10 alimentos que te hacen engordar sin que lo sepas

Cuando intentamos perder peso y no lo conseguimos es posible que sea porque no sabemos elegir bien los alimentos que comemos. Hay veces que lo que parece sano no lo es tanto. Solo hay que prestar atención y saber cómo, cuánto y cuándo hay que tomar determinados alimentos.

CuidatePlus, por Joanna Guillén Valera

Mujer pinchado un plato de sushi

Bollería industrial, precocinados, snacks, dulces… todos estos son ejemplos de productos poco saludables y que restringimos de nuestra dieta cuando queremos bajar de peso o cuando queremos cuidarnos. Son alimentos que no se deberían consumir nunca o sólo esporádicamente, ya que sus propiedades nutricionales se alejan mucho de lo que entendemos como dieta sana y equilibrada. Sin embargo, existen otros alimentos que parecen saludables -y puede que lo sean- pero que consumidos de forma habitual o excesiva puden pasar pasar factura a nuestro peso.

CuídatePlus ha hablado con expertos en nutrición que han elaborado una lista de los 10 alimentos que engordan sin que lo sepas.  

1. Sushi

Esta tradicional comida japonesa cada vez tiene más adeptos que la consumen pensando que es baja en calorías, cuando “no es así en la mayoría de los casos”, explica Carmen Escalada, nutricionista clínica del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). “Salvo el sashimi, constituido únicamente por pescado, el resto de piezas de sushi suelen ser muy calóricas”. Como indica, “estos productos llevan abundante arroz blanco, un hidrato de carbono de muy rápida asimilación que, además se prepara con vinagre de arroz, rico en azúcar y sal”. Por otro lado, “hay piezas que llevan también otros ingredientes como el aguacate, el queso o la cebolla caramelizada, alimentos que suben notablemente las calorías del plato”, advierte.

Por todo esto, su consejo es “consumirlo mejor en comidas que en cenas y moderar su cantidad acompañándolo de otros platos como los edamames, las ensaladas de algas o la sopa de miso, que nos sacian más y nos aportan menos calorías”.

2. Refrescos y zumos de frutas

Los refrescos y los zumos de fruta, lamentablemente, constituyen una de las principales causas de obesidad infantil. Muchas veces, explica Escada, “la etiqueta sin azúcar o sin azúcares añadidos nos hace creer que su consumo puede ser libre y sin que suponga un problema para la salud y para el peso”,  pero esto no es así. De hecho, “los refrescos cero azúcares son ricos en edulcorantes lo que aumenta nuestro deseo de consumir más alimentos dulces y, los zumos de fruta tienen azúcares libres que aportan calorías vacías y que no sacian como sí lo hacen las frutas naturales”.

La recomendación de la experta es “consumirlos lo menos posible, independientemente del momento del día, o sustituirlos por otras opciones como el agua con gas o el agua con rodajas de fruta, infusiones o preparaciones con fruta entera, como macedonias o brochetas”.

3. Alcohol

El alcohol es otro de los productos que no se deberían consumir de forma habitual, aunque sea una copa de vino. “Siempre se ha dicho que el vino es muy saludable debido a la concentración de antioxidantes (polifenoles), pero esas sustancias están contenidas en alcohol” y el alcohol tiene calorías. De hecho, “1gr de alcohol genera 7 kilocalorías, por esta razón, beber asiduamente y más de una copa al día puede aumentar la probabilidad de aumentar el peso”, señala Ángela Tello Barrera, dietista clínico, coach nutricional y colegiada del Colegiada en el Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad de Madrid y especialista en educación nutricional y alimentación con sentido común.

Yogures de sabores

4. Yogures de sabores

Como ocurre con las bebidas sin azúcares añadidos, los yogures de sabores también tienen reclamos publicitarios para convencernos de que su ingesta es saludable. Dentro de este grupo se pueden incluir tanto los yogures de sabores como los postres lácteos azucarados.

