Obesógenos: ¿son el mayor enemigo de las dietas de adelgazamiento?

Perder peso puede ser una tarea complicada y frustrante para algunas personas, sobre todo si en su camino se cruzan estas sustancias químicas que impiden adelgazar sea cual sea la alimentación

El Confidencial, por Verónica Mollejo

Mujer en una báscula. (iStock)

A pesar de llevar sumo cuidado a la hora de escoger los alimentos y productos que forman parte de nuestra rutina diaria, es habitual toparnos de manera inesperada con ciertos compuestos que tienen un efecto negativo sobre el metabolismo y que interfieren en el funcionamiento de las hormonas del cuerpo, perturbando así todo el sistema. Una de estas sustancias químicas son los obesógenos, responsables de promover la obesidad tanto en humanos como en animales y presentes en la contaminación del aire, algunos pesticidas, el humo de los cigarros o la alimentación, entre otros.

Un enemigo a batir

En 2010, un grupo de científicos publicó un estudio en el que se relacionaba el aumento de peso de ciertas poblaciones de animales con la influencia de los humanos con los que convivían. Entre las razones de este incremento se barajaron el sedentarismo, una mala alimentación o un ambiente perjudicial para dichas criaturas. Sin embargo, tras meses de investigación, descubrieron que todos ellos vivían en un ambiente controlado, con una dieta constante y unos hábitos de vida inalterables. Fue entonces cuando aparecieron en escena los obesógenos.

Foto: iStock.
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“La teoría de los obesógenos considera que hay ciertas sustancias en los envases alimenticios que son los responsables de la estimulación y proliferación en el organismo de las células grasas llamadas adipocitos y que como en la sociedad actual muchos alimentos están envasados, todos estamos expuestos a ellos”, explican desde el Instituto Médico Europeo de Obesidad. Bajo esta premisa, son muchos los expertos en la materia que han comprobado el vínculo entre el aumento de agentes químicos ambientales y el aumento de la obesidad. Una epidemia social que solo en España se traduce en un 53% de la población por encima de su peso, un 36% con sobrepeso y un 17% con obesidad diagnosticada.

Sin embargo, es importante aclarar que los obesógenos no provocan directamente ese aumento de peso. Su función es potenciar la sensibilidad de nuestro cuerpo ante esa tendencia, especialmente durante los primeros años de vida. Tal y como explica Sanitas, compañía aseguradora y proveedora de servicios de salud, su modus operandi se basa en tres procedimientos igual de problemáticos para el ser humano:

  • Elevar la capacidad de almacenamiento de grasa de nuestro cuerpo y multiplicar a la vez el número de células de grasa.
  • Modificar la manera en la que el organismo regula las sensaciones de hambre y saciedad, o incrementar los efectos de las dietas altas en azúcar y otras sustancias perjudiciales.
  • Transformar la cantidad de calorías consumidas, lo que altera el equilibrio energético a favor del almacenamiento de grasa.
Foto: iStock.
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“A pesar de las pruebas científicas que avalan esta influencia en tejidos y animales, todavía existen muy pocos datos de estudios en humanos que permitan establecer definitivamente su papel como obesógenos“, concluye una investigación realizada por expertos de la Universidad de Vigo. Aun así, es importante tener en cuenta su radio de actuación para evitar posibles riesgos. A día de hoy, ¿dónde habitan los temidos obesógenos?

¿Dónde están y cómo podemos evitarlos?

Foto: iStock.
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Como ya hemos visto anteriormente, los obesógenos no solo forman parte de la alimentación. Una de estas sustancias, el bisfenol A, se utiliza mucho en productos industriales y de consumo como, por ejemplo, los envases de plástico. Un objeto de uso diario que también incluye ftalatos en su composición, además de en juguetes, detergentes y productos de cosmética, higiene personal y limpieza del hogar. “Se considera que la exposición a niveles inadecuados y en momentos del desarrollo, sobre todo en la etapa fetal y la infancia, influyen en la obesidad y la diabetes”, alerta Sanitas en relación a ambos compuestos sintéticos.

Los parabenos, muy presentes en los productos de cuidado personal, también forman parte de este grupo. Se trata de una sustancia química con propiedades similares a los estrógenos, una hormona asociada al aumento de peso. Los obesógenos cierran el círculo con otras dos sustancias igual de perjudiciales: el tributilestaño, un agente contaminante que se emplea en los sistemas de conducción de agua o como fungicida de los alimentos; y los pesticidas organoclorados, que, a pesar de haber sido prohibidos, todavía se detectan en la población y encuentran su peor versión en los alimentos ricos en grasas animales.

