Recetas para conquistar las papilas gustativas de los peques 

junio 22, 2018

A veces no es el alimento que genera el rechazo del niño, sino la forma en que está cocinado, de modo que podemos probar a dárselo como un plato completamente distinto. Los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ofrecen algunas ideas para elaborar recetas para conquistar las papilas gustativas de los más pequeños, sin caer en déficits o excesos nutricionales.

Bocaditos saludables

“La opción clásica sería con pan integral, artesanal o de semillas, desechando así las variedades de pan blanco o congelado de escasa calidad”, señala Andrea Marqués, nutricionista y experta en gastronomía del IMEO. Podemos rellenarlo de jamón serrano o ibérico, humus o aguacate triturado.

Para variar, podemos montar un bocadito con tortitas de maíz, lonchas de pavo y queso light y añadirle algún vegetal, como lechuga y tomate en rodajas.

También hay opción sin pan. Cortamos un tomate mediano a la mitad, lo vaciamos, mezclamos la pulpa con una lata de atún y queso fresco, lo rellenamos y ¡listo para tomar!

Mini pizzas vegetales de berenjena y calabacín

Ingredientes: berenjena, calabacín, tomate, aceite de oliva, queso parmesano y champiñón y una pizca de sal.

Lavamos y cortamos la berenjena y el calabacín en rodajas. Preparamos un sofrito con un chorrito de aceite de oliva, el tomate natural previamente triturado y una pizca de sal. Cuando el tomate esté en su punto añadimos el champiñón cortadito y lo salteamos.

Colocamos la berenjena y el calabacín en rodajas en la bandeja del horno, colocamos encima el sofrito de tomate y champiñón y le añadimos queso parmesano rallado. Lo introducimos al horno 4 min a 200ºC y listo para tomar.

Polos de frutos rojos y yogur

Ingredientes: 200 gr de frutos rojos (fresas, frambuesas, arándanos) de un tipo o mezclados, 250 gr de yogur natural y almíbar hecho con 30 gr de azúcar moreno y 75 ml de agua.

Lavamos y limpiamos los frutos rojos y los trituramos. Preparamos el almíbar con el azúcar y el agua. Mezclamos la pulpa de la fruta triturada, el yogur natural y el almíbar y rellenamos los moldes para polos. Colocamos un palillo en cada polo y los llevamos al congelador durante al menos 12 horas.

Crema de calabaza y queso

Ingredientes: 500 gr de calabaza, 30 gr de queso parmesano, aceite de oliva, caldo de verduras y una pizca de sal.
Cortamos la calabaza en cuadraditos y la salteamos a la sartén con un chorrito de aceite de oliva. La tapamos para que se ablande y coja más sabor y le añadimos una pizca de sal. Tras unos 5-8 minutos añadimos el caldo de verduras, dejamos que rompa hervir y a continuación bajamos el fuego y lo cocinamos durante unos 15-20 min. Añadimos unos 30 gr. de queso parmesano al caldo y lo dejamos a fuego lento otros 10 minutos. Finalmente trituramos todo y podemos añadirle agua, si lo queremos menos espeso. La crema de calabaza suele ser muy atractiva para los más pequeños, por su sabor dulce y su color anaranjado.

Expertos urgen modificar la dieta y hábitos poco saludables en niños, que fomenta el riesgo de diabetes o hipotiroidismo

junio 21, 2018

Destacan, además, la importancia de satisfacer los requerimientos nutricionales en edad de crecimiento

El Economista / Europa Press

Expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han urgido a modificar la dieta y hábitos de vida poco saludables que influyen en el crecimiento y desarrollo de los menores, y que elevan su riesgo de padecer en edad adulta enfermedad cardiovascular, diabetes tipo dos, hígado graso, hipercolesterolemia o hipotiroidismo.

“Nuestros hijos ya no siguen el patrón alimentario de la dieta mediterránea y esto explica los niveles bajos detectados de ácido a-linolénico y docosahexaenoico, vitamina D, hierro y iodo como consecuencia del bajo consumo de pescado, verduras y hortalizas que se dan entre los menores”, ha explicado Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto.

Ante esta situación, ha instado a fomentar una “cultura nutricional”, algo que, en su opinión, significa no sólo centrarse en el aspecto saludable o propiedades organolépticas de los alimentos (color, sabor, textura y aroma), sino también en “satisfacer los requerimientos nutricionales relacionados con el crecimiento somático y el desarrollo psicoafectivo del menor”.

“Para empezar, es fundamental implicar a los niños en las tareas relacionadas, desde el momento de la compra para familiarizarse con el aspecto natural de los alimentos hasta el emplatado”, destaca Carmen Escalada, nutricionista clínica del centro, quien señala que los pequeños tienden a “imitar los adultos”.

En este contexto, da una serie de recomendaciones y trucos para ayudar a que los niños coman saludable como no ponerlos en una mesa separada o darles platos diferentes. Así, detalla que hay que respetar su hambre y apetencia, sin obligarles que tomen determinado alimento, porque esto sólo aumentará su rechazo, y que los niños diestros suelen comer antes al comida situada a su derecha y los zurdos los de la izquierda. “Por eso, debemos colocar los ingredientes que el niño come peor en el lado correspondiente”, ha expuesto.

