Crononutrición: ¿cenar tarde influye en el peso?

Todo el patrón horarios diario de comidas puede influir en la obesidad y tener efectos negativos sobre la salud, según una serie de estudios.

Clarín

Cada vez más estudios ponen el acento no sólo en lo que se come -aspecto fundamental de una buena nutrición- si no en cuándo, es decir, en qué momentos y en qué rango horario las personas realizan sus ingestas. En ese sentido, una serie de trabajos realizados en los últimos años por un equipo de investigadores de la Universidad de Murcia (UMU), en España, concluyeron que comer y cenar tarde y el uso de pantallas antes de dormir inciden directamente sobre los índices de grasa corporal y marcan el ritmo de pérdida de grasa en un proceso de adelgazamiento, además de aumentar los riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Los ensayos fueron liderados por la catedátrica de Fisiología Marta Garaulet y sus resultados fueron publicados en el transcurso del año en seis artículos publicados en las principales revistas científicas dedicadas a la nutrición en Europa y Estados Unidos.

Los estudios van desgranando los porqués del efecto de las horas de ingesta de alimentos; un camino empezado en el año 2013 con la publicación de los resultados de un estudio que abrió en todo el mundo el camino a la investigación en la crononutrición.

Aquel primer estudio, publicado en la International Journal of Obesity, y que se convirtió en uno de los más citados en su campo en el mundo, demostraba que comer después de las tres de la tarde ralentizaba el proceso de pérdida de peso.

Las investigaciones posteriores en esta línea seguida por Garaulet acaban de demostrar, en un artículo publicado en la American Journal of Clinical Nutrition, que no solo la hora tardía del almuerzo influye, sino que es todo el patrón horarios diario de comidas el que es determinante como causa de obesidad y que tiene efectos negativos sobre la salud.

El estudio, que implicó a 3.660 adultos (la mayoría mujeres, con una mediana de edad de 41 años), demostró que quienes tienen un punto medio de ingesta tardío tienen un índice de masa corporal (IMC) más alto ( el IMC define los parámetros de delgadez, sobrepeso y obesidad), tienen los triglicéridos más elevados y presentan una mayor resistencia a la insulina; factores que determinan un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

¿Y qué es el punto medio de ingesta? Es el resultado del número de horas desde el inicio del desayuno hasta el de la cena, dividido entre dos y sumado a la hora del desayuno. Por ejemplo: una persona que desayuna a las 7.00 y cena a las 20.30 horas tendrá un punto medio de ingesta a las 13.30 horas. En otro caso, una persona que desayune a las 10.00 y cene a las 23.00 tendrá su punto medio de ingesta a las 16.30.

Este último estudio de Garaulet concluyó que cada hora de retraso de ese punto medio de ingesta implica un kilo menos de pérdida de peso en un proceso de 19 semanas de tratamiento.

El estudio del comportamiento de las personas voluntarias de este ensayo también estableció que los comedores tardíos tienden a comer más cuando están estresados, que lo hacen principalmente por la noche, de forma compulsiva, mientras ven la televisión, y que presentan menos motivación para cuidarse.

“Estos resultados deberían ayudar a diseñar terapias específicas para comedores tardíos, ayudarlos principalmente a controlar el estrés y establecer rutinas que mejoren sus hábitos”, explica Garaulet.

La razón metabólica de por qué la hora de las ingestas influye tanto se encontró en una enzima que ayuda al cuerpo a quemar grasa, y cuya máxima actividad es por la noche. Cuando cenamos tarde, la actividad de esta enzima disminuye a la tercera parte.

Se trata de la Lipasa Sensible a Hormonas (LSH), cuya actividad va cambiando a lo largo del día y que cuanto más rinde es a medianoche. Una cena tardía confunde a esta enzima, que entiende que no tiene que movilizar la grasa.

Este estudio del equipo de Marta Garaulet junto con el doctor Juan Antonio Luján, del hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, contó con la colaboración de investigadores de Harvard, del Instituto Karolinska de Estocolmo y de la Universidad de Granada.

Las investigaciones concluyen en que la hora apropiada para cenar es 2,5 horas antes de irse a dormir, ya que cenar más tarde de esa hora supone, además de una mayor propensión a la obesidad, un aumento de los valores de glucosa en sangre.

En este sentido, se demostró que esto ocurre en personas con un polimorfismo específico en el receptor de la melatonina, que se da en la mitad de la población.

Comer tarde y con pantallas puede tener impacto negativo en la salud. Imagen ilustrativa Shutterstock.

