España sigue entre los países de la UE con más tasas de tabaquismo y obesidad

El ‘Informe sobre el estado de la Salud de la UE 2017’ certifica que en los últimos ha descendido el consumo de tabaco pero al mismo tiempo han aumentado los índices de obesidad y sobrepeso, especialmente entre los adolescentes.

El Publico / EFE

España ha reducido en los últimos años sus tasas de tabaquismo, que han pasado del 32% en 2000 al 23% en 2014, sin embargo son cifras que continúan por encima de la media de la UE, al igual que las de obesidad y sobrepeso y en este caso no solo en adultos, también en adolescentes.

Lo pone de manifiesto el Informe sobre el estado de la Salud de la UE 2017, que se ha hecho público este jueves y que incide en la importancia de la prevención, de la atención integral, de la calidad del personal sanitario y de situar al paciente como protagonista del sistema.

Este estudio analiza la situación en materia de salud en los Estados miembros y en el caso de España subraya la eficacia de la atención sanitaria de acuerdo con las bajas tasas de mortalidad tratable, es decir, de las muertes prematuras que se pueden evitar con una asistencia sanitaria oportuna.

Asegura que los hogares españoles pagan directamente una proporción cada vez mayor de los servicios sanitarios de forma que el gasto directo como porcentaje del gasto sanitario pasó del 20% en 2009 al 24% en 2015, mayor que el 15% que la media de la UE.

El documento, elaborado con datos de la oficina europea de estadísticas Eurostat y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) fundamentalmente, recuerda que la esperanza de vida en España es la más elevada de los países de la UE (83 años frente a 80,6) y que más del 70% de la población asegura tener buena salud (la media de la UE es del 68%).

Si bien las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares son de las más bajas de los Estados miembros, suponen la principal causa de muerte y suponen el 30% del total, seguidas del cáncer con el 27% y, en concreto, es el de pulmón el que más fallecimientos suma, “lo que refleja las consecuencias a largo plazo de las elevadas tasas de tabaquismo”.

Sobre este aspecto, apunta que alrededor del 23% de los adultos fumaba en 2014, una reducción con respecto al 32% del año 2000 pero las tasas de tabaquismo siguen entre las más altas de la UE “y suponen unas de las principales causas de muerte prematura”.

El porcentaje de hombres fumadores (26%) es mayor que el de las mujeres (19%).

También se han reducido las cifras de tabaquismo en el caso de los adolescentes de 15 años del 28 % al 9%, y se encuentran entre las más bajas de Europa.

Lo que sí se han incrementado son las tasas de obesidad y sobrepeso, especialmente entre los adolescentes, y superan las de la media de la UE.

Entre los chicos y chicas de 15 años la tasa ha pasado del 16% en 2002 al 20% en 2014 superando al 18% de la media de la UE. Las cifras son algo mayores entre los chicos (24%), que entre las chicas (15%).

En 2014, uno de cada seis adultos sufría obesidad, mientras que en 2001 era uno de cada ocho.

El informe destaca una “diferencia sustancial” en las tasas de obesidad según el nivel de educación, de forma que las personas que lo tiene más bajo tiene más del doble de probabilidades de sufrir obesidad que aquellas que lo tienen más alto.

Según el documento, la obesidad entre los adultos se debe “en parte” a los bajos niveles de actividad física, aunque entre los jóvenes el nivel es “relativamente alto” comparado con el de otros países de la UE.

Por otra parte, hace mención a los prolongados tiempos de espera para la cirugía no urgente, como la de cataratas “que están muy por encima” de países como Italia y Portugal debido a que “la demanda de este tipo de procedimientos ha aumentado más rápidamente que la oferta”.

Destaca que existen “pruebas sustanciales” del uso “excesivo” de las intervenciones quirúrgicas pero añade que o bien se debe a una “grave insuficiencia” en la prestación de servicios en regiones con las tasas más bajas en operaciones o a que hay autonomías que las hacen mientras que otras las consideran innecesarias.