Otro “error frecuente” para la experta es servir al pequeño un plato saturado de comida esperando que se lo acabe. “Esta estrategia no funciona y solo puede convertir la hora de la comida en una batalla campal. Sería mejor que haya espacios libres entre los alimentos y que éstos tengan formas divertidas como, por ejemplo, palmeras dibujadas de fruta, caras con melenas hechas de calabacín en tiras, etcétera. A veces no es el alimento que genera el rechazo del niño, sino la forma en que está cocinado, de modo que podemos probar a dárselo como un plato completamente distinto”, asegura.

En cualquier caso, desde IMEO recalcan que es “importante” recordar que ningún alimento es “esencial” para la salud del niño, “siempre y cuando coma variado, ya que ningún nutriente está exclusivamente presente en un alimento”.

LOS MICRONUTRIENTES EN LA EDAD DE CRECIMIENTO

Otra de las claves la aporta Sonia Peinado, experta en nutrición pediátrica del IMEO, que apunta a los micronutrientes como “esenciales” por su “papel fundamental en distintos procesos metabólicos y bioquímicos del organismo y de allí su importancia en la edad de crecimiento”.

Este grupo engloba principalmente las vitaminas y, en menor proporción, los minerales que se encuentran en forma ionizada en el cuerpo y participan en distintas funciones estructurales, reguladoras y hormonales. “El hierro, magnesio, zinc, calcio, cromo y selenio, por ejemplo, juegan un rol importante a la hora de calmar el cerebro, relajar los músculos y disminuir los niveles de estrés. Además, ayudan a excretar metales pesados del cuerpo, prevenir alergias, mitigar el cansancio, mejoran las habilidades cognitivas y favorecen el proceso de aprendizaje”, ha explicado.

En cuanto a los minerales que no deben faltar en la dieta del niño, la experta considera que son: potasio y magnesio, que intervienen en la transmisión del impulso nervioso, la contracción muscular y síntesis de proteínas; el calcio, implicado en la estructura del esqueleto y la relajación muscular; el hierro, necesario para la creación de hemoglobina encargada de transportar oxígeno a los tejidos; cobre, que ayuda al hierro a transportar la hemoglobina e interviene en la formación del color de piel y cabello; cinc, que participa en algunas funciones inmunitarias y en curación de heridas, el cromo, que interviene en la regulación de los niveles de glucosa y en la coagulación y el metabolismo de las grasas; o el sodio, fundamental en el equilibrio de líquidos y la transmisión del impulso nervioso.

Obesidad en la UCI: un riesgo para clasificar la gravedad del paciente crítico

junio 19, 2018

Un estudio con participación española demuestra que la gravedad de los pacientes obesos es, en muchas ocasiones, clasificada erróneamente en las Unidades de Cuidados Intensivos. Los expertos insisten en que esto se debe a desviaciones respecto a los valores de partida.

SINC

Más de 650 millones de personas padecían obesidad y 1.900 millones tenían sobrepeso en 2016, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cifras como estas muestran cómo la obesidad se ha convertido en una epidemia mundial, responsable de entre 3 y 4 millones de muertes cada año y con una prevalencia creciente, tanto en niños como en adolescentes.

Los ‘scores’ de gravedad son uno de los sistemas más frecuentemente utilizados para cuantificar el peligro de un paciente con independencia del diagnóstico. A partir de ellos se puede predecir la evolución de los pacientes por medio de una cifra objetiva.

Un equipo de investigadores, entre los que se encuentra Miguel Ángel Armengol de la Hoz, estudiante de doctorado de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y actualmente trabajando como investigador senior asociado en la Harvard Medical School y científico en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha puesto de manifiesto que la obesidad también tiene consecuencias a la hora de evaluar la gravedad de los pacientes cuando estos ingresan en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de un hospital.

“La obesidad está significativamente sobrerrepresentada en la UCI, donde comprende aproximadamente un tercio de los pacientes en comparación con la prevalencia del 20% de sobrepeso u obesidad en todo el mundo”, explica Armengol de la Hoz, que añade cómo los pacientes obesos tienen un mayor riesgo de verse clasificados erróneamente en cuanto a su ‘score’ cuando ingresan en la UCI.

Aunque ya existían estudios previos sobre las tasas de mortalidad y el tiempo de estancia en la UCI para los pacientes obesos, los cuales son ligeramente mayores (a igual edad, gravedad en el ingreso y estancia en la UCI), hasta ahora no se había tenido en cuenta que los ‘scores’ de gravedad en el momento del ingreso podía estar condicionados en los pacientes con sobrepeso.

El trabajo revela que entre los pacientes con ‘score’ similar se detectaron “desviaciones clínicamente pequeñas pero significativas” en el recuento de glóbulos blancos, la creatinina y el nitrógeno ureico en sangre. “Estas variaciones se dan ya en los valores de partida de los pacientes obesos en contraste con los de los pacientes con índices de masa corporal normales, este hecho puede condicionar la clasificación de su gravedad a través del ‘score’ cuando ingresan en las unidades de cuidados intensivos”, añade Armengol.

