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Peligrosa tendencia en EEUU: los obesos abandonan sus dietas y cada vez hay más

marzo 14, 2017

Perder kilos es difícil, pero mantener el peso deseado lo es mucho más. Luego de intentar y fracasar, las personas con sobrepeso pierden la confianza y se dejan estar

Infobae

La población con sobrepeso aumenta y, por primera vez, también la que abandona las dietas: es un cambio generacional (IStock)

Mientras la obesidad aumentó del 53% al 66% en una generación, la cantidad de adultos que hacen dieta para combatirla descendió del 56% de las personas con problemas de peso al 49%, según un estudio publicado en la Revista de la Asociación Médica de los Estados Unidos (JAMA). Los investigadores encontraron que entre 1988 y 2014 la tendencia a abandonar las dietas resultó estadísticamente significativa entre los hombres y las mujeres blancos, pero aun más importante entre las mujeres afroestadounidenses: del 66% al 55 por ciento.

El equipo de la Facultad de Salud Púbica de la Universidad de Georgia del Sur ofreció una interpretación: “Aumenta el peso corporal socialmente aceptable”. La tendencia al sobrepeso se ha mantenido en un ascenso estable, pero es la primera vez que se advierte que la aceptación del sobrepeso está en un camino similar.

El trabajo comparó datos de 27.350 personas tomados de la Encuesta de Salud Nacional y Análisis Nutricional, un proyecto sostenido de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC). Durante el primer período que se estudió, 1988 a 1994, el 56% de los adultos obesos intentaron hacer algo al respecto y se sometieron a dietas; en cambio, entre 2009 y 2014 muchos más perdieron la confianza en esforzarse para tener una alimentación sana y el porcentaje descendió al 49.

Los autores apuntaron a un estudio que la revista académica Obesidad publicó en 2010, donde se relataba “un giro generacional en las normas sociales sobre el peso corporal”: la gordura se había normalizado, aseguraba. Entre 1998 y 2004 tanto los varones como las mujeres mostraron una declinación en la tendencia a considerarse con sobrepeso, aun si su índice de masa corporal lo indicaba. “Ese giro hace que la gente tienda menos que antes a querer bajar de peso, lo cual limita la efectividad de las campañas de salud pública a favor de la reducción de peso”.

Los autores del nuevo estudio reconocieron, además, otros factores por lo cual la cadena de acción del sobrepeso a la dieta se haya roto. La mala percepción del peso corporal propio puede reducir la motivación de las personas para hacer el esfuerzo de comenzar una dieta, observaron, pero también influyen la medicina preventiva y la experiencia.

El médico de cabecera, que debería aconsejar a los pacientes obesos que bajaran de peso, no lo está haciendo como antes. El otro factor de importancia es que muchos obesos han vivido así demasiados años y han intentado hacer dieta demasiadas veces, hasta que por fin perdieron la confianza en el método.

“Cuanto más tiempo han vivido los adultos con obesidad, menos podrían querer intentar bajar de peso”, escribieron. “En particular si lo han intentado muchas veces sin éxito”.

El éxito no radica en eliminar kilos, que en sí es muy difícil, sino en mantener un peso menor. El cuerpo está preparado para presentar obstáculos: el metabolismo cambia de manera tal que funciona igual con menos calorías y las hormonas se ajustan para aumentar el apetito y recuperar el volumen. Casi la totalidad de las personas que bajan de peso lo recuperan cinco años después de la dieta.

Jian Zhang, uno de los autores del estudio, explicó a la agencia Reuters que perder kilos “es un compromiso de por vida, y es doloroso, y muchos de nosotros lo hemos intentado y hemos fracasado, una y otra vez, y por fin dejamos de intentarlo”.

Con respecto a la falta de presión social, Zhang lo atribuyó a que se desvanece en la medida en que hay más personas obesas. También se puede pensar que influye, agregó, “el hecho de que los adultos con sobrepeso viven tanto, y a veces mas, que los adultos con peso normal”. Es decir que hacer dieta no les resulta necesariamente la mejor manera de mejorar la salud: el ejercicio, por ejemplo, puede ser más beneficioso que la restricción.

La ciudad obesa que declaró la guerra a la obesidad

noviembre 6, 2016

Oklahoma ha perdido 450.000 kilos de grasa gracias a la iniciativa de su alcalde, que primero acumuló peso y luego se embarcó en una cruzada por la vida sana y cambió la fisonomía de su ciudad

El País, por Ian Birrel
1478166139_873883_1478264798_noticia_fotogramaCuando Velveth Monterroso llegó a Estados Unidos desde su hogar en Guatemala, pesaba exactamente 63,5 kilos. Pero después de una década en Oklahoma había engordado casi 32 kilos y, a sus 34 años, tenía problemas de diabetes. Esta simpática mujer, madre de dos niños, es la prueba viviente de que la cultura de la obesidad es la maldición del país más rico del mundo. “En Guatemala es raro ver gente con sobrepeso, pero aquí es todo lo contrario”, dice. “Lo percibí en cuanto llegué”.

Nada más llegar a Estados Unidos empezó a engordar: una media de tres kilos al año. En Guatemala comía mucha verdura porque la carne era cara. Pero en su trabajo de cocinera en un restaurante de Oklahoma City, de ocho de la mañana a once de la noche, solía saltarse el desayuno y la comida mientras pasaba el día picoteando trozos de pizza y de hamburguesa. De vuelta a casa en el coche solía recurrir a la comida rápida porque tenía hambre y estaba agotada tras deslomarse durante 15 horas sobre una parrilla al rojo. Si ella y su marido Diego –también cocinero- no paraban antes en algún sitio, solían zamparse lo que encontraran en casa, en lugar de preparar algo decente.

Su estilo de vida no se volvió más saludable tras dejar de trabajar hace ocho meses, cuando tuvo a su segundo hijo. Estaba cansada y su familia la animó a que tomara mucho atole –una bebida dulce a base de maíz, muy popular en Centroamérica- para recuperarse durante la lactancia de su nueva criatura, Susie. El nivel de azúcar en su cuerpo se disparó, y además de obesa se volvió pre-diabética.

