Las mujeres con obesidad y una dieta rica en sal tienen más riesgo cardiovascular que los hombres

La enfermedad cardiaca es ahora la tercera causa principal de muerte entre la población femenina de entre 20 y 44 años.

Heraldo / Europa Press

Las mujeres con obesidad y una dieta rica en sal tienen más riesgo cardiovascular que los hombres, Pixabey

Las mujeres con obesidad y una dieta rica en sal tienen más riesgo cardiovascular que los hombres, según ha puesto de manifiesto un estudio llevado a cabo por investigadores de la Augusta University (Estados Unidos) y ha sido presentado en el ‘American Physiological Society Annual Meeting at Experimental Biology 2021’.

La hormona sexual estrógeno, que tiene algunos poderes protectores, como mantener los vasos sanguíneos más flexibles, se considera una protección natural para las mujeres premenopáusicas, sin embargo, junto con las crecientes tasas de obesidad severa en las mujeres jóvenes, la enfermedad cardiaca es ahora la tercera causa principal de muerte entre la población femenina de entre 20 y 44 años.

En este sentido, los investigadores han avisado de que la obesidad y el alto consumo de sal son riesgos aún mayores para las mujeres porque tienen niveles naturalmente más altos de dos hormonas adicionales, leptina y aldosterona, las cuales preparan el escenario para las disparidades cardiovasculares potencialmente mortales.

“Muchos de nosotros probablemente pensamos en la leptina como la ‘hormona de la saciedad’ que envía a nuestro cerebro señales para dejar de comer cuando nuestro estómago está lleno, pero en la obesidad, el cerebro normalmente deja de escuchar el mensaje completo, pero el sistema cardiovascular de las mujeres comienza a recibir señales poco saludables”, han detallado los expertos.

Y es que, han demostrado que en las mujeres la leptina hace que las glándulas suprarrenales, que producen aldosterona, produzcan aún más de este poderoso constrictor de vasos sanguíneos. Al igual que la leptina, las mujeres, independientemente de su peso, ya tienen niveles naturalmente más altos de aldosterona y también glándulas suprarrenales más grandes.

La obesidad en realidad produce mayores aumentos de presión arterial en las mujeres, y los estudios indican que las mujeres también son más propensas a la disfunción vascular asociada a la obesidad, cosas como vasos sanguíneos más rígidos que no son tan hábiles como la dilatación. Por otro lado, la leptina aumenta la producción del óxido nítrico vasodilatador, el cual reduce la presión arterial, en los ratones machos, una de las muchas diferencias cardiovasculares que están encontrando entre machos y hembras.

Debido a que las mujeres ya producen más aldosterona, y la respuesta normal del cuerpo cuando se ingiere mucha sal es producir aún más aldosterona para ayudar a eliminar parte de ella, por ello, los expertos proponen ahora que las mujeres pueden tener una capacidad deteriorada para reducir la aldosterona, lo que las hace más sensibles a la sal.

Crononutrición: ¿cenar tarde influye en el peso?

Todo el patrón horarios diario de comidas puede influir en la obesidad y tener efectos negativos sobre la salud, según una serie de estudios.

Clarín

Cada vez más estudios ponen el acento no sólo en lo que se come -aspecto fundamental de una buena nutrición- si no en cuándo, es decir, en qué momentos y en qué rango horario las personas realizan sus ingestas. En ese sentido, una serie de trabajos realizados en los últimos años por un equipo de investigadores de la Universidad de Murcia (UMU), en España, concluyeron que comer y cenar tarde y el uso de pantallas antes de dormir inciden directamente sobre los índices de grasa corporal y marcan el ritmo de pérdida de grasa en un proceso de adelgazamiento, además de aumentar los riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Los ensayos fueron liderados por la catedátrica de Fisiología Marta Garaulet y sus resultados fueron publicados en el transcurso del año en seis artículos publicados en las principales revistas científicas dedicadas a la nutrición en Europa y Estados Unidos.

Los estudios van desgranando los porqués del efecto de las horas de ingesta de alimentos; un camino empezado en el año 2013 con la publicación de los resultados de un estudio que abrió en todo el mundo el camino a la investigación en la crononutrición.

Aquel primer estudio, publicado en la International Journal of Obesity, y que se convirtió en uno de los más citados en su campo en el mundo, demostraba que comer después de las tres de la tarde ralentizaba el proceso de pérdida de peso.

Las investigaciones posteriores en esta línea seguida por Garaulet acaban de demostrar, en un artículo publicado en la American Journal of Clinical Nutrition, que no solo la hora tardía del almuerzo influye, sino que es todo el patrón horarios diario de comidas el que es determinante como causa de obesidad y que tiene efectos negativos sobre la salud.

El estudio, que implicó a 3.660 adultos (la mayoría mujeres, con una mediana de edad de 41 años), demostró que quienes tienen un punto medio de ingesta tardío tienen un índice de masa corporal (IMC) más alto ( el IMC define los parámetros de delgadez, sobrepeso y obesidad), tienen los triglicéridos más elevados y presentan una mayor resistencia a la insulina; factores que determinan un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

¿Y qué es el punto medio de ingesta? Es el resultado del número de horas desde el inicio del desayuno hasta el de la cena, dividido entre dos y sumado a la hora del desayuno. Por ejemplo: una persona que desayuna a las 7.00 y cena a las 20.30 horas tendrá un punto medio de ingesta a las 13.30 horas. En otro caso, una persona que desayune a las 10.00 y cene a las 23.00 tendrá su punto medio de ingesta a las 16.30.

Este último estudio de Garaulet concluyó que cada hora de retraso de ese punto medio de ingesta implica un kilo menos de pérdida de peso en un proceso de 19 semanas de tratamiento.

El estudio del comportamiento de las personas voluntarias de este ensayo también estableció que los comedores tardíos tienden a comer más cuando están estresados, que lo hacen principalmente por la noche, de forma compulsiva, mientras ven la televisión, y que presentan menos motivación para cuidarse.

“Estos resultados deberían ayudar a diseñar terapias específicas para comedores tardíos, ayudarlos principalmente a controlar el estrés y establecer rutinas que mejoren sus hábitos”, explica Garaulet.

La razón metabólica de por qué la hora de las ingestas influye tanto se encontró en una enzima que ayuda al cuerpo a quemar grasa, y cuya máxima actividad es por la noche. Cuando cenamos tarde, la actividad de esta enzima disminuye a la tercera parte.

