16 de mayo: Día Europeo de la Obesidad

En respuesta del tsunami sanitario y económico desatado por la pandemia, IMEO anuncia una subvención de 250 mil euros en tratamientos de obesidad en apoyo a las familias perjudicadas por el COVID-19

Numerosos estudios relacionan la obesidad con un peor pronóstico ante el Covid-19, debido a las complicaciones originadas por el exceso de tejido adiposo que dificulta la respiración, debilita el sistema inmune, interfiere en la absorción de medicamentos y complica la eliminación del virus.

En España una de cada dos personas tiene exceso de peso corporal: un 17,43 muestra obesidad y el 37,7 por ciento, sobrepeso.[1]

Con el motivo del Día Europeo de la Obesidad[2] que se celebra este sábado 16 de mayo y en respuesta del tsunami desatado por la pandemia del coronavirus en el ámbito de salud y económico, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) anuncia una subvención evaluada en 250 mil euros que se aplicará en distintos tratamientos de obesidad, destinada a personas afectadas por la enfermedad y la crisis del Covid-19. 

“Como profesionales de la salud, hemos estudiado la obesidad durante décadas para darle una respuesta y tratamiento adecuado y ahora notamos con cierta preocupación cómo la fusión de estas dos pandemias, del coronavirus y la obesidad, afecta las personas más predispuestas a padecerlas y su núcleo familiar”, señala el portavoz del Instituto Rubén Bravo. Al malestar generado por el exceso de peso que muchos ya tenían antes del confinamiento, se añade la desesperación y la sensación de impotencia por la forma en la que haya evolucionado la situación y que no es precisamente favorable. “Quedarse en casa durante meses con movilidad física muy reducida ha puesto contra la pared muchas personas que han tenido que lidiar con emociones de tristeza o ansiedad, que son las que alteran el funcionamiento de nuestra dopamina, serotonina y cortisol, aumentando como resultado el apetito y terminando en sumar nuevos kilos de más”, añade. 

A fecha de hoy la obesidad no es considerada un factor independiente de riesgo para contraer el coronavirus; no obstante, en muchos países ya han saltado las alarmas sobre el importante número de casos de pacientes con esta condición infectados. En un hospital francés se ha detectado que el 47,5% de los pacientes eran obesos; un informe del Reino Unido apuntaba que un 37,7% de los ingresados tenían un IMC superior al 30; y un estudio retrospectivo estadounidense suma resultados similares, con un 35,8% de pacientes del sexo masculino con obesidad. Otras publicaciones alertan que, a mayor índice de obesidad, más posibilidades hay de complicaciones y de ingreso en la UCI; y si se trata de obesidad extrema o mórbida, la complicación es equiparable que la detectada en personas mayores. “Teniendo en cuenta todo ello y que en España una de cada dos personas tiene exceso de peso, urge tomar medidas a corto plazo y concienciar a la sociedad por qué esta patología implica un mayor riesgo ante el Covid-19”, recalca Bravo.   

¿Por qué la obesidad implica un mayor riesgo ante el Covid-19? 

–  Empeora el pronóstico. La obesidad lleva asociada una inflamación crónica originada por el exceso de tejido adiposo, lo que produce una disfunción metabólica que puede conducir a aumento de la concentración plasmática de colesterol y lípidos en la sangre, resistencia a la insulina, diabetes mellitus tipo dos, hipertensión y enfermedad cardiovascular, todos ellos factores de riesgo de Covid-19, agravando los síntomas y la enfermedad en pacientes infectados.

–  Dificulta la respiración. El exceso de grasa comprime el diafragma y reduce la capacidad pulmonar, elevando la probabilidad de necesitar ventilación mecánica invasiva.

–  Debilita el sistema inmune. A nivel celular la obesidad altera la respuesta inmunológica e inflamatoria, pudiendo bloquear las defensas a la hora de combatir el virus. 

– Interfiere en la absorción de medicamentos. En pacientes obesos la proporción de tejido adiposo y masa magra no aumenta proporcionalmente y puede alterar la distribución y la absorción de los fármacos, suponiendo una dificultad añadida para calcular las dosis.

Complica la eliminación del virus. El coronavirus utiliza como puerta de entrada al organismo humano una proteína llamada ACE2, situada en la superficie de las células de las mucosas, pulmones, arterias, corazón, riñón e intestinos, que tiene la función de regular la presión sanguínea. Una vez dentro, es capaz de multiplicarse, creando hasta cien mil copias en cada célula, afectando sus funciones esenciales. La presencia de esta proteína suele ser más elevada en el tejido adiposo y esto aumenta su capacidad de “almacenar” el virus en alta proporción.  

Requisitos y condiciones de las subvenciones

Las ayudas anunciadas por el IMEO están destinadas exclusivamente a personas con grado de obesidad equivalente a un IMC igual o superior a 30 y en su mayor parte serán aplicadas en forma de descuentos importantes en la contratación de intervenciones quirúrgicas de cirugía bariátrica o endoscópica. Así mismo, prevén la asignación de veinte planes de reeducación alimentaria, sin coste para el paciente y de una duración de cuatro semanas que incluyen dos consultas de nutrición y dos enfocadas en los aspectos psicológicos de la enfermedad.

Para la asignación de las subvenciones en tratamientos quirúrgicos se tendrá en cuenta la pertenencia a la Comunidad de Madrid y regiones colindantes, el grado de obesidad, las patologías asociadas y las cargas económicas familiares.

