Posts Tagged ‘azúcar’

Del kétchup a la de yogur: ¿hay alguna salsa saludable en el supermercado?

marzo 6, 2019

Analizamos las salsas preparadas más comunes del supermercado, que son distintas en sabor y en salud. 

El Español, por Roberto Méndez

Partiendo de la base de que cualquier alimento que contenga más de cinco ingredientes entre sus componentes puede etiquetarse como “ultraprocesado“, las salsas prefabricadas que suelen vender los supermercados serían fácilmente denominadas como tal. Aún así, son muy consumidas hoy en día, y siguen siendo pocos los que prefieren preparar sus propias salsas caseras.

Entre las salsas prefabricadas más conocidas están la mayonesa, el kétchup, la mostaza, la salsa de soja, la salsa de yogur o la salsa barbacoa, entre otras mil combinaciones. Sin embargo, hoy solo analizaremos estas, y veremos otras opciones alternativas.

La mayonesa es una salsa que esencialmente debería contener huevo y aceite vegetal (originalmente era aceite de oliva) como ingredientes principales. Sin embargo, se le suele añadir sal, azúcar, almidón de maíz, vinagre y otros conservantes que en ocasiones son innumerables. Si bien es cierto que destaca su elevado contenido en vitaminas liposolubles (vitaminas A, D, E y K), su elevado contenido en grasas, cuyo tipo puede variar dependiendo del aceite usado en su elaboración, la hacen estar en el semáforo rojo nutricional.

Tan solo una cucharada de mayonesa (o un sobrecito prefabricado, como se suele vender en la actualidad) representa 10 gramos de producto, y alrededor de 100 kcal. Sin embargo, son pocos los que tan solo usan esta escasa cantidad, algo que aumenta drásticamente la densidad calórica de los platos.

En la actualidad, a nivel industrial, se usan diversos tipos de aceites vegetales para elaborar la mayonesa: desde aceite de girasol hasta aceite de maíz, pasando por el aceite de colza en algunos ámbitos culinarios como la cocina francesa. Todas estas alternativas son menos interesantes nutricionalmente que el mencionado aceite de oliva.

De hecho, una “mayonesa saludable” debería contener solo huevo y aceite de oliva batidos, junto a un poco de zumo de limón y sal, sin añadir ningún otro ingrediente. A nivel industrial, sin embargo, dada la necesidad de aromatización, palatabilidad y conservación, se suelen añadir muchísimos otros ingredientes innecesarios a nivel nutricional. No es, por tanto, la mejor salsa del mercado para añadir a nuestros platos.

Kétchup

De nuevo el caso del kétchup es similar al de la mayonesa. En un principio se trataba de una salsa de tomate sin más, pero se le acabó añadiendo azúcar o jarabe de maíz con un alto contenido de fructosa (el mismo azúcar que caracteriza a los refrescos). Se trata de una salsa con un sabor interesante, y de hecho se suele abusar de ella para que los más pequeños consuman determinados alimentos. Sin embargo, su contenido en azúcar es preocupante, a pesar de que no aumente drásticamente su densidad calórica como sucede con la mayonesa.

Por cada cucharada de kétchup “solo” hay 20 kcal, pero una salsa de tomate típica sin productos añadidos tiene la misma densidad calórica por cada 100 gramos de producto, por lo que la comparativa hace perder puntos al kétchup. De forma estándar, pueden haber hasta 4 gramos de azúcar por cada 10 g de producto, según la marca de kétchup. Puede parecer una cantidad escasa, pero como sucede con cualquier salsa, no se suele emplear tan solo una cucharada sin más.

En comparación a la mayonesa, el kétchup es más saludable, no solo por contener una menor densidad calórica, sino también por su componente principal, los tomates, los cuales contienen antioxidantes naturales como el licopeno, el cual destaca por su potencial protector frente a enfermedades cardíacas y determinados tipos de cáncer.

Aún así, tanto el contenido de azúcar como el exceso de sal que caracterizan al kétchup (2-7 g de sal por cada 100 g de salsa) no defienden el consumo de esta salsa, siendo siempre más recomendable usar salsa de tomate natural, y no frito.

Mostaza

La mostaza, junto a la mayonesa y el kétchup, suele completar el grupo de salsas más vendidas y sobre todo más consumidas en los restaurantes de comida rápida. Como también sucede con las salsas anteriores, la mostaza industrial difiere mucho de su preparación original. En teoría, tan solo debería contener semillas de mostaza, agua, vinagre, poca sal, poco azúcar, zumo de limón y especias (destacando la cúrcuma, entre otras).

Sin embargo, no suele ser tan saludable cuando se consume de forma prefabricada. Los niveles de sal y azúcar de la mostaza suelen ser muy elevados en comparación a su elaboración casera, algo que no la haría recomendable en el día a día, pero en este caso destacando mucho más el caso de la sal respecto a otras salsas, con hasta 125 mg por cucharada.

Por otro lado, a nivel calórico, destaca por ser una salsa bastante baja en calorías, con apenas 15 kcal por cucharada. Además, contiene selenio y vitaminas Cy B12 entre su composición, aunque no en cantidades tan significativas como para recomendar su consumo. Si se elabora de forma casera, controlando las cantidades de sal y azúcar, podría decirse que es la salsa “más saludable”, dentro de lo que significa aderezar la comida con salsas, que siempre se traducirá en elevar su densidad calórica.

Salsa de soja

La salsa de soja podría copar el podium de salsas más saludables, dada su densidad calórica, de tan solo 10 kcal por cucharada, superando incluso a la mostaza. Sin embargo, su elevado contenido en sodio también supera a la mostaza, siendo de entre 575 y 1.000 mg por cucharada, cuando las recomendaciones actuales limitan el consumo de sodio a unos 2.500 mg diarios.

Por otro lado, dependiendo de su elaboración, la salsa de soja también puede contener azúcar, colorantes y conservantes, por lo que una vez más se aconseja su elaboración casera y su consumo con moderación (sobre todo por el caso del sodio). No es muy común, pero existen casos potencialmente mortales relacionados con esta salsa, como el caso de una mujer que intentó hacer una “dieta detox” bebiendo un litro de salsa de soja de golpe.

Salsa de yogur

La salsa de yogur, por su parte, no suele ser tan consumida como es el caso de las anteriores, dado que se suele utilizar como aderezo para ensaladas. Así mismo, su elaboración casera es relativamente fácil, pero podemos encontrarla en versión prefabricada en el supermercado.

Su composición de base es más saludable que otras, al contener yogur, aceite, zumo de limón y hortalizas como el pepino, entre otras. Pero, a nivel industrial, sigue destacando su elevado contenido en calorías: por cada cucharada de 10 gramos de salsa encontraremos unas 40 kcal y 100 mg de sodio, similar al caso de la mostaza. Además, casi el 80% de una salsa industrial de estas características es grasa.

Si se quiere elaborar de forma casera, existen múltiples versiones, pudiendo elegir entre diversos tipos de yogures (naturales o desnatados) dependiendo de la densidad calórica deseada. Esencialmente, la salsa debería componerse de yogur, aceite, pepino, zumo de limón, una pizca de sal y especias al gusto. Incluso existen versiones que usan queso batido en lugar de yogur.

