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Los niños con obesidad tienen un riesgo cuatro veces superior de desarrollar diabetes tipo 2

abril 26, 2017

El 20% de los niños de nuestro país tiene sobrepeso y el 10% es obeso, por lo que es necesaria una mayor inversión en medidas para prevenir el desarrollo de la diabetes

ABC
Lejos de ser un problema meramente ‘estético’, la obesidad es una enfermedad muy grave y asociada al desarrollo de patologías potencialmente mortales como las cardiovasculares, la diabetes o el cáncer. Un aspecto muy a tener en cuenta no solo en los adultos, cuya prevalencia global de obesidad se ha duplicado en poco más de tres décadas hasta alcanzar el 13% –o lo que es lo mismo, más de 600 millones de personas–, sino sobre todo en los niños, que ya llevan arrastrando las consecuencias de esta enfermedad desde la infancia. De hecho, un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del King’s College de Londres (Reino Unido) demuestra que, comparados con aquellos con índice de masa corporal (IMC) normal, los niños con obesidad tienen un riesgo hasta cuatro veces superior de desarrollar diabetes tipo 2 durante los primeros años de su etapa adulta.

Como explica Ali Abbasi, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of the Endocrine Society», «dado el rápido aumento de la prevalencia de obesidad y sobrepeso, la cifra de niños y adultos jóvenes diagnosticados de diabetes ha crecido notablemente en Reino Unido desde el inicio de la década de los años 90. Y en este contexto, y comparados con sus homónimos con un peso normal, los niños con obesidad presentan un riesgo cuatro veces mayor de ser diagnosticados de diabetes a la edad de 25 años».

Epidemia creciente

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los historiales médicos, y muy especialmente los datos referidos al IMC y a las enfermedades metabólicas, de 369.362 menores británicos con edades comprendidas entre los 2 y los 15 años.

Los resultados mostraron que 654 de los niños y adolescentes participantes en el estudio habían sido diagnosticados de diabetes tipo 2 entre los años 1994 y 2013. Y lo que es más importante, que la tasa de niños que desarrollaron la enfermedad, de ‘solo’ seis nuevos casos por cada 100.00 niños entre los años 1994 y 1998, se elevó hasta los 33 nuevos casos por cada 100.000 infantes durante el periodo 2009-2013. Un incremento de la incidencia de diabetes que, simple y llanamente, se explica por el aumento de la prevalencia de obesidad en Reino Unido.

Como refiere Ali Abbasi, «la diabetes conlleva una enorme carga para la sociedad dado que la enfermedad es cada vez más común y más costosa de tratar. Las estimaciones actuales indican que uno de cada 11 adultos padece diabetes tipo 2, lo que supondría una cifra global cercana a los 415 millones de personas. Y dado que tanto la diabetes como la enfermedad se pueden prevenir desde los primeros años de vida, esperamos que nuestros resultados, conjuntamente con los alcanzados en otras investigaciones, motivarán al público y a los decisores políticos a implicarse e invertir en esfuerzos para la prevención de la diabetes».

Diabetes tipo 2, no tipo 1

Finalmente, los resultados también mostraron que 1.138 niños fueron diagnosticados de diabetes tipo 1 durante el periodo 1994-2013. Sin embargo, y contrariamente a lo sucedido en el caso de la diabetes tipo 2, los autores no hallaron ninguna relación entre la diabetes tipo 1 y la obesidad. Un resultado esperable dado que la diabetes tipo 1 es el resultado de una enfermedad autoinmune subyacente.

En definitiva, el exceso de peso aumenta, y mucho, el riesgo de que los niños acaben desarrollando diabetes tipo 2. Un aspecto muy a tener en cuenta dado que, ya a día de hoy, hasta un 20% de los niños españoles presenta sobrepeso y un 10% es obeso.

El 54% de la población trabajadora en España sufre sobrepeso u obesidad

octubre 10, 2016

El 38% de los trabajadores tienen sobrepeso y un 16% tienen obesidad. Esto da como resultados que un 54% de la población con empleo tiene un peso por encima de los rangos que recomienda no sobrepasar la Organización Mundial de la Salud (OMS), según se desprende de un estudio elaborado por Premap Seguridad y Salud.

El Ideal Gallego

El considerado como hombre más obeso de España, Gustavo Adolfo Orozco Moreno, de 31 años, en 2010 en la clínica en Barcelona antes de someterse a una intervención de "by-pass" gástrico con el fin de reducir su peso de 260 kilos. EFE/ Andreu Dalmau.

El considerado como hombre más obeso de España, Gustavo Adolfo Orozco Moreno, de 31 años, en 2010 en la clínica en Barcelona antes de someterse a una intervención de “by-pass” gástrico con el fin de reducir su peso de 260 kilos. EFE/ Andreu Dalmau.

