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Estas son las cuatro hormonas que influyen en el aumento de peso

septiembre 13, 2018

En ocasiones, siguiendo incluso una dieta sana y equilibrada, nuestro cuerpo engorda de forma inesperada e incontrolable. Y es que hay sustancias que produce nuestro propio organismo

Alimente El Confidencial, por Veronica Mollejo

Siempre que hablamos de engordar, solemos poner el punto de mira sobre la alimentación y los ingredientes que componen la dieta diaria del paciente. Todo el mundo sabe que para mantener la línea hay que evitar los productos procesados, las grasas saturadas o el azúcar refinado. Sin embargo, no es justo que toda la responsabilidad recaiga sobre ellos. Sobre todo, cuando ese aumento de peso llega de forma inesperada siguiendo incluso un estilo de vida sano y equilibrado. En este punto, ¿quién está detrás de esos kilos de más?

Viviendo con el enemigo

Para aquellos que todavía no lo sepan, los desequilibrios hormonales que se producen en nuestro organismo son una de las principales causas del aumento de peso. “Los desequilibrios hormonales están muy ligados al sobrepeso y la obesidad. Unas veces, porque son la causa y otras la consecuencia. Es decir, cuando una persona llega a un sobrepeso considerable, los sistemas hormonales se alteran y ya no es posible perder peso con dieta y ejercicio”, explican desde el Instituto Médico Europeo de Obesidad. Por este motivo, también existen personas que apenas cumplen con su ración diaria de comida y aún así les resulta imposible adelgazar.

Estos desequilibrios hormonales dan como resultado una serie de problemas y enfermedades de suma importancia. Destacan el hipotiroidismo, el síndrome de Cushing, la falta de la hormona del crecimiento o la enfermedad de Addison, producida por la falta de cortisol ante un daño en las glándulas suprarrenales por causas autoinmunes. Bajo esta premisa, ¿qué hormonas provocan todos estos cambios dentro del cuerpo humano? Y lo que es más importante, ¿cómo podemos combatirlas?

Leptina

Descubierta en el año 1994 por un grupo de científicos de Genética Molecular de la Universidad Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos), la leptina es una hormona producida por el tejido adiposo que actúa informando al hipotálamo sobre el tamaño de los depósitos de grasa blanca en el organismo. Numerosos profesionales y estudios en la materia sugieren “que la obesidad se produce porque después de cierta cantidad de leptina su sistema de transporte desde el cerebro a la sangre se satura o porque se desarrolla una alteración en sus receptores a nivel del cerebro”, recuerdan desde el Instituto de Análisis Fares Taie.

Una resistencia que provoca un apetito exagerado en la mayoría de obesos, creando así un círculo vicioso del que resulta muy complicado salir. No obstante, en otros casos, la leptina genera el efecto contrario: disminuye el apetito e incrementa el gasto energético. En cualquiera de los dos casos, ¿qué alimentos nos ayudan a reducir su impacto en el organismo?

Una buena manera de controlar los niveles de leptina es consumiendo mucho pescado. El aceite que incluye en su composición ayuda a procesar los alimentos con mayor eficacia, además de potenciar el metabolismo. Otros ingredientes que estimulan el trabajo de esta hormona para perder peso de forma natural son el brócoli, los granos enteros, las almendras, las espinacas o las zanahorias, entre otros.

Estrógenos

Los estrógenos son una hormona producida por los ovarios y las glándulas adrenales, cuya función principal es determinar las características sexuales de la mujer como, por ejemplo, la aparición del ciclo menstrual o el contorno de las caderas. Los niveles de este compuesto alcanzan su punto álgido durante la pubertad, descendiendo desde entonces hasta llegar a la menopausia. Durante todo este proceso, los estrógenos contribuyen a metabolizar las grasas y a repartirlas por todo el cuerpo.

Sin embargo, en la premenopausia, algunas mujeres segregan más hormonas de lo habitual provocando un aumento de grasa tóxica, retención de líquidos o inflamación, entre otros síntomas. Esta dominancia de estrógenos se traduce también en un incremento de peso y la acumulación de grasa en la zona abdominal, las piernas y los glúteos. Para evitar estos cambios, se recomienda el consumo de frutos rojos, brócoli, col de Bruselas, coliflor, rábano, espárragos o cereales integrales con alto contenido en fibra.

Insulina

“Esta hormona es secretada por el páncreas y regula los niveles de glucosa en sangre. Las dietas ricas en hidratos de carbono y azúcares obligan al páncreas a generar más insulina para estabilizar los niveles de glucosa y cuando no lo consigue esta termina acumulándose en forma de grasa”, explican desde Sanitas. Afortunadamente, su impacto sobre el organismo resulta mucho más fácil de controlar que en el resto de casos.

Consumir alimentos saludables y estar físicamente activo pueden ayudar a prevenir el aumento de peso indeseado. ¿Qué pautas debemos seguir? Calcular las calorías de la dieta, seguir religiosamente las cinco comidas diarias o controlar el estrés de la rutina, pues este último activa los niveles de insulina y favorece la secreción de cortisol, aumentando el apetito y la grasa abdominal.

“Es importante que bases tu alimentación en hidratos de carbono de carga glucémica favorable como cereales integrales, verduras y hortalizas de temporada, legumbres y frutas. Estos HC liberan sus azúcares a sangre de forma más lenta que los cereales refinados”, recomiendan desde la plataforma Dieta Coherente. Además de evitar el consumo excesivo de productos excitantes como el té, el café o las bebidas azucaradas.

Ghrelina

Conocida también como la hormona del hambre, este compuesto se sintetiza en el estómago y adopta el papel de orexigénico, una sustancia capaz de despertar el apetito. Lamentablemente, este no es su único efecto. La hormona ghrelina también favorece la acumulación de lípidos en la grasa visceral, aquella que se sitúa en la zona abdominal y está considerada la más nociva, según los resultados de una investigación desarrollada por el Laboratorio de Investigación Metabólica de la Clínica Universidad de Navarra.

Al igual que ocurre con la insulina, resulta fundamental seguir las cinco comidas diarias recomendadas para así neutralizar el efecto de la ghrelina. Además de no dejar pasar más de cuatro horas sin comer, evitar el ayuno, realizar ejercicio físico con regularidad o no recurrir a dietas hipocalóricas estrictas, pues esta reducción del ingreso calórico afecta directamente al aumento de ghrelina y, por tanto, al deseo de seguir comiendo. Dentro de este grupo, las frutas, las verduras, las legumbres y los granos como la avena, el sésamo o la chía son de gran ayuda, al ser ricos en fibras solubles que controlan el apetito y la producción de esta hormona.

Cómo adelgazar tras el desfase navideño

enero 3, 2018

El Mundo, por Gema García Marcos

Te notas pesado. Te cuesta moverte. Sientes como si tu estómago fuera una lavadora en constante fase de centrifugado. De abrocharse los vaqueros -o de simplemente intentar entrar en ellos-, mejor ni hablamos. No, no se está sugestionando. Es que, tras tres semanas de desfases navideños -cuatro si sumamos la de las celebraciones previas a las fiestas-, ha alcanzado sus máximos históricos de peso. Puede que hayas engordado “entre uno y dos kilos”, según le advirtió Rubén Bravo, experto en Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), en estas mismas páginas a principios del mes de diciembre.

Tranquilo. Respire. Y, antes de lanzarse a la desesperada a ayunos inútiles que no harán más que minarte la salud y la moral, toma nota de los consejos del comité de sabios de ZEN.

GRASAS

Croquetas, quesos, cordero, salsas elaboradas con nata y mantequilla, mayonesa… Mantenerse alejado de la grasa resulta una misión imposible durante estas fechas. “Una vez al año, no hace daño”, nos autojustificamos. Puede que sea cierto, siempre y cuando el tema no se nos vaya de las manos.

Ana Albarsanz, experta en nutrición, explica que, con tanto exceso, “hemos sobrecargado y congestionado a tope a nuestro hígado, nuestro preciado órgano détox“. La mejor manera para limpiarlo es «ingerir alimentos que ayuden a depurar y eliminar toxinas». La lista de los más aconsejables: “Alcachofas, brécol, espinacas, rúcula, ajo, espárragos, apio, calabacín, berenjena, piña o sandía”. La mejor manera de tomarlos es “en crudo -ensaladas o batidos-, y siempre acompañado de una buena proteína como carne magra, pescado blanco, clara de huevo o para los vegetarianos con legumbre, tofu, quinoa o nueces”.

Además de incluir alimentos orgánicos en nuestra dieta -legumbres, semillas, jengibre, miso, chía, setas shiitake, hojas verdes, etc-, los expertos de Sha Wellness Clinic (El Albir, Alicante), sugieren que, durante estos días, “reduzcamos un poco las raciones, mastiquemos despacio y bebamos más agua».