Se trata de la Lipasa Sensible a Hormonas (LSH), cuya actividad va cambiando a lo largo del día y que cuanto más rinde es a medianoche. Una cena tardía confunde a esta enzima, que entiende que no tiene que movilizar la grasa.

Este estudio del equipo de Marta Garaulet junto con el doctor Juan Antonio Luján, del hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, contó con la colaboración de investigadores de Harvard, del Instituto Karolinska de Estocolmo y de la Universidad de Granada.

Las investigaciones concluyen en que la hora apropiada para cenar es 2,5 horas antes de irse a dormir, ya que cenar más tarde de esa hora supone, además de una mayor propensión a la obesidad, un aumento de los valores de glucosa en sangre.

En este sentido, se demostró que esto ocurre en personas con un polimorfismo específico en el receptor de la melatonina, que se da en la mitad de la población.

Comer tarde y con pantallas puede tener impacto negativo en la salud. Imagen ilustrativa Shutterstock.

Comer tarde y con pantallas puede tener impacto negativo en la salud. Imagen ilustrativa Shutterstock.

A qué hora deben cenar los más chicos

La hora de las ingestas no tiene solo influencia en los adultos, sino que también es un problema que se presenta en niños y niñas. En este sentido, un estudio realizado chicos de entre 8 y 12 años, y publicado en Nutrition, permite concluir que aquellos que cenan después de las 20.45 horas presentan el doble de obesidad que los que cenan antes porque gastan menos energía en la metabolización de los alimentos de la cena.

Además, la investigación demostró que la inflamación es 1,8 veces mayor en los niños que cenan más tarde, en comparación con aquellos que comen más temprano, lo que influye en valores más altos de la proteína C Reactiva (PCR), un marcador de riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares en el futuro.

En los menores es también de vital importancia la hora del sueño y, especialmente, los hábitos que tienen antes de irse a dormir. Otro estudio, también con chicos de la misma franja de edad, arroja resultados que indican que quienes presentan un cronotipo vespertino, es decir, que se mantienen activos en las últimas horas del día, suelen estar expuestos a más luz de pantallas antes de ir a la cama que el resto, hasta más de 50 lux, lo es equivalente a tener cincuenta velas encendidas a la vez cerca del rostro.

Estos hábitos pueden retrasar la activación de la melatonina, hormona de la noche, hasta tres horas, con lo que se retrasa el centro del sueño y los niños se despiertan en pleno sueño restaurador. ¿El impacto? Rinden menos en la escuela, tienen peor capacidad de concentración y suelen tener más bajas calificaciones.

Los resultados negativos también se observan en adultos jóvenes en un estudio realizado entre individuos de 19 y 23 años de la Región de Murcia y México (publicado en Clinical Nutrition). Este estudio demostró que quienes tienen un cronotipo vespertino presentan triglicéridos más altos y riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Día Mundial de la Obesidad 2021, los datos que explican su importancia

OKDIARIO

El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. En el día mundial de la obesidad 2021 hay que conocer los datos que explican que se deba acabar con este problema de una vez por todas.

La OMS da a conocer que el índice de masa corporal (IMC) es un indicador simple de la relación entre el peso y la talla que se utiliza frecuentemente para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos. Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2).

En España

Sanidad explica algunos datos referentes a la obesidad en España. En la población adulta española (25-60 años) la prevalencia de obesidad es del 14,5% mientras que el sobrepeso asciende al 38,5%. Esto es, uno de cada dos adultos presenta un peso superior a lo recomendable. La obesidad es más frecuente en mujeres (17,5%) que en varones (13,2%).

En el mundo

  • Desde 1975, la obesidad se ha casi triplicado en todo el mundo.
  • En 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos.
  • En 2016, el 39% de las personas adultas de 18 o más años tenían sobrepeso, y el 13% eran obesas.
  • La mayoría de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad se cobran más vidas de personas que la insuficiencia ponderal.
  • En 2016, 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos.
  • En 2022 habrá más población infantil y adolescente con obesidad que con insuficiencia ponderal

Niños y adolescentes

En el día mundial de la obesidad 2021, los organismos internacionales están preocupados especialmente por la población infantil y adolescente.

Según la OMS; el número de niños y adolescentes de edades comprendidas entre los cinco y los 19 años que presentan obesidad se ha multiplicado por 10 en el mundo en los cuatro últimos decenios.

Las tasas mundiales de obesidad de la población infantil y adolescente aumentaron desde menos de un 1% (correspondiente a 5 millones de niñas y 6 millones de niños) en 1975 hasta casi un 6% en las niñas (50 millones) y cerca de un 8% en los niños (74 millones) en 2016.

Estas cifras muestran que, conjuntamente, el número de individuos obesos de cinco a 19 años de edad se multiplicó por 10 a nivel mundial, pasando de los 11 millones de 1975 a los 124 millones de 2016. Además, 213 millones presentaban sobrepeso en 2016, si bien no llegaban al umbral de la obesidad.

Los autores afirman que, si se mantienen las tendencias observadas desde 2000, los niveles mundiales de obesidad en la población infantil y adolescente superarán en 2022 a los de la insuficiencia ponderal moderada o grave en el mismo grupo de edad.

Por qué con la pandemia de Covid-19 urge más que nunca perder los kilos que nos sobran

La obesidad duplica la probabilidad de ser ingresado en un hospital y eleva en un 48% la mortalidad

ABC, por Miguel A. Martínez González y Francisca Lahortiga Ramos

La conocida cuesta de enero de este año -en cuanto a quitarse kilos se refiere- se unió al reto de afrontar la tercera ola de la pandemia. La razón es triple: la obesidad eleva en casi un 50% la probabilidad de infectarse por Covid-19, duplica la probabilidad de ser ingresado en un hospital y eleva en un 48% la mortalidad. Con esos datos, parece indiscutible que nunca ha sido tan necesario como ahora protegerse y volver al peso saludable.

Lo grave del asunto es que el número de obesos en el mundo se ha incrementado desde unos 100 millones en 1975 a 700 millones actualmente. Como contamos en el libro «¿QUÉ COMES? Ciencia y conciencia para resistir» (Planeta, 2020), la pandemia de coronavirus pasará a la historia, pero desaparecerá; la de obesidad parece que está aquí para quedarse.