Error en la idea de partida

“Los ‘score’ de gravedad de la enfermedad se basan en la suposición de que los pacientes tienen valores fisiológicos normales al inicio del estudio y que los pacientes con ‘scores’ similares tienen el mismo grado de desviación de su estado habitual. Por ello, no tener en cuenta estas desviaciones iniciales relacionadas con el índice de masa corporal puede llevar a clasificaciones erróneas que tengan implicaciones en los estudios que se hagan acerca del paciente”, explica Armengol.

Los investigadores creen que es probable que lo que en este momento han sido solo pequeñas desviaciones clínicas, se manifiesten como más importantes a medida que mayores volúmenes de datos sean analizados de manera cada vez más precisa.

La importancia del estudio, publicado en la revista Critical Care Medicine, radica, según explican los expertos, en que la mera consciencia de que los valores de partida puedan estar alterados contribuye a mejorar la objetividad, precisión y generalidad de los modelos de predicción de mortalidad y ajuste de la gravedad en la UCI.

Referencia bibliográfica:

Severity of Illness Scores May Misclassify Critically Ill Obese Patients. November 2017. Critical Care Medicine46(3):1 DOI10.1097/CCM.0000000000002868

Los carbohidratos que más engordan

junio 18, 2018

Alimente El Confidencial, por Álvaro Hermida
A nadie se le ocurriría confundir una cuchara con un cuchillo. Sí, ambos son piezas de cubertería, pero tienen formas muy distintas y cumplen funciones completamente diferentes. Del mismo modo, los carbohidratos, que consideramos un grupo de nutrientes muy definido (pasta, arroz y esas cosas) son más diversos de lo que pudiera parecer. Lo primero: los hidratos de carbono están compuestos por azúcares. La diferencia radica en la longitud de la molécula. Cuanto más largos son, más le cuesta a nuestro cuerpo sintetizarlos, lo que los convierte en ‘sanos‘.

Existen tres tipos principales de carbohidratos: azúcaresalmidones y fibras. La fibra, a pesar de ser fundamental para una buena salud gastrointestinal, no se descompone y, por tanto, no entra en nuestro torrente sanguíneo, por lo que la fibra, en sí, no engorda lo más mínimo. Los siguientes alimentos, en cambio, sí que nos darán (demasiada) energía, sobre todo si los consumimos en exceso:

1. Azúcar, blanco o moreno, da igual

Uno de los grandes efectos, potencialmente negativos, de los hidratos de carbono es aumentar nuestro nivel de glucemia. Este es una representación de la cantidad de glucosa (el azúcar primigenio) en sangre. Los niveles altos de glucemia se relacionan con enfermedades muy importantes como la diabetes y con la acumulación de grasas. Porque a fin de cuentas, si no gastamos la energía que ingerimos rápidamente, el cuerpo la almacena en forma de grasa, y a eso se le llama engordar.

2. Refrescos azucarados

Los refrescos de todo tipo aumentan sus ventas año a año. Lo que hace un par de décadas era un capricho en un día especial se ha convertido en la rutina de cada día. Una lata de refresco de cola contiene 35 g de azúcar, o lo que es lo mismo, 139 kcal puras, que si estamos haciendo ejercicio intenso, no tienen importancia, porque las quemaremos casi en el acto. Pero si estamos en reposo, son 35 g que pasarán a engordar
nuestros depósitos de grasa
.

3. Caramelos y golosinas

Lo mismo que las bebidas azucaradas, solo que esta vez los hidratos de carbono ni siquiera están ocultos disueltos en un líquido, sino a la vista. Un caramelo es azúcar puro y duro, en concreto sacarosa, un disacárido (molécula formada por la unión de dos moléculas de glucosa), fundido solidificado, con algún añadido para darle algo de sabor. Tendrá el mismo efecto en nuestro índice glucémico que las bebidas azucaradas o que el azúcar puro (que a fin de cuentas es básicamente lo mismo).

4. Patatas fritas y otros aperitivos

Ver un partido de fútbol no es lo mismo sin unas patatas fritas delante. No nos engordarían lo más mínimo si fuésemos nosotros los que jugásemos, pero como no es el caso (normalmente), tenemos que tener en cuenta que van a ir directamente a nuestros michelines. La patata es calórica, pero no más que otros vegetales considerados ‘sanos’. Freírlas triplica sus calorías, convirtiendo lo que sería un consumo energético razonable si estuvieran hechas al horno o al microondas en una ‘bomba calórica’. Esto se aplica a todos los snacks, dado que no son solo los hidratos de carbono en sí, sino con qué los acompañamos.

5. Harinas y granos refinados

No comemos arroz, pan y pasta blancos por nada. Lo hacemos por gusto, porque están más ricos (o nos hemos acostumbrado más a su sabor) que sus versiones integrales, las cuales, para empezar, contienen más fibra, lo que las hace más sanas. Pero los hidratos de carbono de estos productos ‘blancos’ tienen una pega: su índice glucémico. En un artículo, el doctor y profesor de la Harvard Medical School y pediatra del hospital infantil de la ciudad de BostonDavid S. Ludwig, explicaba qué es y por qué se inventó el concepto de índice glucémico para medir los efectos de los carbohidratos sobre nuestro cuerpo: “Los efectos fisiológicos de los hidratos de carbono varían sustancialmente dependiendo de su procedencia, como se demuestra con las sustanciales diferencias en la concentración de insulina en sangre“. Como explica este especialista, el concepto de índice glucémico “se propuso en el año 1981 como un sistema alternativo para clasificar la comida rica en carbohidratos”. El problema es que todos los alimentos refinados tienen un mayor índice glucémico (un número entre 1 y 100) que sus primos integrales. Por ejemplo, el pan integral tiene un mínimo de 52 y el pan blanco, un mínimo de 64. Esto significa que, a pesar de estar hechos los dos de trigo, uno aumentará un 23% más que el otro nuestra cantidad de azúcar en sangre, lo que hará que engordemos más.