En España, un 53% de la población está por encima de su peso y un 17% tiene obesidad diagnosticada

En base a estos hallazgos, los expertos “sugieren recomendaciones específicas para reducir la exposición a los obesógenos, como elegir alimentos frescos sobre productos procesados con listas largas de ingredientes en la etiqueta -cuanto más larga es la lista, es más probable que el producto contenga obesógenos- y comprar frutas y verduras producidas sin pesticidas, como productos certificados orgánicos o locales libres de pesticidas”, aconsejan desde la Clínica Cisem.

Asimismo, resulta fundamental reducir al máximo la ingesta de carnes, las bebidas que vengan en envases de plástico, el agua embotellada, no utilizar plásticos en el microondas o recurrir exclusivamente a sartenes de cerámica. De esta forma, la posibilidad de reducir los riesgos y la acción de los obesógenos sobre nuestro organismo será mucho mayor.

Embarazo tras la cirugía de la obesidad: pros y contras

· Las mujeres que gestan tras esta intervención tienen menos riesgo de diabetes gestacional
· Pero también presentan más posibilidades de tener hijos pequeños para su edad
· Además, se ha observado una posibilidad de incremento de la mortalidad de los bebés

El Mundo, por Ainhoa Iriberri

embarazo tras cirugía de obesidad, foto El MundoConseguir un embarazo tras una operación de cirugía bariátrica para perder peso tiene pros, pero también contras. Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine afirma que las mujeres que gestan tras este tipo de operación tienen menos riesgo de padecer diabetes gestacional y de dar a luz niños con exceso de peso pero, a cambio, aumentan las posibilidades de tener hijos pequeños para su edad gestacional y se observa una posibilidad de incremento de la mortalidad.

Para el jefe de Sección de Endocrinología y Nutrición del Hospital Clínico San Carlos, Miguel Ángel Rubio, esto tiene una clara lectura: ninguna mujer obesa debe someterse a cirugía bariátrica solo por mejorar su pronóstico de embarazo y solo ha de hacerlo si cumple con las indicaciones establecidas para entrar en quirófano: un índice de masa corporal (IMC) de más de 40 (o más de 35 si se acompaña de alguna comorbilidad asociada, como hipertensión), una estabilidad psicológica contrastada, haber intentado previamente perder peso sin éxito con dieta y ejercicio y no presentar otra enfermedad grave al mismo tiempo, como insuficiencia hepática.

Los investigadores dirigidos por Martin Neovious, del Karolinska Institutet de Suecia pretendieron con su trabajo contestar a una pregunta aún no respondida: qué impacto tenía la cirugía de la obesidad en las futuras madres. Para ello, compararon el embarazo de las 670 mujeres en este grupo que habían sido madres entre 2006 y 2011 con el de las 627.000 que habían dado a luz sin haberse operado por no tener necesidad de hacerlo.

Los datos fueron concluyentes. Un 6,8% de pacientes no operadas padeció diabetes gestacional frente al 1,9% de las que sí habían pasado por quirófano. Un 22,4% de las primeras dieron a luz niños grandes para su edad gestacional, frente al 8,6% del segundo grupo pero las cosas cambiaban en el porcentaje de niños de bajo peso para su edad en el vientre: nacieron así un 15,6% de los hijos de obesas operadas frente a un 7,6% del grupo control. El riesgo de dar a luz a un niño muerto o que muriera en el parto fue de 1,7% en el grupo de las operadas frente a un 0,7% en el otro.

Rubio, que acaba de publicar un trabajo similar en la revista Obesity Surgery, reconoce sus resultados en los del estudio sueco. Como en este, su serie de 112 obesas embarazadas tras operarse, tuvieron más niños pequeños para su edad gestacional y menos diabetes de este tipo. Y también se observó una tendencia, no estadísticamente significativa, a un mayor porcentaje de muerte fetal.

Por esta razón, el experto resalta la importancia de operarse “solo si es necesario”, aunque destaca la seguridad de la cirugía bariátrica “sobre todo desde que se hace con laparoscopia”.

Además, recuerda que los endocrinos recomiendan esperar un año a las mujeres operadas para quedarse embarazadas, algo que no siempre se cumple, muchas veces por descuido de las propias pacientes.

