La lista de alimentos que no se toman por miedo a engordar

CuidatePlus Marca, por Ana Callejo Mora

Siempre se ha tendido a clasificar los alimentos en dos grupos diferenciados, los que engordan y los que no. Además, está tendencia se ha incrementado últimamente debido a que ha aumentado la preocupación global por el culto al cuerpo y la imagen física.

El problema de esta creencia es que parte de un error de base que es que, efectivamente, hay alimentos más calóricos que otros, pero el hecho de que engordemos, o no, no va a depender de un solo alimento sino de la composición global de nuestra dieta y de la diferencia entre las calorías que consumimos y las que gastamos. Además, tendemos erróneamente a asociar bajo en calorías con sano y, por consiguiente, alto en calorías con insano y esto, no siempre se cumple”, explica Carmen Escalada, nutricionista clínica del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

“De hecho, cada vez que viene gente a la consulta suelen hacer preguntas sobre los alimentos que engordan”, comenta Jorge Ascariz, Técnico Superior en Dietética de la Sociedad Española de Técnicos Superiores Sanitarios (SETSS).

Respecto a los alimentos que no se comen por miedo a engordar, algunos de los más habituales son el pan, la pasta, el queso, las legumbres, las patatas, el chocolate, la bollería, los helados y la pizza, aunque Escalada puntualiza que esta lista ha ido cambiando a lo largo de los años.

Los alimentos señalados

El pan

“No se trata de evitar su consumo puesto que, además, en España tiene un importante componente social y cultural, sino de que elijamos un pan de calidad y lo tomemos en cantidad moderada y adecuada a nuestra actividad física”, destaca Escalada.

Para elegir un pan de calidad deberemos fijarnos en que esté elaborado con harinas 100% integrales y que su aporte de sal no sea muy elevado. Así, además de reducir nuestra ingesta de hidratos de carbono de rápida asimilación (los más relacionados con la obesidad), estaremos aumentando nuestro consumo de fibra que favorecerá nuestra saciedad, vitaminas y minerales.

“Si nos basamos en la reconocida dieta mediterránea, el pan y los alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y especialmente sus productos integrales) deberían formar parte de la alimentación diaria por su composición rica en carbohidratos, ya que es nuestra principal fuente de energía”,  afirma Ascariz, subrayando que sus productos integrales nos aportan más fibra. “No quiere decir que tengamos que comerlos diariamente, pero sí algunos de ellos en alguna de las comidas diarias. Algo muy importante es tener en cuenta las cantidades”.

Pasta.

La pasta

En el caso de la pasta, ocurre como con el pan. “No son alimentos especialmente calóricos, pero si los consumimos elaborados con harinas refinadas estaremos aportando a nuestro organismo una alta cantidad de hidratos de carbono de asimilación rápida que, entre otros problemas, favorecerá la ganancia de peso”, explica la nutricionista clínica.

Por ello, se puede consumir pasta, pero siempre asegurándonos de que sea integral y adaptando la cantidad y frecuencia de consumo al ejercicio que realicemos. Además, es importante tener cuidado con las salsas y otros ingredientes con los que se combine en el cocinado, ya que, en muchos casos, son los que más aumenta las calorías ingeridas.

En concreto, señala el miembro de la SETSS, “podemos consumir un par de veces por semana platos de pasta, preferentemente que sea pasta integral y teniendo en cuenta algo muy importante: las raciones. No más de 100 gramos de pasta ‘en crudo’ por persona”.

Quesos.

El queso

“El queso sí que es un alimento calórico debido a que, en muchos casos, tiene una elevada cantidad de grasa. Sin embargo, hay tantos tipos de quesos que es posible disfrutar de algunos de ellos sin temor a subir mucho nuestra ingesta de calorías. Así, algunos de los menos calóricos son el queso de Burgos, la mozzarella fresca, el requesón, el queso fresco batido o normal y el queso feta”, enumera Escalada.

Con respecto al queso, Ascariz afirma que “si es fresco, podemos consumirlo varias veces por semana; en el caso de los curados, debemos tomarlos en menor cantidad pues son mucho más grasos, por tanto, más calóricos y menos beneficiosos para aquellas personas que padecen alguna dislipemia”.

Chocolate.

El chocolate

El chocolate es uno de los alimentos que más se ha ligado siempre a la subida de peso, por lo que siempre se ha tendido a eliminar de las pautas de adelgazamiento”, reconoce Escalada. “Sin embargo, como en el caso de los quesos, aunque es un alimento bastante calórico, hay muchas variedades. Si queremos consumirlo y mantenernos en nuestro peso, debemos, aparte de tomarlo con moderación, fijarnos en su composición. Lo más importante es la cantidad de cacao que lleve el chocolate ya que, cuanta más alta sea, mejor. De esta manera, nos aseguramos que tiene menos azúcar. Además, tenemos que tener en cuenta que el blanco y los que llevan añadidos frutos secos o fruta deshidratada aumentan considerablemente las calorías”.

Ascariz resalta la idea de que el chocolate siempre es mejor cuanto más puro sea. Cuanto mayor sea su porcentaje de cacao, llevará menos azúcar, además de que el sabor amargo nos saciará antes. Pero en este caso, yo lo dejaría para aquellos caprichillos puntuales”.

Frutos secos.

Los frutos secos

Por último, los frutos secos son también un alimento energético por su alto contenido en hidratos de carbono de asimilación lenta y grasas saludables. “Esto significa que, a pesar de que hay que consumirlos en cantidad reducida, son muy saludables, contribuyen a aumentar la saciedad y pueden tener perfecta cabida en una pauta de adelgazamiento. Eso sí, además de tomarlos en cantidad muy reducida, deberemos elegirlos naturales o tostados y evitar los fritos, salados, azucarados o garrapiñados”, recomienda Escalada.

“Los frutos secos deberían ser preferiblemente crudos”, insiste Ascariz. “Son muy conocidos los beneficios de consumir nueces, así que son una buena opción para tomar como tentempié o merienda. Por ejemplo, una tostada de pan (30 gramos) acompañada de queso freso tipo Burgos (65 gramos) y un par de nueces”.