Comer tarde y con pantallas puede tener impacto negativo en la salud. Imagen ilustrativa Shutterstock.

A qué hora deben cenar los más chicos

La hora de las ingestas no tiene solo influencia en los adultos, sino que también es un problema que se presenta en niños y niñas. En este sentido, un estudio realizado chicos de entre 8 y 12 años, y publicado en Nutrition, permite concluir que aquellos que cenan después de las 20.45 horas presentan el doble de obesidad que los que cenan antes porque gastan menos energía en la metabolización de los alimentos de la cena.

Además, la investigación demostró que la inflamación es 1,8 veces mayor en los niños que cenan más tarde, en comparación con aquellos que comen más temprano, lo que influye en valores más altos de la proteína C Reactiva (PCR), un marcador de riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares en el futuro.

En los menores es también de vital importancia la hora del sueño y, especialmente, los hábitos que tienen antes de irse a dormir. Otro estudio, también con chicos de la misma franja de edad, arroja resultados que indican que quienes presentan un cronotipo vespertino, es decir, que se mantienen activos en las últimas horas del día, suelen estar expuestos a más luz de pantallas antes de ir a la cama que el resto, hasta más de 50 lux, lo es equivalente a tener cincuenta velas encendidas a la vez cerca del rostro.

Estos hábitos pueden retrasar la activación de la melatonina, hormona de la noche, hasta tres horas, con lo que se retrasa el centro del sueño y los niños se despiertan en pleno sueño restaurador. ¿El impacto? Rinden menos en la escuela, tienen peor capacidad de concentración y suelen tener más bajas calificaciones.

Los resultados negativos también se observan en adultos jóvenes en un estudio realizado entre individuos de 19 y 23 años de la Región de Murcia y México (publicado en Clinical Nutrition). Este estudio demostró que quienes tienen un cronotipo vespertino presentan triglicéridos más altos y riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Un estudio revela que los niveles altos de azúcar en sangre elevan la mortalidad del coronavirus

As, por Raul Izquierdo

El Hospital Regional Universitario de Málaga y el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga analizan la influencia de tener niveles altos de azúcar respecto al coronavirus.

Casi un año ha pasado desde que se detectara el primer caso oficial de la pandemia del coronavirus, pero muchas siguen siendo las incógnitas alrededor del SARS-CoV-2. Una de ellas ha sido resuelta por investigadores del Hospital Regional Universitario de Málaga y el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA).

Los niveles de azúcar en sangre también juegan un papel importante en las personas contagiadas por el patógeno. En su caso, según el estudio publicado en la revista científica Annals of Medicine, la tasa de mortalidad se eleva en aquellos pacientes que padecen hiperglucemia.

En el estudio se analizan muestras de 11.313 pacientes que fueron contagiados de coronavirus durante la primera ola de la pandemia en España, según han informado en un comunicado. Los pacientes fueron divididos en tres grupos, en función del grado de glucosa libre en sangre en el momento de recibir el alta.

Después de analizar todos los resultados, el equipo de investigadores llegó a la conclusión de que la tasa de mortalidad llegaba hasta un 41,1% en las personas que tenían hiperglucemia, con más de 180 miligramos por decilitro. Por contra, esta tasa bajaba hasta el 15% en aquellos que presentaban mucha menos azúcar en la sangre.

Por tanto, los investigadores destacan que la hiperglucemia supone otro factor de riesgo a tener en cuenta en la lucha contra el coronavirus, independientemente de la convivencia con otras enfermedades o la edad de los afectados.

Causas que aumentan el riesgo

El hecho de tener más azúcar en la sangre supone un mayor riesgo para los pacientes por varios motivos. El primero de ellos, destacan los investigadores, es que el páncreas, al ser el órgano que produce la insulina, facilita que el virus se quede en las células y las infecte.

Otra de las causas que eleva de forma considerable la tasa de mortalidad es la presencia en el organismo de otras infecciones virales, así como otras patologías que incrementan la presencia de azúcar en la sangre de forma puntual.

El jefe del servicio de Medicina Interna del hospital encargado del estudio, Ricardo Gómez Huelgas, señala que “el propio virus genera un estrés que hace que el organismo se asegure de disponer de reservar de energía incrementando el nivel de azúcar en sangre, algo contraproducente en caso de que la persona se infecte por la COVID-19″. Además, el facultativo destaca que esto se incrementa en las personas que padecen diabetes, pues parten en una situación de empeoramiento de salida.