Respecto a los planes de reeducación alimentaria, su ámbito se ampliará a nivel nacional, con la posibilidad de realizar las consultas online y se tendrá en cuenta un menor grado de obesidad (inicial o leve), las patologías asociadas y las cargas económicas familiares derivadas de la crisis del coronavirus.

Estas ayudas se pueden solicitar durante todo el mes de mayo[3] rellenando el formulario de la web o llamando al 91 737 70 70 y se dará prioridad a las solicitudes debidamente cumplimentadas por orden de llegada.


[1] Datos del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social basados en la Encuesta Nacional de Salud de España 2017.

[2] El Día Europeo de Obesidad se celebra el tercer sábado de mayo desde 2010 cuando fue instaurado oficialmente en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo. 

[3] Finalizando el período de enviar las solicitudes el 31 de mayo del 2020 incluido.

IMEO registra cambios en los hábitos saludables durante el confinamiento

  • A falta de vida social y actividades al aire libre, el ocio digital se dispara entre la población en las seis semanas de confinamiento estricto, pone de manifiesto una encuesta realizada por el IMEO. 
  • Comer por aburrimiento, el picoteo poco saludable y el ejercicio físico insuficiente son otros de los factores que auguran un esperado aumento de peso, según se desprende del sondeo.  

Con el fin de registrar cambios en los hábitos saludables de la población adulta en España durante las seis semanas de confinamiento estricto[1], el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha realizado un sondeo a modo de termómetro digital. Basado en una muestra de 221 entrevistas anónimas, fue llevado a cabo a través de mensajería instantánea y redes sociales en el territorio nacional durante el mes de abril.

Entre las cuestiones planteadas destacan las relacionadas con la familia, el teletrabajo, los desplazamientos y el ejercicio físico, la alimentación y el peso corporal, la calidad del sueño, el ocio y las limitaciones consideradas de mayor dificultad. “La falta de vida social y la imposibilidad de realizar actividades al aire libre ha disparado el entretenimiento digital entre la población, fomentando hábitos sedentarios que pueden resultar adictivos y muy difíciles de corregir una vez levantado el estado de alarma”, señala el portavoz del IMEO Rubén Bravo. Esto, junto a otros factores, como el consumo de alimentos muy procesados, el hambre emocional o la insuficiente práctica de ejercicio físico, afecta los hábitos saludables de forma directa y no tardará en pasar factura en kilos de más.   

En el perfil de muestra resalta la alta participación del sexo femenino (73% frente al 27% masculina) y la edad, donde el 74% de los encuestados tiene entre 30 y 60 años, el 16% menos de 30 y un 10%, más de 60. La gran mayoría vive el confinamiento en un contextofamiliar (79,2%), seguidos por los que están aislados solos (15,4%) o en la compañía de su mascota (5,4%).

Una amplia mayoría (57,5%) afirma que actualmente no trabaja o no puede desempeñar sus funciones mediante teletrabajo, el 29% realiza jornada completa y un 13,6%, media jornada.

Respecto a los desplazamientos, la inmensa mayoría (80,1%) reconoce que acude al supermercado dos veces a la semana, un 18,6% recibe la compra en su casa y una escasa minoría (1,3%) sale a comprar a diario.

Sobre la práctica de ejercicio físico, más de la mitad de los encuestados (54,3%) mantiene la rutina deportiva desde casa 3 veces o más a la semana, frente a un 34,4% que no sigue ninguna rutina durante el aislamiento, y un 11,3% que camina sólo cuando sale a pasear el perro o va a comprar.

“El ejercicio físico es nuestro mejor aliado para cuidar la línea y una forma saludable para bajar los niveles de estrés y ansiedad a los que ahora estamos más expuestos que de costumbre”, recalca Rubén Bravo. La ausencia o escasez de ejercicio no sólo hace que quememos hasta 600 calorías menos, sino también puede jugar en nuestra contra disparando los niveles de cortisol, hormona relacionada con el estrés y la obesidad. Si, además, consumimos alimentos muy procesados o ricos en grasas y azúcares, tendremos “el cóctel perfecto” para sentirnos mal física y anímicamente, añade.   

En este sentido, no es de extrañar que un 33% de los encuestados teme que durante la cuarentena pueda aumentar bastante de peso, un 40,3% estima que pueda experimentar un leve aumento y un 26,7% descarta cambio físico.

Con relación a la dieta, casi la mitad (49,8%) reconoce que ahora come más por ansiedad o aburrimiento, haciendo hincapié sobre el picoteo salado a base de pan, snacks y quesos (62,4%), el consumo de dulces (25,3%) o las bebidas graduadas y los refrescos (12,2%). No obstante, el 40,7% de los encuestados afirma que durante el confinamiento sigue su dieta habitual sin variaciones y un 9,5% indica que come menos debido a la falta de apetito.       

La calidad del sueño es otra pieza clave dentro de los hábitos saludables que resalta el estudio, donde el 42,5% no experimenta cambio a la hora de dormir y afirma que se acuesta y levanta a la misma hora que antes, frente al 29,9% que sí reconoce que duerme menos y mal a causa de las preocupaciones. El 27,6% afirma que durante estos días se acuesta y levanta más tarde de lo habitual.

En cuanto al tiempo libre, el estudio pone de manifiesto el ocio digital e interactivo (mensajería instantánea, redes sociales, películas online) como principal ocupación entre los entrevistados (64,3%). La siguen las actividades en familia, como juegos de mesa o manualidades (22,2%) y la lectura (13,6%).      