Alcohol, tabaco y obesidad: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

España se aleja del TOP 10 mundial de los sistemas sanitarios y cae al puesto 23

Nuestro país es el sexto peor país de un total de 188 en lo que respecta al abuso de alcohol

La Razón, por Jorge Alcalde

Algo ha pasado en España desde el 17 de mayo hasta el 13 de septiembre de 2017. En primavera, la revista «The Lancet» publicaba los resultados del último Informe del Instituto de Evaluación y Métrica Sanitaria de la Universidad de Washington en el que se analiza la calidad asistencial y el acceso a los recursos sanitarios de más de 190 países de todo el planeta. Nuestro país ocupaba el puesto número 8 de una lista encabezada, sorprendentemente, por Andorra.

Según los datos del trabajo, el sistema de salud español ha mejorado significativamente en los últimos 25 años, sumando 15,7 puntos desde 1990 lo que le permite alcanzar una puntuación de 90 en una escala de 100. La evaluación muestra que España obtiene la puntuación máxima en el abordaje del sarampión, el tétanos y la difteria (todas ellas enfermedades prevenibles mediante vacunación), 99 puntos en la atención de los problemas asociados a la maternidad y las infecciones del tracto respiratorio superior. A cambio, las puntuaciones más bajas que obtiene se refieren al tratamiento del linfoma de Hodgkin (64 puntos) o la leucemia (66 puntos). Este estudio analiza el grado de desarrollo en la atención a 32 enfermedades de incidencia global.

Pero hace unos días, otro estudio sociosanitario nos ha arrojado un pequeño jarro de agua fría. En este caso se trata de un trabajo sufragado por la Fundación Bill y Melinda Gates y publicado también en The Lancet en el que se mide el acercamiento a los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas basado en la mejora de los indicadores de Carga Global de Enfermedades. En otras palabras, se establece si cada uno de los 188 países estudiados se está acercando o alejando de los objetivos de eliminar alguna de las enfermedades globales propuestas como erradicables para este siglo. En este caso, España se encuentra en la posición 23. El país que encabeza la lista es Singapur.

¿Qué ha ocurrido entre uno y otro informe?

En primer lugar, que los trabajos no miden lo mismo. No resulta justo titular, como algunos medios hicieron, que España «cae» del top 10 de los mejores sistemas sanitarios del mundo a la luz de estos datos. El informe de Washington analiza la calidad del sistema sanitario en función de los ratios de mortalidad. Es decir, establece de manera directa cómo se las apaña un país para combatir esas enfermedades.

El informe de los Gates es algo más complejo. Establece ratios de mejora y proyección desde informes anteriores, puntúa mejor a los países que más han mejorado en términos relativos e incluye en la lista condiciones que no son sólo enfermedades como el tabaquismo o el consumo de alcohol.

Y es aquí, precisamente, donde los españoles pinchamos más. Entre los 37 indicadores que se analizan, España suspende claramente en alcoholismo y tabaquismo. Tampoco sale bien parado en obesidad infantil. Los datos de obesidad infantil nos arrojan una nota de 36 sobre 100, un claro suspenso. El consumo de alcohol nos coloca en un 10 sobre 100 y el tabaquismo en un 25 sobre 100. El cuarto suspenso es verdaderamente estremecedor: un 46 sobre 100 en abuso a menores.

El informe no es por lo tanto solo un informe sobre la salud. Es un trabajo que analiza la calidad de las condiciones sociosanitarias globales y, como en todos estos casos, está cargado de sesgos. El alcoholismo, por ejemplo, no lastra a las sociedades en las que el alcohol está prohibido por ley. El abuso a menores lastra a las sociedades en las que los medios de comunicación son más transparentes a la hora de informar sobre estos lamentables sucesos.

Pero así las cosas, el trabajo ahora publicado sí que pone el acento en un problema del que nuestro país no termina de librarse. Hace unos meses, un informe europeo alertaba de que, en el viejo continente, los ciudadanos nos exponemos a un riesgo de padecer cáncer que duplica el de otras comunidades por nuestra tendencia al consumo excesivo de alcohol. El alcohol y el sobrepeso son vectores en los que no se está mejorando sustancialmente y que, por lo tanto, condicionan el resultado global.

Pero ¿qué imagen arroja de nuestro país este último estudio?

Ya hemos dicho que ocupamos el puesto 23 (74 puntos) de 188 países y que la lista la lideran Singapur, Islandia y Suecia, con entre 86 y 87 puntos. Para llegar al puesto 10 deberíamos obtener los 80 puntos que ahora tiene el Reino Unido.

