12 tipos de cáncer que están relacionados con una mala alimentación

Business Insider, por Kamila Barca

  • Las causas del cáncer son múltiples. Entre ellas se incluyen algunos factores modificables como el tabaco, la contaminación o la alimentación.
  • Estos son los 12 tipos de cáncer que se han relacionado con una alimentación desequilibrada. 

El 30% de los casos de cáncer están relacionados con malos hábitos alimenticios, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por ende, estos casos se podrían prever, apunta la OMS. 

“La proporción alcanza el 70% para los cánceres del tracto gastrointestinal”, aclara el organismo. “Mantener un peso saludable durante toda la vida puede ser una de las formas más importantes de protegerse contra el cáncer“. 

En palabras del doctor Miguel Ángel Berenguer Francés, oncólogo médico y radioterapéutico, miembro de Doctoraliala causa del cáncer es multifactorial y, si se entiende como una consecuencia de una inflamación crónica de las células durante un periodo de tiempo más o menos limitado, cualquier factor que pueda promover esta inflamación crónica influye en mayor o menor medida en su desarrollo

“Estos factores pueden ser no modificables como la genética o modificables como el tabaco, la contaminación o la alimentación“, especifica.

Este último, según los datos de la OMS, es probablemente el segundo factor más importante por detrás del tabaquismo. De hecho, se estima que el 20% de las personas que consumen menos frutas tienen un 20% más de riesgo de cáncer de pulmón.

Al final, llevar una mala alimentación ya no solo provoca alteración y enfermedades a largo plazo como el cáncer, la diabetes o infartos de miocardio, sino también a medio y corto plazo, como pueden ser alteraciones de memoria, menor rendimiento escolar, astenia o incluso insomnio“, advierte el doctor Berenguer.

No obstante, mejorar estos hábitos te ayudará a reducir el riesgo de padecer cáncer pero no son del todo preventivos. Otros factores podrían influir en su aparición, como se mencionaba con anterioridad.

El experto también señala que es importante diferenciar entre estar bien alimentado y estar correctamente nutrido.

“Tenemos la falsa creencia que estar bien alimentado es estar bien nutrido y, además, uno de nuestros marcadores para saber nuestra nutrición es una analítica en la que los parámetros que se visualizan pueden estar correctos, pero puede haber carencias nutricionales de ciertos aminoácidos o electrolitos que juegan un papel importante en el sistema inmune”, ejemplifica. 

Estos son los tipos de cáncer que se han relacionado con una alimentación desequilibrada

Cáncer de endometrio

Mujer con la regla tumbada en el sofá.

Mujer con la regla tumbada en el sofá. Getty

En mujeres, la evidencia científica advierte que, a medida que el índice de masa corporal (IMC) aumenta, crece el riesgo de sufrir cáncer de endometrio un 60%, según los datos de la Investigación prospectiva europea sobre el cáncer y la nutrición (EPIC) divulgada por la OMS

“La ingesta alta de grasas saturadas y grasas monoinsaturadas se relaciona con un mayor riesgo de cáncer de endometrio, mientras que la ingesta alta de fibra dietética se asocia con una disminución del riesgo”, añaden los autores de un estudio publicado en International Journal of Cancer.

Cáncer de tiroides

Hombre con dolor de garganta.

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Los compuestos en sí mismos no son cancerígenos, pero en el cuerpo se combinan con otras moléculas y pueden formar sustancias cancerígenas; al menos, son cancerígenas en algunos estudios con animales”, explica a Eat This, Not That Howard Grossman, médico internista, sobre los alimentos procesados. 

Según los datos de la investigación de EPIC anteriormente mencionados, el riesgo de sufrir cáncer de tiroides en hombres aumenta un 33% con un exceso en el IMC. 

Cáncer colorrectal

Dolor de estómago.

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Las probabilidades de sufrir cáncer de colon y renal también podrían crecer en hombres un 25% por el descontrol en el IMC. En el caso de las mujeres, el riesgo aumenta a un 34% para el cáncer renal. 

Las dietas bajas en granos integrales tienden a promover la inflamación y provocar un intestino no saludable en general, razón por la cual se asocian principalmente con el cáncer colorrectal.

Cáncer de cerebro

Mujer con dolor de cabeza.

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“Los niveles altos de nitritos y nitratos, que se encuentran en las carnes procesadas, pueden aumentar el riesgo de gliomas (cáncer de cerebro)”, advierte Grossman. 

The Brain Tumor Charity en EEUU reconoce que una dieta equilibrada puede ayudar a mantener energías y fuerzas, así como a reducir el riesgo de desarrollo de la enfermedad o a recuperarse. 

“Los vegetales y antioxidantes adecuados (como las vitaminas C y A) proporcionados con una dieta podrían tener un efecto protector”, reconocen los autores de un estudio publicado en Nutrients.

Cáncer de próstata

Un hombre se echa agua en un vaso

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 “La carne roja se ha relacionado con el cáncer colorrectal, de próstata y de páncreas”, advierte el médico internista.

También se podría asociar al cáncer de próstata con un alto contenido de calcio. Según Popular Science, un mayor consumo de leche se ha asociado con una pequeña elevación en los niveles de un factor de crecimiento llamado IGF-1, que a su vez se asocia con un mayor riesgo de cáncer de próstata.

Cáncer de páncreas

Dolor de estómago.

Getty

De acuerdo con la Sociedad Americana del Cáncer, tener sobrepeso u obesidad aumenta el riesgo de varios cánceres, incluidos los de mama después de la menopausia, colon y recto, endometrio, esófago, páncreas, hígado y riñón, entre otros.

“Lograr y mantener un peso saludable es importante para reducir el riesgo de cáncer y otras enfermedades crónicas, como enfermedades cardíacas y diabetes”, señalan los expertos de la ACS, por sus siglas en inglés.

Cáncer bucal

Dolor en la boca, encías

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Un estudio de investigadores de la Universidad Tufts, EEUU, encontró que una mala alimentación se relacionó con el 38% de los casos de cáncer colorrectal y con casi el 26% de los cánceres de boca, faringe y laringe informados en 2015 en el país.

“El alto consumo de alcohol se ha relacionado con el cáncer bucal“, añade el doctor Grossman, quien también incluye en la lista al cáncer de esófago, de estómago, de mama, de hígado y de colon.

Cáncer de mama

Inflamación pecho.

Getty

Un estudio publicado en European Journal of Cancer Prevention sugiere que limitar la ingesta de alimentos de alta densidad energética, el alcohol y el tabaco y reducir el consumo elevado de sal pueden ayudar a prevenir el cáncer de mama.   

“Cuanto más alcohol beba, mayor será su riesgo de cáncer. Pero para algunos tipos de cáncer, sobre todo el cáncer de mama, consumir incluso pequeñas cantidades de alcohol puede aumentar el riesgo”, advierte la ACS.

Cáncer de hígado

Dolor de estómago.

fizkes Getty Images

Limitar los alimentos procesados, las carnes rojas y los alimentos azucarados y llevar un consumo moderado de alcohol puede ayudar a prevenir muchos de los tipos de cáncer ya mencionados —el de hígado entre ellos—, en palabras del doctor Grossman.