Al final la cantidad es lo que cuenta. “En lugar de comer solo una gran cantidad de pan o de queso o una bolsa de nueces, combinamos los tres alimentos, dando así más variedad y aportando nutricionalmente más beneficios a la dieta. De esta forma, tenemos aporte de carbohidratos por parte del pan; grasas, por parte de los frutos secos; y proteína, que nos aporta el queso”, comenta el Técnico Superior en Dietética.

La importancia de la dieta habitual frente a la ingesta puntual

En la ganancia de peso, ¿el riesgo se encuentra más en los alimentos que se toman habitualmente que en los que se ingieren puntualmente? “No hay ningún alimento que por sí solo nos vaya a hacer adelgazar o engordar, sino que esto está marcado por el global de la dieta que llevemos y la energía que gastemos. Por tanto, si nuestra alimentación es sana y basada en alimentos de calidad tomados en las cantidades adecuadas y un día puntual comemos algo más calórico no tenemos por qué engordar. Por el contrario, si aquellos alimentos que más calorías contienen los tomamos asiduamente o dentro de una dieta poco equilibrada es muy probable que subamos de peso”, dice Escalada.

Generalmente, comenta Ascariz, “el riesgo se halla en los alimentos que tomamos de forma habitual, ya que son los que forman parte de nuestros hábitos de alimentación. Un buen ejemplo son aquellas personas que se alimentan de forma saludable, siguiendo una dieta equilibrada, y que cuando llegan fechas como las Navidades hacen ‘excesos’. Si el resto de los días siguen con sus hábitos, no suelen tener una gran variación ponderal”.

Qué pasa cuando se evitan estos alimentos en la cena

Tradicionalmente, los grupos de alimentos que más se ha tendido a eliminar de las cenas son los ricos en hidratos de carbono como las pastas, los arroces, la patata, las legumbres o el pan.

Según la experta del IMEO, “el problema no es tanto por las calorías que aportan, sino más bien porque la función principal de estos nutrientes en nuestro organismo es proporcionarnos energía. Puesto que por la tarde/noche -hablando siempre en general- nuestra actividad y, por tanto, nuestra necesidad de energía, tiende a disminuir, conviene no abusar de estos alimentos en este momento del día si queremos bajar peso. En el caso de tomarlos, optar por opciones integrales”.

Qué sucede si se vetan estos alimentos durante mucho tiempo

Ascariz recuerda que los alimentos como el pan, la pasta, los cereales y las patatas nos aportan fundamentalmente energía en forma de carbohidratos, que son la fuente principal de energía del cuerpo. Por ejemplo, el cerebro consume gran cantidad de esta energía para su correcto funcionamiento, alimentan también al músculo y su carencia puede reflejarse como cansancio corporal. “Si la carencia de carbohidratos en la dieta se prolonga durante mucho tiempo, esto podría ocasionar problemas renales, sobrecarga del hígado y descalcificación ósea”.

En el caso de los alimentos grasos como el queso, el chocolate o los frutos secos, “aportan las vitaminas liposolubles AE, tan necesarias en muchos procesos fisiológicos. Además, la membrana celular está compuesta de lípidos (grasas). En resumen, no es recomendable eliminar estos alimentos de la dieta, pero sí ser conscientes de que su consumo debe producirse en cantidades moderadas y adecuadas a cada individuo”, advierte el Técnico Superior en Dietética.

En opinión de Escalada, “vetar unos determinados alimentos en una pauta de alimentación no resulta beneficioso ni efectivo a largo plazo puesto que, muy probablemente, aumentarán nuestras ganas de consumirlos y, además, el hecho de que un modelo de alimentación sea sano, o no, nunca va a depender en exclusiva de un alimento que en él se incluya sino del global”.

Resulta mucho más adecuado “entender cuáles son nuestras necesidades y qué alimentos debemos consumir de manera habitual y cuáles solo deben aparecer en nuestra dieta de manera meramente anecdótica. Además, es importante también adaptar la cantidad en la que consumimos cada alimento, según los nutrientes y calorías que nos aporta”, aconseja la nutricionista clínica.

Alimentos que se consideran ‘inofensivos’

Al igual que existen alimentos que han sido catalogados como inadecuados para bajar peso con o sin motivo, también los hay que creemos que tienen el efecto contrario y, de la misma manera, no siempre es cierto.

En los últimos años, ha aumentado la preocupación social por el peso corporal y la salud, y, tal  como dice Escalada, “esto ha favorecido que la industria alimentaria se lance a generar innumerables productos etiquetados como ‘light que, en ocasiones, consumimos sin preocupación y que nos pueden dificultar la bajada de peso, aparte de generar otros problemas de salud”.

Para entenderlo mejor, prosigue la experta, hay que tener en cuenta que para que un producto lleve la etiqueta light solo se le exige que tenga un 30% menos de calorías que sus similares. Por tanto, unas patatas fritas de bolsa, aunque sean light van a seguir siendo muy calóricas y no debemos consumirlas ni de manera habitual ni en cantidad descontrolada, si queremos estar sanos y bajar de peso. La variedad de estos productos es enorme: aperitivos, refrescos, derivados lácteos, productos de bollería, salsas…

Además, concluye la nutricionista del IMEO, “otro problema que estos productos suele generar es que son adictivos (cuanto más tomamos más queremos) y poco saciantes, por lo que, ligado a su consumo despreocupado por creerlos bajos en calorías, hará que comamos más y, con ello, que en vez de adelgazar, engordemos”.

Comer bien no es más caro: el coste de los malos hábitos

Este viernes se celebra el Día Mundial de la Alimentación, una cita que el comparador Acierto.com ha querido aprovechar para analizar qué es más económico, comer bien, o hacerlo de forma menos saludable. Porque no estamos hablando de una cuestión meramente monetaria, sino de nuestra salud a largo plazo.

El análisis: los ultraprocesados, un 24% más caros

Así, el comparador establece distintas analogías para las diferentes comidas del día. Por ejemplo, un kilo de cereales azucarados para el desayuno ronda los 8 euros, mientras que el precio de la misma cantidad de avena se reduce a la mitad. Lo mismo ocurre con la fruta –podemos optar por fruta de temporada–. Por ejemplo, el kilo de manzanas se encuentra alrededor de 1,60. Y el yogur a 1,80/kg.