España es especialmente competente en sanidad infantil. Obtenemos 100 puntos en enfermedades del desarrollo, mortalidad neonatal, y 94 en mortalidad antes de los 5 años. Las condiciones de higiene son excelentes. 100 puntos en sistemas de salubridad de las aguas, polución e higiene general. También estamos en 100 puntos en desastres naturales y en muertes violentas.

Perdemos puestos en la batalla contra el sida (51 puntos sobre 100 en la incidencia de la infección) y en la tasa de suicidios (67 puntos) No somos de los mejores en tasa de natalidad (76 puntos) ni en accidentes de tráfico (89)

Pero, en definitiva, lo que parece evidente es que el panorama general de nuestra sanidad sería mucho mejor si aumentara la atención a esos tres factores que lastran nuestros datos: el alcohol, el tabaco y la obesidad (sobre todo la infantil). Las futuras políticas de prevención deberían enfocarse más y mejor en ellos.

La obesidad se convierte en la primera causa de cáncer por delante del tabaquismo

El Observatorio Global del Cáncer relaciona el sobrepeso con catorce tipos de tumores, algunos tan comunes como el de mama o el de colon. El 53% de los alicantinos supera el peso adecuado

Diario Información, por Isabel Vicente

thumbEl 23,8% de los casos de cáncer de mama postmenopáusicos se deben a la obesidad, igual que el 21,2% de los de útero, el 17,2% de los de colon y el 13,7% de los cánceres de riñón. Estos datos proceden de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer dependiente de la Organización Mundial de la Salud, la OMS, que no duda en vincular los kilos de más como causa, evitable y poco conocida en la sociedad, del cáncer, hasta el punto de que la obesidad habría superado al tabaco como primera causa de la enfermedad.

El responsable de la Unidad de Cirugía de la Obesidad y Metabólica del Hospital General de Alicante y presidente provincial de la Asociación Española Contra el Cáncer, Pablo Enríquez, lleva años alertando de la relación entre obesidad y cáncer a través de conferencias y charlas en la provincia en la que el 38% de los ciudadanos sufre sobrepeso y el 15%, obesidad. «Hay campañas en Europa contra el cáncer que evidencian que el principal enemigo ahora es la obesidad, y ya en segundo lugar, el tabaco», señala el médico a este diario, para añadir que «en Europa y EE UU están aumentando las cifras de cáncer y a este aumento contribuye la obesidad y el sedentarismo». Pablo Enríquez considera que «en los colegios e institutos debería incluirse una asignatura dada por expertos para que los niños y jóvenes aprendan a comer bien. Tenemos que tomarnos en serio la alimentación y el tipo de vida porque cada vez la obesidad se relaciona con más enfermedades, y se comprueba su vinculación con el cáncer».

Según datos del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, «muchos estudios de observación han logrado pruebas consistentes de que las personas que suben menos de peso en la edad adulta tienen riesgos menores de sufrir cáncer de colon, de riñón y -en el caso de las mujeres postmenopáusicas- de cáncer de mama, de endometrio y de ovarios», por lo que eliminar el exceso de grasa corporal es un factor de protección frente al cáncer «del que debemos concienciarnos igual que nos hemos concienciado de la relación entre esta enfermedad y el tabaco», indica Pablo Enríquez.

La OMS considera que la obesidad y el sobrepeso influyen en catorce tipos de cáncer, algunos tan comunes como el de mama o el de colon. Igualmente, desde la Sociedad Española de Oncología Médica (Seom) se incide en que «la obesidad no solo favorece la aparición de tcáncer sino que dificulta la curación de quienes lo sufren, ya que los pacientes obesos tienen una peor tolerancia a los tratamientos oncológicos y más posibilidades de recaer».

Pero ¿por qué el sobrepeso favorece la aparición de muchos tipos de cáncer? Según la organización británica Cancer Research UK, «el exceso de grasa, no solo altera el nivel de determinadas hormonas del cuerpo que pueden aumentar el riesgo de cáncer, como por ejemplo el estrógeno, la testosterona y la insulina, sino que las propias células de grasa pueden crear mensajeros químicos que afectan al funcionamiento del cuerpo». La Sociedad Americana contra el Cáncer cree que tener sobrepeso o estar obeso es la causa principal de una de cada cinco muertes por cáncer.

