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Por qué debería preocuparte (y mucho) tener una tripa cervecera

marzo 12, 2018

El Mundo, por Gema García Marcos

Tenemos buenas y malas noticias para ti. La buena: ¡la cerveza no tiene la culpa de tu panza! Al menos, no toda. Aunque coloquialmente se la llame tripa cervecera, esa cañita tan rica no es la única causante del surgimiento de esa prominente colina que asoma a la altura del ombligo y que te impide otear la punta de los dedos de los pies. Ella, como mucho, sería -si se consume en grandes cantidades- un ingrediente más del cóctel de malos hábitos que engloba la mayor parte de las calamidades que azotan al ciudadano del siglo XXI: “Una dieta rica en grasas saturadas, un consumo social frecuente de alcohol y un sedentarismo más que arraigado”, sentencia Lina Robles, jefa del Servicio de Nutrición del Hospital La Zarzuela (Madrid).

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Agárrate que ahora viene la mala (y es pésima). La estética es lo que menos debería preocuparte. Lo alarmante son los problemas de salud que puede acarrearte. “Un alto porcentaje de grasa visceral -denominada así porque se acumula en el interior del abdomen alrededor de los órganos vitales- conlleva un alto riesgo para la salud que puede traducirse en enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión y algunos tipos de cáncer”, explica Rubén Bravo, especialista en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Aunque los hombres son más propensos que las mujeres en el desarrollo de ciertas patologías, ambos sexos deben ser conscientes de los peligros: “Es conveniente analizar estos niveles para realizar una medicina preventiva, porque los riesgos de salud relacionados con la grasa abdominal extra aumentan con la edad, a partir de los 35 años en los hombres y de los 55 años en las mujeres”, apunta Bravo.

OBESIDAD VISCERAL

Las personas con obesidad visceral y síndrome metabólico presentan, en su mayoría, las alteraciones hormonales características de un envejecimiento prematuro. “La grasa visceral también afecta al estado anímico, debido al aumento de la producción de cortisol, la hormona que se libera con el estrés, y la reducción de las endorfinas, las que nos propocionan la sensación de felicidad y bienestar”, subraya Bravo. El déficit de la dopamina favorece la depresión, mientras la disminución de serotonina eleva los niveles de ansiedad. Ambas carencias se relacionan con un aumento de riesgo de infarto de corazón (3,4 veces mayor), problemas de hipertensión, cáncer de próstata y colon, hipercolesterolemia o una tendencia para desarrollar enfermedades degenerativas, Parkinson o demencia senil.

¿Cómo podemos saber si hemos atravesado la línea roja en los índices de grasa? El especialista de IMEO lo explica. “A través de la Electroimpedancia Sistémica o la Densitometría Visceral por tecnología de Rayos X obtenemos datos mucho más precisos. Estas pruebas son rápidas y exactas. El diagnóstico por imagen nos muestra la localización y el porcen-taje de grasa en litros y gramos”.

Mucho más rápida y persistente que la subcutánea, la grasa visceral se puede acumular rápidamente y es más difícil de perder que la grasa subcutánea, pero se puede llegar a eliminar, con una combinación adecuada de una dieta apropiada y ejercicio. Rubén Bravo explica que este tipo de tejido adiposo es “muy activo” y genera “un constante bombeo de sustancias tóxicas en el torrente sanguíneo”. Este proceso conduce a “la acumulación de ácidos grasos libres en el hígado y otros órganos, desequilibrando la regulación insulínica del organismo, el azúcar sanguíneo y el colesterol”. Para remediarlo, aconseja “el consumo de arroz rojo y de omega-3, que ayudan a reducir el colesterol y a combatir esta inflamación celular”. El uso habitual de fitonutrientes también es muy recomendado por su papel antioxidante y desintoxicante. “Estos nutrientes bioactivos se encuentran en algunas frutas y verduras: tomate, uvas, manzana, fresa, zanahoria, calabaza, espinaca, ajo, cebolla, etc”.

PROTEÍNAS

Martín Giacchetta, CEO de Boutique Gym (Madrid) y entrenador personal, lo tiene claro: “Sin dieta no hay paraíso”. Su experiencia como escultor de los abdominales más célebres de España le avala para corroborar que la cerveza no es la única culpable. “Su base está en los cereales, lúpulo y agua por lo que, si le quitas el alcohol -con lo que además se reducirían las calorías de 80 a 16 en una sola caña-, es una bebida ideal para deportistas. El problema viene por la cantidad que se bebe y lo que la acompaña: pizza, patatas, frutos secos, etc”.

Las proteínas -carnes magras, pescados y huevos- son básicas para deshacernos de ese exceso de volumen. “Los hidratos de carbono deberían ingerirse sólo hasta las 17 horas, porque a partir de esa hora es complicado quemarlos”.

Matarse a hacer abdominales sin control no sirve para nada. Giacchetta recomienda la combinación de cardio y de tonificación: “El aeróbico es esencial para hacer trabajar al corazón y combustionar grasa. Con el fortalecimiento conseguimos crear un motor mayor al que tenemos. Si un coche tiene 40 caballos y otro 120, el segundo consumirá más combustible. Lo mismo pasa con nuestro cuerpo. Si generamos más masa muscular consumiremos más calorías”.

EJERCICIO

¿Cuáles serían las actividades de resistencia más aconsejadas? “Depende. Si hay sobrepeso, lo mejor es optar por las que supongan el mínimo impacto articular: caminar, remo, elíptica o natación. Si no lo hay, también se podría añadir la carrera”. ¿Cuántos días a la semana? “Lo importante es moverse un poco cada jornada pero, para mí, sería perfecto sacar entre 20 y 30 minutos para entrenar un mínimo de dos y un máximo de cinco días, combinando cardio y fuerza”.

El plazo en el que comenzarán a percibirse los resultados depende “del punto de partida desde el que se inicia la puesta a punto pero pueden notarse desde la primera semana que se empieza a cuidar la dieta y a hacer deporte”. Fiarse del veredicto de la báscula, en este caso, tampoco es lo más adecuado. “Puede que incluso refleje una subida debido al aumento de la masa muscular. Lo importante es fijarse en cómo nos queda la ropa”.

 

Las profesiones que más engordan

marzo 7, 2018

Militares, cocineros, camioneros y oficinistas son los colectivos con más riesgo de subir de peso.

EFE / Canarias 7

Algunas profesiones implican mayor dificultad que otras para poder llevar un estilo de vida saludable debido a las condiciones laborales determinadas.

Entre estos ’trabajos que engordan’ están los que desempeña el personal de servicios de seguridad, los cocineros y manipuladores de alimentos, los camioneros y trabajadores en servicios de transporte, los oficinistas y también los cargos directivos que, en general, muestran más riesgo de aumentar de peso, según informa a Efe el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Los colectivos que se vinculan a un mayor riesgo de padecer obesidad tienen en común una serie de factores, como trabajar en un espacio de trabajo reducido que limita la movilidad, y la falta de actividad física regular o su mala planificación, según este instituto (www.imeoobesidad.com) .

