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La de los potitos es otra dieta milagro

junio 24, 2019

CuidatePlus, por Ana Callejo Mora

“Actualmente, vivimos en una sociedad de carácter dicotómico. Por un lado, otorgamos excesiva importancia a una imagen corporal idealizada, que muchas veces asociamos erróneamente al éxito, y por la que llegamos a intentar métodos de lo más variopintos y extravagantes que nos permitan alcanzar este objetivo a corto plazo y sin esfuerzo”, afirma a CuídatePlus Sonia Peinado, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Por otro, añade, “cada vez aumenta más la tasa de sobrepeso y obesidad en la población que, lejos de encontrar un equilibrio, abandona una rutina saludable en pos de los azúcares refinados, bebidas carbonatadas, bollería industrial y fast food en general”.

Como consecuencia de esta ambigüedad, surgieron las dietas milagro, entre las que, sin duda, se encuentra la dieta de los potitos o baby food diet.

Este régimen comienza a hacerse popular el año 2010 de la mano de Tracy Anderson,  anteriormente bailarina, actual nutricionista y entrenadora de algunas estrellas de Hollywood (Estados Unidos). “Y es que no hay nada mejor para el marketing de cualquier producto que su promoción (muchas veces falsa) a través de personajes famosos como Jennifer Aniston, Gwyneth Paltrow y Madonna, entre otros, aunque algunos de ellos niegan su consumo”, comenta Peinado.

En concreto, el concepto básico de esta dieta es suplir la alimentación diaria sólida por un número elevado de potitos o papillas con avena y frutas, pudiendo realizar cenas con algo de proteína y verdura en sólido, para bajar de peso de forma rápida y sin esfuerzo.

“Siguiendo el perfil de otras dietas milagro, carece de base científica y no se ha podido demostrar que tenga ningún beneficio para la salud a corto o largo plazo”, afirma la experta.

El éxito de esta dieta y la rapidez con la que se ha expandido se debe a dos motivos fundamentales. “Al igual que todas las dietas milagro, promete una importante bajada de peso en muy poco tiempo. La segunda razón es la publicidad que da el hecho de que numerosas famosas hayan apostado por ella para lucir ‘fabulosas’ en sus eventos”, dice Carmen Escalada, nutricionista del IMEO. A pesar de esto, “no podemos nunca olvidar que, por muy popular que sea una dieta, eso no asegura ni su eficacia ni su seguridad”.

¿Qué cantidad de potitos toman al día sus seguidores?

En un principio, cuenta Peinado, las bases recomendadas de la dieta de los potitos eran hacer 14 minipapillas a lo largo del día basadas en avena y fruta para evitar sentir fatiga y consumir algo de carne baja en grasa con verdura en las cenas. Estas pautas más adelante acabaron mutando en un consumo ininterrumpido de potitos a lo largo de todo el día.

“Teniendo en cuenta que el aporte calórico medio de un potito es de entre 65 y 70 kilocalorías, el total de estas catorce tomas son 910-980 kilocalorías al día. A estas habría que sumar las procedentes de la cena donde, poniendo un ejemplo, un filete de pollo de tamaño medio acompañado de una guarnición de verduras, como espinacas o judías verdes, no sobrepasarían las 300 kilocalorías, haciendo un total diario de 1.200-1.280 kilocalorías”, especifica la nutricionista.

La repercusión de no masticar

“La masticación adecuada y suficiente de los alimentos nos permite aumentar el tiempo que tardamos en consumirlos”, señala Escalada. Esto es muy importante, ya que la respuesta de saciedad del cuerpo se produce gracias a la síntesis de diferentes hormonas, como la leptina, y este proceso requiere de unos 20 o 30 minutos. Por tanto, el hecho de no masticar se ha relacionado con comer más cantidad de alimento y, con ello, tener más facilidad para engordar.

Además, al masticar generamos saliva, que protege a nuestro aparato digestivo de irritaciones que pudiera provocar el alimento a su paso, y jugos gástricos, que posibilitan una correcta digestión del alimento en el estómago.

Por último, masticar nos permite saborear mejor los alimentos y, por tanto, disfrutar más de las comidas.

Riesgos para la salud de la dieta de los potitos

“Hemos escogido de forma aleatoria tres potitos de las principales marcas productoras del mercado y hemos analizado su etiquetado nutricional para opinar en cuanto a su concentración de macro y micronutrientes”, expone Peinado.

En primer lugar, y de forma general, el porcentaje total proteico sería bastante inferior si optamos por potitos de frutas, y ligeramente inferior a los valores recomendados en potitos con pescado o pollo.

“Nos faltan valores respecto a la fibra alimentaria y micronutrientes. Si bien es cierto que algunos potitos tienen aporte de vitamina C, no parece ser el caso de ninguno de los expuestos. Por tanto, y, de acuerdo con las tablas de ingestas recomendadas a la población de nuestro país de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (Sedca), habría déficits de folatos, niacina y vitaminas C, A y D, entre otras”, destaca la nutricionista.

