El cáncer aumenta cinco veces más rápido en los millennials

Los investigadores concluyeron que se debe al estilo de vida poco saludable de esta generación y sobre todo, al aumento de la obesidad, una condición que crece en todo el mundo. En Colombia, al menos el 60 por ciento de la población sufre de sobrepeso u obesidad.

Semana

Para nadie es un secreto que el aumento de la obesidad en todo el mundo y el estilo de vida poco saludable, hacen parte de las preocupaciones más grandes de la medicina y la salud de la vida moderna. Sin embargo, un reciente estudio de la  American Cancer Society, publicado esta semana en The Lancet Public Health, revela un panorama alarmante: que la epidemia de la obesidad en los últimos 40 años, está influyendo en que las generaciones más jóvenes en todo el mundo presenten un riesgo más temprano y duradero al cáncer a lo largo de su vida.

Según los científicos, esto obedece a que las nuevas generaciones han estado expuestas desde muy corta edad a carcinógenos como el tabaco, la radiación solar, las bebidas alcohólicas, las carnes procesadas y otras cuya evidencia es limitada como las emisiones de motor de gasolina y gases de soldadura y verduras encurtidas; pero también a su estilo de vida poco saludable. Así lo concluyeron tras estudiar el caso de más de 14 millones de personas y evidenciar que los cánceres relacionados con la obesidad, entre los que están incluidos el intestino, el útero y el páncreas, están aumentando significativamente en los menores de 50 años.

Para probarlo, los investigadores usaron la base de datos de la Asociación Norteamericana de Registros Centrales de Cáncer de Carolina del Norte y analizaron la información de 30 tipos de cánceres invasivos diagnosticados en pacientes de 25 a 84 años.  A pesar de que el cáncer afecta con mayor frecuencia a los adultos, al comparar los datos entre generaciones, descubrieron que desde 1995 hasta 2014 la incidencia aumentó significativamente entre los más jóvenes (25 a 49 años), especialmente en 12 tipos relacionados con la obesidad: el colorrectal, el adenocarcinoma del esófago, el de vesícula biliar, el gástrico, el de riñón, el de hígado y conducto biliar intrahepático, el mieloma múltiple, el de páncreas y el de tiroides. En mujeres, el del cáncer de mama y ovario y el de cuerpo uterino, que incluye el de endometrio y sarcoma uterino.

El cáncer de páncreas fue uno de los ejemplos más evidentes. Según las estadísticas del informe, entre 1995 y 2014, la enfermedad aumentó en un 0,77 por ciento anual entre los adultos de 45 a 49 años; un 2,47 por ciento entre los 30-34 años; y  un 4,34 por ciento entre jóvenes de  25 y 29 años. El cáncer de riñón, por su parte, tuvo el mayor incremento anual para los jóvenes estadounidenses: 6,23 por ciento entre 1995 y 2014.

Numerosos cánceres están asociados con el exceso de peso corporal, y la evidencia de estudios experimentales en ratones sugieren que la obesidad y una dieta que estimula hábitos y comportamientos que conducen al exceso de peso, aceleran la transición de múltiples etapas del tejido normal a la malignidad invasiva y la enfermedad metastásica, dicen los autores en el informe.

Aunque estudios anteriores ya habían informado sobre el aumento de las tasas de incidencia del cáncer colorrectal en adultos jóvenes de muchos países desarrollados, ninguno había examinado las tendencias de una lista completa de cánceres y las había comparado con los patrones de obesidad. Este es el primero en examinar el tema sistemáticamente y en concluir que hay 12 tipos de cánceres relacionados con la obesidad que podrían estar incidiendo en la salud de los adultos jóvenes.

La conclusión del estudio es alarmante pues según la Organización Mundial de Salud (OMS), la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas en las últimas décadas. Tanto que cada año mueren, como mínimo, 2,8 millones de personas a causa de esta condición. Lo que quiere decir que la carga futura de los cánceres relacionados con la obesidad podría verse exacerbada a medida que los más jóvenes envejezcan.