Los profesionales que ejercen esas profesiones también

suelen tener hábitos no saludables, como fumar, dormir poco, trabajar bajo presión o estrés, una alimentación a base de menús suculentos, comida rápida, bocatas y fritos, acostumbran a picar entre horas y usan su tiempo libre y de ocio de modo más sedentario, de acuerdo a este centro.

Los expertos del IMEO explican a los profesionales con más riesgo de engordar cuáles son las conductas que deben seguir y evitar para que mantenerse en forma sea una misión posible:.

Oficinistas y cargos directivos

Para Escalada, el problema de este tipo de empleos está fundamentalmente “en el desorden en los horarios de comidas por la falta de tiempo y el lugar donde se realizan las ingestas principales, haciendo que afecte al metabolismo y que cueste bajar o mantenerse en el peso”.

Por ello Escalada aconseja:

1.- Es conveniente que organicen las comidas y eviten los picoteos y evitar ingerir más cantidad de alimento en la cena.

2.- Deberían realizar cinco comidas diarias: la primera, un desayuno que incluya un hidrato de carbono, un lácteo y una proteína, como por ejemplo, un café con leche desnatada, unas tostadas integrales con aceite y pavo.

3.- Deben hacer una comida a media mañana, en el trabajo. La opciones más cómodas y saludable es tomar una fruta, un puñado de frutos secos, una barrita de cereales, tortitas de maíz, arroz o avena, yogur líquido y una infusión.

4.- La comida de mediodía y la cena deben constar de una ración de verduras (cocinadas o en ensalada) y una ración de proteínas, en tanto que la merienda sería a base de un yogur líquido o infusiones sin azúcar.

5.- Deben introducir en su alimentación las legumbres (lentejas, garbanzos, quínoa, alubias), tomadas preferiblemente los días que vayan a hacer deporte tras el trabajo, en introducir hidratos de carbono: pasta, arroz, patata, cuscús, pan en todas sus modalidades.

6.- Es importante no utilizar fritos, empanados ni rebozados, a la hora de cocinar o elegir en un restaurante, así como evitar las salsas y apostar por las especias como aderezo, en vez de sal.

7.- Deben beber agua, no solo en las comidas, , sino también a lo largo de todo el día para mantenerse hidratado, porque suele ser uno de los factores que más se olvida.

Militares y servicios de seguridad

“Algunas de las principales causas que dificultan a estos dos colectivos el mantenimiento de un peso saludable y unos niveles adecuados de grasa son el estrés físico y el mental al que se ven sometidos, además del descontrol de horarios”, explica a Efe Mireia Elías, nutricionista del IMEO.

“Es fundamental que los militares y quienes trabajan en servicios de seguridad, eviten al máximo pasar más de tres horas sin comer, para no pasar mucha hambre ni picotear entre horas”, explica a Efe la nutricionista Mireia Elías.

“Por ello, es fundamental que eviten al máximo pasar más de tres horas sin tomar alimentos, ya que así conseguirán no llegar a las comidas principales con mucha hambre y/o ansiedad y evitarán picotear productos más calóricos e insanos entre horas”, señala.

“Además, el aporte energético continuo pero moderado va a evitar la ralentización del metabolismo y va a contribuir a unos mejores resultados en la práctica del ejercicio físico”, señala Elías.

“Otro factor que deberán evitar los militares y quienes trabajen en servicios de seguridad, es el descontrol de sus comidas, tanto en el trabajo como en su casa”, apunta esta nutricionista.

“Debido a los turnos rotatorios con los que suelen trabajar y la falta de tiempo que esto supone, es habitual que quienes se dedican a estas profesiones tiendan a comer cualquier cosa que encuentren”, recalca.

Por eso Mireia Elías recomienda:.

1.- Dedicar un día a la semana para planificar las comidas del resto de días e incluso, cocinar aquellas recetas que puedan llevar más tiempo.

2.- Deben evitar la ingesta de alimentos muy calóricos y que sacian poco, como cereales azucarados, zumos, lácteos azucarados, salsas, refrescos y bebidas alcohólicas.

3.- Deberán evitar el sedentarismo practicando de manera moderada, pero habitual, ejercicio físico, llevando una vida activa.

Cocineros y manipuladores de alimentos

“Durante su trabajo deben evitar al máximo picotear entre horas todos los platos que elaboran. Para ello, es esencial que establezcan un horario de comidas adaptado a su turno de trabajo”, señala a Efe Elías.

“Así se reducirán las horas que pasan sin comer y, por tanto, el hambre y ansiedad que tienen en esos momentos”, añade.

Los cocineros y quienes manipulan alimentos, “también deberán evitar la falta de planificación en las comidas, tanto las que se dan entre horas, como las principales. Estas últimas jugarán un papel clave ya que en muchos centros de restauración no se permite a los trabajadores introducir comida externa”, asegura.

Por ello, Elías aconseja para este colectivo:

1.- Las comidas que vayan a hacer fuera de la jornada laboral deben ser complementarias con las del trabajo, para que el aporte, tanto energético como nutritivo, sea el adecuado.

2.- Se debe evitar llegar al inicio del trabajo con mucha hambre, puesto que la gran disponibilidad de comida al alcance favorecerá el picoteo.

Los colectivos laborales con un mayor riesgo de padecer obesidad trabajan en un espacio reducido que limita la movilidad y suele faltarles una actividad física regular o la planifican mal, según información del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

3.- Evitar tomar alimentos que sacian poco y son muy energéticos, como los refrescos, postres azucarados y snack salados.

4.- Deben evitar estos profesionales llevar una vida sedentaria fuera de su horario laboral, porque en la mayoría de la ocasiones su trabajo se desarrolla en espacios limitados y no requiere de ejercicio físico aeróbico, necesario para la bajada de la grasa corporal.

Servicios de transporte

“El mayor riesgo que conlleva esta profesión es la tentación de picar entre horas unida a la inactividad física, ya que quienes la desempeñan pueden llegar a pasar muchas horas de conducción, en las que el cansancio y el aburrimiento afloran”, indica a Efe Carmen Escalada, nutricionista clínica del IMEO.

“Lo ideal es llevar alimentos sanos en el medio de transporte donde se trabaja para tomarlos entre horas y evitar la ganancia de peso”, señala.

“Estos alimentos podrían ser un puñado de frutos secos naturales, piezas de fruta, embutido magro como jamón cocido, pavo, jamón serrano o lomo, y lácteos desnatados, en el caso de tener un medio de refrigeración” ejemplifica esta nutricionista.

Respecto a las comidas y cenas, Escalada señala que es importante organizar el menú semanal para no acabar comiendo cualquier cosa en cualquier lado.

“Por ello, la mejor opción sería llevarse un “táper” con una ensalada completa que incluya algo de proteína (huevo cocido, jamón en tacos, atún, queso blanco fresco) e incluso algún día en semana se pueden meter legumbres en la ensalada”, señala.

Escalada indica que si un profesional de la conducción come o cena en un restaurante, “puede elegir platos que contengan verduras y proteína (pollo, pavo, pescado, huevo, ternera…), que no lleven salsas ni aderezos y cuya técnica culinaria no sea freír, rebozar o empanar para evitar el exceso de calorías”.

Debido a la falta de actividad física cuando están sentados en su trabajo, esta nutricionista les sugiere:.