Las mujeres que fuman durante el embarazo aumentan el riesgo de obesidad en sus hijas

Las mujeres que fuman durante el embarazo aumentan el riesgo de obesidad y diabetes gestacional en sus hijas, según concluye un estudio publicado en ´Diabetologia´, realizado por la doctora Kristina Mattsson, de la Universidad de Lund, Suecia, y colegas como el doctor Matthew Longnecker, del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental de los Institutos norteamericanos de Salud, en Carolina del Norte, Estados Unidos.

El semanal digital

tabaquismo, foto EFELas mujeres que fuman durante el embarazo aumentan el riesgo de obesidad y diabetes gestacional en sus hijas, según concluye un estudio publicado en ´Diabetologia´, realizado por la doctora Kristina Mattsson, de la Universidad de Lund, Suecia, y colegas como el doctor Matthew Longnecker, del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental de los Institutos norteamericanos de Salud, en Carolina del Norte, Estados Unidos.

Aunque la relación entre la exposición prenatal al tabaco a resultados negativos en la infancia ha sido muy estudiada, los informes sobre los posibles efectos adversos que persisten hasta la edad adulta son más escasos y los resultados, inconsistentes. En este estudio con datos del Registro Médico de Nacimientos Sueco, los autores investigaron la relación entre una mujer que fuma durante el embarazo y las posibilidades de que su hija desarrollara diabetes gestacional y obesidad.

Se tomaron datos de mujeres que nacieron en 1982 (cuando se empezaron a registrar datos de fumadores) o después y que habían dado a luz al menos un hijo, por lo que se incluyeron 80.189 embarazos. Los datos sobre el comportamiento del tabaquismo materno en el registro sueco se clasifican en: no fumadores, fumadores moderados (1-9 cigarrillos/día) y fumadores empedernidos (> 9 cigarrillos/día).

Entre las hijas estudiadas, 7.300 fueron obesas y 291 desarrollaron posteriormente diabetes gestacional cuando ellas mismas estaban embarazadas. El riesgo de la diabetes gestacional se incrementó en un 62 por ciento entre las mujeres (hijas) que fueron moderadamente expuestas al tabaco en el útero y el 52 por ciento entre las mujeres que fueron expuestas al tabaco en gran medida.

Las moderadamente expuestas fueron un 36 por ciento más propensas a ser obesas y las que estuvieron muy expuestas registraron un 58 por ciento más de probabilidades de tener obesidad. Las asociaciones se mantuvieron tras ajustar los resultados por edad, paridad, índice de masa corporal, tipo de parto, edad gestacional y el peso al nacer.

Los autores sugieren que posibles mecanismos detrás de estas asociaciones pueden ser alteraciones en la regulación del apetito y la saciedad, que se ha encontrado en estudios con animales. Otros efectos reportados de la exposición prenatal a la nicotina incluyen una mayor tasa de muerte de las células beta productoras de insulina en el páncreas y el aumento de la expresión de genes de factores de transcripción que desencadenan la formación de las células de grasa (diferenciación de los adipocitos), que podrían estar involucradas en el desarrollo de la diabetes y la obesidad, respectivamente.

Además, los autores añaden que los datos recientes muestran cambios epigenéticos en la descendencia de madres fumadoras (es decir, el hecho de fumar provoca cambios en la expresión de genes en el feto que pueden predisponer a la obesidad o la diabetes más adelante). Advierten, sin embargo, que las diferencias no medidas en la dieta u otros factores entre las familias con y sin fumadores podían explicar las asociaciones observadas.

Un estudio muestra que la obesidad afecta al desarrollo del cerebro de los fetos

Aconsejan a las embarazadas llevar una vida más saludable para disminuir el riesgo para sus hijos

Un estudio llevado a cabo por investigadores del Mother Infant Research Institute (MIRI, por sus sigla en inglés) de Boston (Estados Unidos), ha mostrado que la obesidad afecta al desarrollo del cerebro de los fetos. Los resultados serán presentados el próximo 15 de febrero en la reunión anual de Medicina Materno-Fetal de California.

Noticias Cuatro

La obesidad afecta el desarrollo del cerebro de los fetosConcretamente, tras analizar el desarrollo fetal de 16 embarazadas, los investigadores han descubierto que en el segundo trimestre de gestación los fetos de las mujeres obesas tienen diferencias en la expresión génica, en comparación con los fetos de las mujeres con peso saludable.

Durante la gestación se produce la apoptosis, un proceso de desarrollo de la muerte celular programada y una parte importante del desarrollo neurológico fetal anormal. Sin embargo, los fetos de las mujeres obesas sufren una disminución de la apoptosis.