6. Bollos y dulces de pastelería

Lo tienen todo, monosacáridos (azúcar), polisacáridos ‘malos’ (harinas refinadas), grasasalto índice glucémico…, pero están tan ricos. Son los alimentos que más relacionamos con la ganancia de peso. Hay gente que se inventa dietas de todo tipo (que no negamos que funcionen, como la dieta carnívora extrema), pero muy poca gente se atreve a proponer una basada en palmeras y napolitanas de chocolate. Un capricho es una cosa, pero si repetimos día sí y día también, los kilos de más están asegurados.

Dieta o entrenamiento: ¿qué es más importante en realidad?

junio 15, 2018

En los gimnasios siempre nos solemos preguntar si es más importante entrenar o hacer una buena dieta, aunque no deberíamos tampoco obviar el descanso.

AS, por Javier Robledo Vico

Es una pregunta recurrente en los círculos del fitness: ¿qué es más importante, entrenar o nutrirnos correctamente? Obviamente, no podemos olvidar el descanso, que supone una de las tres grandes variables del crecimiento muscular y la salud.

Entrenamiento

Cuando se trata de perder peso, debemos asegurarnos de que estamos quemando más calorías de las que consumimos. En asociación con un plan de dieta saludable, es necesario estar haciendo suficiente actividad física para quemar una cantidad suficiente de calorías. Un régimen de entrenamiento adecuado nos ayudará mantener un peso saludable y es un elemento crucial para cambiar la forma y el tamaño de los músculos.

Nutrición

Si eres nuevo en la esfera de nutrición, dominarla es extremadamente importante. Una dieta deficiente interferirá con nuestro régimen de entrenamiento, y saber cambiar y adaptar lo que alimenta los músculos puede generar rápidos avances en la pérdida de grasa y la construcción muscular. Si, por ejemplo, estás acostumbrado a comer muchos alimentos procesados y azúcares refinados, o si te saltas las comidas e implementas un plan nutricional rico en proteínas, frutas y vegetales frescos y granos enteros, tu físico se transformará muy rápidamente. Hay una diferencia brutal en cuanto a la nutrición que sigamos y el cuerpo que queramos.

Como los sistemas nervioso y muscular de los principiantes del gimnasio no están acostumbrados a hacer ejercicio, casi cualquier programa de entrenamiento puede causar crecimiento muscular desarrollar nuestra fuerza. Sin embargo, para obtener los mejores resultados, una buena nutrición es primordial. Este es solo el caso de los novatos.

Cuando levantamos pesas, hay un aumento tanto en la síntesis de proteínas como en la descomposición de las éstas. Esencialmente, lo que esto significa es que los músculos están en un constante estado de renovación de proteínas. La única forma en que puede ocurrir el crecimiento muscular o hipertrofia es si la síntesis excede a la descomposición, o en otras palabras, si estamos generando más músculo de lo que estamos descomponiendo mediante el entrenamiento, y aquí la ingesta de proteína juega un papel fundamental. Si bien el entrenamiento es esencial para lograr el estímulo que nos hará crecer, hemos de asegurarnos de recargar combustible con los alimentos adecuados para reparar y reconstruir los músculos.

¿Cuál es el veredicto?

En definitiva, una buena nutrición es el elemento básico que necesitamos para mejorar las sesiones de entrenamiento y mejorar la calidad de éstos, y darle el toque definitivo al estímulo que logramos mediante el ejercicio.

Del mismo modo, no nos tonificaremos o aumentaremos el tamaño de los músculos sin la adición de un régimen de entrenamiento regular, compuesto por pesas y ejercicio aeróbico. No se entiende lo uno sin lo otro, aunque podríamos hablar de que en comparación con ir al gimnasio, la dieta supone al menos un 65% del trabajo.

2,3 millones de españoles con exceso de peso consumen medicamentos sin receta para adelgazar

junio 14, 2018

Men`s Health

Se acerca el verano y, con él, una prueba de fuego para muchos españoles: ponerse el bañador de nuevo. Tras el primer susto, vienen las prisas por ponernos en forma, algo que, llevado al extremo puede ser muy perjudicial para la salud. De hecho, 2,3 millones de españoles con exceso de peso confiesan que consumen medicamentos sin receta. ¿Las razones? Poder adelgazar rápidamente y sin demasiados sacrificios, para lo que, además, se suele acudir a lugares sin control médico alguno como son herbolarios, webs de nutrición y App de compraventa. Ésta es una de las principales conclusiones del estudio “Stop obesidad. El exceso de peso y las dietas en España”realizado por Vivaz.