1.- Aprovechar los descansos para realizar paseos aunque solo duren unos 15-20 minutos, que ayuda a mantener el peso y a evitar la retención de líquidos.

2.- Es muy importante beber agua durante todo el día o infusiones sin azúcar,que se pueden llevar en un termo.

3.- Deben evitar la bebidas azucaradas como refrescos o zumos, bebidas energéticas y alcohólicas.

4.- Si el profesional necesita tomar alguna bebida con cafeína, son recomendables uno o dos cafés al día, tomados cada 8 horas, según el turno que se realice.

La salud entra por la boca

marzo 2, 2018

Heraldo de Berbate

Lo que comemos afecta nuestro cuerpo de forma positiva o negativa.

Muchas de las enfermedades que se pueden llegar a padecer tienen su origen en los malos hábitos alimenticios, ya que estos influyen de gran manera en el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Por supuesto, la mala alimentación aunada al sedentarismo y la predisposición genética de la persona, son factores a tomar en cuenta a la hora de padecer cualquier patología. Con el auge de la era fitness es normal ver más personas realizando ejercicio o pensando mejor en cómo alimentarse de forma correcta, ya que actualmente, gran parte de la población desarrolla diversas enfermedades.

El punto de la obesidad juega un papel importante en este aspecto ya que las personas que sufren de sobrepeso suelen desarrollar alguna enfermedad, debido a que el cuerpo humano, no está diseñado para soportar durante prolongados periodos de tiempo una gran cantidad de peso, esto produce que los órganos deban duplicar su funcionamiento causando que se deterioren o presenten fallas con mayor rapidez. Esto suele suceder con las articulaciones las cuales se encargan de soportar el peso del cuerpo y tienden a presentar desgaste ocasionado muchas molestias y en algunos casos visitas al quirófano.

Lo mismo ocurre en nuestro torrente sanguíneo, por el viajan gran parte de los nutrientes de nuestro cuerpo y por supuesto, las grasas que cuando se encuentran en niveles muy elevados pueden ocasionar obstrucciones las cuales pueden traer consigo embolias o infartos. Cuando las personas alcanzan cierto peso muchas veces se vuelve difícil perderlo y es por ello que existen instituciones creadas para brindarles apoyo a las personas que atraviesan por estas circunstancias, tal como lo es el Instituto Médico Europeo para la Obesidad.

Este centro cuenta con expertos los cuales pueden orientar al paciente sobre las diferentes opciones que existen para abordar su problema, tomando en cuenta la opción que mejor se adapte a cada caso, una de las intervenciones que suele ser más recomendada es la manga gástrica debido al gran éxito que ha presentado en poco tiempo, esta consiste en remover una parte del estómago dejando el restante en forma de tubo o manga que se conecta al esófago y al intestino delgado.

Esta intervención ayuda a disminuir la superficie del estómago hasta en un 70%, quedando aproximadamente del tamaño de una pelota de tenis, debido a que esta cirugía preserva el orden natural del sistema digestivo no presenta muchas complicaciones a la hora de la recuperación del paciente, ya que en algunos casos las cirugías pueden alterar la correcta absorción de los nutrientes ocasionando problemas a la larga

Para aquellos pacientes que presenten un índice de masa corporal total mayor a 50 kg/m² la principal opción a tomar en cuenta es la de la manga gástrica ya que es menos agresiva y riesgosa que intervenciones tales como el bypass gástrico o el cruce duodenal. Por supuesto, todos los procedimientos deben ser complementados con una dieta adecuada y ejercicio para que la persona no aumente nuevamente el peso perdido.

11 consejos de experto para evitar el estreñimiento

enero 25, 2018

Comer más fibra, tomarse la vida con calma o tener a mano una pequeña banqueta para apoyar los pies facilitan la evacuación

Objetivo Bienestar, por Salomé García

Es de esos males que se sufre en silencio. Incluso nos agria el carácter. Solemos bromear con que quien no visita mucho al retrete anda de un humor de perros. El estreñimiento, entendido como un mal funcionamiento del intestino por el que se ralentiza el tránsito de las heces hasta su feliz descenso al inodoro, no mata, pero nos da mala vida. Y afecta a entre el 10 y el 12% de la población adulta. La buena noticia es que podemos reducir su incidencia simplemente llevando una vida saludable. Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), nos da algunas claves para dar vidilla al intestino. Por cierto, “hablamos de estreñimiento cuando hay menos de tres deposiciones a la semana. Y siempre que sean heces duras y difíciles de evacuar”

Además de conocer alimentos para combatir el estreñimiento, también conviene saber qué actividades o rutinas son buenas para visitar el baño con más frecuencia y así mejorar nuestra salud intestinal.

Toma más fibra

A nuestras bacterias intestinales (las míticas lactobacilus o probióticos, entre otras) les gusta la fibra. Es su plato favorito: cuanto más comen, más fuertes se ponen y más trabajan. Dado que su oficio es ayudar al buen funcionamiento del sistema inmunológico y contribuir a la digestión, si están bien alimentadas, iremos como un reloj y seremos más resistentes a las infecciones (de ahí la matraca de la publicidad con que tomando probióticos aumentamos las defensas). “Todas aquellas dietas que eliminan o limitan en exceso los alimentos ricos en fibra suelen provocar problemas de estreñimiento”. Añade frutas, verduras, cereales enteros y legumbres al menú y notarás la diferencia.

Bebe agua

Si las heces están poco hidratadas se endurecen y su paseo por el intestino se convierte en una procesión larga, lenta y pesada. Recientes estudios científicos rebelan que no hace falta seguir a pie juntillas lo de los ocho vasos de agua diarios, pero sí hay que ser generosos bebiendo e ingiriendo alimentos ricos en agua y bebiendo cuando haya sed. “Por ejemplo, beber más en verano para reponer el líquido eliminado con la sudoración. Un organismo deshidratado ralentiza muchos de sus procesos vitales como el movimiento peristáltico”. Así que al problema de unas heces deshidratadas añadiremos un intestino con menos movimiento que el portero de un futbolín. El final de la historia ya podemos imaginarlo.

Evitar ciertos medicamentos

Fármacos como los antibióticos pueden diezmar nuestra microbiota. “Esa bajada en el número de bacterias puede llevar a peores digestiones y al estreñimiento”. Ciertos antitusivos con codeína, analgésicos, sedantes, hierro oral o antidepresivos pueden tener idénticos efectos.

Los zumos no valen

Si eres de las que escucha la palabra fruta y piensa en un zumo bien colado ya puedes ir olvidándote. “Los zumos no actúan igual en el tránsito intestinal ya que no contienen la misma cantidad de fibra que cuando tomamos la pieza entera”. Solo sirven si llevan toda la pulpa.

Dietas peligrosas

“Hace pocos años, cuando las dietas a base de proteínas estaban de moda, era uno de los efectos secundarios más frecuentes desde la primera semana de comenzar la dieta”.

