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Refrescos, ‘ganchitos’ y chucherías: la comida basura llega a los indígenas

junio 3, 2018
Un estudio analiza los cambios en la dieta de las comunidades chortí , en Guatemala, que se relaciona con enfermedades como el sobrepeso y la obesidad

El País

Para los indígenas mayas chortí, la comida de verdad es el maíz. En concreto, las tortillas. Si acaso, con algo de frijoles y algún cazo de café. Eso es lo que quita el hambre, lo que da fuerzas, lo que alimenta. Cualquier otra cosa que uno ingiera puede servir para alegrar el cuerpo, o para divertirse, o para entretenerse. Pero sin sus tortillas, en realidad, no puede decirse que esté alimentándose. O al menos así era hasta hace bien poco. Ahora, en una región como Chiquimula, en Guatemala —donde en algunas zonas siete de cada 10 menores de cinco años no comen lo suficiente— los refrescos azucarados, ganchitos y otros ultraprocesados se están haciendo un hueco en la dieta de los chortí.

“No… Hay bolsas en las tiendas, pero nosotros no se las compramos”. La reacción habitual a preguntas de los investigadores era negar la mayor. Lorenzo Mariano, doctor en Antropología de la Universidad de Extremadura, explica que la gran mayoría de la población chortí guatemalteca se sentía avergonzada y, al ver a extranjeros haciendo preguntas, aseguraba que no consumía productos chatarra, ni mucho menos se los daba a sus hijos. “Pero en los lugares donde teníamos más confianza nos confesaban que sí que lo hacen con normalidad, aunque sepan que no es bueno”, apunta.

Aunque los últimos datos oficiales (de 2006) aún no arrojaban un gran aumento del consumo de refrescos, ya señalaban una subida del 13% respecto a 1999 en la ingesta de snacks y otras chucherías ultraprocesadas en la región. Los algo más de 50.000 mayas chortí guatemaltecos viven en la región de Chiquimula, al este del país, frontera con Honduras y el Salvador. Estas comunidades registran tasas de desnutrición infantil un 13% superiores a la media nacional, que es la peor de Centroamérica. Y se relaciona la habitual talla baja de estos indígenas con la falta de alimento suficiente en los primeros cinco años de vida. La zona es conocida por haber sufrido una hambruna en 2001 que, en diversa medida, se viene repitiendo periódicamente. Pero ahora también se registran allí casos de sobrepeso y obesidad. Y el foco se coloca sobre el mayor consumo de grasas y azúcares.

“Las principales causas de la doble carga de la malnutrición [cuando conviven hambre y obesidad] son las condiciones sociales y la baja calidad de la alimentación”, explica Rubén Grajeda, experto de la Organización Panamericana de Salud (OPS). “Los productos con alto contenido calórico y bajo valor nutricional es decir, altos en azúcar, sal y grasa, están ampliamente distribuidos, son sabrosos, convenientes y de muy bajo precio”, añade.

Pese a que muchos se muestran convencidos de que son malos, la presencia de estas galguerías como patatas fritas, ganchitos, galletas azucaradas o refrescos se ha multiplicado en la tierra de los chortí. “El consenso es que ha crecido el número de tienditas de comunidad: todas las aldeas tienen una”, señala Mariano, coautor de un estudio sobre el tema para la ONG Acción contra el hambre. El trabajo de campo realizado por los investigadores muestra que en estos negocios los productos procesados y las bebidas azucaradas prácticamente monopolizan la oferta.

“Con la sustitución de los mercados tradicionales por estas tiendas, y la presencia de estos alimentos en su día a día, los chortí están realizando una transición alimentaria hacia cosas más procesadas. Pero sociedades como la española hicimos ese camino en cuatro décadas: ellos la están recorriendo prácticamente en una”, apunta el investigador. Son efectos colaterales del desarrollo, que permiten llevar estos productos a lugares antes inaccesibles. “Sus bajos costes de producción y la eficiente distribución en áreas remotas y usualmente pobres hacen que sus precios sean frecuentemente más bajos que alternativas saludables”, señala Grajeda, de la OPS.

Esta realidad no es exclusiva de este territorio, sino que se extiende por América Latina. “En toda la región, hoy es posible encontrar bebidas gaseosas, bollería industrial, galletas y snacks nutricionalmente pobres vendidos a precios bajos en territorios muy alejados”, explica Ricardo Rapallo, experto de la FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura). “Incluso en lugares donde a veces no llegan las escuelas, el agua potable ni los centros de salud”

El hecho de que la gente se avergüence de consumir esta chatarra ante los expertos demuestra, según los autores del informe, que la educación nutricional es acertada y llega. Pero la evidencia de que aun así se sigan consumiendo pone en duda su efectividad. Más aún cuando estos elementos compiten con una arraigada cultura culinaria en la que una dieta variada es muchas veces percibida como síntoma de desórdenes morales y sociales. “Esto nos sirve para reflexionar sobre los programas de cooperación en materia de salud. Partimos siempre de que todo se soluciona con información, y que gracias a ella la gente elegirá lo más saludable: vemos que no es así”, reflexiona el experto.

La comida que las ONG repartían en las emergencias alimentarias no podía competir con las cualidades nutritivas de las tortillas en el imaginario local. “Por eso, el mero hecho de que todos estos productos lleguen a competir con la dieta tradicional es muy sorprendente”, opina Mariano. El estudio sostiene que los más jóvenes son los más propensos a consumirlos, y apunta a las técnicas de marketing como una de las claves para comprender el fenómeno: las chucherías se venden en paquetes pequeños de precio bajo, para intentar hacerlas asumibles a todas las capas de la población, y en este caso se adaptan a los gustos locales, con una preferencia por el picante.