Conforme a la relación establecida entre el estudio de la Universidad de Tufts (EEUU) y las cifras reales, la mala alimentación se vinculó a 1.000 casos de cáncer de hígado en 2015

Cáncer de esófago

mujer comiendo pizza por la noche beber

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Tal como se ha mencionado con anterioridad, una ingesta excesiva de alcohol puede provocar cáncer de esófago

Además, la investigación de EPIC relacionó un aumento del IMC con un 50% de probabilidades de adenocarcinoma de esófago en hombres y mujeres. 

Cáncer de estómago

Un chico con dolor de estómago

Getty Images

“Uno de los problemas que tenemos en nuestro día a día es la gran cantidad de ultraprocesados que se consumen desde la edad infantil y, teniendo en cuenta que las células de nuestro organismo tienen memoria, esto es una de las causas de la inflamación crónica que puede acabar provocando cáncer”, advierte Berenguer.

La evidencia indica que reducir la sal y los alimentos en conserva puede reducir la incidencia de cáncer de estómago, según la OMS.

Cáncer de vesícula biliar

Una mujer se agarra el estómago.

Pixabay

El cáncer de vesícula biliar también se asoció a un descontrolado índice de masa corporal en mujeres, con un 60% más de riesgo, en la investigación prospectiva europea sobre el cáncer y la nutrición (EPIC).

Este es un tipo de cáncer raro, pero fatal, para el que también se considera la obesidad un factor de riesgo. 

Un estudio publicado en la European Journal of Cancer Prevention, que evalúa el posible papel de la dieta en la carcinogénesis de la vesícula biliar, halló un aumento en las probabilidades con el consumo de pimiento, carne de res, té, guindilla y cordero. Aunque los autores reconocen que la diferencia fue estadísticamente no significativa.

“En conclusión, los resultados del presente estudio muestran un efecto protector de las verduras y las frutas en la carcinogénesis de la vesícula biliar, pero la carne roja (de vacuno y de cordero) se asoció con un mayor riesgo de cáncer de vesícula biliar”, explican.

Estas son las tres mejores dietas que deberías probar

La dieta de los Superalimentos, la Gourmet y la Genética ocupan los tres primeros puestos en el ranking de los mejores regímenes para adelgazar. Varios nutricionistas nos explican en qué consisten y cómo aprovecharlas

Diario Libre

Desprenderse de los kilos de más es uno de los propósitos capitales al comenzar cada año, que se ve acompañado por el resurgimiento en los primeros meses de un buen número de métodos adelgazantes, de regímenes de autor, o de dietas impulsadas por celebrities o que, simplemente, se han vuelto virales en las redes sociales.

Pero no todo lo que está de moda vale, advierten desde Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), que cada año lanza una clasificación con las dietas más y menos indicadas para perder peso.

Este ranking está respaldado por expertos en obesidad y cuidado de la salud, médicos, nutricionistas, psicólogos, naturópatas y cirujanos, y se nutre de casos observados en consulta, estudios científicos y clasificaciones serias, como la lista de la Asociación Británica de Dietistas o la publicación ‘U.S. News & World Report’, según sus autores (www.imeoobesidad.com) .

“Que la demanda de un tipo de dieta se dispare no significa que es mejor, ni la más adecuada para nosotros”, señala Rubén Bravo, experto en nutrición del mencionado instituto, recalcando que pueden tener múltiples efectos secundarios, como el ‘efecto rebote’ o recuperación del peso perdido e incluso más kilos.

IMEO precisa que los métodos de adelgazar saludables proponen una pérdida de peso paulatina, sin sobrepasar los 1,5 kilos por semana y los 6 kilos al mes; se sirven de todos los grupos de alimentos restringiendo las cantidades de algunos más calóricos y menos saludables; y contribuyen a reeducar los hábitos alimentarios y mantener un estilo de vida sano.

Además, siempre es conveniente que una dieta se siga bajo asesoramiento y supervisión profesional, apuntan. Los expertos han seleccionado las tres mejores dietas, explicando en qué consisten y efectuando recomendaciones para sacarle el máximo provecho.

1. Dieta de los Superalimentos

“Esta alimentación se basa en incluir en nuestro menú diario alimentos como la quinoa, las bayas de goji, la cúrcuma, el jengibre o las semillas de chía, que tienen la capacidad de nutrirnos y de ayudar a mejorar nuestra salud o prevenir enfermedades”, indica la nutricionista clínica Carmen Escalada. “Si estos ‘superalimentos’ se incluyen en un modelo global de alimentación sano, equilibrado y adecuado, se puede bajar hasta un kilo de grasa a la semana”, explica Escalada.

“Entre las cualidades que se atribuyen a estos alimentos, la mayoría de ellas científicamente probadas, están el refuerzo del sistema inmunitario, la mejora de la digestión, la reducción del estreñimiento, la mejora de los niveles de colesterol o el mayor control de la glucemia”, añade. Y es que “de todas las dietas recomendables para 2018 es la opción más sencilla, económica y asequible”, explica el experto en nutrición Rubén Bravo, quien además destaca que es un plan actualizado basado en la evidencia científica, que ayudará a los pacientes “no sólo a lograr su peso saludable, sino también a mantener unos buenos hábitos.

2. Dieta Gourmet

Está dieta propone adelgazar sin renunciar al placer, ni pasar hambre, basándose en el consumo controlado de productos exquisitos considerados ‘gourmet’, en su mayoría naturales, como jamones, quesos, vino, aceite de oliva, marisco, pescado, carnes, embutidos o chocolate.

Con este plan para adelgazar, combinado con ejercicio físico regular, se puede perder más de un kilo por semana, según sus impulsores. “La clave de este tipo de dieta no está en lo que se come, sino en la forma de preparación o cocción y en la moderación de las cantidades”, explica la nutricionista Mireia Elías. “Esta dieta la pueden seguir todo tipo de personas, excepto alérgicos o intolerantes que deberían evitar aquellos alimentos causantes de las mismas en los distintos platos”, añade.

Según Bravo, “estamos viviendo un auge de la cocina elaborada, diseñada para disfrutar más allá de su aspecto alimenticio, creándose una cultura culinaria que eleva las recetas por encima de las preparaciones cotidianas habituales. Es por ello que esta dieta no sólo se centra en los valores nutricionales, sino también en el aspecto organoléptico (aquello que perciben nuestros sentidos) de los menús, rompiendo con la monotonía de las dietas centradas en cocinar solo a la plancha, bajas en sal y demasiado “sosas” para seguirlas durante demasiado tiempo”, señala también Bravo.

“Éste plan facilita mucho la vida social, el picoteo y el estilo de vida latino”, enfatiza este experto en nutrición, aconsejando “tener un listado de 10 a 15 platos de elaboración ‘gourmet’ para incluirlos en los menús diarios, y distintas opciones para elegir, dentro de las cartas habituales de los restaurantes”.

