentos también son una fuente de riesgo?

Carne roja y procesada

Dice la Organización Mundial de la Salud que 34.000 muertes por cáncer al año pueden estar relacionadas por el consumo de carne roja, pero sobre todo procesada, la que ha pasado un proceso industrial. En 2015, lanzó una advertencia y pidió que se redujera su consumo, no solo de la roja (ternera, cerdo, cordero, caballo o cabra) y procesada (salchichas, embutidos…) para reducir el riesgo de cáncer colorrectal. La revisión exhaustiva que hicieron los 22 expertos de diez países concluye que un consumo seguro sería 50 gramos diarios. En esta cantidad se incluiría tanto el embutido que consumimos en bocadillos y tentempiés y la porción de carne que tomamos.

El precio del sabor de una barbacoa

El magnífico sabor de la carne a la brasa tiene un precio. Al cocinar a temperatura intensa cualquier tipo de carne, ya sea de ternera, cerdo, pescado o aves, se liberan unas sustancias químicas llamadas aminas heterocíclicas e hidrocarburos aromáticos que son dañinas para la salud. Estas sustancias causan cambios en el ADN que pueden aumentar el riesgo de cáncer, sobre todo de colon. Científicos de la Universidad de Oporto (Portugal) ha encontrado la forma para resolver el problema de una forma sencilla: añada cerveza. Marinar la carne con cerveza no solo mejora el sabor sino que detiene la formación de las sustancias tóxicas, dicen. Las aminas se forman cuando la grasa y los jugos de la carne que caen al fuego producen llamas. Estas llamas contienen HAP que se adhieren luego a la superficie de la carne.

La grasa no es solo mala para el corazón

La obesidad y las dietas ricas en grasas saturadas no se limitan a obstruir las arterias, también elevan las posibilidades de sufrir ciertos tumores como los digestivos, según se acaba de demostrar en un estudio con ratones. Al parecer, la grasa produce una tormenta perfecta en el intestino: estimula la producción de células madre intestinales y hace que otras células se comporten como células madre, así se reproducen indefinidamente, se vuelven cancerosas y propician la aparición del cáncer de colon y otros tumores intestinales.

Café y té solo cuando se toman muy calientes

El café siempre se ha mirado con sospecha, pero hasta la fecha no se había conseguido ningún estudio concluyente que lo relacionara con un mayor riesgo cancerígeno. La última revisión de estudios que hizo una agencia de la Organización Mundial de la Salud terminó por despejar cualquier duda y garantizó su seguridad, eso sí, si se tomaba a una temperatura normal. Sí se encontró que cualquier bebida (café, té, mate…) tomada a más de 70 grados centígrados podría favorecer el cáncer de esófago.

Salmón y otros ahumados

Los hidrocarburos aromáticos policíclicos que se forman en las barbacoas también se pueden generar durante el proceso de ahumado por el que pasan alimentos tan consumidos como el salmón.

Dieta saludable para empezar 2017

enero 9, 2017

DMedicina, por Mar Sevilla Martínez

comida2017El año nuevo ha llegado y con él vienen las buenas intenciones y dos de los propósitos más repetidos la primera semana de enero: hacer más deporte, perder peso y mejorar la alimentación.

Si nos centramos en este último y queremos empezar 2017, continuarlo y terminarlo siguiendo una buena alimentación tendremos que empezar cuidando tanto el tipo de alimentos que consumimos como la cantidad. Alimentarse bien significa, según los expertos, que nuestra dieta incluya al menos un 90 por ciento de alimentos saludables. Es decir, tal y como señala Marta Gámez, directora técnica del Grupo NC Salud, tenemos que seguir un patrón de dieta mediterránea. “Si la dieta está basada en alimentos de origen vegetal garantizaremos que haya un aporte de fibra, vitaminas, minerales y fito-nutrientes que juegan un papel importantísimo en nuestra salud. Además, los alimentos de origen vegetal deben ser también nuestra fuente principal de proteínas”, recomienda Gámez. “Si basamos nuestro aporte de proteínas únicamente en alimentos de origen animal, aparte de que es insostenible en términos medioambientales, implicaría un consumo excesivo de colesterol, nitratos, déficits de fibra, etc.”.

Respecto a la cantidad de comida que debemos comer, la experta indica que debe ser moderada en su conjunto. De hecho, apunta a que estudios sobre la restricción calórica han demostrado que una dieta frugal se asocia a una mayor longevidad y ralentización de los procesos de envejecimiento.

¿Qué alimentos debemos tener en la despensa y el frigorífico?