La vida de Velveth cambió –y se salvó probablemente- cuando llevó a Susie a una revisión médica y entró en un programa para poner freno a la obesidad. Ahora toma comida rápida solo una vez por semana, se hace más verdura, ha reducido el número de tortillas en el almuerzo y sube y baja todos los días, durante veinte minutos, un tramo de escaleras. Aunque todavía tiene sobrepeso, en cuatro meses ha perdido 7 de esos kilos que ha cogido en Estados Unidos. “Todos mis amigos están impresionados”, me dice con una sonrisa. “Siento que ahora tengo mucha más energía. Puedo hacer la compra y la colada, y bañar a la niña, y no me canso ni la mitad que antes”.

Velveth se ha beneficiado de un empeño extraordinario en frenar la obesidad, pues Oklahoma City ha declarado la guerra a la gordura. Primero el alcalde —al darse cuenta de su propia obesidad mientras una revista identificaba a su ciudad natal como una de las de mayor sobrepeso en América— retó a sus ciudadanos a perder entre todos 450.000 kilos (un millón de libras). Pero ese objetivo era solo el comienzo: este veterano político republicano se enfrentó a la cultura del coche que define el país y pidió a la gente que apoyara una subida de impuestos para financiar una reforma de la capital del estado que tuviera más en cuenta a las personas.

Esto dio lugar a una increíble variedad de iniciativas, entre ellas la creación de parques, aceras, carriles bici y paseos panorámicos a través de la ciudad. En cada colegio se está haciendo un gimnasio. Con el acento puesto siempre en el ejercicio, los responsables de la ciudad invirtieron 100 millones de dólares en crear el mejor complejo de remo y kayak del mundo en una ciudad del Medio Oeste sin ninguna tradición en estos deportes. Se anima, en sus casas y en el trabajo, a la gente con sobrepeso a que cambie su estilo de vida, mientras se estudian las estadísticas para identificar los distritos con los peores datos de salud y así destinar allí recursos para cambiar los hábitos.

Es un experimento excepcional por su ambición, su envergadura y su coste, que lo sitúan más allá de cualquier tentativa en cualquier otra ciudad americana por combatir la gordura. La batalla se está haciendo con —y no contra— los fabricantes de comida rápida y refrescos, confiando en la persuasión en lugar de la coacción, a través de impuestos a los azúcares y la proscripción de la soda. La ciudad ha sido bautizada como el “laboratorio de la vida sana”. Pero lo que hace del experimento algo tan extraordinario es que se lleve a cabo precisamente en Oklahoma.

Y es que la ciudad es uno de los entornos urbanos más extensos del país, con un área de 1.000 kilómetros cuadrados, lo que implica que sus 600.000 residentes dependan por completo del coche. Hay tantas autopistas que bromean con que “te pueden poner una multa por velocidad en hora punta”. No es ya que la ciudad no tuviera un solo carril bici, es que era famosa por albergar la mayor concentración de sitios de comida rápida de América, con 40 McDonald’s entre otros muchos establecimientos. Está asentada en un estado al que se ve como un territorio de vaqueros lleno de okies —como se conoce a los que viven allí— ultraconservadores, retratados para la posteridad en Las uvas de la ira, la novela de los años 30 de John Steinbeck sobre los granjeros pobres que tuvieron que emigrar a causa de las sequías y la pobreza. La economía volvió a desplomarse en los años 80, en plena crisis energética, con cierres de bancos y otra generación de desplazados. Luego vino el espantoso atentado de 1995 que mató a 168 personas.

El hombre que está detrás de esta transformación es Mick Cornett, un ex locutor deportivo de televisión que fue elegido alcalde en 2004. Tres años después, hojeando una revista de fitness, se enteró de que su ciudad tenía el discutible honor de ser la de peores hábitos alimenticios en Estados Unidos y ocupaba uno de los primeros puestos en una lista de las poblaciones más obesas del país. Al mismo tiempo, tras consultar sus propios datos en una web del Gobierno, tuvo que aceptar a regañadientes que sus 100 kilos de peso le convertían en un obeso.

“Esa lista me afectó como alcalde, y cuando me subí a la báscula me afectó personalmente. Siempre he hecho ejercicio y recuerdo haber pensado que no tomaba nada entre comidas, aunque consumía 3.000 calorías al día. En tu condición de alcalde, la gente siempre quiere reunirse contigo, así que era normal tener un desayuno de trabajo, luego una comida con alguien y alguna recepción para la cena. Y en medio puede haber diversas actividades con aperitivos y dulces”.

Cornett reaccionó y empezó a controlar lo que comía y a perder peso. Hoy pesa 18 kilos menos. Pero también se puso a darle vueltas al asunto, preguntándose por qué EE UU vivía ajeno a un problema de esas dimensiones. Por fin se dijo que la explicación estaba en que nadie tenía una solución real para esta crisis. Al mismo tiempo, el alcalde empezó a mirar con otros ojos la cultura y las infraestructuras de su ciudad, y vio hasta qué punto la dependencia del coche había alejado a las personas del disfrute del entorno urbano.

El primer paso fue lanzar un reto a los ciudadanos: que se pusieran, como él, a dieta. Haciendo gala de su talento para la publicidad tras 20 años en televisión, anunció que quería hacer perder a Oklahoma City 450.000 kilos. Lo hizo delante de las instalaciones de los elefantes en el zoo local, en Nochebuena, consciente de la atención que los medios dedicaban a la dieta en los días posteriores a los excesos de las fiestas. Convenció a un magnate de la salud para que financiara una página web informativa llamada This City Is Going On A Diet (Esta ciudad se pone a dieta) y se sintió aliviado al ver, en los días sucesivos, que los periódicos locales apoyaban su campaña y los medios nacionales la elogiaban en vez de reírse de los gordos okies.

Las iglesias organizaban clubes de running, las escuelas analizaban los menús, las empresas celebraban competiciones para perder peso, los chefs en los restaurantes competían por ofrecer platos saludables. Y, lo más importante para el alcalde, la gente de la ciudad hablaba de un problema que se les había empezado a ir de las manos. Aproximadamente uno de cada tres adultos en Oklahoma es obeso, mientras que el estado se encuentra entre los que consumen menos fruta y tienen una esperanza de vida más baja de todo el país. La tasa de diabéticos casi se ha doblado en diez años. Y quizá lo más alarmante sea que más de la quinta parte de los niños entre 10 y 17 años sufre de obesidad y casi un tercio de los niños en edad preescolar tiene sobrepeso.