El 38% de los trabajadores tienen sobrepeso y un 16% tienen obesidad. Esto da como resultados que un 54% de la población con empleo tiene un peso por encima de los rangos que recomienda no sobrepasar la Organización Mundial de la Salud (OMS), según se desprende de un estudio elaborado por Premap Seguridad y Salud.
Los datos no variaron mucho desde el año 2010 cuando el porcentaje de trabajadores con sobrepeso u obesidad era del 55 %, solo un punto más que en la actualidad, por lo que en estos cinco años no se aprecia una mejora muy significativa en estos parámetros.
El estudio, que analiza los reconocimientos médicos realizados durante el año 2015 a 820.938 trabajadores de distintos sectores de la economía española, muestra que son las mujeres las que cuidan más su salud y presentan menores tasas de sobrepeso y obesidad.
Así, se puede observar que el 58% de la población laboral femenina está en lo que se considera normopeso, porcentaje que en los hombres es del 35%.
En cuanto al porcentaje de obesos, en los hombres se da en el 18,5% de la población trabajadora, por solo en el 12% de las mujeres. Y en cuanto al sobrepeso, afecta a un 44 % de los trabajadores masculinos por un 26% de las mujeres.
Antonio Moreno, enfermero del Trabajo, señala que “la salud es única y un entorno que no promueva hábitos saludables puede generar conductas inadecuadas tales como una nutrición desequilibrada o una baja actividad física y, por tanto, personas con peor salud. En definitiva, trabajadores menos sanos, poco motivados y con una baja productividad”.

Responsabilidad

A su juicio, “las empresas tienen una gran responsabilidad para influir positivamente en esta tendencia, ya que el ámbito laboral es un espacio idóneo para promover los hábitos saludables y así poder incidir sobre factores de riesgo que se pueden controlar como la obesidad, el colesterol, la hipertensión, el sedentarismo o la diabetes”.
Por comunidades autónomas, Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura son las que cuentan con los trabajadores más obesos.
Concretamente, el 19% de sus empleados presentan obesidad de grado, lo que se considera cuando el índice de Masa Corporal (IMC) es igual o superior a 30.
Por el contrario, las que la población laboral tiene un mayor porcentaje de personas con un peso considerado adecuado son Madrid (46%), Baleares (47%) y el País Vasco (48%).
Precisamente esta comunidad es la que menos porcentaje de trabajadores con sobrepeso tiene (35%) en oposición a Galicia y Extremadura, comunidades con la mayor proporción de obesos y personas con sobrepeso en el entorno laboral.

EEUU: aumentan los niveles de obesidad en jóvenes y mujeres

junio 9, 2016

Se ha avanzado en la lucha contra la obesidad, pero las investigaciones más recientes indican que aún queda mucho por hacer para evitar que esta enfermedad se convierta en una epidemia mundial

Univision.com

75Aunque algo se ha avanzado en la lucha contra la obesidad, los niveles en jóvenes y mujeres siguen aumentando. Al menos esa es la conclusión de dos estudios publicados este martes en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA).

“Se necesitan soluciones más inmediatas. El énfasis tiene que estar en la prevención, aunque la evidencia diga que las campañas de educación de los gobiernos locales y las asociaciones profesionales en escuelas y programas comunitarios hasta ahora no han tenido un gran éxito”, escribieron en la editorial los doctores Jody W. Zylke y Howard Bauchner.

En el primero de los estudios Cynthia L. Ogden, Ph.D., del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades investigó junto a otros colegas las tendencias en la prevalencia de la obesidad y la obesidad extrema en niños y adolescentes de edades entre 2 y 19 años, usando datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANES). 

Obesidad en niños y jóvenes (2013-2014)
El estudio analizó información de 40,780 niños y adolescentes.

obesidad EEUU 1

Tras analizar información de 40,780 niños y adolescentes, concluyeron que la obesidad ha disminuido entre los niños de 2 años a 5 años, se ha estabilizado en los niños de 6 a 11 años y ha aumentado en los adolescentes de 12 a 19 años de edad. Este último grupo aumentó de 10.5% entre 1988-1994 y 20.6% entre 2013-2014.

Las cifras globales del estudio muestran que, en el período más reciente (2011-2014), 17% de los niños y adolescentes presentaron obesidad y 5.8% obesidad extrema.

Obesidad en hombres y mujeres (2013-2014)
El estudio analizó información de 2,638 hombres y 2,817 mujeres.
Obesidad en EEUU, fuente JAMA

El segundo estudio analizó a 2,638 adultos e indica que la obesidad entre 2013- 2014 afectó a 35% de los hombres y 40% de las mujeres y, entre 2005 y 2014, hubo un aumento en la prevalencia entre las mujeres, pero no en los hombres.

Una epidemia en puertas

Los hallazgos de estos nuevos estudios concuerdan con las cifras reveladas en una investigación a escala global publicada en abril en la revista científica británitca The Lancet. La población mundial pasó de tener 105 millones de personas obesas a 641 millones, en solo cuatro décadas, y de mantenerse la tendencia, para el año 2025 la quinta parte de la población del planeta será obesa.