Eliminar la grasa

Demonizar las grasas es uno de los grandes errores de nuestros días. “Las grasas saludables son necesarias para mantener un ritmo intestinal regular y adecuado”. No a las grasas trans, al aceite de palma y otros ácidos grasos de dudosa calidad. Sí, al aceite de oliva, a los frutos secos y a los aguacates. “Nunca reducir el consumo de aceite de oliva por debajo de las dos cucharadas soperas al día”.

Llevar una rutina

Hay niños que hacen una deposición matemáticamente después de comer. Otros, al levantarse. “Llevar una pauta horaria para evacuar enseña al organismo a tener esa necesidad casi de forma automática”. Haz como los niños. Ve sin prisas, llévate algo de lectura, relaja y deja a la naturaleza actuar. “Por lo general el biorritmo humano encuentra el momento óptimo para ir al baño justo después de desayunar. Si nos lo pide el cuerpo, no conviene retrasarlo o inhibirlo porque vamos con prisas. Es una función vital y debemos dejarla suceder”.

Eleva las piernas

¿Te has planteado por qué acuclillada en el campo resulta tan fácil evacuar y, en cambio, en el inodoro de casa a veces se atrincheran? Hay una musculatura que bloquea parcialmente el colon impidiendo el buen devenir de la materia fecal hacia el abismo del sanitario. Basta con coger una banqueta y apoyar las piernas para descubrir que el proceso se agiliza como cuando estás en la campiña.

Tómatelo con calma

“La ansiedad o el estrés suelen ir de la mano con el estreñimiento. Desde 1999 con la aparición del libro The Second Brain, del Dr. Michael Gershon, se empezó a profundizar y a descubrir que en el intestino hay un gran número de neurotransmisores que anteriormente sólo se atribuían a la región encefálica del cerebro. Muchos de estos neurotransmisores, como la acetilcolina o la serotonina, influyen directamente en la motilidad intestinal y su movimiento peristáltico. De ahí que los cambios hormonales y emocionales, más intensos en las mujeres que en los hombres, provoquen directamente desajustes intestinales, ya sea en forma de estreñimiento o diarreas”.

Haz deporte

Tú te mueves, tus tripas se mueven. “La actividad física aeróbica activa nuestro cuerpo y favorece directamente a la motilidad intestinal por dos razones. Primero, porque al ejercitar la musculatura abdominal estamos indirectamente movilizando nuestras vísceras. Algo así como recibiéramos un masaje intestinal. Además, la actividad física activa la mayoría de sistemas orgánicos corporales, acelerando nuestro movimiento peristáltico entre otros muchos procesos”.

Precaución con los laxantes

En caso de urgencia, mejor recurrir a supositorios de glicerina o a microenemas que a fármacos laxantes. “Solucionan puntualmente una situación de estreñimiento, pero no atajan la causa del problema y tienen efectos adversos. Si es recurrente, siempre hay que consultar con el médico”.

¿Sabes los kilos que vas a engordar durante las próximas cinco semanas?

diciembre 5, 2017

El Mundo, por Gema García Marcos
La ciencia, a veces, se equivoca. Hay -al menos- una manera demostrable de alargar el tiempo. Si no ¿cómo es posible que esos instantes de placer en el paladar que nos provocan las delicias culinarias navideñas se conviertan en una eternidad en la cintura, la tripa y los muslos? Este ancestral misterio marca las vidas de medio planeta -el rico- durante el mes de diciembre. En sólo cinco semanas, las que transcurren entre el inicio de las cenas de empresa y la traca final del día de Reyes, nos lo comemos todo. Tragamos como si no hubiera un mañana y, un buen día -normalmente, el 7 de enero- la báscula nos escupe en la cara nuestra penosa realidad: hemos alcanzado nuestro máximo histórico.

Los datos están ahí: los españoles solemos engordar entre dos y cinco kilos durante estas fechas tan entrañables. Para los que todavía se sorprenden ante su súbito aumento de volumen, Rubén Bravo, experto en Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), recuerda que cada comilona que nos metemos entre pecho y espalda ronda “las 2.500 kcal, el equivalente a dos días de dieta normal”. Lo ideal, en opinión de este experto, sería que en estos banquetes “no sobrepasemos nunca el 30% de la ingesta calórica total del día, en torno a 450-540 kcal en el caso de las mujeres y de 600 a 750 kcal, en el de los hombres”. Una misión que se antoja algo complicada al ver las calorías que nos aporta un menú típico navideño: sopa de marisco (entre 110 y 150 calorías por plato), cordero asado (270 calorías por cada 100 gramos) y turrón (unas 533 calorías por 100 gramos). Una suma que se nos va de las manos al añadir el alcohol: dos copas de cava aportan unas 124 calorías y una de vino tinto, unas 127.

TRUCOS EN LA MESA

El primer mandamiento para controlar el impulso de comérnoslo todo sería: “Uno de los grandes errores que se suelen cometer es no comer nada o muy poco durante el día para luego poder pegarnos un atracón durante la celebración. Lo ideal es hacer una pequeña toma -a media mañana o merienda- de una pieza de fruta, un yogur o un puñado de frutos secos para no llegar al banquete ni hambrientos ni ansiosos“, recomiendan Carmen Escalada y Andrea Marqués, nutricionistas del IMEO.

Un truco para no pasarse sería empezar con entrantes poco calóricos que nos sacien y llegar así satisfechos al plato principal: “Lo mejor es arrancar con un caldo de gallina y verduras desgrasado, ventresca de bonito del norte con pimientos rojos asados, jamón ibérico, marisco -navajas, percebes, mejillones, gambas a la plancha, langostinos, etc- o pimientos del piquillo rellenos de carne picada”. Y de segundo: “Lubina o besugo al horno con ajetes y limón, solomillo de ternera con pimientos verdes serían unas buenísimas opciones”.

Más allá de la elección de los alimentos, los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad dan la clave para desengrasar el asunto: “Optar por las técnicas culinarias más saludables, como horno, papillote, vapor, hervido, plancha y salteado». En cambio, desaconsejan “los guisos, fritos, sofritos, estofados, brasa y microondas que, en algunas ocasiones, pueden multiplicar por tres las calorías del plato”.

También advierten sobre la amenaza para nuestra silueta que suponen “esas calorías añadidas, encubiertas bajo forma de salsas, rebozados, natas y mantecas. Esas tres inofensivas cucharas soperas de mayonesa que añadimos a los espárragos, por ejemplo, pueden aportar hasta 800Kcal, más de lo que sería el equivalente a una sola comida”.

Etiquetados opacos, una traba para los enfermos

noviembre 24, 2017

La información contenida en el etiquetado nutricional es un asunto que genera cada vez más atención en los consumidores, instados por organizaciones de salud a fijarse en lo que comen.

Correo Faremacéutico, por Claudia Preysler
“Al leer el etiquetado, hay que prestar atención a cuatro componentes fundamentales: kilocalorías, grasas, azúcares y sal”. Esta es una de las diez recomendaciones que la Universidad de Navarra ofrece en su proyecto Por una comida sana, tú decides, elaborado por expertas de la Facultad de Farmacia y Nutrición. Sin embargo, conocer cuánto sodio o azúcar contienen los alimentos todavía es difícil. El pasado diciembre, el Ministerio de Salud empezó a aplicar la norma comunitaria 1169/2011, por la que se rige el etiquetado, que exige incluir, de manera obligatoria, la información nutricional y sustituir palabras como sodio por sal. Sin embargo, como asegura Ana Bermúdez, docente experta en Higiene Alimentaria del Ayuntamiento de Murcia, “todavía hay productos en los que no figura y aún no se ha aplicado ninguna sanción, pese a que las hay (…). España va un paso por detrás frente a Europa”, señala.