La doctora Ashley Weedn, directora médica de una clínica especializada en obesidad infantil abierta hace tres años en Oklahoma City, me dijo que veían casos ‘increíbles’ de niños de cuatro años con el colesterol alto. Algunos chavales, solo en refrescos, consumían una cantidad diaria de azúcar cinco veces mayor de la aconsejable. “Incluso nos encontramos con niños de 6 años con los mismos problemas en las articulaciones que suelen padecer las personas mayores por la tensión que soportan sus piernas. Podrían tener que operarse, pues la presión en los huesos produce un crecimiento anormal que a menudo deforma las piernas”.

A pesar de algunas críticas de los médicos, Cornett decidió desde un principio trabajar con la industria alimenticia. Así que el sector de los refrescos patrocina los programas de salud para combatir la obesidad, y el alcalde se fotografió con el dueño de Taco Bell en uno de los locales de la cadena para hacer publicidad del menú bajo en calorías. De hecho, tiene en su despacho uno de los diseños promocionales y me lo mostró orgulloso al recibirme. “Incluso cuando estaba perdiendo peso solía ir a algún restaurante de comida rápida, aunque solo me tomara un burrito de alubias sin crema agria”, me dijo. “No podía impedir que le gente acudiera a esos sitios, pero sí podía intentar que fuera más razonable con lo que pedía. No puedes cambiar de arriba abajo lo hábitos de la gente”.

En enero de 2012, la ciudad logró perder los 450.000 kilos propuestos por el alcalde: las 47.000 personas que se habían apuntado al reto perdieron una media de 9 kilos cada una. Un logro admirable en una campaña que demostraba su inteligencia para movilizar a la gente. Pero a pesar de toda la publicidad, la ambición de Cornett iba mucho más allá de esa hazaña: ahora quería rehacer su metrópolis, remodelarla para la gente y no para los coches. O, como él dice, “devolver la comunidad a la comunidad”. Y aunque ahora se le vea como un visionario urbano, no tiene problema en admitir que al principio no había ningún ‘gran plan’.

Oklahoma City no ha dejado de expandirse desde que se fundó por medio de un “acaparamiento de tierras” en 1889, cuando miles de colonos salieron a la carrera para marcar su territorio. Como la mayoría de las ciudades de Estados Unidos, está atravesada por el estruendo de autopistas de varios carriles y diseñada para los coches. Apenas se tuvo en cuenta ni a los peatones ni a los ciclistas, y había pocas aceras y ningún carril bici. Cuando Cornett inició el primero de sus cuatro mandatos –todo un récord- como alcalde en 2004, la ciudad estaba todavía reponiéndose del colapso financiero de los años 80. Tuvo la suerte de heredar el legado de un predecesor que ya había comprendido la necesidad de crear un entorno más agradable para vivir, un lugar que atrajera a las familias y a los trabajadores, para lo cual  había construido un nuevo canal y recintos deportivos.

Lo que le animó a actuar fue, en cierto modo, otra de esas listas que tanto gustan a las revistas, donde su ciudad natal resultaba ser la peor de todo el país para caminar. Cornett se puso en contacto con un experto en planificación llamado Jeff Speck, que llevó a cabo un estudio de la ciudad donde se concluía que tenía el doble de las carreteras necesarias. La consecuencia fue el desmantelamiento de su sistema de carriles de sentido único, que fomentaba la conducción rápida, y la puesta en marcha de un proyecto para instalar cientos de kilómetros de aceras, parques, árboles, carriles bici, complejos deportivos y aparcamientos en la vía pública con el fin de crear una ‘barrera de acero’ entre el ruido de las autopistas y los transeúntes.

La escala impresiona. El corazón de la ciudad se está hoy reconstruyendo, mientras lo siguiente va a ser la creación de un parque central de 30 hectáreas, pues, como demuestran varios estudios, la gente hace más ejercicio si cerca hay zonas verdes. “La mala salud americana es un problema de diseño urbano”, sostiene Speck, autor de un libro llamado Walkable City (Ciudad “caminable”). “El descuido en ese aspecto ha sido como un gran agujero negro. Los datos demuestran que la salud física y la obesidad dependen mucho más del ejercicio que de la dieta. Pero lo que hace de Oklahoma un caso excepcional es su disposición a invertir de un modo desinteresado, y por eso está en boca de todos”.

Cornett calcula que unos 3.000 millones de dólares proceden de fondos públicos, y que el sector privado lleva las riendas del renacimiento de la ciudad con una inversión cinco veces mayor. Había, por ejemplo, un solo hotel, y casi en las últimas, en el centro al comienzo del nuevo siglo: hoy hay quince, y no es fácil encontrar habitación sin reserva. Lo más increíble es que los habitantes votaron el pago de esta remodelación a través de una subida de un 1% del IVA, lo que supone un ingreso de 100 millones de dólares anuales. Otros fondos se deben a un acuerdo con las tabacaleras y al aumento de los ingresos procedentes de los impuestos sobre el patrimonio, ya que mucha gente y muchas empresas han vuelto a la ciudad. Oklahoma City tiene ahora mismo una de las tasas de desempleo más bajas del país, lo que desmiente todos los tópicos rancios de Las uvas de la ira.

La mayor sorpresa de este cambio de imagen se encuentra a solo unos minutos de Bricktown, el distrito de ocio de la ciudad, donde se ha construido, en el corazón del Medio Oeste, una de las mejores instalaciones de remo del mundo. Esta es una ciudad de la que incluso el jefe de gabinete del alcalde dice que era un sitio “horrible” en su infancia. Pero lo que en su día fue un cauce seco entre zanjas ruinosas que era mejor evitar por la noche, hoy es un brazo de agua de 5 kilómetros, bordeado de un paisaje  frondoso, embarcaderos de aspecto futurista, carriles bici y reflectores.

Según Shaun Caven, un escocés de 47 años que capitaneó el equipo de Gran Bretaña ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2008 antes de afincarse en Oklahoma City, donde dirige el embarcadero, estas serán las mejores instalaciones del mundo cuando se termine su circuito de aguas rápidas, cuyo coste es de 45 millones de dólares. Hay incluso un espacio para entrenar en altitud en uno de esos embarcaderos de nueva tecnología. “La gente creía que estaba loco cuando me trasladé aquí. Me decían que no había agua, porque la sensación es la de un paisaje árido”, dice Caven. “Pero me gustó el que no hubiera tradición, y tambén la oportunidad de empezar algo de cero”.