Por tanto, “este tipo de alimentación, adecuada para el uso ocasional de niños, no se asemeja a las necesidades nutricionales de un adulto. Seguir esta dieta a largo plazo daría lugar a fatiga, cansancio, dolores musculares, mareos, dolores de cabeza, etc.”, concluye Peinado.

Además, las dietas líquidas son fáciles de absorber y producen un rápido vaciamiento gástrico. Sin embargo, estimulan poco el tracto gastrointestinal y un uso prolongado de ellas podría dar lugar a cambios en la motilidad del paciente.

“Los efectos secundarios más comunes de la dieta de los potitos serán el cansancio y la fatiga por el cambio de la alimentación. Con el tiempo, se pueden experimentar efectos como pérdida del cabello, fragilidad en las uñas, problemas digestivos, cálculos biliares y desnutrición grave que pueda conllevar convulsiones, coma o muerte”, advierte Peinado.

Cómo se pierden 80 kilos en 2 años: testimonio de una paciente del IMEO

mayo 29, 2019

“Cuando el objetivo es perder 80 kilos en 2 años, la cirugía ayuda, pero no hace milagros; hay que aprender a comer”, comenta Eva, una paciente del IMEO que ya lo ha logrado y comparte su testimonio en el Día Mundial de la Nutrición.
El Programa de Nieves Herrero de Onda Madrid

Cada 28 de mayo se celebra el Día Mundial de la nutrición, un día importante para concienciar a todos sobre la importancia de la alimentación en la salud y el peligro que conllevan ciertos desórdenes alimenticios.
Dentro del programa Madrid Directo, en Onda Madrid, se ha entrevistado a Carmen Escalada, nutricionista clínica del Instituto Médico Europeo de la Obesidad y a Eva, paciente que ha perdido 80 kilogramos en dos años.
Con ellas se ha hablado de riesgos alimenticios, de obesidad y por supuesto de cómo perder peso de forma equilibrada y saludable.

Somos líderes de opinión. Somos IMEO

mayo 28, 2019

En la última década las noticias del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) y las voces de sus expertos han salido en más de 500 programas de televisión y radio. Compartimos con todos vosotros, nuestros espectadores y oyentes, esta pequeña pieza del puzle, en señal de gratitud y reconocimiento del ejemplar trabajo que los Medios de Comunicación de España desempeñan en la lucha contra la obesidad. Por nuestra parte, es un orgullo formar parte de un proyecto de tal magnitud.
El equipo de expertos del IMEO

Vitaminas y suplementos alimenticios que mejoran nuestro bienestar

mayo 24, 2019

La ingesta de proteína, presente en fuentes animales (carnes, pescados, huevos y marisco) y vegetales (sobre todo legumbres y frutos secos, además de cereales), a su vez, nos ayuda a mantener nuestra masa muscular y rendimiento en condiciones.

Vitaminas necesarias para nuestro bienestar
Algunos alimentos son imprescindibles para nuestro bienestar y por ello no debemos descuidar su consumo.

Algunos alimentos son imprescindibles para nuestro bienestar y por ello no debemos descuidar su consumo, aconsejan los expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), entre ellos frutas y verduras (ricas en vitaminas, minerales y antioxidantes); legumbres (por sus prebióticos que cuidan nuestra flora intestinal), alimentos fermentados (los probióticos que aportan ayudan a calmar el estrés) y grasas saludables (como fuente de energía). Para evitar el envejecimiento precoz de nuestras células es importante consumir frutas y verduras de todos los colores porque así nos aseguraremos de obtener un aporte adecuado de los diferentes antioxidantes, minerales y vitaminas (sobretodo A, C y E).

“Así mismo, a la hora de cuidar nuestra piel por dentro, nos podremos beneficiar de algunos suplementos alimenticios, como triptófano, betacaroteno, melatonina, vitaminas A, C y E, bayas de Goji, germen de trigo, el oxidante quercetina, o extracto de las plantas Pensamiento Salvaje y Bardana”, aconseja la nutricionista clínica Carmen Escalada.

Se disparan los tratamientos estéticos con “resultados visibles a corto plazo”