Tampoco sale más caro sustituir por frutos secos o fruta la bollería o zumos azucarados del almuerzo. Un puñado de cacahuetes supone 0,15 mientras que un bollo ronda los 0,50 euros.

En las comidas principales ocurre algo similar: las legumbres, el arroz, el pollo, son productos económicos. Y se calcula que medio kilo de lentejas ronda los 4 euros. Frente a los 5 euros que cuestan medio kilo de nuggets de marca blanca.

Por supuesto, esto tiene en cuenta el tiempo, es decir, los guisos podrían tardar algo más en elaborarse. Pero no ocurre lo mismo con las cremas, purés o carnes y pescados a la plancha. Los nutricionistas abogan por una vuelta a la cocina tradicional.

Por otra parte, el coste por caloría de los alimentos ultraprocesados es al menos un 24% más caro que el de los cocinados en casa. Por no hablar de algunas diferencias que incrementan el coste de comer mal como picar entre horas, consumir refrescos entre horas, etcétera.

Se estima también que los desayunos y meriendas saludables rondan los 2,50 euros, frente a los insanos que se sitúan sobre los 3,90. Las comidas principales cuestan 9,40 frente a los 11,60 de las dietas menos saludables.

Los hábitos de la cuarentena

Curiosamente, las cifras que maneja el comparador revelan un mayor índice de obesidad en los estatus socioeconómicos más bajos. En concreto, entre las rentas más bajas la incidencia asciende al 22%, frente al 9% de las rentas más altas. Sin embargo, aquí hay que tener en cuenta otros factores como, por ejemplo, que las personas con menos recursos experimentan mayores niveles de ansiedad –relacionados con el emotional eating–, que hace decantarse a estos consumidores por productos hipercalóricos más baratos.

Durante la cuarentena, por ejemplo, los españoles cambiaron sus hábitos en varias ocasiones. De hecho precisamente al principio los carritos de la compra se llenaron de productos para elaborar repostería, de chocolate y otros alimentos que calman la ansiedad a largo plazo. Sin embargo, a medida que la pandemia avanzaba fueron ganando terreno los frescos.

El coste de los malos hábitos

Pero no solo hay que tener en cuenta el dinero, sino las consecuencias del sobrepeso y la obesidad: mayor riesgo de sufrir diabetes, enfermedades cardíacas, articulares, problemas dentales. Con el coste que eso implica, tanto económico como sobre nuestra salud.

Por desgracia, parece que los españoles no sabemos cómo alimentarnos bien. De hecho, más de la mitad de los españoles tienen sobrepeso y 1 de cada 6 es obeso. Sin embargo, el 80% de las personas que padecen esta enfermedad lo ignora. Además, lo curioso del caso es que más de la mitad de los ciudadanos ha estado a régimen alguna vez en su vida y que casi el 84% declara que intenta incorporar a su vida una dieta más saludable.

La cobertura de nutrición de los seguros de salud puede ser clave para detectar a tiempo algunos problemas relacionados con el peso corporal. En términos mundiales, el índice de obesidad se ha triplicado desde 1975.

Comer bien podría abaratar el seguro de salud

Como decíamos, la mayoría de seguros incluyen el servicio de nutricionista, un profesional indispensable para aprender a comer de forma saludable. Es el caso de Adeslas, cuya cobertura de nutrición incluye dietas personalizadas, planes dietéticos para personas con problemas de salud, asesoramiento a embarazadas y a pacientes que quieran realizarse una reducción de estómago. 

La línea médica nutricional de DKV, el asesor nutricional de AXA, y el programa de servicios de gestión de peso corporal de Cigna son otros destacables. Además muchas de ellas cuentan con apps específicas.

Por otra parte, cuidarse también tiene premio en el seguro de salud. Sí, porque alimentarse correctamente reduce el riesgo del cliente, es decir, un paciente sano y con buenos hábitos comporta menos riesgo para la aseguradora. Y consecuentemente, su prima probablemente sea más baja. Asimismo, algunas entidades ofrecen sistemas de recompensas a sus clientes más activos.

Alimentación saludable de verano

Telemadrid, Está Pasando

El verano es la estación favorita de muchas personas que quieren disfrutar de la playa, del sol y de alimentos frescos que nos hagan soportar las altas temperaturas. Un gazpacho, un helado, una ensaladilla rusa… ¿pero de verdad todos estos alimentos son saludables? El nutricionista Rubén Bravo, nos va a contar en Está Pasando qué alimentos de verano son sanos y cuáles no.

El verano es la época en la que menos deporte hacemos y en la que comemos menos: “En estos meses se bebe más alcohol y se come peor”, explica Rubén. Las bebidas alcohólicas tienen muchas calorías: “no podemos utilizar este tipo de bebidas para que nos quiten la sed. Si queremos tomar por ejemplo, un tinto de verano, mejor acompañado de un vaso de agua”, explica. Hay alimentos que parecen sanos y no lo son: “Un zumo de naranja por la mañana puede parecer muy sano pero tenemos que utilizar al menos tres naranjas, por lo tiene mucha azúcar. Es mejor siempre comernos la fruta entera”, cuenta el nutricionista.

El gazpacho es otro alimento que nos encanta tomar el verano pero que no siempre es sano: “El problema es que el gazpacho lo tomamos en grandes cantidades y se recomienda tomar poco. Si además lo compramos elaborado, debemos fijarnos bien en la etiqueta”, explica Rubén.

Brócoli, freno natural al cáncer

Una sustancia química que contienen ciertas verduras crucíferas, como el brócoli, podría ayudar a evitar y combatir distintos cánceres, al favorecer la actuación en el organismo de uno de los genes supresores de tumores más potentes del cuerpo, según han descubierto investigadores de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos

El Horizonte, EFE/ Monterrey

Uno de los avances más recientes contra el cáncer, no proviene de las probetas, instrumentos y complejas formulaciones de los laboratorios de bioingeniería, sino que nos llega de la naturaleza. Se trata del brócoli, una variedad de la col, con hojas de color verde oscuro, más recortadas y que no se apiñan.