Cuando una persona toma la decisión de cambiar su forma de alimentarse tiene que ir introduciendo las modificaciones paulatinamente. Hacerlo de golpe puede acabar con las buenas intenciones y la motivación con la que emprendemos la búsqueda de mejorar nuestra salud.

El primer paso que hay que dar, según Gámez es hacer una revisión de lo que tenemos en la despensa y la nevera: debemos hacer desaparecer los alimentos menos saludables (refrescos azucarados, embutidos, mantecas, rebozados para frituras, etc.) e ir sustituyéndolos por vegetales, frutas, legumbres, frutos secos y pescados.

Entonces, ¿qué alimentos deben estar incluidos en nuestro plan de alimentación? Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), destaca al igual que Gámez los siguientes:

Legumbres y frutos secos

Aunque las legumbres y los frutos secos a menudo se excluyen de las dietas para perder y controlar el peso, si se consumen de forma moderada tienen beneficios para la salud.

“Por un lado los frutos secos son alimentos con alto contenido en grasas (de ahí que su consumo deba ser moderado), pero suponen también una interesante fuente de grasas cardiosaludables (monoinsaturadas y poliinsaturadas) acompañadas de fibra, proteínas y un abanico de minerales y vitaminas esenciales para nuestro bienestar. Eso sí, debemos consumir las variedades que se venden crudas (sin sal añadida ni tampoco las variedades fritas)”, aclara la especialista, quien además incide en que las legumbres son unos de los pilares de la dieta mediterránea. “Son ideales dado su perfil nutricional: casi nada de grasas, cero colesterol, buen aporte de fibra, de hidratos de carbono de asimilación lenta y de proteínas vegetales. El consumo de legumbres debe ser de tres veces a la semana”, añade.

Frutas y verduras

Las frutas y verduras son el componente fundamental de cada comida. Por su aporte de agua, de fibra, de vitaminas y minerales así como de fito-nutrientes específicos constituyen la base de alimentación del ser humano.

Hidratos de carbono

Bravo indica que en este grupo de alimentos se incluyen principalmente los cereales. Además, recomienda optar por la opción integral, ya que aporta más fibra, vitaminas y minerales que los refinados.

Dentro de este grupo se incluyen el pan, la pasta, el arroz, las masas, etc.

Omega 3

Gámez especifica que se puede obtener a través de pescado azul, de nueces o de lino. “El omega 3 es un nutriente esencial para nuestro bienestar a muchos niveles (neurológico, cardiovascular, ocular, etc.)”, añade.

Proteínas y lácteos

Respecto a las proteínas, el portavoz de IMEO opta por aquellas que sean principalmente magras, es decir, bajas en grasas. Aquí encontramos la mayoría de los pescados y carnes como el pollo o el pavo.

“También debemos incluir una cantidad de lácteos. Y si alguien es intolerante a la lactosa debe escoger la opción sin lactosa”, especifica.

Líquidos

Para mucha gente el agua ya no es su bebida de elección y se han acostumbrado a beber bebidas con sabor. “No se dan cuenta de que estas bebidas tienen un aporte calórico muy alto y en muchas ocasiones son el precursor o el gran factor que está incurriendo en que no pierdan peso o que su analítica no esté demasiado bien aunque las comidas las haga bien”, advierte Bravo. El experto hace hincapié en que la gran mayoría o la totalidad de los líquidos que se beben durante el día deben ser agua. “La copita de vino para cenar o el zumito en el desayuno tienen que ser decisiones esporádicas”, señala.

Tenemos que evitar

Por último, Bravo incide en que hay que reducir la cantidad y pasar a un consumo semanal o esporádico en productos como el alcohol, las harinas refinadas, la bollería industrial, todos los cereales que no sean integrales, las bebidas azucaradas o todo aquello que contenga un exceso de azúcar o azúcar añadidos.

“Las grasas poco saludables se añaden principalmente en la forma de cocinar: los fritos, los rebozados, las mayonesas, todo esto aporta muchas calorías en una cantidad de alimento pequeño. Por ejemplo, 100 gr de mayonesa son 600-700 calorías (hay que tener en cuenta que en líneas generales una mujer se tiene que mover en 1500 calorías”, expone Bravo.

Por todas estas razones es tan importante comer alimentos saludables como cocinarlos en opciones como la plancha, el horno, el wok o al papillote.

“Es muy importante cómo combinemos los alimentos. Por ejemplo, unos calamares a la plancha son unas 80 calorías por cada 100 gr y unos calamares rebozados a la romana son 300 calorías”, concluye.

¿Cuántas comidas tenemos que hacer al día?

Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo. ¿Qué hay de cierto en este refrán español? ¿Es mejor comer 3 o 5 veces al día? La mayoría de los expertos recomiendan y abogan por realizar cinco comidas al día. De hecho, si sólo optamos por un café rápido por la mañana y comemos dos veces al día es el momento de reorganizar nuestros hábitos.