mayo 15, 2019

Se solicita perder peso con dieta o cirugía poco invasiva

Los tratamientos médico-estéticos que buscan “resultados visibles a corto plazo” son más demandados a partir del mes de abril. Esto es lo que revela Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), quien destaca que sobre todo se solicita perder peso, ya sea con dieta o cirugía mínimamente invasiva; reducir volumen o grasa localizada en zonas comprometidas; y aumentar la masa muscular para dar un “toque fit” al cuerpo.
Le siguen “eliminar la celulitis, flacidez o la indeseada piel de naranja; hacerse un aumento o corrección de pecho; y tratamientos de rejuvenecimiento facial“, señala el experto destacando que, para conseguirlo, es muy importante dejar los caprichos de lado y centrarnos en establecer objetivos más realistas, ya que evitará que caigamos en frustraciones o problemas relacionados con deficiencias nutricionales, estreñimiento, pérdida de cabello, efectos rebote, anemias y/o bajadas de azúcar o tensión.
Los expertos del instituto recuerdan que la cirugía para perder puede ser solución, pero no hace milagros y requiere la implicación del paciente. Aunque algunas cirugías, como el balón intragástrico o la sutura gástrica endoscópica con el método Apollo, pueden encajar, si se tiene diez o más kilos de sobrepeso, no suceden por milagro y requieren un cambio urgente en del estilo de vida y hábitos.
Son técnicas poco invasivas que se realizan por medio de endoscopia por lo que no queda ninguna marca exterior y la recuperación suele conllevar no más de 2-3 días. “Eso sí, requieren una evaluación metabólica y algunas analíticas para evaluar los niveles de las hormonas relacionadas con la saciedad, el hambre y la ansiedad”, especifica Carmen Escalada, nutricionista clínica del IMEO.
Además, “habrá que tener en cuenta que tras ambas habrá que reintroducir los alimentos de manera progresiva por lo que el balón será necesario ponérselo con al menos un mes de margen y la sutura, con dos”, añade.
Por el contrario, y teniendo en cuenta los plazos contemplados, no se recomiendan el bypass, la gastroplastia vertical y la banda ya que en estos casos el tiempo de recuperación total puede ser más lenta, quedan pequeñas incisiones externas y la posibilidad de tolerar completamente todos los alimentos puede conllevar aproximadamente 4 semanas.

La dieta puede ayudarnos perder unos 4 o 6 kilos en un mes

“Ponerse en manos de un personal cualificado nos ayudará a adoptar un estilo de vida saludable donde las cantidades de comida y sus calorías se encuentren adaptadas al individuo y al ejercicio que realice y nos protegerá de errores, como caer en la trampa de las ‘dietas milagro’, fórmulas pseudo-científicas o informaciones poco fiables que circulan en la red”, recalca Estefanía Ramo, nutricionista del IMEO.
Teniendo en cuenta el tiempo restante de una cuenta atrás, sería prudente plantearnos una pérdida de peso moderada, de aproximadamente 1,5 kilos a la semana y no más de 6 kilos al mes procurando mantener esta pérdida lograda en el tiempo.
La dieta debe estar acompañada de ejercicio físico. “Las últimas tendencias en actividad física están tirando por tierra el hecho de que haya un exceso de deporte aeróbico intenso prolongado, porque se está viendo que el efecto principal sobretodo en personas que no tienen mucha masa muscular contribuye a la pérdida de ésta y no tanto a la de grasa“, apunta Jorge Martín Brañas, preparador físico y entrenador personal del IMEO.
La recomendación general, en este sentido, es combinar musculación(pesas, máquinas o mancuernas) con un ejercicio aeróbico ligero y moderado y una dieta adaptada al entrenamiento, que en su conjunto contribuirá a mejorar y aumentar el tono muscular, perdiendo grasa.

El tamaño del plato no influye en la cantidad real que comemos

abril 10, 2019

Un estudio reciente desmonta algunos mitos sobre la alimentación que creíamos ciertos

La Vanguardia, por Estefanía Grijota

Quizás cuando oigamos aquello de “cómetelo todo, que es un plato muy pequeño”, o “sírvete en un plato pequeño y comerás menos”, debamos comenzar a no hacer caso. Nuestras ganas de comer, el peso, y nuestro índice de masa corporal (IMC), serán los responsables de cómo influirá en nuestra saciedad y en nuestro cuerpo la cantidad que comamos, sea cual sea el tamaño del plato en el que nos sirvamos. De hecho, en los últimos años el tamaño de los platos para comer ha registrado un incremento del 23%, lo que a priori sugeriría que comemos raciones más grandes que las que ingerían nuestros abuelos.

Quizás cuando oigamos aquello de “cómetelo todo, que es un plato muy pequeño”, o “sírvete en un plato pequeño y comerás menos”, debamos comenzar a no hacer caso. Nuestras ganas de comer, el peso, y nuestro índice de masa corporal (IMC), serán los responsables de cómo influirá en nuestra saciedad y en nuestro cuerpo la cantidad que comamos, sea cual sea el tamaño del plato en el que nos sirvamos. De hecho, en los últimos años el tamaño de los platos para comer ha registrado un incremento del 23%, lo que a priori sugeriría que comemos raciones más grandes que las que ingerían nuestros abuelos.

Son diversas las investigaciones que han analizado esta cuestión de si se come más o menos en función del tamaño del plato. Pero ahora, el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COP) ha ido un poco más allá y acaba de publicar un estudio, en la revista especializada Clínica y Saluden el que por primera vez se revisa el impacto del tamaño del plato teniendo en cuenta el sexo y el IMC de los comensales.

Una investigación descubre que algunas personas terminan por comer más si lo hacen en plato pequeño

Y uno de los resultados, para sorpresa de los expertos, fue que servir los alimentos en platos pequeños puede influir negativamente en algunas personas, que incrementan la ración a consumir cuando los son platos pequeños. En concreto, y tras analizar los datos según el IMC de los sujetos estudiados, los investigadores encontraron que fueron los individuos con un peso adecuado, y en especial las mujeres, los que comieron más en plato pequeño. Y, en cambio, entre las personas con obesidad o sobrepeso, el tamaño del plato no parecía influir en la cantidad de comida ingerida.