Las dietas “milagro”

Otro aspecto que se recoge en el informe son las llamadas “dietas milagro”. De hecho, casi 4 millones de españoles con exceso de peso reconocen haberlas seguido en alguna ocasión, una práctica más habitual en mujeres de 35 a 44 años con obesidad que, además, suelen prescindir del control médico. Las más populares son los sustitutivos alimenticios (las populares “barritas” o batidos), las dietas monoalimento, muy proclives al temido “efecto rebote”, y las dietas  líquidas, que excluyen la ingesta de alimentos sólidos. Con todo, la peor valorada de entre las dietas de moda es la Dukan, basada fundamentalmente en el consumo de proteínas.

Por sexos, el porcentaje de mujeres con kilos de más que se han puesto a régimen varias veces al año dobla al de los hombres, pero, en términos generales, los españoles no son constantes en este campo. De hecho, los efectos del régimen suelen durar unos 6 meses como máximo y 1 de cada 5 personas que se ponen “a plan” abandona antes de alcanzar su objetivo. Los motivos: falta de compromiso, seguido por un bajo estado anímico, la falta de deporte y la vida social.

El perfil de la persona que se ve más obesa: mujer, oficinista y de edad madura

Los expertos en nutrición suelen distinguir entre sobrepeso y obesidad en función del llamado Índice de Masa Corporal (IMC), calculado a partir del cociente entre los kilos de cada persona y su estatura expresada en metros al cuadrado. Si el resultado se encuentra entre 25 y 29,9, se tiene sobrepeso y se sobrepasa 30, se padece obesidad. Aunque ya te hemos hablado varias veces sobre la posible ‘falta de precisión’ del IMC para algunos casos.

Teniendo en cuenta este baremo, en España, las personas que se ven más obesas suelen ser mujeres de edad maduracon trabajos sedentarios, principalmente oficinistas, y, por lo general, a disgusto con su peso. Asimismo, las zonas del cuerpo más afectadas para ellas son el vientre y las caderas. En cambio, las personas que se ven a sí mismas con “sólo unos kilos de más” suelen ser hombres, principalmente jóvenes de profesiones más variadas y que suelen notar más el sobrepeso en el vientre y las piernas. Otra diferencia notable entre géneros es la autocrítica, ya que el porcentaje de hombres con exceso de peso que, sin embargo, creen estar “en plena forma” dobla al de mujeres en la misma situación (6,8% frente 2,9%).

Preguntados por los motivos del sobrepeso, los españoles señalan el sedentarismo, la alimentación y el propio metabolismo. Además, el 80% de los españoles con obesidad creen no sufrirla y más de la mitad de las personas con sobrepeso no creen estar en riesgo de sufrir dolencias o enfermedades como diabetes, hipertensión o problemas coronarios. Casi un 30% de la población con exceso de peso asegura que su estado físico le ha perjudicado en su vida social y, en menor medida, en el plano laboral.

Los asturianos, los más constantes perdiendo peso

Por Comunidades, los más constantes en sus dietas son los asturianos, seguidos de los aragoneses y los castellano-manchegos, muy por encima de la media nacional de éxito en las dietas, en el que solo el 10% de personas que se han puesto a dieta nunca han abandonado. En el lado contrario se sitúan los castellanos y leoneses, los vascos y, por último, los extremeños, que presentan en el índice más bajo de éxito en bajar de peso, con apenas un 6,3% de personas que nunca se rinden en una dieta.

El sedentarismo: un mal aliado

Pero los datos sobre obesidad no acaban aquí. Según el estudio de Vivaz, más del 70% de las personas con sobrepeso u obesidad no hacen deporte de forma regular, un porcentaje especialmente acusado en las mujeres. Además, no suelen utilizar las ventajas de la tecnología, ya que el 84% no usa ninguna App de actividad por no considerarlas de utilidad.

Perder peso podría reducir el riesgo de cáncer de piel

junio 11, 2018

La obesidad es un factor de riesgo conocido para muchos tipos de cáncer y un nuevo estudio plantea la posibilidad de que la pérdida de peso disminuya este peligro.

Muy Interesante, por Sarah Romero

Solo en España, ya hay unos 4.000 casos de melanoma al año, pues las cifras no han parado de crecer en los últimos 30 años. En países como Estados Unidos, el cáncer de piel es la forma más común de cáncer. Solo en 2014, hubo casi 80.000 nuevos casos, y para finales de 2018, se estima que habrá más de 90.000.

Comprender los factores de riesgo detrás de cada tipo de cáncer es importante para minimizar el riesgo de la población en general. Está confirmado que la obesidad es un factor de riesgo para muchos tipos de cáncer, incluidos el cáncer de endometrio, de hígado, de riñón, el colorrectal y el pancreático.

Ahora, un equipo de investigadores dirigidos por Magdalena Taube, de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), se propuso investigar más detalladamente el papel de la obesidad en el riesgo de melanoma, una forma de cáncer de piel de crecimiento rápido. Han presentado sus hallazgos en el Congreso Europeo sobre Obesidad, que se celebró en Viena, Austria.