María Amaro, nutricionista de la Clínica Feel Good (Madrid), alaba los beneficios del té verde «como bebida digestiva y quemagrasa”.

Los truquillos de toda la vida también ayudan a sobrellevar los empachos. María Amaro recuerda que “el bicarbonato, al neutralizar el ácido transformándolo en cloruro de sodio, produce un alivio inmediato y también combate las flatulencias». Eso sí, advierte de que no conviene abusar de él ya que “puede producir alcalosis, que es un desequilibrio grave para el organismo”. Además, está contraindicado “en personas que sufren gastritis, hipertensión o problemas cardiovasculares”. Digestiva y depurativa para el hígado, “el agua con limón nos aporta energía y mejora el estado de ánimo”.

ALCOHOL

Perjudiciales para la salud y cargadas de calorías vacías, las bebidas alcohólicas son de lo peor que le puede sentar a nuestro organismo. Y, si encima, nos ha dejado como secuela una resaca, el daño se multiplica. En este caso, Ata Pouramini, director de Quiropractic (Valencia) y autor de ‘Escuela de la Espalda’ y ‘Tú eres tu medicina’ -entre otros libros-, aconseja «no tomar paracetamol o ibuprofeno”. ¿Por qué? Lo argumenta: “El hígado ha sufrido mucho en la metabolización del alcohol y, si encima lo combinamos con medicamentos, podemos provocar un daño hepático”. Por este mismo motivo, indica la necesidad de dejar descansar a este órgano: “Está trabajando en la limpieza de las impurezas y los tóxicos del alcohol. Aunque sintamos vacío en el estómago, la comida debe ser ligera. Por supuesto, nada de grasas ni azúcares refinados”.

Rehidratarse es básico. “No se trata sólo de beber agua -insiste Pouramini- sino de tomar alimentos ricos en ella, por ejemplo, peras o caldos de verduras». Para desayunar, su recomendación es “una infusión de té con jengibre”. Si se añade “un huevo cocido, mucho mejor”.

Para contrarrestar las bajadas de azúcar y de minerales que provoca el alcohol, aconseja consumir ‘snacks’ revitalizantes de plátano o nueces”. En la comida, lo mejor son “las hojas verdes: espinacas y también achicoria”. Es preferible olvidarse del café, porque al ser diurético, “nos va a deshidratar más y no ayudará ni al esófago ni al estómago”. Para la cena, lo más indicado es una buena inyección de B12 “con atún, sardinas o algo de marisco”.

Ata PouraminI recomienda huir de otros consejos populares como ‘limpiarse en la sauna’. “La combinación de alcohol, altas temperaturas y sudor nos puede conducir a un nivel alarmante de deshidratación. Es un mal consejo, muy, muy peligroso”, advierte.

DULCE

A estas alturas de las fiestas navideñas, probablemente ya nos habremos puesto las botas de turrones, polvorones y mazapanes, “todos ellos ricos en calorías y grasas no saludables”, según señala la nutricionista María Amaro. Y todavía nos queda la gran traca final, el roscón de Reyes. “Es hipercalórico pero también muy nutritivo, ya que el 48% de su composición son hidratos de carbono -a diferencia de otros dulces navideños-, el 10% proteínas y el 42% grasas”, relata la experta en nutrición.

Una porción de roscón sin relleno tiene “unas 260 kcal”. Si, además, lleva nata, trufa o crema hay que sumar “unas 100 kcal más por cada trozo”. Si lo comparamos con las 120 kcal de un polvorón o las 85 de un pequeño mazapán -a las que hay que añadir el perjuicio que supone el derroche de grasas saturadas que llevan ambos en su composición-, el roscón, mucho más artesanal en su elaboración, se perfila como la opción más saludable a hora de comer dulce en Navidad.

Si te has pasado… Rosa Ordoyo, nutricionista de Clínicas Dorsia, recomienda “tomar al día siguiente caldos a base de cebolla, apio, puerro y pescado blanco. También, yogur, piña, zumos o licuados de naranja, manzana y zanahoria”.

EJERCICIO

No queda otra. Si pretendemos devolver a nuestro cuerpo a su estado original antes de los festejos, tenemos que ponernos las pilas con el deporte. Kilian Rodríguez Ordóñez, preparador físico de la plataforma Entrenarme y director del Centro Well (Barcelona), enumera cinco consejos para combatir el rastro de los excesos en nuestra figura:

1. Optimizar al máximo el tiempo de entrenamiento con el que contamos. Si vamos justos, es recomendable reducir la carga aeróbica e incorporar el trabajo de fuerza como parte principal de la sesión que estamos realizando.

2. Salir del umbral de confort, buscando nuevas emociones en nuestras rutinas. Una opción bastante recomendable es pasarse al HIIT (entrenamiento interválico de alta intensidad) para quemar más grasa y calorías durante y después del ejercicio. Pero, ojo, que esta alternativa sólo está indicada para personas con una buena condición física previa y no debería realizarse más de tres veces a la semana.

3. Combinar ejercicios específicos en zonas de nuestro cuerpo en la que nos interese profundizar con grandes grupos musculares para aumentar el gasto calórico.

4. Trabajar de manera funcional, utilizando como carga nuestro propio peso corporal, en lugar de trabajar con máquinas. De este modo, conseguiremos quemar más calorías.

5. Huir de gurús y dietas détox milagrosas. No hay más secreto que convertir en protagonistas de nuestra dieta a frutas, verduras y proteínas magras (pollo, pavo…).

Si el deporte no forma parte de tu vida, aprovecha los buenos propósitos del nuevo año y la mala conciencia que te provoca el aumento de peso para introducir, poco a poco, el movimiento en tu día a día. Camine, monta en bici… ¡Te cambiará la vida!

 

La sorprendente razón por la que no debes saltarte el desayuno

octubre 5, 2017

No comer por la mañana se ha asociado tradicionalmente a una mayor tendencia a engordar. Sin embargo, un estudio español añade un nuevo y preocupante inconveniente

El Confidencial
En el ajetreo de la mañana, algo se te olvida. Has apurado al máximo para permanecer más y más tiempo entre las sábanas. La ducha, fugaz. Y ya saliendo por la puerta, con la prisa haciéndose notar, echas en falta algo en tu rutina mañanera. Tan importante no será, dices, y luego llegan los retortijones de estómago. El hambre se abre camino, pero tú aguantas hasta la hora de la comida, quizá con un solitario café a mediodía, sin saber que, en efecto, el desayuno es la comida más importante del día, no solo para adelgazar o para tener más energía, sino también para prevenir enfermedades cardiovasculares.

Saltarse el desayuno se ha asociado tradicionalmente con una mayor tendencia a engordar y a tener niveles de colesterol más altos. Sin embargo, un nuevo estudio español, publicado en el ‘Journal of American College of Cardiology’, lo ha relacionado con las primeras etapas de la aterosclerosis, es decir, la acumulación de placa en las arterias que, a la larga, puede causar problemas graves como el ataque cardíaco o accidentes cerebrovasculares.

El estudio, realizado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) en colaboración con el Banco Santander, analiza los hábitos dietéticos de más de 4.000 españoles, tanto hombres como mujeres, de 40 a 54 años y todos ellos trabajadores de banco. Los investigadores recogieron toda la información sobre rutinas y alimentos de los voluntarios y estos se dividieron en tres grupos, según la cantidad de calorías que ingerían por la mañana: menos del 5% del total diario, entre el 5% y 20% y más del 20%.

Placa en las arterias

Tan solo un 3% de las personas cumplía el perfil de la primera categoría. Es decir, una minoría se saltaba por completo la primera comida del día o solo tomaba un café rápido. La mayoría, alrededor del 69%, se enmarca en el segundo grupo: desayunos bajos en calorías (acompañaban el café con una tostada o pastel). Por último, el 28% restante empieza la jornada con una comida sana y sustancial: productos integrales, proteínas, grasas, frutas y pocos cereales refinados o azúcares añadidos.

La investigación relaciona a aquellos que se saltan o escatiman en el desayuno con varios factores de riesgo. Son 2,5 veces más propensos a desarrollar aterosclerosis generalizada, pues sus arterias mostraban signos tempranos de placa (compuesta por grasas, colesterol, calcio y otras sustancias que limitan el flujo de sangre rica en oxígeno), en comparación con aquellos que eran generosos con el almuerzo. Además, su cintura era, por lo general, más ancha y presentaban un índice de masa corporal más alto, y lo mismo ocurría con sus niveles de presión arterial, de colesterol y de glucosa en ayunas.