Además, según el experimento realizado, no hay correlación entre el tamaño de los platos utilizados y el nivel de saciedad, que los investigadores midieron con una escala EVA, que cuantifica la percepción subjetiva de una sensación mediante una línea horizontal en cuyos extremos figuran los límites de dicha sensación.

Carmen Escalada, experta en nutrición clínica y miembro del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), asegura que comer en un plato más pequeño no va a hacernos adelgazar de manera automática, puesto que dependerá también de las veces que lo llenemos y sobre todo de con qué alimentos lo llenemos. Y es que “el hábito popular que nos han inculcado nuestros abuelos de no levantarnos de la mesa hasta no haber terminado toda la comida servida en el plato ha influido de manera considerable en los hábitos alimenticios”, comenta Escalada.

Todo depende de la forma de comer de cada cual

El estudio publicado por el Colegio Oficial de Psicólogos llega a la conclusión de que el uso de platos pequeños podría tener un efecto perverso, ya que puede contribuir a que las personas se sirvan una segunda ración, lo que terminará por representar una ingesta mayor que si se usara un plato más grande.

No obstante, Carmen Escalada explica que las personas con más ansiedad, hambre emocional o que coman demasiado rápido puede que no sean capaces de distinguir cuando están llenas, por lo que en este caso puede ser beneficioso que coman en un plato de menor tamaño. “Como mínimo, a mitad de su ingesta deberán parar de comer para rellenarse el plato, y en muchas ocasiones, esto es suficiente para notar la saciedad”, detalla Escalada.

Igualmente, y según explica esta nutricionista, comer en un plato pequeño no tiene que resultar siempre negativo en personas con normopeso, al igual que tampoco va ayudar a adelgazar a una persona con sobrepeso. Para adecuar las raciones, más que elegir la vajilla, “se tienen que dar otras condiciones, como que el plato esté constituido por alimentos de calidad, que comamos despacio y que respetemos nuestra señal de saciedad”, agrega.

Una estrategia para controlar la ingesta

A la pregunta de qué es más importante si la cantidad o lo que se consume, Escalada responde que ambas cosas tienen la misma relevancia. “Si consumimos un alimento muy sano, pero en demasiada cantidad, estamos aumentando nuestra ingesta calórica, por lo que no bajaremos de peso, sino que engordaremos. También puede suceder que no consumamos otros muchos alimentos, y con ello, no cubriremos nuestras necesidades en algún nutriente”, asegura.

En ese caso, una estrategia posible para controlar la cantidad de todo lo que ingerimos puede ser la de servirnos la comida siempre en un plato más pequeño. “Puede ayudarnos a ser más conscientes de lo que comemos, aunque se deben tener en cuenta siempre otros factores como que venga acompañado de comer despacio y en ambientes no muy estresantes”, puntualiza.

Hay que comer variado, despacio, y en ambientes no muy estresantes

Nos cuidamos más… Y no nos cuidamos lo suficiente

febrero 23, 2019
  • Seis de cada diez personas han reducido la ingesta de grasas o azúcares, pero las tasas de sobrepeso siguen en índices altos
  • Nos preocupa tener una nutrición saludable, pero no sabemos cómo mantenerla o no nos la podemos permitir. El nivel cultural y económico determina la alimentación

El Mundo, por Ruth Diaz

Congreso Europeo sobre la Obesidad, mayo de 2018, Viena. El Dr. João Breda, jefe de la oficina europea de la OMS para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles, sentencia: “Ya no hay dieta mediterránea”. Y en el Sur de Europa se oyó un crac. “Quienes están cerca de la dieta mediterránea son los niños suecos”, remata. ¿Pánico? ¿Estupor? La OMS ya alertó en mayo de 2015 de que un 30% de los españoles sufriría obesidad y un 70%, sobrepeso. A la cuna del aceite de oliva, las hortalizas y la fruta se le fue la mano con el azúcar, la sal y las grasas industriales, favoreciendo la epidemia, sobre todo, en más del 40% de menores de Grecia, España e Italia.

Cuatro años más tarde, España se ha esforzado por volver al redil: hasta un 60% de la población declara haber reducido el consumo de grasas y un 61,5% el de azúcares, según el Barómetro Social Observados, obtenido a partir de la colaboración entre EL MUNDO, EXPANSIÓN y Sigma Dos. Pero ¿este cambio en los hábitos alimentarios es suficiente y, sobre todo, adecuado? Considerando en conjunto el sobrepeso y la obesidad, sólo un tercio de los encuestados por Observados reconoce sufrirlas, mientras que la Encuesta Nacional de Salud de 2017 (ENSE) estima que más de la mitad (54,5%) de los adultos tiene exceso de peso. La percepción positiva sobre nuestra salud se mantiene desde hace 30 años, según la ENSE, pero no dejan de aumentar los índices de enfermedades crónicas y de riesgos cardiovasculares en el metabolismo, como la hipertensión, la diabetes o el colesterol alto. Resulta evidente: “Los españoles quieren alimentarse mejor, pero no lo logran”. Así acertó en el tiro la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en 2017, tras indagar en los menús de la población.