“Además está la cuestión del prestigio, estas cosas se identifican como algo moderno”, argumenta el antropólogo. Los nombres y el empaquetado de lo que se ve en las tiendas casi siempre hasta arriba de publicidad de marcas—también tratan de acercarse a las nuevas generaciones, con colores y nombres atractivos.

Otro estudio que comparó las exigencias de los etiquetados y mensajes nutricionales de México, Ecuador, Chile y Guatemala, reveló que la regulación guatemalteca era la más débil en este sentido. Y advertía de que conseguir una información que fuera comprensible y útil para todos era un reto mayor en un país tan heterogéneo ética y culturalmente. ¿Valdría para algo señalar las calorías que contiene cada producto sin una formación previa?

Rapallo lamenta la falta de información sobre las diferencias particulares de las comunidades indígenas, y cree que las políticas públicas en toda América Latina pecan de falta de adaptación a la realidad de estos pueblos. “Pero, aunque sin duda el tema cultural de la propia idiosincrasia indígena tiene su importancia, otros factores de exclusión como la pobreza y la desigualdad pesan mucho en su situación nutricional”.

De ahí la necesidad de tomar medidas por parte de los Estados. Mariano apuesta por el gravamen a su venta: “Al final vemos que lo que realmente frena el consumo de estas cosas es el precio”. En México, uno de los países con mayores niveles de obesidad y sobrepeso, la venta de bebidas azucaradas cayó un 7,6% en dos años tras imponer una tasa especial.

Alimentación y cáncer: comemos demasiada carne

septiembre 23, 2017

El Mundo
Comer es un acto instintivo
, pero cada vez hay más evidencias de que no lo estamos haciendo bien. Ocurre, además, que los mensajes sobre lo que resulta bueno o malo para el organismo se multiplican y uno ya no sabe de qué alimentarse ni a qué fuentes acudir. Conforme más se lee, existe una mayor confusión. Un ejemplo: en 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) causó una gran alerta mundial al anunciar que la carne procesada puede causar cáncer. Visto el revuelo, el organismo internacional tuvo que explicar que no había que dejar de tomarla, aunque sí reducir su ingesta en la medida de lo posible.

Una de las eminencias en este asunto, el oncólogo y profesor Henri Joyeux, sostiene que debemos retirar o aminorar lo antes posible en nuestra dieta “los alimentos grasos, sobre todo las carnes y los productos de charcutería, acompañados de las salsas”. Desaconseja la carne, especialmente la roja, más de dos veces a la semana. Así lo manifiesta en el bestseller internacional Come bien hoy, vive mejor mañana (Ed. Planeta), que se publica en España el próximo 5 de septiembre.

Bautizada como “la Biblia de la alimentación saludable”, esta obra que enseña a comer de forma nutritiva para alejarnos de las enfermedades ha vendido medio millón de ejemplares en Francia, país de origen del reputado doctor. La tesis es que el consumo de ciertos alimentos está relacionado con el cáncer, la diabetes, la obesidad y otras dolencias, y que debemos desterrar del menú ciertos ingredientes para gozar de una buena salud: “Incluso personas sanas se plantean preguntas sobre sus hábitos alimentarios. Se están abriendo paso grandes cambios. La alimentación se va a convertir en la primera medicina“.

Productos ecológicos

¿Con qué bebida acompaño las comidas? ¿Son tan recomendables los productos ecológicos? ¿Cómo conservo los alimentos y los preparo para aprovechar sus propiedades? Son algunas de las respuestas que ofrece este libro. A saber: “Una breve cocción al vapor, que no supere los 95 grados, además de conservar vitaminas y fitohormonas, convierte en bio los alimentos, pues deja en el agua metales pesados, pesticidas y otras sustancias tóxicas”. Si vas a comer carne, el oncólogo apuesta por la procedente de seres alados, en lugar de cuadrúpedos. Además, aconseja masticar bien para prevenir el alzhéimer -un mínimo de 25 veces-. “El primer signo de su aparición es la pérdida del sentido del gusto, por lo que es importante estimular siempre las papilas gustativas”. Respecto a la polémica con los productos lácteos, el doctor sentencia: “Que sean de oveja o de cabra, y no de vaca, y preferiblemente sólo dos o tres veces al día”. Sí ensalza en cambio la miel y todos los productos procedentes de la abeja.

Para Joyeux, los medicamentos son muy eficaces para alcanzar los objetivos que persiguen, sin embargo, también provocan efectos adversos que no tienen estos comportamientos de prevención: las pequeñas decisiones en el día a día de nuestros hábitos fáciles de comprender y muy eficaces para mantenernos saludables. Pero no están presentes en el discurso de cadenas de televisión, ni siquiera las públicas, “porque no aportan nada desde el punto de vista del lucro”, sentencia el autor.

Empezar el día con una manzana

El médico digestivo describe las dietas que funcionan y las que deberíamos evitar porque ponen en riesgo la salud con el fin de de perder peso. Aconseja que la proporción de productos vegetales respecto a cárnicos debe ser de 80/20, una manzanilla antes de dormir y una manzana como costumbre para empezar el día. Tres tazas de tisanas al día (tomillo, romero o té verde) son fuente de buena salud. De la mala, en cambio, el pan blanco y el calcio en exceso: “Aumenta el riesgo de sufrir párkinson”. Y no restringe del todo el alcohol, aunque nada de atiborrarse el sábado o el domingo. Se trata de ir consumiendo una botella de vino de 75 ml a lo largo de la semana, al estilo francés: “Facilita la digestión, ya que permite que la musculatura lisa de la parte superior del tubo digestivo se contraiga, que el píloro se abra y que el duodeno y el intestino delgado alto se contraigan. Y evita las infecciones del aparato urinario, la nefritis y la cistitis”.