Salsa barbacoa

Finalmente, la salsa barbacoa, de origen estadounidense, tiene múltiples ingredientes, donde destacan la salsa de tomate, mostaza, salsa picante, especias, sal, edulcorantes e incluso miel y/o vinagre, dependiendo de la zona en la cual se consuma.

En su elaboración industrial se pueden encontrar que la salsa barbacoa contiene unas 13 kcal por cada cucharada de 10 gramos, con alrededor de 3 gramos de azúcar y unos 150 mg de sal por cada una. De nuevo, se trata de una salsa rica en sodio con una escasa densidad calórica (como los casos de la salsa de soja o la mostaza), de la cual no se debería abusar.

Su elaboración casera también es relativamente fácil, aunque se puede complicar dependiendo de la cantidad de ingredientes que se quieran añadir. En este caso es posible reducir aún más la densidad calórica, y sobre todo el nivel de azúcar y sal.

Edulcorantes: ¿son buenos o malos?

enero 17, 2019

Un nuevo estudio revela nuevos efectos de los edulcorantes que dañarían la salud

Su Médico, por Ingrid Consuelo Silva Palma

De acuerdo con el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), el consumo de azúcar en exceso o que  supera los 50 gramos diarios, puede tener consecuencias nocivas para la salud, entre ellas, sobrepeso,obesidad, aumentar la sensación de hambre, ansiedadgrasa corporal y aumenta la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2, por lo anterior, se han buscado nuevas alternativas para sustituir el azúcar por otros elementos que aporten dulzor, por ejemplo, los edulcorantes.

Al respecto, un estudio publicado en The British Medical Journal (BMJ), reveló nuevos efectos negativos para la salud por el uso de edulcorantes; los investigadores llegaron a esta conclusión luego revisar más de 50 investigaciones que mostraban los efectos de estos sustitutos de azúcar.

Efectos de los edulcorantes que dañan la salud

El debate en torno al uso de edulcorantes como estrategia contra padecimientos como el sobrepeso, la obesidad y la diabetes mellitus,aun es cuestionable; se requeriría de nuevas investigaciones y metodologías consistentes.

Pese a lo anterior, algunos de los efectos negativos relacionados con su consumo y señalados por los investigadores en el estudio son:

Aumento de peso. Es uno de los efectos negativos relacionado con el uso de edulcorantes y se atribuye a la adopción de malos hábitos de los consumidores, quienes creen que con el consumo de edulcorantes pueden cometer excesos en su alimentación.

¿Mejores que el azúcar? El estudio que analizó un total de 56 investigaciones concluye que no hay pruebas contundentes sobre que los edulcorantes representen una mejor opción que el azúcar.

Aumento del apetito. En la revisión realizada por los investigadores también se registró que los encuestados referían un aumento de apetito por consumo de estos sustitutos y la causa probable que podría explicarlo es el desequilibrio en la microbiota.

Desequilibrio en la microbiota. Los edulcorantes pueden modificar la microbiota intestinal y aumentar la afinidad por el sabor dulce.

Entre las principales problemáticas identificadas hasta el momento, respecto a la investigación en torno al consumo de edulcorantes, están:

  • Duración. Los estudios abarcan períodos cortos (corta duración).
  • Población limitada. Se llevaron a cabo con pocos participantes.
  • Metodología. Existen diversas limitaciones metodológicas que a su vez limitan el grado de confianza de los estudios.

Los investigadores concluyen que el consumo de edulcorantes no mostró beneficios para la salud comparado con aquellas personas que no los consumieron.

Finalmente, Susan Swithers, investigadora de la Universidad de Pardue puntualizó:

“La ciencia ha demostrado que los sustitutos de azúcar no ayudan realmente mucho y que quienes los consumen a largo plazo terminan con resultados menos saludables que aquellas personas que no los usan”.

Falsos mitos sobre alimentación y cáncer

enero 9, 2019

Ni el café produce cáncer ni el té lo previene. Estas son algunas de las creencias infundadas más frecuentes

National Geographic

Una buena alimentación puede ayudar a prevenir el cáncer, pero no existe ningún alimento que por sí mismo sea capaz de provocar o curar esta enfermedad. Otra cuestión es la manera de cocinarlos, el abuso de las dietas ricas en grasas o el consumo excesivo de alcohol, factores sobre los que sí se ha demostrado que pueden aumentar el riesgo de padecer esta enfermedad. Existe mucha información sobre el hipotético poder curativo o perjudicial de algunos alimentos, pero no todo lo que es vox populi es cierto. Ni mucho menos.

La única receta mágica para prevenir esta enfermedad desde el punto de vista de la alimentación es mantener una “dieta rica en frutas y verduras, consumir alimentos integrales, frutos secos y legumbres, y evitar el consumo habitual de alimentos procesados, con exceso de sal y/o azúcares, así como de carne roja –afirma Marta Blanco, oncóloga de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC)–. No existen dietas anticáncer, únicamente podemos hablar de hábitos nutricionales saludables que nos ayudan a disminuir el riesgo de algunos tipos de cáncer”, añade.

De hecho, según la AECC, las dietas ricas frutas y verduras evitarían un 20% o más de todos los tipos de cáncer, especialmente los de cavidad oral, esófago, pulmón, estómago, colorrectal, páncreas, mama y vejiga.

La recomendación de los médicos es sencilla: consumir abundantes frutas y verdurasmoderar el consumo de grasas –de tal modo que no supere el 30% de las calorías totales– y evitar en la medida de lo posible el consumo de alcohol y productos que contengan azúcares añadidos. Ni los suplementos vitamínicos reducen el riesgo de cáncer, ni el café, los edulcorantes artificiales o los aditivos los provocan.

Entre los estudios al respecto, destaca este artículo publicado en 2015 en la revista especializada Cancer Epidemiology en se desarrollan los puntos especificados en el llamado “Código Europeo Contra el Cáncer“, o esta investigación realizada por científicos españoles sobre la relación entre la dieta mediterránea y el cáncer de mama.

Creencias erróneas sobre el cáncer

Desde la AECC conocen muy bien la enfermedad y los falsos mitos que van de boca en boca hasta el punto de casi convertirse en religiones dietéticas anticáncer. Por eso han decidido recopilarlas de cara a eliminar esas faltas creencias que pueden confundir a la sociedad. Estas son algunas de las principales:

1- “Tengo que comer cosas especiales para curarme”

Falso. En la mayoría de las ocasiones no es preciso modificar la dieta. En general, es recomendable realizar una alimentación equilibrada y saludable (como la de cualquier persona no enferma). Un buen estado de nutrición permite tolerar mejor las terapias. Sí es cierto que con algunos tumores y/o tratamientos es necesario modificar temporalmente la dieta para minimizar o hacer desaparecer algún síntoma molesto. Sin embargo, una vez que dicho síntoma desaparece, se puede retomar la dieta habitual. Y siempre supervisado por un médico especialista.

2- “El alcohol no provoca cáncer”
Falso. El alcohol aumenta el riesgo de padecer cáncer de boca, esófago, laringe, estómago e hígado. Una amenaza que se potencia si se asocia al consumo de tabaco, explican desde la AECC.

Existe un fuerte consenso científico de que el consumo de alcohol puede causar varios tipos de cáncer.

En su Informe sobre Carcinógenos, el Programa Nacional de Toxicología del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos incluye en la lista el consumo de bebidas alcohólicas como un conocido carcinógeno humano.