No obstante, aunque el estudio demuestre una clara tendencia, no justifica una relación causa-efecto directa. De hecho, los autores, entre ellos el cardiólogo Valentín Fuster, señalan que las personas que se saltan el desayuno suelen tener estilos de vida menos saludables en general, como, por ejemplo, peores dietas o un mayor consumo de alcohol y tabaco. Asimismo, como son más propensos a tener sobrepeso, es posible que no tomen esa primera comida del día como una estrategia para bajar de peso. Es, en definitiva, el pez que se muerde la cola.

Más hambre durante el resto del día

Pero incluso cuando los autores ajustan todos estos indicadores (el consumo de alcohol, tabaco y el sobrepeso), la tendencia sigue siendo clara: “Todo parece sugerir que saltarse el desayuno podría ser uno de los factores de riesgo que se agrupan en torno a la aparición temprana y al desarrollo de la aterosclerosis”. Asimismo, un editorial, realizado por investigadores de la Universidad de California y el National Heart, Lung and Blood Institute, que acompaña al estudio asegura que puede causar desequilibrios hormonales y alterar los ritmos circadianos (cuyos descubridores acaban de ganar el Nobel de Medicina) y también a que la gente coma más calorías y alimentos menos saludables durante el resto del día.

“El importante mensaje de este estudio, como señalan los autores, es que saltarse la primera comida del día nos sirve como un indicio claro de una dieta y un estilo de vida pobres, vinculados con la aterosclerosis”, escribieron en el editorial. En este sentido, recomiendan fomentar desde la infancia el hábito de comer un desayuno regular, abundante y nutritiva que “frene el tsunami” inminente de diabetes y trastornos cardiovasculares.

¿Sabes cuánto ejercicio equivale a comerse una torrija?

abril 18, 2017

El Mundo, por Gema García Marcos

Ese popular -y muy gráfico- dicho de “un momento de placer en la boca, una eternidad en el trasero” le viene como anillo al dedo al delicioso repertorio de dulces que, de Norte a Sur, salpican el mapa de España durante la Semana Santa. Los pestiños andaluces, la leche frita cántabra, los buñuelos valencianos, las monas de Pascua catalanas y murcianas -cuyo nombre proviene de la munna, vocablo árabe que significa “provisión de la boca”- y, sobre todo, las grandes estrellas del momento, las torrijas, fueron creados originariamente por cocineros y pasteleros “en un alarde de imaginación para compensar la posible falta de calorías producidas por el ayuno propio de estas fechas”, según explica Rubén Bravo, experto en Nutrición y Gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Todos ellos aportan entre 500 y 1.000 Kcal por ración, las mismas que una comida completa. Es decir, una auténtica barbaridad.

Preparados con ingredientes como leche, pan, harina, huevos, mantequilla, azúcar y miel -que eran los productos permitidos y más accesibles- estos alimentos hipercalóricos tenían su razón de ser en aquellos tiempos de vigilia estricta pero hoy en día, “esta sobrecarga calórica tan bestial e intensa, si no va acompañada de una actividad física vigorosa, nos puede pasar factura”, asevera Bravo. Según sus estimaciones, si el tema se nos fue de las manos durante la Pascua hemos podido “llegar a engordar hasta cuatro kilos” en unos pocos días.

BOMBA CALÓRICA

Más allá del acusador veredicto de la báscula y nuestros pantalones vaqueros más ajustados, abusar de los dulces y no quemar la energía extra que éstos nos proporcionan hace que “el hígado acumule un exceso de azúcar que, con el tiempo, acaba convirtiéndose en grasa y dificultando su correcto funcionamiento”, explica el experto en Nutrición del IMEO. Además, Rubén Bravo señala que la existencia de estudios que han demostrado que “el exceso de azúcar en sangre está relacionado con el aumento de la acción de una proteína, llamada b-catenina, íntimamente relacionada con la progresión tumoral y capaz de convertir una célula sana en una tumoral e inmortal”.

La forma en la que se cocinan estos suculentos postres no hace sino empeorar el ya de por sí oscuro panorama nutricional: “No es recomendable abusar de los fritos, ya que aportan altos niveles de grasas saturadas, aumentan los niveles del colesterol y pueden favorecer la aparición de arterioesclerosis. Si queremos tener una larga vida, deberíamos evitar las frituras, ya que aceleran los procesos del envejecimiento y pueden ocasionar un gran número de enfermedades, algunos males del intestino o incluso cáncer”.

Si todavía no lo ves claro -y no te atreves a someterte al trago de pesarte tras la Semana Santa- toma nota de este inquietante dato: «Esa única torrija de unos 243 gramos que te comiste tras el potaje del almuerzo puede haberte aportado cerca de 566 Kcal». No es por agobiarte pero te conviene saber que todos sus ingredientes, salvo la canela, “son ricos en grasas y/o carbohidratos”.

El tamaño es el primer factor que determina las calorías que se ha metido entre pecho y espalda con cada unidad pero, ojo, porque los problemas empiezan con el tipo de pan que ha usado para prepararlas. “Cada vez más, se utilizan los tiernos, como los de molde, enriquecidos, los tipo brioche o incluso bollos suizos. Salen muy ricas, porque absorben mejor la leche, pero como consecuencia también multiplican las calorías”. Es lógico, “si partimos de una rebanada que ya va cargada de grasas y azúcares, la torrija final engordará mucho más que si la preparamos con el pan duro de toda la vida”.

Su aporte calórico depende también “del tipo de leche -si es entera o desnatada-, si se le añade un poco de nata o si incorporamos más o menos azúcar a la mezcla”.

Bocado muy energético, con poca fibra pero muchos azúcares de absorción rápida, y con un alto contenido en grasas, Bravo también reconoce que “las torrijas contienen vitaminas y minerales esenciales como calcio, ácido fólico, niacina o potasio las mencionadas proteínas y ácidos grasos saludables”. Y, lejos de demonizarlas, apunta que “tanto los hidratos como las grasas también forman parte de una alimentación equilibrada, dentro de una dieta saludable y en su justa medida”.

EJERCICIO

Rubén Bravo incluso se atreve a apuntar durante cuánto tiempo tendrías que desarrollar una actividad física para conseguir eliminar su rastro de tu anatomía. «Hay opciones para todos los gustos: 147 minutos de caminata vigorosa; 97, de baile; 81, de bicicleta de carretera en llano o 70 minutos de natación a crol a ritmo medio”. ¿Exageramos? Nos tememos que no.

No te queda otra. O pones remedio ya a los efectos que esas dulces bombas calóricas han provocado en tu cuerpo o la operación biquini -que ya se nos viene encima- se te va a complicar mucho. “Lo mejor es ponerse las pilas lo antes posible”, recomienda Carolina Prato, entrenadora personal y experta en bienestar.

Aunque, puestos a pedir, lo mejor hubiera sido tomar cartas en el asunto de forma inmediata, es decir, “en las horas posteriores a los atracones”. “Caminar, durante 30 minutos como mínimo, a buen paso y, si es posible, por recorridos con tramos cuesta arriba, subir escaleras, bailar, patinar o jugar con los niños -si consigues seguirles el ritmo- son algunas de las actividades cotidianas con la que podemos contrarrestar el efecto de semejante festín de calorías”, asegura Prato.

En el gimnasio el plan perfecto para aniquilar el efecto torrija podría ser “empezar con 15 minutos de bicicleta estática -con intervalos de un minuto a tope y otro de recuperación-; seguir con 15 de elíptica -a ritmo regular- para terminar con 15 minutos de cinta, que podríamos plantearnos de la siguiente manera: un minuto de caminar en cuesta y otro corriendo a tope”.

Así que ya sabe, no esperes a la operación biquini para quitarte los daños colaterales de su antecesora: la operación torrija. «Come equilibrado, bebe mucha agua, descanse y muévete un poco más de lo habitual. Tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán».

Tras la Navidad, ¡Chicos, barriga fuera!

enero 3, 2017

EFE Reportajes, por Pablo Gutman

showimage¿Por qué la obesidad masculina se sigue viendo como “un mal menor” y se presenta con eufemismos exculpatorios, como “barriguita cervecera” o “la curva de la felicidad”, que le ayudan a gozar de un mayor grado de aceptación social?.

¿Por qué la obesidad del varón se acepta como algo normal y se justifica porque “es sabido” que ellos beben más alcohol, frecuentan restaurantes por motivos de trabajo, comen durante las reuniones, hacen vida social en bares y apenas hacen dieta?.

Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) y experto en nutrición y gastronomía, no ofrece una respuesta para estos interrogantes, pero tiene claro que “quitar importancia a un problema de salud, no hace que se resuelva por sí solo”.