Cuando comemos dos veces al día nos sometemos a periodos prolongados de hipoglucemia, que desembocan en una sensación de hambre continua, apetito descontrolado y finalmente comidas compulsivas en las que, en poco espacio de tiempo, ingerimos más calorías de las que hubiésemos ingerido si hubiéramos realizado comidas-tentempiés ligeros, de índice glucémico bajo y saludables cada 4-5 horas”, afirma Gámez. “Además, cuando tenemos bajos niveles de glucemia nuestra elección de alimentos es menos saludable, y en esas situaciones tendemos a consumir platos con alta carga de azúcares y de grasas en cantidades excesivas”.

Por otro lado, si una persona está siguiendo una dieta para bajar o controlar su peso lo ideal es que realice cinco comidas al día. “Normalmente las razones de que una persona tenga exceso de peso es como consecuencia de la ansiedad o porque no llevan unos buenos hábitos alimenticios, es decir, escogen alimentos muy calóricos pero con pocos nutrientes”, apostilla Bravo.

El experto indica que en estos casos realizar cinco comidas va a hacer el proceso de perder peso más llevadero. “Los beneficios son varios: el primero de ellos, que vamos a llegar a las comidas principales con menos hambre y por lo tanto también con menos ansiedad; el segundo, (aunque aquí las evidencias científicas son más ligeras, pese a que muchos profesionales coincidimos en lo mismo) es que el metabolismo pasadas las 3-4horas se ralentiza. Digamos que nuestros genes están preparados para que cuando haya momentos de escasez de alimentos ralentice el metabolismo y aumente la capacidad de almacenar grasa como fuente de energía. De alguna manera si no realizamos esas cinco comidas y pasa mucho tiempo entre una comida y otra estaríamos dificultando la pérdida de peso”.

Consejos para perder peso

Por último, para aquellas personas que quieran además de mejorar su alimentación perder algunos kilos, ambos dan algunos consejos. Para empezar, Gámez insiste en que para perder peso debe haber una verdadera implicación por parte del paciente y debe buscar un equilibrio en su propia autoexigencia. “Llevar una dieta cien por cien saludable es dificultoso teniendo en cuenta los compromisos sociales, las dificultades horarias, la oferta gastronómica de los bares, etc. Por ello, es necesario hacer transiciones progresivas que no generen traumas, priorizando en todo momento el bienestar y la satisfacción del paciente, centrándose en los logros obtenidos y nunca en los errores cometidos”, añade.

Por otro lado, Bravo recomienda ponerse en manos de un especialista si el objetivo de pérdida de peso supera los 5 kilos y acompañar la buena alimentación con el abandono de la vida sedentaria. “Caminar, subir escaleras o no utilizar tanto el coche, no sólo ayudará a perder peso, también influirá en la prevención de enfermedades que aparecen con la edad, como la diabetes tipo 2, la hipertensión o los problemas cardiovasculares, entre otros”, dice.

El último consejo que da el portavoz de IMEO es buscar aliados dentro de la familia o en el trabajo para cambiar los hábitos. De esta forma cuando uno empiece a flaquear los otros le ayudarán a seguir firme en sus objetivos.

Así se trata la obesidad a través del deporte

diciembre 28, 2016

Además de la disminución de peso y de grasa, la actividad física mejora, entre otros, los factores de riesgo cardiovascular

El Norte de Castilla, por Javier García Rioja

gym_xoptimizadax-k2uc-u21836680367mlf-575x323norte%20castillaEl sobrepeso y la obesidad son definidas por un índice de masa corporal (IMC) de 25-29,9 y mayor de 30 respectivamente. Se caracterizan por la acumulación de niveles excesivos de grasa corporal y contribuye a las enfermedades cardiacas, hipertensión, diabetes y algunos cánceres, así como dificultades psicosociales y económicas.

El tratamiento del sobrepeso y la obesidad mediante la actividad física es una importante iniciativa, ya que numerosos estudios han mostrado los efectos beneficiosos en la disminución del peso y la masa grasa en individuos con sobrepeso y obesidad. Estos efectos incluyen una mejora en los factores de riesgo cardiovasculares, tales como descenso en la presión arterial, descenso del LDL (colesterol malo), aumento del HDL (colesterol bueno), descenso de los TG (trigilicéridos) y una mejora de la tolerancia a la glucosa, entre otros.

Todo esto unido a una alimentación variada y saludable, será la base fundamental para abordar este tipo de problemas y encaminarnos hacia modelos de vida saludables.