El factor que peor lleva la gran mayoría (61,8%) es la falta de vida social, incluidas las salidas con familia y amigos, seguida por la frustración de no poder pasear al aire libre, ir a la playa o al gimnasio (33,3%) y la dificultad de hacerse cargo de los niños las 24 horas (5%).

Más del 50% mantiene alguna rutina de ejercicio tres veces a la semana durante el confinamiento

Europa Press / COPE

Una pequeña encuesta señala que más de la mitad de la población(54,3%) mantiene la rutina deportiva desde casa 3 veces o más a la semana, frente a un 34,4 por ciento que no sigue ninguna rutina durante el aislamiento, y un 11,3 por ciento que camina sólo cuando sale a pasear el perro o va a comprar.

Beautiful young man training and working out. Athlete exercising with a chest routine for wellness in his home. Latino people doing low chest push-ups using his kitchen countertop.

Desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) que ha desarrollado la encuesta – realizada sobre una muestra de 221 entrevistas anónimas-, señalan que “no es de extrañar que un 33% de los encuestados teme que durante la cuarentena pueda aumentar bastante de peso, un 40,3% estima que pueda experimentar un leve aumento y un 26,7% descarta cambio físico”.

Con relación a la dieta, casi la mitad (49,8%) reconoce que ahora come más por ansiedad o aburrimiento, haciendo hincapié sobre el picoteo salado a base de pan, ‘snacks’ y quesos (62,4%), el consumo de dulces (25,3%) o las bebidas graduadas y los refrescos (12,2%). No obstante, el 40,7% de los encuestados afirma que durante el confinamiento sigue su dieta habitual sin variaciones y un 9,5% indica que come menos debido a la falta de apetito.

La calidad del sueño es otra pieza clave dentro de los hábitos saludables que resalta el estudio, donde el 42,5 por ciento no experimenta cambio a la hora de dormir y afirma que se acuesta y levanta a la misma hora que antes, frente al 29,9 por ciento que sí reconoce que duerme menos y mal a causa de las preocupaciones

En cuanto al tiempo libre, el estudio pone de manifiesto el ocio digital e interactivo (mensajería instantánea, redes sociales, películas online) como principal ocupación entre los entrevistados (64,3%). Mientras que el 27,6 por ciento afirma que durante estos días se acuesta y levanta más tarde de lo habitual.

La siguen las actividades en familia, como juegos de mesa o manualidades (22,2%) y la lectura (13,6%). El factor que peor lleva la gran mayoría (61,8%) es la falta de vida social, incluidas las salidas con familia y amigos, seguida por la frustración de no poder pasear al aire libre, ir a la playa o al gimnasio (33,3%) y la dificultad de hacerse cargo de los niños las 24 horas (5%).

Una amplia mayoría (57,5%) afirma que actualmente no trabaja o no puede desempeñar sus funciones mediante teletrabajo, el 29% realiza jornada completa y un 13,6%, media jornada.

Respecto a los desplazamientos, la inmensa mayoría (80,1%) reconoce que acude al supermercado dos veces a la semana, un 18,6% recibe la compra en su casa y una escasa minoría (1,3%) sale a comprar a diario.

“La falta de vida social y la imposibilidad de realizar actividades al aire libre ha disparado el entretenimiento digital entre la población, fomentando hábitos sedentarios que pueden resultar adictivos y muy difíciles de corregir una vez levantado el estado de alarma”, señala el portavoz del IMEO Rubén Bravo.

El encierro pasa factura en la báscula

La falta de actividad física y el consumo de productos poco saludables auguran un aumento de peso

El País, por Jessica Mouzo

El confinamiento dejará huella en la báscula y en la salud de los ciudadanos. Entre dos y cinco kilos de más y un incremento de los índices de sobrepeso y obesidad, según los expertos consultados, será la factura física que pagarán los ciudadanos por estas semanas de encierro. El estrés emocional y los problemas económicos derivados de la gestión de la pandemia abocan al consumo de productos poco saludables, como muestra el incremento en la compra de harina (un 196%) o de alcohol (un 57%). La falta de actividad física corona unos hábitos de vida que ponen en riesgo la salud.

La pandemia se ha convertido en un cóctel perfecto de factores de riesgo, en niños y adultos. La ausencia de ejercicio físico, las horas delante de las pantallas, el consumo de alimentos procesados para matar el estrés, el miedo o el aburrimiento. Todo ello configura el caldo de cultivo perfecto para disparar la báscula y elevar, más si cabe, las cifras de exceso de peso. “Lo esperable es que aumente entre tres y cinco kilos. La lucha contra la obesidad es un castillo de naipes. En pocos días puedes perder lo que habías conseguido en meses”, apunta Albert Goday, jefe de sección del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital del Mar de Barcelona. El 17% de los adultos y el 10% de los niños padecen obesidad en España.