Esta verdura contiene una sustancia química que puede ayudar a suprimir el desarrollo de los tumores, según ha descubierto un equipo de Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en EEUU.

Los expertos de esta universidad han relacionado un compuesto denominado I3C ,que se encuentra  en el brócoli, las coles de Bruselas y otras verduras crucíferas, con la actividad de uno de los genes supresores de tumores más potentes del cuerpo.

Uno de los avances más recientes contra el cáncer, no proviene de las probetas, instrumentos y complejas formulaciones de los laboratorios de bioingeniería, sino que nos llega de la naturaleza. Se trata del brócoli, una variedad de la col, con hojas de color verde oscuro, más recortadas y que no se apiñan.

Esta verdura contiene una sustancia química que puede ayudar a suprimir el desarrollo de los tumores, según ha descubierto un equipo de Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en EEUU.

Los expertos de esta universidad han relacionado un compuesto denominado I3C ,que se encuentra  en el brócoli, las coles de Bruselas y otras verduras crucíferas, con la actividad de uno de los genes supresores de tumores más potentes del cuerpo.PUBLICIDAD

El estudio dice que el indol-3-carbinol o I3C está involucrado en una compleja reacción química en cadena que ayudar a liberar de interferencias a un gen supresor tumoral para que pueda hacer su trabajo.

Este trabajo también destaca la “guerra química” que se desarrolla dentro del cuerpo a medida que lucha para prevenir el desarrollo de tumores, incluso cuando los propios tejidos enfermos luchan para crecer y diseminarse en el organismo.

La investigación salió del laboratorio del investigador Pier Paolo Pandolfi del Centro Médico Beth Israel Deaconess,  BIDMC, en Boston, Massachusetts (EEUU) y del Instituto de Investigación del Cáncer (CRI), quien está explorando las propiedades anticancerígenas de las crucíferas, una familia de verduras, que además del brócoli, incluye a las coles o repollitos de Bruselas, el repollo, la coliflor y la col rizada.

Las crucíferas contienen unas sustancias químicas llamadas glucosinolatos, responsables del aroma penetrante y el sabor amargo de estas verduras, que durante la preparación de las comidas y, al masticarlas y digerirlas, se descomponen en otros compuestos como los isotiocianatos, tiocianatos e indoles, según el Instituto Nacional del Cáncer, de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EEUU.

El indol-3-carbinol (un indol) y el sulforafano (un isotiocianato) son estudiados frecuentemente por sus efectos anticancerosos, y en estudios con animales de laboratorio se ha descubierto que los indoles y los isotiocianatos inhiben la formación de cáncer en varios órganos, entre ellos: la vejiga, las mamas, el colon, el hígado, los pulmones y el estómago, según el NIH.

Los estudios de estas sustancias en seres humanos han arrojado resultados más moderados, encontrando algunas evidencias de que las personas que mantienen un alto consumo de plantas crucíferas podrían presentar un riesgo más bajo de padecer cánceres de próstata, colorrectales (en mujeres), de pulmón y de mama, de acuerdo a esta misma fuente.

GUERRA QUÍMICA EN EL INTERIOR  DEL CUERPO.

Pandolfi, profesor de medicina dirigió un equipo en la Facultad de Medicina de Harvard, que exploró la función de un gen supresor del cáncer llamado PTEN, y considerado como “uno de los supresores de tumores más importantes de la genética del cáncer”.

El gen PTEN es el blanco habitual de los cánceres, que buscan eliminarlo, mutarlo o inactivarlo de distintas maneras.

En sus investigaciones, en las que experimentaron con células humanas y ratones criados para desarrollar cáncer, descubrieron que una enzima (un tipo de proteína) llamada WWP1 y conocida por promover el crecimiento de esta enfermedad, desempeña un papel importante al interferir el funcionamiento del gen PTEN.

También descubrieron que un compuesto natural que se encuentra en las verduras crucíferas, el indol-3-carbinol, o I3C, neutraliza a dicha enzima, restaurando los poderes de supresión de tumores del gen PTEN, en ratones de laboratorio diseñados genéticamente para desarrollar cáncer de próstata, según indican desde la universidad de Harvard.

Este trabajo, respaldado por el NIH, abre la puerta al desarrollo de medicamentos contra el cáncer basados en la supresión de la enzima WWP1 y la consiguiente liberación del gen PTEN para hacer su trabajo, según los autores de esta investigación.

El compuesto protector de PTEN, I3C, ya era conocido por la ciencia y se pensaba que tenía propiedades anticancerígenas, aunque su mecanismo preciso era hasta ahora un misterio.

A pesar de estos resultados prometedores, el profesor Pandolfi no alienta a las personas a “darse un atracón de brócoli”, ya que las dosis utilizadas en los experimentos con ratones de laboratorio, serían el equivalente a que un ser humano comiera más de 6 libras (2,72 kilos) de brócoli al día.

El enfoque práctico más probable sería desarrollar una píldora basada en el I3C, que parece ser bien tolerado por los humanos, y del cual hay algunas versiones en el mercado basadas en las propiedades anticancerígenas que mostraron estudios preliminares, según Pandolfi.

Aunque todavía queda trabajo por delante para investigar las dosis apropiadas y los efectos no deseados de los suplementos de I3C, de acuerdo a este investigador.

EL BRÓCOLI EN LA ALIMENTACIÓN.

“El brócoli o brécol es considerado como un “superalimento” por su alta densidad nutricional y bajo aporte calórico, aunque no tiene una gran aceptación, al igual que la mayoría de las coles, por su sabor, olor al cocinarlo y textura”, explica a Efe, Rubén Bravo, dietista experto en nutrición y gastronomía, del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, IMEO (www.imeoobesidad.com).

El nutricionista explica que esta verdura crucífera tiene una gran cantidad de vitaminas, minerales, aminoácidos y fitonutrientes específicos, destacando la vitamina A, del grupo B y C, e igualmente es rico en selenio, calcio, potasio, carotenos, aminoácidos y fibra.

Según Bravo hay una evidencia científica notoria que permite afirmar que su consumo “ayuda a reducir la probabilidad de padecer cáncer de colon por su alto contenido en selenio”, aunque también podría ser una alternativa terapéutica cuando se sufre este cáncer, pues se ha demostrado la eficacia de algunos de sus compuestos en la eliminación de células cancerosas.