3. Dieta Genética

Este régimen personaliza la alimentación en función de los resultados de un análisis previo de la información genética relacionada con el metabolismo del paciente, y se fundamenta en la nutrigenómica, ciencia que determina cómo responde nuestro cuerpo ante los nutrientes que ingerimos, según el instituto europeo.

Así, se elabora la pauta dietética en base a los resultados del test genético, el sexo, la edad, la complexión física, y los hábitos y preferencias ó gustos de la persona, en la medida de lo posible. El objetivo es que el paciente regule sus hábitos alimenticios teniendo en cuenta toda la información del test de ADN, logrando pérdida de peso, un mejor estado de salud general y la prevención de algunas enfermedades o trastornos metabólicos, que pudieran aparecer a medio o largo plazo.

“Este cambio global de hábitos de alimentación y de salud, tenemos que conseguir que el paciente lo pueda mantener a largo plazo y permite a bajar entre 3 y 4 kilos al mes”, apunta la nutricionista Andrea Marqués.

“Esta dieta es la más personalizada de todas, ya que se basa en un estudio específico sobre las tendencias genéticas del paciente, por lo que el plan nutricional se centra en los objetivos concretos de prevención en materia de salud”, señala Bravo.

“Su inconveniente, al igual que la dieta Gourmet es su elevado coste, que no está al alcance de todos los bolsillos”, apunta este experto. “Si no disponemos de los medios económicos para costearnos este estudio genético y posteriormente el plan personalizado, podemos analizar nosotros mismos las enfermedades o las causas de muerte de nuestros padres y abuelos, para tomar medidas preventivas ante esos mismos trastornos, que podríamos tener un mayor riesgo hereditario de desarrollar”, recomienda Bravo.

Por qué la obesidad es factor de riesgo en el 80% de los pacientes graves de Covid-19

El Economista

  • Es el principal factor de mal pronóstico en la infección por Covid-19
  • Además, solo el 50,9% de las personas afirma saber esta realidad
  • Es una enfermedad inductora de un estado favorecedor de trombosis

Un estudio realizado por la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) revela que esta afección es un factor de riesgo para sufrir una hospitalización por Covid-19. “El 80% de lo pacientes que tuvieron formas graves de la infección por Covid-19, que precisaron intubación, ventilación mecánica en la UVI y/o fallecieron eran obesos”, explica la doctora Monereo, Jefe de Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

La también secretaria de la organización subraya que la “obesidad es el principal factor de mal pronóstico en la infección por Covid-19”. Además, el estudio llevado a cabo por la SEEDO ha evaluado el conocimiento de la población sobre el peor pronóstico que tienen las personas obesas con Covid-19. Como informa el doctor Albert Lecube, “solo el 50,9% de las personas encuestadas afirma saber o haber escuchado que el exceso de peso puede ser un factor de mal pronóstico si desarrolla la Covid-19”.

Este desconocimiento, además, asciende hasta el 67,3% de los encuestados más jóvenes (entre 18 y 24 años), se sitúa en el 70,7% de las personas que han ganado más de 3 kg durante el confinamiento y alcanza su máximo en el 80,5% de las personas sin ingresos. Por todo ello, afirma el presidente de SEEDO, “el riesgo que supone el exceso de peso en la Covid-19 debe ser difundido como medida preventiva que ayude a combatir la ganancia ponderal en nuestra sociedad”.

Por qué la obesidad es un factor de riesgo de sufrir Covid-19 grave

La conclusión del trabajo de SEEDO va en sintonía con otros trabajos. Así, las conclusiones de un artículo de revisión publicado por especialistas de la Clínica Universidad de Navarra en la revista científica European Journal of Internal Medicine revela tambiénque los pacientes con obesidad presentan un mayor riesgo de contraer una covid-19 más grave y con ella crece también el riesgo de mortalidad.

En este estudio de casos reales los autores concluyeron que, a los pocos meses de iniciarse la pandemia, “ya existía evidencia sobrada del mayor riesgo que tienen los pacientes con obesidad de desarrollar una Covid-19 grave, así como de morir como consecuencia de la infección”.

En cuanto a los cinco aspectos fundamentales implicados en la obesidad, se ha revisado la obesidad como enfermedad inductora de un estado favorecedor de trombosis, teniendo en cuenta que “los fenómenos pro trombóticos son una fuente importante de complicaciones en la covid”, advierte el especialista. Además, la obesidad provoca un estado pro inflamatorio y una alteración hormonal, cuyo efecto final también induce inflamación.

Y al respecto apunta que los pacientes con covid-19 mueren, “no por el virus en sí mismo, sino por la alteración de la respuesta inmune que causa una respuesta hiperinflamatoria” que es, a su vez, responsable de la insuficiencia respiratoria que padecen los pacientes con covid grave, y “en un paciente con obesidad, con un estado inflamatorio ya existente, esa alteración inflamatoria de la covid es más fácil que se produzca”.

La obesidad no fue una afección que priorizase en el plan de vacunación

Estas evidencias llevaron a la SEEDO y otras organizaciones a pedir que los pacientes obsesos fueran incluidos en el grupo de personas con enfermedades de riesgo, con el objetivo de que se priorizasen en la estrategia de vacunación. Sin embargo, nunca formaron parte de la lista, que se conforma de las siguientes afecciones. 

1. Trasplante de progenitores hematopoyéticos (alo y autotrasplante) en los últimos 2 años, o más de 50 años y/o menos del 80% de índice Karnofsky, independientemente del tiempo desde el trasplante. Unos 20.000 pacientes

2. Trasplante de órgano sólido (pulmonar, renal, pancreáticos, cardíaco, hepático, intestina) y en lista de espera para trasplante de órgano sólido. Unos 60.000 pacientes.

3. Tratamiento sustitutivo renal (hemodiálisis y diálisis peritoneal). 28.736 pacientes

4. Enfermedad oncohematológica en los últimos 5 años o no controlada y/o neutropenia severa (menos de 500 neutrófilos/mm3) independientemente del tiempo desde el diagnóstico. Unos 64.000 pacientes

5. Cáncer de órgano sólido: incluye los cánceres sólidos en tratamiento con quimioterapia citotóxica, de órgano sólido metastásico, pacientes que reciben radioterapia por tumores de localización torácica con riesgo de neumonitis (tumor esófago, radioterapia sobre metástasis pulmonares, etc). Unos 170.000 pacientes

6. Inmunodeficiencias primarias: todas excluyendo el déficit de IgA y el defecto de formación de anticuerpos. Unos 3.000 pacientes

7. Infección con VIH y con menos200 cel/ml (analítica de los últimos 6 meses). Unos 10.600 personas

8. Síndrome de Down con 40 o más años de edad (nacidos en 1981 o antes). Unos 10.000 personas

Así son los niños más frágiles frente al coronavirus

La existencia de asma, diabetes tipo 1, obesidad y problemas psicológicos elevan el riesgo de hospitalización tras el contagio

La Razón, por Raquel Bonilla

Existen perfiles de niños mucho más vulnerables frente al SARS-CoV-2 y con mayor riesgo de hospitalización CRISTINA BEJARANO LA RAZÓN

La Covid-19 no es una enfermedad especialmente peligrosa para los menores, tal y como han demostrado las cifras de estos últimos meses. Sin embargo, eso no quiere decir que los niños estén ajenos a contagiarse por el SARS-CoV-2 y, como consecuencia de ello, a desarrollar un cuadro patológico. De hecho, existen algunos perfiles de niños mucho más vulnerables frente al nuevo coronavirus, como aquellos que presentan problemas de base como asma, trastornos del neurodesarrollo, ansiedad o depresión y trastornos relacionados con el miedo, así como obesidad y diabetes tipo 1, tal y como confirma un nuevo estudio publicado esta semana en la revista científica “Jama Network Open” y elaborado por los Centros para el Control y la prevención de Enfermedades de Estados Unidos entre más de 43.465 menores con diagnóstico de Covid-19 entre marzo de 2020 y enero de 2021.