“El número de hombres que visita nuestras consultas en busca de solución a su estado de obesidad es significativamente menor (21 por ciento) que el de mujeres (79 por ciento)”, explica el experto de este instituto (www.imeoobesidad.com) . “Pero entre 1975 y 2014 el número de hombres obesos se ha triplicado, y la cantidad de mujeres obesas solo se ha duplicado”, señala Bravo en referencia a un estudio publicado en 2016, coordinado por el Imperial College de Londres y que involucró a 20 millones de hombres y mujeres adultos de 186 países.

“Al analizar los datos estadísticos podemos corroborar que la obesidad masculina aumenta a un ritmo superior a la femenina en todo el mundo de manera general y que cada vez son más los hombres con altos niveles de grasa corporal y, por tanto, en riesgo de padecer todas las enfermedades que esto conlleva”, confirma a Efe Carmen Escalada, nutricionista clínica del IMEO.

Ellos engordan diferente que ellas

La naturaleza del sobrepeso se muestra de forma diferente entre ambos sexos, según los especialistas. En los hombres empieza a desarrollarse a partir de los 35 años, acompañado por un cambio hormonal conocido como “hipogonadismo” relacionado con la disminución de testosterona, mientras que en mujeres el golpe importante suele darse a partir de la menopausia, entre los 48 y los 52 años, según el instituto IMEO.

“El aumento de peso en hombres se caracteriza principalmente por la acumulación de tejido graso a nivel abdominal, lo que se denomina obesidad de tipo androide”, explica a Efe, Estefanía Ramo, nutricionista de ese instituto. Esta grasa acumulada en “la barriguita” de los hombres, es la grasa visceral (aquella que envuelve los órganos vitales), es la más peligrosa para la salud y la que va a dar lugar al Síndrome Metabólico (SM), asociado a una mayor prevalencia de patologías crónicas.

Algunas de las patologías asociadas al SM y que limitan las expectativas y calidad de vida de la persona son: la hipertensión arterial, la diabetes mellitus tipo 2 e insulino-resistencia, el hígado graso, la cardiopatía coronaria, el cáncer, y las enfermedades respiratorias u osteo-articulares, según los expertos de IMEO.

Cinco reglas de oro para mantener la línea

Ramo traslada a Efe cinco claves nutricionales encaminadas a controlar la obesidad y prevenir el SM en los hombres, cuyo patrón alimentario, según indica, tiende a incluir carnes, arroz, pasta, pan o alcohol, así como ‘comida rápida’, snacks, platos listos para calentar y productos animales reconstruidos.

1.- Aumente los alimentos de origen vegetal y la fibra soluble (frutas, verduras, legumbres, avena…) que ayudan a disminuir el colesterol.

2.- Asegure el aporte de calcio, vitamina D, vitamina K y magnesio, para mejorar la salud ósea, aumentando el consumo de lácteos no enteros, pescados azules, verduras de hojas verdes o alimentos enriquecidos.

3.- Recuerde los alimentos proteicos, dando prioridad a la proteína vegetal (legumbres, cereales, frutos secos) y a las carnes que sean magras, sin grasa.

4.- Reduzca o modere el consumo de alimentos grasos, sobre todo de grasas saturadas (que inciden en el riesgo cardiovascular) y aumente el consumo de grasas poliinsaturadas, como los omega 3, que ayudan a prevenir las dolencias cardiovasculares y que se encuentran presentes en pescados azules, aceites vegetales, nueces y semillas.

5.- Haga ejercicio físico. Esto es muy importante porque reduce la pérdida de músculo, aumenta el gasto calórico y fortalece los huesos, a la vez que mejora la salud cardiovascular, la presión arterial, resistencia aeróbica, autoestima y niveles de estrés, entre otros. Opciones saludables para casos concretos Consultadas por Efe sobre algunas situaciones concretas y cotidianas en las que los hombres pueden tomar medidas para prevenir el sobrepeso, las nutricionistas Escalada y Ramo, sugieren:.

6.- En lugar de consumir productos ultraprocesados como pizzas, ‘nuggets’, salchichas o bollería industrial, es preferible comprar la mayor variedad posible de productos frescos, para reducir el consumo de grasas poco saludables, azúcares y sal, acudiendo a los mercados tradicionales.

7.- En lugar de beber refrescos, azucarados o edulcorados, o zumos cuando tenga sed, es preferible optar por agua o infusiones que, además de hidratarnos, también hacen que reduzcamos considerablemente nuestro consumo de azúcar.

8.- En lugar de disfrutar de los deportes solo a través del televisor o las gradas de un estadio, es preferible practicarlos, teniendo en cuenta que su variedad es inmensa: interiores o al aire libre, individuales o en equipo, de más o menos intensidad o impacto.

9.- En lugar de movernos siempre en coche porque es más cómodo y rápido, conviene desplazarse a pie o en bicicleta en las distancias más cortas, lo cual nos ayuda a mantener la línea y a apreciar la diferencia entre una vida activa y una sedentaria.

10.- En lugar de saltarnos comidas y pasar muchas horas sin comer, conviene aumentar el número de tomas, reduciendo el volumen de las colaciones, para que al comer no tengamos tanta sensación de hambre ni estemos ansiosos, ingiramos menos cantidad y elijamos opciones más beneficiosas.

11.- En lugar de tomar patatas fritas o galletas saladas, prepárese aperitivos saludables como unos ‘crudités’ (hortalizas crudas cortadas en forma de bastón) de verduras, con salsa de yogur y especias.

Cambia la rutina ¡y mantén tu peso!

agosto 1, 2016

Por si fueran poco el sofoco y la deshidratación, durante el verano es más fácil engordar. Los kilos de más acechan en cada aperitivo, bebida o cena al aire libre con la que se regale estas vacaciones. Y el peligro es mayor en las personas que ya tienen un alto índice de sobrepeso u obesidad, según el Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

cambia-la-rutina-y-manten-tu-peso-9cf2c0bfe85edf8e680b5318799b008d“Para cubrir la necesidad de refrescarse durante las altas temperaturas surgen diferentes opciones alimentarias poco saludables como helados, cerveza o refrescos”, comenta Natalia Nasarre Nacenta, dietista-nutricionista de Nutritional Coaching.

La solución a estos excesos suele ser la misma: ponernos a dieta. Encuestas de la OCU revelan que prácticamente todos lo hemos intentado alguna vez, la mayoría con resultados nefastos: el 50% recuperó algo de lo perdido, el 25% volvió a recuperar todos los kilos y un 15% acabó ganando más peso del que perdió.

Sin embargo, los expertos coinciden en que más allá de llevar una alimentación saludable, para recuperar el peso normal no es necesario pasar por el sufrimiento de un régimen específico: lo ideal es cambiar nuestras rutinas.

“De la misma forma que el peso puede aumentar cuando tenemos malos hábitos alimentarios (sin comer necesariamente más), también puede bajar cuando los modificamos por otros saludables”.

He aquí algunas de los modos que tiene para adelgazar sin que le resulte una tortura:

1. Elegir con quién come y con quién va al cine. 

De quien se rodea a la hora de comer es algo fundamental: Albert J Hammons y Barbara H. Fiese comprobaron que los niños y adolescentes que comían regularmente en familia reducían en un 12% sus probabilidades de sufrir sobrepeso.

Además, la socialización a la hora de comer tenía otros beneficios añadidos, como el hecho de que disminuía en un 20% el consumo de alimentos insanos y en un 35% el hecho de padecer trastornos alimentarios.

2. Cambiar la noche de copas por una cena romántica. 

Las investigaciones de Dipayan Biswas, profesor de márketing de la Universidad del Sur de Florida (EU), afirman que los locales con una iluminación tenue nos invitan a comer menos y de una forma más lenta, lo que favorece un control sobre la cantidad y por tanto, también sobre las calorías.

3. Ir al súper después de comer: 

Un estudio de la empresa española Nutrición Center concluye que hacer la compra con hambre se relaciona directamente con la obesidad. “Acudir al supermercado con un nivel de glucemia (azúcar en sangre) bajo puede influir en la elección de los alimentos. Esta situación ocurre cuando han pasado de 3 a 5 horas desde nuestra última ingesta de alimentos y, por lo general, nos hace más sensibles a productos de alto valor calórico: precocinados, dulces o fritos, ricos en azúcares simples y complejos, grasas y sal”, explica Marta Gámez, directora técnica del Grupo NC Salud.

4. Dejar la cocina rechinando de limpia. 

No parece que sea el plan más veraniego, pero le ayudará a perder peso. Y no nos referimos solo a las calorías que se gastan con el ejercicio, un estudio dirigido por el Food and Brand Lab de la Universidad de Cornell demostró que las cocinas más caóticas y sucias acaban incrementando el aporte calórico en nuestra dieta. Lo que induce a tal hecho es el estrés que genera ver el espacio desorganizado.