Que la diabetes no te robe la maternidad

Por Pedro F. Frisneda/El Diario Nueva York
Una mujer que padece diabetes, pero que está correctamente atendida, puede dar a luz a un hijo completamente sano.

Embarazo y diabetesLa diabetes es una enfermedad tan común entre las mujeres latinas, que seguramente muchas quienes la padecen en estos momentos se están haciendo la misma pregunta que, hace muchos años, se planteó la jueza de la Corte Suprema de Justicia, Sonia Sotomayor: ¿Puedo o no salir embarazada?

Según revela la magistrada de origen puertorriqueño en su nuevo libro de memorias “My Beloved World“, la diabetes tipo 1, que le fue diagnosticada a los ocho años, jugó un papel primordial en su decisión de no tener hijos. Su eterna batalla contra este mal hizo que Sotomayor tuviera temor a morir prematuramente, razón por la cual evitó un embarazo y hasta adoptar.

Este es el mismo miedo que agobia a Grizelle Medina, una neoyorquina de El Bronx de origen puertorriqueño, quien fue diagnosticada hace un par de años con diabetes tipo 1, la misma que padece Sotomayor.

“Yo he pensado en tener hijos, pero me da mucho temor, porque sé los riesgos que existen. Mi madre, que tiene diabetes, casi muere cuando me parió y yo casi muero también. Eso me asusta demasiado”, comenta la estudiante universitaria de 20 años.

“Sé que va a ser muy difícil y duro. Voy a tener que llevar una dieta muy estricta y estar bajo control. Además, probablemente voy a tener una cesárea, y yo preferiría parir naturalmente”, dice la joven.

Sí se puede concebir

Si bien sufrir de diabetes implica riesgos para las mujeres embarazadas y sus hijos, la enfermedad, si está bien controlada, no debería impedir que se dé a luz a un bebé completamente normal y sano. Esto se debe, según coincide un panel de expertos consultados por El DIARIO/LA PRENSA, a los logros de la medicina moderna.

“Los avances en las investigaciones y tratamientos han hecho posible para las mujeres con diabetes juvenil (tipo 1), tener embarazos exitosos, con pocos riesgos para los bebés y sin complicaciones para ellas”, afirma el doctor Ray Mercado, director del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Lincoln Hospital, en El Bronx.

“Pero esos embarazos exitosos requieren de planeación con mucha anterioridad y consultas continuas con un obstetra por parte de la madre, quien debe tener un control excepcionalmente bueno del azúcar en la sangre antes de la concepción”, acota Mercado.

La doctora Regina Castro, endocrinóloga y profesora de medicina de Mayo Clinic, sugiere que se sigan los consejos que da la Asociación Americana de la Diabetes a toda mujer diabética en edad reproductiva o desde la pubertad.

“Hay muchas diferencias en el manejo de la diabetes ahora de como se hacía hace 20 o 30 años (…) Las embarazadas son vistas por un equipo multidisciplinario integrado por su médico, un dietista y un educador en diabetes. Además, deben adherirse a un plan de ejercicios y nutrición”, señala Castro.

La especialista recomienda a toda mujer con diabetes, hacerse una prueba de laboratorio “simple” para chequear los niveles de la proteína ‘hemoglobina glicosilada (o glucosilada)’, antes de salir embarazada. Este examen, asegura, puede indicar cómo ha estado su glucosa en los últimos tres meses.

“Los niveles de azúcar deben estar tan cercanos como sea posible a lo normal. Consideramos un control óptimo de la hemoglobina glicosilada cuando está por debajo del 7%”, explica Castro.

Aunque estos números y términos médicos confunden a cualquiera, para Verónica Medina suenan muy familiares. Ella ha tenido diabetes desde los 14 años, y va por su segundo embarazo.

“En mi primer embarazo estuve bajo la evaluación de muchos doctores; mi ginecólogo y mi nutricionista me chequeaban muy de cerca cada dos semanas. Me hacían ultrasonidos con frecuencia para asegurarse de que el bebé estaba bien”, recuerda Medina, una neoyorquina de origen puertorriqueño y residente de El Bronx, quien tuvo una niña sana que ahora tiene seis años.

“Estaba bajo una dieta estricta y usaba permanentemente mi bomba de insulina para mantener mi azúcar bajo control. Durante el segundo embarazo estoy haciendo exactamente lo mismo”, añade la madre de 37 años, quien actualmente tiene seis meses y medio de gestación.

Aunque todas las mujeres latinas están en gran riesgo de sufrir diabetes, la enfermedad afecta principalmente a las hispanas de origen puertorriqueño, mexicano y cubano.