“Debemos invertir recursos para favorecer una vida más saludable y de calidad, sobre todo en los desfavorecidos”, aconseja Carmen Pérez, presidenta de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Las desigualdades de clase afectan como un rodillo a la salud. Según la ENSE, uno de cada diez menores padece obesidad y, mientras en la prole de directores o gerentes afecta al 5’6%, en la de trabajadores no cualificados se triplica (15,4%). “A mayor nivel cultural, la información y los hábitos nutricionales mejoran, pero en niveles inferiores se ha ido a peor”, explica Pérez.

La falta de recursos provoca estragos en la alimentación, ya que, pese a los preocupantes indicadores, el 76,5% de los encuestados por Observados admite no haber realizado dieta alguna para perder peso en los últimos años y, aún menos, para prevenir enfermedades: un 81,1% no mantiene ningún hábito alimenticio para tal efecto. De hecho, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), con 25 años de experiencia, afirma que la preocupación por la nutrición es “estética, en vez de por salud; especialmente, entre mujeres”, sobre las que se acentúa la presión. Observados confirma que son ellas las que más reducen grasas (64,5%) y azúcar (63,3%). Y una puntada más: se sigue recurriendo a las dietas milagro, dice Carmen Escalada, nutricionista de IMEO.

Las más nocivas son “las restrictivas e hipocalóricas; las monodietas a base de sirope de savia, limón, manzana o piña y la citogénica o keto dieta no supervisada, como la Atkins o Dukan“, explica la nutricionista Estefanía Ramo, también de IMEO. Con las tres, la pérdida de peso es rápida, pero, de regalo, hay que lidiar con el temido efecto rebote, bajadas de tensión, anemia o pérdida de masa muscular y, a lo peor, con la agudización de posibles trastornos como la anorexia y la bulimia e, incluso, con ataques cerebrovasculares o cardíacos.

“Es importante contar con el apoyo y consejo de un dietista-nutricionista”, recalcan desde IMEO, inclusive siendo vegetariano o vegano. Ambos regímenes suponen menos colesterol y grasas saturadas y, por tanto, menor peligro cardiovascular. Pero la falta de proteína animal debe sustituirse por la vegetal (de ahí que el tofu sea el rey); cuidar el déficit de hierro y añadir suplemento de vitamina B12, pues, si se suprimen todas las fuentes de origen animal (huevos, lácteos o miel) aparecerá la anemia y el daño del sistema nervioso.

En el otro extremo de la báscula, la dieta paleo, tan cárnica y potenciadora de proteínas magras y vegetales y de grasas saludables (las mono y poliinsaturadas), tampoco es la panacea. Reduce el colesterol y protege frente a dolencias degenerativas, pero sólo es apta para deportistas: mantiene la masa muscular, pero camufla el riesgo de afecciones crónicas. Todo régimen varía en función del sexo, hábitos de ejercicio, patologías… “La mejor dieta es no hacer dieta”, concluye Carmen Escalada. “Una alimentación saludable y adoptar la dieta mediterránea”, precisa.

Un te lo dije, en toda regla, del Dr. João Breda de la OMS. En Viena, demandó: “Hay que recuperar la dieta mediterránea”. Y si ésta, además, es sostenible, la reivindicación última de plataformas por la transformación del sistema alimentario, como la Fundación EAT, mejor que mejor. “Productos de proximidad, lo más frescos posible y de temporada”, especifica Carmen Pérez, presidenta de SENC. Ese es el futuro.

Que las dulces calorías de San Valentín no te amarguen el día

febrero 14, 2019

La sobreingesta de azúcar, grasas e hidratos de carbono tiene un impacto negativo en la salud, recuerdan los expertos del IMEO, y avisan que puede causar un posterior bajón acompañado con mal humor, cansancio, estrés e irritabilidad, entre otros   

El amor entra por el estómago, decían nuestras abuelas y la ciencia lo corrobora. Existen varios estudios que muestran que no sólo ellos, sino también ellas se muestran más receptivas y predispuestas al amor y la felicidad después de una buena experiencia gastronómica. Por esta razón y de cara a San Valentín, con los escaparates colmados de dulces y azúcar en todas sus formas, los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han insistido que se puede potenciar este clima de complicidad e intimidad, evitando la sobreingesta de azúcares, grasas y carbohidratos refinados. “Es comprensible que sea difícil resistir al impulso de comprar o regalar los dulces bocados que nos venden en forma de corazón o como mensaje de afecto y amor, pero debemos saber que una sobredosis de estos comestibles nos podría amargar el día, debido a sus efectos secundarios, tales como el bajón, el mal humor, estrés, irritabilidad o ansiedad”, argumenta Rubén Bravo experto en nutrición y portavoz del Instituto.
“Darse un banquete de dulces en el día de los enamorados, podría resultar contraproducente, ya que lo que inicialmente parece una inyección de energía y placer, debido a la liberación de dopamina que se produce con la ingesta de azúcar y a la bajada de los niveles de estrés por la disminución temporal del cortisol, fácilmente se puede convertir en una sobreestimulación adictiva y cada vez se necesite una mayor cantidad de dulces para obtener el mismo grado de satisfacción”, apunta el experto. Por esta razón desde IMEO recomiendan obrar con moderación y ofrecen algunos consejos prácticos a la hora de sorprender la pareja con explosiones de sabor gastronómicas.