A falta de datos o estudios concluyentes sobre el impacto que tendrá el confinamiento en el peso, los expertos hacen sus estimaciones, aunque con prudencia. Según la Sociedad Española de la Obesidad (Seedo), los niños y adolescentes pueden aumentar de peso un 5%. “Es bastante previsible que haya un aumento de peso. En un mes de confinamiento, con que aumentes en 200 kilocalorías el consumo, que no es nada, ya es un kilo más”, advierte Francisco Tinahones, presidente de la Seedo. Esas 200 kilocalorías adicionales se consiguen, por ejemplo, comiéndose diariamente varias galletas, explican desde la Seedo.La compra de harina ha crecido un 196% y la de alcohol, un 57%

Eduardo Iglesias, coordinador del grupo de investigación Intervenciones Traslacionales para la Salud de la Universidad de Oviedo, es uno de los investigadores que ha empezado a medir el impacto del confinamiento en los hábitos alimentarios. “Queremos saber la percepción subjetiva del cambio, si hacen más o menos ejercicio, si duermen más, si comen más de esto o de lo otro, y, sobre todo, por qué”, explica. Con datos de 3.000 personas, los resultados preliminares arrojan cambios en los hábitos de la gente en esta etapa. “Se ven consumos mayores o menores de determinados alimentos. Uno de los motores que genera estos cambios es lo relativo a la actividad física y hemos visto que se polariza: hay más gente que no hace nada y más gente que hace deporte”, señala. El estrés y el aburrimiento también son motores de cambio, explica el investigador. “Aunque no necesariamente significa comer más. Pueden estar nerviosos y comer menos”, matiza.

Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la compra de chocolate ha aumentado hasta un 60% en la tercera semana de confinamiento. Los snacks y frutos secos, por su parte, han subido también hasta un 61%; y la cerveza y otras bebidas espirituosas, en torno al 42%. “Cuando estás en situación de estrés, depresión y aburrimiento se producen ingestas compensatorias para subir los niveles de serotonina. Esto genera pulsiones alimentarias hacia productos que provocan satisfacción, como la grasa y el azúcar. Se produce una sensación de alivio y hace de ansiolítico, como el consumo moderado de alcohol, que genera una secreción de endorfinas que tiene el mismo efecto”, explica Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.

Los expertos auguran un incremento de la prevalencia del sobrepeso y la obesidad. “El organismo siempre ahorra energía. Lo que podemos retroceder estas semanas en peso tardaremos bastantes meses en volver a bajarlo”, explica Goday. El endocrinólogo es el principal investigador de una revisión científica que concluye que ocho de cada 10 hombres y el 55% de las mujeres tendrán sobrepeso u obesidad en 2030.

El confinamiento ha desperezado las capacidades culinarias de los ciudadanos, pero no siempre hacia comidas saludables. De hecho, la compra de pescado fresco ha bajado y la de azúcar y cacaos ha subido un 60% y un 30%, respectivamente. “Para ocupar el tiempo, estamos cocinando más. Quizás comemos más sano, pero también descuidamos las cantidades”, apunta Rocío Basanta, psicóloga del Grupo Gallego de Tratamiento de la Obesidad Grave. Dejar de vestirse, apostilla la experta, tampoco ayuda a tomar conciencia del peso individual. “Muchas personas descuidan la ropa y están todo el día en chándal y pijama. No cuidas tanto tu aspecto, que es cuando te das cuenta de si subes de peso o no”, señala. La psicóloga aconseja vestirse y ponerse como reto no subir de peso, también usar recipientes para comer que permiten ver cuánto se está ingiriendo. “Un error que cometimos fue acumular comida en casa por miedo al desabastecimiento. Esas son compras insensatas y poco sanas. Hay que comprar con prudencia”, advierte.

El parón económico que causa el confinamiento también es un factor de riesgo. Por el impacto de una eventual crisis monetaria de muchas familias. Y los augurios económicos no son buenos. “Hay una relación directa. La obesidad se asocia al nivel socioeconómico y es más alta en las clases desfavorecidas. Además, los alimentos más saludables son más caros”, zanja Tinahones.

Los profesionales temen, especialmente, que se descompensen las personas que ya están diagnosticadas de obesidad o sobrepeso. De entrada, ya son un colectivo de riesgo para muchas enfermedades sobrevenidas, también para la infección por coronavirus. Y el hecho de que los hospitales hayan suspendido consultas presenciales de otras especialidades para contener la pandemia puede poner en peligro la adherencia de estos pacientes al tratamiento. “Un factor que se asocia a que el curso clínico vaya bien es la frecuencia de la visita médica: la respuesta es mejor cuantas más visitas. Si podemos contactar menos con los pacientes, el peso va a subir, aunque intentemos reconvertirnos a la telemedicina. La visita directa siempre tiene capacidad de adherencia”, apunta Goday. Coincide Aranceta: “Esta falta de recordatorio y evaluación puede hacer que estos pacientes se despisten. Más de la mitad de los que tienen obesidad y sobrepeso van a aumentar la masa corporal, y los que estaban en tratamiento perderán adherencia”.

Hacer ejercicios en casa, sentadillas o flexiones, y ser disciplinados con la comida son algunas de las propuestas de los expertos. Y, sobre todo, insiste Basanta, “ponerle remedio y no dejarse ir” cuando pase el confinamiento.

ESTUDIOS EN MARCHA AHORA DESVIRTUADOS

El confinamiento también ha provocado que se desvirtúen las intervenciones iniciadas en el marco de estudios científicos. “Esos estudios los seguimos haciendo, pero ya se ve una diferencia importantísima desde el mes antes del confinamiento. Una persona con una dieta hipocalórica y mediterránea, que estaba perdiendo entre tres y cuatro kilos, ahora ya nos damos con un canto en los dientes si no suben de peso”, admite Tinahones. El estudio Predimed, sobre el estilo de vida y la dieta mediterránea, sigue a 6.000 personas. A propósito de la dificultad de seguir a los participantes debido a la suspensión de las consultas presenciales en los hospitales por el coronavirus, esta investigación también se ha resentido. “Nuestra gran preocupación es que perdamos lo que hemos conseguido en estos tres o cuatro años. Intentamos ver si podíamos seguir con las visitas presenciales y, cuando vimos que no, miramos de hacerlo a través de un soporte telemático”, explica Goday. En cualquier caso, insiste Tinahones: “Los pacientes en estudios que están con medicación e intervención dietéticas, intentamos que sigan adelante”.