La mejor evaluación del daño que hace el exceso de peso la proporciona el «Global Burden of Disease» (GBD-2017). En este estudio valoraron a 68,5 millones de niños y adultos en 195 países entre 1980 y 2015, y cuantificaron la carga de enfermedad relacionada con un alto índice de masa corporal (IMC). Concluyeron que nada menos que 4 millones de muertes anuales en el mundo se debían al alto IMC.

Aunque el IMC no es un indicador perfecto, ya que puede elevarse en personas con mucha masa muscular, es el más usado y práctico. Se calcula dividiendo el peso (en kilos) entre la talla (en metros) elevada al cuadrado. Así, una persona que pese 80 kg y mida 1,70 m tendrá un IMC de 27,68 (porque 80 entre 1,7 al cuadrado es igual a 27,68).

Lo ideal es que el IMC esté aproximadamente en 22. El sobrepeso se define como un IMC superior a 25 y la obesidad, a 30. En el estudio GBD-2017, casi el 40% del exceso de muertes se daba en personas con sobrepeso u obesidad.

Comer menos

Podríamos seguir décadas hablando de genes y moléculas -buscando los culpables de la obesidad- mientras se constata lo mal que se están ejerciendo las acciones más básicas de prevención y salud pública. La paradoja es que en ningún otro país se ha investigado tanto en estos genes y moléculas como en EE.UU., que es donde más suben las tasas de obesidad mórbida. Uno de cada 12 estadounidenses ya es candidato a cirugía bariátrica –popularmente conocida como «reducción de estómago»–.

No hay que engañarse culpando a genes y moléculas. La rama no puede tapar el bosque. Lo que hay que hacer es comer menos (el mensaje que a ninguna industria alimentaria le interesa). Hace falta fuerza de voluntad. Empeño. Decisión libre. Control. Pero esto parece cada vez más difícil en una cultura dominada por un materialismo atroz y donde los ciudadanos son poco más que minions o títeres en manos de poderosos intereses comerciales de esas grandes corporaciones que venden comida y bebida basura.

El reto de superar la obesidad no es solo fisiológico, sino psicológico y cultural. Una cultura consumista y hedonista deja indefenso al ciudadano y propicia las conductas obesogénicas. Quizás falta decisión, valentía y radicalidad para confrontar en sus raíces un profundo déficit cultural.

Evidentemente nos estamos refiriendo a situaciones en que la obesidad no es consecuencia de una patología orgánica (por ej. un trastorno hipotalámico) o una enfermedad psiquiátrica (por ej. una bulimia nerviosa o un trastorno por atracones). Aquí no es sólo el ejercicio de la voluntad, sino que será necesario poner remedio a la enfermedad para solucionar la obesidad.

Otra excepción es cuando existen trastornos depresivos, y, sobre todo, trastornos de ansiedad, que dan lugar a sobreingestas o incluso atracones de comida que llevan a un estado de obesidad. En estos casos la resolución de la ansiedad será la única forma de atajar la obesidad. Evidentemente, estas son situaciones que explican sólo un pequeño porcentaje de los casos de obesidad.

Informar sin estigmatizar

Pero decir que en el siglo XXI el Homo sapiens ha dejado de alimentarse sabiamente y que los excesos se pagan, podría interpretarse como un ejercicio de crueldad equivalente a culpabilizar a las víctimas. ¿Se está estigmatizando a los obesos al decirles que quitarse ese sobrepeso pertenece a su libre albedrío? El estigma es dañino. Puede crear un círculo vicioso al aumentar la ansiedad y la depresión que a su vez podrá acompañarse de atracones.

Debe distinguirse el estigma –que sería toda representación o comentario peyorativo, despectivo o inculpador–, del derecho a poder decir la verdad científica. No se puede invocar el miedo al estigma para acallar la verdad científicamente demostrada. Siempre se puede decir la verdad con respeto, empatía y afecto. No se podría hacer educación nutricional si no se admitiese que los seres humanos somos libres y tenemos en nuestra voluntad las riendas de nuestra conducta.

Es preciso confrontar los determinantes económicos, sociales y culturales que han creado ambientes obesogénicos. Cierto. No todo es educación para cambiar conductas personales. Pero tampoco todo es estructura y economicismo. Hay que actuar a ambos niveles (educación personal y acción de abogacía social). Siempre con respeto, tacto, empatía, sinergia y brindando el oportuno apoyo psicológico.

Miguel A. Martínez González. Catedrático de Salud Pública, Universidad de Navarra.

Francisca Lahortiga Ramos. Consultor Clínico, Universidad de Navarra.

Este artículo fue publicado originalmente en The Converstion.

¿Por qué seguimos comiendo a pesar de estar llenos?

CuidatePlus, por Alicia Cruz

En los atracones participan tanto el aspecto psicológico como el fisiológico

Comer es uno de los grandes placeres de la vida y para muchos, el mayor. El problema es que este tipo de goce se disfruta más en pequeñas dosis, premisa que no siempre se cumple. Los atracones son muy característicos en fechas tan señaladas como la Navidad, así como en todo tipo de compromisos sociales como los cumpleaños o las bodas. Ver tantos platos suculentos es algo que nos lleva casi a la locura. Presos del hambre, nos abalanzamos sobre ellos. Lo curioso es que, una vez que estamos saciados y sentimos que no nos cabe ni un granito de arroz más, seguimos comiendo sin control. ¿Por qué ocurre esto?

“Esto es debido principalmente a dos factores: por un lado, la abundancia de diversos platos muy llamativos y atractivos que no solemos comer durante el resto del año; y por otro, el efecto de ‘presión de grupo’ en el que el hecho de que todas las personas de nuestro alrededor sigan comiendo nos incita a imitarles inconscientemente”, responde María González, psicóloga del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Por su parte, Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía de la misma institución, explica que estos “alimentos adictivos” suelen ser ricos en grasasazúcares o harinas refinadas y que, más allá de cubrir nuestra sensación de apetito, “tienen un impacto más bien emocional en el ámbito de los neurotransmisores, es decir, en nuestra sensación de felicidad y de satisfacción”.