¿Que consideraciones básicas tenemos que tener en cuenta si tenemos sobrepeso u obesidad y decidimos a comenzar con un programa de entrenamiento?

1. Realizar un chequeo médico previo para conocer posibles factores de riesgo que se puedan tener de cara al ejercicio, con el fin de saber que es lo que se debe y no se debe hacer en cada caso, conociendo posibles contraindicaciones médicas a tener en cuenta a la hora de diseñar un programa de entrenamiento de calidad y adaptado a la persona que lo va a ejecutar

2. Realizar actividades físicas que aumenten el gasto calórico, predominantemente ejercicios cardiovasculares, ya que van a ser el pilar fundamental para incrementar nuestro gasto calórico. Es ideal combinarlos con entrenamiento de fuerza (con pesas), lo cual puede aumentar notablemente la quema de calorías tras el ejercicio y nos ayudará a mantener nuestra masa muscular activa y sana y de esta manera encaminarnos a la reducción del peso graso, siempre con una buena progresión y adaptación del entrenamiento en función del nivel de forma física y dependiendo del caso con el que estemos trabajando. (Ejemplo: Ante el mismo objetivo, que en este caso es la pérdida de peso, no será lo mismo el entrenamiento para una persona que haya practicado deporte durante 6 años que para una persona que nunca ha hecho ejercicio).

3. No realizar actividades que supongan impacto en las articulaciones (correr, saltar…), al menos al principio, ya que nuestras articulaciones no están preparadas para soportar el exceso de peso, por tanto repercutirá en nuestra salud articular. Soportar nuestro peso en ciertas acciones (las que llamamos de impacto) no es lo ideal y posiblemente no va a ser saludable para nuestro cuerpo cuando hablamos de personas con sobrepeso u obesidad.

4. Llevar una alimentación que suponga un balance calórico negativo, es decir que gastemos más calorías de las que ingerimos, llevando una alimentación completa pero con una evidente restricción calórica.

¿Cuanta es la cantidad necesaria de ejercicio físico para una reducción del peso corporal?

Tenemos que diferenciar entre pérdida de peso (donde no distinguimos de dónde viene esa pérdida) y pérdida de peso graso (donde la reducción del peso es proveniente de la grasa).

Lo más saludable es encaminarnos a una disminución del peso graso conservando la masa muscular.

-Importancia de la frecuencia de entrenamiento: Es importante realizar actividad física de manera regular durante la semana, al menos 3 días por semana, aunque muchos expertos recomiendan una frecuencia de 4 o 5 días incluso. Esto es fundamental para mantener un balance calórico negativo día a día, y progresivamente ir bajando de peso.

¿Cuál es mi recomendación?

Acude a un buen profesional de la actividad física, profesional médico y profesional en nutrición, ya que el trabajo conjunto de ambos facilitarán el progreso hacia la pérdida de peso.

Además tus resultados serán mayores que si realizas actividad física por tu cuenta y sin saber porqué lo haces, ya que personas profesionales y cualificadas te ayudarán a encaminarte de la manera más segura y saludable hacia tu objetivo, en este caso, la bajada de peso.

Bebidas endulzadas con aspartamo pueden empeorar la obesidad

noviembre 23, 2016

Esto incluye muchos refrescos ‘light’
Un equipo de médicos del Hospital General de Massachussets, en Estados Unidos, ha descubierto que las bebidas light, que no llevan azúcar, pueden igual contribuir a la obesidad.

El Siglo de Durango
547854Los refrescos light sustituyen el azúcar por un edulcorante llamado aspartamo, derivado de dos aminoácidos: el ácido aspártico y la fenilalanina. La Organización de Alimentos y Agricultura de Naciones Unidas lo considera un alimento seguro y establece una dosis máxima diaria de 40 miligramos por kilo de peso corporal.

Sin embargo, estos investigadores han descubierto que el aspartamo tiene un efecto inhibidor sobre la fosfatasa alcalina intestinal, que es una enzima con propiedades anti inflamatorias que trabaja en el intestino y, se cree, previene la obesidad.

Se hicieron pruebas con ratones en donde un grupo bebía agua normal y otro agua edulcorada con aspartamo. Cuando la dieta subió en grasas, el segundo grupo comenzó a ganar peso con más rapidez, aumentando también sus niveles de azúcar en la sangre y presión arterial.

El doctor Richard Hodin, quien encabeza el estudio, señala: “Los sustitutos del azúcar como el aspartamo están diseñados para promover la pérdida de peso y reducir la incidencia del síndrome metabólico, pero un número de estudios clínicos y epidemiológicos sugieren que estos productos no funcionan muy bien y que, de hecho, pueden empeorar las cosas”.