El amor entra por el estómago, pero el exceso en dulce a veces amarga

“Si conocemos cómo funciona nuestro cuerpo a nivel hormonal, le podríamos ayudar también en cuanto a los asuntos del amor se refiere”, apunta la nutricionista clínica Carmen Escalada. Para desatar los efectos positivos de la endorfina y la serotonina, sustancias que nos permiten sentirnos contentos, relajados y descansar, necesitamos que estén en cantidad adecuada y sintetizarlas. La manera de hacerlo es a través de un aminoácido esencial denominado triptófano que nuestro cuerpo no puede generar por sí mismo, pero puede adquirir a través del consumo de ciertos alimentos como la carne, el pescado, los huevos, los lácteos y las legumbres.

Una vez asegurado un aporte de triptófano adecuado, tenemos que ser capaces de absorberlo y, para ello, necesitamos ingerir carbohidratos, explica la nutricionista. En este momento tenemos dos opciones: tomar carbohidratos de lenta absorción como las verduras, las legumbres o los frutos secos o, lo más habitual, de asimilación rápida como dulces, pasta, galletas, pan…

Habiendo, por tanto, estas dos vías, ¿por qué cuando nos sentimos decaídos, tristes o frustrados tendemos a optar por la segunda vía? La respuesta es sencilla: la rapidez de acción. Es decir, tomando dulces notaremos sensación de placer, de bienestar y de aumento de energía en mucho menos tiempo debido a que el proceso de digestión de estos nutrientes es más rápido. El problema es que a pesar de que este atajo nos va a proporcionar un momento puntual de bienestar en poco tiempo, debemos tener cuidado ya que también tiene consecuencias nocivas para nuestra salud tanto física como emocional.

En primer lugar, cuando ingerimos una dosis elevada de azúcar obligamos a nuestro páncreas a secretar grandes cantidades de insulina, la hormona encargada de mantener constantes los niveles de azúcar en sangre. Esto no sólo provoca un sobreesfuerzo en nuestro páncreas, sino que además acelera el ritmo cardiaco. Al poco tiempo de que esto ocurra, debido a la gran liberación que ha habido de insulina, los niveles de azúcar vuelven a caer drásticamente haciendo que nuestros niveles de serotonina vuelvan a descender, haciendo que aparezcan de nuevo las emociones que queríamos evitar (decaimiento, tristeza, frustración), junto a una necesidad irrefrenable de consumir más azúcar.

Los alimentos ricos en azúcares sencillos –entre ellos, cajas de bombones, dulces o galletas en forma de corazón o pastelitos con figuritas de cupido, que son entre los más buscados para el día de San Valentín–, tienen también elevadas cantidades de grasas que les otorgan un sabor extremadamente potente y agradable. Esta sensación hace que se liberen grandes cantidades de dopamina y se estimula en exceso nuestro sistema de recompensa, un conjunto de estructuras localizado en el cerebro que servía a nuestros antepasados para motivarlos a sobrevivir. Recurrir a menudo a esta sobreestimulación a modo de recompensa hace que nuestro cuerpo cada vez necesite más cantidad de estos alimentos para producir la misma cantidad de placer, pudiendo llegar a ser adictivo. En caso contrario, si dejamos de proporcionárselo, podríamos sentir irritación, tristeza o incluso una especie de síndrome de abstinencia.

Cuántas calorías nos aportan los dulces típicos de San Valentín

Azúcar, azúcar y más azúcar es lo que suele componer, junto con las harinas refinadas y las grasas menos saludables toda esta gama de bombones, galletas, magdalenas, tartas, piruletas y dulces que colman los escaparates en el día de San Valentín. “Un bombón, por muy pequeño que sea, ya nos puede aportar 70 kcal; una piruleta, 80kcal; una magdalena, 150 kcal; un donut, 220 kcal; unas galletas cubiertas de chocolate, 260 kcal; 8 onzas de chocolate con leche, 280 kcal; un trozo de tarta, cerca de 400kcal; y así, suma y sigue”, detalla la experta en nutrición deportiva Mireia Elías.

Pero, como siempre, fijarnos tan sólo en el aporte calórico es quedarse muy corto porque no sólo importan las calorías, sino de dónde provienen. Y es que precisamente este tipo de productos trae básicamente cantidades de azúcar, grasas “no saludables” y harinas refinadas, es decir, calorías vacías que no nos aportan ningún beneficio.