En este sentido, el experto comenta que es difícil separar el aspecto psicológico del bioquímico en este proceso porque, aunque es cierto que el primero es el que provoca un determinado comportamiento, siempre está respaldado por el elemento fisiológico. “En cuanto a la sensación de hambre hay involucradas múltiples hormonas y neurohormonas. Una de ellas, dentro del ámbito de la saciedad, sería la grelina, que se segrega en la parte superior del estómago entre 15 y 20 minutos después de haber empezado a comer”, detalla el dietista, que añade que esta es la razón por la que en muchas ocasiones, tomamos un aperitivo y, cuando llegamos a la comida principal, ya no tenemos hambre.

Bravo alude, además, a la leptina, una hormona que también regula el apetito y que se segrega en las células grasas. “Cuando medimos la leptina en el IMEO, vemos que las personas que tienen un porcentaje de grasa saludable tienen unos niveles de esta hormona más bajos, y aquellos con una composición corporal que presenta un mayor índice de grasa empiezan a segregar resistencia a la leptina”. Esto quiere decir que cuanto más se distancia un individuo de su porcentaje de grasa saludable, hay una menor capacidad para controlar los niveles de saciedad. “Esto lo vemos más claramente en personas con tendencia genética hacia la obesidad”, expresa.

La tercera hormona vinculada a la sensación de hambre es la insulina. Sobre ella, el nutricionista manifiesta que “claramente, los alimentos ricos en azúcares generan picos de insulina y de azúcar en sangre y, como consecuencia, crean mayor sensación de hambre y ansiedad”.

Sobre el aspecto psicológico que participa en este proceso de comer de manera impulsiva a pesar de estar llenos, Bravo destaca dos neurotransmisores:  la serotonina y la dopamina, vinculados a la sensación de felicidad y de calma. “Determinados alimentos ricos en azúcar, grasas saturadas o harinas simples tendrían un impacto sobre estos dos neurotransmisores. Por decirlo de alguna forma, estos tipos de productos nos generaría tranquilidad y felicidad. Se trata de un impacto muchísimo más grave en personas con tendencia genética a la obesidad o que desde la infancia o adolescencia comen estos alimentos cuando se sienten con ansiedad o tristes”, expone el especialista. En definitiva, se produce una corrección sobre el estado de ánimo. 

¿Comemos más cuando estamos en compañía?

“El entorno es crucial”, asegura Bravo. El dietista declara que, si tenemos a nuestro alrededor personas que se cuidan y la alimentación que siguen es saludable, es mucho más fácil mantener una dieta equilibrada. No obstante, si, por el contrario, nuestro entorno no sigue un régimen adecuado, desde la selección de ingredientes o de menús, su comportamiento repercutiría en el nuestro. “Tendríamos una mala influencia que nos dificultaría tener una forma correcta de alimentarnos”, indica.

González hace referencia, de nuevo, a la llamada presión de grupo: “Hay personas que si, por ejemplo, están siguiendo un plan nutricional para adelgazar, pueden limitarse a la hora de comer por las expectativas que su entorno tiene sobre ella, viviendo estos momentos con gran tensión. A veces, esto es lo que ocasiona que se produzcan los atracones en solitario tras las comidas familiares”.

Es frecuente que también ocurra que después de comer hasta saciarnos por completo, volvamos a sentir hambre poco tiempo después, ¿por qué ocurre esto? González señala que “en estos casos, aunque físicamente estemos saciados, emocionalmente podemos querer cubrir una necesidad con la comida, como puede ser la ansiedad de un encuentro familiar, el cansancio acumulado o, incluso, reforzar en positivo la ilusión del momento”. 

La obesidad masculina aumenta en Japón

El número de hombres obesos está aumentando en Japón a pesar de que muchas de estas personas son conscientes de que pueden mejorar sus hábitos alimentarios y hacer ejercicio.

Nippon.com

La encuesta anual sobre salud y nutrición nacional en Japón, realizada por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, revela que la obesidad masculina ha continuado creciendo desde 2013. Los resultados de 2019 sugieren que el 33,0 % de los hombres tienen sobrepeso dado su índice de masa corporal promedio de 25 o más, 4,4 puntos superior al de 2013. El promedio de personas con sobrepeso era del 39,7 % entre los hombres de entre 40 y 49 años y del 39,2 % en aquellos de entre 50 y 59 años. En cuanto a las mujeres, el promedio total fue del 22,3 %, 2,0 puntos porcentuales más que en 2013. Hay una proporción menor de mujeres obesas en comparación con los hombres en todos los grupos de edad.

El porcentaje de hombres y mujeres que no mostraron interés o intención de mejorar sus hábitos alimenticios y de entrenamiento aumentó entre el 30 % y el 40 %. De acuerdo con las respuestas ofrecidas por los encuestados, lo que les impide con más frecuencia mejorar sus hábitos son responsabilidades como el trabajo, las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Algunos encuestados también confesaron que no había una razón en particular o simplemente afirmaron que era muy “fastidioso”.

sta encuesta se realiza cada año para evaluar el estilo de vida de la población de Japón. En 2019, 4.496 hogares fueron elegidos al azar y se recibieron respuestas válidas de 2.836 de ellos.

(Fotografía del encabezado© Pixta.)

Cómo perder grasa corporal: consejos para el éxito

Sport.es

Saber cómo reducir la grasa corporal en la práctica no es fácil, aunque tengamos acceso a múltiples fuentes. No siempre tenemos la información adecuada, y mucho menos ponemos en práctica los hábitos necesarios correctamente.

El exceso de grasa puede acarrear sobrepeso y obesidad, con los riesgos que eso conlleva para la salud. Se disparan las posibilidades de sufrir diabetes, presión arterial, colesterol, ataques cardíacos, apnea del sueño cálculos biliares e incluso algunos tipos de cáncer.

Qué es la grasa corporal

La grasa corporal es una sustancia de nuestro cuerpo con funciones como la protección de órganos, el recubrimiento de las articulaciones o el control de las temperaturas. Pero, sobre todo, representa las reservas de energía que tiene el organismo. Por lo tanto, no es mala en sí misma, sino en exceso.

Hay demasiada grasa cuando se consumen más calorías de las que se necesitan, y si cuesta deshacerse de ella es porque el cuerpo tiene que consumir el glucógeno de los depósitos antes de comenzar a quemar las reservas de grasa.

Habitualmente se ha utilizado el índice de masa corporal (IMC) como indicador, y este es resultado de la relación peso-altura. Sin embargo, el IMC no tiene en cuenta si lo que se está perdiendo es grasa, agua o músculo, por lo que no es el indicador adecuado.

