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Cómo cocinar la carne para evitar el riesgo de cáncer

julio 16, 2018

Un estudio revela que no solo la cantidad de carne roja consumida es peligrosa para desarrollar cáncer, sino también el tipo de cocinado y el tiempo de cocción. Los datos indican que es más sano comerla poco hecha y evitar los embutidos

Alimente El Confidencial, por Julio Martín Alarcón

Hace unos años, la OMS incluyó a la carne roja y especialmente la procesada como un potencial riesgo para desarrollar cáncer. Nuevos estudios están demostrando que su consumo no solo se asocia a la cantidad, sino al tipo de cocinado y al propio tiempo de cocción. La evidencia científica de los estudios que se han publicado desde 2015 “señalan el consumo de carne roja como un claro factor de riesgo para diferentes tipos de cáncer, como son el de colon, el de estómago y el de páncreas”, explica a Alimente la experta Elena Boldo, que ha llevado junto a Marina Pollán, ambas del Centro de Epidemiología del Instituto Carlos III, entre otros investigadores, un nuevo estudio, este año sobre la incidencia del consumo de carne roja y el cáncer de mama: ‘Meat intake, methods and degrees of cooking and breast cancer risk in the MCC-Spain study‘ a partir de datos recopilados por el MCC sobre casos de cáncer colorrectal, cáncer de mama, cáncer gástrico, cáncer de próstata y leucemia linfática crónica (LLC) con un grupo de control.

“Cada cáncer es un mundo, por eso hacen falta más estudios ya que son prácticamente enfermedades diferentes que hay que estudiar una por una. Nosotros incluimos además de los factores ambientales y otros riesgos documentados, como el sobrepeso, la obesidad, el sedentarismo o el consumo de tabaco, la dieta y encontramos que había una correlación significativa en cuanto al consumo de carne roja y el cáncer de mama”, aclara la coautora del estudio.

Un aspecto crucial de este estudio estaba relacionado no solo con la cantidad ingerida de carne roja, sino con el tipo de cocinado y el tiempo de cocción. De hecho, el Instituto Nacional del Cáncer ya ha alertado de que existen mutógenos -sustancias cancerígenas- que se forman en la combustión de la leña o al calentar el aceite en una sartén y que se pueden impregnar en la carne, como son las aminas heterocíclicas y los hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Elena especifica “que no solo se producen por la combustión, sino que están presentes también en la carne y se forman con más facilidad cuando está más cocinada“. Es decir, que cuanto más hacemos la carne, más riesgo hay de que estas sustancias potencialmente cancerígenas nos afecten. A priori, existe más riesgo con las barbacoas, las carnes a las plancha y en la sartén.

Los guisos, más peligrosos

En su estudio sobre la incidencia de la carne roja en el cáncer de mama, la experta señala que identificaron un mayor riesgo en el caso de los guisos “probablemente porque el estudio se ha realizado en España y la barbacoa es menos habitual en nuestro país que en otros lugares, como EEUU, por ejemplo”. Según sus hallazgos, las mujeres que consumen carne roja muy hecha tienen casi el doble de riesgo de desarrollar cáncer de mama que las que la consumen poco hecha. “Hace falta más estudios y evidencias sobre este aspecto, pero existe una relación clara”.

Los consejos son muy contundentes: cuanto menos carne roja se consuma, mejor. Si se hace, que sea poco hecha y cuidado con los guisos. Además, el estudio remarca que los alimentos procesados de carne como los embutidos, las salchichas o los ahumados son también potencialmente peligrosos, por lo que conviene reducir su consumo. Y no hay grandes diferencias entre la carne de vaca, de cerdo o de cordero.

En cuanto a las carnes blancas, como el pollo o el pavo, las investigadoras no encontraron una relación directa en cuanto a su consumo y la cocción, pero sí varios indicios respecto al tipo de cocinado. Concretamente cuando son empanadas o rebozadas y se ha reutilizado el aceite. Remarcan que es solo una hipótesis, pero que asocian a las frituras con estos aceites que acumulan sustancias cancerígenas. El empanado las hace más propensas a que los mutógenos se adhieran con mayor facilidad ya que se impregnan de más aceite. “No podemos afirmar todavía nada porque es solo una hipótesis, hacen falta más estudios”. Respecto al cáncer de mama, las investigadoras no hallaron datos que supusieran un mayor riesgo.