5. Cenar en plato de postre.

Un trabajo de la Universidad de Bond, en Queensland (Australia), indica que hay una clara correspondencia entre usar platos pequeños e ingerir menos comida. Y a la larga, ya sabe: cuanta menos comida, más fácil es reducir calorías, disminuir volumen y, sobre todo, no caer en kilos de más.

6. Apagar la televisión y encender el podómetro. 

La literatura científica coincide en la relación cada vez más directa entre sentarse delante de la caja tonta y cierto tipo de obesidades.

Por un lado, porque ese tiempo fomenta el sedentarismo; por otro, porque la tele incita a comer mal, a picotear snacks y porque la exposición excesiva a las luces brillantes altera el sueño lo que también está vinculado a los kilos de más, tal y como recoge un informe de la Universidad de la Sorbona (Francia) sobre el déficit de sueño y la obesidad.

7. Saborear la comida y masticar despacio. 

La nutricionista Nasarre afirma que comer rápido y sin prestar atención a lo que comemos tiene varias consecuencias.

“Por un lado, la autorregulación de la saciedad es peor por lo que acabamos comiendo más cantidad de la necesaria. Por otro, conlleva masticar menos los alimentos cuando lo que tenemos que hacer es comer despacio y atentos a nuestra masticación ya que eso mejora, además, nuestra salud digestiva e intestinal”.

Fuentes: AM / El País, por Teresa Morales García

Las ‘drogas’ de la cesta de la compra

junio 19, 2016

Grasas, azúcares y sales son los ingredientes más usados por la industria para engancharnos a comidas y bebidas que deberíamos evitar

Las Provincias

pasteles-muffins-kmNB-U20785360748DaH-490x490@Las ProvinciasMás alcohol, más refrescos, más tapas… En verano no solo comemos peor, sino que además tomamos menos cantidad de alimento, lo que provoca que podamos llegar a estar mal nutridos, porque aunque ingiramos muchas calorías nos faltarán los nutrientes mínimos de una comida sana y rica, sobre todo, en verduras, frutas y legumbres. «De hecho podemos perder masa muscular y sin embargo coger unos kilos, porque cambiamos músculo por grasa», matiza Rubén Bravo, naturópata experto en nutrición portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

También se abusa muchas veces en las vacaciones de la comida rápida, más aún si se sale fuera de España o se acude a eventos tipo festivales donde la comida se vende en foods trucks, donde por lo general, aunque no siempre, los bocados están cargados de grasas no saludables, proteínas demasiado cocinadas, con exceso de harinas refinadas y rebozados… «Una bomba calórica con poca carga alimentaria positiva», agrega Bravo.

Esta ‘nueva’ alimentación veraniega a base de alimentos ricos en grasas y azúcares provoca más somnolencia, falta de vitalidad y fortaleza y, por lo tanto, una mayor sensación de fatiga. Por no hablar de que las camisas que antes se pegasen a los brazos o pectorales se ajustarán ahora en la zona del abdomen.

Los hay que se fían de las ensaladas, pero ojo. El hecho de que se llamen así no quiere decir que todas valgan. Si bien la base es muy saludable (lechugas, tomates, espinacas, canónigos, cebolla…) hay que tener cuidado con esos ‘extras’ tan atractivos como los trozos de pollo empanados, el pan tostado, los taquitos de bacon fritos o las salsas que sustituyen al aceite de oliva virgen que hacen que las 100 calorías de este plato se transformen en 800.

Y todo esto con el peligro oculto de la adicción, ya que esta clase de comida ‘rápida’ suele exceder los niveles de grasa y azúcares, que como bien explota la industria alimentaria son ingredientes que ‘enganchan’, como denuncia el periodista de investigación y ganador del Pulitzer Michael Moss en ‘Adictos a la comida basura’ -algo que en su día y en cierto modo ya mostró el documental ‘Super Size Me’-. «Mucha gente habrá comprobado que al tomarse un bombón, por ejemplo, le apetece comerse otro a los pocos minutos», apunta Bravo y agrega: «El problema es que esta ‘adicción’ es mayor en pacientes con tendencia a la obesidad».

Como vemos en el listado de los alimentos más adictivos, elaborado por científicos de la Universidad de Michigan y el Centro de Investigación de la Obesidad de Nueva York que fue publicado el año pasado en la revista científica ‘PloS One’, la gran mayoría de ellos lleva azúcar, ya sea presente u oculta, y/o contiene grasas saturadas.

En el caso de las grasas, un estudio publicado en 2011 que fue llevado a cabo por la Universidad de California, en Irvine, mantenía que el aparato digestivo de las ratas de laboratorio usadas para su investigación al entrar en contacto con la grasa generaba unas sustancias químicas conocidas como endocannabinoides. Estas conducen a un aumento en las señales celulares que provocan el ansia por seguir consumiendo alimentos grasos. De hecho, este sistema endocannabinoide se convirtió en una diana para reducir el riesgo cardiometabólico y la obesidad.

Pero no son estos los únicos poderes de la grasa. En la industria de los alimentos procesados, y como explica Moss en su libro, «este ingrediente convierte patatas sosas en maravillas crujientes, panes resecos en barras tiernas y aporta una textura más firme y más volumen a las galletas». También es capaz de enmascarar y transmitir otros sabores de los alimentos. «La grasa puede cubrir la lengua para impedir que las papilas gustativas obtengan dosis demasiado intensas de los acidulantes y a la vez estimular y prolongar la absorción de los sabores más sutiles y aromáticos de alimentos, como sucede con la crema agria. Y esta es una de sus funciones más valiosas para los fabricantes alimentarios», agrega Moss, ya que el sabor es parte importante a la hora de decantarnos por un alimento u otro.

No hay que olvidar que «cuando consumimos grasas y/o azúcares se da un pico de serotonina, un neurotransmisor que controla nuestros niveles de ansiedad, y eso nos hace sentir más calmados», explica el portavoz del IMEO. A esto hay que añadirle que al comer también se libera dopamina, la causante de que busquemos de nuevo el modo de hacernos con ese alimento que nos gusta y de que se guarde en nuestra memoria su buen recuerdo. Por eso nos resulta tan difícil comer solo un bombón. Como con todo, la gratificación que obtenemos disminuye con el tiempo y cada vez necesitamos una dosis mayor para sentir lo mismo que la primera vez.

Una prueba más de lo que hablamos la mostró Don Darling, vicepresidente en Unilever, quien dijo en una publicación del sector: «Hemos podido demostrar que el helado da felicidad. En los estudios clínicos (elaborados por el Instituto de Psiquiatría de Londres), se ha visto cómo una sola cucharada de Carte D’or ilumina las zonas de placer del cerebro». De ahí salió el eslogan… «El helado te hace feliz: ¡es oficial». Como vemos el azúcar también nos atrae irresistiblemente.

alimentos_1-kmNB-U20785360748jMB-660x235@Las Provincias alimentos_2-kmNB-U20785360748T0E-660x235@Las Provincias

Hay quienes dicen que esa atracción se debe a que la lecha materna es dulce y nos recuerda aquella placidez que sentíamos al mamar, otros que nos atrae porque nuestro cerebro la necesita… Sea como fuere nos place el sabor dulce desde pequeños. Pero aunque que el azúcar nos vuelve locos se sabe desde que Cristóbal Colon trajera consigo tras su segundo viaje la caña de azúcar, no fue hasta finales de los sesenta cuando se tuvo alguna prueba científica de la potente atracción que causaba este ingrediente. Y todo gracias a un estudiante llamado Anthony Sclafani que alimentó a unos ratones con unos cereales superdulces (Froot Loops). Cuando se dio cuenta de la velocidad con que los ingerían, decidió ver qué pasaba si ponía los cereales en el centro de la jaula, un lugar más expuesto y abierto que normalmente evitan los roedores, que prefieren los rincones sombreados y laterales. Como era de esperar, los ratones vencían sus miedos y corrían a devorarlos. El estudiante repitió el experimento años más tarde, ya como profesor de psicología en el Brooklyn College. Sucedió lo mismo. De hecho, demostró que su ansia superaba los frenos biológicos que debían de estarles diciendo «¡basta ya!». Los detalles de su experimento, plasmados en un artículo en 1976, es una de las primeras pruebas experimentales sobre la ansiedad alimentaria.

Científicos de la Universidad de Princeton se dieron cuenta de que los ratones a los que después se les retiraba la dieta azucarada mostraban síntomas de sufrir un síndrome de abstinencia. «Cuando se empieza a tratar la adicción al azúcar, desde el punto de vista alimenticio y psicológico, existe un primer momento de ‘mono’ que cursa con nerviosismo, con echar de menos esos alimentos, de quererse saltar la dieta… En muchos casos se trata como cualquier otra adicción. De hecho, tenemos pacientes que consumen hasta dos litros diarios de refresco y no pueden dejarlo», apunta Bravo.