No obstante, los expertos han reconocido que es “demasiado pronto” para conocer las implicaciones de estos hallazgos aunque han destacado la necesidad de que se realicen más estudios de expresión génica con el fin de dilucidar los posibles mecanismos que intervienen en la alteración del neurodesarrollo postnatal en los niños de madres obesas.

Ahora bien, los investigadores han confiado en que sus conclusiones y los datos futuros empujen a las mujeres que quieren quedarse embarazadas a tener una vida más saludable con el fin de disminuir el riesgo para sus hijos.

Bisabuelas pueden ser responsables de la obesidad

Tóxicos a los que se expusieron nos hacen más susceptibles a enfermedades

Por BBC Mundo / elnuevodia.com

obesity.jpg_thinstockNo importa qué tan sana sea la vida que llevamos, los tóxicos medioambientales a los que se expusieron nuestras madres, abuelas e incluso bisabuelas durante el embarazo pueden influir en las enfermedades que desarrollemos.

Investigadores de la Universidad de Washington se dieron a la tarea de hacer una lista de químicos que encontramos a diario en el ambiente y que, debido a la epigenética, causan enfermedades generaciones después.

Dos trabajos liderados por el biólogo molecular Michael Skinner, publicados por separado en PLOS ONE y Reproductive Toxicology, indican que la exposición a plastificadores -presentes en botellas de plástico- y a hidrocarburos -como el combustible de aeronaves-, pueden ser una causa de obesidad tres generaciones más tarde.

También pueden influir en el desarrollo de enfermedades de riñón, próstata, testículos y ovarios, así como en anormalidades relacionadas a la pubertad.

“Es la primera vez que probamos estas dos exposiciones medioambientales y descubrimos que los dos (químicos) promueven enfermedades transgeneracionales”, le explicó Skinner a BBC Mundo.

Este fenómeno se debe a la “herencia transgeneracional epigenética”. Al mismo tiempo que los animales (incluidos los humanos) heredan características de las secuencias de ADN de sus padres, también tienen una herencia epigenética con la activación o desactivación de algunos genes.

Ni los hijos ni los nietos… los bisnietos

El especialista señaló que muchas de estas enfermedades sólo aparecieron tres generaciones más tarde. “Es interesante ver cómo estas dolencias no se manifestaron en la generación F1, que serían los hijos, sino en la de los bisnietos”.

“(El estudio hecho en ratones) sugiere que una exposición ancestral de tus abuelos y bisabuelos puede aumentar tu susceptibilidad a desarrollar obesidad”. Esto incluye aumento de peso, y una gran cantidad de acumulación de grasa en la zona del abdomen.

Si dos personas -una con tendencia a sobrepeso y otra no- llevan la misma dieta y realizan la misma cantidad de ejercicio, la que es más susceptible a ganar peso podría desarrollar obesidad, al contrario de la otra.

“Lo que pasa con la exposición de nuestros ancestros a estos tóxicos es que aumenta la susceptibilidad. Si sabes que eres susceptible a ganar peso, podrás tomar medidas para no ser obeso”, aclara Skinner.

Según los expertos, el período más sensible para la exposición es durante la formación del feto. “Cuando se está formando en masculino o femenino es cuando hay más sensibilidad a ser reprogramado. Esto es un fenómeno epigenético”, aclara Skinner.

Estas enfermedades se evidencian tres generaciones más tarde debido a que permanentemente cambiamos las células germinales. “En este caso particular es la esperma, que tiene una firma epigenética que, básicamente, se transfiere a toda la descendencia subsecuente”, explica el experto. “Es una forma hereditaria no genética”.

Altos índices de obesidad

Michael Skinner sugiere que los altos niveles de obesidad hoy en día podrían tener relación con la exposición de nuestros ancestros a tóxicos. Estos químicos pudieron haber originado una reprogramación en nuestros genes y nos hicieron más susceptibles a ganar peso; una combinación explosiva si lo combinamos con comida rápida y sedentarismo.

“Si te fijas en las tasas de obesidad de los años 50 y principio de los 60, eran relativamente bajas, cerca del 5%. Si miramos los niveles de obesidad hoy en día, tanto en niños como en adultos, ronda más el 30-40%”.

“En tres generaciones hemos visto un aumento dramático de la obesidad. Un factor que no puedes atribuirse a la genética o a ninguna otra cosa que no sea influencia medioambiental”.

El experto aclara que si bien la dieta, la nutrición y el ejercicio son cruciales para evitar la obesidad, no hay que ignorar los componentes ancestrales.