“Durante los últimos 40 años, hemos pasado de un mundo en el que la prevalencia del peso bajo fue más del doble que el de la obesidad, a uno en el que hay más gente obesa”, explicó el autor principal del estudio, el profesor Majid Ezzati de la Escuela de Salud Pública del Imperial College de Londres. La investigación, cuya muestra incluye a individuos de casi 200 países, analiza las tendencias a nivel mundial y regional del Índice de Masa Corporal (IMC) en adultos mayores de 18 años, entre 1975 y 2014.

To GO WITH AFP STORY by JAVIER TOVAR - Solange de Goncalves, 38, speaks with AFP at her house in Sao Goncalo, Niteroi, 35km north of Rio de Janeiro, Brazil on August 28, 2012. Solange dropped from 138 kilograms of weight to 123 kilograms in 50 days, after an operation to reduce the size of her stomach from 1,2 liters to 30 mililiters of capacity.                    AFP PHOTO/VANDERLEI ALMEIDA        (Photo credit should read VANDERLEI ALMEIDA/AFP/GettyImages)

To GO WITH AFP STORY by JAVIER TOVAR – Solange de Goncalves, 38, speaks with AFP at her house in Sao Goncalo, Niteroi, 35km north of Rio de Janeiro, Brazil on August 28, 2012. Solange dropped from 138 kilograms of weight to 123 kilograms in 50 days, after an operation to reduce the size of her stomach from 1,2 liters to 30 mililiters of capacity. AFP PHOTO/VANDERLEI ALMEIDA (Photo credit should read VANDERLEI ALMEIDA/AFP/GettyImages)

“El número de personas en todo el mundo cuyo peso supone una seria amenaza para su salud es mayor que nunca antes”, afirmó el profesor.

La proporción de hombres obesos se ha triplicado, pasando de 3.2% a 10.8%, y la de mujeres se ha duplicado, de 6.4% a 14.9%. La obesidad mórbida –cuando el peso interfiere con funciones físicas básicas, como respirar o caminar- también ha aumentado y hoy afecta a alrededor del 1% de los hombres y 2% de las mujeres, lo que es igual a decir que unos 55 millones de adultos son obesos mórbidos.

Otro de los puntos que precisa la investigación es la ubicación geográfica. Casi una quinta parte de los adultos obesos del mundo (118 millones) vive en sólo seis países de habla inglesa y altos ingresos: Australia, Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos. Más de un cuarto de las personas con obesidad severa del mundo (50 millones) también vive en estos países.

Proponen cambiar el concepto de «obeso»

abril 27, 2016

La Razón, por E. Villar
“Dicho de una persona: excesivamente gorda”. El diccionario de la Real Academia Española no lo pone demasiado fácil ni resuelve muchas dudas. Un obeso es alguien “excesivamente gordo”. Sin más. Desde el punto de vista médico, este concepto se vincula con el de un peso corporal superior al que debería ser en proporción a la altura del individuo, asociado a una cantidad demasiado elevada de grasas. ¿Nada más?

Ahora, un estudio internacional liderado por la Universidad de Granada ha “redefinido” el concepto que la ciencia tiene de obesidad, para determinar que se trata de un exceso de peso corporal (incluyendo mucha grasa, pero también mucho músculo) para una altura en particular, y no solo un exceso de grasa corporal como se había creído hasta ahora.

Para realizar la investigación, los investigadores analizaron los datos de más de 60.000 personas que fueron seguidas durante un promedio de 15 años para estudiar cómo factores como la obesidad predicen el riesgo de morir por enfermedad cardiovascular, informa la Universidad de Granada en un comunicado.

A diferencia de la mayoría de estudios de similares características, este trabajo evaluó no solo el peso y talla de los participantes, lo cual permite calcular el índice de masa corporal (IMC=peso(kg) dividido por la altura(m)2), sino que además evaluó también la cantidad de grasa y músculo de los participantes mediante la medición de pliegues cutáneos y en una submuestra de más de 30.000 participantes mediante pesaje hidroestático, lo cual es considerado como un método de referencia o ‘gold-standard’ para la medición de la grasa corporal.

El IMC lo propuso por primera vez Adolphe Quetelet en el año 1832, y se usa internacionalmente para definir cuando una persona tiene sobrepeso (IMC≥25kg/m2) u obesidad (IMC≥30kg/m2) y desde entonces hasta la fecha se ha usado en más de 100.000 artículos científicos publicados, siendo por tanto el índice antropométrico más empleado en todo el mundo.

Pero este sistema de catalogación no es, ni mucho menos, perfecto. “El IMC recibe al mismo tiempo muchas y muy fuertes críticas, por su falta de capacidad para discriminar si un alto peso corporal se debe a que la persona tiene mucha grasa, mucho músculo o ambos. Muchos autores proponen que se debería usar el porcentaje de grasa en lugar del IMC, sobre todo cuando se estudie en relación con la enfermedad cardiovascular”, explica el investigador de la UGR Francisco B. Ortega y responsable de la investigación.

En el estudio realizado en la UGR, sus autores se plantearon si realmente una medida precisa de la grasa corporal sería un predictor más potente de mortalidad por causa cardiovascular que el simple, barato y rápido de medir el IMC. Para sorpresa de muchos, el resultado fue justo lo opuesto: el IMC fue un predictor significativamente más potente que el porcentaje graso en la predicción del riesgo futuro de morir por enfermedad cardiovascular.