Un dato revelador en este sentido es que se encontró una mayor relación con la carne guisada que con la carne a la barbacoa, a la plancha o en contacto con el fuego a altas temperaturas. En este sentido, Elena Boldo matiza que la investigación estaba circunscrita a España y aquí hay una menor cultura de barbacoa que en otros países como EEUU, y en cambio un mayor consumo de embutidos, que son también un importante factor de riesgo. Sus recomendaciones son claras: consumir menos carne roja, si se hace que sea poco hecha y en cualquier caso hacer ejercicio, un aspecto que no se explica suficientemente lo importante que es para una buena salud, concluye la experta.

Coca-Cola, acusada de financiar a científicos con un discurso sesgado sobre la obesidad

agosto 24, 2015

El Mundo, por Cristina G. Lucio

Coca Cola y la obesidadLa polémica está servida para Coca-Cola desde la publicación, el pasado domingo en The New York Times, de un artículo en el que se señala que la compañía ha financiado y apoyado logísticamente a investigadores que sostienen que es principalmente la falta de ejercicio -y no una mala alimentación- la causante de la epidemia de obesidad que vive el planeta.

La productora de refrescos ha donado, según el diario norteamericano, unos 1,5 millones de dólares (1,36 millones de euros) a la recién creada organización sin ánimo de lucro Global Energy Balance Network y, desde 2008, otros cuatro millones (3,6 millones de euros) a los proyectos de dos de sus miembros fundadores -Steven N. Blair y Gregory Hand-; cuyos mensajes dirigidos a la opinión pública y a la comunidad médica ‘exculpan’ en gran medida a la dieta de estar detrás de los problemas de sobrepeso.

“La mayor parte del foco en los medios y la prensa científica es ‘oh, se come demasiado; se come demasiado’, culpando a la comida rápida y a las bebidas azucaradas. Pero realmente no hay una evidencia convincente de que eso sea así”, ha señalado Blair recientemente en un vídeo presentando la organización.

Sin embargo, ese mensaje está sesgado y obvia los resultados de investigaciones que han demostrado que la actividad física tiene un impacto mucho menos importante que la dieta en la ganancia de peso, tal y como señalan varios expertos en Nutrición y Salud Pública.

“La agenda de Coca-Cola es muy clara: Consigue que esos investigadores confundan la ciencia y desvíen la atención sobre la ingesta calórica”, ha señalado a ‘The New York Times Marion Nestle, profesora de Nutrición de la Universidad de Nueva York.

Por su parte, Barry M. Popking, de la Universidad de Carolina del Norte, ha comentado que estas tácticas recuerdan a las empleadas por la industria tabaquera, que reclutaban a expertos para que se convirtieran en “vendedores de dudas” sobre los riesgos para la salud del tabaquismo.

Desde España, el dietista-nutricionista Aitor Sánchez coincide en criticar las estrategias de la industria alimentaria y de bebidas para conseguir que los mensajes de salud pública sean favorables a sus intereses.

“No es una novedad. Uno de los argumentos que pretenden hacer que cale es el del balance energético, lo que implica poner al mismo nivel cualquier tipo de calorías. Pero lo cierto es que no es lo mismo tomar determinadas calorías a través de un refresco azucarado, que no tiene ningún interés nutricional y que provoca una absorción rapidísima del azúcar, que hacerlo comiendo garbanzos”, señala.

“Está demostrado que el sedentarismo por sí mismo no explica la epidemia de obesidad”, continúa el también autor del blog Mi dieta cojea. “La mala dieta es lo que está detrás. No hay obesos que coman poco”, subraya.

Sánchez recuerda que el caso de Coca-Cola no es aislado ni se limita a Estados Unidos. “El mayor patrocinador de muchos organismos y entidades de Nutrición en todo el mundo es la industria. Es quien financia a sociedades científicas, quien paga sus congresos, quien patrocina sus investigaciones”, apunta. Y eso, añade, tiene repercusión en los mensajes que llegan a la población y en los resultados de las investigaciones.