Que la diabetes no te robe la maternidad

Por Pedro F. Frisneda/El Diario Nueva York
Una mujer que padece diabetes, pero que está correctamente atendida, puede dar a luz a un hijo completamente sano.

Embarazo y diabetesLa diabetes es una enfermedad tan común entre las mujeres latinas, que seguramente muchas quienes la padecen en estos momentos se están haciendo la misma pregunta que, hace muchos años, se planteó la jueza de la Corte Suprema de Justicia, Sonia Sotomayor: ¿Puedo o no salir embarazada?

Según revela la magistrada de origen puertorriqueño en su nuevo libro de memorias “My Beloved World“, la diabetes tipo 1, que le fue diagnosticada a los ocho años, jugó un papel primordial en su decisión de no tener hijos. Su eterna batalla contra este mal hizo que Sotomayor tuviera temor a morir prematuramente, razón por la cual evitó un embarazo y hasta adoptar.

Este es el mismo miedo que agobia a Grizelle Medina, una neoyorquina de El Bronx de origen puertorriqueño, quien fue diagnosticada hace un par de años con diabetes tipo 1, la misma que padece Sotomayor.

“Yo he pensado en tener hijos, pero me da mucho temor, porque sé los riesgos que existen. Mi madre, que tiene diabetes, casi muere cuando me parió y yo casi muero también. Eso me asusta demasiado”, comenta la estudiante universitaria de 20 años.

“Sé que va a ser muy difícil y duro. Voy a tener que llevar una dieta muy estricta y estar bajo control. Además, probablemente voy a tener una cesárea, y yo preferiría parir naturalmente”, dice la joven.

Sí se puede concebir

Si bien sufrir de diabetes implica riesgos para las mujeres embarazadas y sus hijos, la enfermedad, si está bien controlada, no debería impedir que se dé a luz a un bebé completamente normal y sano. Esto se debe, según coincide un panel de expertos consultados por El DIARIO/LA PRENSA, a los logros de la medicina moderna.

“Los avances en las investigaciones y tratamientos han hecho posible para las mujeres con diabetes juvenil (tipo 1), tener embarazos exitosos, con pocos riesgos para los bebés y sin complicaciones para ellas”, afirma el doctor Ray Mercado, director del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Lincoln Hospital, en El Bronx.

“Pero esos embarazos exitosos requieren de planeación con mucha anterioridad y consultas continuas con un obstetra por parte de la madre, quien debe tener un control excepcionalmente bueno del azúcar en la sangre antes de la concepción”, acota Mercado.

La doctora Regina Castro, endocrinóloga y profesora de medicina de Mayo Clinic, sugiere que se sigan los consejos que da la Asociación Americana de la Diabetes a toda mujer diabética en edad reproductiva o desde la pubertad.

“Hay muchas diferencias en el manejo de la diabetes ahora de como se hacía hace 20 o 30 años (…) Las embarazadas son vistas por un equipo multidisciplinario integrado por su médico, un dietista y un educador en diabetes. Además, deben adherirse a un plan de ejercicios y nutrición”, señala Castro.

La especialista recomienda a toda mujer con diabetes, hacerse una prueba de laboratorio “simple” para chequear los niveles de la proteína ‘hemoglobina glicosilada (o glucosilada)’, antes de salir embarazada. Este examen, asegura, puede indicar cómo ha estado su glucosa en los últimos tres meses.

“Los niveles de azúcar deben estar tan cercanos como sea posible a lo normal. Consideramos un control óptimo de la hemoglobina glicosilada cuando está por debajo del 7%”, explica Castro.

Aunque estos números y términos médicos confunden a cualquiera, para Verónica Medina suenan muy familiares. Ella ha tenido diabetes desde los 14 años, y va por su segundo embarazo.

“En mi primer embarazo estuve bajo la evaluación de muchos doctores; mi ginecólogo y mi nutricionista me chequeaban muy de cerca cada dos semanas. Me hacían ultrasonidos con frecuencia para asegurarse de que el bebé estaba bien”, recuerda Medina, una neoyorquina de origen puertorriqueño y residente de El Bronx, quien tuvo una niña sana que ahora tiene seis años.

“Estaba bajo una dieta estricta y usaba permanentemente mi bomba de insulina para mantener mi azúcar bajo control. Durante el segundo embarazo estoy haciendo exactamente lo mismo”, añade la madre de 37 años, quien actualmente tiene seis meses y medio de gestación.