Una mala alimentación genera más enfermedades que el sedentarismo, el alcoholismo y el tabaquismo juntos

Si bien el ejercicio regular es clave para evitar enfermedades graves, como la diabetes, patologías del corazón o la demencia, las dietas hipercalóricas son las máximas responsables de la pandemia de obesidad

ABC

exceso-azucar-salud--478x270Es el exceso de azúcar y de carbohidratos en nuestra dieta, y no falta de actividad física, lo que está detrás del aumento de la obesidad. Es hora de terminar con el mito de que el sedentarismo está detrás de la obesidad. Una mala dieta es la única responsable. De esta forma tan controvertida comienza un editorial en el «British Journal of Sports Medicine» que asegura que si bien el ejercicio regular es clave para evitar enfermedades graves, como la diabetes, patologías del corazón o la demencia, nuestras dietas hipercalóricas son las máximas responsables de la pandemia de obesidad.

En los últimos 30 años, en los que la obesidad se ha disparado, ha habido pocos cambios en los niveles de actividad física en la población occidental. Esto, aseguran, señala ineludiblemente a la cantidad de calorías consumidas. Sin embargo, la epidemia de obesidad representa sólo la «punta de un iceberg» mucho más grande sobre las consecuencias adversas para la salud de una mala alimentación. Por ejemplo, de acuerdo con el informe sobre la carga mundial de enfermedades publicado en «The Lancet», la mala alimentación genera ahora más enfermedades que la inactividad física, el alcohol y el tabaquismo juntos. Sin embargo, este es un hecho que pasa desapercibido a los científicos, médicos, periodistas y políticos. En lugar de ello, se ha desatado un mensaje inútil por mantener un «peso saludable» basado en contar las calorías de los alimentos y todavía hoy día muchas personas creen erróneamente que la obesidad se debe enteramente a la falta de ejercicio.

Industria tabaquera

Para los autores de este artículo, A. Malhotr, del Frimley Park Hospital(Gran Bretaña), T. Noakes, de la Universidad de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), y S. Phinney, de Universidad de California-Davis (EE.UU.), esta falsa percepción tiene sus raíces en las campañas de la industria alimentaria que utiliza tácticas muy similares a las de las grandes tabacaleras. Así, al igual que hizo la industria del tabaco cuando se publicaron los primeros vínculos entre el tabaco y el cáncer de pulmón, la maquinaria de la industria ha fabricado mensajes de «negación, duda, confusión».

De dónde provienen las calorías es crucial, señalan; así, las calorías del azúcar promueven el almacenamiento de grasas y el hambre, mientras que las de la grasa inducen plenitud o ‘saciedad’.

Según los autores, un gran análisis publicado en «PLoS ONE» reveló que por cada exceso de 150 calorías de azúcar (por ejemplo una lata de refresco de cola), se producía un aumento de casi 11 veces en la prevalencia de diabetes tipo 2, en comparación con las mismas 150 calorías obtenidas de la grasa o proteína. Y esto es independiente del nivel de actividad física y del peso de la persona.

Y otro trabajo publicado en «Nutrition» concluyó que la restricción de carbohidratos en la dieta es la intervención más eficaz para reducir todas las características del síndrome metabólico y debe ser el primer enfoque en el manejo de la diabetes, con beneficios incluso sin no hay pérdida de peso,

¿Y los carbohidratos? Las razones que se esgrimen señalan que el cuerpo tiene una capacidad limitada para almacenar carbohidratos y que son esenciales para el ejercicio más intenso. Sin embargo, estudios recientes sugieren justo lo contrario. Un trabajo publicado en «British Journal of Sports Medicine» establece que la adaptación crónica a una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos induce altas tasas de oxidación de grasas durante el ejercicio, suficiente para la mayoría de los deportistas en la mayoría de las disciplinas deportivas.

Mejorar entorno alimentario

Por todo ello, argumentan, los mensajes saludables difundidos sobre la industria de la alimentación deben cambiar. Más que decisiones de educación a la población, si mejora el ‘entorno alimentario’, las personas tomarán decisiones individuales más saludables que «tendrán un impacto mucho mayor en la salud de la población que el asesoramiento o la educación. La opción sana debe convertirse en la opción más fácil», dicen.