Por ello, con el objetivo de modificar su valor nutricional convirtiéndolo en uno más saludable y sin dejar de celebrar esta fiesta tan popular Elías aconseja:
–  Mejor dulces caseros que industriales;
– Endulzar con frutas, dátiles, orejones, canela o chocolate negro con 70-80% de cacao mínimo y un contenido bajo en azúcar (5-8g de azúcar por cada 100g);
– En bizcochos caseros, usar harinas 100% integrales.
– En confituras y mermeladas, utilizar semillas molidas como espesante en lugar de más azúcar;
– Para las tartas, sustituir la base de galleta por frutos secos triturados, como avellanas y dátiles;
– Recurrir a plátano batido con huevos y avena para elaborar tortitas caseras;
– Como cobertura en tartas se puede utilizar fruta batida, como el mango o fresas, arándanos y moras para darle un color rojizo para el día de San Valentín.
“De esta forma no sólo conseguimos reducir considerablemente las calorías, sino, además, estas provendrían de mejores nutrientes convirtiendo nuestro postre en saciante, saludable y sabroso”, concluye la nutricionista del IMEO.

Grasas ‘trans’: no más de 2gr/día en una dieta de 2.000 kcal

febrero 12, 2019

La industria alimentaria utiliza estas grasas, innecesarias para el ser humano, para conseguir una consistencia más sólida, manejable y barata y con un sabor más adictivo.

Correo Farmacéutico, por Joanna Guillén Valera

patatas fritas

Bollería industrial, alimentos fritos, mantequillas, comida rápida, snacks, sopas en polvo, salsas industriales… Son sólo algunos ejemplos de productos alimenticios que incluyen en su composición grasas trans, un tipo de grasa “caracterizada por tener, al menos, un doble enlace en su posición trans”, informa Carmen Escalada, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Este tipo de grasas se pueden encontrar en productos cárnicos y en leche de rumiantes (como la leche de vaca), sin embargo, su origen habitual es un procedimiento industrial, “por el que someten diferentes aceites vegetales a altas presiones y temperaturas que permiten la adición de hidrógenos a su estructura química”, describe la experta. Gracias a este proceso, la industria alimentaria “consigue una grasa sólida, mucho más manejable y barata, de mayor vida útil y sabor más adictivo”.

Todas estas características favorecen que sean utilizadas por la industria para “aumentar la vida útil del alimento, para potenciar su sabor, para mejorar su textura, evitar que se pongan rancios, hacerlos más resistentes a la oxidación y, por tanto, abaratar costes de producción”, destaca Estefanía Ramo, nutricionista del IMEO.

Riesgos para la salud

Los riesgos para la salud de este tipo de grasas son innumerables. Los efectos nocivos, junto al hecho de que son grasas totalmente innecesarias, hizo que la Organización Mundial para la Salud limitara su ingesta al “1 por ciento del aporte energético total, lo que supondría consumir unos 2-2,5 gramos al día en una dieta de unas 2.000 kcal”, sostiene Sonia Peinado, nutricionista del IMEO, una cantidad mínima, teniendo en cuenta que entre las grasas trans también se encuentran los lácteos y las carnes.

Sobre los efectos para la salud de su consumo, Escalada señala que “se ha visto, en numerosos estudios realizados desde los años 90, que el consumo de este tipo de grasas aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardio y cerebrovasculares, como la hipertensión, el infarto de miocardio o el ictus”. Esto, según la nutricionista, “se debe a que, al absorberse, sustituyen a las moléculas que forman las paredes de los vasos sanguíneos haciendo que éstas queden rígidas e impidiendo que las moléculas de colesterol se adhieran a ellas”. El resultado de esto es “una elevación en sangre de los niveles de colesterol total y LDL”.

Además, no hay que olvidar que, al tratarse de una grasa, su aporte energético es elevado (9 kcal/gr), “por lo que su consumo abusivo está ligado a mayores niveles de sobrepeso y obesidad”, advierte Escalada. Estos efectos son los que están demostrados pero, según ella, hay otros que señalan “su relación con la diabetes tipo 2 y algún tipo de cáncer”.

Etiquetado

Como se ha mencionado antes, los alimentos que suelen contener altos porcentajes de este tipo de grasas son, fundamentalmente, los altamente procesados. Para saberlo y evitarlos, es importante fijarse en el etiquetado de los productos, ya que “cualquiera que se comercialice en el mercado europeo debe seguir una serie de normas, como el su-brayado de aquellas sustancias que se consideren alérgenos o de las cantidades de macronutrientes (proteínas, grasas y azúcares).

“Aunque su porcentaje por 100 gr de alimento se puede encontrar en la tabla de composición nutricional, algunas veces, el fabricante sólo lo enumera en la lista de ingredientes bajo los términos ácidos grasos trans, grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas, aceites hidrogenados o parcialmente hidrogenados”, apunta Peinado. Esto, por el momento, es lo que puede ayudar al consumidor a elegir, a la espera del logotipo nutricional Nutri-Score“más intuitivo y en colores”, que comunicó Sanidad para este año.