El río no es en absoluto patrimonio de los ricos: gente con sus canoas y grupos escolares con sus barcos dragón comparten el agua con los equipos olímpicos americanos que entrenan bajo el sol abrasador. Se está haciendo un gran esfuerzo para atraer a personas de todos los estratos sociales: 50 empresas se han unido a una liga de remo corporativa, mientras que ocho institutos locales tienen sus propias embarcaciones. Entre los que allí conocí estaba Bob Checorski, un hombre de 76 años que sudaba a mares tras haber remado nada menos que 11.000 metros, y que me dijo que había empezado seis años antes tras perder su abono gratuito para el gimnasio del trabajo. “Lo hago más para relajarme que por competir, aunque gané una medalla de plata en una carrera por parejas al poco de apuntarme, con un tipo que se había sometido a una operación a corazón abierto”, me dijo. “Ahora simplemente vengo y me divierto”.

Pero las instalaciones deportivas de lujo, los bonitos parques y las agradables aceras tienen un alcance limitado en la lucha con la obesidad rampante. Mucha gente necesita estímulos, ayuda e incluso un empujón para cambiar un estilo de vida que puede ser fatal. Y Oklahoma tiene algunas de las tasas de mortalidad más altas de Estados Unidos. Así que hace seis años la ciudad empezó a analizar todos los datos disponibles para encontrar sus códigos postales menos saludables, y descubrió que en algunas zonas desfavorecidas el riesgo de morir de un derrame o de una enfermedad cardiovascular es cinco veces mayor que en las zonas más acomodadas. De modo que se reorientó la inversión hacia las zonas más necesitadas.

“La obesidad está detrás de casi todas las enfermedades crónicas que padecemos en Oklahoma”, dice Alicia Meadows, directora de planificación y desarrollo en el Departamento de Salud de Oklahoma City-County. “Creemos que destinando los recursos necesarios a las áreas con mayores desigualdades en el reparto de la riqueza es como se puede ayudar más”. Tienen un equipo de ocho miembros que acuden a mercados y eventos deportivos, y que incluso van casa por casa en aquellas zonas donde los datos señalan que la gente está más necesitada de ayuda. “Dejamos claro que no queremos ver sus papeles. Ya sabemos que muchos no tienen documentación. Pero su salud influye en la salud de la ciudad”.

Estos funcionarios proceden de las mismas comunidades que quieren cambiar. Uno de ellos, una madre de dos niños con un pasado de pobreza en México, me dijo que antes no sabía nada de nutrición. Ahora ha perdido 30 kilos y se ha apuntado a kickboxing. Estuve observando a Dontae Sewell, otro converso, dirigir una clase de ‘Bienestar Total’ en una biblioteca, riéndose de la época en la que zampaba hamburguesas en las barbacoas al tiempo que iba explicando el concepto de comida saludable. “Si tus amigos te quieren, van a seguir visitándote aunque les pongas solo verdura”, me dijo.

Era una clase alegre, con muchas bromas y aquí y allí algún sermón y algún consejo sobre cuándo, qué y dónde comer. Los alumnos, veintidós mujeres y un hombre, tenían casi todos sobrepeso, y alguno estaba claramente obeso. Entre todos habían perdido 90 kilos en cinco semanas. “Queremos conocer a nuestros nietos”, me dijo más tarde una madre de mediana edad. Sewell, con una gruesa cruz de plata al cuello, preguntó a sus alumnos cuántos de ellos comían en sus mesas. Solo cuatro levantaron la mano. Luego preguntó cuántos sitios de comida rápida se encontraban en el camino del trabajo a casa. “Unos veinte”, le contestó una mujer. “Demasiados”, dijo otra, riéndose. “No seáis muy duros con vosotros”, les dijo Sewell. “Se trata solo de pequeños cambios y de crear nuevos hábitos”. Después me confesó que a la larga solo un tercio de ellos se mantenían fieles a su nuevo estilo de vida.

La ciudad ha edificado también ‘Campus de Bienestar’ en su zonas más deprimidas, el primero en una zona de mayoría afroamericana de bajos ingresos, al noreste de la metrópolis. El flamante edificio –equipado con clínicas, salas de reuniones y cocinas para hacer demostraciones- se asienta en una zona verde salpicada de carriles bici y senderos. Los pacientes de esta asociación a la vez privada y pública consultan a expertos de todo tipo sobre cuestiones que van desde la nutrición hasta la violencia doméstica, y se llevan a casa prescripciones para comida y muy pronto también para zapatillas de correr y camisetas. El equipo de fútbol local está construyendo su campo de entrenamiento junto al campus para animar a la gente a practicar deporte.

No hay duda de que Oklahoma City y su alcalde merecen un reconocimiento por su lucha contra la obesidad, una inspiración para un país tan dependiente de los automóviles,  en el que dos tercios de la población adulta tiene problemas de sobrepeso. En el peor de los casos han hecho de la ciudad un sitio más agradable para vivir, algo muy importante teniendo en cuenta la lucha de unas urbes con otras por atraer jóvenes profesionales y crear oportunidades de trabajo. Pero la cuestión es si esfuerzos tan audaces y de tanto alcance como este pueden tener un impacto real en un problema de salud formidable, que mata, innecesariamente, a tanta gente en el mundo. Ahí está el artículo publicado en Lancet que analizaba tres décadas de obesidad mundial y cuya conclusión era que ninguno de los 188 países estudiados había logrado revertir una situación que empeora con cada día que pasa.

Hay algunas buenas señales, aunque Cornett no se hace ilusiones. “Lo único que digo es que creo que vamos en la dirección correcta”. Es escéptico sobre los datos de obesidad, pero los indicadores de salud parecen darle la razón. En las zonas con ingresos más bajos y los índices de diabetes y de problemas de presión sanguínea más altos y más funestos, han logrado reducir algunos indicadores clave entre un 2 y un 10% en los últimos cinco años. Aunque los hombres de Oklahoma viven casi seis años menos que la media nacional, la ciudad ha experimentado un descenso del 3% en la tasa de mortalidad. Y, sin embargo, a pesar de que el ritmo es ahora más bajo –de un 6% a un 1% anual-, la obesidad, tristemente, sigue creciendo.