En este sentido, una investigación realizada por científicos de la Universidad de Navarra y publicada en ‘PLoS Medicine’ en enero de 2014 señaló que las conclusiones de los trabajos que analizaban la relación entre consumo de refrescos y aumento de peso eran muy diferentes en función de si se habían financiado o no por compañías del sector.

“Hemos visto que es cinco veces más probable que las revisiones sistemáticas donde los autores reconocen la existencia de un potencial conflicto de interés económico determinen que la relación entre el consumo de refrescos y la ganancia de peso es inconcluyente”, indicó a EL MUNDO Maira Bes, profesora del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra y principal firmante de la investigación.

Hace algo más de un año, la asociación Dietética sin Patrocinadores, a cuyo nacimiento contribuyó Sánchez, comenzó a denunciar los estrechos lazos que unen a la industria de la alimentación con las sociedades científicas y a abogar por “la divulgación libre e independiente” de la información nutricional.

El problema de la transmisión de mensajes sesgados y confusos sobre alimentación no tiene visos de pronta solución, concluye Sánchez, porque la financiación pública de los ensayos cada vez se reduce más en favor de la privada, lo que abre la puerta a los conflictos de interés.

En un comunicado, The Coca-Cola Company señala que la empresa “tiene una larga historia de apoyo a la investigación basada en la evidencia sobre nuestras bebidas, los ingredientes que usamos e importantes temas como el balance de energía”.”Como parte de ese compromiso”, continúa el texto, “hacemos equipo con algunos de los principales expertos en los campos de la Nutrición y la Actividad Física. Hacemos un gran esfuerzo para asegurarnos de que proporcionamos apoyo de una manera apropiada y de acuerdo a los estándares fijados por las universidades y las organizaciones con las que trabajamos. Para nosotros es importante que los investigadores con los que trabajamos compartan sus propios puntos de vista y hallazgos científicos, independientemente del resultados, y sean transparentes y abiertos sobre nuestra financiación”.

La obesidad causó 500.000 nuevos casos de cáncer en 2012

noviembre 26, 2014

Los expertos calculan que una cuarta parte de estos casos podría haberse evitado al estar relacionados con el progresivo incremento en el índice de masa corporal 

ABC
obesidad y cancerPrevenir la obesidad puede ser una vía para prevenir el cáncer. En 2012, el sobrepeso, y la obesidad, parecen ser los responsables de 500.000 nuevos casos de cáncer en todo el mundo. Y, según un informe publicado en «The Lancet Oncology», el impacto del exceso de peso es mucho mayor en los países más desarrollados: casi dos tercios (64%) de los tipos de cáncer relacionados con la obesidad se producen en América del Norte y Europa.

A tenor de estos datos, los investigadores, dirigidos por Melina Arnold, de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), estiman que una cuarta parte de todos los cánceres relacionados con la obesidad en 2012 (118.000 casos) son atribuibles al aumento en el índice de masa corporal (IMC) que se ha producido en la población desde 1982. Es decir, aseguran, eran «evitables».

A partir de la información obtenida de una serie de bases de datos, incluyendo Globocan, sobre la incidencia de cáncer y mortalidad en 184 países, Arnold y sus colegas crearon un modelo para estimar la cantidad de cánceres asociados con el exceso de peso en los países y regiones de todo el mundo en 2012, y qué proporción podría ser atribuida al aumento del IMC desde 1982.

Pero en mujeres

Los resultados revelan que los cánceres relacionados con la obesidad es un problema muchos más grave para las mujeres que para los varones, en gran parte debido al cáncer de endometrio y de mama después de la menopausia. Así, en los varones, el exceso de peso fue responsable de 136.000 nuevos casos de cáncer en 2012, mientras que en las mujeres lo fue de 345.000 (1,9% y 5,4% respectivamente).

De los 345.000 cánceres en mujeres, casi 25.000 fueron de mama, endometrio y colon, mientras que en los hombres el cáncer de colon y el de riñón representaron más de dos tercios de todos los tumores asociados con la obesidad (cerca de 90.000 casos).

Y las cifras son peores cuanto más desarrollado es el país; así por ejemplo, en aquellas regiones con mayor índice de desarrollo humano (IDH) países, alrededor del 8% de los cánceres en las mujeres y el 3% en los hombres estaba asociado con el exceso de peso, en comparación con el 1,5% de los cánceres en las mujeres y del 0,3% en los hombres en los países con un IDH más bajo.