Obesidad y melanoma

Investigaciones anteriores concluyeron que la obesidad aumenta tanto el riesgo como la tasa de crecimiento del melanoma. En el estudio reciente, sin embargo, los investigadores querían saber si la pérdida de peso produciría el efecto contrario y, por tanto, positivo: si reduciría el nivel de riesgo de cáncer de piel.

Para examinar el vínculo entre la obesidad, la pérdida de peso y el melanoma, tomaron datos del estudio Swedish Obese Subjects, un proyecto creado para monitorear los resultados de la cirugía bariátrica en comparación con los individuos que usan tratamientos de obesidad convencionales.

Los participantes fueron más de 2.000 personas que se sometieron a cirugía de obesidad y un número similar de participantes de control con los que compararon una gran variedad de parámetros, incluidos la edad, el sexo, las medidas corporales, los rasgos de personalidad y los factores de riesgo cardiovascular.

“España tiene hoy el doble de casos de cáncer de piel que hace 30 años”

Su análisis demostró que aquellos que se habían sometido a cirugía tenían un riesgo significativamente menor de desarrollar melanoma en los siguientes 18 años.

Una reducción del riesgo del 61%

De hecho, en comparación con el grupo de control, los individuos operados vieron un descenso del 61% en su riesgo de desarrollar melanoma maligno, y un 42% menos de riesgo de todos los tipos de cáncer de piel.

“En este estudio a largo plazo, la cirugía bariátrica redujo el riesgo de melanoma maligno. Este hallazgo respalda la idea de que la obesidad es un factor de riesgo de melanoma e indica que la pérdida de peso en individuos con obesidad puede reducir el riesgo de una forma letal de cáncer que ha aumentado constantemente en muchos países durante varias décadas”, exponen los autores.

El vínculo entre el cáncer de piel y la obesidad es algo sorprendente, y se necesitarán más estudios para descubrir exactamente por qué se produce este efecto. Los hallazgos marcan otro riesgo de salud preocupante asociado con la obesidad, pero también ofrecenuna ruta potencial para reducir los peligros.

Referencia: Magdalena Taube, Universidad de Gotemburgo (Suecia). Congreso Europeo de Obesidad en Viena (Austria).

El 90% de las personas con diabetes tipo 2 tienen obesidad

junio 8, 2018

Canal Diabetes

La presidenta de la Sociedad Española de Diabetes (SED), Anna Novials, ha señalado
 que nueve de cada diez personas con diabetes tipo 2 tiene sobrepeso u obesidad, por lo que reclama que la obesidad sea considerada una enfermedad.

“En personas con sobrepeso u obesidad, el consumo de alimentos ricos en carbohidratos genera una sobrecarga de trabajo para el páncreas, lo que produce su debilitamiento y, en última instancia, una escasez de insulina. Esto deriva en hiperglucemia crónica y, por lo tanto, en el desarrollo de la diabetes tipo 2. Y precisamente la diabetes representa un mayor riesgo de desencadenar enfermedades cardiovasculares”, ha explicado la presidenta de la SED durante el 7o Congreso de Diabesidad, que cuenta con el apoyo de Novo Nordisk, y está organizado por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y la propia SED.

En el encuentro, que pretende poner en conocimiento de todos los profesionales implicados en su abordaje los últimos avances en fisiopatología, diagnóstico y tratamiento de la diabesidad, así como debatir sobre diferentes interrogantes, la especialista ha recordado que obesidad y la diabetes son “una peligrosa combinación desencadenante de numerosas patologías”.

En este contexto, la presidenta de la SEEN, Irene Bretón, ha insistido en que la obesidad es una enfermedad que “no siempre se considera como tal o no se reconoce su importancia, tanto en las administraciones como por parte de la ciudadanía”. “No se ve como una enfermedad devastadora, que aumenta el riesgo de mortalidad y da lugar a múltiples complicaciones, además de un deterioro evidente de la calidad de vida. Hay estudios que observan que las personas con formas graves de obesidad pueden perder entre 10 y 12 años de vida”, ha recalcado.

Asimismo, el presidente de la SEEDO, Francisco Tinahones, ha llamado la atenciónvez es más frecuente en la población infantil y juvenil”. “Estamos viendo adolescentes obesos con diabetes tipo 2, algo impensable hace años”, ha alertado.

Estas tres sociedades coinciden es en que “es necesario considerar a la obesidad como una enfermedad y que cuente con un abordaje integral mediante la prevención y el tratamiento”.

Entre las complicaciones en las que puede derivar la obesidad se encuentran las de origen cardiovascular. “Por eso, es importante prevenirla y con ello el desarrollo de diabetes tipo 2, la cual también incrementa el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular”, ha afirmado la doctora Anna Novials. En concreto, las personas con diabetes tipo 2 tienen hasta tres veces más riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular que las personas sin diabetes, ha señalado.
“Esto se debe a que la diabetes es una enfermedad metabólica que tiene una relación directa con la enfermedad cardiovascular lo que convierte a esta, la enfermedad cardiovascular, en la principal causa de muerte de las personas con diabetes. Es decir, la obesidad no es un problema estético. La misma empeora la calidad de vida y provoca numerosas patologías, entre ellas la diabetes”, ha reiterado el doctor Tinahones.