Las drásticas medidas de Chile contra la obesidad logran reducir un 23% la venta de bebidas azucaradas

El Diario / Plos Medicine por Sarah Boseley

Los expertos elogian el ejemplo de Chile, un país que ha prohibido la venta de las bebidas azucaradas en colegios y ha adoptado un sistema de etiquetas que advierte a las familias sobre los peligros de la comida basura

Una persona sirve una bebida azucarada / João André O. Dias (Flickr)

Los controles más estrictos del mundo a las bebidas azucaradas, puestos en marcha por Chile –un país con graves problemas de obesidad–, han logrado reducir la venta de estos productos en casi un cuarto en los últimos dos años, según ha concluido una investigación reciente.

En lugar de aplicar un impuesto a las bebidas azucaradas, como han hecho varios países, Chile ha prohibido su venta en colegios y ha adoptado un sistema de etiquetas blancas y negras que advierte y educa a las familias sobre los peligros de la comida basura y las bebidas azucaradas para la salud de los niños.

A diferencia del sistema del semáforo ideado en Reino Unido, que coloca a los alimentos una etiqueta roja si contienen azúcar, pero también una etiqueta verde si llevan fruta, el sistema de etiquetas del Ministerio de Salud chileno solo proporciona la información mala: alto contenido de azúcar, alto contenido de sal o alto contenido graso. Las bebidas azucaradas, los aperitivos poco saludables y los alimentos procesados deben llevar una etiqueta identificativa en el envase.

Las etiquetas de Chile a los alimentos.
Las etiquetas de Chile a los alimentos. MINISTERIO DE SALUD / CHILE

La Ley de Etiquetado y Publicidad de Alimentos chilena, que entró en vigor en 2016, también limita la publicidad de estos alimentos a los niños y prohíbe su venta en las escuelas. Cuando se aprobó la legislación, Chile era el país del mundo con mayor consumo per cápita de bebidas azucaradas, y esto se traducía en altos niveles de obesidad, diabetes tipo 2 y otros problemas de salud en la población.

Una publicación en la revista académica Plos Medicine, a cargo de investigadores de la Universidad de Carolina del Norte, ha concluido que la venta de bebidas azucaradas se redujo en un 23,7% durante la primera fase de la reforma. Los mayores cambios se registraron en la venta de bebidas de fruta azucaradas y productos lácteos azucarados.

“Esta legislación es diferente porque es la primera que establece etiquetas de advertencia sobre niveles excesivos de ingredientes problemáticos, como el azúcar o el sodio, encima de la bebida o del envoltorio de los alimentos”, explica Lindsey Smith Taillie, una de las autoras del informe y profesora de nutrición en el programa universitario estadounidense Gillings School.

“La ley chilena impone los límites más estrictos del mundo a la forma y los sitios en que las empresas de alimentos pueden publicitar sus productos de comida basura a los niños. La disminución en la venta de bebidas azucaradas ha sido notablemente mayor que la que observamos tras la aplicación de políticas aisladas, como el impuesto a las bebidas azucaradas, en otros países latinoamericanos”, agrega.

A medida de que la nueva normativa va pasando a fases más estrictas, se va reduciendo el límite permitido de azúcar, sal y grasas en bebidas y alimentos. Al cabo de dos años, el máximo permitido de azúcar en alimentos que no lleven la etiqueta de advertencia pasará de 22,5 a 10 gramos cada 100 gramos. El nivel permitido de sal se reducirá de 800 a 400 miligramos cada 100 gramos.

“El impacto durante la primera fase ha sido muy sorprendente”, afirma Barry Popkin, profesor de nutrición de Gillings School. Popkin además señala que la normativa ha cambiado el concepto que tienen las familias de una dieta saludable. “Realizamos grupos de encuestas con madres de ingresos bajos y medios y ellas nos contaban que sus hijos llegan a casa y les piden que les compren cosas que no tengan las etiquetas”, explica. “Es la primera intervención que hemos visto que tiene el potencial de cambiar hábitos alimenticios. Creo que muchos países van a estudiar este ejemplo, porque el impacto ha sido muy grande”.

De Chile al mundo

Algunos países ya lo están haciendo. “Lo asombroso de la legislación chilena es el impacto que ha tenido en políticas alimentarias a nivel internacional”, señala Taillie. “Gracias a nuestra colaboración con activistas y diputados, sabemos que al menos una decena de países están utilizando la normativa chilena y la evaluación de resultados para desarrollar políticas similares”.

“Esperamos que en un plazo de 5 a 10 años gran parte del mundo haya copiado a Chile en lo que respecta a un sistema de etiquetado más claro para alimentos y bebidas, con el objetivo de informar de qué productos son poco saludables y neutralizar el efecto del marketing”, indica.