En América Latina, según el más reciente informe de la ONU sobre el panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe, la situación no es menos alarmante: cada año hay 3,6 millones de obesos nuevos en la región. Y si se habla de niños menores de 5 años, la condición ya afecta al 7,3 por ciento, es decir a 3,9 millones. Una cifra que supera con creces el promedio mundial que es de 5,6 por ciento.

Según la OMS, el número de niños y adolescentes de edades comprendidas entre los 5 y los 19 años que presentan obesidad se ha multiplicado por 10 en el mundo en los cuatro últimos decenios; y el mismo organismo estima que en 2022 habrá más población infantil y adolescente con obesidad que desnutrición. Frente a este panorama, la  American Cancer Society  advierte que se necesitan estudios adicionales para dilucidar los responsables de esta tendencia, incluido el exceso de peso corporal y otros factores de riesgo, pues las cifras podrían detener o revertir el progreso que ha logrado la medicina en la reducción de la mortalidad por cáncer en las últimas décadas.

Según los científicos, también se necesitan más estudios que muestren si esta tendencia se está replicando en otras partes del mundo.Mientras tanto, hacen un llamado a la sociedad a plantear estrategias innovadoras para mitigar la morbilidad y la mortalidad prematura asociada con la obesidad, principalmente por parte de los proveedores de atención médica y los responsables de las políticas públicas.

Cómo cocinar la carne para evitar el riesgo de cáncer

Un estudio revela que no solo la cantidad de carne roja consumida es peligrosa para desarrollar cáncer, sino también el tipo de cocinado y el tiempo de cocción. Los datos indican que es más sano comerla poco hecha y evitar los embutidos

Alimente El Confidencial, por Julio Martín Alarcón

Hace unos años, la OMS incluyó a la carne roja y especialmente la procesada como un potencial riesgo para desarrollar cáncer. Nuevos estudios están demostrando que su consumo no solo se asocia a la cantidad, sino al tipo de cocinado y al propio tiempo de cocción. La evidencia científica de los estudios que se han publicado desde 2015 “señalan el consumo de carne roja como un claro factor de riesgo para diferentes tipos de cáncer, como son el de colon, el de estómago y el de páncreas”, explica a Alimente la experta Elena Boldo, que ha llevado junto a Marina Pollán, ambas del Centro de Epidemiología del Instituto Carlos III, entre otros investigadores, un nuevo estudio, este año sobre la incidencia del consumo de carne roja y el cáncer de mama: ‘Meat intake, methods and degrees of cooking and breast cancer risk in the MCC-Spain study‘ a partir de datos recopilados por el MCC sobre casos de cáncer colorrectal, cáncer de mama, cáncer gástrico, cáncer de próstata y leucemia linfática crónica (LLC) con un grupo de control.

“Cada cáncer es un mundo, por eso hacen falta más estudios ya que son prácticamente enfermedades diferentes que hay que estudiar una por una. Nosotros incluimos además de los factores ambientales y otros riesgos documentados, como el sobrepeso, la obesidad, el sedentarismo o el consumo de tabaco, la dieta y encontramos que había una correlación significativa en cuanto al consumo de carne roja y el cáncer de mama”, aclara la coautora del estudio.

Un aspecto crucial de este estudio estaba relacionado no solo con la cantidad ingerida de carne roja, sino con el tipo de cocinado y el tiempo de cocción. De hecho, el Instituto Nacional del Cáncer ya ha alertado de que existen mutógenos -sustancias cancerígenas- que se forman en la combustión de la leña o al calentar el aceite en una sartén y que se pueden impregnar en la carne, como son las aminas heterocíclicas y los hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Elena especifica “que no solo se producen por la combustión, sino que están presentes también en la carne y se forman con más facilidad cuando está más cocinada“. Es decir, que cuanto más hacemos la carne, más riesgo hay de que estas sustancias potencialmente cancerígenas nos afecten. A priori, existe más riesgo con las barbacoas, las carnes a las plancha y en la sartén.