No es extraño que muchos expertos comparen esta batalla con el movimiento antitabaco, que necesitó de muchas años de activismo, educación y regulaciones para cambiar un comportamiento arraigado en la sociedad. Lo tuve muy claro la noche antes de dejar Oklahoma City, mientras comía en un restaurante recomendado por la oficina de Cornett. Después de un magnífico plato de pasta, me ofrecieron el postre y elegí “helado de nuez tostada bañado en crema de chocolate”. El camarero me dijo que era una buena elección y me preguntó si lo quería en tamaño “béisbol, softball o voleibol”. Pedí el más pequeño: estaba delicioso y llenaba mucho. ¿Un restaurante elegante ofreciendo una bola de helado de “tamaño voleibol”? Como bien dice Cornett, no es nada fácil cambiar las costumbres en la lucha contra la obesidad.

Este artículo apareció primero en Mosaic y se publica aquí gracias a una licencia Creative Commons.

 

laSexta impacta con el estado de la obesidad: ‘Es la pandemia del siglo XXI’

septiembre 16, 2016

El estreno del ‘Enviado especial’ Jalis de la Serna centrado en la obesidad llamó mucho la atención de los espectadores, que lo convirtieron en Trending Topic y le dieron una buena acogida en las redes sociales

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La primera entrega del ‘Enviado especial’ Jalis de la Serna arrancó anoche con éxito de audiencia en laSexta (10.1% de cuota de pantalla y 1,7 millones de espectadores) y buena acogida en las redes sociales.

El nuevo programa escogió para su lanzamiento el tema de la obesidad, y habló con médicos expertos, personas que lo sufren y también algunos que sacan beneficio de este grave problema de salud que es la mayor pandemia del siglo XXI.

Buena parte de la entrega se centró en la localidad de Little Rock, en Arkansas, que es el estado con más personas obesas de todo EE.UU. De la Serna se trasladó allí para conocer a qué se debía esa estadística, y hubo muchas conclusiones llamativas.

La situación extrema en Little Rock, capital de Arkansas

Ya en Little Rock, De la Serna entrevistó a Bibian, una funcionaria del Estado que explicó que no puede permitirse comer de forma saludable ya que cuesta tres veces más que la comida procesada: “Una manzana cuesta tres veces más que un perrito caliente”, como recoge la web de laSexta.

Sin salir de la ciudad fue al restaurante ‘Mean Pig’, un santuario de comida típica americana. Allí entrevistó a Kat Robinson, una crítica gastronómica que asegura que “el tamaño de la porción se ha incrementado de forma dramática en los últimos 30 años”. “Lo queremos todo XL”, sentenció.

En dicho restaurante, Jalis de la Serna tuvo que firmar un consentimiento para probar la salsa extremadamente picante del ‘Mean Pig’ y exhimir de toda responsabilidad al establecimiento.

También se cito con una pediatra del hospital infantil de Little Rock para repasar la dramática cifra de obesidad infantil: “El 85% de mis pacientes, de los 2 a los 18 años tienen problemas de sobrepeso”, le contó la doctora, añadiendo que “vamos hacia una epidemia global de obesos”.

Algo con lo que concuerda Valentín Fuster, uno de los mayores expertos en obesidad, en el hospital Monte Sinaí de Nueva York. El conductor de ‘Enviado especial’ le describió la situación que se vive en Little Rock tras visitar la ciudad, y Fuster le confirmó que “si hay una cosa que todos los países estamos viviendo es el sobrepeso”.

Si eres obeso, tu funeral costará el doble

Jalis de la Serna también se trasladó a una funeraria para conocer si es más caro un funeral para una persona obesa que para una persona de talla normal. El periodista entrevistó a su propietario Derrick Gunn, quien le informó de que la diferencia es de casi el doble debido al ataúd.

*Puede ver todos los vídeos en la web de laSexta.

EEUU: aumentan los niveles de obesidad en jóvenes y mujeres

junio 9, 2016

Se ha avanzado en la lucha contra la obesidad, pero las investigaciones más recientes indican que aún queda mucho por hacer para evitar que esta enfermedad se convierta en una epidemia mundial

Univision.com

75Aunque algo se ha avanzado en la lucha contra la obesidad, los niveles en jóvenes y mujeres siguen aumentando. Al menos esa es la conclusión de dos estudios publicados este martes en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA).

“Se necesitan soluciones más inmediatas. El énfasis tiene que estar en la prevención, aunque la evidencia diga que las campañas de educación de los gobiernos locales y las asociaciones profesionales en escuelas y programas comunitarios hasta ahora no han tenido un gran éxito”, escribieron en la editorial los doctores Jody W. Zylke y Howard Bauchner.

En el primero de los estudios Cynthia L. Ogden, Ph.D., del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades investigó junto a otros colegas las tendencias en la prevalencia de la obesidad y la obesidad extrema en niños y adolescentes de edades entre 2 y 19 años, usando datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANES). 

Obesidad en niños y jóvenes (2013-2014)
El estudio analizó información de 40,780 niños y adolescentes.

obesidad EEUU 1

Tras analizar información de 40,780 niños y adolescentes, concluyeron que la obesidad ha disminuido entre los niños de 2 años a 5 años, se ha estabilizado en los niños de 6 a 11 años y ha aumentado en los adolescentes de 12 a 19 años de edad. Este último grupo aumentó de 10.5% entre 1988-1994 y 20.6% entre 2013-2014.

Las cifras globales del estudio muestran que, en el período más reciente (2011-2014), 17% de los niños y adolescentes presentaron obesidad y 5.8% obesidad extrema.

Obesidad en hombres y mujeres (2013-2014)
El estudio analizó información de 2,638 hombres y 2,817 mujeres.
Obesidad en EEUU, fuente JAMA

El segundo estudio analizó a 2,638 adultos e indica que la obesidad entre 2013- 2014 afectó a 35% de los hombres y 40% de las mujeres y, entre 2005 y 2014, hubo un aumento en la prevalencia entre las mujeres, pero no en los hombres.

Una epidemia en puertas

Los hallazgos de estos nuevos estudios concuerdan con las cifras reveladas en una investigación a escala global publicada en abril en la revista científica británitca The Lancet. La población mundial pasó de tener 105 millones de personas obesas a 641 millones, en solo cuatro décadas, y de mantenerse la tendencia, para el año 2025 la quinta parte de la población del planeta será obesa.

“Durante los últimos 40 años, hemos pasado de un mundo en el que la prevalencia del peso bajo fue más del doble que el de la obesidad, a uno en el que hay más gente obesa”, explicó el autor principal del estudio, el profesor Majid Ezzati de la Escuela de Salud Pública del Imperial College de Londres. La investigación, cuya muestra incluye a individuos de casi 200 países, analiza las tendencias a nivel mundial y regional del Índice de Masa Corporal (IMC) en adultos mayores de 18 años, entre 1975 y 2014.