Cómo medir la grasa corporal

Pero si no es el IMC, ¿qué variable se puede usar para medir la grasa? Desde Nutrición Pereira recuerdan que la prueba más fiable es DEXA, siglas de Dual Energy X-ray Absorptiometry. Pero es cara y solo la llevan a cabo algunos/as médicos/as.

También funcionan las básculas de bioimpendencia, que han causado furor en los últimos años. Algunos modelos incluso se pueden sincronizar con el teléfono inteligente y, aunque no tiene la efectividad de la prueba anterior, si resulta fiable. Lo que hace es una medición estimada usando una corriente eléctrica de baja potencia.

Cuál debe ser el porcentaje de grasa

Una vez midas tu grasa corporal, sabrás si estás en valores adecuados consultando los porcentajes de referencia, aunque estos varían en función de la edad o el sexo.

Una mujer siempre va a tener más grasa corporal por los estrógenos, hormonas sexuales que hacen que se acumule para, entre otras cosas, prepararse para un posible embarazo.

En ellas se suele considerar como porcentaje idóneo el que está entre el 14% y el 25%. Tendrán sobrepeso las mujeres que estén entre el 26% y el 45%, y se considerarán obesas las que tienen un 45% o más.

Un hombre tiene menor cantidad de grasa, así que los valores estarán prácticamente en la mitad con respecto a ellas. El porcentaje idóneo está entre el 7% y el 19%, de manera que se considerará sobrepeso si está entre el 20% y el 40% y obesidad si llega al 40% o lo supera.

Tanto en ellas como en ellos, llegar a los niveles propios de la obesidad se considera peligroso por los problemas de salud que puede acarrear. Empezar a cuidarse se vuelve urgente.

¿Existen dietas para perder grasa?

Una dieta saludable y equilibrada tiene que ayudar a perder peso y reducir grasa corporal. Con esto queremos decir que las dietas muy hipocalóricas, las denominadas “milagro” o la opción de pastillas quemagrasas serán contraproducentes.

Es necesario que interiorices que cuando emprendes una dieta no solo debes perseguir el objetivo de bajar de peso, no. Lo que debes intentar es instaurar esos hábitos saludables en tu día a día para poder cuidarte, luego debes preguntarte: ¿es realista la dieta que sigo como para poder mantenerla siempre sin poner en riesgo mi salud?

El nutricionista Carlos Aznar explica al blog especializado Quiero Cuidarme, de DKV Salud, que la dieta debe seguir cuatro principios básicos: variedad, frecuencia, moderación e hidratación. Variedad porque debe incluir todos los grupos de alimentos para obtener los nutrientes necesarios, y frecuencia para mantener el equilibrio hormonal y energético.

El principio de moderación nos lleva a la pregunta: ¿es necesario pasar hambre para bajar de peso? Tienes que distinguir entre el hambre fisiológico y el emocional. El primero se termina cuando estás satisfecho/a, pero para la segunda no encontrarás plenitud en la comida.

Así pues, la respuesta es no: no tienes que pasar hambre real, porque la emocional debes controlarla hasta que desaparezca. Se trata de un camino largo que requiere identificar qué te crea esa sensación negativa y cómo puedes actuar para que no aparezca antes de calmarla con comida. Pero merece la pena recorrerlo para ganar en bienestar, lo que explica que el coaching y la psicología nutricional estén ganando tanto peso.

Cómo perder grasa corporal

Entre los pilares para el bienestar están la alimentación, el ejercicio físico y el descanso. En torno a estos tres capítulos se ordenan los mejores consejos que podemos darte, porque reiteramos que ni pastillas ni dietas milagro te van a servir.

Alimentación

Los alimentos que ayudan a reducir la grasa corporal son aquellos que nos sacian sin aportar muchas calorías, pero sí nutrientes suficientes. Hablamos de frutas y verduras, pescados, huevos, carnes, frutos secos, legumbres y arroz. Con todo ellos se puede componer un menú semanal saludable sin necesidad de recurrir a nada más.

Es importante reducir al máximo los alimentos que proporcionan mucha energía de manera rápida, es decir, azúcar, harinas y arroces refinados. Están presentes en la mayoría de pastas, arroces y panes que consumimos en la actualidad, así que habría que reducirlos al 10% al que nos insta el nutricionista Carlos Ríos a través del movimiento Realfood.

Te ponemos ejemplos de menús saludables para perder grasa extraídos de la app MyReal Food en la versión Plus, detrás de la cual está el equipo de nutricionistas de Carlos Ríos. También ayudan a identificar malos y buenos procesados.

Dieta omnívora


Son cuatro menús que puedes repetir en alguna ocasión hasta completar la semana.

Menú 1

  • Desayuno: Bol con arroz inflado, copos de maíz, yogur proteico, plátano y crema de cacahuete.
  • Comida: Albóndigas de pollo al curry con cuscús.
  • Snack: Nectarina con yogur proteico.
  • Cena: Garbanzos con tomate.

Menú 2

  • Desayuno: Tostadas con aguacate, queso fresco y nueces.
  • Comida: Macarrones con carne y verduras.
  • Snack: Yogur con nueces.
  • Cena: Ensalada de mango y mozzarella.

Menú 3

  • Desayuno: Batido de arándanos y queso fresco con cereales y fruta
  • Comida: Garbanzos con espinacas.
  • Snack: Pudin de chía con frambuesa.
  • Cena: Ensalada caliente de higos y quesos.

Menú 4

  • Desayuno: Bol de yogur y fruta.
  • Comida: Espaguetis de guisantes con falsa boloñesa (hecha con soja texturizada).
  • Snack: Tarta de queso proteica.
  • Cena: Tortilla completa con verduras y queso.

Dieta vegetariana


Como en el caso anterior, puedes repetir cada menú hasta hacer la semana completa.

Menú 1

  • Desayuno: Pudin de chía con plátano y almendras.
  • Comida: Tortilla jugosa con patatas cocidas y calabacín.
  • Snack: Crudités de verdura con salsa de yogur.
  • Cena: Tofu con edamame y berenjena.

Menú 2

  • Desayuno: Tortitas de espinacas con queso.
  • Comida: Macarrones con champiñones y salsa de queso y huevo.
  • Snack: Tostada con yogur y melocotón.
  • Cena: Hamburguesas con soja texturizada y ratatouille.