Aditivos y porcentajes

La opacidad de las etiquetas es una preocupación persistente, en el que numerosas instituciones relacionadas con la alimentación siguen indiciendo y que genera muchas consultas en farmacia. Como destaca Aquilino García, vocal de Alimentación del Consejo General de COF, “buena parte de los consejos farmacéuticos de salud que se dan cada año en farmacia son de nutrición”.

Más allá de la importancia que tiene para la salud conocer estos valores, las deficiencias en las etiquetas nutricionales supone un autenténtico problema para las personas que sufren alguna patología y deben moderar el consumo de algunas sustancias. Así lo han advertido sociedades como la de Nefrología (SEN), que el pasado octubre apeló a las organizaciones de consumidores para que exijan la incorporación del contenido en fósforo.

Alberto Ortiz, jefe del Servicio de Nefrología de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, y miembro de la Junta Directiva de la SEN asegura a CF que “el paciente con una patología renal debería saber el contenido de sodio, potasio y fosfatos” que incluyen los alimentos. A juicio del experto, en especial, los fosfatos son “el gran problema”, y parte de la población general no tiene conciencia de que toma más de los necesarios. “Hay estudios que confirman que contribuyen a un envejecimiento acelerado. Para alguien a quien no le funcionan bien los riñones es un problema, porque no tiene cómo eliminarlo”, añade.

Ortiz subraya como dificultad añadida que el fosfato está en los aditivos alimentarios, y que, a veces, se camufla en nomenclaturas recogidas en la legislación europea. El especialista avisa de que está contenido encomponentes como el E-338, E-340 o E-341 que, por ejemplo, tienen las bebidas de cola (ver apoyo).

Más exigencias

Andrea Marqués, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad(Imeo), plantea la necesidad de que la legislación sea más exigente con el etiquetado, para que los pacientes con patologías e intolerancias sean capaces de entenderlo e interpretarlo. “Se podrían incluir especificaciones como las de evitar su consumo si padece de… , o de alto contenido en”, propone Marqués, aunque añade que “las leyes de etiquetado son difíciles de cambiar”.En este sentido, Pilar León, vocal de Alimentación y Nutrición del COF de Madrid, apunta que “algunas empresas se están planteando poner semáforos con luz roja en aquellos ingredientes que puedan provocar algún problema” (ver gráfico).

Marqués también advierte de la necesidad de estar atento a la publicidad engañosa. Es el caso de ciertos productos etiquetados como “naturales” , que no les exime de llevar aditivos y saborizantes. “Natural no significa casero ni artesano, simplemente que se refiere a que no hay una elaboración masiva”, indica.

Especificar las cantidades es otro problema pendiente que señalan Marqués y Ortiz. Este último apunta que algunos productos indican el porcentaje de un ingrediente y nombran los que están contenidos, pero no especifican en qué cantidades, como es el caso de algunas carnes.

Por otra parte, León, recuerda que el etiquetado de los complementos nutricionales y medicamentos también merece un repaso, ya que muchas personas acuden a la farmacia a preguntar por su composición. “El problema reside cuando la intolerancia no es muy acusada; si el farmacéutico no avisa o pregunta a los usuarios, muchos no lo comentan. Aquí reside la importancia del consejo farmacéutico”, recalca.

Cómo alimentarse en la diabetes gestacional

noviembre 14, 2017

La diabetes gestacional es un tipo de diabetes que se diagnostica por primera vez durante del embarazo

El Observador

No debe ser causa de alarma ya que, si se tienen ciertos cuidados, no representa peligros para la mamá ni el bebé.

Dado que usualmente no presenta sintomatología, como rutina se les realiza a todas las mujeres embarazadas un estudio llamado prueba de tolerancia a la glucosa entre las semanas 24 y 28 de gestación para detectarla. Si no se toman ciertas medidas para tratar este tipo de diabetes, puede traer serias consecuencias a corto y largo plazo para mamá y bebé.

Algunos consejos alimentarios para mantener los niveles de glicemia controlados durante el transcurso del embarazo son los siguientes:

· Seguir una dieta equilibrada y variada: esto significa que incluya alimentos de todos los grupos en las proporciones adecuadas y distribuidos de forma equilibrada a lo largo del día, de modo que el azúcar en sangre permanezca más estable.

· Realizar un buen desayuno: ya que por la mañana los niveles de azúcar en sangre están más descompensados, se debe cortar con el ayuno nocturno, lo cual también mantendrá más estables los niveles de glicemia en el día.

· Incluir muchas frutas y verduras en todas las comidas: ya que aportan fibra, lo cual contribuye a que los niveles de azúcar no se eleven bruscamente después de comer.

· Limitar el consumo de alimentos y bebidas que contengan azúcares simples (productos de repostería, azúcar de mesa, refrescos, dulces, postres, golosinas, jugos) ya que elevan muy rápidamente los niveles de azúcar en sangre. Se pueden sustituir por edulcorantes o productos dietéticos sin azúcar.

· Consumir cantidades moderadas de carnes magras y grasas saludables, como la del pescado, los frutos secos, la palta o algunos aceites vegetales.

· Consumir cantidades moderadas de granos enteros como pan, cereales, pasta, arroz, vegetales con almidón como papa o boniato, maíz o arvejas.

· Hacer 4 comidas y 2 colaciones diarias. No saltearse comidas y no pasar largas horas sin ingerir alimentos.

· Hacer ejercicio moderado: los estudios muestran que contribuye a que el cuerpo procese la glucosa y los niveles de glicemia se mantengan de forma adecuada.

· Acudir periódicamente a un profesional de la salud que ajuste el menú de acuerdo a los niveles de glicemia, peso, preferencias, dificultades, etc.

Siete trucos para hacer tus postres más light

octubre 25, 2017

Directo al paladar, por Liliana Fuchs

¿Eres de los que no puede prescindir del postre en una comida? Los que somos golosos no podemos evitar caer en la tentación de un poco de dulce, aunque está claro que no todos los días podemos tomarnos un buen pedazo de tarta. La repostería casera casi siempre es más recomendable a la hora de disfrutar de un bocado dulce, porque además de disfrutar en su elaboración podemos controlar mejor todos los ingredientes. Para esos caprichos caseros, aquí tienes siete trucos para hacer tus postres más light y sentirte menos culpable.

Tampoco nos engañemos: un pastel de chocolate seguirá siendo un pastel de chocolate por mucho que preparemos una receta más “ligera”. Pero la vida está para disfrutarla y no pasa nada por tomar algún dulce de vez en cuando, dentro de una alimentación saludable y con moderación. Sí que es verdad que hay ciertas pautas que podemos emplear en nuestros postres para reducir un poco las calorías, o al menos para incrementar los nutrientes saludables. Además os dejamos ideas de recetas que se pueden adaptar a estos trucos.