Asimismo incluir el brócoli de manera regular en nuestra alimentación “puede ayudarnos en los planes adelgazantes por su alto contenido en fibra y proteínas, ya que aporta mucha saciedad y regula los niveles de azúcar en la sangre”.

“El brócoli, además, tiene una importante acción antioxidante, siendo un aliado frente al envejecimiento prematuro, y ayuda a prevenir  enfermedades cardiovasculares como la hipertensión y la hipercolesterolemia”, destaca Bravo.

Por Omar R. Goncebat.

EFE/REPORTAJES

Consejos nutricionales para ser un anfitrión “saludable” en los convites de Navidad

Se acercan las Navidades y comienzan las preocupaciones por hacer que la típica frase de “cuidaré mi alimentación” secundada por “me apuntaré al gimnasio” no quede en un mero propósito de año nuevo, señalan los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Las comidas copiosas en días seguidos pueden afectar nuestra salud y no sólo en términos de sobrepeso

Durante el período que duran las fiestas navideñas la población parece tener menor preocupación a la hora de cometer excesos, por lo que existe un descontrol en cuanto a cantidades, bebidas alcohólicas y comidas ricas en grasas y azúcares, lo que sumado al estrés que muchas veces ocasionan las grandes reuniones familiares con las correspondientes preparaciones de comidas y a la falta de descanso hace que se produzcan cambios en el ritmo corporal, sobre todo en aquellas personas que ya tienen una enfermedad diagnosticada o factores de riesgo asociados. 

Cada comida cuenta, por lo que es importante intentar evitar comer de manera rápida y desordenada (lo que puede conllevar mayor riesgo de atracones), y sustituir comidas ricas en grasas y azúcares por platos con mayor número de verduras y hortalizas (mejor incluso si una ración del día se consume en crudo para favorecer la asimilación de vitaminas), así como limitar el consumo de alimentos que tengan calorías vacías como los refrescos, dulces, snacks, golosinas y alcohol, ya que “estos alimentos favorecen la aparición de reflujo gastroesofágico, distensión abdominal, gases, digestiones pesadas, malestar general, aumento de los niveles de glucosa en sangre, así como de los niveles de triglicéridos y colesterol asociados con la aparición de arterioesclerosis y otras enfermedades cardiovasculares, también asociadas a la aparición de anginas de pecho y ataques cardíacos”, argumenta la nutricionista del IMEO, Sonia Peinado.

Consejos hacia los anfitriones para que sus comidas navideñas sean un éxito y no un problema añadido para sus invitados  

Las comidas navideñas se han convertido en grandes celebraciones en las que parece casi obligatorio que los anfitriones agasajen a los invitados con grandes cantidades de comida y bebida incluso a sabiendas de que esto supondrá un fuerte malestar digestivo para unos y otros al día siguiente.

Evitar este problema comienza por diseñar tranquilamente los menús que querremos servir esos días teniendo en cuenta el número de personas que asistirán. Podemos cambiar muchos platos por algunos menos, pero de calidad, sabrosos y atractivos que nuestros invitados quieran comer despacio para disfrutarlos. Una manera de hacerlo es sustituir los primeros platos más pesados como los huevos rellenos o los hojaldres por canapés como brochetas de pulpo y gambas, falsas milhojas de tomate, mozzarella y ventresca; los asados de carne por pescados al horno y los postres más calóricos por otros a base de frutas como las macedonias.

Además, de esta manera estaremos dando prioridad a alimentos que nos sacien sin resultar especialmente calóricos ni pesados: verduras, hortalizas, carnes, pescados y frutas.

A continuación, es importante hacer la compra de manera adecuada. Para ello es fundamental que nos ciñamos al menú que hemos diseñado en base al número de comensales que seremos. De esta manera evitaremos no sólo comer de más esos días sino los posteriores por aquello de “antes reventar que tirar”.

Y, por fin, llegó el gran día. Es importante que nos sentemos a la mesa sin un hambre voraz que nos hará comer más y más rápido con el consiguiente malestar posterior. Por ello es buena idea hacer muchas tomas pequeñas y ligeras a lo largo de todo el día en lugar de ayunar. Además, no podemos olvidar que estamos ahí no solo para comer sino también para disfrutar de quienes tenemos alrededor. “Por tanto, comamos despacio, saboreando cada plato y disfrutando de la comida, pero también de lo que la rodea”, recalca Carmen Escalada, nutricionista clínica del IMEO.

Además, también nos va a ayudar a evitar la pesadez y el malestar, que irremediablemente siguen a un atracón de estas dimensiones, acompañar nuestras comidas con agua evitando así refrescos gaseosos y bebidas alcohólicas. Una medida que como anfitriones podemos llevar a cabo y que ayudará a nuestros invitados en este propósito es colocar un par de jarras de agua en la mesa para que quien quiera pueda ir echándose. Para hacerla más atractiva podemos infusionarla con hierbas o flores (albahaca, lavanda, menta, manzanilla, canela o romero) y frutas (manzana, pepino, jengibre, limón…).

Una vez acabada la comida y, aunque hayamos aplicado todas las medidas anteriores, ya estaremos saciados por lo que debemos retirar todas las sobras de la mesa, incluida la bandeja de dulces típicos pero calóricos e indigestos. Así evitaremos seguir picoteando sin escuchar a nuestro estómago y a su señal de saciedad y, por tanto, el dolor y la pesadez del mismo al día siguiente.

Por último, una vez que acabe la comida o cena podremos proponer a nuestros invitados actividades que nos ayuden a movernos y hacer mejor la digestión: baile, concurso de mímica, dar un paseo etc.

Opciones de menú más saludables

Algunos cambios oportunos en nuestro menú de Navidad lo pueden convertir en más saludable. Los expertos en nutrición del IMEO te detallan cómo.

De entrantes, podríamos dejar a un lado los patés, foies, hojaldres, tostas o pastelitos salados, los cuales nos aportan mayor cantidad de calorías y son más pesados a nivel de digestión. Sería recomendable sustituirlos por un salpicón de marisco, una ensalada de aguacate y langostinos, brochetas de verduras, salmón ahumado con huevo cocido, un buen jamón, espárragos blancos, anchoas con alcaparras y langostinos o gambas para compartir. Estas opciones son más nutritivas ya que poseen proteínas de alta calidad y grasas saludables, además son más ligeras y no nos harán llegar a los siguientes platos tan saciados.