En concreto, las afecciones subyacentes más comúnmente documentadas entre los niños que fueron diagnosticados con Covid-19 fueron asma, trastornos del neurodesarrollo, ansiedad y trastornos relacionados con el miedo, seguido de obesidad y de anomalías congénitas cardíacas y circulatorias, hipertensión esencial y diabetes tipo 1 tenían un mayor riesgo de hospitalización y enfermedad grave tras el contagio. En este sentido, los informes de cohortes sugieren que los niños con cardiopatía congénita podrían tener un mayor riesgo de enfermedad grave por Covid-19, mientras que un estudio nacional realizado entre adultos y niños en Inglaterra confirmó que la diabetes tipo 1 está asociada con probabilidades más altas de muerte intrahospitalaria tras desarrollar la Covid-19. “Nuestro estudio encontró que la diabetes tipo 1 era un factor de riesgo de enfermedad grave por Covid-19 entre los niños estadounidenses. Esto podría explicarse parcialmente por las complicaciones de la diabetes preexistente o de nueva aparición en el contexto de una infección por SARS-CoV-2 o causas indirectas relacionadas con la pandemia, como por ejemplo retrasos en la búsqueda de atención, retrasos en el diagnóstico y un control glucémico deficiente posterior en pacientes con diabetes tipo 1)”, detallan los investigadores.

Ansiedad, un peligroso factor

Por otro lado, los trastornos relacionados con la ansiedad y el miedo, los trastornos depresivos y los trastornos del neurodesarrollo (estos últimos impulsados por ejemplo por el trastorno por déficit de atención / hiperactividad o los trastornos del espectro autista) también tienen una mayor presencia entre los menores que desarrollan complicaciones tras el contagio por SARS-CoV-2, con una mayor prevalecieron en la muestra recogida en este informe y con un mayor riesgo de hospitalización, pero no con una enfermedad grave una vez que ya están hospitalizados.

Y tal y como ocurre con los adultos, la obesidad es un factor de riesgo conocido de enfermedad grave por Covid-19 y este nuevo estudio proporciona la evidencia necesaria para confirmar que también lo es entre los niños tras el contagio por SARS-CoV-2. Estudios descriptivos y de series de casos previos mostraron que la obesidad es más frecuente en niños con enfermedad grave por Covid-19 en comparación con la población general, probablemente porque “el exceso de grasa corporal puede tener numerosos impactos negativos en la salud que podrían explicar este mayor riesgo, incluida la inflamación crónica y la inmunidad deteriorada y enfermedad cardiopulmonar subyacente”, advierten los expertos.

Por su parte, el asma fue la afección diagnosticada con mayor frecuencia, asociada significativamente al riesgo de hospitalización. “No encontramos que el asma estuviera asociado con un mayor riesgo de enfermedad por Covid-19 entre los niños hospitalizados, excepto entre los de 12 a 18 años, pero un análisis anterior de 454 pacientes menores de 21 años en el Children’s Hospital Colorado confirmó que el asma es un factor de riesgo de hospitalización y asistencia respiratoria, pero no de cuidados críticos. La evidencia actual que sugiere que el asma es un factor de riesgo de enfermedad grave por Covid-19 entre adultos es mixta. Por lo tanto, el papel del asma en la gravedad de la infección tanto para niños como para adultos sigue sin estar claro”, reconocen los investigadores.

Según los datos arrojados por este nuevo estudio, los niños con epilepsia tenían un mayor riesgo de hospitalización y enfermedad grave por Covid-19 cuando estaban hospitalizados. La evidencia sobre epilepsia o convulsiones y Covid-19 ha sido escasa, aunque un estudio reciente encontró un mayor riesgo de muerte entre los pacientes con epilepsia y Covid-19, tal y como recuerda el artículo publicado en “Jama Network”.

Estas nuevas evidencias son válidas tanto para niños como para adolescentes, ya que, tal y como aseguran los investigadores, “más de la mitad de nuestra muestra estaba formada por adolescentes (de 12 a 18 años), por lo que nuestros resultados reflejan más ese grupo de edad. Los análisis estratificados por edad mostraron que ciertas afecciones (asma, trastornos del neurodesarrollo) eran más frecuentes entre los pacientes de dos años o más, mientras que la prematuridad y las anomalías congénitas cardíacas y circulatorias eran las más frecuentes y se asociaban con el mayor riesgo de enfermedad por Covid-19 entre los pacientes menores de dos años”.

Así, este nuevo análisis transversal confirma que los niños con diabetes tipo 1, anomalías congénitas cardíacas y circulatorias, obesidad, hipertensión esencial, epilepsia, trastornos neuropsiquiátricos y asma, así como los niños con enfermedades crónicas, tenían un mayor riesgo de hospitalización o Covid-19 grave. Por su parte, los niños de un año o menos o prematuros tenían un mayor riesgo de enfermedad grave por Covid-19. “Los esfuerzos de prevención de salud pública y priorización de vacunas podrían considerar el potencial de enfermedad grave por Covid-19 entre los niños con estas afecciones médicas subyacentes y enfermedades crónicas”, argumentan los autores, quienes insisten en que “los profesionales de la salud deben considerar la necesidad de un manejo clínico cauteloso de los menores con estas afecciones y Covid-19, aunque una mayor investigación epidemiológica podría proporcionar información sobre las causas que subyacen a nuestros hallazgos e identificar otros factores que colocan a los niños en un mayor riesgo de enfermedad grave por Covid-19″.

La mitad de los adultos en España tiene exceso de peso

El Periodista Digital, por Juan Luis Recio

De cara al Día Europeo de la Obesidad y con el fin del estado de alarma, los expertos del Instituto Médico Europeo de a Obesidad (IMEO) instan a los españoles a revertir aquellos hábitos sedentarios nocivos para la salud que se han producido en la población a raíz de la pandemia. Y les ofrecemos aquí la información facilitada al respecto, que seguro que es de su interés ya que es grave y preocupante saber que uno de cada dos adultos en España tiene sobrepeso u obesidad, y además es un problema que se ha agravado con la pandemia.

En España uno de cada dos adultos tiene sobrepeso u obesidad (53,60% en total), siendo la prevalencia más alta en hombres que en mujeres y una de cada tres personas dedica su tiempo libre a ocio sedentario, según la última Encuesta Europea de Salud1. Además nuestro país encabeza el ranking europeo de ciudadanos que admiten haber ganado peso a raíz de la pandemia, unos 5,7 kilos de media, según datos de Ipsos2. Analizaremos ahora esos datos como fuente de la que extraer las adecuadas conclusiones.