Y concluyen: «es hora de terminar con los daños causados por la maquinaria de la industria de ‘comida basura’. No se puede correr más rápido que una mala dieta».

 

 

 

El enorme coste de la obesidad

El País, por Fernando Gualdoni
obesidad en el mundo, foto El PaísEl reciente fallo del Tribunal Europeo de Justicia en el que reconoce que la obesidad “puede constituir una discapacidad” laboral ha vuelto a poner en primer plano uno de los mayores problemas de salud de los países desarrollados y emergentes con graves implicaciones sobre el futuro de la actividad económica. El reconocimiento del exceso de peso como “discapacidad” obligaría a las empresas, por ejemplo, a proveer de espacios de trabajo más amplios a estos empleados, asignarles tareas más livianas, o habilitar zonas de aparcamiento apropiadas. Y, si se tiene en cuenta que en torno al 20% de los hombres y un 23% de las mujeres europeas son obesos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cuestión del sobrepeso asoma como un factor de fricción en las relaciones laborales a medio plazo.
Por primera vez en la historia de la humanidad, hay más personas con exceso de peso que desnutridas. Unas 2.100 millones de personas en el mundo sufren de sobrepeso, entre los que se incluyen 670 millones que padecen obesidad. Si la cifra total ya representa en torno al 30% de la población mundial, un informe de la consultora McKinsey augura que el número se elevará a la mitad de los habitantes del planeta en 2030. “La obesidad está en ascenso en los países desarrollados y, ahora, está también presente en las economías emergentes”, sostienen los expertos de la consultora, que afirman que el problema no sólo se agudiza rápidamente, sino que será cada vez más difícil de revertir. “Solo un plan que ataque en varios frentes, desde el tamaño de las porciones de los alimentos, pasando por el control sobre la comida rápida, hasta el estímulo del ejercicio físico y la educación alimentaria, entre otras cuestiones, podrá empezar a frenar la crisis”, dicen en McKinsey.

En España, según datos de Naciones Unidas, un cuarto de los adultos padece problemas de sobrepeso y obesidad. Si se mide sólo entre la población económicamente activa, el porcentaje ronda el 50%, según la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

El impacto de la obesidad en la economía mundial se calcula en torno a los 2 billones de dólares, equivalentes al 2,8% del producto interior bruto (PIB) global, según McKinsey. La gravedad del problema está a la altura del tabaquismo, la violencia armada o el terrorismo; y sus consecuencias se expanden a muchas áreas de la economía, desde los costes sanitarios —públicos o privados—, pasando por la caída de la productividad y el aumento del absentismo laboral, hasta un mayor consumo de alimentos y energía.

El coste de la obesidad , El Pais 1
El coste de la obesidad , El Pais 2

En EE UU, por ejemplo, el coste anual de la obesidad en función de la productividad para las empresas asciende a 153.000 millones de dólares, según la consultora Gallup. En Europa, la cifra ronda los 160.000 millones, según un informe de Bank of America-Merrill Lynch. Un estudio realizado hace cuatro años por los expertos de la Clínica Mayo de EE UU calculó que si el tabaquismo aumenta los costes de la atención sanitaria un 20% cada año, la obesidad eleva ese porcentaje al 50%.

El mismo centro médico, así como las universidades estadounidenses de Duke y Cornell, han dedicado recursos a estudiar el impacto del exceso de peso en las empresas del país norteamericano. Los diferentes estudios han calculado que el ausentismo laboral derivados de la obesidad elevan los costes de las empresas en 6.000 millones de dólares anuales mientras que la menor productividad de estos mismo empleados incrementa esa pérdida en otros 30.000 millones. El problema no solo afecta a la empresa; también al trabajador, puesto que las personas obesas tienen menos probabilidad de ser contratadas e incluso cobran menos, sobre todo en el caso de las mujeres.