To GO WITH AFP STORY by JAVIER TOVAR - Solange de Goncalves, 38, speaks with AFP at her house in Sao Goncalo, Niteroi, 35km north of Rio de Janeiro, Brazil on August 28, 2012. Solange dropped from 138 kilograms of weight to 123 kilograms in 50 days, after an operation to reduce the size of her stomach from 1,2 liters to 30 mililiters of capacity.                    AFP PHOTO/VANDERLEI ALMEIDA        (Photo credit should read VANDERLEI ALMEIDA/AFP/GettyImages)

To GO WITH AFP STORY by JAVIER TOVAR – Solange de Goncalves, 38, speaks with AFP at her house in Sao Goncalo, Niteroi, 35km north of Rio de Janeiro, Brazil on August 28, 2012. Solange dropped from 138 kilograms of weight to 123 kilograms in 50 days, after an operation to reduce the size of her stomach from 1,2 liters to 30 mililiters of capacity. AFP PHOTO/VANDERLEI ALMEIDA (Photo credit should read VANDERLEI ALMEIDA/AFP/GettyImages)

“El número de personas en todo el mundo cuyo peso supone una seria amenaza para su salud es mayor que nunca antes”, afirmó el profesor.

La proporción de hombres obesos se ha triplicado, pasando de 3.2% a 10.8%, y la de mujeres se ha duplicado, de 6.4% a 14.9%. La obesidad mórbida –cuando el peso interfiere con funciones físicas básicas, como respirar o caminar- también ha aumentado y hoy afecta a alrededor del 1% de los hombres y 2% de las mujeres, lo que es igual a decir que unos 55 millones de adultos son obesos mórbidos.

Otro de los puntos que precisa la investigación es la ubicación geográfica. Casi una quinta parte de los adultos obesos del mundo (118 millones) vive en sólo seis países de habla inglesa y altos ingresos: Australia, Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos. Más de un cuarto de las personas con obesidad severa del mundo (50 millones) también vive en estos países.

En el mundo, ya hay más obesos que flacos

abril 4, 2016

Una investigación publicada en The Lancet analiza el avance de la obesidad en 20 millones de personas en 40 años

La Vanguardia
Que la obesidad es una problemática actual no es noticia. La novedad es que las personas que padecen obesidad ya son más que quienes tienen problemas relacionados al bajo peso, según un estudio realizado por la revista científica “The Lancet”.

En cuarenta años la cifra de personas que padecen sobrepeso se ha multiplicado por 500 al pasar de 105 millones en 1975 a 641 en la actualidad. De estas, el 58% son mujeres y el 41% restante, hombres. De hecho, en 1975 la cantidad de personas con bajo peso duplicaba a los obesos.

Número de hombres que padecen sobrepeso por regiones del mundo
La obesidad se refiere a un Índice de Masa Corporal (IMB) superior a 30 kg/m²

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Se trata, en primer lugar, de un problema social ya que el colectivo más afectado son las personas con menos recursos económicos. Las clases bienestantes suelen estar mejor informados de las posibles enfermedades que pueden derivar el problema de sobrepeso. Estas son las conclusiones del mayor estudio que se ha realizado hasta ahora sobre el índice de masa corporal (IMC) en casi 20 millones de personas de 186 países.

“El resultado principal es que el mundo está engordando, o que el mundo ha venido engordando, y sigue haciéndolo”, explica Carlos Boissonnet, cardiólogo del CEMIC y miembro del grupo CARMELA (Cardiovascular Risk factor Multiple Evaluation in LatinAmerica), que participó de la investigación con siete muestras poblacionales, correspondientes a las ciudades de Buenos Aires, Bogotá, Barquisimeto (Venezuela), Santiago de Chile, Quito, ciudad de México y Lima.

En el período considerado, la humanidad aumentó en promedio 1,5 kilos por cada década en los últimos 40 años. La obesidad incrementó en hombres más de 3 veces y en mujeres más de 2 veces. Para dar un ejemplo: un hombre de 1,70 metros de altura aumentó un promedio de 7,2 kilos, mientras que una mujer de 1,60 metros aumentó 6,1 kilos.

Mapa de la obesidad en el mundo
La obesidad se refiere a un Índice de Masa Corporal (IMB) superior a 30 kg/m²

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El aumento fue prácticamente en todos los países, con las únicas excepciones de Corea del Norte, Nauru, los países del África Subsahariana, Japón, Singapur y varios países europeos en los que no aumentó en mujeres.

En la mayoría de los países ricos (europeos, norteamericanos y asiáticos) y en Oceanía el aumento por año fue menor desde 2000 hasta el momento actual, mientras que en Latinoamérica y el Caribe, en Europa central y del este, y el este y sudeste asiático, el aumento anual fue mayor desde 2000 a esta parte.

“Antes el obeso era el rico. En los últimos años la obesidad se traslada cada vez más a los pobres, porque comen alimentos de baja calidad y no hacen actividades físicas que los favorezcan”, explica Boissonnet.

China es el país el mayor número de personas que padecen obesidad -43,2 millones de varones y 46,4 millones de mujeres-, seguido por los Estados Unidos -41,7 millones de hombres y 46,1 millones de mujeres -.

España se encuentra en el puesto número 106 respecto a la obesidad femenina y en el 35 si tenemos en cuenta esta afectación par los hombres. En ambos sexos esta variable se encuentra por encima de la media mundial.