Es más, incluso cuando el análisis se restringió a la mitad de la muestra (30.000 personas), con estimación de la grasa corporal medida por el método de referencia del pesaje histrostático, un método extremadamente caro y complejo, aun así, el IMC fue el mayor predictor de mortalidad por causa cardiovascular.

¿Cómo es posible que el IMC que consiste en peso (que incluye grasa más músculo) relativo a altura, prediga mejor la enfermedad cardiovascular que indicadores precisos de la cantidad de grasa que tiene una persona?, se preguntan los investigadores. “Nosotros nos planteamos que una hipótesis posible sería que no solo grandes cantidades de grasa se asocien con mayor riesgo, sino quizás también grandes cantidades de músculo o masa no grasa”, apunta Ortega.

Para ello, los científicos de la UGR testaron esta hipótesis con los datos del presente estudio y se confirmó, lo que explicaría que el IMC, que es la suma de la grasa más el músculo y todo ello relativizado por la altura, sea a nivel epidemiológico más potente predictor de enfermedad cardiovascular futura que indicadores de la cantidad de grasa de forma aislada. En el estudio, los autores exponen diferentes mecanismos fisiológicos que pueden explicar estos resultados.

Esta investigación ofrece resultados novedosos y casi contradictorios con las creencias existentes y contribuye a entender mejor lo que es la obesidad y cómo esta se asocia con la enfermedad cardiovascular.

Esta investigación, pionera a nivel mundial, ha sido coordinada por Francisco B. Ortega, investigador Ramón y Cajal en la Facultad de Ciencias del Deporte de la UGR, y co-director del grupo de investigación PROFITH en colaboración con prestigiosos investigadores estadounidenses (el epidemiólogo Steven N Blair y el cardiólogo Charles J.Lavie). Su investigación ha sido publicada en la revista Mayo Clinic Proceedings.

Detectan importantes aumentos globales de obesidad y diabetes en los últimos 35 años

abril 8, 2016

– Los expertos conservan un determinado optimismo pero reconocen que es difícil cambiar el estilo de vida y de comportamiento forjado durante décadas.
– A pesar de que comer en exceso es el principal problema de salud, la falta de seguridad alimentaria aún requiere atención, sobre todo en África y Asia.
– Una quinta parte de la población mundial será obesa en 2025.

EP, 20 minutos
Embarazo y diabetesDos artículos publicados en The Lancet revelan incrementos dramáticos en todo el mundo en el índice de masa corporal (IMC) y la diabetes tipo 2. En concreto, muestran que entre 1975 y 2014 el mundo hizo una transición en la que la obesidad es ahora más común en adultos que la falta de peso y durante aproximadamente el mismo periodo de tiempo, de 1980 a 2014, la proporción global de adultos con diabetes es más del doble entre los hombres y aumentó en casi un 60% entre las mujeres.
Los autores mencionan el territorio estadounidense de Samoa y Samoa independiente por su alta prevalencia en ambos trastornos. Como investigador que ha estudiado estos fenómenos en samoanos desde 1976, el doctor Stephen McGarvey aportó gran cantidad de datos sobre las tendencias temporales a ambos informes y ayudó a escribir el documento de la diabetes, además de ver en los datos globales algunos de los mismos patrones que ha detectado en las islas.
Las tasas ya estaban subiendo en Samoa Americana a mediados de la década de 1970, cuando McGarvey comenzó su investigación, y han continuado elevándose. En su mayor parte las influencias a los incrementos de estos trastornos han sido las mismas que han jugado un papel fundamental en muchas otras partes del mundo en desarrollo, según destaca McGarvey, que imparte una clase en la Universidad Brown, en Providence, Estados Unidos, llamada Global Health Nutrition.

La “transición nutricional”
Uno de ellos es la llamada “transición nutricional”, un término acuñado por Barry Popkin, de la Universidad de Carolina del Norte. Las cadenas globales de suministro de alimentos han dado en muchos lugares el acceso a alimentos procesados y preparados con altas cantidades de calorías y grasas, subraya McGarvey.
En Samoa, por ejemplo, este experto vio una proliferación de pequeñas empresas familiares en las que las personas cocinan pollo frito para su venta. Esta tendencia de alimentación ha llevado a un aumento en la disponibilidad de aceite de cocina importado barato y piezas de pollo congeladas.
A medida que las economías se han modernizado, coches y autobuses han sustituido a la actividad de andar y el trabajo ha pasado a menudo de trabajo de subsistencia exigente físicamente a trabajos industriales y de servicios relativamente sedentarios, alerta el doctor. Es también probable que los estilos de vida familiar se estructuren menos en torno a la laboriosa cocina casera de comida tradicional.
En resumen, como en los samoanos, cada vez hay más lugares, como los países occidentales, donde la comida ha pasado de ser cocinada por uno mismo y de elaboración propia a más de calorías y práctica. Al mismo tiempo, la globalización de la alimentación ha dejado claro que todavía algunas personas se han quedado atrás, con muchos todavía que no tienen suficiente comida.
A pesar de que comer en exceso se ha convertido en el principal problema de salud, dice McGarvey, la falta de seguridad alimentaria aún requiere atención, sobre todo en África central y el sur de Asia. El estudio sobre el IMC de The Lancet señala que en 2014, el 8,8% de los hombres y el 9,7% de las mujeres presentaba todavía bajo peso, mientras que el 10,8% de los hombres y el 14,9% de las mujeres eran obesos.
Las tendencias globales sobre el IMC y la diabetes, especialmente en el mundo en desarrollo, van en contra de los objetivos establecidos por la Organización Mundial de la Salud para frenar los aumentos en 2025 a los niveles de 2010. McGarvey señala que él y sus colegas conservan un determinado optimismo pero reconoce que es difícil cambiar el estilo de vida y de comportamiento que se ha ido forjando durante décadas. “La mayoría de la gente cree que esto va a ser muy difícil. Podemos tardar en conseguir salir, ya que nos costó tiempo entrar”, afirma.