Menú 3

  • Desayuno: Porridge con plátano, yogur y frutos secos.
  • Comida: Verduras con tempeh y patata.
  • Snack: Copa de yogur con fruta, cereales y frutos secos.
  • Cena: Zoodles (calabacín cortado en espirales) con boloñesa de soja.

Menú 4

  • Desayuno: Tostadas con aguacate, queso fresco y nueces.
  • Comida: Espaguetis con soja texturizada y verduras.
  • Snack: Yogur con cacao desgrasado en polvo.
  • Cena: Ensalada de alubias.

Como ves, se trata de componer menús variados en los que puedas innovar utilizando alimentos que puedes encontrar fácilmente en el supermercado. Así no te aburrirás y disfrutarás comiendo de forma saludable.

Un buen menú es, además, sostenible y ahorrador: propone diferentes recetas basadas en los mismos ingredientes para el máximo aprovechamiento.

Actividad física

Los ejercicios aeróbicos son,a priori, los más efectivos para bajar grasa. Hablamos del cardio, que puede ser tan variado como andar rápido, usar la elíptica, correr, asistir a una clase de zumba, a una sesión de spinning o practicar natación.

Según un estudio publicado en la Revista Médica Chile sobre disminución de la grasa, el entrenamiento intermitente de alta intensidad funciona bien para perder grasa corporal. La investigación estuvo motivada por el hecho de que, aunque el ejercicio físico es bueno en cualquier caso, no hay consenso en torno a qué es más eficiente para perder grasa.

Para su desarrollo se estudió la evolución de personas con sobrepeso y obesidad que se sometieron a 12 sesiones de entrenamiento intermitente de alta intensidad, lo que en los gimnasios se acorta comúnmente como clases de HIIT (High Intensity Interval Training). Redujeron grasa, ganaron masa muscular y, además, se constató un incremento de la capacidad aeróbica.

Tampoco hay que olvidar el entrenamiento de fuerza, así que deberías incorporarlo en tu rutina semanal en casa o en el gimnasio. Es útil para eliminar la grasa localizada en el abdomen, esa barriga que nos trae de cabeza, pero debe estar bien compensado.

Así, aunque no podamos presentar un plan de entreamiento tipo ya que este dependerá de muchos factores como la condición física previa, el grado de sobrepeso, patologías existentes, el tiempo disponible y las preferencias de entrenamiento, entre otras variables, sí que podemos afirmar que con 4-5 días a la semana y una adecuada alternancia de estos entrenamientos descritos aquí, los resultados en la báscula no tardaran en llegar.

Descanso

Como recuerdan desde Jenn Health Group, nuestros hábitos determinan nuestros objetivos, ya sean estos perder grasa, mantenerse, aumentar la grasa muscular u otros.

El descanso influye en el funcionamiento correcto de nuestro metabolismo, hasta el punto de que hay personas que aun comiendo bien no logran perder peso por no dormir bien las horas necesarias. Es más, Jenn Health Group cita estudios que demuestran que las personas que no duermen bien tienden a comer más alimentos azucarados para poder mantener la energía.

Cuando no descansamos bien, aumenta la resistencia a la insulina, por lo que el organismo no procesa bien los carbohidratos. También caen los niveles de serotonina, que regula el apetito. Por eso es tan necesario identificar las causas que no permiten el buen descanso y actuar: estrés, ansiedad, preocupaciones excesivas o una mala alimentación que nos haría entrar en bucle.

En definitiva, saber cómo perder grasa conlleva todo un cambio de perspectiva y actitud que traerá los cambios. Eso es lo difícil, pero una vez te convenzas, implementes los nuevos hábitos y veas los beneficios, te resultará más sencillo mantenerte. Se trata de tu salud y tu bienestar.

Un estudio revela que los niveles altos de azúcar en sangre elevan la mortalidad del coronavirus

As, por Raul Izquierdo

El Hospital Regional Universitario de Málaga y el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga analizan la influencia de tener niveles altos de azúcar respecto al coronavirus.

Casi un año ha pasado desde que se detectara el primer caso oficial de la pandemia del coronavirus, pero muchas siguen siendo las incógnitas alrededor del SARS-CoV-2. Una de ellas ha sido resuelta por investigadores del Hospital Regional Universitario de Málaga y el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA).

Los niveles de azúcar en sangre también juegan un papel importante en las personas contagiadas por el patógeno. En su caso, según el estudio publicado en la revista científica Annals of Medicine, la tasa de mortalidad se eleva en aquellos pacientes que padecen hiperglucemia.

En el estudio se analizan muestras de 11.313 pacientes que fueron contagiados de coronavirus durante la primera ola de la pandemia en España, según han informado en un comunicado. Los pacientes fueron divididos en tres grupos, en función del grado de glucosa libre en sangre en el momento de recibir el alta.

Después de analizar todos los resultados, el equipo de investigadores llegó a la conclusión de que la tasa de mortalidad llegaba hasta un 41,1% en las personas que tenían hiperglucemia, con más de 180 miligramos por decilitro. Por contra, esta tasa bajaba hasta el 15% en aquellos que presentaban mucha menos azúcar en la sangre.

Por tanto, los investigadores destacan que la hiperglucemia supone otro factor de riesgo a tener en cuenta en la lucha contra el coronavirus, independientemente de la convivencia con otras enfermedades o la edad de los afectados.

Causas que aumentan el riesgo

El hecho de tener más azúcar en la sangre supone un mayor riesgo para los pacientes por varios motivos. El primero de ellos, destacan los investigadores, es que el páncreas, al ser el órgano que produce la insulina, facilita que el virus se quede en las células y las infecte.

Otra de las causas que eleva de forma considerable la tasa de mortalidad es la presencia en el organismo de otras infecciones virales, así como otras patologías que incrementan la presencia de azúcar en la sangre de forma puntual.

El jefe del servicio de Medicina Interna del hospital encargado del estudio, Ricardo Gómez Huelgas, señala que “el propio virus genera un estrés que hace que el organismo se asegure de disponer de reservar de energía incrementando el nivel de azúcar en sangre, algo contraproducente en caso de que la persona se infecte por la COVID-19″. Además, el facultativo destaca que esto se incrementa en las personas que padecen diabetes, pues parten en una situación de empeoramiento de salida.