Evolución del Índice de Masa Corporal para hombres y mujeres en España, desde 1975 hasta 2014
El área coloreada representa el 95% del intervalo de credibilidad

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Riesgo de mortalidad por obesidad es subestimado

enero 7, 2016
obesidad en EEUUEl riesgo de mortalidad asociada a la obesidad es subestimado en la mayoría de los estudios, porque estos se apoyan en una sola medición del índice de masa corporal, y no en las variaciones de peso a lo largo de períodos largos de tiempo, según un estudio reciente.
Según el reporte, las investigaciones que no distinguen entre las personas que jamás se excedieron de peso y aquellas que fueron obesas o tuvieron sobrepeso antes de adelgazar son engañosas, porque ignoran los efectos duraderos de un exceso de peso.
Además, la pérdida de peso es a menudo resultado de una enfermedad, precisan los investigadores, cuyos trabajos fueron publicados en la edición en línea de las Actas de la Academia estadounidense de las Ciencias (PNAS).
“Los riesgos asociados a la obesidad han sido subestimados en investigaciones previas porque la mayoría de los estudios toman en cuenta el peso medido una sola vez”, explica Andrew Stokes, profesor adjunto de salud pública de la Universidad de Boston y uno de los principales autores del trabajo.
“El simple hecho de incorporar medidas de peso tomadas a lo largo del tiempo deja en claro los riesgos de obesidad y muestra que estos son mucho mayores que los estimados hasta ahora”, añade.
Los científicos determinaron que el riesgo de mortalidad de las personas que tuvieron un peso normal al momento de la investigación, pero habían tenido sobrepeso u obesidad en el pasado, es 27% mayor al riesgo de mortalidad que padecen los que siempre mantuvieron la línea.
También observaron una mayor prevalencia de diabetes de tipo 2 y de enfermedades cardiovasculares entre las personas que tuvieron un índice de masa corporal (IMC) mayor que el normal y luego perdieron peso, que entre las personas que siempre fueron delgadas.
Los autores del estudio utilizaron datos provenientes de una amplia investigación nacional sobre nutrición realizada en Estados Unidos entre 1988 y 2010.
El 39% de las personas que tenían peso normal al momento de la investigación habían padecido en el pasado sobrepeso u obesidad.
Fuente: Nacion.com

La obesidad afecta ya a casi cuatro de cada diez estadounidenses

noviembre 16, 2015

Más de la mitad de las mujeres negras padecen la enfermedad, según el último estudio
ABC, por Manuel Erice
obesidad en USAEstados Unidos no consigue frenar la obesidad. Ni el esfuerzo de las numerosas e intensas campañas informativas realizadas los últimos diez años ha permitido detener el que está considerado el primer problema de salud de los norteamericanos. Cuando terminó el pasado año, un 38% de los adultos del país, casi cuatro de cada diez, padecían alguna forma de obesidad, considerada como un importante sobrepeso (alta acumulación de grasa en el cuerpo). Diez años antes, el ya entonces inquietante ratio alcanzaba el 32%. Los datos del Centro de Control y Prevención de la Enfermedad reflejan que el incremento de los obesos sólo se habría detenido entre los niños y los adolescentes, donde no ha variado el 17% del total que ya recogían los estudios de 2003 y 2004. Los datos han sido mal recibidos por los expertos y las autoridades sanitarias, que esperaban una reducción de la obesidad, «al haber descendido el consumo de azúcares y bebidas de soda», afirma Marion Nestle, profesor del departamento estudios de nutrición y alimentación y salud pública de la Universidad de Nueva York.

En un país que ha hecho de alimentación saludable una de las grandes batallas de interés público, incluida la implicación personal y constante de la Primera Dama, Michelle Obama, los datos de la encuesta de nutrición y salud nacional han sorprendido negativamente. En especial, los que hablan del norteamericano de mediana edad, entre 40 y 59 años, entre quienes la obesidad alcanza ya a un histórico 40%. No queda muy lejos el ratio entre los mayores de 60 años, del 37%, mientras que entre los 20 y los 39 años, se queda en el 32%. La tendencia al freno de la obesidad en niños y jóvenes, en los que entre los más pequeños, entre dos y cinco años, incluso se ha reducido del 14% al 8%, lleva a una cierta esperanza, pero la mayoría siguen siendo de la opinión de Kelly D. Brownell, experto en asuntos de salud pública de la Universidad Duke: «No estamos haciendo lo suficiente».

La conclusión del estudio resulta especialmente demoledora para las mujeres, cuyo ratio de obesidad es superior al de los hombres, un 38% frente a un 34%. Y en especial, para las de raza negra, un grupo en el que la enfermedad se dispara hasta el 57%. En el caso de las hispanas, se reduce al 46%, mientras que entre las mujeres blancas no supera un tercio del total. «Son los grupos de negras e hispanas los que marcan la diferencia de cuatro puntos entre mujeres y hombres», concluye Cynthia Ogden, directora del estudio del Centro de Control y Prevención de la Enfermedad.

El hecho de que los datos se hayan obtenido de una encuesta pública, a partir de la declaración de 5.000 personas, que en general tienden a infravalorar el peso y sobrevalorar la altura, hace pensar a los investigadoras que el problema real todavía es mayor que el que se refleja en sus conclusiones.

Echan del hospital a un enfermo de obesidad mórbida por pedir una pizza

octubre 10, 2015

ABC
Steven Assanti, de 33 años y 360 kilos de peso, que se ha hecho famoso en YouTube por sus atracones, vive en la actualidad en la camioneta de su padre.

obeso morbidoSteven Assanti, enfermo de obesidad mórbida fue expulsado de su tratamiento contra esta enfermedad del Kent County Hospital, en Rhode Island (EE UU), porque al parecer rompió las reglas marcadas por el equipo médico al pedir una pizza familiar para la comida.
Assanti, de 33 años, y famoso en Youtube por sus vídeos dándose atracones con todo tipo de viandas, dijo a una televisión local que fue echado del centro médico después de 80 días de tratamiento para intentar reducir su peso a unos niveles más normales. En el programa de adelgazamiento severo quedaba especificado que no podía salirse de la dieta estricta marcada por los médicos. Pero Assanti no pudo resistir la tentación.
Debido al incumplimiento flagrante de la terapia, la dirección del hospital, después de varios avisos anteriores, puso en la calle (literalmente) a Big Assanti. Ahora, el afectado vive en la camioneta de su padre y no tiene de momento domicilio porque alquiló su casa para poder sufragar los gastos del tratamiento.

“La expulsión de mi hijo pone en peligro su recuperación y seguro que le hace recaer en su malos hábitos alimenticios“, dijo. “Espero convencer a la dirección del Kent Hospital para que readmita a John porque su vida corre peligro“, añadió.