En cuanto a los primeros platos, se puede preparar un caldo casero o una crema ligera de verduras para entrar en calor. Te propongo algunos ejemplos de cremas y sopas: sopa de pescado, crema de berros y aguacate, crema de apio, sopa de lubina al azafrán, crema de pollo trufada o sopa minestrone. Con ellas nos aseguramos un aporte de líquidos, ya que en esta época del año el agua siempre es un gran olvidado.

En los segundos platos, existen muchas posibilidades. La base de estos platos convendría que fuera proteína: langosta o cigalas a la parrilla con salsa romesco, vieiras asadas o pavo guisado con castañas.

En los postres, podemos utilizar como elemento fundamental en ellos la fruta, creando ricas brochetas con mini pepitas de chocolate negro, una macedonia o un sorbete casero. También podemos elaborar turrones caseros usando frutos secos naturales o tostados, arándanos deshidratados y chocolate negro. Otra opción es triturar avellanas u otros frutos como dátiles u orejones y usarlo como base de un postre evitando la galleta y añadiendo yogur desnatado o queso batido y fruta.

Siguiendo estas pautas, tendremos digestiones ligeras sin sensación de hinchazón o pesadez. También, aportamos a nuestro organismo, nutrientes de mayor calidad y un aporte considerablemente menor de calorías evitando esos kilos de más que muchas veces parece que son irremediables, pero no lo son.

Los productos frescos sólo suponen el 45% de nuestra compra

La Sexta Noticias

El 45% de nuestra compra está compuesta por productos frescos, muy lejos de lo recomendable: deberían ser el doble. El problema es que mientras el precio de frutas y verduras sube, los alimentos procesados cada vez son más baratos.

El 45% de lo que gastamos en comida son alimentos frescos: fruta, verdura, carne, pescado. Parece que está bien, pero Rubén Bravo, dietista del IMEO, nos abre los ojos: “Me parece un porcentaje realmente bajo. Entre el 70 y el 80% de los productos que compremos deben ser naturales o frescos”.

La razón fundamental por la que comemos poco producto fresco es la economía doméstica. Durante la crisis, entre 2010 y 2016 su consumo cayó casi un 9% y fue sustituido por platos preparados que compramos cerca de un 8% más.

Con la recuperación económica deberíamos haber vuelto a lo fresco, pero no: el año pasado cayó otra vez un 2%. ¿Por qué? Fácil: son más caros. El precio de lo fresco subió un 5% en 2018, el doble que los productos envasados.

Pero hay otra razón: cuanto más jóvenes somos, menos alimentos frescos comemos, y ello se une a que las jornadas laborales de hoy dejan poco tiempo para comprar.

Así, el mercado, reino de los alimentos frescos, se ha quedado para los veteranos: tres de cada cinco euros de la cesta de la compra van a productos frescos.

Nos cuidamos más… Y no nos cuidamos lo suficiente

  • Seis de cada diez personas han reducido la ingesta de grasas o azúcares, pero las tasas de sobrepeso siguen en índices altos
  • Nos preocupa tener una nutrición saludable, pero no sabemos cómo mantenerla o no nos la podemos permitir. El nivel cultural y económico determina la alimentación

El Mundo, por Ruth Diaz

Congreso Europeo sobre la Obesidad, mayo de 2018, Viena. El Dr. João Breda, jefe de la oficina europea de la OMS para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles, sentencia: “Ya no hay dieta mediterránea”. Y en el Sur de Europa se oyó un crac. “Quienes están cerca de la dieta mediterránea son los niños suecos”, remata. ¿Pánico? ¿Estupor? La OMS ya alertó en mayo de 2015 de que un 30% de los españoles sufriría obesidad y un 70%, sobrepeso. A la cuna del aceite de oliva, las hortalizas y la fruta se le fue la mano con el azúcar, la sal y las grasas industriales, favoreciendo la epidemia, sobre todo, en más del 40% de menores de Grecia, España e Italia.

Cuatro años más tarde, España se ha esforzado por volver al redil: hasta un 60% de la población declara haber reducido el consumo de grasas y un 61,5% el de azúcares, según el Barómetro Social Observados, obtenido a partir de la colaboración entre EL MUNDO, EXPANSIÓN y Sigma Dos. Pero ¿este cambio en los hábitos alimentarios es suficiente y, sobre todo, adecuado? Considerando en conjunto el sobrepeso y la obesidad, sólo un tercio de los encuestados por Observados reconoce sufrirlas, mientras que la Encuesta Nacional de Salud de 2017 (ENSE) estima que más de la mitad (54,5%) de los adultos tiene exceso de peso. La percepción positiva sobre nuestra salud se mantiene desde hace 30 años, según la ENSE, pero no dejan de aumentar los índices de enfermedades crónicas y de riesgos cardiovasculares en el metabolismo, como la hipertensión, la diabetes o el colesterol alto. Resulta evidente: “Los españoles quieren alimentarse mejor, pero no lo logran”. Así acertó en el tiro la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en 2017, tras indagar en los menús de la población.

“Debemos invertir recursos para favorecer una vida más saludable y de calidad, sobre todo en los desfavorecidos”, aconseja Carmen Pérez, presidenta de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Las desigualdades de clase afectan como un rodillo a la salud. Según la ENSE, uno de cada diez menores padece obesidad y, mientras en la prole de directores o gerentes afecta al 5’6%, en la de trabajadores no cualificados se triplica (15,4%). “A mayor nivel cultural, la información y los hábitos nutricionales mejoran, pero en niveles inferiores se ha ido a peor”, explica Pérez.