Para empezar, debemos saber que la recién publicada Encuesta Europea de Salud alerta de que uno de cada dos adultos en España tiene exceso de peso, siendo la prevalencia más alta en los hombres que en las mujeres. A esta “instantánea” del estado de salud y condición física de los españoles, tomada entre julio 2019 y julio 2020, debemos sumar el peso ganado desde el inicio de la pandemia, unos 5,7 kilos de media, según se desprende de una encuesta realizada por Ipsos en 30 países, que coloca los españoles a la cabeza de Europa, seguidos por los italianos. Por ello, de cara al Día Europeo de la Obesidad que se celebra el 15 de mayo, los expertos del IMEO han querido llamar la atención sobre este problema que se ha visto agravado con la pandemia, recalcando que el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades coronarias, respiratorias y metabólicas, así como hipertensión arterial, hipercolesterolemia, diabetes tipo II, osteoporosis, algunos tipos de cáncer, padecimientos crónicos y un peor pronóstico en caso de contagios por coronavirus.

“Ahora más que nunca urge tomar medidas para romper con el círculo vicioso del sedentarismo, ya que cuánto menos actividad física realice una persona, más dificultad tendrá para volver a la vida activa”, apunta Rubén Bravo, dietista y portavoz del Instituto y añade que, aunque no podemos aspirar a una vuelta completa a la normalidad de antes de la pandemia, podemos aprovechar el fin del estado de alarma para movernos más, recorrer a pie entornos naturales, iniciarnos en deportes al aire libre o, incluso, plantearnos volver al gimnasio.

Los confinamientos, el cierre temporal de instalaciones y centros deportivos, el teletrabajo, el toque de queda y las limitaciones en cuanto a los desplazamientos han inclinado la báscula hacia el sedentarismo y las horas que pasamos en casa y frente al ordenador han aumentado notablemente. El picoteo, comer a deshora o por ansiedad, la dificultad de conciliar el sueño, la apetencia de dulce o cerveza, el afán por la repostería casera y las sobras acumuladas en la despensa durante la cuarentena suponen un verdadero reto a la hora de mantener una la vida saludable.

“El confinamiento obligado tuvo su lado positivo, pero también uno negativo que, según las estadísticas, es el que gana más peso; en este sentido es muy importante tomar conciencia del problema para empezar a corregir aquellos hábitos que desentonan con un estilo de vida saludable”, apunta Bravo. Trabajar desde casa, por ejemplo, nos permite tomar mejores decisiones, optar por comidas caseras más saludables –en vez de tomar el menú del día fuera, llevar una fiambrera en la oficina o comer en la cantina de la empresa–, y también a reducir las tentaciones con una buena gestión de la lista de la compra.

“En cuanto al lado negativo del teletrabajo, muchas veces detectamos que a muchos pacientes les es más fácil seguir una dieta o un plan de alimentación estando ocupados fuera de casa, principalmente porque no tienen que pensar en la comida”, relata Bravo. Lo que ha ocurrido con este cambio en la rutina, es que muchos pacientes que ya tenían una tendencia al picoteo que les costaba controlar, al estar en casa, empezaron a hacer visitas continuas a la nevera, reduciendo sus niveles de estrés con alimentos poco saludables, ricos en harinas refinadas, azúcares simples y grasas saturadas, relata el experto. Lo que detectamos en consulta que con todos estos cambios en nuestra vida diaria “se ha inclinado la báscula hacia los hábitos desfavorables, sobre todo hacia el comer de forma emocional o compulsiva, por ansiedad o, incluso, aburrimiento”, reflexiona Carmen Escalada, nutricionista clínica del centro. Los datos del mercado lo confirman, mostrando que durante los meses de confinamiento ha aumentado el consumo de productos alimenticios de peor calidad y muy calóricos como harinas refinadas, dulces o bollos, snacks salados y patatas fritas, refrescos azucarados y bebidas alcohólicas. “Es fundamental que se revierta cuanto antes este hecho, porque agrava aún más los problemas de sobrepeso y obesidad y las patologías asociadas”, insiste la experta.

El aislamiento y la distancia social son otros de los cambios que han tenido graves consecuencias a nivel psicológico y en muchos casos han repercutido en cuadros de ansiedad, depresión, falta de motivación, fobia social o miedos. La falta de rutina y horarios o el cese temporal de empleo, en algunos casos, ha hecho que gran parte de la población duerma mal y peor, pudiendo generar en el tiempo problemas de hipertensión, exceso de peso, diabetes y ansiedad.

En España el exceso de peso afecta a un mayor número de hombres que mujeres y supone un problema que aumenta con la edad. Tradicionalmente los representantes del sexo masculino se han preocupado menos por el cuidado de su cuerpo que las féminas, tanto a nivel estético como en lo que se refiere a la salud y, aunque esta tendencia está cambiando, no se refleja en las generaciones de nuestros padres y abuelos”, señala la nutricionista del IMEO Andrea Marqués.

En consulta a menudo observamos que hasta las formas de comer de hombres y mujeres presentan diferencias. Ellas suelen ingerir cantidades más pequeñas de comida más veces al día, debido también a un menor tamaño de su estómago. Sin embargo, ellos comen dos o tres veces al día, pero cantidades más elevadas que en ocasiones conllevan una dilatación progresiva del músculo liso del estómago que es flexible.Las conductas de hambre emocional por estrés y ansiedad también son determinantes. Las mujeres tienden a comer alimentos de peor calidad (más azúcares sencillos y grasas malsanas), mientras que los hombres ingieren una mayor cantidad cuando tienen mucho apetito o ansiedad y, en general, se decantan más por carnes grasas, embutidos o platos de cocina tradicional.

“En la actual situación el sedentarismo y la falta de actividad física son factor clave actual para el aumento de la obesidad, indistintamente del sexo; así como el incremento exponencial del consumo de alimentos preparados y ultraprocesados en declive de las elaboraciones y técnicas culinarias tradicionales”, señala Marqués. A nivel hormonal, conforme aumenta su edad, los hombres experimentan un proceso muy similar a la menopausia femenina, mostrando una tendencia para almacenar depósitos de grasa en la zona abdominal. Disminuyen los niveles de producción de testosterona y se observa una menor actividad de las células T reguladoras que forman parte del sistema inmune y se relacionan con un peor control de la inflamación, inmunidad y salud de los tejidos.

La obesidad aumenta el riesgo de desarrollar 10 de los cánceres más comunes

Xataca ciencia, por Sergio Parra

Según un estudio de más de 400.000 adultos en el Reino Unido, que se presenta en el Congreso Europeo de Obesidad (ECO) celebrado online este año, la obesidad incrementa el riesgo de desarrollar 10 de los cánceres más comunes.

Los datos son similares con independencia de la forma de medir la obesidad, como gordura central (cintura y caderas más grandes) u obesidad general (índice de masa corporal (IMC) y porcentaje de grasa corporal).