La peor parte se la lleva América del Norte: solo en esa región hubo 111.000 cánceres, casi una cuarta parte (23%), de todos los nuevos cánceres relacionados con la obesidad a nivel mundial. Mientras que África subsahariana fue la que menos contribuyó: 7.300 cánceres o 1,5%. Dentro de Europa, los países donde más casos se produjeron son los del este de Europa (66.000 cánceres).

Cada vez más obesos

La prevalencia mundial de obesidad en adultos se ha duplicado desde 1980. «Si esta tendencia continúa –señala Arnold-, aumentará la carga futura de cáncer, sobre todo en América del Sur y en el norte de África, donde se está observando los mayores incrementos en la tasa de obesidad en los últimos 30 años». En España se calcula 22,9% de la población adulta es obesa, según el índice de masa corporal (IMC), porcentaje que aumenta al 36% si se utiliza el perímetro de la cintura para definirla.

La epidemia del siglo XXI

 

El picante ayuda a adelgazar, pero no es el más recomendable

noviembre 26, 2012

¿Sabíais que el picante ayuda a adelgazar? Aunque a algunas personas les funciona, no todo es puro beneficio, ¡esto hay que decirlo de entrada! La capsaicina, también conocida como la molécula del picante, se encuentra en todas y cada una de las variedades del pimiento picante: guindilla, ajís, chile, paprica, pimentón, pimienta, cayena, tabasco, etc.

Al ingerir algo picante, no tardamos mucho en sentir ardor en la boca, sofocos y, a veces, nos salen lágrimas y mucosidad. Todo esto es debido a que la sustancia del picante tiene la capacidad de estimular los receptores del dolor y del calor.  Por si solos, los efectos del picante desaparecen en un máximo de 6-8 horas. Para los que no están hechos para comer picante, sería bueno saber que se trata de una molécula hidrofóbica, que no es posible disolverla en agua, de modo que  bebiendo agua no conseguiremos aliviar sus efectos. Sin embargo, sí es posible disolverla en grasa, por lo que beber leche entera fría es el método más eficaz para volver a la normalidad.

Se cree que el efecto placentero que produce el picante en muchas personas se debe a la liberación natural de endorfinas que intenta mitigar el dolor. Algunos estudios inciden en la capacidad de la capsaicina de aliviar la sensación de  molestias y dolor que acompañan enfermedades como artritis, psoriasis y enfermedad intestinal inflamatoria, además de tener otras propiedades antiinflamatorias y analgésicas.  Aplicada directamente sobre la piel, puede saturar los receptores de la misma, volviéndola prácticamente insensible al dolor. Esto hace que se pueda utilizar como analgésico en casos de lumbalgia, por ejemplo.

Picante para perder peso

Muchas personas utilizan el picante con fines dietéticos o para adelgazar. ¿Cómo se explica esto? Por una parte, la capsaicina estimula el receptor cerebral que controla la temperatura del cuerpo, por lo que nos obliga a consumir más energía o, en su defecto, tirar de reservas del organismo (la grasa acumulada en los tejidos adiposos) para poder efectuar esta subida de temperatura. Por otra parte disminuyen los lípidos corporales. Según algunos investigadores, además de inhibir la proliferación de células grasas inmaduras, o pre-adipocitos, la capsaicina estimula su muerte celular programada (apoptosis). Este descubrimiento podría ser de una importancia relevante en el tema de  obesidad, ya que demuestra que a un uso controlado o prescrito por médicos impediría que los pre-adipocitos, que son las células grasas que todavía no han llegado a células adultas, se desarrollen hasta células grasas adultas.

No todos los estómagos toleran el picante

La comida picante siempre y cuando se tome con moderación y no se padezcan problemas intestinales no suele ser perjudicial para la salud. Sin embargo, tomada en exceso sí puede tener consecuencias negativas y por tanto no resulta conveniente habituarse a ella ni tomarla de una forma asidua y constante.