Por otra parte, este estudio elaborado en parte por científicos españoles establece una relación entre la metilación del ADN, un marcador del cáncer, y la ingesta de alcohol.

Tal y como se especifica en el Código Europeo contra el Cáncer, la mejor prevención es eliminar por completo el consumo de alcohol. Esta investigación,avalada por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), desvela hasta qué punto existe una relación causal entre el consumo de bebidas alcohólicas y casos de cáncer de cavidad oral, colorrectal, faringe, laringe, esófago, hígado y mama.

3- “Los suplementos de vitaminas reducen el riesgo de tener cáncer”
Falso. Los estudios actuales sugieren que aquellas personas que ingieren una mayor cantidad de frutas y verduras en su dieta habitual poseen menor riesgo de padecer determinados tipos de cáncer. ¿Por qué? Parece que la clave está en los antioxidantes.

Como resultado del metabolismo normal se producen una serie de sustancias oxidantes que lesionan los distintos tejidos y que son los responsables del envejecimiento normal de los mismos y, en ocasiones, de las lesiones precursoras del cáncer. Los antioxidantes se encuentran en las frutas y verduras, entre otros alimentos, y destruyen los productos derivados de la oxidación, protegiendo los tejidos del daño que pudieran causar los mismos.

Son antioxidantes la vitamina C, la E, el selenio, los carotenoides… (la vitamina C y la E, junto con la provitamina A, son las únicas que cumplen la función de antioxidantes). Importante: los estudios demuestran que el consumo de frutas y verduras reduce la probabilidad de tener algunos tipos de cáncer, pero no hay evidencia de que los suplementos como tal tengan la misma función.

4- “Los edulcorantes artificiales causan cáncer”

Falso. Los edulcorantes (como la sacarina o el aspartamo) no aumentan el riesgo de padecer cáncer. Es cierto que determinados estudios realizados con sacarina, empleada a grandes dosis, en ratas de laboratorio han puesto en evidencia que puede promover el desarrollo de cánceres vesicales por poseer una acción erosiva sobre la mucosa. Sin embargo, los estudios epidemiológicos en humanos no han demostrado el aumento de la incidencia de cáncer de vejiga.

5- “Los alimentos transgénicos tienen relación con la aparición de cáncer”
Falso. No existen estudios científicos que hayan relacionado los alimentos transgénicos con procesos oncológicos. Estos alimentos, los famosos OMG (organismos modificados genéticamente) se modifican mediante técnicas de bioingeniería. Básicamente se les introducen genes que cambian ciertas cualidades (como su tamaño, dureza, grosor de la piel, cantidad de pepitas…) a partir de genes de otro organismo. Pero al comerlos no cambia los genes del consumidor.

6- “Tomar café produce cáncer”
Falso. Hace años un estudio científico relacionó la ingesta de café con el aumento del riesgo de padecer cáncer de páncreas; sin embargo múltiples estudios de los últimos años no han encontrado relación alguna, incluso algunos evidencian beneficios y un posible papel protector en determinados tipos de cáncer, como el de colon.

Por ejemplo, el artículo “Cofee and cancer risk: a summary overview”, se especifica que no solo no hay ningún tipo de correlación positiva entre el consumo de café y el cáncer, sino que su consumo moderado se asocia incluso con una menor incidencia en determinados cánceres, como el de hígado o el orofaríngeo. Del mismo modo, el estudio indica que los datos parecen demostrar un efecto positivo del consumo de café en los casos de cáncer colorrectal.

Esta otra investigación , titulada Cofee and pancreatic cancer risk among never-smokers in the UK prospective Million Women Study , tampoco encuentra relación casual entre el consumo de café y el cáncer de páncreas entre no fumadores, por lo que la relación encontrada en otros estudios podría ser espuria, al estar basada en otro factor (el tabaco), el cual habría dado lugar a confusión.

7- “La manera de cocinar los alimentos no influye en el riesgo de padecer cáncer”
Falso. Es importante evitar alimentos muy fritos o muy asados a la parrilla, ya que pueden contener benzopirenos, unos compuestos cancerígenos. Además, no se debe abusar de los alimentos ahumados, salazones o conservados en vinagre, pues producen nitrosaminas.

8- “Los aditivos causan cáncer”
Falso. Los aditivos están presentes en un número muy variado de alimentos pero en cantidades muy pequeñas. De hecho los aditivos autorizados no son perjudiciales para la salud, ni siquiera si se consumieran de forma excesiva.

9- “Los alimentos irradiados pueden causar cáncer”
Falso. No existe evidencia de que el consumo de este tipo de alimento aumente el riesgo de cáncer. Se irradian determinados alimentos con el objeto de matar los organismos dañinos que podrían acelerar la destrucción del mismo. La radiación no permanece en el alimento irradiado tras el tratamiento, es solo un mito sin fundamento científico.

10- “El azúcar causa cáncer o hace que empeore”
Falso. Hay diferentes teorías que respaldan la idea de que el consumo de azúcar está directamente relacionado con la aparición del cáncer o su empeoramiento. Cuando hablamos de azúcar, normalmente hacemos referencia a la sacarosa, o azúcar de mesa, que resulta de la unión de una molécula de glucosa y otra de fructosa. Sin embargo, además de la sacarosa, existen otras formas de azúcar, como por ejemplo, la lactosa (azúcar de la leche) o la fructosa (azúcar de la fruta). De todas las moléculas citadas anteriormente, la glucosa constituye la principal fuente de energía de nuestro organismo.

A través de diversos mecanismos, en los que interviene el páncreas, la glucosa llega a las células para que estas puedan vivir y realizar sus funciones de manera adecuada.

El cáncer está formado por células que característicamente presentan mutaciones, y éstas les confieren la capacidad de reproducirse a una velocidad mucho más rápida que el resto de células de nuestro organismo. Estas células malignas, al igual que las sanas, utilizan como principal fuente de energía para desarrollar sus funciones la glucosa, pero necesitan de una cantidad mayor puesto que crecen de manera más rápida.

Esta afirmación no debe confundirse con la idea de que las células malignas crecen más rápido si la persona ingiere más azúcar en su dieta, sino que consumirán mayor cantidad porque su metabolismo así lo requiere.

Existen diversos estudios sobre la relación entre el consumo de azúcar y diferentes tipos de cáncer, pero ninguno de ellos es concluyente.
Lo que sí debemos recordar es que el sobrepeso y obesidad son factores de riego frente algunos tipos de cáncer, como el de mama o el de colon, y que la ingesta elevada de azúcares de absorción rápida favorece la obesidad. Por lo que es recomendable evitar el exceso de azúcares refinados y preferir los hidratos de carbono complejos, que son más saludables.

11- “La obesidad no aumenta el riesgo de cáncer”
Falso. Las personas con sobrepeso tienen un riesgo más elevado de padecer determinados tumores (mama en postmenopáusicas, colon, endometrio y recto) que la población con peso normal.

12- “El té previene el cáncer”
Falso. El té verde contiene gran cantidad de antioxidantes, motivo por el cual algunos investigadores han propuesto que puede ser beneficioso. Sin embargo, aún no se ha podido demostrar este beneficio en personas de manera científica.

13- “Los envases de plástico pueden causar cáncer, incluso el agua embotellada”
Falso.