A la hora de cocinar, el médico apuesta por las barbacoas verticales: “Cuando el fuego se coloca horizontalmente bajo el alimento se producen alimentos cancerígenos como los benzopirenos”. Para evitar la enfermedad, el oncólogo apuesta por ingerir 500 gramos de fruta y verdura al día: “Se reduce en un 50% la probabilidad de padecer cáncer de colon y del tubo digestivo”. Su favorita es la granada, que actúa contra el colesterol. Y destaca los beneficios del ajo y del romero, inhibidores del proceso de formación de los tumores.

Respecto a una dieta sin gluten -cada vez hay más personas no celíacas que se suman al movimiento gluten free como estilo de vida-, el autor afirma que la alergia o intolerancia es causa de porosidad intestinal, es decir, intestino permeable. “Se produce una absorción intestinal deficiente, que desemboca en diarrea, fatiga, dolores de abdomen, pérdida de peso, anemia…”. Chocolate, cerveza, alcohol a base de cereales como el vodka, productos de charcutería, sopas precocinadas, aderezos para ensaladas… Joyeux advierte de que un artículo incluya en su etiqueta la fórmula ‘sin trigo’ no supone necesariamente que no lleve gluten, “por lo que debemos tener cuidado y no caer en las trampas del sector alimentario”.

Las mentiras de la industria

También declara la guerra a los alimentos funcionales con eslóganes nutricionales a menudo exagerados o, incluso, falsos: “Es el caso de los yogures que aseguran reducir el colesterol gracias a la adición de fitoesteroles, o de las margarinas o mantequillas modificadas. No son más que paparruchas“.

En cuanto a la obesidad, uno de los grandes males del siglo XXI, echarle toda la culpa a la genética o a un factor infeccioso es científicamente falso según el profesor, pero continúa siendo el argumento que esgrimen algunas escuelas de medicina que cierran los ojos a los hábitos alimentarios. “A menos que lo que ocurra en realidad sea que reciben financiación de grupos de presión muy poderosos”.

En Argentina piden regular la venta de alimentos para contener la epidemia de obesidad infantil

junio 2, 2017

Este país ocupa el segundo lugar en América latina y el Caribe por su tasa en menores de 5 años; aconsejan etiquetar los alimentos procesados de acuerdo con su contenido de sodio, grasas, azúcares agregados y calorías, y estudiar gravámenes

La Nación, por Nora Bär

Y a nadie duda de que el sobrepeso y la obesidad son un problema monumental. En ocho años (entre 2005 y2013), esta patología aumentó un 43% en el país y actualmente la padece casi el 60% de la población mayor de 18.

Pero si hay un grupo en el que este cuadro es particularmente preocupante es el de los chicos: la Argentina ocupa el segundo lugar en América latina y el Caribe por su tasa de sobrepeso en menores de 5 años (alrededor del 10% de ese segmento de edad), según el Panorama de Seguridad Alimentaria y Nutricional elaborado recientemente por la OPS/OMS y la FAO.

Y en los estudiantes de 13 a 15 años, afecta a uno de cada tres, según la Encuesta Mundial de Salud Escolar realizada en 2012.

Para enfrentar este verdadero tsunami sanitario, la Organización Panamericana de la Salud, Unicef y la Dirección de Relaciones Internacionales de la Presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación convocaron desde ayer a las Jornadas sobre políticas regulatorias para la prevención del sobrepeso y la obesidad en la niñez y la adolescencia. En la actividad, que finaliza hoy, participan nutricionistas, representantes de sociedades científicas, legisladores, cámaras de empresas productoras de alimentos, otras agencias del sistema de Naciones Unidas como la FAO y el Banco Mundial, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y ONG con el objetivo analizar ejemplos exitosos de otros países de la región y diseñar un marco regulatorio que permita promover los alimentos más saludables.

“Creemos que en la Argentina hay mucho espacio para establecer regulaciones que ayuden a controlar este problema”, afirmó Sebastián Laspiur, consultor nacional de enfermedades no transmisibles de la OPS.

Para las agencias sanitarias internacionales, el aumento rampante de la obesidad se debe a un cambio en el patrón de consumo de alimentos naturales y comidas caseras hacia productos ultraprocesados con alta cantidad de azúcares agregados, grasas saturadas y sal, y bajo valor nutricional. La Argentina se encuentra en los primeros puestos de la región por el consumo de estos productos.

“Tenemos que tratar de que los consumidores migren hacia los alimentos naturales y la cocina casera”, dijo el doctor Fabio Da Silva Gomes, asesor regional de OPS en nutrición y actividad física. Según el especialista, en América latina todavía un 70% de los alimentos se preparan en casa.

Medidas ya probadas en otros países en pos de este objetivo, como Chile y México, incluyen el etiquetado frontal de alimentos (identificando claramente cuáles son altos en sodio, en grasas, en azúcares o en calorías); la regulación de la publicidad dirigida a los niños (evitando el agregado de personajes o juguetes que puedan incentivar la compra); la protección de los entornos escolares (tanto prohibiendo la comercialización de comestibles ultraprocesados como asegurando la provisión de alimentos seguros en los comedores escolares) y las políticas fiscales para gravar las bebidas azucaradas y otros alimentos no saludables.