Aunque todas las mujeres latinas están en gran riesgo de sufrir diabetes, la enfermedad afecta principalmente a las hispanas de origen puertorriqueño, mexicano y cubano.

Tres meses críticos

Los especialistas consultados aseguran que el tiempo más crítico durante el embarazo de la mujer diabética son los primeros tres meses, debido a que es en ese período cuando se forman la mayoría de los órganos del feto.

“Si la madre no se controla durante ese tiempo, el bebé puede sufrir defectos congénitos, porque órganos como el corazón se están formando y el azúcar elevada daña esos órganos”, indica la doctora Rubina Heptulla, jefe de la División de Endocrinología Pediátrica y Diabetes del Hospital de Niños Montefiore, en El Bronx.

El doctor Gunter Gómez, médico residente del Lincoln Hospital, también advierte sobre ese peligro. “Al controlar el azúcar evitamos que el bebé venga con problemas cromosómicos o con malformaciones en el sistema nervioso central, que afecta principalmente las extremidades inferiores, el sistema cardíaco, el cardiopulmonar, y genera problemas renales, entre otros”.

El riesgo de la cesárea

A diferencia de lo que muchos creen, no todas la mujeres diabéticas paren a sus hijos por cesárea. Sin embargo, para dar a luz de forma natural (vía vaginal), deben mantener durante todo el embarazo el mismo control que tuvieron los primeros tres meses de gestación.

“Si el azúcar de la sangre no está en control, el bebé puede crecer mucho, algo que se conoce como macrosomía, que puede llevar a complicaciones durante el parto”, señala Heptulla.

“El azúcar alto de la madre va a causar mayor producción de insulina en el feto, y esa insulina produce depósitos de grasa, por lo que el bebé puede engordar. Algunas veces, es tan grande que sus hombros no puede salir y por eso las embarazadas con diabetes tienen altos índices de partos por cesárea”, añade Heptulla.

Aunque algunos niños muy grandes nacen vía vaginal, la doctora Castro explica que durante el alumbramiento se le pueden causar traumas al bebé, como la distocia, así como daños a los nervios de sus hombros.

“También existe el riesgo de que esos niños muy grandes durante el embarazo sufran de sobrepeso u obesidad y desarrollen diabetes en un futuro”, apunta Castro.

A las mujeres más jóvenes como Grizelle (con la cual no tiene ningún parentesco), Verónica les sugiere no tener miedo. “Es muy normal estar asustada por tu propia salud y la del niño, porque ambos están en riesgo, pero si salir embarazada es algo que tú realmente deseas, con el control apropiado y la ayuda médica adecuada, puedes tener un parto exitoso”.

Una fórmula predice los riesgos de obesidad infantil en el momento de nacer

Europa Press

Una simple fórmula puede predecir al nacer la probabilidad de un bebé de padecer obesidad en la infancia, según un estudio publicado este miércoles en la revista ‘Plos One’. Disponible como una calculadora online, estima el riesgo del niño a ser obeso en función de su peso al nacer, el índice de masa corporal (IMC) de los padres, el número de personas en el hogar, la categoría profesional de la madre y si fumaba durante el embarazo.

   Los investigadores del estudio esperan que su método de predicción se utilice para identificar a los bebés en alto riesgo y ayudar a las familias a tomar medidas para evitar que sus hijos engorden en exceso, ya que la obesidad infantil es una de las principales causas de la diabetes tipo 2 temprana y las enfermedades cardíacas y circulatorias, además de ser cada vez más común en los países desarrollados.

“Esta prueba se realiza en muy poco tiempo, no se requiere ninguna prueba de laboratorio y no cuesta nada”, explicó el profesor Philippe Froguel, de la Escuela de Salud Pública del ‘Imperial College’ de Londres (Reino Unido). El también director del estudio emarca que todos los datos que se utilizan son factores de riesgo “bien conocidos” para la obesidad en la niñez, pero que “esta es la primera vez que han sido utilizados juntos para predecir desde el momento del nacimiento la probabilidad de que un niño se convierta en obeso”.

“Una vez que un niño se convierte en obeso, es difícil que pierda peso, por lo que la prevención es la mejor estrategia y tiene que comenzar tan pronto como sea posible”, aconseja el profesor Froguel, quien lamenta que las campañas de prevención hayan “bastante ineficaces en la prevención de la obesidad en los niños en edad escolar”. “Enseñar a los padres acerca de los peligros de un exceso de alimentación y malos hábitos alimentarios a una edad temprana, sería mucho más eficaz”, afirma.