La falta de recursos provoca estragos en la alimentación, ya que, pese a los preocupantes indicadores, el 76,5% de los encuestados por Observados admite no haber realizado dieta alguna para perder peso en los últimos años y, aún menos, para prevenir enfermedades: un 81,1% no mantiene ningún hábito alimenticio para tal efecto. De hecho, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), con 25 años de experiencia, afirma que la preocupación por la nutrición es “estética, en vez de por salud; especialmente, entre mujeres”, sobre las que se acentúa la presión. Observados confirma que son ellas las que más reducen grasas (64,5%) y azúcar (63,3%). Y una puntada más: se sigue recurriendo a las dietas milagro, dice Carmen Escalada, nutricionista de IMEO.

Las más nocivas son “las restrictivas e hipocalóricas; las monodietas a base de sirope de savia, limón, manzana o piña y la citogénica o keto dieta no supervisada, como la Atkins o Dukan“, explica la nutricionista Estefanía Ramo, también de IMEO. Con las tres, la pérdida de peso es rápida, pero, de regalo, hay que lidiar con el temido efecto rebote, bajadas de tensión, anemia o pérdida de masa muscular y, a lo peor, con la agudización de posibles trastornos como la anorexia y la bulimia e, incluso, con ataques cerebrovasculares o cardíacos.

“Es importante contar con el apoyo y consejo de un dietista-nutricionista”, recalcan desde IMEO, inclusive siendo vegetariano o vegano. Ambos regímenes suponen menos colesterol y grasas saturadas y, por tanto, menor peligro cardiovascular. Pero la falta de proteína animal debe sustituirse por la vegetal (de ahí que el tofu sea el rey); cuidar el déficit de hierro y añadir suplemento de vitamina B12, pues, si se suprimen todas las fuentes de origen animal (huevos, lácteos o miel) aparecerá la anemia y el daño del sistema nervioso.

En el otro extremo de la báscula, la dieta paleo, tan cárnica y potenciadora de proteínas magras y vegetales y de grasas saludables (las mono y poliinsaturadas), tampoco es la panacea. Reduce el colesterol y protege frente a dolencias degenerativas, pero sólo es apta para deportistas: mantiene la masa muscular, pero camufla el riesgo de afecciones crónicas. Todo régimen varía en función del sexo, hábitos de ejercicio, patologías… “La mejor dieta es no hacer dieta”, concluye Carmen Escalada. “Una alimentación saludable y adoptar la dieta mediterránea”, precisa.

Un te lo dije, en toda regla, del Dr. João Breda de la OMS. En Viena, demandó: “Hay que recuperar la dieta mediterránea”. Y si ésta, además, es sostenible, la reivindicación última de plataformas por la transformación del sistema alimentario, como la Fundación EAT, mejor que mejor. “Productos de proximidad, lo más frescos posible y de temporada”, especifica Carmen Pérez, presidenta de SENC. Ese es el futuro.

Las raciones grandes también tienen culpa de la obesidad

Reino Unido estudia prohibir ofertas de 2×1 y el rellenado gratis de bebidas azucaradas en restaurantes por su impacto en la salud

El País, Nutrir con Ciencia por Beatriz Robles Martinez

Si comiésemos solo para satisfacer la necesidad fisiológica de obtener nutrientes y energía para cubrir nuestros requerimientos, es probable que el tamaño de la ración no tuviera impacto sobre la cantidad de alimento ingerido.

Comeríamos lo necesario y pararíamos cuando no necesitásemos más.
Pero sabemos que hay otros muchos factores que afectan a la percepción del hambre y la saciedad: psicológicos, sociales, endocrinos o incluso, del tipo y composición del alimento. Estos elementos nos alejan de un mecanismo en principio tan intuitivo como comer solo por hambre y parar una vez satisfechas nuestras necesidades.

Nuestro ambiente tiene un papel protagonista en las dificultades que tenemos para interpretar nuestras sensaciones primitivas de hambre.

Vivimos en un ambiente obesogénico que promueve la ingesta de alimentos insanos y no facilita la práctica de actividad física. Pero, además de las estrategias planificadas para alterar las decisiones políticas, o las agresivas campañas publicitarias que colocan a los alimentos insanos como la primera opción, hemos interpretado que “comer bien” y “comer mucho” son sinónimos.

Las empresas han sabido aprovecharlo para utilizar las cantidades como reclamo: encontramos llamativas ofertas de dos por uno, snacks en paquetes de tamaño familiar, 50% más de producto al mismo precio.

Luchando contra el entorno

La British Nutrition Foundation (una entidad en la que participan académicos, educadores, comunicadores y la industria alimentaria, no la organización profesional The Association of UK Dietitians) ha publicado una guía para orientar a la población sobre el tamaño adecuado que deben tener sus raciones de alimentos.

Usando las manos como unidad de medida, adaptan las recomendaciones de ingesta de cada alimento. Una ración de queso serán dos pulgares. Una ración de pasta, lo que nos quepa al juntar las manos como si fueran un cuenco. Visual, sencillo y personalizado (el tamaño de las manos es acorde al tamaño corporal, lo que -entre otros factores- condiciona los requerimientos).

No es el primer manual que traduce las guías alimentarias a porciones caseras y, de hecho, muchas guías clásicas incorporan esta información.

Más allá de la utilidad de estas pautas, lo que deberíamos preguntarnos es: ¿hemos perdido tanto la perspectiva que es necesario que nos digan qué cantidad de alimento es normal?

La triste respuesta es que sí.

Precisamente para devolver a la población la capacidad de interpretar sus necesidades y adaptar su ingesta a ellas (es decir, para devolvernos la autonomía) las guías más actualizadas basadas en la evidencia científica y libres de conflictos de interés han cambiado el formato y emiten mensajes no centrados en el tamaño de la ración. Conceptos como “más, menos, cambie” del documento “Pequeños cambios para comer mejor” o guías completas resumidas en una imagen como el Plato de Harvard, la Canada’s food guide, o el triángulo belga de la alimentación saludable dan información transparente, inequívoca y difícil de tergiversar.

Raciones y cuerpos que aumentan de tamaño

Una expresión gráfica de este contexto la encontramos en el incremento que han experimentado los tamaños de las raciones de comida basura en EEUU desde 1950. Las hamburguesas de hoy son un 223% más grandes, las bebidas azucaradas se sirven en vasos con un volumen 5 veces superior, las chocolatinas han “crecido” más de un 1000%. Y el peso corporal lo ha hecho en paralelo: las mujeres norteamericanas pesan 11 kilos más; los hombres han subido 13 kilos.