El Banco Mundial ha calificado a Chile como un país de altos ingresos, con sofisticados sistemas alimentarios en los que las tiendas minoristas tienen mucho control sobre el abastecimiento, igual que en Reino Unido y Europa. Popkin cree que el análisis que ha elaborado su equipo sobre el etiquetado de alimentos con advertencias demostrará el gran impacto de esta medida en los hábitos de consumo, a diferencia del etiquetado de tipo semáforo.

Popkin cree que pronto este impacto se traducirá en efectos en la salud pública, pero señala que las políticas apuntan a un cambio a largo plazo. “En los próximos años, veremos un impacto bastante inmediato en la incidencia de diabetes tipo 2, pero respecto de la obesidad, llevará más tiempo. Lograremos un cambio en las cifras de hipertensión arterial y diabetes pero no tan rápidamente en el sobrepeso”.

Otro estudio ha demostrado que el impuesto a las bebidas azucaradas de Reino Unido parece tener éxito, según investigadores de Oxford, Cambridge y Londres, porque muchos fabricantes han reducido la cantidad de azúcar en sus productos para evitar pagar el gravamen.

El análisis, también publicado en la revista académica Plos Medicine, demostró que cuando George Osborne, exministro de Hacienda de Reino Unido, anunció los planes de implementar el impuesto, el 54% de los refrescos contenían 5 gramos o más de azúcar por cada 100 mililitros y quedaban expuestos a que se les aplicara el impuesto. El gravamen entró en vigor en abril de 2018, y en febrero de 2019 solamente el 15% de los refrescos estaban sujetos al impuesto.

Traducido por Lucía Balducci

La obesidad cuesta a cada español 265 euros extra en impuestos

Un informe de la OCDE calcula que la obesidad y el sobrepeso están reduciendo la esperanza de vida de los españoles en 2,6 años y comiéndose un 2,9% del PIB.

Correo Farmacéutico, por L. G. Ibañez

Los españoles viven 2,6 años menos como consecuencia de la obesidad y el sobrepeso.  Así lo constata el informe La pesada carga de la obesidad publicado por la OCDE este jueves. Según el estudio el sobrepeso se come el 9,7% del gasto sanitario español y reduce la productividad laboral en el equivalente a 479.000 trabajadores a tiempo completo. Esto es, las consecuencias de la obesidad y el sobrepeso trascienden la salud y suponen una reducción del PIB español del 2,9%. Dicho en plata, para poder cubrir los costes que genera la obesidad cada español estaría en la práctica pagando 265 euros adicionales en impuestos.

El informe de la OCDE explica que España ha adoptado algunas políticas interesantes para reducir la epidemia de obesidad, como el etiquetado de alimentos voluntario en la parte frontal de los paquetes y restricciones sobre la obesidad así como impuestos sobre la bebidas azucaradas (en Cataluña), pero insiste en que “cabría hacer más”.Y en ese más, la OCDE propone “un paquete combinado que incluyera el etiquetado de los menús, la prescripción médica de actividad física y programas de bienestar en el centro de trabajo”.

Según sus cálculos, medidas como esas podrían llegar a prevenir hasta 96.000 casos de enfermedad no transmisibles de aquí a 2050 y ahorro 32 millones de euros al año en España en costes sanitarios, además de ampliar la productividad en el equivalente a 4.000 trabajadores extra al año a tiempo completo.

Reducción calórica

Además, se propone que España introduzca medidas como una reducción calórica del 20% en los alimentos de alto contenido en azúcar, sal, caloría y grasas saturadas, lo que podría llegar a prevenir 472.000 casos de enfermedades no transmisibles de aquí a 2050. En términos económicos, una medida de estas características ahorraría 169 millones de euros al año en costes sanitarios en España y aumentaría la productividad en el equivalente a 13.000 trabajadores a tiempo completo al año.

El sobrepeso infantil ha subido un 38% en España desde 1990

El Periódico, por Beatriz Pérez

  • Un informe de Unicef recalca que esta problemática es “un problema de salud con un alto impacto”
  • Trae consigo “problemas psicosociales”, como un mal rendimiento escolar, y va ligado a la clase social
Un niño mira una cartulina en una imagen de archivo. / DANNY CAMINAL

El sobrepeso infantil y adolescente en España ha aumentado en un 38% desde 1990, según el estudio ‘NCD Risk Factor Collaboration’ del 2017. A este documento alude la oenegé Unicef en su informe ‘Malnutrición, obesidad infantil y derechos de la infancia en España’, publicado este martes, para destacar que “la obesidad y el sobrepeso infantiles son un problema de salud con un alto impacto” en nuestro país.

De hecho, España es, junto a Grecia, Malta e Italia, uno de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que más sufre esta problemática. Tanto el sobrepeso como la obesidad están considerados un tipo de malnutrición.

Según el informe de Unicef, en todo el mundo 1 de cada 3 menores de cinco años no está creciendo adecuadamente. Hay 149 millones de pequeños con desnutrición crónica, 49 millones con desnutrición aguda y 40 millones con sobrepeso y obesidad.

A pesar de los avances en los últimos años, la desnutrición está directamente ligada a la muerte de 6.750 niños menores de cinco años cada día. Unicef asegura que las dietas poco saludables son el “principal factor de riesgo” y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI.

Además, trae consigo “múltiples problemas psicosociales”, como un “peor rendimiento escolar”, una “menor productividad laboral” en la vida adulta y una “menor probabilidad de conseguir empleo”. 