El problema con estos productos “está en que muchas veces se anuncian como desnatados o sin grasa obviando el hecho de que no por ello tienen porqué ser light. De hecho, en la gran mayoría de los casos presentan altos niveles de azúcares cuyo consumo no solo está ligado a un mayor riesgo a engordar sino también a padecer otros problemas graves de salud como diabetes o caries”, advierte Escalada. Tampoco serían recomendables los yogures que “sustituyen estos azúcares por edulcorantes acalóricos, ya que alteran el umbral del sabor de nuestro paladar haciendo que nos apetezca más dulce”. Además, añade, “su consumo está relacionado, entre otras patologías con la disbiosis intestinal”. Por tanto, “lo ideal es evitar su consumo lo máximo posible y sustituirlos por yogures naturales sin azucarar a los que se les puede añadir trocitos de fruta, canela, chocolate negro, semillas”.

Si una persona tiene sobrepeso lo aconsejable es consumir productos lácteos desnatados o semidesnatados, dado que las grasas de los productos enteros aportan calorías que pueden contribuir con el aumento de peso”, señala Tello Barrera.

4. Galletas, cereales de desayuno y pan blanco

A pesar de que muchas veces se incluyen dentro de pautas de adelgazamiento las galletas  y los cereales del desayuno “no suelen ser la mejor opción”, señala Escalada. En primer lugar, “suelen presentar altas cantidades de azúcar (o en su defecto edulcorantes) y harinas refinadas que no solo aportan calorías vacías, sino que tienen alto poder adictivo y bajo efecto saciante”. Además, a parte de los ingredientes básicos como la harina o los copos del cereal, el azúcar, la mantequilla o la margarina, “muchas veces incluyen otros como chocolates o frutos deshidratados que aumentan aún más el total de calorías que aportan”, destaca.

Debido a que “su macronutriente prioritario son los hidratos de carbono”, si se consumen, “es mejor consumirlos por las mañanas que por las tardes y en cantidad moderada (40 gr. de cereales o 4 galletas tipo María)”, aunque, sin duda, la mejor opción es “sustituirlos por alternativas más sanas como copos de cereales enteros sin azucarar o tostadas de pan integral”.

En el caso del pan, otro alimento muy habitual en nuestra alimentación, lo mejor es optar por la versión integral. “El hecho con harinas refinadas su único valor es el calórico dado que no contiene nutrientes ni fibra”, señala Tello Barrera. “Los carbohidratos refinados del pan generan picos de glucosa en la sangre que no causan sensación de saciedad, todo lo contrario, la necesidad de comer sigue intacta”.

Mujer haciendo magdalenas

5. Bollería casera

Muchas personas creen que sustituir la bollería industrial por la bollería casera es una muy buena opción para darnos un capricho en dietas de adelgazamiento, pero la realidad es que si se usan ingredientes poco saludable son igual de insanos. Como indica Escalada, el consumo de estos productos elaborados en casa “se ha disparado desde la pandemia cuando el Covid nos dejó más tiempo para cocinar con calma, pero la verdad es que su consumo es una de las causas de que el peso de la población aumentara notablemente en este tiempo”. 

La gente cree que por hacerlo en casa va a ser más sano y light pero en el fondo “los ingredientes son los mismos o muy parecidos (harinas, azúcar, aceite o mantequilla…) y por tanto aportan muchas calorías, lo que no ayuda a bajar de peso”.

Cuando se realiza esta bollería con ingredientes más sanos, como harinas integrales o frutas en lugar de azúcar, “se mejora mucho su calidad, pero no se reduce el aporte calórico”.

Por ello, su consejo es “evitarlos exactamente igual que la bollería industrial y si se consumen de forma esporádica, escoger siempre las versiones más saludables”. No deberían consumirse más de una vez a la semana, siempre mejor por las mañanas que por las tardes y en cantidad controlada (aproximadamente 100 gr)”.