1. Reduce la cantidad de azúcar

GalletasSalvo en recetas de repostería especialmente complejas, como merengues o elaboraciones de alta pastelería, el contenido total de azúcar se puede rebajar. Al igual que ocurre con la sal, estamos demasiado acostumbrados a los dulces muy dulces, pero el paladar se puede reeducar. Empieza reduciendo poco a poco la cantidad de azúcar y otros endulzantes de tus recetas, y verás como al final te gustarán más los postres menos empalagosos.

Los dulces de mala calidad abusan del azúcar porque el resto de ingredientes no valen nada. Pero a mí me da rabia que un postre de chocolate no tenga sabor a cacao, o que las especias o los sabores de la fruta estén ausentes porque en un dulce sólo se percibe el dulce del azúcar. Aprovecha los demás ingredientes para dar sabor a tus recetas sin dejar todo el protagonismo a los azúcares, por ejemplo con canela, vainilla, nuez moscada, ralladura de cítricos, aroma de lavanda o frutos secos tostados.

2. Sustituye parte de la mantequilla o el aceite por puré de frutas

Integral PlatanoLas galletas, bizcochos y muffins sencillos se prestan muy bien a este pequeño truco, especialmente lo que los angloparlantes llaman quick breads. Un señor bizcocho de toda la vida o las magdalenas tradicionales se pueden resentir si eliminamos demasiada grasa de la masa, pero los muffins y las galletas que no son recortadas admiten muchos juegos con su receta base. Los purés de frutas añaden jugosidad y humedad a las masas permitiendo reducir la cantidad de grasa.

Los sustitutos más utilizados son compota o puré de manzana o pera, plátano maduro machacado y aguacate. Estos últimos aportan además mucho sabor, pero la compota de manzana suele ser bastante neutra. Hay que tener en cuenta que cuanta más grasa eliminemos de una receta, más cambiará la textura, pero no tiene por qué ser necesariamente malo. Empieza cambiando una pequeña proporción y experimenta con los resultados a tu gusto. El aguacate funciona igual, añadiendo en su caso grasas saludables.

3. Utiliza harinas integrales

Integral Platano

La harina integral no tiene menos calorías que la blanca de todo uso -a veces incluso tiene algunas más-, pero aporta interesantes valores nutricionales. Las harinas refinadas liberan rápidamente el azúcar en sangre, mientras que los productos integrales lo hacen de forma más gradual. Al usar harina integral añadimos fibra, que además de ser beneficiosa nos sacia más y evita que cojamos otra porción.

Eso sí, hay que buscar harinas integrales de calidad, y a ser posible que lo sean de verdad. Hay que leer las etiquetas para escoger aquellas elaboradas con grano completo, y no una harina refinada a la que después se le añade salvado. También es importante considerar que los productos integrales absorben más los líquidos, así que habrá que ajustar un poco a ojo la humedad de la masa si sustituimos gran cantidad de la harina por una variedad integral.

4. Emplea sólo las claras de los huevos

Light Bizcocho Claras

Este truco no funcionará en recetas como el tocino de cielo -obviamente-, pero en masas de repostería sencillas no suele haber problema al sustituir parte o todas las yemas de los huevos indicados en una receta por claras. Lo mejor es calcular la cantidad equivalente al peso, y para eso son muy prácticas las claras pasteurizadas que se pueden encontrar en cualquier supermercado.

Aunque la receta no lo indique, una buena idea es batir las claras a punto de nieve y añadirlas al final de la masa para incorporar aire antes de meterla al horno. Si hemos reducido la cantidad de grasa de la receta lo más probable es que tengamos un bizcocho o muffins más densos, por lo que incorporar esponjosidad extra mediante las claras montadas mejorará la textura.

5. Añade verduras y legumbres

Light Brownie Remolacha

Ya no sorprende a casi nadie encontrar pasteles de zanahoria, calabacín, calabaza o remolacha, pero conviene recordar que pueden ser un ingrediente extra saludable para todo tipo de dulces. Al igual que los purés de fruta, una taza de zanahoria o calabacín rallado suma jugosidad y permite sustituir parte de la mantequilla o el aceite. Lo mejor es dejar que escurran el agua unos minutos antes de añadirlos a la masa, ya que contienen mucho líquido que pueden variar la consistencia de la mezcla.

Las legumbres suman más calorías pero también proteínas, fibra, vitaminas y minerales, además de hidratos de carbono mucho más saludables. Funcionan especialmente bien en postres más densos y cremosos, como los puddings, cremas, pasteles húmedos o brownies. Las alubias o judías negras y rojas son las mejores para estos dulces, y simplemente hay que triturarlas muy bien una vez cocidas para sustituir la mantequilla en la misma proporción.

6. Utiliza productos desnatados y sin endulzar

Pastel Yogur

A la hora de preparar un postre no viene mal ahorrar todos los “extras” que podamos. Si vamos a hacer un bizcocho de chocolate es absurdo sumar más calorías y azúcar utilizando cacao o chocolate con leche y azúcar. Utiliza siempre cacao puro sin azúcar añadido, y un chocolate con alto porcentaje de cacao. Olvídate de los chips que ya venden preparados, suele tener mucho azúcar, es preferible comprar una tableta y picarlo a mano. Quedará rústico, pero mejor.

Los productos lácteos también se puedens sustituir, en general, por sus versiones desnatadas. Ingredientes como la leche, el queso crema, el yogur y el queso fresco batido desnatados funcionan prácticamente igual de bien que sus homólogos enteros, y siempre es preferible evitar las versiones edulcoradas. La misma idea la podemos aplicar a las mermeladas y jaleas que se suelen usar como relleno. Busca las variedades con mayor proporción de fruta o, mejor, prepara tú mismo una compota con muy poco azúcar, usando la mejor fruta que puedas encontrar.

7. Prescinde de coberturas, frosting y glaseados pesados

Light Pastel Naranja

Piénsalo por un momento: ¿realmente necesita tu bizocho una capa de varios centímetros de crema de mantequilla o tus galletas una glasa espesa azucarada? Las coberturas añaden muchas calorías y grasa a los postres, y no siempre son necesarias. Un poco de azúcar gláse tamizado también da un toque bonito y elegante, o una compota ligera de frutas que preparemos nosotros mismos. Las galletas las puedes decorar con huevo batido antes de hornear y unos frutos secos al natural.

Si no quieres prescindir de la cobertura reduce al menos las cantidades. En una tarta puedes sumarte a la moda de las naked cakes, que sólo van rellenas entre sus pisos pero dejan el exterior “desnudo”. Las cremas de queso son una buena alternativa a las buttercreams más pesadas, siempre que no busques hacer virguerías decorativas. Elimina la mantequilla de la ecuación, reduce el azúcar y utiliza queso crema desnatado mezclado con yogur natural.

Vuelvo a insistir en que no todas las recetas de repostería funcionarán bien si eliminamos las grasas o reducimos drásticamente el azúcar que se nos indique, pero en general los postres y dulces más habituales pueden hacerse un poco más saludables aplicando estos sencillos trucos. La textura y el sabor variará más o menos, pero si experimentamos poco a poco nos iremos acostumbrando a postres menos pecaminosos. Con un poco de cabeza y moderación, todos podemos disfrutar de un capricho dulce de vez en cuando.