La literatura científica abunda en evidencias que indican que la obesidad tiene un alto impacto no solo sanitario, sino también económico y social. “Aumenta el riesgo de padecer asma, diabetes tipo 2, apnea del sueño y enfermedades cardiovasculares -detalló la doctora Maureen Birmingham, representante para Argentina de OPS/OMS-. Afecta el crecimiento y el desarrollo psicosocial durante la adolescencia generando discriminación, baja autoestima, exclusión social y depresión y, con el tiempo, compromete la calidad de vida y la longevidad. Está asociada además con 14 tipos de cáncer y enfermedades osteoarticulares.”

Para el doctor Adolfo Rubinstein, “Hay que hacer foco en la obesidad infantil porque ése el principal problema. El Estado tiene un rol indelegable. Estamos profundmente convencidos de que éste es uno de los ejes estratégicos sobre los que debemos trabajar”.

Y coincidió Da Silva Gomes: “Es prioritario actuar en los primeros años de la vida, que es cuando «se forma el paladar» y se adquieren hábitos que luego es muy difícil cambiar”.

En este momento, hay más de 100 proyectos en agenda para legislar la venta de alimentos “ultraprocesados” , aunque, según aclaró la diputada Graciela Cousinet, presente en las jornadas, “Ninguno está en condiciones de ir a sesión plenaria”.

La Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios (Copal), que participó en la reunión, hizo saber a través de un comunicado que “comparte la preocupación por los actuales índices de obesidad y las enfermedades crónicas relacionadas, y entiende que la industria ocupa un papel fundamental en la búsqueda de la solución al problema de la obesidad y del sobrepeso”.

Y más adelante agrega que, dado que la obesidad tiene un origen multifactorial, “el éxito de las acciones para prevenirla dependerá del trabajo articulado entre los sectores público y privado, entre los gobiernos, la sociedad civil, la industria y todas las partes involucradas, comprometidos a resolver este problema global”.

La OMS dice que hamburguesas, salchichas y bacon son cancerígenos como el tabaco

octubre 26, 2015
  • La OMS reconoce la evidencia científica que demuestra que el consumo de carnes procesadas tienen relación directa con el cáncer colorrectal.
  • Este tipo de carnes ya aparecen en el grupo del el tabaco, el alcohol, el arsénico y el amianto; la carne roja entra en el grupo de “probables cancerígenos”.
  • Según el estudio, cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en un 18%.

20 minutos
salchichasLa Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido este lunes un informe en el que sentencia que la carne procesada entra dentro del grupo 1 de sustancias cancerígenas, en el que ya aparecen el tabaco, el alcohol, el arsénico y el amianto. Por su parte, la carne roja también entra en la categoría 2A, com probable cancerígeno. Un resumen del informe está disponible online en la publicación especializada The Lancet Oncology.

Los estudios que relacionaban la carne procesada con efectos cancerígenos llevan años en circulación, pero esta sería la primera vez que la OMS se alinea con los investigadores especialistas en cáncer del WCRG, el grupo internacional de estudios del cáncer. En su página web, el citado instituto internacional asegura que la relación entre el consumo excesivo de carne roja y el de carne procesada está directamente relacionado con el cáncer colorrectal.

“Evidencia suficiente” de que el consumo de carne procesada causa cáncer

Un grupo de trabajo de 22 expertos de 10 países convocados por el Programa de Monografías de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) —agencia que depende de la Organización Mundial de la Salud (OMS)— considera que hay “evidencia suficiente” de que el consumo de carne procesada causa cáncer colorrectal.

La carne procesada hace alusión a “la que se ha transformado a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación“. La mayoría de este tipo de alimentos contiene carne de cerdo o de res, pero también pueden contener otras carnes rojas, aves o subproductos cárnicos como la sangre, y algunos ejemplos son las salchichas, el jamón, la carne en conserva, la cecina, la carne en lata, o las preparaciones y salsas a base de carne.

Los expertos concluyeron que cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en un 18%. “Para un individuo, el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal por su consumo de carne procesada sigue siendo pequeño, pero este riesgo aumenta con la cantidad de carne consumida”, dijo, según la nota, el doctor Kurt Straif, jefe del Programa de Monografías de la IARC. Y añadió que “en vista del gran número de personas que consumen carne procesada, el impacto global sobre la incidencia del cáncer es de importancia para la salud pública”.

Consumo de carne roja es “probablemente carcinógeno”

Se clasifica además el consumo de carne roja como “probablemente carcinógeno” para los humanos, basado en “evidencia limitada” de que este tipo de alimento puede causar cáncer colorrectal, pero también de páncreas y de próstata. Según la agencia, existe una “fuerte evidencia mecanicista” que sostiene un efecto carcinógeno de la carne roja. El IARC especifica en el comunicado que con carne roja se refiere a “todos los tipos de carne muscular de mamíferos, tales como la carne de res, ternera, cerdo, cordero, caballo o cabra“.

Por este motivo, los expertos recomiendan un consumo máximo semanal “de 500 gramos (peso cocido) de carne roja (ternera, cerdo y cordero). Así como comer poco o nada de carnes procesadas como el jamón, el bacon o el tocino“. El IARC recuerda el “valor nutricional” de la carne roja, por lo que estimó que las conclusiones del estudio servirán a gobiernos y agencias reguladoras para emitir sus propias recomendaciones dietéticas.

“La evidencia científica sugiere que comer menos de medio kilo de carne roja en una semana no aumenta significativamente el riesgo de cáncer intestinal”, señalan. La carne roja es también una buena fuente de nutrientes valiosos, tales como proteínas, hierro, zinc y vitamina B12, por lo que puede contribuir a una dieta sana y equilibrada. “La carne procesada, por el contrario, tiene nutrientes de menor valor y puede ser alta en grasa y sal“, insisten.