No caigamos en la suficiencia de pensar que es un problema inherente al “estilo de vida americano” y que nuestra cultura gastronómica nos protegen de este efecto.

El British Medical Journal acaba de publicar un estudio en el los investigadores se preguntaban precisamente si este fenómeno se daba solo en EEUU y en cadenas de comida rápida. Las conclusiones recogen que “los menús con muy alto contenido calórico se presentan tanto en restaurantes convencionales como en los fast-food y es un fenómeno generalizado que probablemente está tras la obesidad global y ofrece una oportunidad de intervención”.

La evidencia científica

Aunque de forma intuitiva podríamos decir que si nos sirven más comida comemos más, para saber si es un problema a abordar tenemos que analizar los datos científicos.

Una revisión Cochrane de 2015 encontró que consumimos más alimentos y bebidas si se nos ofrecen en raciones más grandes. Este mecanismo también afecta al comportamiento alimentario y el peso de los niños.

Por otro lado, reducir el tamaño de las raciones tiene un impacto en el mismo sentido en el peso corporal. Una investigación publicada en American Journal of Clinical Nutrition ha encontrado que, al servir porciones más pequeñas, cambia a la baja la percepción sobre lo que constituye una “ración normal” y posteriormente, cuando se ofrece comida libremente, se reduce la cantidad ingerida. Es decir, ajustamos de nuevo nuestro criterio a nuestras necesidades.

Es importante recordar que la cantidad de comida que nos servimos los adultos condiciona también las raciones que consideramos adecuadas para los niños. Por lo tanto, cobra todavía más sentido lo que mi compañero de sección Julio Basulto expresa siempre: hay que respetar el apetito de los niños. No podemos forzarles a comer lo que nosotros consideramos “normal” porque, como hemos visto, probablemente no lo sea.

Enfrentar el problema

Las cifras llevan alertándonos años: casi el 40% de la población adulta española presenta sobrepeso y más del 20% sufre obesidad. Si seguimos por este camino, la previsión es que en el año 2030 el 55% de las mujeres y el 80% de los hombres de nuestro país tenga exceso de peso. Si estuviésemos hablando de otra patología, estaríamos desesperados por prevenirla.

Reducir el tamaño de las raciones no va a cambiar esta tendencia. Pero, como ya apuntaba Marion Nestle en el año 2002, incorporarlo como una estrategia más dentro de los planes de acción contra la obesidad, educar a los niños y reeducar a los adultos, sí son herramientas útiles.

Reino Unido está estudiando, entre otras medidas, prohibir las ofertas 2×1, los alimentos insanos junto a las cajas de los supermercados, las bebidas azucaradas rellenadas sin coste en los restaurantes y la venta de “bebidas energéticas” a menores de 16 años.

¿Radical? No. Lo radical es ver cómo se cronifica una enfermedad y no aplicar las medidas que pueden atajar su avance.

 

La dieta de Meghan Markle: es vegana de lunes a viernes

20 minutos / Best Health

El estilo de vida de Meghan Markle ya marcaba tendencia antes de convertirse en esposa del príncipe Harry de Inglaterra. Aficionada al yoga —algo que le viene de familia, ya que su madre, Doria Ragland, es instructora de yoga—, al pilates y al running, Markle también sigue una dieta vegana, es decir, que no consume nada de origen animal, incluidos huevos o productos lácteos. Eso sí, solo lo hace de lunes a viernes. Según explicaba en una entrevista para la revista Best Health y que recoge Telva, la recién casada es vegana, aunque con excepciones: “Cuando estoy rodando soy consciente de lo que como. Intento ser vegana durante la semana y tengo un poco más de flexibilidad los fines de semana”, cuenta.

No obstante, la exactriz indicaba en esa misma entrevista que no restringe demasiado lo que come. “Es una cuestión de equilibrio. Debido a que trabajo de este modo, no quiero sentir que me prohíbo cosas. No es una dieta, es un estilo de vida alimenticio”, aclara. Además, a la esposa del príncipe Harry le encanta cocinar, y así lo demostraba en su propio blog, The Tig, cerrado desde abril de 2017. Entre sus aperitivos favoritos, confesaba que su nevera está siempre repleta de hummus y zanahorias. También es una gran fan de los zumos verdes, la leche de almendras y el pudin de semillas de chía.

Esta es la dieta que sigue Shakira para mantener un abdomen plano

Incluye alimentos bajos en calorías y un arduo entrenamiento físico

Belelu

No podemos negar que Shakira tiene una figura envidiable, incluso después de haber dado a luz. Esto lo ha logrado gracias a una rutina de ejercicios, pero sobre todo a una dieta específica recomendada por la entrenadora de las famosas, Tracy Anderson.

Anderson, quien ha trabajado con famosas como Madonna y Jennifer López, es conocida por sus estrictas dietas de 1200 calorías y por recomendar planes alimenticios controversiales, los cuales incluyen de 10 a 14 frascos de comida para bebé durante el día, 2 litros de agua diaria, frutas y mucho, pero mucho entrenamiento físico.
Sin embargo, Tracy Anderson no fue tan estricta con Shakira y la dieta de la colombiana es saludable y baja en calorías. Aquí te presentamos su régimen alimenticio que le ha permitido bajar de peso:

Desayuno: una tostada de pan integral con futas y un vaso de naranja y té. (Shakira no bebe café, ni toma alcohol ni tampoco fuma).

Antes de almuerzo: si siente hambre puede comer toda la cantidad de frutas que desee más un yogur bajo en calorías.

Almuerzo: la cantante se alimenta de ensaladas combinadas con algún tipo de carnes magras (pollo, pavo o pescado) y como postre más frutas.

Cena: consiste en sopa de verduras, una rebanada de pan integral, ensaladas, una fruta a elección y gelatina dietética.

En cuanto al ejercicio, Shakira actualmente se entrena con la personal trainer Anna Kaiser, quien reveló a la revista Lipstick que la colombiana se ejercita cinco días a la semana, tres de ellos con un entrenamiento cardiovascular que incluye baile y dos veces por semana realiza 45 minutos de ejercicios para tonoficar el cuerpo.