Por estas razones deberás eliminar el pan blanco de tu dieta

octubre 23, 2017

“Comer pan blanco es como comer azúcar”, asegura Miguel A. Martínez González

Ideal
Cada vez más estudios y organismos desaconsejan el consumo de pan blanco por los perjuicios que tiene para nuestra salud. Entre ellos que, en efecto -y no es un mito-, el pan blanco engorda. Sí, el pan blanco está relacionado con el sobrepeso.

Miguel Ángel Martínez-González es catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra. Así explica el efecto que provoca la ingesta de pan blanco en nuestro organismo: “El pan blanco está compuesto fundamentalmente por almidón, un polisacárido que ha sido sometido a un proceso de fermentación y que nuestro cuerpo transforma rápidamente en azúcar. Comer pan blanco es como comer azúcar. De hecho, si lo tienes un poco de tiempo en la boca, comienza a saber dulce”.

Tradicionalmente, el pan (sin distinción) se ha situado en la base de la pirámide alimentaria junto a los cereales, la pasta y el arroz. Es un alimento que, casi sin querer, aparece en cada una de nuestras comidas. Sin embargo, ante la actual epidemia de obesidad que sufre nuestro país (según la Encuesta Europea de Salud de 2014, más del 53% de la población adulta en España tiene sobrepeso) esto carece de sentido. “El pan blanco es una bomba para la salud de aquellas personas que tienen sobrepeso y obesidad“, afirma de forma tajante. La realidad es que, pese a que el consumo de pan se ha ido reduciendo sobremanera en los últimos años, los españoles consumen unos 35 kilos de pan por persona al año, según el Informe del Consumo de Alimentación en España 2015, elaborado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. De esos 35 kilos, el pan blanco sigue siendo nuestro preferido y abarca el 75% del total que compramos.

El pan blanco es un alimento que se elabora con harina refinada y que ha perdido muchas de las propiedades que posee el grano entero. De hecho, para su elaboración se utiliza fundamentalmente el endospermo, cuyo componente principal es el almidón.

“Es un alimento que se elabora con harina refinada y cuyo nutriente principal es un carbohidrato de absorción rápida. Este tipo de nutrientes son un factor de riesgo cardiovascular. Hay estudios de caso y controles de infarto de miocardio en los que, efectivamente, aparece un alto consumo de pan blanco”, apunta el catedrático de la Universidad de Navarra.

Tal y como apuntan los expertos, el pan es un alimento “prescindible”. Pero si tienes que tomar alguno, que sea integral. ¿Por qué? ¿Tiene menos calorías? En realidad, no tiene nada que ver con eso. “Han conseguido que la gente se obsesione con las calorías para que así algunas marcas puedan vendernos mierda baja en calorías. Pero está injustificado evaluar si un alimento es sano o insano sólo a través de sus calorías”, señala el autor de Mi Dieta Cojea.

¿Significa todo esto que podemos atiborrarnos de pan integral? De ninguna manera. “El mensaje no debería ser: ‘Españoles, dejen de tomar harinas refinadas y tomenlas integrales’. La idea es: si quieres consumir pan, poca cantidad y al menos que sea integral“, finaliza Sánchez.

Día Mundial de la Menopausia: 1 de cada 6 mujeres en España tiene menopausia, y de ellas casi la mitad sobrepeso

octubre 18, 2017

Hasta el 70% del gasto calórico en la menopausia se logra con la ayuda de la masa muscular, favorecida por la actividad física, señalan los expertos del IMEO recalcando también la necesidad de realizar cambios en el patrón alimentario

Con el motivo del Día Mundial de la Menopausia que se celebra cada 18 de octubre el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) alerta que es una etapa de potencial riesgo para la mujer debido a que favorece la subida de peso y grasa corporal, la descalcificación ósea, el colesterol alto y enfermedades cardiovasculares. Un riesgo que se puede reducir, según los expertos, con cambios específicos en la alimentación y, sobretodo, con actividad física, que es la clave para mantener la masa muscular y la grasa en niveles adecuados.

Actualmente en España hay más de 23,5 millones de mujeres y  3,5 millones de ellas tienen entre 45 y 54 años, edad en la que la gran mayoría ya ha alcanzado la menopausia. La última Encuesta de Salud Europea[1] revela que precisamente en esta franja de edad un 38,1% de las españolas muestra unos hábitos de vida sedentarios y un 58,8 por ciento reconoce que no dedica ni un día a la semana de su tiempo de ocio para la práctica de ejercicio físico regular. Los datos, en este sentido, son concluyentes: casi el 45% de las mujeres en edad de menopausia en España tiene problemas de sobrepeso u obesidad (28,84%, sobrepeso y un 15,94%, obesidad) debido a unos hábitos de vida sedentarios.

A partir de los 45 años la mujer empieza a perder fibra y tono muscular, que es una beta de oro imprescindible para mantenerla o mejorarla en cualquier edad; es la responsable del 70% de nuestro gasto calórico diario. Con la llegada de la menopausia, el cuerpo femenino entra en cierto declive y produce menos cantidad de estrógeno y progesterona. El déficit de estas hormonas incide de forma directa en la tendencia a perder masa muscular y acumular grasa alrededor de la cintura. La grasa visceral acumulada en esta zona está relacionada directamente con el incremento del riesgo cardiovascular o algunos tipos de cáncer, como el de mama y útero, al igual que la incidencia de diabetes tipo II, hígado graso, colesterol alto o hipertensión. Es por ello tan importante adaptar nuestra alimentación a la  necesidad de mantener esta masa muscular, dando prioridad a las proteínas y grasas saludables y a los hidratos de carbono en sus versiones integrales, desechando los alimentos perjudiciales para la salud, recalca Rubén Bravo, portavoz del IMEO y apunta que el 38% de las mujeres que acuden al centro en busca de ayuda profesional apuntan a un perfil condicionado por la transición menopáusica. La dificultad de lidiar con una desventaja añadida a la hora de perder peso ha impulsado al departamento de Nutrición del Instituto a plantearse la necesidad de elaborar una guía visual para que sirva de apoyo a la mujer en esta compleja etapa y  que recoja las recomendaciones generales a modo de semáforo nutricional y de actividad física.

Además de contribuir al gasto calórico, la práctica deportiva repercute positivamente sobre el estado de ánimo, mejora el funcionamiento mental y propicia tanto el sueño profundo, como la reparación celular. Con el fin de combatir los hábitos de vida sedentarios, los expertos recomiendan seguir una rutina semanal de 4 días de actividad física, compuesta por 2 sesiones de 45 minutos de ejercicio aeróbico moderado como zumba, spinning, bicicleta, natación o aquagym, alternadas con 2 sesiones de 45 minutos de gimnasia orientada a fortalecimiento muscular y flexibilidad, tipo pesas, abdominales, yoga o Pilates. Además, en la menopausia la necesidad de hidratación se hace más importante, no sólo por el tema del envejecimiento cutáneo, sino porque ayuda a aliviar algunos de los síntomas, como sofocos, sudoración y mareos. En este sentido, se aconseja beber agua antes, durante y después del ejercicio, en pequeños sorbos y nunca a temperaturas extremas para evitar pérdidas de electrolitos y minerales.