6. Mermeladas light

A muchas personas no les gustan los desayunos salados, como las tostadas integrales con aceite y tomate natural, y prefieren desayunar algo dulce, como pan con mermelada, por lo que optan por comprar su versión light. Estas, como apunta Escalada, “son un recurso muy utilizado en las tostadas de desayuno de quienes quieren perder peso, pero no son una buena opción”. En primer lugar, “porque el hecho de que un producto sea light solo significa que tenga al menos un 30% menos de calorías que sus iguales”. En segundo lugar, “porque su ingrediente fundamental es el azúcar lo que aporta calorías vacías, justo lo contrario a lo que necesitamos si queremos bajar de peso y grasa corporal”.Y en tercer lugar, “su potente sabor dulce conseguido gracias a estos azúcares o edulcorantes aumentan nuestras ganas de otros dulces y su efecto saciante es bajo y corto”.

Por tanto, una mermelada light va a seguir siendo un producto altamente calórico, por lo que hay que saber que “consumirlas en el desayuno hará que estos sean más calóricos de lo que deberían y que en poco tiempo volvamos a sentir hambre o que aumentará nuestra ingesta total”.

Su consejo es “evitar estos productos y, si los consumimos, hacerlo de manera muy limitada en cantidad y frecuencia”. Algunos sustitutos para nuestras tostadas pueden ser “el aceite de oliva virgen extra, el guacamole, el hummus, los quesos untables de calidad o la fruta en pedazos”.

7. Aguacate

El aguacate quizá sea el «superalimento» por excelencia. Hace unos años su fama empezó a crecer e hizo que mucha gente lo incluyera en sus menús diarios sin medida. En efecto, “el aguacate es un alimento saludable ya que está constituido fundamentalmente por grasas saludables, lo que es beneficioso en el control de los niveles de colesterol y, por tanto, en la prevención de enfermedades de tipo cardiovascular”, explica Escalada. Además, “este alto contenido en grasa hace que su consumo sea altamente saciante, lo que nos puede beneficiar a la hora de hacer una pauta de bajada de peso”.

Sin embargo y precisamente por el mismo motivo, “no hay que olvidar que el aguacate tiene un aporte calórico elevado por lo que, aunque se puede consumir a diario y a cualquier hora, no deberíamos tomar más de 0,5-1 al día, siempre dependiendo de nuestra práctica de ejercicio y del resto de alimentos que incluyamos en nuestros menús”.

frutos secos

8. Frutos secos

Los frutos secos al natural (sin freir, sin sal y sin otro tipo de condimento) son muy sanos aunque también muy calóricos. La principal característica de los frutos secos es “su bajo contenido en agua, lo que hace que el resto de nutrientes queden con una alta concentración”. En concreto, “su macronutriente fundamental son las grasas insaturadas; lo que hace que aporten muchas calorías en muy poca cantidad de alimento y que, por ello, la cantidad en la que se consume debe ser limitada (4-5 nueces, por ejemplo)”, explica Escalada.

A pesar de esto, “el consumo de frutos secos puede resultar beneficioso para perder peso ya que tienen un potente efecto saciante y no elevan de golpe los niveles de azúcar”. Eso sí, “para que estos efectos beneficiosos no queden ocultos, deben consumirse naturales o tostados y no más de una vez al día a no ser que se haga ejercicio físico de manera muy intensa”.

9. Dátiles

Otro producto que está muy de moda son los dátiles. Este producto “aparece en la mayoría de las recetas de bollería casera como sustituto del azúcar y los edulcorantes y, aunque tiene un elevado valor nutricional, ya que es rico en minerales como el hierro y el potasio, en vitaminas y en fibra (lo que le convierte en un producto idóneo para ser incluido en nuestra dieta)”, no hay que olvidar que “es un fruto desecado por lo que su contenido en agua es muy bajo y su aporte calórico muy elevado”. Esto hace que su consumo sea limitado y coherente con nuestra actividad física. Un consejo de la dietista es “comer un par de dátiles antes de realizar ejercicio para darnos un aporte extra de energía”.