En aumento

Unicef advierte de que, a escala global, el sobrepeso y la obesidad siguen creciendo. Desde el 2000, la proporción de menores con sobrepeso (de 5 a 19 años) se ha incrementado desde 1 de cada 10 (10,3%) hasta casi 1 de cada 5 (18,4%) en el 2016. 

En España, la última información disponible sobre obesidad infantil es la del ‘Estudio PASOS’, que recogió datos este 2019 entre la población infantil y adolescente de 8 a 16 años. Este estudio muestra que, en base al índice de masa corporal (IMC), un 20,7% de los menores tienen sobrepeso y un 14,2%, obesidad. Es decir, en total casi un 35% de los menores españoles de entre 8 y 16 años tienen sobrepeso u obesidad.

El ‘Estudio PASOS’ también evidencia que la prevalencia de la obesidad abdominal se ha incrementado en un 7,9% en las dos últimas décadas en España, al comparar estas cifras con las del ‘Estudio EnKid (1998-2000)’. El incremento del porcentaje de menores con oebsidad infantil según el IMC ha sido de un 1,9% en la comparativa de ambos estudios. “Estas cifras hacen pensar que, con valoraciones basadas en el IMC, estamos infravalorando los niveles de obesidad infantil en mayor medida en la actualidad que hace dos décadas”, señala Unicef.

Estatus socioeconómico

Paralelamente, según Unicef, hay una “creciente evidencia” que sugiere que el “estatus socioeconómico” de la familia es un “factor de riesgo” para la obesidad infantil. “La población infantil y adolescente con bajo nivel socioeconómico que vive en países industrializados y la población con alto nivel socioeconómico que vive en países en vías de desarrollo tiene un mayor riesgo de sufrir obesidad”, recoge la oenegé en su informe.

El mismo demuestra que los niños y adolescentes en hogares cuya persona de referencia es un trabajador no cualificado “casi triplican” la proporción de aquellos en que la persona de referencia es un directivo.

Entre los factores de la obesidad y el sobrepeso, el informe de Unicef señala el “entorno obesogénico”, es decir, un entorno que favorece y refuerza la aparición de la obesidad y el sobrepeso entre la población. Dentro de este entorno obesogénico destacan los hábitos alimentarios, los estilos de vida sedentarios, el peso de los padres y también otros factores como, por ejemplo, la escasez de parques de juego, la venta de juguetes junto con los alimentos, los menús gigantes en restaurantes de comida rápida o la publicidad de alimentos poco nutritivos.

El sobrepeso y la obesidad reducen en un 3,3% el PIB de los países de la OCDE

El porcentaje de obesos, que era del 15,4% en 1996, subió al 19,1% en 2006 y al 23,2% en 2016, fecha del último dato disponible

ABC / EFE

La epidemia de sobrepeso y obesidad en el mundo, además de reducir la esperanza de vida y limitar el desarrollo social de las personas, tiene un impacto económico negativo, evaluado en una pérdida del 3,3% del producto interior bruto (PIB) en los países de la OCDE.

En un informe publicado este jueves sobre este fenómeno, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) constata el agravamiento del problema, que ya afecta a casi un 60% de las personas en sus países miembros.

El porcentaje de obesos, que era del 15,4% en 1996, subió al 19,1% en 2006 y al 23,2% en 2016, fecha del último dato disponible.

Las cifras son superiores a esa media en una veintena de los 52 países que cubre el estudio -además de los de la propia OCDE están todos los de la UE y varios en desarrollo-, en particular en Estados Unidos (36,2 %), Arabia Saudí (35,4 %) y Turquía (32,1 %), pero también en México (28,9 %), Argentina (28,3 %) o Chile (28 %).

Las posibilidades de encontrar un empleo son un % inferiores para una persona con sobrepeso y cuando están ocupados son menos productivos y están más de baja.

También está en cola de los 52 países del estudio México por el impacto en su economía del sobrepeso, que le resta un 5,3% del PIB, seguido de cerca por Brasil (5%). También por encima de la media hay países como Estados Unidos (4,4%), Colombia (4,3%) o Chile (3,8%).

En España, aunque se queda por debajo de la media, ese impacto económico sigue siendo del 2,9%, mucho mayor que el de los países modelos que son Japón (1,6%) y Luxemburgo (1,9%).

La OCDE estima que las enfermedades vinculadas al sobrepeso y la obesidad absorben el 8,4% del presupuesto sanitario de media entre sus miembros, con porcentajes que llegan al 14% en Estados Unidos y al 11 % en Canadá y Alemania. En el otro extremo, en Francia se limita al 5% y al 6% en Japón. España se sitúa con un 9,7% por encima de la media.

Los autores del estudio dan algunos elementos de esperanza con políticas adecuadas: si se redujera en un 20% el contenido calórico de los alimentos energéticos, eso tendría beneficios significativos para las personas y para la economía.

De acuerdo con un modelo elaborado para 42 países de todo el mundo, se podrían evitar 1,1 millones de enfermedades crónicas anuales, sobre todo del corazón. Así se ahorrarían 13.200 millones de dólares de gastos médicos y el PIB subiría en un 0,5%.

El mundo tendrá más de 250 millones de niños obesos para 2030

CNN, por Katie Hunt

Más de 250 millones de niños y adolescentes en edad escolar serán clasificados como obesos para 2030, lo que ejerce una gran presión sobre los sistemas de salud, advierte un nuevo informe sobre obesidad infantil.