Tres meses críticos

Los especialistas consultados aseguran que el tiempo más crítico durante el embarazo de la mujer diabética son los primeros tres meses, debido a que es en ese período cuando se forman la mayoría de los órganos del feto.

“Si la madre no se controla durante ese tiempo, el bebé puede sufrir defectos congénitos, porque órganos como el corazón se están formando y el azúcar elevada daña esos órganos”, indica la doctora Rubina Heptulla, jefe de la División de Endocrinología Pediátrica y Diabetes del Hospital de Niños Montefiore, en El Bronx.

El doctor Gunter Gómez, médico residente del Lincoln Hospital, también advierte sobre ese peligro. “Al controlar el azúcar evitamos que el bebé venga con problemas cromosómicos o con malformaciones en el sistema nervioso central, que afecta principalmente las extremidades inferiores, el sistema cardíaco, el cardiopulmonar, y genera problemas renales, entre otros”.

El riesgo de la cesárea

A diferencia de lo que muchos creen, no todas la mujeres diabéticas paren a sus hijos por cesárea. Sin embargo, para dar a luz de forma natural (vía vaginal), deben mantener durante todo el embarazo el mismo control que tuvieron los primeros tres meses de gestación.

“Si el azúcar de la sangre no está en control, el bebé puede crecer mucho, algo que se conoce como macrosomía, que puede llevar a complicaciones durante el parto”, señala Heptulla.

“El azúcar alto de la madre va a causar mayor producción de insulina en el feto, y esa insulina produce depósitos de grasa, por lo que el bebé puede engordar. Algunas veces, es tan grande que sus hombros no puede salir y por eso las embarazadas con diabetes tienen altos índices de partos por cesárea”, añade Heptulla.

Aunque algunos niños muy grandes nacen vía vaginal, la doctora Castro explica que durante el alumbramiento se le pueden causar traumas al bebé, como la distocia, así como daños a los nervios de sus hombros.

“También existe el riesgo de que esos niños muy grandes durante el embarazo sufran de sobrepeso u obesidad y desarrollen diabetes en un futuro”, apunta Castro.

A las mujeres más jóvenes como Grizelle (con la cual no tiene ningún parentesco), Verónica les sugiere no tener miedo. “Es muy normal estar asustada por tu propia salud y la del niño, porque ambos están en riesgo, pero si salir embarazada es algo que tú realmente deseas, con el control apropiado y la ayuda médica adecuada, puedes tener un parto exitoso”.

El sobrepeso nos envejece el corazón

Saber Vivir, TVE1

Llega el momento de hacerle frente a la báscula. Después de semanas de comidas copiosas el organismo pide un respiro.

Patricia Jiménez que hace meses había acudido al Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) para solucionar el tema de su obesidad, ha vuelto después de las Navidades para que los especialistas le “dictaminen” la sentencia.  De los 23 kilos que había perdido, ha cogido algo más de un kilito. “No es tanto, dentro de los excesos que todos sufrimos en estas fechas está bastante bien”, concluye Rubén Bravo, especialista en Nutrición de IMEO. “

Cada español suele aumentar entre dos y cinco kilos, una carga que normalmente aumenta el volumen de las zonas de siempre, las que podemos llamar zonas rebeldes. Normalmente en  mujeres suele ser de cintura para abajo, en glúteos, y en los hombres acostumbra aparecer en la zona del abdomen la grasa visceral. “El problema no es que la ropa se nos quede pequeña, sino el daño que le podemos causar a cada uno de los órganos vitales, ya sea al corazón, al hígado, al páncreas o a la vesícula biliar”, advierte Bravo.  A veces nos dejamos llevar y nos pasamos con la comida y no nos damos cuenta que a la larga esto puede aumentar nuestro riesgo cardiovascular, ser “el culpable” de una tendencia de hígado graso, o una resistencia a la insulina que en poco tiempo nos puede saltar en una diabetes tipo 2. Por todo esto, es esencial mantenernos en un peso saludable. Así no tendremos problemas de rodilla a causa del sobrepeso, ni dificultad con la respiración a la hora de subir escaleras.

“Antes, cuando pesaba veinte kilos de más por encima de su peso ideal, el corazón de Patricia tenía una edad de 32 años, estaba más envejecido por el esfuerzo que estaba haciendo por el exceso de peso que tenía”, subraya el especialista de IMEO. En cambio, ahora después de haber bajado casi 25 kilos, la edad de su corazón es de 25 años.  Teniendo 27 años de edad, su corazón está muy joven.