El grupo de trabajo de la IARC consideró más de 800 estudios que investigaron asociaciones para más de una docena de tipos de cáncer con el consumo de carne roja y de carne procesada en muchos países y poblaciones con dietas diversas. Para el director de la IARC, Christopher Wild, “estos hallazgos apoyan aún más las actuales recomendaciones de salud pública acerca de limitar el consumo de carne”.

Aluminio, ¿una potente neurotoxina que afecta directamente al cerebro?

octubre 25, 2015

El segundo metal más utilizado después del acero puede ayudar a desarrollar enfermedades como el Alzhéimer

Apesar de los efectos afrodisiacos que se atribuyen al cocholate, el aluminio del envoltorio puede tener efectos negativos sobre la fertilidad masculina

A pesar de los efectos afrodisíacos que se atribuyen al chocolate, el aluminio del envoltorio puede tener efectos negativos sobre la fertilidad masculina

ABC, Enrique Serbeto
El aluminio es el segundo metal más utilizado después del acero y el tercer elemento más abundante en la corteza terrestre. Está prácticamente por todas partes, tanto en forma natural como artificial, sobre todo después de que hace poco más de un siglo comenzase su explotación industrial a escala masiva. Desde el desodorante hasta el envoltorio del chocolate, desde las cazuelas donde se prepara la comida a las latas que contienen el refresco, hay cientos de maneras por las que nuestro organismo entra en contacto con el aluminio.

Un grupo de científicos europeos se ha reunido recientemente en la ciudad francesa de Lille (al norte de París) para empezar a hablar sobre el futuro de este producto y sus efectos potenciales sobre la salud. Se constata que el aluminio se acumula poco a poco en el cuerpo y empiezan a vislumbrarse efectos nocivos que los científicos creen identificar más claramente en el cerebro.

Según los científicos reunidos en esta convención, que se celebra desde hace 11 años, «algunas sopechas sobre su toxicidad maduran gradualmente». En el caso del cáncer de mama los científicos no se ponen de acuerdo Por ejemplo, hace tiempo que se ha analizado la relación entre los desodorantes –que incluyen aluminio para taponar los poros en las axilas y evitar la transpiración- y el cáncer de mama. El profesor Christopher Exley, bioquímico de la Universidad de Keele, en Inglaterra, considerado como el principal experto mundial en el campo de la toxicidad del aluminio, cree que si hay relación, pero el profesor Alfred Bernard, toxicólogo de la Universidad Católica de Lovaina opina, al contrario, que «el aluminio es ni cancerígeno ni genotóxico» y atribuye a las políticas agresivas de los fabricantes de desodorantes sin aluminio la difusión de este tipo de teorías.

Sin embargo, según lo que ha publicado el diario «Le Soir», ambos están de acuerdo en que este simpático metal es una potente a que afecta directamente al cerebro.

Según Bernard, «se ha demostrado que la demencia observada en pacientes en hemodiálisis se debe a la acumulación de aluminio en la sangre y el cerebro. Las personas con insuficiencia renal son claramente las de mayor riesgo para el aluminio».

Ambos están de acuerdo también sobre los efectos del aluminio en el caso del alzeimer. Exley dice que se ha probado que “si el aluminio está presente en una región del cerebro en donde la enfermedad de Alzheimer está en curso, puede promover su desarrollo mediante el aumento de la gravedad y el inicio temprano de los síntomas».

Explican como la obesidad promueve el cáncer de mama

agosto 21, 2015
C. BICKELL/ STM

C. BICKELL/ STM

Al aumentar la rigidez de los tejidos de la grasa mamaria, las células tumorales crecen con mayor facilidad. Los expertos aconsejan dietas para perder peso en las pacientes

ABC

La obesidad favorece el cáncer de mama al aumentar la rigidez de los tejidos de grasa mamaria, lo que crea un microambiente que promueve el crecimiento del tumor. Lo acaba de demostrar una investigación que se publica en «Science Translational Medicine» y que sirve para esclarecer un poco más la compleja relación que existe entre la obesidad y el cáncer de mama. Además, esta nueva información puede tener implicaciones importantes para las técnicas quirúrgicas de reconstrucción mamaria que emplean tejido adiposo o grasa.

Se sabe desde hace tiempo que la obesidad es un importante factor de riesgo para el cáncer de mama, especialmente en las mujeres posmenopáusicas. En comparación con las pacientes de peso normal, las personas obesas tienden a tener tumores más avanzados y agresivos de mama. Y aunque se han propuesto muchos factores, incluyendo cambios en los niveles hormonales y la inflamación, la verdad es que a día de hoy se desconoce cómo la obesidad conduce a un cáncer de mama.

Lo que ahora ha hecho un equipo de la Universidad Cornell-Ithaca y del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, coordinado por Bo Ri Seo, ha sido analizar el tejido adiposo mamario de pacientes y ratones. Así, han visto que la obesidad puede desencadenar cambios estructurales en la matriz extracelular, el andamio de colágeno y otras proteínas fibrosas que rellenan el espacio entre las células y el tejido y son responsables de proporcionar apoyo estructural.

Miofibroblastos

Los investigadores han visto que la grasa mamaria de ratones genéticamente obesos y obesos después de una dieta alta en grasa contienen un mayor número de células llamadas miofibroblastos, que hacen que la matriz extracelular sea más densa y rígida. Cuando analizaron esta situación en el tejido mamario de pacientes con cáncer de mama obesos, los científicos observaron que sus fibras de colágeno eran más gruesas y más rígidas que las de pacientes más delgadas. Dicha rigidez, explican, parecía desencadenar cambios mecánicos que se transformaban en señales química que estimulaban el crecimiento del tumor.