Los diez cánceres

Utilizando datos del estudio de cohorte prospectivo del Biobanco del Reino Unido, investigadores de la Universidad de Glasgow identificaron 437.393 adultos (54% mujeres; edad promedio de 56 años) que no tenían cáncer, para investigar el riesgo de desarrollar y morir a causa de 24 cánceres de acuerdo con seis marcadores de la obesidad: IMC, porcentaje de grasa corporal, relación cintura-cadera, relación cintura-altura y circunferencias de cintura y cadera.

Los resultados se ajustaron por edad, sexo, etnia, educación, tabaquismo, consumo de alcohol, ingesta de frutas y verduras, carnes rojas y procesadas, pescado azul, actividad física y conductas sedentarias. Después de un seguimiento promedio de 9 años, hubo 47.882 casos de cáncer y 11.265 muertes por cáncer.

Los investigadores encontraron que las seis medidas de obesidad se asociaron de manera positiva y similar con un mayor riesgo de 10 cánceres. Por ejemplo, cada aumento de 4,2 kg (hombres) y 5,1 kg (mujeres) en el IMC por encima de 25 kg (definido como sobrepeso) se relacionó con un mayor riesgo de cáncer de estómago (aumento del 35% ), vesícula biliar (33%), hígado (27%), riñón (26%), páncreas (12%), vejiga (9%), colorrectal (10%), endometrial (73%), uterino (68%), cáncer de mama posmenopáusico (8%) y cáncer general (3%).

Los investigadores estiman que si estas asociaciones fueran causales o no correlacionales, tener sobrepeso u obesidad podría ser responsable de alrededor del 40% de los cánceres de endometrio y útero y del 29% de los cánceres de vesícula biliar; y podría representar el 64%, 46% y 40% de las muertes por estos cánceres, respectivamente.

Los resultados sugieren que el IMC es una medida adecuada del riesgo de cáncer por exceso de peso, y no hay ninguna ventaja en usar medidas más complicadas o costosas como la circunferencia de la cintura o el porcentaje de grasa corporal.

Las mujeres con obesidad y una dieta rica en sal tienen más riesgo cardiovascular que los hombres

La enfermedad cardiaca es ahora la tercera causa principal de muerte entre la población femenina de entre 20 y 44 años.

Heraldo / Europa Press

Las mujeres con obesidad y una dieta rica en sal tienen más riesgo cardiovascular que los hombres, Pixabey

Las mujeres con obesidad y una dieta rica en sal tienen más riesgo cardiovascular que los hombres, según ha puesto de manifiesto un estudio llevado a cabo por investigadores de la Augusta University (Estados Unidos) y ha sido presentado en el ‘American Physiological Society Annual Meeting at Experimental Biology 2021’.

La hormona sexual estrógeno, que tiene algunos poderes protectores, como mantener los vasos sanguíneos más flexibles, se considera una protección natural para las mujeres premenopáusicas, sin embargo, junto con las crecientes tasas de obesidad severa en las mujeres jóvenes, la enfermedad cardiaca es ahora la tercera causa principal de muerte entre la población femenina de entre 20 y 44 años.

En este sentido, los investigadores han avisado de que la obesidad y el alto consumo de sal son riesgos aún mayores para las mujeres porque tienen niveles naturalmente más altos de dos hormonas adicionales, leptina y aldosterona, las cuales preparan el escenario para las disparidades cardiovasculares potencialmente mortales.

“Muchos de nosotros probablemente pensamos en la leptina como la ‘hormona de la saciedad’ que envía a nuestro cerebro señales para dejar de comer cuando nuestro estómago está lleno, pero en la obesidad, el cerebro normalmente deja de escuchar el mensaje completo, pero el sistema cardiovascular de las mujeres comienza a recibir señales poco saludables”, han detallado los expertos.

Y es que, han demostrado que en las mujeres la leptina hace que las glándulas suprarrenales, que producen aldosterona, produzcan aún más de este poderoso constrictor de vasos sanguíneos. Al igual que la leptina, las mujeres, independientemente de su peso, ya tienen niveles naturalmente más altos de aldosterona y también glándulas suprarrenales más grandes.

La obesidad en realidad produce mayores aumentos de presión arterial en las mujeres, y los estudios indican que las mujeres también son más propensas a la disfunción vascular asociada a la obesidad, cosas como vasos sanguíneos más rígidos que no son tan hábiles como la dilatación. Por otro lado, la leptina aumenta la producción del óxido nítrico vasodilatador, el cual reduce la presión arterial, en los ratones machos, una de las muchas diferencias cardiovasculares que están encontrando entre machos y hembras.

Debido a que las mujeres ya producen más aldosterona, y la respuesta normal del cuerpo cuando se ingiere mucha sal es producir aún más aldosterona para ayudar a eliminar parte de ella, por ello, los expertos proponen ahora que las mujeres pueden tener una capacidad deteriorada para reducir la aldosterona, lo que las hace más sensibles a la sal.

Obesidad y sobrepeso en España en mayores de 18 años en 2020

Encuesta Europea de Salud 2020, datos ofrecidos por la Secretaría General de Salud Digital, Información e Innovación del SNS, Subdirección General de Información Sanitaria de España

Las valoraciones de las implicaciones del sobrepeso y la obesidad sobre la salud han concluido que ésta es un factor de riesgo para un amplio número de enfermedades y problemas de salud, incluyendo hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes del adulto, enfermedades coronarias, ciertos tipos de cáncer y otras enfermedades crónicas.

La prevalencia de obesidad en adultos es de 16,01% en 2020, manteniéndose los elevados niveles alcanzados en 2009 (16,00%), 2011 (17,03%), 2014 (16,91%) y 2017 (17,43%), en la línea ascendente de los últimos 25 años (ENSE 1987-2020), algo más marcada en hombres que en mujeres.

Desde 1987, la obesidad en mujeres ha pasado de un 7,90% a un 15,54% en 2020. En hombres el ascenso ha sido mayor, pasando de un 6,90% en 1987 a un 16,50% en 2020. Respecto a 2017, se ha producido un descenso de 1pp en mujeres y 2pp en hombres.

En cuanto al sobrepeso (sin obesidad), la prevalencia se mantiene desde el 32,30% en 1987 al 37,60% en 2020. Las diferencias por sexo son muy marcadas en el caso del sobrepeso (44,90% en hombres y 30,56% en mujeres). En 2020, la prevalencia conjunta de obesidad y sobrepeso de la población adulta es de 53,60% (61,40% de los hombres y 46,10% de las mujeres).

En lo que se refiere a la población menor de edad (de 15 a 17 años), un 20,7 por ciento se encontraba por encima del peso considerado como normal.

En el caso de los menores (de 15 a 17 años) la obesidad afectó al 2,9 por ciento y el sobrepeso al 17,8 por ciento. En sentido contrario, el 2,1 por ciento de la población mayor de edad tenía peso insuficiente.