El problema cuesta en productividad en Europa 160.000 millones de dólares

Aunque en países industrializados como EE UU y Reino Unido, entre los más afectados por la crisis, han florecido las campañas gubernamentales y privadas para estimular hábitos que ayuden a paliar el problema, la mayoría de las empresas aún no son conscientes de la importancia de impulsar programas internos para estimular al menos el cuidado de la alimentación y el ejercicio físico. La mayoría de los expertos coinciden en que las empresas deben subvencionar los programas de adelgazamiento, los medicamentos antiobesidad que puedan necesitar los empleados e invertir en el rediseño del lugar de trabajo (sala de ejercicios, comedor, máquinas expendedoras con productos saludables, etcétera). Amplios planes contra la obesidad tendrían un coste de entre 20 y 30 dólares anuales por persona en países como Japón, Italia, Canadá o Reino Unido, según la OCDE.

La obesidad tiene, además, otras implicaciones. La aerolínea australiana Qantas ha calculado que el peso de los pasajeros adultos se ha incrementado en dos kilos desde 2000, lo que supone un coste extra de un millón de dólares al año en combustible. Samoa Air, por ejemplo, es la primera en cobrar a sus pasajeros según su peso. El fabricante aeronáutico Airbus ya ofrece asientos más anchos para su modelo A320 y varias compañías constructoras de autobuses y trenes estudian hacer lo mismo. En el sector del automóvil han calculado que los pasajeros obesos aumentan el consumo de gasolina en millones de litros anuales, solo en EE UU. Por su parte, la Universidad de Buffalo (Nueva York) ha constatado que las personas sin exceso de peso son un 70% más propensas a usar el cinturón de seguridad que los obesos, lo que reduce la gravedad y coste de los accidentes.

Un cuarto de los españoles tiene esta dolencia; un 30% en todo el mundo

Un reciente estudio de los profesores Núria Mas (IESE) y Joan Costa (London School of Economics), titulado Globesity? The Effects of Globalization on Obesity and Caloric Intake, hace la correlación entre la globalización y la obesidad. “La obesidad es un fenómeno complejo que implica tanto aspectos económicos como sociales”, dice Mas. “Nosotros observamos que las normas sociales y culturales tienen un impacto fundamental sobre la obesidad. Los elementos de la globalización social que más efecto tienen sobre la obesidad son los flujos de información y los contactos personales. Hay evidencias que indican que el grupo de personas con quien comemos o con quién nos relacionamos tiene un impacto sobre como y cuanto ingerimos. De hecho, ya se habla de un “entorno obesogénico” que propicia la obesidad si se siguen sus normas sociales: por ejemplo, el tiempo que se tarda en comer, el tamaño de las porciones, etcétera”, añade.

El sobrepeso o la obesidad están detrás del 75 % de los infartos

El perfil de una persona que sufre un síndrome coronario agudo es el de un varón (el 75 % de los casos son hombres) de 66 años y con factores previos de riesgo que aumentan la probabilidad de sufrir un infarto, como obesidad o sobrepeso, hipertensión, colesterol alto y tabaquismo.

EFE.
golpe-de-corazón-humanoEl sobrepeso o la obesidad están detrás del 75 % de los infartos, según revela el análisis anual de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias. El informe ha recogido en el año 2013 los datos de 2.343 pacientes que llegaron a ingresar en la UCI de 61 hospitales de toda España.

La hipertensión (en 62 % de los casos), el colesterol alto (53 %) y el tabaco (36 %) siguen confirmándose como los otros grandes factores de riesgo del Síndrome Coronario Agudo.

Para la doctora Ana Rosa Ochagavía, coordinadora del Grupo de Trabajo de Cuidados Intensivos Cardiológicos, “es fundamental reducir el tiempo de apertura de la arteria responsable de un infarto porque cuanto más tiempo está cerrada más daño se produce en el corazón y existen más probabilidades de sufrir complicaciones de riesgo vital”.

Actualmente el tiempo transcurrido entre la llegada del paciente infartado al hospital y la apertura de la arteria obstruida mediante la realización de un cateterismo cardíaco es de 108 minutos. Y aunque, según señala la misma facultativa, estos tiempos de asistencia se han reducido en los últimos años, “los profesionales sanitarios debemos seguir trabajando, a nivel tanto hospitalario como extrahospitalario, para disminuir el retraso en la reperfusión”.

En cualquier caso, solo el 5,1 % de los pacientes infartados que han ingresado en la UCI fallece, lo que evidencia que, pese a las posibles y deseables mejoras, la asistencia sanitaria alcanza “altas cotas de éxito y calidad”.