Hace unos años corrió el bulo de que el prestigioso hospital Johns Hopkings había comunicado el riesgo de consumir productos envasados en plástico. Sin embargo, el hospital publicó una entrevista con un experto en el que se negaba esa relación.

Los materiales plásticos que se utilizan para envasar los alimentos están constituidos por diferentes tipos de sustancias de las que pequeñas moléculas pueden migrar al producto durante el proceso de fabricación del envase, el llenado o el almacenamiento. Estas sustancias pueden tener efectos indeseables sobre la salud -en ocasiones- si se superan los límites que marca la legislación sobre materiales plásticos en contacto con alimentos.

La mayor parte de las investigaciones realizadas al respecto han arrojado como conclusión que el uso de estos materiales, siempre que cumplan la legislación vigente, y se sigan las normas de correcta utilización, son seguros para la salud, y no se ha encontrado correlación con aumento de riesgo de cáncer. Se sabe que los recipientes de plástico rígido a base de policarbonato que contienen el aditivo BPA o Bisfenol A sí pueden liberar estas sustancias al contenido del envase.

Sin embargo, la cantidad liberada es generalmente mínima, aunque se está reevaluando constantemente a nivel científico para descartar que sea potencialmente dañino. Y por un principio de precaución, en Europa está prohibido su uso en productos destinados a la lactancia y la edad temprana.

La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) es una organización sin ánimo de lucro formada por pacientes, familiares, voluntarios y profesionales del ámbito de la salud que lleva 65 años trabajando en la lucha contra el cáncer. Su objetivo es prevenir, sensibilizar, acompañar a las personas afectadas y financiar proyectos de investigación oncológica que permitan un mejor diagnóstico y tratamiento de la enfermedad.

Los edulcorantes sin calorías también pueden conducir a la diabetes y la obesidad

abril 27, 2018
  • Los endulzantes artificiales alteran el metabolismo de la grasa y la energía
  • Además, el acesulfamo de potasio es capaz de dañar los vasos sanguíneos
  • Es la conclusión de un estudio que rastrea los cambios bioquímicos en el cuerpo

RTVE.es / EP

El consumo de edulcorantes artificiales sin calorías se ha incrementado en las últimas décadas. Thinkstock

El aumento de la conciencia de las consecuencias para la salud de comer demasiado azúcar ha impulsado un incremento en el consumo de edulcorantes artificiales sin calorías en las últimas décadas. Sin embargo, una nueva investigación encuentra que las alternativas al azúcar también pueden causar cambios en la salud que están relacionados con la diabetes y la obesidad, lo que sugiere que cambiar de refresco normal a uno ‘light’ puede suponer ir de mal en peor.

Los edulcorantes artificiales son uno de los aditivos alimentarios más comunes en todo el mundo, frecuentemente se consumen en la dieta y refrescos sin calorías y otros productos. Aunque algunos estudios previos han relacionado los edulcorantes artificiales con consecuencias negativas para la salud, la investigación anterior ha sido mixta y suscitó preguntas sobre posibles sesgos relacionados con el patrocinio del estudio.

Este nuevo trabajo es el examen más grande hasta la fecha que rastrea los cambios bioquímicos en el cuerpo, utilizando un enfoque conocido como metabolómica de alto rendimiento, sin sesgo, después del consumo de azúcar o sustitutos del azúcar, según sus autores.

Los investigadores también han analizado los impactos sobre la salud vascular mediante el análisis de cómo las sustancias afectan al revestimiento de los vasos sanguíneos. Los estudios se realizaron en ratas y cultivos celulares. “A pesar de la adición de estos edulcorantes artificiales sin calorías a nuestras dietas diarias, todavía ha habido un aumento drástico en la obesidad y la diabetes”, afirma el investigador principal Brian Hoffmann, profesor asistente en el Departamento de Ingeniería Biomédica en el Colegio Médico de Wisconsin y la Universidad de Marquette, en Estados Unidos.

“En nuestros estudios, tanto el azúcar como los edulcorantes artificiales parecen exhibir efectos negativos relacionados con la obesidad y la diabetes, aunque a través de mecanismos muy diferentes entre sí”, añade Hoffmann, que presentará la investigación en la reunión anual de la Sociedad Americana de Bioquímica y Biología Molecular durante la reunión de Biología Experimental 2018, que se celebra en San Diego, California, Estados Unidos.

Dietas altas en glucosa o fructosa (tipos de azúcar) o aspartamo o acesulfamo de potasio

El equipo alimentó diferentes grupos de ratas con dietas altas en glucosa o fructosa (tipos de azúcar) o aspartamo o acesulfamo de potasio (edulcorantes artificiales comunes sin calorías). Después de tres semanas, los investigadores observaron diferencias significativas en las concentraciones de sustancias bioquímicas, grasas y aminoácidos en muestras de sangre. Los resultados sugieren que los edulcorantes artificiales cambian la forma en que el cuerpo procesa la grasa y obtiene su energía.

Además, encontraron que el acesulfamo de potasio parecía acumularse en la sangre, con concentraciones más altas que tienen un efecto más dañino en las células que recubren los vasos sanguíneos.

“Observamos que, con moderación, su cuerpo tiene la maquinaria para manejar el azúcar, y es cuando el sistema se sobrecarga durante un largo periodo de tiempo cuando esta maquinaria se descompone -señala Hoffmann-. También observamos que reemplazar estos azúcares con edulcorantes artificiales no calóricos conduce a cambios negativos en el metabolismo de la grasa y la energía“.

¿Qué es peor, azúcar o edulcorantes artificiales?

Entonces, ¿qué es peor, azúcar o edulcorantes artificiales? Los investigadores advirtieron que los resultados no proporcionan una respuesta clara y la pregunta merece mayor estudio. Se sabe bien que el alto contenido de azúcar en la dieta está relacionado con resultados negativos en la salud y el estudio sugiere que los edulcorantes artificiales también lo hacen.

Cómo alimentarse en la diabetes gestacional

noviembre 14, 2017

La diabetes gestacional es un tipo de diabetes que se diagnostica por primera vez durante del embarazo

El Observador

No debe ser causa de alarma ya que, si se tienen ciertos cuidados, no representa peligros para la mamá ni el bebé.

Dado que usualmente no presenta sintomatología, como rutina se les realiza a todas las mujeres embarazadas un estudio llamado prueba de tolerancia a la glucosa entre las semanas 24 y 28 de gestación para detectarla. Si no se toman ciertas medidas para tratar este tipo de diabetes, puede traer serias consecuencias a corto y largo plazo para mamá y bebé.

Algunos consejos alimentarios para mantener los niveles de glicemia controlados durante el transcurso del embarazo son los siguientes:

· Seguir una dieta equilibrada y variada: esto significa que incluya alimentos de todos los grupos en las proporciones adecuadas y distribuidos de forma equilibrada a lo largo del día, de modo que el azúcar en sangre permanezca más estable.

· Realizar un buen desayuno: ya que por la mañana los niveles de azúcar en sangre están más descompensados, se debe cortar con el ayuno nocturno, lo cual también mantendrá más estables los niveles de glicemia en el día.

· Incluir muchas frutas y verduras en todas las comidas: ya que aportan fibra, lo cual contribuye a que los niveles de azúcar no se eleven bruscamente después de comer.