La ENSE y la EES recogen información del peso y la talla declarados por el individuo. Con esta información se calcula el Índice de Masa Corporal (IMC). IMC = peso declarado (en kg) / talla declarada (en metros al cuadrado m2 ). En adultos de 18 y más años, a partir de este índice, se define: -peso insuficiente (IMC < 18,5 kg/m2 ) -normopeso (18,5 kg/m2 > IMC < 25 kg/m2 ) -sobrepeso (25 kg/m2 > IMC < 30 kg/m2 ) -obesidad (IMC > 30 kg/m2 ).

Un ayuno de Semana Santa que favorece la longevidad

Periodista Digital, por Juan Luis Recio 

El Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) destaca la importancia de la práctica milenaria del ayuno para la regeneración celular y sugiere una pauta de ayuno de Viernes Santo enfocada en la longevidad que se puede realizar de forma mensual.Y es que, nos dicen en el IMEO, que tener una edad muy avanzada hoy no es obstáculo para convertirse en el presidente de Estados Unidos, como demostró Joe Biden en sus 78 años, u ostentar el trono británico que ocupa la reina Isabel II que cumple 95 años. El creciente número de personas que envejece a un ritmo más lento en la actualidad nos deja ante un nuevo paradigma, el de la longevidad, donde el buen estado de salud y la condición física difiere visiblemente de la edad cronológica.

Por ello, ahora que4 estamos entrando ya en la Semana Santa y pensando en la salud de nuestros mayores que se han visto más vulnerables en la pandemia de coronavirus, los expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) sugieren una pauta de ayuno enfocada en la longevidad, explicando los múltiples beneficios que tiene esta práctica milenaria para la regeneración celular. “La genética puede condicionar nuestra esperanza de vida y dificultad para enfermar de un 10 a un 30 por ciento; el resto depende de diferentes factores ambientales y del estilo de vida que se lleve”, señala Carmen Escalada, nutricionista clínica del Instituto, recalcando en la importancia de la alimentación saludable y el deporte a la hora de influir en la incidencia de enfermedades, preservar la función cognitiva o mantener el tono muscular.

A medida que una persona se hace mayor, en su ADN se produce acúmulo de daños, acompañados por algunos efectos propios del envejecimiento, como el descenso en la capacidad física y mental o el aumento del riesgo de enfermedad. No obstante, existen moléculas orgánicas que pueden influir en nuestra longevidad, como son la enzima sirtuina, que ayuda a reparar nuestro genoma y en prevenir enfermedades degenerativas, o la hormona adiponectina, con efecto antiinflamatorio, que se asocia a esperanzas de vida más largas, al reducir el riesgo de diabetes y ateroesclerosis. “Hoy en día sabemos que podemos influir positivamente en nuestro destino, si elevamos los niveles de esta última hormona con la ingesta de alimentos ricos en grasas insaturadas, presentes en alimentos como el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos, el aguacate, los pescados azules y las semillas”, explica.

Por otro lado, para disfrutar de una larga vida es imprescindible evitar dentro de lo posible las situaciones que pueden desencadenar estrés continuado. Se estima que el 95 por ciento de las enfermedades crónicas se deben precisamente al estrés crónico que puede acelerar el acortamiento de nuestros telómetros, situados en el extremo de los cromosomas que actúan como barrera protectora de nuestro material genético. El mantenimiento de su integridad nos permite tener una mayor protección frente a los procesos degenerativos y un menor riesgo de padecer de enfermedades.

Por ello, es importante evitar la alteración de hormonas como la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol que pueden reducir considerablemente nuestra expectativa de vida. Un aumento en los niveles de la adrenalina y la noradrenalina, por ejemplo, puede favorecer ciertas mutaciones negativas del ADN y la aparición de células cancerígenas, mientras que el cortisol alto puede debilitar el sistema inmune y conllevar a la aparición de enfermedades como gastritis, hipertensión o déficit de memoria. Para combatir el estrés se aconseja practicar meditación, ejercicio físico regular, hábitos saludables de sueño y dieta adecuada, priorizando alimentos ricos en fenilalanina, como pollo o arroz integral; triptófano, como lácteos o huevos; magnesio, como cereales integrales, legumbres o semillas; y vitamina C, como cítricos.

Muchos estudios coinciden en que podemos influir en nuestro cuerpo mediante el ayuno para beneficiarnos de una serie de efectos y reacciones acuñadas durante nuestra evolución genética. “Se trata de un mecanismo desarrollado por el cuerpo humano en el Paleolítico, en épocas de hambruna que nos permite sobrevivir en situaciones donde hay falta de alimentos y factores medioambientales negativos”, explica Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del IMEO. Cabe recordar que en 2016 el científico japonés Yoshinori Ohsumi ganó el Premio Nobel de Medicina por profundizar en el estudio de la autofagia (significa ‘comerse a sí mismo’ en griego), un proceso de limpieza celular desencadenado tras un ayuno prolongado que ayuda anuestro organismo a librarse de las proteínas inservibles acumuladas que a la larga pueden dar origen a enfermedades.

La autofagia está relacionada con el envejecimiento y la regeneración celular, la regulación de la temperatura corporal, la homeostasis (el equilibrio entre los sistemas a nivel interno que nuestro cuerpo necesita para funcionar correctamente), el estrés oxidativo y los antioxidantes, la respuesta inmunitaria contra los patógenos y el cáncer. Las principales funciones beneficiosas de la autofagia se producirían en la parte de la célula denominada citoplasma que rodea el núcleo y cuenta con diferentes componentes, como las mitocondrias y los orgánulos. “Durante el ayuno sucede una extracción de aquellos orgánulos deteriorados que ya no funcionan bien y posteriormente se hace una renovación de estos componentes, con lo cual se retrasaría el envejecimiento de la célula y sus partes dañadas o deterioradas serían eliminadas y sustituidas por regeneradas, componentes nuevos recién creados”, explica Bravo.

El primer beneficio se produce a partir de las 12 horas de ayuno, cuando hay una activación del lipolisis, es decir, el uso de la grasa como fuente de energía que muchas personas utilizan para perder peso. El efecto de la renovación celular empieza a partir de las 16 horas de ayuno, así como de tejidos de partes del sistema nervioso y del sistema musculo-esquelético. Es cuando se observa la eliminación de proteínas y orgánulos dañados dentro de la célula y del citoplasma que a largo plazo pueden producir patologías. Es a partir de las 22 horas de ayuno cuando empieza el efecto regenerativo que destaca con la creación de células madre con todos los beneficios que esto conlleva.

“Para conseguir estos beneficios es muy importante tomar gran cantidad de agua para depurar y ayudar al sistema linfático y el sistema renal a eliminar todos estos desechos que se activan de una manera potencial cuando estamos en períodos de ayuno”, añade el experto. Igualmente se pueden tomar infusiones, caldos de verduras, café y té sin cafeína y teína, sin añadirles leche, azúcares o edulcorantes.