De hecho, aclara en su investigación, las células mamarias precancerosas desarrolladas en matrices extracelulares del tejido adiposo de pacientes obesas, en comparación con los del tejido magro, presentaban una mayor tendencia a progresar a tumores malignos.

La buena noticia es que este proceso puede ser reversible. Los investigadores pusieron a dieta a los ratones y así se redujo el número de miofibroblastos en el tejido mamario, lo que sugiere que, en humanos, adelgazar puede potencialmente revertir esta rigidez del tejido.

Los resultados vuelven a poner de relieve la importancia de fomentar un peso saludable en las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama pero también en la población general.

Sin embargo, como reconocen Lisa Arendt y Charlotte Kuperwasser, de la Universidad de Wisconsin–Madison y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Tufts, aunque una de las principales recomendaciones para las mujeres obesas con diagnóstico de cáncer de mama es la pérdida de peso después del tratamiento, poco se sabe acerca cómo influye en el riesgo de cáncer de mama edad. Según estas investigadores, el estudio de Seo muestra los efectos de la pérdida de peso en una cohorte de ratones obesos, aunque algunos estudios reciente en mujeres posmenopáusica sugieren que, al menos a corto plazo, la pérdida de peso electiva no parece alterar el riesgo de cáncer de mama.

Biomarcadores

Las expertas también señalan que aunque existen varios estudios en curso para examinar los efectos de la pérdida de peso en las supervivientes de un cáncer de mama en su supervivencia a largo plazo, pocos trabajos examinan biomarcadores después de una intervención dietética a fin de comprender los efectos del cambio de estilo de vida en los mecanismos relacionados con el cáncer de mama. En su opinión, identificar cómo contribuye de pérdida de peso en el riesgo de cáncer de mama íntimamente es fundamental para un correcto asesoramiento de la paciente.

Las investigadores concluyen que debido a que no hay terapias específicamente dirigidas a pacientes con cáncer de mama obesas y aun así se recomienda la reducción de peso para las supervivientes de un cáncer de mama, se necesita más investigación para determinar si las intervenciones dietéticas o el ejercicio, o ambos, son formas eficaces en la mejora de los cambios en la matriz extracelular inducidos por la obesidad.

 

El chocolate, bueno para el corazón y el cerebro

junio 25, 2015
Las cosas claras y el chocolate espeso. O líquido. O en tableta. O como tú lo prefieras, porque además de ser uno de los alimentos que más locos nos vuelven a nivel mundial, resulta que el chocolate nos depara una multitud de cualidades y virtudes beneficiosas para nuestra salud.
Mucho más que una golosina o un placer culpable, el chocolate es uno de los alimentos más antiguos registrados por la humanidad y son cada vez más los médicos, nutricionistas y dietistas que recomiendan su consumo. Eso sí, sin pasarse y con moderación.
 
A los múltiples beneficios que se le han ido encontrando a lo largo de los años, ahora hay que sumarle uno nuevo y sorprendente: los consumidores habituales de chocolate tienen menos riesgos de padecer enfermedades cardíacas e ictus.

Este no es un estudio tomado a la ligera. Nada menos que doce años han estudiado sus propiedades en la Universidad de Aberdeen, siguiendo detenidamente los progresos de más de 20.000 personas.

Ahora sabemos que la planta del cacao contiene flavonoides, unos pigmentos vegetales que en los humanos tienen propiedades antioxidantes que afectan beneficiosamente a los vasos sanguíneos y al corazón.
Con los números en la mano, aquellas personas que consumen unos 100 gramos de chocolate al día tienen un 11% menos de posibilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular y tienen un 25% menos de riesgo de morir por problemas de corazón.
En cuanto a nuestro cerebro, los consumidores de esa misma cantidad diaria tienen un 23% menos de posibilidades de sufrir un ictus o infarto cerebral.
sexy-girl-eating-chocolateHasta ahora, la creencia era que tan sólo el chocolate negro mostraba estas propiedades beneficiosas, pero una de las novedades de este estudio acaba por incluir también al chocolate con leche en el grupo de alimentos saludables.
En los últimos años, tanto científicos como nutricionistas nos han revelado nuevas cualidades beneficiosas de esta planta. Nos han desmentido que un exceso en el consumo de chocolate provoque el temido acné, nos han demostrado que es un alimento rico en magnesio (que fortalece nuestros músculos y nos aporta energía), en hierro (más incluso que las legumbres) y en antioxidantes (que nos ayuda a prevenir el envejecimiento), o que su alto contenido en ácido oleico nos sirve para reducir el colesterol.
En resumen: el chocolate es un alimento altamente beneficioso siempre que lo consumamos con moderación. Para celebrarlo, vamos a empezar esa tableta.
Fuentes: Castilla la Mancha Tv, Cosmopolitan

Una mala alimentación genera más enfermedades que el sedentarismo, el alcoholismo y el tabaquismo juntos

abril 23, 2015

Si bien el ejercicio regular es clave para evitar enfermedades graves, como la diabetes, patologías del corazón o la demencia, las dietas hipercalóricas son las máximas responsables de la pandemia de obesidad

ABC

exceso-azucar-salud--478x270Es el exceso de azúcar y de carbohidratos en nuestra dieta, y no falta de actividad física, lo que está detrás del aumento de la obesidad. Es hora de terminar con el mito de que el sedentarismo está detrás de la obesidad. Una mala dieta es la única responsable. De esta forma tan controvertida comienza un editorial en el «British Journal of Sports Medicine» que asegura que si bien el ejercicio regular es clave para evitar enfermedades graves, como la diabetes, patologías del corazón o la demencia, nuestras dietas hipercalóricas son las máximas responsables de la pandemia de obesidad.