En cuanto a los hábitos nutricionales, la doctora Irene Bretón ha pedido que “hay que aprender a comer mejor, no es sólo cuestión de comer menos”. “Tenemos que adaptar las calorías que ingerimos a lo que vamos a gastar y mejorar la calidad nutricional de nuestra alimentación, en base a la dieta mediterránea. Es el patrón dietético que ofrece más beneficios cardiovasculares y por lo tanto es especialmente recomendable para esta población con tanto riesgo cardiovascular. Pero siempre estableciendo objetivos individualizados”, ha incidido, puntualizando que el ejercicio físico “también es muy importante”.

Los alimentos que hacen que estés cansado

junio 7, 2018

Alimente El Confidencial, por Álvaro Hermida

A todos nos ha pasado: dormir placenteramente toda una noche, levantarnos hechos un roble, comer y, de repente, todas esas cosas positivas desaparecen y nos convertimos en un muñeco de trapo. El día ha podido con nosotros. Pero hay determinadas comidas que pueden ser las responsables de fastidiarnos una jornada maravillosa.

1. Legumbres

La razón de que no las cenemos es que meternos 2.000 kcal antes de dormir durante ocho horas no es lo mejor para conservar nuestra figura. Por eso es el típico plato de domingo a mediodía. Que justo después de comerlas tengamos una necesidad imperiosa de echarnos una siesta no es casualidad. Las legumbres provocan digestiones pesadas, en las que los oligosacáridos que contienen reaccionan y provocan gases. Son una de las causas más comunes de dispepsia (nombre científico de la indigestión). Esto provoca que los vasos sanguíneos de nuestro intestino se llenen de sangre para procesar toda esa comida, y cuanta más sangre esté ahí, menos se encargará de cosas igual de importantes, como oxigenar el cerebro como es debido. Esto puede provocar somnolencia y cansancio. Por muy sana que sea, ningún corredor de los 100 m lisos se zampa una fabada asturiana antes de correr.

2. Lechuga

Esta hoja puede parecer tan solo una inofensiva fuente de fibra. Sus ingredientes (sobre todo en la parte más blanca de las hojas) son agua y fibra, ya está. Pero hay más detrás del ingrediente principal de la ‘ensalada de la casa’. Es un alimento (de los pocos que se conocen) que contiene una molécula llamada lactucina. Se encuentra en el ‘jugo’ de la lechuga y sus efectos, según explican los investigadores E. Chojnacka-Wójcik, A. Wesolowska y su equipo de la Academia Polaca de Ciencias, “muestran propiedades sedativas en el sistema locomotor”. Curiosamente, también pudieron comparar los efectos analgésicos de la lactucina con los del ibuprofeno, descubriendo que 30 mg/kg de este compuesto tiene efectos similares a 60 mg/kg del famoso analgésico.

3. Pasta

¿Cómo es posible que un nutritivo alimento, rico en hidratos de carbono y, por tanto, rebosante de energía nos produzca cansancio? En declaraciones al ‘Huffington Post‘, la doctora Pamela Peeke explica que “los hidratos de carbono refinados aumentan la cantidad de azúcar en sangre, lo que produce un desplome del nivel de insulina en sangre, lo que causa fatiga y debilidad“. Una vez el cuerpo se reajuste, tendremos energía para lo que nos eche el día encima, pero hasta entonces seremos un trapo.

4. Vino (alcohol)

Nos puede cansar de dos maneras diferentes. La primera (y más enfermiza) es desmayarse de la borrachera. Un problema si nos pasa una vez, un problemón si nos pasa más. La segunda es que el alcohol es un depresor del sistema nervioso. Altera la función de multitud de neurotransmisores, lo que es responsable de sus consecuencias, desde la desinhibición hasta la pérdida de equilibrio o memoria. Uno de esos efectos es la disminución del ritmo respiratorio, lo que provoca una sangre menos oxigenada, y finalmente un cerebro más apagado. Sueño asegurado.

5. Carne

Las grasas están de moda. Las animales, aunque siguen teniendo su particular lucha contra el vegetarianismo, también se han vuelto un poco más populares. La parte mala es que las comidas con mucha grasa pueden hacer que te sientas cansado. Según explica la doctora Peeke, “al cuerpo le es más difícil dividir las grasas, porque eso requiere procesos más complicados. Lo anterior provoca que el cuerpo envíe más energía a hacer la digestión, lo que desencadena el cansancio”.

6. Melón

La sabiduría popular no engaña. “Melón, por la mañana oro, por la tarde plata y por la noche veneno que mata“. Aunque no existe evidencia científica al respecto, se cree que esto se debe a la capacidad que tiene esta fruta de fermentar rápidamente en nuestro estómago y, por tanto, producirnos una pesada digestión, lo que nos provoca cansancio y, a la vez, si conseguimos dormir, un sueño poco placentero.

 

¿Qué podemos hacer cuando la dieta no funciona?

junio 5, 2018

CuidatePlus, por Ana Callejo Mora

Estás haciendo una dieta determinada y sientes que no funciona. ¿Es una percepción subjetiva o una realidad? ¿Cómo ponerle remedio? Los expertos en Nutrición consultados por CuídatePlus nos ayudan a entender esta situación y a aprender a perder peso de manera saludable.