Así comemos los españoles: ocho gráficas que explican por qué engordamos

noviembre 4, 2015

El informe ‘Alimentación y sociedad en la España del siglo XXI’ reúne los últimos datos sobre nuestra dieta diaria y cómo esta influye en nuestra salud

El Confidencial, por Miguel Ayuso
asi-comemos-los-espanoles-ocho-graficas-que-explican-por-que-engordamosLa sobreabundancia de recomendaciones nutricionales –y el anuncio de que algunas de las cosas que hemos comido siempre son mucho peores de lo que creíamos–, puede tener un efecto rebote. Podemos pensar que, al fin y al cabo, estamos en esta vida para disfrutar, y la dieta que llevamos no tiene tanta importancia como nos quieren hacer creer. Pero, por desgracia, no es así.

Según los últimos datos del macroestudio Global Burden of Disease (“Coste mundial de la enfemedad”), que publicó recientemente ‘The Lancet’, es una dieta inadecuada el factor de riesgo que más problemas causa en nuestra salud y es responsable del 21% de las muertes evitables. Toda la información sobre cómo es nuestra dieta y cómo podemos mejorarla es bienvenida.

Esta mañana la Fundación Mapfre ha presentado el informe ‘Alimentación y sociedad en la España del siglo XXI’, elaborado por el Grupo de Investigación en Nutrición y Ciencias de la Alimentación de la Universidad CEU San Pablo, dirigido por el profesor Gregorio Varela.

El objetivo principal del estudio, que se ha realizado con una muestra representativa de más de 2.000 adultos de todo el territorio nacional, era “conocer el impacto de los estilos de vida en los hábitos de compra y consumo de los españoles, a través de la organización alimentaria, las formas de preparación y los hábitos de compra de los alimentos, las preferencias y aversiones alimentarias y la propia percepción de conocimientos en materia de alimentación y nutrición”. Estas son sus principales conclusiones:

Cuántas veces comemos

Los españoles realizan mayoritariamente tres comidas diarias: el desayuno, la comida del mediodía y la cena, y sólo el 28% toma algo a media mañana y media tarde. El desayuno, al que siempre se dice que no damos la importancia que debíeramos, es un hábito consolidado: lo realiza un 95,4% de los encuestados en día laborable, aunque los estudiantes siguen siendo los que menos desayunan.

El número de comidas que se realizan al día tiene relación con nuestro peso. Entre las personas que realizan menos comidas, tanto a diario como en fin de semana, existe un mayor porcentaje de personas con obesidad o sobrepeso.

IMC1Cómo comemos

El estudio concluye que se invierten alrededor de 15 minutos en el desayuno y entre 30-40 minutos en comidas y cenas. En Galicia y Cataluña es donde se invierte más tiempo en comer.

Las dos comidas principales, la del medio día y la cena, se realizan mayoritariamente sentados, conversando o prestando atención a lo que tenemos en el plato, tanto a diario como los fines de semana. No obstante, en menores de 30 años se observa un número creciente de personas (por encima del 30%) que comen y cenan viendo la televisión. Quienes en mayor medida comen solos los días laborables son el 26% de los catalanes y madrileños.

IMC2Entre quienes comen sentados conversando con alguien existe un mayor porcentaje de personas con peso normal que en el resto de grupos.

Dónde comemos

La gran mayoría de los españoles de la muestra estudiada realiza las distintas comidas en el hogar: un 94,1% de los encuestados afirma desayunar en casa y un 87% también realiza allí la comida del mediodía (este porcentaje es menor durante el fin de semana, 84,7%). La razón principal para comer fuera a diario es la actividad laboral. Cabe destacar que el 17% de la población del área metropolitana de Madrid afirma comer fuera todos los días. Los que con mayor frecuencia salen a comer fuera de casa por ocio son los murcianos y los andaluces.

Las comidas que más se realizan fuera de casa a diario son las comidas secundarias, especialmente la toma de media mañana, y suele realizarse en el ámbito laboral, ya sea llevándose la comida preparada de casa (26,4%) o en una cafetería (14,4%).