Los sustitutos sin grasas trans

Para limitar el consumo de grasas trans, existen sustitutos más sanos que pueden añadirse a la dieta. Frente a los fritos, Estefanía Ramos, nutricionista del IMEO, aconseja cocinar con aceite de oliva y sustituir la bollería industrial por productos caseros elaborados con este aceite. Ademas, en lugar de patatas fritas de bolsa, aconseja escoger su versión deshidratada o cocida, y de los snacks, elegir frutos secos naturales o tostados. Las sopas de sobre deberán sustituirse por las caseras con verduras.

Alimentación intuitiva en niños: ¿qué es y cómo funciona?

febrero 1, 2019

Es una técnica muy ligada al ‘Baby Led Weaning’, la alimentación complementaria a demanda que consiste en incorporar los sólidos en bebés sin pasar por la fase de purés

El País, por Estefanía Grijota

Que tu hijo coma cuando a él le apetezca. Suena utópico, y cuanto menos muy difícil de llevar a cabo, por el riesgo que conlleva, sin embargo, no debería de ser tan difícil, ni mucho menos imposible. De hecho, son muchas las razones por las cuales la ingesta intuitiva es uno de los mejores métodos que existen para criar a un niño sano y lleno de vitalidad. Porque cuando hablamos de la relación entre los niños y los alimentos, los esfuerzos por combatir los desajustes en la alimentación podrían ser muchos, y en parte, porque una mala alimentación, como la ingesta de los alimentos inadecuados, a deshora, podría desembocar fácilmente en principios de obesidad.

Entonces, ¿dónde está el límite para criar a niños que coman lo que quieran y sean felices, al mismo tiempo que están sanos y desarrollados? Para comer de manera intuitiva es necesario seguir 10 principios que, según los creadores de esta técnica en 1995, los dietistas, Evelyn Tribole y Elyse Resch, son la integración dinámica entre la mente y el cuerpo. “Estos principios funcionan ya sea cultivando o eliminando obstáculos para la conciencia corporal, un proceso conocido como “conciencia interoceptiva”, es decir, un proceso personal de honrar la salud escuchando y respondiendo a los mensajes directos del cuerpo para satisfacer sus necesidades físicas y psicológicas”, aseguran. Un modelo que cada día está ganando más adeptos y que cuenta con más de 90 estudios hasta la fecha.

Ventajas de comer de forma intuitiva

Carmen Escalada, nutricionista clínica del Instituto Médico Europeo de Obesidad (IMEO), nos explica que esta técnica consiste en alimentarnos según nos pida el cuerpo. “Si tengo hambre como, si no tengo hambre no como, e ingiero tanto el alimento que quiero como la cantidad”, expresa. Y aunque resulte increíble, lo cierto es que nuestro cuerpo es muy sabio.

“Una ventaja muy importante para los niños es que, así como un bebé nos da la señal de que ya está saciado, un niño puede aprender a intuir cuando tiene o no hambre. Podemos poner a su disposición, y en todo momento, comida saludable, para que detecten la hora de la comida como un momento agradable, donde no le vas a obligar a nada, ni a castigar ni a premiar, sino que él podrá elegir la comida y comer con gusto”, comenta.

De esta forma, y según la experta, el cuerpo va a ser el que regule la cantidad, por lo que va a ser más fácil que le demos justo lo que necesita en cada momento, por ello, tendremos todos los nutrientes cubiertos y el peso se instaurará en lo saludable. “No es una dieta, ni busca bajar de peso, sino que la finalidad es la de que un niño esté sano y nutrido”, asegura.

Al separar el hambre física de la emocional, se reduce también la ansiedad o el estrés, ya que se trata de una técnica muy ligada al Baby Led Weaning, la alimentación complementaria a demanda que consiste en incorporar los sólidos en la alimentación del bebé sin pasar por la fase de purés y papillas, siendo el propio bebé quien se alimenta por sí mismo usando las manos. “Al ser el propio niño quien marca su hambre y su saciedad, otra ventaja es que se reducirían mucho los problemas en la edad adulta de no distinguir del tener hambre a tener ganas de comer, o el comer por ansiedad o cuando está enfadado, por ejemplo, además se reducirían los problemas de obesidad y todos aquellos derivados de esta”, concluye.

Lo cierto es que los niños nacen como comedores intuitivos: saben cuándo comer y cuándo parar. La reconocida dietista estadounidense, Evelyn Tribole, coautora de “Alimentación Intuitiva: un programa revolucionario que funciona” , dice que el riesgo de la práctica de las dietas y la alimentación restrictiva conduce muchas veces a trastornos en la alimentación, y que es preocupante entre el clima nutricional actual. “Un bebé recién nacido, por ejemplo, llorará hasta que alguien lo alimente, y a los niños pequeños, incluso, se les evitará hacerles la maniobra o el jueguecito del avión para llevarles la cuchara a la boca”, explica.