Como punto de partida, Rubén Bravo, experto en Nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), menciona seis factores como responsables del fracaso de una dieta:

  1. Elegir una dieta exprés, milagro o desequilibrada.
  2. Pasar hambre.
  3. Que no sea compatible con la vida social.
  4. Que sea monótona.
  5. Que exija demasiada fuerza de voluntad.
  6. Que no contemple una fase de mantenimiento del peso saludable.

“Una dieta fracasa desde que decides hacerla. El concepto de dieta, tal cual lo entendemos ahora, supone alimentarse de una manera un periodo de tiempo limitado. Con fecha de caducidad. No modificas tu alimentación para que se vuelva más saludable y se mantenga todo el tiempo”, comenta de manera tajante Marta Rincón, vocal de comunicación del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Castilla y León (Codinucyl).

La experta afirma que todos hacemos dieta. “Los dietistas-nutricionistas entendemos el concepto ‘dieta’ como el patrón de alimentos que tiene cada sujeto. Cada persona sigue una dieta diferente según los alimentos, maneras de cocinar, entorno en el que viva, valores, etcétera. Conseguir buenos hábitos nutricionales cuesta tiempo, no se logra de la noche a la mañana y no se arregla con una combinación mágica de alimentos. Intervienen muchos factores en el proceso del cambio que afectan a la salud, y de lo que se trata es de mejorarla a través de la alimentación y la nutrición mucho más allá de las motivaciones estéticas”.

¿Cuándo se considera objetivamente que no funciona?

“¿No funciona para quién?”, se pregunta Rincón, planteando que aquí también “entran en juego muchos factores, como las expectativas, la motivación y los objetivos planteados del paciente. Cada sujeto tiene unos requerimientos y unas necesidades diferentes. Para valorar todo el proceso en el que esté implicada la nutrición, el dietista-nutricionista (que es el profesional experto) es el encargado de detectar qué estrategia funciona mejor para cada uno de manera objetiva”.

En palabras de Bravo, es importante hacer una evaluación durante la dieta y posterior a ésta, “pues hay planes que consiguen hacer perder peso a sus seguidores, pero, posteriormente, volviendo a un estilo de vida saludable, generan un efecto rebote. Una dieta no funciona cuando, aun haciéndola al cien por cien, no se consigue reducir el porcentaje de grasa corporal, que en muchos casos no está relacionado con el peso estrictamente hablando”.

¿Es posible que funcione y, llegado un punto, deje de hacerlo?

“Muchas personas suelen decir que se han estancado. Habitualmente, lo que suele ocurrir en la mayoría de los casos es que al perder gran parte de los kilos los seguidores suelen verse mucho mejor y comienzan a no seguir el plan al cien por cien”, explica Bravo. “Sólo en casos raros por problemas metabólicos, o bien en personas que han realizado multitud de dietas durante toda su vida, puede ocurrir que los mecanismos activados por los ‘genes ahorradores’ dificulten en un momento determinado seguir perdiendo más peso”.

La dieta es un patrón de alimentación. Por eso, Rincón recuerda que “no siempre tiene que ser la misma. Los requerimientos y las necesidades de una mujer atleta que se acaba de quedar embarazada no son iguales que los de esa misma mujer cuando está entrenando para correr una maratón”.

Consejos cuando la dieta no marcha

El portavoz del IMEO aconseja tomar las siguientes medidas cuando la dieta no funciona:

  1. Revisar si se está siguiendo el plan correctamente, realizando un registro diario de los alimentos ingeridos.
  2. Cambiar de plan de pérdida de peso.
  3. Intensificar o incluir la actividad física.
  4. Evaluar posibles problemas hormonales, de estreñimiento o retención de líquidos.

Para Rincón, la recomendación es única: “Asesorarte por un dietista-nutricionista”.

¿Qué hay del efecto yoyó?

El efecto yoyó se produce cuando los cambios en la alimentación han terminado y vuelves a retomar tus antiguos hábitos. “Vuelves a la casilla de salida; no has aprendido nada. Aquí lo que no ha funcionado es la estrategia nutricional porque no ha conseguido que adquieras unos buenos hábitos de vida saludable que se mantengan con el tiempo”, dice la vocal de comunicación de Codinucyl.

“Si estamos siguiendo un plan equilibrado, no debería aparecer en ningún caso un efecto rebote, salvo que cambiemos buenos hábitos por malos, que es lo que suele ocurrir en la mayoría de las ocasiones. Escogemos un plan para perder peso, llegamos a nuestro objetivo y volvemos a los malos hábitos que nos llevaron al sobrepeso de partida”, añade el portavoz del Imeo.

Impacto psicológico

En muchas ocasiones, expone Bravo, “el hecho de que una dieta no funciones provoca desmotivación y puede fortalecer los episodios de atracones, llevando a un ciclo de sentimiento de fracaso y culpa”.

La alimentación y las emociones van de la mano. Aquí vuelven a entrar en juego las expectativas, la motivación y los objetivos. Igual que cada uno comemos diferente también sentimos diferente. Este es el terreno de un especialista en psiconutrición, que es el que debe valorar el impacto psicológico de la alimentación en cada uno”, concluye Rincón.