· Limitar el consumo de alimentos y bebidas que contengan azúcares simples (productos de repostería, azúcar de mesa, refrescos, dulces, postres, golosinas, jugos) ya que elevan muy rápidamente los niveles de azúcar en sangre. Se pueden sustituir por edulcorantes o productos dietéticos sin azúcar.

· Consumir cantidades moderadas de carnes magras y grasas saludables, como la del pescado, los frutos secos, la palta o algunos aceites vegetales.

· Consumir cantidades moderadas de granos enteros como pan, cereales, pasta, arroz, vegetales con almidón como papa o boniato, maíz o arvejas.

· Hacer 4 comidas y 2 colaciones diarias. No saltearse comidas y no pasar largas horas sin ingerir alimentos.

· Hacer ejercicio moderado: los estudios muestran que contribuye a que el cuerpo procese la glucosa y los niveles de glicemia se mantengan de forma adecuada.

· Acudir periódicamente a un profesional de la salud que ajuste el menú de acuerdo a los niveles de glicemia, peso, preferencias, dificultades, etc.

El simple plan de 7 días para reducir el azúcar en tu dieta y adelgazar

noviembre 4, 2017

Aunque su sabor haya conquistado los paladares a lo largo de la historia y sea una de las sustancias más consumidas en todo el mundo, es de las más peligrosas para la salud

El Confidencial

Tomamos mucho más azúcar de la que necesitamos. Hay demasiados alimentos que, sin que seas consciente, contienen esta dulce sustancia. La identificamos en las bebidas azucaradas, los caramelos o la bollería, pero también está oculta en yogures de sabores, cereales, panes de molde o salsas como el kétchup.

Aunque su sabor haya conquistado los paladares a lo largo de la historia y sea una de las sustancias más consumidas en todo el mundo, lo cierto es que también es una de las más peligrosas para la salud. Proporciona calorías sin aporte nutritivo y su ingesta elevada está vinculada al aumento de peso y a enfermedades cardiovasculares, obesidad o diabetes tipo II.

Cuando aparezca la necesidad de tomar algo dulce, detente y piensa de dónde viene ese sentimiento. Puede que solo estés cansado o tengas sueño.

Al respecto, la ONU recomienda que limitemos su consumo por debajo del 5% (equivalente a unos 25 gramos o seis cucharaditas). Lo notaremos en la salud: tendremos menos caries dentales, más facilidad para conciliar el sueño y un peso más equilibrado, entre otros muchos beneficios.

Dado que el azúcar ha sido el culpable de la mayoría de las crisis de salud de los últimos años, es hora de tomar cartas en el asunto y comenzar a reducir su consumo. Brooke Alpert, autora de ‘The Sugar Detox’, ha ideado un plan de 7 días para romper tu adicción a esta sustancia poco a poco y para siempre.

Atento:

Lunes: hacer limpia en casa

Es hora de deshacerse de los brownies, del alijo de dulces que tienes en el cajón de la oficina y de las galletas de chocolate que guardas en el armario. También de esa barra de cereales aparentemente light y del zumo bajo en grasa. Además de quitarte el azúcar, recortarás un montón de calorías innecesarias de tu dieta.

Cuando aparezca la necesidad de tomar algo dulce, detente y piensa de dónde viene ese sentimiento. Las situaciones más comunes que han podido llevarte a desarrollar el antojo son las siguientes:

  • Tu nivel de azúcar en la sangre es demasiado bajo. Eso significa que es probable que te saltes comidas o que las espacies demasiado, o que no comas suficiente proteína para estabilizar el azúcar en sangre. Como remedio, combina un refrigerio azucarado con nueces mixtas similares a proteínas y frutas deshidratadas sin azúcar. Las grasas saludables en las nueces absorben lentamente los azúcares naturales de la fruta para que recuperes el equilibrio y los antojos desaparezcan.
  • Estás cansado. Tienes sueño, porque duermes mal y/o poco. En lugar de buscar algo azucarado para aumentar tu energía, opta por un café o un té; ambos son beneficiosos para la salud.
  • Tienes síndrome premenstrual o perimenopausia. En caso de que seas mujer, este puede ser tu caso. Niveles inadecuados de progesterona o estrógeno desencadenan los antojos de dulces, ya que dejan de producirse determinadas sustancias químicas necesarias para que el cerebro se sienta bien, como son la serotonina, la dopamina y la norepinefrina. Todo ello provoca insomnio, dolores de cabeza, fatiga o depresión leve. Si este es tu caso, trata de comer vainas de soja, pues contienen unos compuestos llamados isoflavonas que imitan al estrógeno. Si esto no reduce los antojos de azúcar, opta por productos dulces y sanos como una naranja o dos cuadraditos de chocolate negro.

Martes: tira los edulcorantes

Ya es hora de deshacerse de todos los edulcorantes que tengas por casa. Tu cuerpo es extremadamente rápido en la descomposición de azúcares simples como este. ¿El problema? Aunque no tengan apenas calorías, un consumo excesivo provoca picos de azúcar en sangre, lo que hace que quieras consumir más.

Limita asimismo el uso de endulzantes naturales como el agave o la miel: tu cuerpo los procesa de la misma manera. Al café, por ejemplo, puedes ponerle canela.

Cuidado con el vino tinto: puede tener fitoquímicos buenos para la salud, pero cuando tomamos alcohol, se convierte en azúcar en nuestro cuerpo

Los azúcares artificiales “son más dulces que el azúcar y tu cuerpo tiene la misma respuesta hormonal, como si fuera azúcar normal”, dice Alpert. “Por eso no los recomiendan para perder peso”.

Prueba con el extracto de vainilla, el coco o crea contraste con la sal (una pizca de esta sustancia puede endulzar el plato en cuestión; solo se puede aplicar a alimentos que no son naturalmente dulces, como la sopa de calabaza o las rodajas de fruta).

Miércoles: corta el gas

Las bebidas con gas no son buenas para tu salud, según asegura la experta en ‘Prevention’, pero además contienen mucha azúcar. Incluso las light. “Estas han sido endulzadas con jarabe, por eso están tan buenas”, añade.

Si estás habituado a consumir estas bebidas, lo mejor será que las reemplaces: te será más fácil eliminarlas de tu dieta. El psicólogo James Claiborn, autor de ‘The Habit Change Workbook’, sugiere optar por reemplazos que choquen con el comportamiento que se está tratando de cambiar. Piénsalo: si tus bebidas gaseosas son con cafeína, puedes sustituirlas por un café o un té.

Jueves: leer etiquetas

Comienza a leer las etiquetas de ingredientes de todo lo que consumas como si te fueras a examinar de ello. Cambia el yogur de sabores o la leche de almendras por las versiones simples.

Igual no lo sabes, pero algunos yogures de frutas con sabor contienen casi 6 cucharaditas de azúcar añadida en sus pequeños envases, que es la cantidad que la American Heart Association sugiere que consumas en un día entero. En su lugar, endulza tus comidas favoritas con frutas enteras. “Y estate atento: los aderezos, la salsa de pasta, las galletas, la mantequilla y las sopas son también fuentes comunes de azúcar oculta”.

Viernes: cuidado con los hidratos

“La harina blanca, el arroz blanco y el pan blanco son básicamente azúcar”, dice Alpert. De hecho, es posible que no pienses que eres goloso, pero si comes bagels y pasta regularmente, probablemente te estás engañando a ti mismo. “La pizza es básicamente un postre. Para tu cuerpo es como un trozo de pastel”, añade la experta.