La obesidad y la ingesta energética aumentan al mismo tiempo en los países ricos

julio 1, 2015

Entre 1980 y 2013, la proporción de adultos a nivel mundial con sobrepeso ha pasado del 28,8 al 36,9% en los hombres y del 29,8 al 38% en las mujeres

ABC, Europa Press
obesity--644x362La obesidad está aumentando en muchos países al mismo paso que se incrementa el suministro de energía de los alimentos, según un estudio publicado en el Boletín de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El estudio, realizado por expertos con base en Nueva Zelanda y EE.UU., analizó los aumentos en el suministro de energía de los alimentos y la obesidad en 69 países (24 de altos ingresos, 27 de ingresos medios y 18 de bajos ingresos), reveló que tanto el peso del cuerpo de peso como el suministro de energía de los alimentos han aumentado en 56 (81 por ciento) de ellos entre 1971 y 2010.

En 45 países (65%), el incremento de calorías disponibles era suficiente o más que suficiente para explicar el aumento concurrente en el peso corporal. Sabemos que hay otros factores que han cambiado a lo largo de estas décadas, como el aumento de la urbanización, la dependencia del automóvil y las ocupaciones sedentarias, que también contribuyen a la epidemia mundial de obesida», dice Stefanie Vandevijvere, de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda.

«Sin embargo, nuestro estudio muestra que el exceso de calorías disponibles es un factor probable de consumo excesivo de esas calorías y puede explicar fácilmente el aumento de peso que se ve en la mayoría de los países», argumenta esta experta.

Más calorías por personas

Los aumentos medios en el suministro de energía alimentaria variaban según el país y algunos de estos niveles eran sorprendentemente altos. Por ejemplo, en Canadá, el suministro de energía alimentaria se incrementó en 559 calorías por persona por día entre 1971 y 2008, en Estados Unidos y Fiji, 768 y 550 calorías, respectivamente, en un periodo de tiempo similar.

Estos aumentos fueron muy superiores a lo que se requería para explicar el incremento de peso experimentado por cada país, lo que sugiere que los desperdicios de alimentos también se han elevado sustancialmente. «Gran parte del aumento de las calorías disponibles durante décadas ha venido de alimentos ultraprocesados, que son muy apetecibles, relativamente baratos y ampliamente publicitados, por lo que el consumo excesivo de calorías es muy fácil», afirma Vandevijvere.

El estudio es importante porque proporciona más evidencia de que los gobiernos deben implementar políticas para el suministro de alimentos más saludables y, a su vez, reducir la obesidad, que es un factor de riesgo para muchos problemas de salud, como la diabetes, enfermedades del corazón, derrames cerebrales y algunos tipos de cáncer.

Entre 1980 y 2013, la proporción de adultos a nivel mundial con sobrepeso -es decir, aquellos con un IMC de 25 kg/m2 o más- pasó del 28,8 al 36,9% en los hombres y del 29,8 al 38% en las mujeres. Una persona con un IMC de 30 o más se considera obesa.

 

Las bebidas azucaradas son la principal causa de la obesidad entre los hispanos

marzo 7, 2015

· Constituyen la principal fuente de calorías que no aportan valor nutricional.
· La OMS anunció nuevas directrices sobre el consumo de aúcares libres.
· Los menores hispanos son uno de los principales objetivos en la publicidad.

EFE, 20minutos
El alto consumo de bebidas azucaradas es una de las principales causas que propician altos índices de obesidad en Estados Unidos, y uno de los grupos que más la consumen, y al que se dirige la publicidad de estas corporaciones, son los hispanos.
azucar EP“Las bebidas azucaradas son la mayor fuente de ingesta de azúcar en los niños estadounidenses, y como sabemos esto está asociado a la obesidad”, indicó Sohyun Park, epidemióloga de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) especializada en el tema. Las bebidas azucaradas constituyen la principal fuente de calorías que no aportan valor nutricional o “vacías” en la dieta de los niños y jóvenes en Estados Unidos y en muchos casos son un factor determinante en el desarrollo de obesidad, diabetes, entre otras. El problema ha hecho que la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciase esta semana nuevas directrices sobre el consumo de azúcares libres o agregadas, para que no superen el 10 por ciento. Las nuevas recomendaciones representarían unos 50 gramos de azúcares para los adultos, y 37 gramos para los niños y las bebidas gaseosas regulares y jugos tienen en promedio entre 24 a 29 gramos de azúcar por cada 8 onzas. De acuerdo con la experta, los hispanos son una de las minorías más propensas a consumir este tipo de bebidas en mayor proporción y a padecer de los efectos negativos que estas conllevan. “El consumo de bebidas azucaradas es alto en los jóvenes, pero es aún más alto en la población hispana”, indicó Park. Más publicidad dirigida al público latino La epidemióloga citó entre las causas que inciden en esta disparidad, el hecho de que los menores hispanos son uno de los principales “blancos” en la publicidad de las compañías fabricantes de refrescos. “La industria dirige fuertemente su publicidad hacia los jóvenes latinos y cuando ellos miran estos anuncios en la televisión o en su computadora, quieren tomar estos refrescos. Sería bueno que estas compañías limitaran esta publicidad”, dijo Park.
De acuerdo con el estudio “Sugary Drink Facts 2014” de Yale Rudd Center for Food Policy & Obesity, los niños hispanos son uno de los principales blancos de la publicidad de las compañías de refrescos, que en el 2013 gastaron 866 millones de dólares para promocionar bebidas poco saludables. El reporte, financiado por la Fundación Robert Wood Johnson, encontró que la industria de las bebidas azucaradas y energéticas aumentó un 44 por ciento sus gastos de publicidad televisiva en español en 2013 en comparación con 2010. También en 2013, los jóvenes hispanos tuvieron un 93 por ciento más de probabilidades que los jóvenes blancos de visitar los sitios de internet de estas compañías de bebidas, lo que responde a una amplia presencia de estas empresas en las redes sociales. La experta citó además razones culturales, como el hecho de que las personas que provienen de países en los que el agua del grifo no siempre es potable tienden a tomar más bebidas embotelladas.

“Hay estudios que demuestran que las personas que no creen que el agua del grifo donde viven es potable, son más propensas a consumir bebidas azucaradas y los latinos son quienes expresan más desconfianza en este sentido”, aseveró la epidemióloga. De acuerdo con datos de los CDC, en 2010 se consumieron 31.5 galones de gaseosas por persona en México, cifra que superó a la cantidad ingerida en Estados Unidos. Park señaló que pese a que en Estados Unidos el agua es potable en la mayoría de los lugares, muchos no logran “romper” con estas prácticas culturales. “Es necesario que las escuelas y los lugares públicos sigan trabajando por ofrecer opciones saludables y limitar las bebidas con alto contenido de azúcar”, aseveró la epidemióloga de los CDC.