En los últimos 30 años, en los que la obesidad se ha disparado, ha habido pocos cambios en los niveles de actividad física en la población occidental. Esto, aseguran, señala ineludiblemente a la cantidad de calorías consumidas. Sin embargo, la epidemia de obesidad representa sólo la «punta de un iceberg» mucho más grande sobre las consecuencias adversas para la salud de una mala alimentación. Por ejemplo, de acuerdo con el informe sobre la carga mundial de enfermedades publicado en «The Lancet», la mala alimentación genera ahora más enfermedades que la inactividad física, el alcohol y el tabaquismo juntos. Sin embargo, este es un hecho que pasa desapercibido a los científicos, médicos, periodistas y políticos. En lugar de ello, se ha desatado un mensaje inútil por mantener un «peso saludable» basado en contar las calorías de los alimentos y todavía hoy día muchas personas creen erróneamente que la obesidad se debe enteramente a la falta de ejercicio.

Industria tabaquera

Para los autores de este artículo, A. Malhotr, del Frimley Park Hospital(Gran Bretaña), T. Noakes, de la Universidad de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), y S. Phinney, de Universidad de California-Davis (EE.UU.), esta falsa percepción tiene sus raíces en las campañas de la industria alimentaria que utiliza tácticas muy similares a las de las grandes tabacaleras. Así, al igual que hizo la industria del tabaco cuando se publicaron los primeros vínculos entre el tabaco y el cáncer de pulmón, la maquinaria de la industria ha fabricado mensajes de «negación, duda, confusión».

De dónde provienen las calorías es crucial, señalan; así, las calorías del azúcar promueven el almacenamiento de grasas y el hambre, mientras que las de la grasa inducen plenitud o ‘saciedad’.

Según los autores, un gran análisis publicado en «PLoS ONE» reveló que por cada exceso de 150 calorías de azúcar (por ejemplo una lata de refresco de cola), se producía un aumento de casi 11 veces en la prevalencia de diabetes tipo 2, en comparación con las mismas 150 calorías obtenidas de la grasa o proteína. Y esto es independiente del nivel de actividad física y del peso de la persona.

Y otro trabajo publicado en «Nutrition» concluyó que la restricción de carbohidratos en la dieta es la intervención más eficaz para reducir todas las características del síndrome metabólico y debe ser el primer enfoque en el manejo de la diabetes, con beneficios incluso sin no hay pérdida de peso,

¿Y los carbohidratos? Las razones que se esgrimen señalan que el cuerpo tiene una capacidad limitada para almacenar carbohidratos y que son esenciales para el ejercicio más intenso. Sin embargo, estudios recientes sugieren justo lo contrario. Un trabajo publicado en «British Journal of Sports Medicine» establece que la adaptación crónica a una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos induce altas tasas de oxidación de grasas durante el ejercicio, suficiente para la mayoría de los deportistas en la mayoría de las disciplinas deportivas.

Mejorar entorno alimentario

Por todo ello, argumentan, los mensajes saludables difundidos sobre la industria de la alimentación deben cambiar. Más que decisiones de educación a la población, si mejora el ‘entorno alimentario’, las personas tomarán decisiones individuales más saludables que «tendrán un impacto mucho mayor en la salud de la población que el asesoramiento o la educación. La opción sana debe convertirse en la opción más fácil», dicen.

Y concluyen: «es hora de terminar con los daños causados por la maquinaria de la industria de ‘comida basura’. No se puede correr más rápido que una mala dieta».

 

 

 

¿A qué hora del día es mejor entrenar para perder peso?

marzo 30, 2015

¿Merece la pena madrugar para ir al gimnasio? ¿Hay que desayunar antes de entrenar? Para perder peso, como es habitual en este ajetreado presente, los horarios importan. Resolvemos una de las grandes dudas ‘fitness’: la de cuándo entrenar para adelgazar.

07c812d22160d19172513604b2f034efVanitatis/ El Confidencial, por Marita Alonso
Seguro que lo ha intentado. Minutos antes de caer en los brazos de Morfeo, ha puesto el despertador a las seis de la mañana con la esperanza de ir al gimnasio antes de pasar por la oficina. Seis pitidos incómodos, un manotazo al reloj de turno y dos horas más tarde, el reto fitness del día ha devenido en fracaso. Quizás este estudio haga que la próxima vez que el despertador suene, se ponga las deportivas y se lance al gimnasio. La hora a la que entrena, cuando se trata de perder peso, importa. Lo sentimos. Mucho.

Un estudio belga hizo que un grupo de voluntarios siguiera durante seis semanas una dieta con un 30% más de calorías y un 50% más de grasas de lo habitual. Una parte de los participantes no hizo ejercicio, mientras que otros siguieron una rutina de ejercicio tras desayunar, a media mañana. El tercio restante siguió la misma tabla de ejercicios, pero lo hizo en ayunas, a primera hora de la mañana. El primer grupo, como era de esperar, ganó tres kilos y desarrolló una resistencia a la insulina. El segundo grupo también ganó peso (un kilo y medio) y desarrolló problemas relacionados con la resistencia a la insulina. El tercer sector casi no ganó peso y mantuvo niveles de insulina saludables. Sus cuerpos quemaron más grasa a lo largo del día que el resto de los participantes.