La solución: come carbohidratos, pero siempre integrales. El arroz integral, el pan de grano germinado y la quinua se tienen que convertir en tus mejores amigos. Este es el esquema que tienes que grabarte a fuego:

  • Granos refinados: comer raramente.
  • Granos enteros: con moderación.
  • Legumbres: con moderación.

Sábado: modera el alcohol

Si eres de los que toma una copa de vino cuando sale o cena fuera, es hora de que, según Alpert, recuerdes que “el vino tinto puede tener fitoquímicos y beneficios para la salud, pero la verdad es que cuando tomamos alcohol, este se convierte en azúcar en nuestro cuerpo”.

Si decides tomar una bebida, elije una cerveza ligera, un vino o una copa de bebidas espirituosas (vodka, ginebra, ron, whisky escocés, bourbon), sin mezcla. La mayoría de los refrescos, incluso la tónica, tienen azúcar añadida o proceden de jugos de frutas. Y como último consejo, limita tus bebidas a un máximo de dos por semana.

Domingo: limita las frutas

La excesiva cantidad de azúcar presente en la fruta, derivada de la fructosa naturalmente presente en esta, desestabiliza los niveles en sangre y puede conducir al letargo, a caer en los antojos, a la falta de concentración o a acabar con un microbioma alterado. Por eso es bueno limitar su consumo o decidirse por las menos calóricas.

María, la galleta, se pone a dieta

octubre 6, 2017

Hay ‘marías’ con el doble de grasas que otras, pero eso se va a acabar en Portugal

El País, por Javier Martín del Barrio

Nada parecen tener en común un escocés con su kilt a cuadros y un indio con su blanco dhoti, pero algo tienen: la humilde galleta María. En las tiendas de sus países y en las de casi todo el mundo se encuentra tan universal producto. El problema es que las marías son iguales de nombre, pero absolutamente diferentes de cuerpo. Y en Portugal quieren acabar con el desbarajuste.

Siempre con curvas, pero unas morenazas y otras tirando a paliduchas, unas regordetas y otras anoréxicas, el Instituto Nacional de Salud Ricardo Jorge ha ido más allá del aspecto externo de las marías portuguesas y ha analizado el interior. Su sorpresa ha sido encontrarse que unas marías tienen el doble de grasa que otras sin aparente motivo. El instituto, preocupado por la creciente obesidad de los niños y de la población en general, ha remitido al Gobierno su recomendación de que legisle sobre la grasa máxima que debe tener una maría.

Los investigadores se fueron al supermercado y escogieron varias marcas de galletas María, con gluten y sin él, con azúcar sin ella, pero al final comprobaron que el mismo producto tiene unas diferencias dietéticas abismales, que algunos fabricantes emplean el doble de sal y de grasas saturadas —que aumentan los riesgos cardiovasculares de las personas— para acabar vendiendo una maría. En su estudio con siete marcas, la proporción de grasa encontrada iba de los 8,73 gramos por cada 100 a los 19,5 gramos.

El INS advierte al Gobierno de que es posible producir la misma maría con mejor calidad nutritiva y le pide que “establezca metas que permitan la reformulación gradual de estos alimentos”.

La recomendación no caerá en saco roto, pues el Gobierno ha emprendido una lucha contra los malos hábitos alimenticios, por pequeña que parezca. Empezó por recomendar a la restauración reducir el azúcar incluido en los sobrecitos del café de 8 a 5 gramos; a principios de año, aumentó los impuestos sobre los refrescos con azúcar (su consumo ha caído un 25%) y este curso escolar comienza con máquinas expendedoras de comida, en las que faltan los artículos con excesos de calorías, de sal o de azúcar; además, en todos los comedores públicos de hospitales y organismos oficiales es obligatorio incluir una opción de menú vegetariano.

Así que más pronto que tarde la mítica galleta —creada por una pastelería londinense en 1874 para la boda de Alfredo I, hijo de la reina Victoria, con Maria Aleksandrovna, hija del zar de Rusia—, se va a poner a dieta; al menos maría la portuguesa.

 

¿Sabes cuánto ejercicio equivale a comerse una torrija?

abril 18, 2017

El Mundo, por Gema García Marcos

Ese popular -y muy gráfico- dicho de “un momento de placer en la boca, una eternidad en el trasero” le viene como anillo al dedo al delicioso repertorio de dulces que, de Norte a Sur, salpican el mapa de España durante la Semana Santa. Los pestiños andaluces, la leche frita cántabra, los buñuelos valencianos, las monas de Pascua catalanas y murcianas -cuyo nombre proviene de la munna, vocablo árabe que significa “provisión de la boca”- y, sobre todo, las grandes estrellas del momento, las torrijas, fueron creados originariamente por cocineros y pasteleros “en un alarde de imaginación para compensar la posible falta de calorías producidas por el ayuno propio de estas fechas”, según explica Rubén Bravo, experto en Nutrición y Gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Todos ellos aportan entre 500 y 1.000 Kcal por ración, las mismas que una comida completa. Es decir, una auténtica barbaridad.

Preparados con ingredientes como leche, pan, harina, huevos, mantequilla, azúcar y miel -que eran los productos permitidos y más accesibles- estos alimentos hipercalóricos tenían su razón de ser en aquellos tiempos de vigilia estricta pero hoy en día, “esta sobrecarga calórica tan bestial e intensa, si no va acompañada de una actividad física vigorosa, nos puede pasar factura”, asevera Bravo. Según sus estimaciones, si el tema se nos fue de las manos durante la Pascua hemos podido “llegar a engordar hasta cuatro kilos” en unos pocos días.

BOMBA CALÓRICA

Más allá del acusador veredicto de la báscula y nuestros pantalones vaqueros más ajustados, abusar de los dulces y no quemar la energía extra que éstos nos proporcionan hace que “el hígado acumule un exceso de azúcar que, con el tiempo, acaba convirtiéndose en grasa y dificultando su correcto funcionamiento”, explica el experto en Nutrición del IMEO. Además, Rubén Bravo señala que la existencia de estudios que han demostrado que “el exceso de azúcar en sangre está relacionado con el aumento de la acción de una proteína, llamada b-catenina, íntimamente relacionada con la progresión tumoral y capaz de convertir una célula sana en una tumoral e inmortal”.

La forma en la que se cocinan estos suculentos postres no hace sino empeorar el ya de por sí oscuro panorama nutricional: “No es recomendable abusar de los fritos, ya que aportan altos niveles de grasas saturadas, aumentan los niveles del colesterol y pueden favorecer la aparición de arterioesclerosis. Si queremos tener una larga vida, deberíamos evitar las frituras, ya que aceleran los procesos del envejecimiento y pueden ocasionar un gran número de enfermedades, algunos males del intestino o incluso cáncer”.

Si todavía no lo ves claro -y no te atreves a someterte al trago de pesarte tras la Semana Santa- toma nota de este inquietante dato: «Esa única torrija de unos 243 gramos que te comiste tras el potaje del almuerzo puede haberte aportado cerca de 566 Kcal». No es por agobiarte pero te conviene saber que todos sus ingredientes, salvo la canela, “son ricos en grasas y/o carbohidratos”.