Más dificultad para quemar grasas en la menopausia y un patrón alimentario no muy saludable

La menopausia se produce por un descenso de los estrógenos en la mujer que da lugar a una serie de cambios a nivel físico y emocional y a menudo se asocia con mayor debilidad muscular, ósea y pérdida de memoria, así como con la aparición de sofocos y malestar anímico. “Nos encontramos con una menor eficacia del cuerpo a la hora de quemar grasas y a que tienda a acumularlas más en la zona abdominal que en las piernas”, explica Carmen Escalada, nutricionista clínica del IMEO. Esto último hace que aumente nuestra producción de colesterol total y LDL (malo) mientras que se reduce la de HDL (bueno).

“Otro cambio que detectamos en consulta, a nivel de conducta, es que a partir de cierta edad se observa una clara modificación de las preferencias dietéticas. Se tiende a comer más grasas y se reducir la frecuencia de las comidas, a la vez que se limita el consumo de productos saciantes, como las proteínas o la fibra”, añade Escalada.

Objetivos principales a la hora de adaptar el patrón alimentario a la menopausia

Una correcta alimentación en la menopausia nos permitiría mantener un peso adecuado, disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular y osteoporosis, reducir los sofocos, mejorar el estado físico y emocional.

Con el fin de evitar enfermedades cardiovasculares, se aconseja reducir el consumo de grasas saturadas y trans, aumentando a la vez la ingesta de grasas insaturadas. Conviene priorizar el consumo de vegetales ricos en fibra soluble que nos ayudarán a reducir el colesterol, así como limitar o sustituir el consumo de sal por otras especias.

El correcto consumo de calcio, magnesio, vitamina D y K a diario nos ayudará a disminuir el riesgo de osteoporosis.

Los sofocos, a su vez, se pueden aliviar en buena medida, evitando el alcohol y picante, por un lado, y aumentando el consumo de alimentos vegetales ricos en fitoestrógenos, por otro.

La práctica regular de ejercicio físico en esta etapa no es un tema secundario, sino cardinal y se debe acompañar por un correcto aporte de proteínas magras que ayudarán a mantener la tan necesaria masa muscular.

Pautas nutricionales para la mujer a partir de los 45 años de edad

  • Es fundamental ajustar los alimentos al ciclo circadiano y a nuestro biorritmo, concentrando la mayor parte de la ingesta por la mañana y reduciéndola por la tarde y la noche.
  • Se recomienda beber entre 1,5-2L de agua al día para asegurarnos una correcta hidratación y limitar la ingesta de bebidas gaseosas, azucaradas y edulcoradas debido a que favorecen la subida de peso y grasa corporal, la descalcificación ósea y aumentan el riesgo de padecer enfermedades como la hipertensión arterial o la diabetes.
  • Evitar el consumo de productos ricos en grasas saturadas y trans. Han de representar menos del diez y del uno por ciento, respectivamente, de la energía total de la dieta. Están presentes en carnes procesadas (embutidos, salchichas), dulces, bollería industrial, lácteos enteros, nata o mantequilla. Todos ellos favorecen la subida de peso y de los niveles de colesterol LDL por lo que su consumo no deberá pasar de lo meramente anecdótico.
  • Priorizar el consumo de grasas saludables (insaturadas) procedentes de aceite de oliva virgen extra, frutos secos naturales o tostados, semillas o pescados azules (2-4 días a la semana). Tener niveles adecuados de ellos nos ayuda a prevenir enfermedades degenerativas.
  • Moderar el consumo de sal o alimentos ricos en sodio. Conviene tomar menos de 5 gramos de sal al día, ya que aumenta el riesgo de padecer hipertensión arterial o descalcificación ósea.
  • Asegurar un aporte adecuado de fibra. Es importante que durante la menopausia se tomen 25-30 gramos al día de fibra dietética, obtenida de frutas, verduras, legumbres y granos enteros.
  • Tomar 1500 mg de Calcio al día. Por esta razón se debe priorizar el consumo de lácteos semidesnatados y enriquecidos en calcio y vitamina D, sardinas con espina, boquerones, mejillones, calamares, perejil, espinacas, acelgas, soja y garbanzos.
  • Mantener niveles óptimos de Vitamina D, fundamental para la absorción del calcio para prevenir la osteoporosis. Se activa mediante la luz solar y puede almacenarse en el cuerpo para uso posterior, de modo que con una exposición sin protección solar de 15 minutos en brazos y cara, tendrá efecto. También se puede obtener de los  lácteos semigrasos y los pescados azules.
  • Reducir o evitar el consumo de alcohol y tabaco. En ambos casos se asocia con la descalcificación ósea, la subida de peso y la aparición de enfermedades degenerativas.
  • Aumentar el consumo de vegetales ricos en fitoestrógenos como espinacas, soja o semillas de lino, ya que por su similitud con los estrógenos ayudan a moderar los sofocos.

Semáforo nutricional enfocado en la menopausia

Utiliza los colores rojo-amarillo-verde a modo de semáforo para señalizar, respectivamente, el consumo restringido u ocasional, el consumo moderado y el consumo recomendado o diario.

Consumo restringido

Pastelería, bollería, galletas y cereales azucarados; lácteos enteros, leche condensada y postres con leche del tipo mousse, natilla o flan; frutas en almíbar, zumo o compotas azucaradas; derivados de cereales refinados en forma de harina, pan o pasta; snacks salados como patatas fritas o galletas saladas; siropes y salsas, como mayonesa, alioli o ketchup; productos ultraprocesados; embutidos y charcutería como morcilla, chorizo o panceta; casquería; tocino, manteca de cerdo; bebidas alcohólicas, refrescos azucarados.

Consumo moderado

Café y té; fiambres tipo jamón york, pavo o jamón serrano siempre retirando la grasa visible; frutas de Índice Glucémico alto y medio, como sandía, melón, plátano o uvas; mermeladas, confituras, jaleas y miel; carnes grasas  tipo costillas de cerdo y cordero; pescados en conserva, ahumados, escabeche, salmuera o aceite si no es oliva virgen extra; mariscos; patata; frutos secos salados, fritos o garrapiñados; refrescos no azucarados; especias picantes, como pimienta o curry; sal. 

Consumo libre y/o habitual

Agua e infusiones; lácteos semidesnatados en forma de leche, yogur, queso o requesón; frutas de Índice Glucémico bajo, como granada, ciruela, manzana, naranja o melocotón; derivados de cereales integrales, como pan, pasta o arroz; todas las verduras; legumbres 2 días a la semana; carnes magras poco procesadas, como pollo, pavo, ternera, conejo, buey o cerdo; huevos 3-4 a la semana; pescados frescos o congelados; frutos secos naturales o tostados; chocolate con un 70% de cacao mínimo; especias y hierbas aromáticas.
[1] Encuesta Europea de Salud sobre sedentarismo y ejercicio físico a la semana se emite de periodicidad quinquenal, siendo la última realizada en el año 2014, en 37.500 viviendas en España.