IMC3 IMC4

Si analizamos la relación entre el lugar donde se realizan las comidas (en casa, en un bar, cafetería o restaurante) y el Índice de Masa Corporal, se observa que entre quienes desayunan fuera de casa existe un mayor porcentaje de personas con sobrepeso y obesidad. En fin de semana, las diferencias en este parámetro no resultan significativas y esta tendencia no se ha observado en lo que respecta a la comida del mediodía: de hecho, el porcentaje de personas con sobrepeso es mayor entre aquellas personas que comen en casa.

Quién y como cocina

Los resultados ponen de manifiesto que más del 80% de las mujeres saben cocinar, excepto las más jóvenes, entre las que el 70% sabe cocinar y el 25% “se defiende”. Sin embargo, entre los hombres, el porcentaje de chefs se reduce con la edad; desde el 60% de los más jóvenes, al 30% en el estrato de 65 a 75 años, y aumenta ligeramente en el último intervalo, de mayores de 75 años (40%). En todos los intervalos de edad, en torno al 30% admite que “se defiende”. Parece ser que la mayor parte de la población considera que puede cocinar; apenas el 9,5% reconoce “no saber”. Por comunidades autónomas, el porcentaje de los españoles que dicen saber cocinar oscila entre un 57,5% en Navarra y un 74,6% en Aragón.

Existe un mayor porcentaje de personas con un peso normal entre quienes se responsabilizan de la comida de un hogar y, también, entre las familias acostumbradas a guisar y cocinar al horno y a la plancha

IMC5Qué comemos

Aunque los hábitos en torno a la comida tienen un impacto en nuestra salud, no podemos olvidar que la composición de ésta es al final lo más importante. Y en ella influyen enormemente nuestros gustos. En todas las zonas geográficas la pasta es el alimento preferido, sólo superado por el arroz (que a efectos nutricionales es equivalente) en el Levante. En el noroeste se prefiere el pescado; y en el norte, las verduras y hortalizas. La ensalada, la fruta y las legumbres están en todas las regiones en bajas posiciones, algo que debería preocuparnos.

Alimentos que más gustan Alimentos que menos gustanEs habitual escuchar que hay gente demasiado preocupada por la alimentación, algo que puede ser contraproducente o inútil, pero el estudio muestra que esto no es real: existe una asociación directa entre la preocupación por la salud y el comportamiento de compra, con la proporción de personas con sobrepeso.

IMC habitos de compra
Fuente gráficos: El Confidencial.LAB

Los ‘beneficios’ sorprendentes del sobrepeso y la obesidad

abril 15, 2015

Un estudio afirma que las personas con un mayor IMC tendría menos riesgo de demencia que aquellas con un peso saludable o bajo

ABC
obesidad y alzeimerEl sobrepeso y la obesidad podrían tener algún efecto positivo. Lo sugiere una investigación que ha revisado los datos de casi 2 millones de personas que se publica en «The Lancet Diabetes & Endocrinology» y que afirma que las personas de mediana edad con un peso bajo (índice de masa corporal [IMC] de menos de 20 kg / m2) tienen un tercio más de probabilidades de desarrollar demencia que las personas de la misma edad con un IMC saludable. Pero además ha visto que, sorprendentemente, las personas obesas de mediana edad (IMC superior a 30 kg / m2) tienen casi un 30% menos de probabilidades de desarrollar demencia que las personas con un peso saludable, lo que contradice los resultados de la mayoría de la investigaciones previas. Es decir, al contrario de lo que se cree, la obesidad no conduce a un mayor riesgo de demencia.

Los investigadores de la London School of Higiene y Medicina Tropical y OXON Epidemiology (Reino Unido) han analizado de una base de datos de que recoge información sobre pacientes durante más de casi 20 años, lo que representa alrededor del 9% de la población del Reino Unido. En concreto han analizado los registros médicos de casi 1.958.191 personas con una edad media de 55 años en el inicio del período de estudio y una media en su IMC de 26,5 kg / m2, lo que normalmente se clasifica como sobrepeso. Durante los nueve años de seguimiento, 45.507 personas fueron diagnosticadas de demencia.

Y los resultados mostraron que las personas que tenían bajo peso en la mediana edad eran un tercio (34%) más propensos a ser diagnosticados con demencia que las de un peso saludable, y este aumento del riesgo de demencia persistido incluso 15 años después de que se registró el peso inferior al normal. Según el estudio, las personas de bajo peso tienen un riesgo un 39% mayor de padecer demencia comparado con una persona de peso normal o saludable. Sin embargo, aquellos que tienen sobrepeso el riesgo es un 18% menor, y para los obesos, la cifra es de un 24%.

Sorprendente

«Es sorprendente», señaló a la BBC el autor del trabajo, Nawab Qizilbash. «Lo controvertido es que quienes tienen sobrepeso y los obesos tienen un riesgo menor de padecer demencia que quienes tienen un peso normal o saludable», afirmó.