Los guisos, más peligrosos

En su estudio sobre la incidencia de la carne roja en el cáncer de mama, la experta señala que identificaron un mayor riesgo en el caso de los guisos “probablemente porque el estudio se ha realizado en España y la barbacoa es menos habitual en nuestro país que en otros lugares, como EEUU, por ejemplo”. Según sus hallazgos, las mujeres que consumen carne roja muy hecha tienen casi el doble de riesgo de desarrollar cáncer de mama que las que la consumen poco hecha. “Hace falta más estudios y evidencias sobre este aspecto, pero existe una relación clara”.

Los consejos son muy contundentes: cuanto menos carne roja se consuma, mejor. Si se hace, que sea poco hecha y cuidado con los guisos. Además, el estudio remarca que los alimentos procesados de carne como los embutidos, las salchichas o los ahumados son también potencialmente peligrosos, por lo que conviene reducir su consumo. Y no hay grandes diferencias entre la carne de vaca, de cerdo o de cordero.

En cuanto a las carnes blancas, como el pollo o el pavo, las investigadoras no encontraron una relación directa en cuanto a su consumo y la cocción, pero sí varios indicios respecto al tipo de cocinado. Concretamente cuando son empanadas o rebozadas y se ha reutilizado el aceite. Remarcan que es solo una hipótesis, pero que asocian a las frituras con estos aceites que acumulan sustancias cancerígenas. El empanado las hace más propensas a que los mutógenos se adhieran con mayor facilidad ya que se impregnan de más aceite. “No podemos afirmar todavía nada porque es solo una hipótesis, hacen falta más estudios”. Respecto al cáncer de mama, las investigadoras no hallaron datos que supusieran un mayor riesgo.

Un dato revelador en este sentido es que se encontró una mayor relación con la carne guisada que con la carne a la barbacoa, a la plancha o en contacto con el fuego a altas temperaturas. En este sentido, Elena Boldo matiza que la investigación estaba circunscrita a España y aquí hay una menor cultura de barbacoa que en otros países como EEUU, y en cambio un mayor consumo de embutidos, que son también un importante factor de riesgo. Sus recomendaciones son claras: consumir menos carne roja, si se hace que sea poco hecha y en cualquier caso hacer ejercicio, un aspecto que no se explica suficientemente lo importante que es para una buena salud, concluye la experta.

«La obesidad es tan perjudicial para el hígado y el colon como el alcohol»

Fermín Apezteguia | Hoy.es

No sólo el alcohol y la predisposición genética dañan el hígado y el colon. El exceso de peso también los devora, hasta el punto de favorecer la aparición de cánceres en ambos órganos, según alerta la investigadora californiana Shelley C. Lu, directora adjunta del Centro de Investigación de Enfermedades Hepáticas de la Universidad del Sur de California (USC). «La obesidad es tan perjudicial para el hígado y el colon como el alcohol».

«Muy pronto, el factor de riesgo más importante para el cáncer de hígado no va a ser ya el alcoholismo ni los virus de la hepatitis, sino la obesidad, que es ya una de las causas más comunes de los trasplantes de hígado», relató la investigadora estadounidense.

Los cánceres de colon y de hígado figuran entre los tres más comunes del mundo, junto con los de pulmón. Lo peor de todo es la tendencia. Un tercio de la población de Estados Unidos -y Europa sigue un patrón muy parecido- tiene problemas de sobrepeso y obesidad, lo que significa que viven con hígados demasiado grasos para el bienestar de su salud. La investigadora llamó la atención sobre la situación de la infancia, que cada vez está peor alimentada y realiza menos ejercicio.

En España, la obesidad afecta al 13,9% de la población infantil y el sobrepeso a otro 12,4%. «Algunos niños comienzan a tener ya signos de cirrosis hepática y de fibrosis, que es un estadío anterior», advirtió la investigadora. La cantidad de enfermedades ligadas al exceso de peso es tal que Shelly Lu no dudó en calificar la obesidad como «el asesino número uno». Infartos, derrames cerebrales, cardiopatías, cánceres…

Sus investigaciones se centran en el conocimiento de un metabolito -una molécula que aparece como consecuencia del normal funcionamiento del cuerpo humano- llamado SAMe. Se sabe que protege contra el cáncer de hígado y también parece tener un efecto protector sobre el de colon.