La magia de la sal

El tercer ingrediente señalado como adictivo es la sal. «Los fabricantes la contemplan como quizás el más mágico de los tres pilares de los alimentos procesados por todo lo que es capaz de hacer, además de excitar las papilas gustativas. En el mundo de los procesados, la sal corrige un montón de problemas que van surgiendo durante el procesado en la planta», señala Moss. Por ejemplo, las galletas saladas sin la sal serían amargas, se humedecerían y se nos pegarían al paladar. El jamón cocido se volvería tan gomoso que casi podría rebotar. Y parte del poder de la sal no tiene nada que ver con el alimento. «Por ejemplo, en la elaboración de pan industrial, la sal impide que las enormes máquinas amasadoras se apelmacen y que la cadena de montaje se atasque, además retrasa el proceso de fermentación, de manera que los hornos pueden soportar el ritmo», explica el Pulitzer. Por eso los médicos recomiendan que se eviten en la medida de lo posible los alimentos procesados, porque además de llevar ocultas grasas y azúcares que ni imaginamos, tienen una cantidad de sodio excesiva, con los perjuicios que el abuso de este ingrediente causa en la salud. Siempre es mejor elegir alimentos frescos, ya nos encargaremos nosotros de hacerlos más sabrosos a base de trucos más beneficiosos para nuestro organismo: como el uso de especias para evitar la sal o endulzar con cáscara de naranja (una tira muy fina y sin esa piel blanca que amarga), un truco infalible para hacer una buena salsa de tomate casera. Si con todo compramos algún alimento procesado, siempre hay que leer las etiquetas y fijarse bien en los ingredientes. Ahí aparecen todos en orden de más cantidad a menos. Eso sí, cuidado con los ingredientes ocultos. A veces el azúcar, por ejemplo, se esconde tras otros nombres: jarabe de maíz de alta fructosa, concentrado de zumo de fruta, sacarosa, glucosa, dextrosa, jugo de caña, malta, melazas, lactosa, miel, etil maltol y maltodextrina.

Neutralizar la tentación

A pesar de todo resulta difícil no caer en la tentación. Así que si se comete algún exceso, y siempre y cuando la base de la dieta sea sana y equilibrada, «se puede compensar con una cena ligera como un gazpacho y alguna proteína a la plancha, por ejemplo un poco de pavo o un pescado», explica Andrea Marqués, nutricionista experta en gastronomía del IMEO, pero nunca saltarse una comida porque si no se llegará con más hambre a la siguiente y será difícil no volver a caer. También, y como aconseja Marqués, podemos tomar algún depurativo a base de verduras como apio, puerro, espárragos, o infusiones como el té verde. Cuidado porque no son milagrosos y únicamente sirven si los excesos no son cotidianos. Además, y para eliminar las grasas extra, los mejores alimentos son las proteínas que nos ayudan a quemarlas y verduras ligeras como las ya mencionadas y otras como el tomate o el pepino.

Un consejo. Si es de los que debe comer fuera y su espíritu de sacrificio es débil, llevar el túpper con la comida hecha de casa no solo permite vigilar bien la dieta, también cortará de raíz la tentación de elegir otro plato que, por un momento, le pueda apetecer más que su sanísima ensalada de garbanzos y su lubina al horno. Seguramente, el cambio sería para peor, nutricionalmente hablando.

Consejos para sobrevivir a los excesos navideños

diciembre 24, 2015

El equipo del IMEO os desea Feliz Navidad y Próspero 2016Con este reportaje de la revista Cosmopolitan IMEO os desea felices fiestas y próspero año 2016.

Los mazapanes, los turrones, el pavo relleno, los bombones, las natillas de la abuela, los canapés de tu tía, el vino y el cava… te suena todo esto, ¿verdad? Las fiestas navideñas aparte de por las luces de navidad, los regalos y la lotería se caracterizan también por los excesos que cometemos, que no son pocos. Es posible controlarlos si sabemos como.

Según un estudio del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) los españoles aumentamos de media entre 3 o 5 kilos de peso en estas fechas. Sin embargo, si tomamos las medidas adecuadas esto se puede prevenir, y no tener que pasar por ese momento incómodo en el que no entramos en nuestros pantalones. Así que sí, comamos y bebamos y disfrutemos lo máximo estas fiestas, pero con cabeza.
1. Come despacio: no todos los días tenemos un manjar como el de Navidad ante nuestros ojos, tan al alcance de nuestra mano y por eso sentimos el deseo de querer probarlo todo, cuanto antes, no vaya a ser que tu primo se lo coma todo. Pues no, hay que quitarnos esta mentalidad de la cabeza y aprender a controlar nuestros impulsos. No podemos empezar a comer como si no hubiese un mañana. Come despacio y masticando todo bien, eso ayudará a nuestra digestión y a controlar la saciedad.
 
2. Cuidado con el exceso de dulces: es imposible no resistirse a un buen dulce, lo sabemos. Así que lo mejor que puedes hacer es elegir un buen momento para tomarlos: por las mañana es el mejor momento para tomar dulces, porque así tenemos el resto del día para quemarlos, mucho mejor que antes de dormir. Y también debemos evitar tomarlos después de las comidas pues dificultarán nuestra digestión y evitar también tomarlo junto al café.

3. Hidratarse bien y no precisamente con vino: es importante, que es estas fechas de grandes comilonas nos mantengamos hidratados para evitar tanto la posible retención de líquidos que se producen tras los atracones como la deshidratación que nos provoca el alcohol. Los expertos recomiendan beber entre 2 y 3 litros de agua al día. Así que tenemos un reto para ti estas navidades: conseguir beber más agua que alcohol, ¿lo conseguirás?
4. Cuidarse los días previos y los posteriores: lo que toda la vida se conoce como compensar. Así que si ya tienes en mente que los días de Nochebuena y Navidad vas a comer más de la cuenta se consecuente y los días previos y los días posteriores prepara platos más ligeros utilizando alimentos bajos en grasa. Y haz ejercicio, porque sin duda moverse en una de las mejores soluciones contra los kilos de más.

Y dicho todo esto, COSMO os desea unas fiestas inolvidables que esperamos que disfrutéis sin olvidarse de estos consejos. ¡Felices Fiestas!

 

¿Está engordando? La culpa puede ser de su casa

noviembre 15, 2015

Existen factores domésticos que contribuyen al aumento de peso, como la potencia de la calefacción o el lugar donde coloca las manzanas

El País, por Miguel Ángel Bargueño
casa obesidadNuestra casa, el lugar donde más tiempo pasamos, el confortable refugio antiproblemas en el que nos sentimos seguros, puede influir negativamente en nuestra dieta. No porque incumplamos alguna exótica regla feng shui, sino por pequeños errores domésticos, a simple vista insignificantes, que pueden estar haciendo, sin que nos demos cuenta, que ganemos peso. Si, como aseguran desde el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 17% de los adultos en España padecen obesidad y el 37%, sobrepeso, merece la pena detenerse a averiguar si el sofá, la nevera o el termostato nos están jugando una mala pasada.

Posee demasiadas pantallas

Uno o dos ordenadores de sobremesa, televisores, tabletas, smartphones, consolas… Estar a la última en tecnología implica pasar mucho tiempo sentado. Y el sedentarismo es enemigo acérrimo de la salud. Por ejemplo, los videojuegos hacen que los jóvenes coman más, según un estudio conjunto de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) y la Universidad Laval (Canadá). “La vida moderna choca con el ritmo de actividad física moderada para el que estamos programados”, comenta Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía, y portavoz del Instituto Medico Europeo de la Obesidad (Madrid). “Añadiendo actividad física al metabolismo basal (el consumo calórico de la persona en reposo), el cuerpo utiliza sus reservas de energía y, en consecuencia, pierde peso”, añade Bravo. Ya sabe: si su ídolo es Bill Gates, combine sus sesiones tecnológicas con ejercicio físico.

Su sofá cumple la función de una cama

No hay nada como un sofá cómodo, de acuerdo, pero tampoco lo convierta en un nido del que haya que llamar al 112 para rescatarlo. Según investigadores de la Universidad de Massachussetts (EE UU), pasar mucho tiempo en el sofá da hambre. De modo que encariñándonos demasiado con él lo único que estaremos consiguiendo es entrar en un peligroso círculo vicioso. La solución apunta de nuevo a la importancia de la actividad física: levántese y ande. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos un 60% de la población mundial no realiza la actividad física necesaria para obtener beneficios para la salud.