Para otro de los investigadores, Stuart Pocock de la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical, los resultados sugieren que los médicos, profesionales de salud pública y los políticos necesitan «repensar» cómo identificar mejor a aquellas personas con un mayor riesgo de demencia. está en alto riesgo de demencia. También, añade, «nuestros resultados también abren una nueva vía interesante en la búsqueda de los factores de protección para la demencia. Es decir -explica-, si podemos entender por qué las personas con un IMC elevado tienen un menor riesgo de demencia, es posible que los investigadores podrían ser capaces de utilizar estos conocimientos para desarrollar nuevos tratamientos para la demencia».

Los expertos reconocen que desconocen las razones por las que un IMC alto podría estar asociado con un menor riesgo de demencia. En este sentido Qizilbash reconoce que «las razones de esta asociación inversa no son claras. Quedan muchas cuestiones por resolver relacionadas con la dieta, el ejercicio, la fragilidad, los factores genéticos y cambio de peso».

Polémico tema

En un comentario, la profesora Deborah Gustafson, de SUNY Downstate Medical Center en Nueva York (EE.UU.), escribe que la literatura publicada sobre el IMC y la demencia es equívoca. «Algunos trabajos hablan de una asociación positiva entre un IMC elevado y la demencia, mientras que otros no». Y añade que para entender la asociación entre el IMC y la demencia habría que comprender la complejidad de la identificación de los factores de riesgo y de protección para la demencia. El informe de Qizilbash, asegura, «no tiene la última palabra sobre este polémico tema».

La economía ‘ayuda’ a coger kilos: si baja el precio de la caloría, la población engorda

enero 30, 2015

El Economista
obesidadUn nuevo documento de la Oficina Nacional de Investigación Económica de EEUU argumenta que los factores económicos pueden ser una causa de relevancia que explique por qué ha crecido la obesidad.

Tal y como publica Bloomberg tanto el precio de la comida como la oferta de trabajo en un estado o comunidad podrían explicar el 37% del incremento en el Índice de Masa Corporal en EEUU entre 1990 hasta 2010, así como el 59% del aumento de la obesidad severa.

Para simplificarlo completamente se puede afirmar que la población engorda cuanto el coste por caloría baja, cuanto más barata es la comida rica en calorías y azúcares mayor es el crecimiento de la obesidad.

Por otro lado, otro de los factores que incrementan el peso de los ciudadanos es la expansión y la proliferación de grandes supermercados y almacenes. La apertura de este tipo de centros explica el 17,2% del aumento de peso de los norteamericanos.

Según palabras textuales del documento, “la densidad de supermercados y grandes almacenes incrementa la probabilidad de que los ciudadanos inicien una dieta… El acceso a todo tipo de comida de bajo coste que proporcionan estos centros desencadena en problemas de autocontrol”.

Este problema no ha pasado desapercibido por parte de las grandes empresas dedicadas a la venta de bienes comestibles, como es el caso de Wal-Mart. Tara Greco, directora de comunicación de esta empresa, asegura que están trabajando para crear comida más sana y accesible, porque son conscientes del aumento de la obesidad en EEUU, que ha pasado del 13% en 1960 al 35% en 2012.

Hay esperanza

Según el mismo estudio, hay esperanza puesto que está demostrado que por ejemplo la expansión de las ciudades deportivas y los gimnasios afectan de forma negativa al Índice de Masa Corporal. El mismo resultado tienen los aumentos en el precio de la gasolina.

Por otro lado, el tabaco y la jerarquía dentro de la empresa son otros componente relevante. Cuando el precio de los cigarros sube la obesidad aumenta. En lo que se refiere a los puestos de trabajo, cuanto menor es la cualificación requerida es mayor la tendencia a tener unos kilos de más.

La fecha de nacimiento puede determinar el riesgo de obesidad

diciembre 31, 2014

Los factores ambientales marcan la relación entre una variante genética del gen de la obesidad FTO y el índice de masa corporal.
ABC, por S. Gutiérrez
reloj obesidadLa fecha de nacimiento puede ser determinante en el riesgo de ser obeso. Resulta que los investigadores que trabajan para desvelar el impacto de la genética frente al medio ambiente en la obesidad han identificado ahora un nuevo factor: la fecha de nacimiento. Según se detalla en el último número de la revista «PNAS», el impacto de una variante genética de un gen ligado con el riesgo de obesidad, FTO, depende en gran medida de año de nacimiento. De hecho en su estudio han hallado una fecha clave, 1942: en los nacidos antes de ese año no había relación alguna entre la variante genética del gen FTO y la obesidad, pero muy relevante para aquellos nacidos en los años posteriores.

Los investigadores han utilizado la base de datos del Estudio del corazón Framingham y gracias a ellos han visto que existía correlación entre la variante genética asociada a la obesidad más conocida y el índice de masa corporal. «Éste aumentaba significativamente a medida que el año de nacimiento de los participantes era mayor», explica James Rosenquist Niels, del Hospital General de Massachusetts (EE.UU.) y autor principal del informe. «Estos resultados –continúa- son los primeros que han observado esta relación y sugieren que probablemente existan otras relaciones entre las variantes genéticas y los rasgos físicos que pueden estar mediadas por la fecha de nacimiento, incluso para aquellos nacidos en la misma familia».