El 40% de la población infantil en España de 6 a 9 años tiene exceso de peso, según el nuevo informe de ALADINO 2019

El estudio ALADINO que sale cada cuatro años y registra los cambios en los niveles de obesidad infantil en España,  muestra  que en el año 2019 la prevalencia de sobrepeso es del 23,3% y la prevalencia de obesidad del 17,3% en los escolares de 6 a 9 años de edad. Dentro de la obesidad, un 4,2% de los casos estudiados presentan obesidad severa.

Por sexo, el porcentaje de niñas con sobrepeso es significativamente mayor que el de niños, mientras que el porcentaje de obesidad y obesidad severa es significativamente superior en niños.

Por grupos de edad, el porcentaje de niños con sobrepeso aumenta en el grupo de 9 años (respecto a los grupos de edad menores), mientras que el de obesidad aumenta en los niños con 7 años, estabilizándose a partir de esa edad. En las niñas la prevalencia de sobrepeso no cambia con la
edad, mientras que la obesidad aumenta hasta los 8 años.
La prevalencia de obesidad central es de un 22,6% en el total de la muestra, sin diferencias entre niños (22,4%) y niñas (22,9%).

Evolución de la tendencia de la prevalencia de sobrepeso y obesidad desde ALADINO 2011 a ALADINO 2019

Entre 2011 y 2019, la prevalencia de exceso de peso (sobrepeso + obesidad) ha disminuido un 3,9% y la de sobrepeso un 2,9%, en ambos casos de forma significativa. Por otro lado, la población infantil con normopeso aumenta significativamente un 3,7% y la prevalencia de obesidad en 2019 es
ligeramente inferior, siendo este descenso casi significativo.
Desagregando por sexo, solo es significativo el descenso del sobrepeso y el aumento del normopeso en niños, si bien el descenso de la obesidad en niños es casi significativo, de forma similar al total.
En el período 2015-2019 se observa una estabilización de todas las situaciones ponderales evaluadas, sin que se hayan producido cambios estadísticamente significativos entre ellos.

Hábitos alimentarios de la población infantil

  • Según las familias, el 80,6% de los escolares desayunan todos o casi todos los días algo más que un vaso de leche o un zumo.

Según los datos completados por las familias, el 80,6% de los escolares desayunan todos o casi todos los días algo más que un vaso de leche o un zumo, siendo este porcentaje mayor en escolares con normopeso.

Un 82,4% de las familias señalan que los escolares incluyen habitualmente en el desayuno leche, el 57,5% galletas, un 54,1% pan o tostadas, un 45,2% cereales de desayuno y otros cereales, y el 20,1% fruta fresca.
Hay un mayor porcentaje de niños que incluyen en sus desayunos leche (83,5%) y galletas (58,7%) en comparación con las niñas (81,3% y 56,1% respectivamente). Por el contrario, hay menos niños que incluyen fruta fresca (18,7% en niños y 21,5% en niñas). El 12,2% de los escolares incluyen habitualmente en su desayuno bollería (12,8% en niños y 11,6% en niñas).

El 68,0% de los escolares toman fruta todos o casi todos los días (al menos 4 días en semana), más frecuentemente las niñas (69,0% frente al 66,9% de niños) y los escolares con normopeso (69,5%) o sobrepeso (69,3%) que con obesidad (61,3%).

En relación con la disponibilidad de alimentos en el entorno escolar, el producto con mayor disponibilidad gratuita es el agua (77,5% de los colegios), seguido de fruta fresca (33,4%) y de verduras /hortalizas (15,7%).
El 91,5% de los colegios disponen de algún comedor, y de estos, el 49,2% de los colegios tienen un servicio de cocina propio y el 48,2% lo tienen externo.

  • Los escolares con obesidad realizan menos actividad física (actividades deportivas extraescolares y actividad física intensa más de 1 h/día), son sedentarios más frecuentemente y disponen de pantallas en su habitación con mayor frecuencia que el resto.

El 97,8% de los colegios dispone de zonas de recreo exteriores y el 77,8% dispone de gimnasio cubierto. El 77,1% de los colegios permiten que los escolares usen las zonas de recreo exteriores fuera de las horas de clase y solo el 34,2% permite a sus escolares usar el gimnasio cubierto fuera el horario escolar. El 65,0% de los colegios organizan algún tipo de deporte o actividad física al menos una vez por semana fuera del horario escolar.

Respecto a la intensidad de la actividad física, el porcentaje de niños con actividad física intensa (≥1 h/día, tanto entre semana como el fin de semana) es superior al de las niñas (75,4% vs 65,2%). Un porcentaje ligeramente superior de niñas que de niños (25,0% vs 23,0%)
pueden considerarse sedentarias (≥3 h/día, tanto entre semana como en fin de semana de lectura, hacer deberes o tiempo de pantalla).

Hábitos de sueño

  • Los escolares con sobrepeso y obesidad duermen ligeramente menos que los escolares con normopeso.

La media de tiempo de sueño declarado por los progenitores fue de 10:05 ± 0:37h en días laborables y 10:28 ± 0:54h en festivos. El tiempo de sueño de los escolares con obesidad es ligeramente menor que el de los que tienen peso normal o sobrepeso. Esta misma tendencia ya se observó
en los anteriores estudios ALADINO.

Características socioeconómicas de la familia

  • Las prevalencias de sobrepeso y obesidad son significativamente superiores en los escolares de familias con menor nivel de ingresos con respecto a las de mayor nivel.

La frecuencia de obesidad es significativamente mayor en los escolares de entornos familiares con ingresos inferiores a 18.000€/anuales respecto a los de rentas superiores al igual que en los estudios ALADINO 2011 y 2015. Respecto al sobrepeso, es superior en los de ingresos medios y bajos
respecto a los de ingresos más altos.

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La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), a través del Observatorio de la Nutrición y de Estudio de la Obesidad desarrolla la vigilancia de la obesidad infantil en España, en el marco de la Estrategia NAOS (para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030. Así, España participa en la iniciativa COSI a través del “Estudio ALADINO de ALimentación, Actividad física, Desarrollo INfantil y Obesidad” que la AESAN desarrolla periódicamente desde 2011.

El marco del actual muestreo está formado por escolares de 1º a 4º de Centros de Educación Primaria (CEP) de titularidad pública o privada de todas las Comunidades Autónomas (CCAA). Se han estudiado escolares de 276 CEP (432 contactados), con un tamaño muestral de escolares de 16.665 (Tabla 1). A la muestra de base, 11.200 escolares de 170 centros, se sumaron 5.465 escolares de 106 CEP de seis CCAA que obtuvieron una muestra ampliada para que fuera representativa para su territorio (Andalucía, Canarias, Cantabria, Murcia, País Vasco y La Rioja).