Un 50% de los pacientes que sufren el fallo cardíaco tiene sobrepeso y un 25 % tiene obesidad. Los datos también certifican que la un 62 % de los casos muestran hipertensión y un 53% colesterol alto. También se constata que el 36 % de los pacientes con síndrome coronario agudo son fumadores.

Ochagavía explica que estos factores de riesgo son modificables y la población debe ser consciente que cambiando sus hábitos de vida disminuye la probabilidad de padecer un infarto. Por ejemplo, abandonando el tabaco, haciendo ejercicio de forma habitual y controlando los niveles de tensión arterial, azúcar y colesterol.

Las mujeres que fuman durante el embarazo aumentan el riesgo de obesidad en sus hijas

Las mujeres que fuman durante el embarazo aumentan el riesgo de obesidad y diabetes gestacional en sus hijas, según concluye un estudio publicado en ´Diabetologia´, realizado por la doctora Kristina Mattsson, de la Universidad de Lund, Suecia, y colegas como el doctor Matthew Longnecker, del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental de los Institutos norteamericanos de Salud, en Carolina del Norte, Estados Unidos.

El semanal digital

tabaquismo, foto EFELas mujeres que fuman durante el embarazo aumentan el riesgo de obesidad y diabetes gestacional en sus hijas, según concluye un estudio publicado en ´Diabetologia´, realizado por la doctora Kristina Mattsson, de la Universidad de Lund, Suecia, y colegas como el doctor Matthew Longnecker, del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental de los Institutos norteamericanos de Salud, en Carolina del Norte, Estados Unidos.

Aunque la relación entre la exposición prenatal al tabaco a resultados negativos en la infancia ha sido muy estudiada, los informes sobre los posibles efectos adversos que persisten hasta la edad adulta son más escasos y los resultados, inconsistentes. En este estudio con datos del Registro Médico de Nacimientos Sueco, los autores investigaron la relación entre una mujer que fuma durante el embarazo y las posibilidades de que su hija desarrollara diabetes gestacional y obesidad.

Se tomaron datos de mujeres que nacieron en 1982 (cuando se empezaron a registrar datos de fumadores) o después y que habían dado a luz al menos un hijo, por lo que se incluyeron 80.189 embarazos. Los datos sobre el comportamiento del tabaquismo materno en el registro sueco se clasifican en: no fumadores, fumadores moderados (1-9 cigarrillos/día) y fumadores empedernidos (> 9 cigarrillos/día).

Entre las hijas estudiadas, 7.300 fueron obesas y 291 desarrollaron posteriormente diabetes gestacional cuando ellas mismas estaban embarazadas. El riesgo de la diabetes gestacional se incrementó en un 62 por ciento entre las mujeres (hijas) que fueron moderadamente expuestas al tabaco en el útero y el 52 por ciento entre las mujeres que fueron expuestas al tabaco en gran medida.

Las moderadamente expuestas fueron un 36 por ciento más propensas a ser obesas y las que estuvieron muy expuestas registraron un 58 por ciento más de probabilidades de tener obesidad. Las asociaciones se mantuvieron tras ajustar los resultados por edad, paridad, índice de masa corporal, tipo de parto, edad gestacional y el peso al nacer.

Los autores sugieren que posibles mecanismos detrás de estas asociaciones pueden ser alteraciones en la regulación del apetito y la saciedad, que se ha encontrado en estudios con animales. Otros efectos reportados de la exposición prenatal a la nicotina incluyen una mayor tasa de muerte de las células beta productoras de insulina en el páncreas y el aumento de la expresión de genes de factores de transcripción que desencadenan la formación de las células de grasa (diferenciación de los adipocitos), que podrían estar involucradas en el desarrollo de la diabetes y la obesidad, respectivamente.

Además, los autores añaden que los datos recientes muestran cambios epigenéticos en la descendencia de madres fumadoras (es decir, el hecho de fumar provoca cambios en la expresión de genes en el feto que pueden predisponer a la obesidad o la diabetes más adelante). Advierten, sin embargo, que las diferencias no medidas en la dieta u otros factores entre las familias con y sin fumadores podían explicar las asociaciones observadas.