Debido a que la mayoría de los estudios sobre las interacciones entre los genes y el medio ambiente han analizado las diferencias dentro de cohortes con una fecha de nacimiento específica -grupos nacidos durante un periodo determinado de años-, que no tiene en consideración los cambios en un entorno más amplio temporal, los investigadores, para investigar si las diferentes condiciones de los distintos grupos de edad podrían alterar el impacto de una variante genética, analizaron los datos de los participantes en el Framingham Offspring Study -que sigue a los hijos de los participantes del estudio original- obtenidos entre 1971, cuando los participantes oscilaron en la edad 27 a 63, y 2008.

Año clave

Así, al investigar las relaciones entre el índice de masa corporal de los participantes, medido en ocho ocasiones durante el estudio, las variantes del gen FTO que habían heredado y su fecha de nacimiento encontraron que la asociación ya notificada anteriormente entre una variante específica del FTO y el IMC, únicamente estaba presente en los participantes nacidos más tarde. De esta forma, no existía dicha relación entre la variante genética y el IMC para aquellos nacidos antes de 1942, pero sí en los nacidos después de 1942. De hecho, la relación era dos veces más fuerte como ya se había visto en estudios anteriores.

Y aunque este trabajo no ha sido capaz de identificar las diferencias ambientales que se combinaron con la variante del gen FTO para aumentar el riesgo de obesidad, los autores creen que algunos factores relacionados con la II Guerra Mundial, como el aumento de la dependencia de la tecnología en el lugar de trabajo físico y la disponibilidad de dietas altas en calorías procedentes de alimentos procesados son probables contribuyentes.

Respuesta genética

«Sabemos que el medio ambiente juega un papel muy importante en la expresión de los genes, un hecho que se puede ver incluso entre hermanos nacidos durante diferentes años, implica que los factores ambientales tales como las ‘modas’ de los productos alimenticios y la actividad laboral pueden afectar las características genéticas», asegura Rosenquist. Y añade: «nuestros resultados subrayan la importancia de la interpretación de los estudios genéticos y dejan abierta la posibilidad de que nuevos factores de riesgo genético puedan aparecer en el futuro debido a las diferentes respuestas genéticas impulsadas por nuestro entorno en constante cambio».

La obesidad puede reducir en 8 años la expectativa de vida

diciembre 5, 2014

Acorta además en 19 los años de vida sin enfermedades.

EFE, La Voz de Galicia
obesidad y cancerLa obesidad puede reducir en hasta 8 años la expectativa de vida de las personas y en 19 los años de vida sin enfermedades, según concluye un estudio publicado hoy en la revista médica «The Lancet».

Un equipo del Instituto de investigación del centro de salud de la Universidad McGill de Montreal (Canadá), dirigido por el doctor Steven Glover, elaboró un modelo informático de la incidencia de enfermedades según el peso, con datos extraídos del Estudio de nutrición y salud nacional de Estados Unidos.

Los expertos calcularon el riesgo de contraer diabetes y enfermedades cardiovasculares para adultos de diferente peso y después analizaron el efecto del sobrepeso y la obesidad en los años de vida que perdían -y en los años de vida sana perdidos- de adultos estadounidenses de entre 20 y 79 años, comparado con personas de peso normal.

Comprobaron que las personas con sobrepeso (un índice de masa corporal, o IMC, de 25) perdían de 0 a 3 años de expectativa de vida, dependiendo de su edad y género.

Las personas obesas (IMC de 30) perdían entre 1 y 6 años, mientras que las muy obesas (IMC de 35) veían recortada su vida entre 1 y 8 años, comparado con personas con un IMC ajustado a su altura y dimensiones.

Se considera que un IMC por debajo de 18,5 indica desnutrición o algún problema de salud, mientras que uno superior a 25 indica sobrepeso.

Por encima de 30 hay obesidad leve, y por encima de 40 hay obesidad elevada.

«Nuestro modelo informático prueba que la obesidad está asociada con un riesgo más alto de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes que, de promedio, reducirán drásticamente la expectativa de vida de la persona y sus años de vida sana, sin estas enfermedades crónicas», explica Grover.

Según su estudio, el efecto del peso excesivo en la pérdida de años de vida es mayor entre los jóvenes de entre 20 y 29 años, ascendiendo a 19 años de vida menos en los casos de obesidad extrema, y disminuye con la edad.

El exceso de peso no solo reduce la expectativa de vida sino también los años de vida sana, definidos en este estudio como los años sin enfermedades asociadas al peso, como la diabetes de tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, apuntan los expertos.

«La pauta está clara», afirma Glover.

«Cuanto más pesa una persona y cuanto más joven es, mayor es el efecto en su salud, pues tiene más años por delante en los que los mayores riesgos de salud asociados con la obesidad pueden tener un impacto negativo en su vida», declara.

Según este especialista, estos datos son útiles para que las personas obesas y los profesionales de la salud «puedan apreciar mejor la escala del problema y los beneficios de un estilo de vida más sano».