Actualmente hay 158 millones de niños obesos en todo el mundo, según el primer Atlas de obesidad infantil de la Federación Mundial de Obesidad (WOF, por sus siglas en inglés), que calculó puntajes de riesgo de obesidad en la próxima década para 191 países.

El informe dijo que los niños en los países en desarrollo de África, Asia y América Latina están particularmente en riesgo, como resultado de los rápidamente cambiantes estilos de vida junto con la creciente popularidad y la agresiva comercialización de la comida chatarra.

“Hay una transición lejos de las dietas tradicionales y las formas de hacer las cosas. Las personas gastan menos energía, se vuelven más sedentarias y adoptan una dieta de estilo occidental con alto contenido de azúcar, aceite, almidón y grasa”, dijo a CNN el Dr. Tim Lobstein, director de política en la WOF y uno de los autores del informe.

El informe dice que ningún país incluido en el atlas alcanzaría un objetivo acordado en una cumbre de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2013, que exigía que los niveles de obesidad infantil no deberían ser más altos en 2025 de lo que fueron entre 2010 y 2012. Agregó que cuatro de los cinco países que evaluó tenían menos del 10% de posibilidades de hacerlo.

El Dr. Lobstein dijo que estaba sorprendido por el “aumento extraordinario” en el número de niños obesos pronosticado por el informe. Como la obesidad infantil está estrechamente asociada con la obesidad en la edad adulta, representaría una gran carga para los sistemas de salud dado el vínculo con enfermedades crónicas como la diabetes, advirtió.

“Eso es un salto gigante. Inundará los sistemas de salud, particularmente en los países en desarrollo”, dijo.

En Estados Unidos, el 26,3% de los niños de 5 a 9 años y el 24,2% de los niños de 10 a 19 años serían obesos para 2030, según el informe, lo que le da al país una probabilidad del 17% de cumplir con el objetivo de la OMS para 2025.

En términos absolutos, se espera que EE.UU. tenga 17 millones de niños obesos para 2030, el mayor número después de China e India.

Las islas del Pacífico como las Islas Cook y Palau ocuparon un lugar destacado entre los países con mayor riesgo en la próxima década. Lobstein dijo que, además de los estilos de vida menos activos, las naciones insulares dependían más de las importaciones de alimentos, que a menudo eran altamente procesadas y con grandes de azúcar y grasa.

Lobstein dijo que los gobiernos de todo el mundo eran reacios a enfrentarse a grandes empresas de alimentos que tienen peso en el status quo. Dijo que iniciativas como los impuestos al azúcar y las gaseosas tendrían solo un pequeño impacto, particularmente porque eran difíciles de implementar en países de bajos ingresos, donde los gobiernos tenían más probabilidades de ser persuadidos por intereses comerciales.

Agregó que pensaba que una generación más joven tomaría una postura más activista hacia la obesidad, como lo han hecho hacia el cambio climático.

“La mayoría de las personas no quieren tener exceso de peso, pero no debería haber un estigma contra el individuo. Es un problema social, no un problema privado”, dijo.

ONU urge a México a etiquetar alimentos por obesidad

AP / Telemundo 52

Representantes de la tres agencias de la ONU urgieron el lunes a México a adoptar un etiquetado frontal y de fácil comprensión de productos alimenticios como una de las medidas necesarias para revertir “la emergencia nacional por sobrepeso y obesidad”. 

El mensaje de las tres agencias -la de la Alimentación y Agricultura (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la agencia de la Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)- tiene lugar cuando están en marcha dos debates importantes.

Por un lado, la Cámara de Diputados tiene previsto pronunciarse el martes sobre una reforma de la ley general de Salud que, de prosperar la iniciativa del gobierno, establecería de forma muy general que un producto debe dejar claro si tiene altas concentraciones de azúcar, grasas saturadas, sodio y calorías. De aprobarse por el pleno la modificación de la ley, la iniciativa iría al Senado. 

Por otro lado, el poder ejecutivo, en colaboración con la academia, está a punto de presentar las nuevas normas de etiquetado de alimentos que son directrices más detalladas que están al margen del trámite legislativo. 

Según indicaron las agencias de la ONU en un comunicado, el etiquetado claro, que oriente las compras del consumidor y que pueda ser comprendido por todos, incluidos los niños, es “una herramienta fundamental que conjuntamente con otras políticas e intervenciones complementarias han demostrado efectos positivos e importantes en la reducción del sobrepeso y obesidad”. 

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud 2012, México es uno de los países con mayor consumo de productos ultraprocesados en todo mundo. Además, según los parámetros de la OMS, entre el 58% y el 85% de los niños, niñas y adolescentes tienen un consumo excesivo de azúcares añadidos, y entre el 67% y el 92% lo tiene de grasas saturadas. 

Alejandro Calvillo, director de la ONG El Poder del Consumidor y participante en los debates con el gobierno sobre el nuevo etiquetado, confió en que las nuevas normas prosperen en línea con lo expresado por las agencias de la ONU, pero alertó de que la industria intentará bloquearlas ya que puede conllevar menos ventas para ciertos productos. 

Asimismo, indicó que de lograrse, la medida deberá ir acompañada por otras acciones para poder combatir con eficacia la obesidad, como aumentar el impuesto a las bebidas azucaradas, aplicar la regulación de alimentos y bebidas en escuelas para evitar la venta de la llamada “comida chatarra”, regular la publicidad y hacer campañas de revalorización de los alimentos mexicanos como el frijol y el amaranto.