Nuestro organismo no es muy bueno metabolizando la capsaicina, por lo que podríamos decir que prácticamente expulsamos lo que ingerimos. Los receptores sobre los que actúa están en la epidermis, que hace que sus efectos irritantes se limiten a ambos extremos del tubo digestivo. Este es el motivo por el que el picante tiene fama de provocar molestias que se sufren en silencio.

La comida picante puede causar una irritación de las mucosas de nuestro sistema digestivo a todos los niveles (boca, esófago, estómago, intestino..) y ocasionar diferentes trastornos: ardor, dolor abdominal, diarrea, entre otros de mayor gravedad.

Por este motivo, está desaconsejada en aquellas personas que padecen gastritis, úlceras, reflujo gastroesofágico, hernia de hiato, o cualquier tipo de inflamación del sistema digestivo.

Cuando se incrementa la acidez estomacal recibe el nombre de hiperacidez y su consecuencia es el ascenso de la misma por el esófago, situación que en el tiempo lo daña al irritarlo, por ello cuando se sufre de acidez frecuente o trastornos relacionados, se deben evitar los pimientos picantes u otras especias similares por completo.

Así el esfínter esofágico inferior que se encuentra justo en la base del esófago, es el que se abre para permitir que el alimento entre en el estómago, pero cuando comemos demasiado rápido los alimentos picantes tenemos problemas digestivos, ya que el esfínter esofágico se puede abrir de forma esporádica o permanecer abierto, situación que permite el ascenso del acido estomacal perjudicial.

Descubren elementos comunes entre anorexia y obesidad

septiembre 9, 2012

Las alteraciones en los circuitos de la dopamina están implicadas en algunos comportamientos alimentarios y en el abuso de drogas

EFE / La Vanguardia
Investigadores españoles han demostrado que grupos en condiciones extremas de peso, como anorexia nerviosa y obesidad, pueden compartir factores de riesgo biológico y fenotipos neurocognitivos.

El estudio, llevado a cabo por científicos del Instituto de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn), del Instituto de Investigación de Bellvitge y de la Universidad de Barcelona, ha sido publicado en la revista PLoS ONE.

La identificación de las características fenotípicas comunes de trastornos alimentarios y la obesidad con episodios recurrentes, como comer alimentos muy apetecibles en exceso, relacionados con emociones negativas y/o restricción dietética, ha llevado a modelar estas condiciones como consecuencia de una adicción a estos alimentos, ha informado el CIBERobn en un comunicado.

Entre los factores que anoréxicos y obesos pueden compartir estaría la disfunción ejecutiva, caracterizada fundamentalmente por alteraciones en la capacidad de tomar decisiones, inhibir respuestas no adecuadas y mostrar flexibilidad cognitiva.

Los estudios de neuroimagen indican que las alteraciones en los circuitos de la dopamina están implicadas en algunos comportamientos alimentarios y en el abuso de drogas.

Según la investigación, realizada en mujeres de entre 18 y 60 años, los sujetos en situaciones extremas de peso muestran un patrón ejecutivo similar, lo que podría estar jugando un papel en el desarrollo y mantenimiento de esos trastornos.

Las deficiencias en la toma de decisiones, la inhibición de respuesta y la flexibilidad cognitiva de anoréxicos y obesos remarca la importancia de un adecuado funcionamiento ejecutivo para el control satisfactorio de la conducta alimentaria, señala el estudio.

Los resultados mostraron un patrón similar en los dominios evaluados por las tareas neuropsicológicas y las diferencias más marcadas se hallaron en la flexibilidad cognitiva y la toma de decisiones, en las que tanto las pacientes con anorexia como las que tenían obesidad presentaron importantes dificultades.

Los resultados, según el estudio, apoyan la hipótesis de que la capacidad de toma de decisiones se ve afectada en estas personas.

El rendimiento de los sujetos obesos en estas áreas podría estar asociado a un elevado nivel de impulsividad y se ha demostrado que las personas impulsivas muestran limitaciones en el aprendizaje de las asociaciones adecuadas entre recompensa y castigo.

En consecuencia, los obesos tienen una capacidad reducida para retrasar la gratificación, mostrando una impulsividad caracterizada por comer en exceso y aumentar de peso.

Por su parte, el comportamiento de las personas con anorexia nerviosa es rígido y obsesivo, con una elevada resistencia a los cambios, con contraste con los obesos.