Las directrices de la Iglesia Católica establecen que el Viernes Santo es día de abstinencia y ayuno, lo que implica consumir solo líquidos o una única comida sólida al día, renunciando a la carne y estando permitidos pescado, lácteos, huevos y productos de grasa animal. Este año, pensando en la salud de nuestros mayores que se han visto más vulnerables por la pandemia del coronavirus, la nutricionista del IMEO Andrea Marqués sugiere realizar una pauta de ayuno que favorece la longevidad, abundante en fuentes proteicas vegetales de fácil digestibilidad, frutas y verduras, ricas en vitaminas, minerales y antioxidantes naturales, una verdadera píldora antiedad. Este tipo de pauta podría repetirse, sin suponer ningún problema para la salud, mensualmente e incluso quincenalmente, siendo conveniente el consumo de proteína en al menos una ingesta del día y una correcta hidratación a lo largo de la jornada.

Para comenzar la nutricionista plantea un desayuno líquido, pero muy nutritivo: batido de bebida vegetal de almendras, semillas de chía, fresas y plátano que nos proporcionará un gran aporte de vitaminas y minerales desde la primera hora del día. “Las semillas de chía son ricas en antioxidantes naturales y una buena fuente de fibra; la almendra destaca por su aporte de calcio; las fresas, por la vitamina C; y el plátano, por el potasio”, explica la nutricionista. Pasadas dos o tres horas, se puede tomar unzumo de naranja y pomelo, ricos en fibra y vitamina C que nos proporcionará una buena dosis de energía.

A la hora de comer, lo ideal para la ocasión sería un potaje de vigilia con garbanzos, espinacas y bacalao desalado, finalizando con una infusión digestiva. Los garbanzos son un alimento muy nutritivo y saciante. Excelente fuente de proteína vegetal con alto contenido en fibra, ayudan a equilibrar el colesterol y son ricas en vitaminas del grupo B e hierro. “En combinación con el bacalao, ofrecen un perfecto aporte de aminoácidos esenciales procedentes de fuentes proteicas animales y vegetales”, apunta la nutricionista.

Fuera de Semana Santa se puede mantener el esquema de tomar a la hora de comer legumbre combinado con verduras y proteína procedente de huevo o pescado. Los platos que recomienda la nutricionista son: ensalada de garbanzos con pimiento rojo, tomate, pepino y cebolla picada y una lata de atún al natural; garbanzos salteados con calabaza y brócoli y una lata de caballa al natural; ensalada de alubias con aguacate, tomate, rabanitos, queso fresco y huevo cocido; sopa de arroz con verduras en juliana (zanahoria, patata, puerro y cebolla) con tofu (opción vegana); y crema de calabaza con garbanzos enteros salteados y huevo cocido.

Como merienda se puede tomarun yogur bebido proteico. Nos permitirá elevar la ingesta de proteínas diaria, que puede ser insuficiente cuando realizamos una pauta de ayuno y, además, nos aportará calcio y vitamina D. “Finalizaremos el día con una crema de verduras natural de muy bajo contenido calórico y propiedades diuréticas, hecha de calabacín, cebolla y puerro; tomando de postre una onza de chocolate negro para estimular la secreción nocturna de serotonina”, explica Marqués. El postre en la cena en un día de ayuno podría sustituirse por alguna de las siguientes opciones: un vaso de leche semidesnatada o desnatada sola o con pizca de canela o cacao puro, yogur natural de soja o coco, bebida vegetal con base de frutos secos (almendras, avellanas, nueces) sin azúcar añadido, puñado de almendras al natural o tostadas o 3 nueces.

El 90% de las operaciones en pacientes con obesidad se cancelaron por la covid-19

En España hay 400.000 pacientes candidatos a ese tipo de intervenciones, pero la pandemia ha cancelado la inmensa mayoría de operaciones; las listas de espera pueden llegar a los cuatro años

Voz Populi, por Nieves Salinas

La obesidad es uno de los mayores factores de riesgo en la infección por coronavirus. Los pacientes, también presentan un peor pronóstico. En España hay 400.000 personas con obesidad severa, candidatos a cirugías bariátricas, un tipo de intervención quirúrgica indicada para pacientes con graves problemas de peso y numerosas enfermedades asociadas. Pero la pandemia ha frenado en seco esas operaciones: se ha producido un desplome de hasta el 90% en el número de intervenciones.

Los datos los aportó recientemente la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad (SECO), dedicada al tratamiento quirúrgico de la obesidad severa y de las enfermedades metabólicas. Dibujan un escenario desolador para un 5,2% de las personas entre 25 y 64 años que, en España, tienen un índice de masa corporal (IMC) superior a 35 y otro 1,6% que lo tienen superior a 40.

Casi 400.000 españoles que, según la sociedad científica -que no incluye en esa cifra a quienes, con obesidad menos grave (un IMC de 35) tienen una o dos enfermedades asociadas- serían potenciales candidatos a la cirugía bariátrica, una alternativa que se valora para pacientes con obesidad mórbida y que no responden a tratamientos no quirúrgicos. Desde la SECO subrayan un dato significativo: sólo un 2,2% de estos candidatos acceden a las intervenciones.

Operaciones canceladas

La crisis sanitaria ha provocado que estos pacientes, como tantos otros, quedaran en un limbo y, las cirugías, se frenasen en seco. La necesidad de retomar las cirugías urgentes que quedaron aplazadas por (por ejemplo las oncológicas) hizo que las listas de espera de personas con obesidad que esperaban someterse a una cirugía en la sanidad pública no hicieran más que engordar.

Según datos de Johnson & Johnson Medical Devices, el segmento de dispositivos médicos de la multinacional estadounidense, se calcula que en 2020 se realizaron un millón menos de cirugías frente a los 5,4 millones que se hicieron en 2019 en nuestro país. El desplome en cirugía bariátrica fue de hasta el 80% o el 90%. Es decir, la gran mayoría de las intervenciones fueron canceladas.

Altísimos porcentajes de obesidad

Así lo explica a Vozpópuli el doctor Manuel Vilches, director médico y de Relaciones Institucionales de Johnson & Johnson Medical Devices. El médico explica que la crisis obligó a la cancelación de consultas, revisiones, pruebas diagnósticas y, por supuesto, de cirugías en pacientes que, recuerda, son de altísimo riesgo. “Como ha sucedido en otros casos, ese ritmo todavía no se ha retomado”, precisa.

En España, más de la mitad de la población tiene sobrepeso y, casi la cuarta parte, obesidad. En los pacientes con coronavirus es un claro factor de riesgo.

El doctor Vilches llama la atención sobre los altísimos porcentajes de obesidad en España. “No estamos al nivel de Reino Unido o Estados Unidos, pero más de la mitad de la población tiene sobrepeso y, casi la cuarta parte, obesidad”, recuerda.

En pacientes con covid-19, se ha demostrado que es un claro factor de riesgo. Un reciente informe de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) ha analizado de forma comparativa las características clínicas de la enfermedad que causa la infección por SARS-CoV-2 entre hombres y mujeres hospitalizados en España.

Los médicos, entre otras cuestiones, observaron que entre los varones se registraba una mayor tasa de tabaquismo (6,9% frente a 3,3%) y un mayor porcentaje de mujeres con obesidad (22,3% frente a 20,5%). Además, la dependencia severa fue más frecuente en las mujeres (10,1% frente a 5,1%).