Su despensa es caótica

Cualquier persona que se plantee alimentarse de forma saludable debe ser organizada, empezando por confeccionar una lista de la compra que destierre improvisaciones y alimentos de consumo esporádico. También en la cocina se impone un orden prusiano. ¿No ha podido evitar traer a casa un par de bolsas de patatas fritas? Puede que el remordimiento le lleve a no abrirlas en un primer momento, pero las deja a la vista, haciéndole ojitos a media tarde cuando el hambre aprieta. “Lo más visible en nuestra cocina deben ser las frutas y verduras”, indica el doctor Adelardo Caballero, director y coordinador del Instituto de Obesidad (IoB). Además, siempre queda muy bien antes las visitas que en su nevera luzca una acelga gigante o demás delicias verdes.

Esconde las manzanas en la nevera

En el polo opuesto, tal vez tenga la costumbre de guardar la fruta en el frigorífico, para que dure más. Y así es: se conserva más tiempo. Pero a la vez estará condenando estas fuentes de salud al ostracismo, ya que con frecuencia se quedan ahí hasta que, cuando se acuerda de ellas, se han estropeado. El experto en nutrición Rubén Bravo explica cómo organizar bien el frigorífico: “Lo que engorda al final; y en primer tramo, esos alimentos saludables que tenemos que consumir todos los días”. Sin embargo, aquellos alimentos que nos dé más pereza consumir y cuya conservación en la nevera no sea imprescindible (por ejemplo, fresas y moras, que sí se han de colocar en la parte más fría del refrigerador), pueden colocarse en bonitos fruteros fácilmente a la vista, a temperatura ambiente en un lugar fresco y seco, según Wenceslado Canet, ingeniero agrónomo y profesor de investigación del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición, del CSIC. “Cómeme”, le dirá cada día la manzana en otros tiempos olvidada y gris.

Su ambiente nocturno es demasiado cómodo

“Esta noche, sofá, peli y mantita”, una frase habitual en Twitter para anunciar una tranquila velada casera, pero errónea desde el punto de vista nutricional. La ciencia comprende que llegue a casa tarde y cansado, pero una atmósfera demasiado acogedora en el salón (luz tenue, sofá mullido, manta, cojines por doquier) no es lo más recomendable después de cenar. “Hay una serie de relojes biológicos que hacen que la energía a lo largo del día se aproveche de distinta manera. El metabolismo es un poco más lento a esas horas”, advierte el doctor Caballero, que aporta el remedio: “Para suavizar esa carga calórica, y evitar además posibles reflujos, sería conveniente activarse un poco, dar un paseo, bajar la basura… No pedimos que se haga un ejercicio violento, pero sí algo más que recoger la mesa”.

Arrincona la bici estática

Por criterios estéticos, o simplemente porque cree que le deja en evidencia delante de las visitas, puede que haya decidido guardar esa bicicleta estática que con tanta ilusión se compró en el reducto más escondido de la casa, en el sótano o la buhardilla, oculta detrás de un armario o recluida bajo siete llaves tras una puerta. Así que cuando quiere usarla… “Uno evita al final realizar el esfuerzo porque llega a casa cansado y lo último que le apetece es ponerse a desenterrar la bici”, explica Rubén Bravo del IMEO. Póngaselo fácil, no reniegue de los aparatos de ejercicio en casa u opte por alternativas más modernas. “Ahora existen consolas que tienen planes de entrenamiento, con sensores que nos indican que lo hacemos bien o mal”, añade, abogando en este caso por el lado positivo de la tecnología.

Tiene la casa demasiado caldeada

Convertir su hogar en una sauna, aparte de ser innecesario para combatir el frío, le hace un flaco favor a su dieta. Cuanto más alta sea la temperatura, menos energía gasta el organismo. Lo expone el especialista en nutrición Rubén Bravo: “El cuerpo tiene un sistema que se llama homeoestasis, y su labor es mantener nuestro calor corporal en 36,5 o 37 grados. Para ello, utiliza dos mecanismos diferentes: cuando hace mucho calor segrega agua, de ahí la sudoración, que aumenta en verano; y cuando hace más frío, utiliza la grasa almacenada como fuente de energía”. Temple el termostato, porque, además, el calor amodorra, le arroja de nuevo al sofá y fomenta el sedentarismo.

Utiliza platos muy grandes

Mientras muchos cocineros profesionales demuestran su pericia asociando platos grandes y raciones pequeñas, los demás solemos caer en la tentación de aunar platos grandes y raciones grandes. Por desgracia, el ser humano tiende a terminarse lo que tiene en el plato, así que las vajillas king size nos hacen comer más. En su estudio Los peligros de los grandes platos: cintura, desperdicio y billetera, el profesor Brian Wansink, de la Universidad Cornell (EE UU) advierte de que la moda de los platos grandes “puede tener consecuencias imprevistas para el aumento de peso de los consumidores”. “Debemos tender a platos más fisiológicos”, sostiene el doctor Caballero, que nos recuerda el truco de que comer lo mismo, pero en dosis menores, ayuda a perder peso. “Estamos acostumbrados a la dosis visual, y eso confunde mucho; deberíamos tender a comer un poquito menos. Si fuéramos capaces en los próximos tres meses de comer menos, adelgazaríamos”. Un plato de dimensiones moderadas le ayudará.

Lleva la cacerola a la mesa

Otro error típico que condiciona la cantidad de alimento que se ingiere es servir la comida en la mesa en vez de emplatar en la cocina. Con la cacerola presidiendo el mantel estará haciendo un llamamiento a repetir, mientras que del otro modo si quiere servirse otra ración tendrá que molestarse en levantarse, ir a la cocina, quizá calentar la comida y volver de nuevo a la mesa, todo eso mientras el resto de comensales le cuelga de por vida el sambenito de tragón. Así que a lo mejor no repite. “Esa presión social silenciosa ayuda mucho”, confirma Rubén Bravo.

Su colchón y almohada no son cómodos

Una almohada con la que no termina de congeniar, un colchón inadecuado o, sencillamente, una cama poco amigable pueden restarle horas de sueño. Y no dormir lo suficiente está relacionado con malos hábitos alimenticios. Un estudio de la Clínica Mayo demostró que los insomnes terminan ingiriendo una media de 549 calorías más cada día, pudiendo llegar a engordar 0,45 kilos en una semana. Otro estudio, de la Universidad de Pennsylvania (EE UU), reveló que una sola noche de mal sueño puede derivar en un aumento de antojos de alimentos grasos al día siguiente. La falta de descanso trastorna las hormonas: reduce la leptina, que aporta sensación de saciedad, incrementa la ghrelina, que da ganas de comer, y eleva el índice de masa corporal, según investigadores de las universidades de Palo Alto y Winconsin (EE UU). El Sleep Test escanea los puntos donde el cuerpo presiona el colchón para recomendar el mejor soporte. Y en cuanto a las almohadas, aquí tiene una guía para su elección perfecta.

La que fue Miss Paraguay 1994 afronta problemas de obesidad hoy

octubre 18, 2015

images-1Ganó el Miss Paraguay en el mismo año en que el Diario Popular nacía en Paraguay: en 1994, o sea, hace 21 años. Después de unos años dejamos de verla y fue recién en esta semana que la ex Miss apareció en el programa Cuestión de Peso Paraguay, con una figura totalmente cambiada, pero con el corazón de una guerrera que asume que tiene un problema y que decidió encontrarle una solución. Jannyne tenía 54 kilos cuando se convirtió en Miss, y hoy tiene 113: “cuando le amputaron las piernas a mamá mi mundo se vino abajo”, cuenta. ¡Una historia de vida fuerte y llena de sentimientos! ¡Fuerza Jannyne!

-Jannyne, fuiste Miss Paraguay en 1994, ¿a los cuántos años?

-Sí, fui Miss Paraguay del año 1994, cuando tenía 19 años, pero la corona la entregué cuando casi tenía 21 años. O sea, fui miss desde diciembre de 1993 hasta el 15 de marzo de 1995, cuando le entregué la corona a Bettina Barboza.

-¿Recordás el peso y medidas que tenías cuando fuiste a representar a Paraguay en aquel Miss Mundo?

-Sí, recuerdo porque en el zócalo de la pantalla pusieron mal, así que lo recuerdo perfecto. Tenía 1,74 de altura, y pesaba 58 kilos, luego incluso bajé más y llegué a los 54 kilos. Pero no fui solo al Miss Mundo, al final fui a 8 concursos en total.

-¿Qué concursos fueron ésos?

-En Colombia fui al Reinado Panamericano y salí Virreina, luego fui a Costa Rica, Turquía, Japón, Sudáfrica, al Miss Internacional, a Señorita América Internacional, Miss Globe, Miss Teen Internacional, salí Reina del Mercosur en Argentina. En total traje 12 premios internacionales.