 

El menú en época de coronavirus

Punto medio, por Arturo Pérez

Durante la pandemia, la gente va menos a comprar por miedo al contagio y llena el carro de la compra con grandes cantidades de alimentos más duraderos y procesados industrialmente, pero no todos son igual de saludables. Una nutricionista explica cuáles conviene elegir y consumir.

Durante la pandemia muchas personas se han lanzado a los supermercados para llenar sus despensa  y así reducir la cantidad de salidas a la calle.

La inmensa mayoría optó por llenar su cesta de la compra con alimentos no perecederos y productos procesados y ultraprocesados por su prolongada vida útil. ¿Pero son saludables estos alimentos?.

Las compras del miedo y la ansiedad que se dispararon ante la emergencia del COVID-19, podrían tener resultados muy diferentes a los buscados, ya que las comidas procesadas y ultraprocesadas a las que estamos recurriendo no son la solución, señaló la divulgadora especializada en nutrición Soledad Barruti, (https://twitter.com/solebarruti) en ‘The New York Times’.

Estos alimentos, que tienen altas cantidades de azúcar, sal, aceites agregados, harinas refinadas, aditivos y nutrientes artificiales, son responsables de obesidad y de enfermedades  que aumentan la mortalidad ante el coronavirus, y al mismo tiempo, la falta de alimentos frescos debilita la inmunidad dejándonos más expuestos, advirtió Barruti.

Para Estefanía Ramo López, nutricionista y experta en tecnología de los alimentos, los alimentos procesados de los que en muchos casos estamos abusando durante la pandemia, “podemos clasificarlos en saludables y no saludables”.

“En sí, un alimento procesado es aquel al que se le ha realizado cualquier tipo de elaboración en la industria alimentaria, a diferencia de los que no presentan ningún tipo de procesado como son los productos frescos, las carnes, pescados o huevos”, explicó a Efe esta nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (www.imeoobesidad.com).

Indicó que los procesados saludables incluyen en su mayoría alimentos que han sido sometidos a un mínimo procesado y aportan a la dieta una serie de nutrientes de calidad.

Por el contrario, “los procesados no saludables, también llamados ultraprocesados no saludables, incluirían a aquellos alimentos que han sido sometidos a varios tratamientos de procesado  y necesitan un gran aporte de aditivos para su conservación y que tenga un aspecto final apetecible”, señaló Ramo.

“Estos procesados no saludables aportan muy pocos o ningún nutriente de calidad, aportando principalmente ácidos grasos saturados, ácidos grasos ‘trans’, azúcares añadidos y altas concentraciones de sal”, explicó esta especialista.

Enfatizó que “en muchos casos, si se toman con frecuencia, pueden perjudicar nuestra salud”.

Ramo describe algunos alimentos procesados saludables que destacan en la cesta de la compra de esta pandemia:.

PRODUCTOS LÁCTEOS

Destacó la leche, los quesos, yogures y el kéfir, y recomendó aquellas variedades que no tienen azúcares añadidos y sus versiones semidesnatadas o enteras, por su capacidad de saciarnos y facilitar la absorción de nutrientes como el calcio o la vitamina D.

“Hay que intentar evitar los sucedáneos como el queso para fundir tipo “tranchetes”, o el queso rallado envasado, porque llevan harinas o almidones en su composición, entre otros ingredientes”, señaló.

HARINAS DE CEREALES

“Entre estos alimentos se incluyen el trigo, el centeno y la espelta,  destacando el pan y la pasta”, explicó Ramo.

Entre sus variedades destacan sus versiones ‘100% integral’ o de grano completo, por su aporte en fibra, vitaminas (sobre todo del grupo B) y minerales, que “proporcionan al organismo beneficios como mejorar  el tránsito intestinal, disminuir la absorción del colesterol ‘malo’ y su capacidad de saciar el apetito”, indicó.

ACEITE DE OLIVA

Ramo recomendó variedad ‘virgen extra’ para su consumo en crudo en ensaladas y tostadas y, la variedad ‘virgen’ para consumirla en caliente al cocinar los alimentos.

“El consumo moderado de este aceite ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares, mantener el sistema inmunológico, regular el tránsito intestinal, proteger el cerebro del deterioro cognitivo, destacando su aporte en ácidos grasos saludables, como el omega 3, polifenoles y vitamina E, con efecto antioxidante, antiinflamatorio y antimicrobiano”, apuntó. 

Por otra parte, aconsejó “tomar más esporádicamente otros tipos de aceite como lino o coco y descartar siempre que se pueda las versiones refinadas de aceite”.

CONSERVAS VEGETALES

Ramo aconsejó las versiones enteras o troceadas al natural o cocidas de frutas, verduras y legumbres envasadas.

“De esta forma, seguirán aportando gran parte de sus propiedades y evitaremos las formas escarchadas, almíbares o ya guisadas en forma de plato preparado”, indicó.

LEGUMBRES

Para Ramo son “el alimento estrella considerado saludable que más variedades de procesado puede presentar”.

Esta nutricionista recomendó sus versiones cocidas al natural, desecadas y congeladas, así como las harinas de legumbre, cada vez más presentes en los hogares en forma de “pasta de legumbre”, todas las cuales “aportan fibra soluble, vitaminas y minerales con beneficios sobre el tránsito intestinal y la regulación de los niveles de colesterol”, aseguró.

CARNES Y PESCADOS

La especialista destacó sus versiones envasadas y congeladas, y recordó que los pescados también pueden encontrarse en salazón, como el bacalao, y también ‘curados’ como la ‘mojama’ de atún.

Ramo aconsejó “descartar las carnes picadas envasadas, ya que presentan en su mezcla numerosos aditivos para su conservación y los surimis de pescado por el mismo motivo, además de féculas y almidones”.

FRUTOS SECOS Y SEMILLAS 

“Las versiones de estos alimentos que vienen pelados, troceados y crudos o ligeramente tostados, aportan todas sus propiedades beneficiosas derivadas de su contenido de ácidos grasos, vitaminas y minerales”, señaló Ramo, quien desaconseja “sus versiones fritas y azucaradas”.

Texto y foto: EFE