Aunque no es lo mismo perder peso que evitar ganarlo, los resultados señalan que en el caso de que usted sea enemigo de las dietas, e incluso sea dado a festines gastronómicos de forma habitual, hacer ejercicio a primerísima hora es la manera de no ganar peso.

Otro estudio publicado en Medicine & Science in Sports & Exercise midió cómo las mujeres respondían a la comida tras haber entrenado a primera hora. Cuando las 17 participantes, cuyo peso era saludable, así como 18 participantes obesas anduvieron durante 45 minutos, se distrajeron menos al ser mostradas imágenes de comida que cuando no habían hecho ejercicio físico alguno. A lo largo del día, hicieron más ejercicio del habitual tras haber entrenado. El ejercicio a primera hora activa el metabolismo, por lo que quemamos más calorías a lo largo de la jornada y lo hacemos cuando estamos activos, no durante la noche, que es lo que suele ocurrir.

Pero que conste que hacer ejercicio tarde tiene también sus ventajas, como que el entrenamiento se encara con mayor energía. Como la temperatura corporal se incrementa a final del día, también lo hace la actividad enzimática. Un estudio publicado en Chronobiology International en 2010 determinó que la franja horaria a la que más rinde nuestro cuerpo en el gimnasio se comprende entre las dos y las seis de la tarde.

Cuando esta noche ponga su despertador a las seis de la mañana y se mentalice de que ir al gimnasio a primera hora será clave para perder peso, aquí tiene un dato que quizás le haga más llevadero pasar por semejante tortura: entrenar en ayunas no es necesario… si usted considera que un café cuenta como desayuno.

Un estudio español publicado en el International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism señaló que los atletas que ingirieron cafeína antes de entrenar quemaron alrededor de un 15% más de calorías las tres horas posteriores al ejercicio que los participantes que ingirieron placebo. La cafeína es un estimulante natural que acelera el metabolismo y la cantidad de adredalina en la sangre. Tomar café antes de entrenar no solo le ayudará a entrenar más fuerte, sino que hará que consuma calorías durante las tres horas siguientes al entrenamiento.

Así que ya lo sabe: un buen madrugón y un café son las mejores bazas para bajar una talla. Al fin y al cabo, nadie dijo que obtener resultados fuera una tarea fácil.

Embarazo tras la cirugía de la obesidad: pros y contras

marzo 4, 2015

· Las mujeres que gestan tras esta intervención tienen menos riesgo de diabetes gestacional
· Pero también presentan más posibilidades de tener hijos pequeños para su edad
· Además, se ha observado una posibilidad de incremento de la mortalidad de los bebés

El Mundo, por Ainhoa Iriberri

embarazo tras cirugía de obesidad, foto El MundoConseguir un embarazo tras una operación de cirugía bariátrica para perder peso tiene pros, pero también contras. Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine afirma que las mujeres que gestan tras este tipo de operación tienen menos riesgo de padecer diabetes gestacional y de dar a luz niños con exceso de peso pero, a cambio, aumentan las posibilidades de tener hijos pequeños para su edad gestacional y se observa una posibilidad de incremento de la mortalidad.

Para el jefe de Sección de Endocrinología y Nutrición del Hospital Clínico San Carlos, Miguel Ángel Rubio, esto tiene una clara lectura: ninguna mujer obesa debe someterse a cirugía bariátrica solo por mejorar su pronóstico de embarazo y solo ha de hacerlo si cumple con las indicaciones establecidas para entrar en quirófano: un índice de masa corporal (IMC) de más de 40 (o más de 35 si se acompaña de alguna comorbilidad asociada, como hipertensión), una estabilidad psicológica contrastada, haber intentado previamente perder peso sin éxito con dieta y ejercicio y no presentar otra enfermedad grave al mismo tiempo, como insuficiencia hepática.

Los investigadores dirigidos por Martin Neovious, del Karolinska Institutet de Suecia pretendieron con su trabajo contestar a una pregunta aún no respondida: qué impacto tenía la cirugía de la obesidad en las futuras madres. Para ello, compararon el embarazo de las 670 mujeres en este grupo que habían sido madres entre 2006 y 2011 con el de las 627.000 que habían dado a luz sin haberse operado por no tener necesidad de hacerlo.

Los datos fueron concluyentes. Un 6,8% de pacientes no operadas padeció diabetes gestacional frente al 1,9% de las que sí habían pasado por quirófano. Un 22,4% de las primeras dieron a luz niños grandes para su edad gestacional, frente al 8,6% del segundo grupo pero las cosas cambiaban en el porcentaje de niños de bajo peso para su edad en el vientre: nacieron así un 15,6% de los hijos de obesas operadas frente a un 7,6% del grupo control. El riesgo de dar a luz a un niño muerto o que muriera en el parto fue de 1,7% en el grupo de las operadas frente a un 0,7% en el otro.

Rubio, que acaba de publicar un trabajo similar en la revista Obesity Surgery, reconoce sus resultados en los del estudio sueco. Como en este, su serie de 112 obesas embarazadas tras operarse, tuvieron más niños pequeños para su edad gestacional y menos diabetes de este tipo. Y también se observó una tendencia, no estadísticamente significativa, a un mayor porcentaje de muerte fetal.

Por esta razón, el experto resalta la importancia de operarse “solo si es necesario”, aunque destaca la seguridad de la cirugía bariátrica “sobre todo desde que se hace con laparoscopia”.

Además, recuerda que los endocrinos recomiendan esperar un año a las mujeres operadas para quedarse embarazadas, algo que no siempre se cumple, muchas veces por descuido de las propias pacientes.