-Después de esos eventos de belleza, ¿en qué momento desapareciste del ambiente farandulero?

-Desaparecí desde que me puse de novia, y él no quiso que salga más. Después terminó esa relación y yo ya estaba en otra cosa. Volví a estar de novia, mucho tiempo después vino mi primer hijo Gonzalo y por consiguiente ya solo me dediqué a mi familia, a mi trabajo que es la gastronomía.

-Te apartaste del modelaje, la televisión, la movida de los famosos, ¿por qué?

-Gracias a Dios nunca entré al mundo del modelaje porque no era lo que yo buscaba de la vida, yo buscaba otras cosas, tenía otros nortes en mi vida. En la televisión continué pero sólo por el tema de la cocina.

-¿Estudiaste una carrera universitaria?

-Estudié marketing en la universidad Del Pacífico y relaciones públicas en la Comuneros, pero no terminé ninguna porque empecé a viajar y me quedé por el camino. Lo que sí terminé es gastronomía; yo soy profesora de cocina.

-¿Te casaste?

-Me casé en el 2007, pero ya terminó. No fue una buena experiencia.

-¿Cuántos hijos tenés?

-Tengo tres, Gonzalo de 13 años, Mia de 10 y Martina de 2 añitos.

-¿Cuál es tu situación sentimental actual?

-Ser mamá y ser hija, de momento.

-¿En qué trabajás?

-Me dedico a enseñar cocina de forma particular. Enseño a amar el mundo de los sabores.

-¿En qué momento comenzaste a subir de peso?

-Comencé a subir de peso cuando mi hijo tuvo el síndrome de Kawasaki. Fue mi primera caída. Después bajé mucho, mucho, y pasé por otra caída más fuerte porque mi mamá perdió las dos piernas, eso a mí me mató en vida, todo se me vino encima porque al mismo tiempo estaba separándome y otras cosas se fueron sumando. Pero tenía que luchar y mantenerme en pie por mi mamá y por mis hijos.

-Los primeros kilos de más, ¿te preocuparon o pensaste que podías volver a recuperar tu figura?

-Siempre tuve tendencia a subir, pero poco después me cuidaba y podía bajar nuevamente. Y no se notaba tanto porque soy super alta.

-¿En qué momento pasaron de ser “kilos de más” a obesidad?

-Desde hace dos años o un poco más es que subí mucho. Pasé a tener obesidad porque me encerré en casa, máximo iba al súper, a la farmacia o al mercado. Ya no iba a reuniones sociales, ni a distraerme. Creo que me dejé estar completamente.

-¿Probaste dietas en ese momento?

-Probé todo tipo de dietas, bajaba muy lentamente y enseguida me desesperaba y abandonaba. Consultaba con nutricionistas, bajaba por internet todo tipo de dietas, pero nada. Mi vicio era la comida, yo no fumo, sólo tomo unos tragos en acontecimientos importantes, al momento de un brindis por ejemplo, así que mi único refugio era la comida.

-¿En qué momento el sobrepeso ya te asustó?

-Este año el sobrepeso me asustó. No quería reconocer, pero me asustó, me vi en una foto que mi hijo me tomó y borré. Luego me asustó porque empecé a tener complicaciones de salud que sé que en gran parte es por estrés, pero la mayoría de la culpa radica en la obesidad.

-¿Cuántos kilos tenés ahora?

-En la semana me pesé y tenía 113 kilos.

-¿Nunca te hiciste una lipo o una operación de reducción de estómago?

-No, jamás me hice, aunque sí pensé en la posibilidad, pero gracias a Dios hoy tengo la posibilidad que me da el programa Cuestión de Peso y tengo muchas esperanzas de comenzar mi lucha con la ayuda de ellos, para tener nuevamente buena salud.

-¿Llegaste al punto de que no ibas a lugares donde sabías que podían reconocerte, por vergüenza a que te vean con sobrepeso?

-Algunas veces sí, lo que me daba vergüenza es que me reconocían personas de mi edad que me preguntaban qué me pasó. Una vez un señor se agarró la cabeza y me dijo: “¿porqué llegaste a eso?, quiero que seas la Janny de antes”. Y a él le digo en este momento que la Jannyne de antes volvió y no sólo para recuperar su salud, también para ayudar a las personas que necesitan, a que estén mejor, se sientan cómodas.

-¿Llegaste a la depresión por esta situación?

-Gracias a Dios no caí en eso, no me di el lujo, porque en mi situación ese es un lujo, enfermarme es un lujo que no puedo darme. Sé que no somos imprescindibles en la vida pero tengo tres hijos y una mamá que dependen de mí. Sé que si llegase a faltar ellos van a seguir porque a mis hijos los crié para la vida, pero la chiquita es muy chica todavía y mamá es un caso muy especial. Es muy difícil, mi mochila es muy pesada, pero se puede salir adelante.

-¿Quién se te acercó para proponerte entrar a Cuestión de Peso?

-Con mi familia lo hablé mucho, por eso fui al casting. Yo sabía que una cosa era hacer dietas sin asumir el problema, la realidad, y yo asumí mi realidad, por eso fui al casting de Cuestión de Peso, y aun ahí no entré de una. Estuve por horas esperando para reaccionar, para bajar del auto, ya cuando estaban por cerrar las puertas me animé y dije la verdad, tenía pavor a mi realidad.

-¿No te dio miedo la sobreexposición que ibas a tener con eso de estar en televisión?

-Para nada, yo estoy muy acostumbrada a la televisión, yo enseñé cocina en algunos programas ya estando rellenita. Además soy una mujer que cuando toma decisiones me las banco, como se dice, tomé la posta y no lo suelto hasta llegar a la meta.

-¿Cuál es tu meta? ¿Cuántos kilos pretendés bajar?

-Adoraría llegar a tener 65 kilos aproximadamente, es mucho el trayecto para llegar, pero se puede.

-¿Qué mensaje le dejás a la gente que se conmueve con tu historia?

-Yo no puedo ser ejemplo para nadie, pero sí les quiero decir que pese a cualquier problema que uno tenga no deje de quererse, valemos demasiado como para dejar de quererse por nada ni por nadie. Que ningún tipo de problema les tumbe, cada uno forja su camino y el mío es querer ayudar, por eso voy a habilitar una página en el facebook, por lo menos para conversar y escucharlos, reunirnos quizás y ayudarnos entre todos. Sé que esta lucha cuesta darla sola, por eso quiero que gente que pasa por lo mismo sienta mi mano ahí. Vamos a ayudarnos entre todos, juntos podremos con la ayuda de Dios, así que nunca lo olviden. Rescatemos los valores que nos enseñaron tantos años nuestros padres, en nuestra escuela y pongamos en práctica todo eso, formemos un nuevo mundo, con otros ideales, cambiemos nuestro chip y disfrutemos más de los momentos y de las pequeñas grandes cosas de la vida.

“Me maltrató por mi sobrepeso…”

-Jannyne, ¿cómo se siente una mujer que fue y es hermosa, sobrellevando una obesidad?

-En este momento siento que camino de la mano de Dios. Yo sé que los tiempos de Dios no son los mismos que los nuestros, pero sé también que cuando uno obra bien en la vida, esas obras tienen su recompensa y este es mi premio mayor, la oportunidad que me da la vida de poder reencontrarme.

-¿Cómo ganaste esos kilos? ¿Qué era lo que comías y qué te hacía subir de peso?

-Sinceramente comía cosas a deshora, comía mucho y encima yo ni siquiera salía a caminar y eso jugó en contra también.

-¿Sufriste algún tipo de discriminación por culpa de ésto?

-Sí, mucho. Hace un mes, una vecina que vive en uno de los departamentos de arriba no cerró bien el portón en el condominio donde vivimos y yo le reclamé, de modo que discutimos y me maltrató, echándome en cara el sobrepeso, hasta ahora me pregunto qué tiene que ver mi forma física con que ella no haya cerrado bien el portón, en fin, por situaciones así pasé mucho.

-¿Creés que la obesidad afectó tu vida de pareja?

-No, para nada, mi encierro lo que hizo fue limitarme a conocer nuevas personas, pero nunca tuve temor a que las cosas no funcionen o que no se den porque yo me valoro mucho, sé lo que valgo como persona. Pero soy consciente de que me cerré, no estaba preparada para una nueva relación, sólo eso.

-¿Qué fue lo más terrible que sobrellevaste en este tiempo?

-Verse apagar la estrella de mi mamá con la amputación de sus piernas. Hay una Jannyne antes y otra después de eso, esa que vino después es a quien le estoy dejando de lado hoy en día, esa es la Jannyne que quiero olvidar.

Fuentes: Hoy de Paraguay, Diario Popular, Youtube