El tamaño es el primer factor que determina las calorías que se ha metido entre pecho y espalda con cada unidad pero, ojo, porque los problemas empiezan con el tipo de pan que ha usado para prepararlas. “Cada vez más, se utilizan los tiernos, como los de molde, enriquecidos, los tipo brioche o incluso bollos suizos. Salen muy ricas, porque absorben mejor la leche, pero como consecuencia también multiplican las calorías”. Es lógico, “si partimos de una rebanada que ya va cargada de grasas y azúcares, la torrija final engordará mucho más que si la preparamos con el pan duro de toda la vida”.

Su aporte calórico depende también “del tipo de leche -si es entera o desnatada-, si se le añade un poco de nata o si incorporamos más o menos azúcar a la mezcla”.

Bocado muy energético, con poca fibra pero muchos azúcares de absorción rápida, y con un alto contenido en grasas, Bravo también reconoce que “las torrijas contienen vitaminas y minerales esenciales como calcio, ácido fólico, niacina o potasio las mencionadas proteínas y ácidos grasos saludables”. Y, lejos de demonizarlas, apunta que “tanto los hidratos como las grasas también forman parte de una alimentación equilibrada, dentro de una dieta saludable y en su justa medida”.

EJERCICIO

Rubén Bravo incluso se atreve a apuntar durante cuánto tiempo tendrías que desarrollar una actividad física para conseguir eliminar su rastro de tu anatomía. «Hay opciones para todos los gustos: 147 minutos de caminata vigorosa; 97, de baile; 81, de bicicleta de carretera en llano o 70 minutos de natación a crol a ritmo medio”. ¿Exageramos? Nos tememos que no.

No te queda otra. O pones remedio ya a los efectos que esas dulces bombas calóricas han provocado en tu cuerpo o la operación biquini -que ya se nos viene encima- se te va a complicar mucho. “Lo mejor es ponerse las pilas lo antes posible”, recomienda Carolina Prato, entrenadora personal y experta en bienestar.

Aunque, puestos a pedir, lo mejor hubiera sido tomar cartas en el asunto de forma inmediata, es decir, “en las horas posteriores a los atracones”. “Caminar, durante 30 minutos como mínimo, a buen paso y, si es posible, por recorridos con tramos cuesta arriba, subir escaleras, bailar, patinar o jugar con los niños -si consigues seguirles el ritmo- son algunas de las actividades cotidianas con la que podemos contrarrestar el efecto de semejante festín de calorías”, asegura Prato.

En el gimnasio el plan perfecto para aniquilar el efecto torrija podría ser “empezar con 15 minutos de bicicleta estática -con intervalos de un minuto a tope y otro de recuperación-; seguir con 15 de elíptica -a ritmo regular- para terminar con 15 minutos de cinta, que podríamos plantearnos de la siguiente manera: un minuto de caminar en cuesta y otro corriendo a tope”.

Así que ya sabe, no esperes a la operación biquini para quitarte los daños colaterales de su antecesora: la operación torrija. «Come equilibrado, bebe mucha agua, descanse y muévete un poco más de lo habitual. Tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán».

8 alimentos que los nutricionistas borrarían de la faz de la Tierra si pudieran

abril 3, 2017

Por su exceso de azúcar, sus grasas o su riesgo para el corazón: estos son los productos que los expertos no quieren que comamos

El País, por Eva Carnero
Existe una máxima que dice que para llevar una dieta sana y equilibrada es imprescindible comer de todo. Sin embargo, a pesar de que la norma es aceptada por la mayoría, últimamente no son pocas las voces expertas que la cuestionan, y señalan con el dedo aquellos alimentos que deberíamos dejar de consumir, o al menos reducir su ingesta, si queremos proteger nuestra salud. Hemos pedido a varios expertos en nutrición que nos dijeran los que para ellos son alimentos tabú, y este ha sido el resultado.

Rollitos de primavera

“Hinchazón abdominal, indigestiones, pesadez digestiva y, en casos extremos, hasta diarreas o intoxicaciones leves”, así describe Rubén Bravo, experto en Nutrición y Gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), los efectos que pueden acompañar a una exótica cena elaborada con este clásico del menú oriental. Según el experto, “el elevado contenido de grasas saturadas que contienen los aceites que suelen emplear en los restaurantes de corte asiático junto con las harinas refinadas que utilizan para los fritos y rebozados promueven el aumento del colesterol y del sobrepeso”. Por cierto, los rollitos auténticos son como las torrijas: en China solo se consumen durante unos pocos días al año.

Combinados con bebidas energéticas

Al salir de fiesta debería vigilar qué es lo que va a beber, ya que, ni de lejos, todas las opciones son iguales. Algunas ponen en marcha en nuestro organismo ciertos efectos que sin duda la mayoría de los jóvenes no tienen en cuenta. Rubén Bravo, experto en nutrición, nos recuerda que “la combinación de una bebida espirituosa de alta graduación con una energética es una bomba de posibles problemas para la salud”. Y es que según Bravo, “los excitantes como la cafeína y la taurina combinados con las vitaminas B6 y B12 enmascaran los efectos negativos aportados por la bebida espirituosa, acelerando el ritmo cardíaco y aumentando los niveles de azúcar en sangre. El abuso de estos combinados puede afectar al hígado, al páncreas y al sistema cardiovascular”.

Patatas de bolsa

Su alto contenido en sal es, en opinión de la profesora Iva Marques, de la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte de la Universidad de Zaragoza, lo más perjudicial de las patatas de bolsa. La mayoría contiene alrededor de 1,5 gramos de sal por 100 gramos de patatas, aunque algunas llegan a los 2,3. Los días que comamos un paquete grande superaremos el límite que fija la OMS. Pero lo que lleva a Antonio F. Murillo Cancho, profesor del curso Experto en Nutrición Deportiva de la Universidad Internacional de La Rioja, a elegir este producto como alimento prohibido, es su inserción en el paraguas de “alimentos ricos en aceite de palma”. Bajo la leyenda de “aceite vegetal” en la etiqueta, según el experto, se suele ocultar “un alto contenido en ácidos grasos saturados que convierte al aceite extraído del fruto de la palmera Elaeis guineensis en un potencial peligro para nuestra salud cardiovascular”. Y, ¿el consumo de aceite de palma provoca cáncer? La respuesta no es rotunda: para Helle Knutsen, jefa del Panel de Contaminantes de la Cadena Alimentaria de la EFSA, “no se puede establecer un nivel de ingesta seguro para estos ésteres”. Pero el compuesto no forma parte de la lista de ingredientes cancerígenos de la OMS y ni la Unión Europea ni otros organismos nacionales de salud han prohibido su uso o recomendado excluirlo de la dieta. Lo único que afirma la EFSA es que el aceite de palma contiene ésteres gliciril de ácidos grasos (GE) que, procesados a más de 200 ºC, dan lugar a un compuesto tóxico y cancerígeno: el glycidol.

Salchichas de queso

Si hay un menú que resuelve infinidad de cenas familiares y que los niños adoran es el que incluye un plato de salchichas tipo frankfurt, y si están rellenas de queso, mejor. Sin embargo, la nutricionista Laura Pire, propietaria de un centro de nutrición avanzada, no trae buenas noticias al respecto. “La baja cantidad y calidad de proteínas junto con el exceso de grasas saturadas y sal convierten a este plato en una elección poco recomendable”. ¿Qué tipo de riesgos estamos asumiendo sin ser conscientes de ello? La experta apunta a la salud cardiovascular como la más perjudicada por su consumo: “La ingesta continuada de este tipo de alimentos descompensa la tensión arterial y fomenta la obesidad y la arteriosclerosis”.

Bollería industrial

Probablemente no se sorprenderá con la elección de la doctora María Garriga, dietista-nutricionista en el Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid). Sin embargo, nunca está de más recordar la inconveniencia de consumir bollería industrial. “En la mayoría de los casos su elaboración incluye grasas trans o hidrogenadas o aceites de alto contenido en ácidos grasos saturados (aceites de palma, palmiste o coco)”, justifica la experta. De modo que, a la hora de la merienda, puede dejarse convencer por los argumentos de sus hijos o bien atender las advertencias de Garriga y buscar otras opciones. “Las grasas mencionadas están relacionadas con un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, porque son las que aumentan los niveles de colesterol LDL. Además, suelen tener un alto contenido en azúcares, cuyo consumo se asocia con la obesidad y el aumento del riesgo de accidentes cardiovasculares”, advierte.

Cubitos concentrados

Algunas marcas nos venden estos pequeños daditos con el argumento de que enriquecen las comidas. Sin embargo, parece ser que el sabor no es lo único que obtenemos cuando los consumimos. “Los ingredientes principales de estos cubitos son la sal, la grasa de palma y los potenciadores del sabor como el glutamato monosódico, y ninguno de estos ingredientes es necesario para una dieta saludable”, señala la doctora María Garriga García. “Los cubos de caldo, así como las salsas, sopas comerciales, aperitivos salados y embutidos son algunos de los alimentos que más sal contienen”. Este alto contenido en sal es el principal motivo por el que Garriga desterraría este alimento de la cesta de la compra, ya que “favorece la aparición de hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares”.

Carne en lata

Marta Gámez, directora técnica del Grupo NC Salud, menciona las pruebas aportadas por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, órgano de la Organización Mundial de la Salud especializado en esta enfermedad. La entidad médica ha clasificado la carne procesada como carcinógena para los humanos, basándose en evidencia suficiente de que el consumo de carne procesada causa cáncer colorrectal. La experta revela que “aunque aún no se ha podido establecer una dosis segura de este tipo de alimentos, los expertos afirman que el riesgo aumenta cuanta más cantidad se ingiere”.

Refrescos azucarados

Si hay un tipo de bebida directamente relacionada con la obesidad es, sin duda, los refrescos de cola o los elaborados a base de extractos de té o plantas con azúcar añadido. Así lo asegura la directora técnica en la Clínica Alimmenta, Juana María González Prada, quien sostiene que “hoy en día se sabe que su consumo no solo favorece el aumento de peso, sino que también incrementa la posibilidad de desarrollar caries”. La OMS recomienda no ingerir más de 50 gramos de azúcar al día y fija una ingesta ideal de 25. Un bote de estos brebajes suele contener 35 gramos.

 

El IMEO avisa de la falta de legislación sobre la publicidad de productos con perfiles nutricionales inadecuados

marzo 22, 2017

Expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han avisado de que la falta de una normativa clara que regule la publicidad de productos con perfiles nutricionales inadecuados no sólo se da sólo en aquellos destinados a adultos, sino también en los destinados a los menores.

MADRID, 22 (EUROPA PRESS) / El Economista

Por ello, han reclamado una mayor concienciación por parte de los fabricantes de productos alimenticios en la promoción de ciertos grupos –light; bajos en grasa, sal o azúcares; enriquecidos con vitaminas y minerales; naturales o de elaboración casera; integrales o los que contienen aceites vegetales–, debido a que a menudo se recomiendan como saludables o para perder peso.

“Muchas veces caemos en las trampas del marketing y compramos un producto alimenticio porque damos fe al valor publicitario, que es más subjetivo, y no al nutricional, que es el valor real, descrito en el etiquetado y que afecta nuestra salud. A menudo nos dejamos llevar por la imagen atractiva del envase y ofertas del tipo ‘dos por uno’ o ‘la segunda unidad al 70 por ciento’, sin comprobar el aporte calórico, la cantidad de grasas y azúcares o los porcentajes y tipos de aceites vegetales que contiene un product”, ha recalcado el portavoz de la organización, Rubén Bravo.

Cuando se anuncian alimentos con supuestos valores nutricionales las industrias siempre están “bien cubiertas” en el marco legal que se les permite. Sin embargo, desde el punto de vista ético muchas veces son “confusos, sesgados y diseñados a conveniencia” para abaratar costes y crear adicciones, por lo que parece esencial educar nutricionalmente al consumidor.

“Un producto light es aquel que aporta, al menos, un 30 por ciento de kilo calorías menos que sus similares, pero no nos asegura un bajo aporte calórico y si se toma en cantidades puede elevar el riesgo a ganar peso. Otro recurso muy utilizado por la industria para convencernos que podemos tomar ampliamente sus productos y adelgazar es el empleo de los términos ‘bajo en grasas’ o ‘sin azúcares añadidos'”, ha alertado la nutricionista clínica del IMEO, Carmen Escalada.

Asimismo, prosigue, otros productos, especialmente refrescos o yogures, en los que se ha sustituido el azúcar por edulcorantes para que sean light, “no ayudan” a bajar de peso y, además, muestran otros efectos perjudiciales para la salud, como aumento de la tensión arterial o diabetes.

PAPILLAS DE CEREALES PARA BEBÉS

Del mismo modo, la experta ha comentado que, en muchas ocasiones, la publicidad de los productos alimenticios utiliza una determinada característica del mismo, como puede ser una suplementación en vitaminas o minerales, considerada por la gran parte de los consumidores como algo beneficioso, para ocultar otra que no lo sea tanto, como aceite de palma, azúcar o edulcorantes, conservantes o colorantes.

Uno de los mejores ejemplos a este respecto son las papillas de cereales para bebés, dado que la gran mayoría de ellas llevan el azúcar como ingrediente principal y, por tanto, en altas cantidades. “En muchas ocasiones nos las venden como ‘sin azúcar’, ya que sustituye esta por cereales hidrolizados. Estos no son más que los hidratos de carbono de cadena larga rotos en otros simples y, por tanto, más dulces”, ha apuntado la nutricionista del IMEO.

Del mismo modo, los derivados (pan, pasta) de cereales integrales son más recomendables que los refinados porque aportan menos fibra, vitaminas y minerales. Además, los cereales integrales sacian más y no elevan “tan bruscamente” los niveles de azúcar en sangre.

En España, si un producto aporta 3 gramos de fibra ya puede ser anunciado como ‘fuente de fibra’ y, si supera los 6 gramos, como “alto contenido en fibra”. Sin embargo, según los expertos de IMEO, esto no garantiza que el producto sea integral, ya que se le puede haber añadido posteriormente la fibra en forma de salvado.

“En ningún caso el etiquetado puede atribuir al alimento efectos o propiedades que no posee, ni tampoco insinuar que tiene características propias especiales como, por ejemplo, anunciar que una leche entera no lleva gluten cuando, por naturaleza, las leches no tienen gluten. No sólo debemos fijarnos en estas declaraciones, sino además en la lista total de ingredientes y las raciones de consumo ya que nos darán una idea mucho más real de si el alimento es o no saludable”, ha zanjado la nutricionista.