10. Ensaladas

Muchas veces, las personas que están siguiendo alguna pauta para bajar de peso recurren a las ensaladas como una opción muy baja en calorías aunque en muchos casos no es así.

Este tipo de preparación culinaria “permite añadir casi cualquier tipo de alimento por lo que podemos hacer ensaladas que, efectivamente, tengan muy pocas calorías (a base de lechuga, tomate, pepino, cebolla y taquitos de pavo aderezada con zumo de limón y un poco de aceite) o muy calóricas (a base de pasta blanca, salmón, aguacate, queso, cebolla frita, nueces y salsa rosa)”, ejemplifica Escalada.

Otro problema que presentan las ensaladas es que “a veces, son muy poco saciantes por lo que transcurrido un breve periodo de tiempo volveremos a sentir hambre y pueden resultar aburridas si las hacemos a diario y variamos poco los ingredientes”, indica.

Por ello, si queremos incluirlas en nuestro día a día y bajar de peso el consejo de la nutricionista es “optar por las elaborarlas con abundancia de vegetales y hortalizas de colores variados, añadir una fuente proteica baja en grasa (pollo, pavo, gambas, huevo…) y aderezarlas con aceite de oliva virgen extra (lo mejor es usar un bote en spray para no excedernos con la cantidad) y vinagre o limón”.

Además, concluye, “es mejor tomarlas en la comida que en la cena ya que por la noche hay más posibilidad de que nos provoque flatulencia”.

Clara o tinto de verano, ¿de verdad son buenos para combatir el calor?

Son las estrellas indiscutibles de terrazas y chiringuitos y una muestra inequívoca de la estación estival. Su fama es excelente, tienen un sabor agradable y ‘entran’ de maravilla. Si son la mejor opción contra el calor es otro tema

Alimente El Confidencial, por Ángeles Gómez

Cuando el calor y la sed aprietan, un buen vaso de agua es la elección más acertada, lo que no significa que tenga que ser también la más rica ni la más popular. De hecho, un vistazo por terrazas, barras de bar o chiringuitos nos enseña qué bebidas dominan: la cerveza (sola o con gaseosa) y el vino, especialmente el célebre tinto de verano. Ante el temor de que el ojo nos haya engañado, recurrimos a la inmensa fuente de información que es Google y comprobamos que en 2018 los españoles nos bebimos 2.700 millones de litros de cerveza en establecimientos públicos, frente a los más de 34 millones de litros de tinto de verano, según los datos ofrecidos por Mercasa.

Las dos bebidas nacieron a principios del siglo XX y se popularizaron en los años 50 con la llegada de una célebre gaseosa

El dicho afirma que las comparaciones son odiosas pero, sin quitar una pizca de razón a la sabiduría popular, en Alimente nos gusta enfrentar bebidas y alimentos parecidos y descubrir qué aporta cada uno de ellos. En este caso, y remontándonos a sus orígenes, la clara y el tinto de verano nacieron en la misma época, en la primera mitad del siglo XX, como recoge la Wikipedia, pero no fue hasta pasados los años 50 cuando ganaron popularidad gracias a la llegada de la conocida marca de gaseosa. A partir de ahí, forman parte de nuestra cultura gastronómica.

Cualidades al descubierto

¿Qué aporta cada bebida alcohólica? Según la Base de Datos Española de Composición de los Alimentos (BEDCA), la cerveza contiene algo menos del 4% de su volumen de alcohol, 42 calorías en 100 ml, minerales (calcio, fósforo, potasio, magnesio) y vitaminas (sobre todo E). El vino tiene una proporción etílica del 9,8%, 71 calorías en 100 ml y más potasio que la cerveza (pero menos del resto de minerales).

En cuanto a sus efectos saludables, la cerveza optimiza el perfil lipídico (colesterol y grasas), lo que se traduce en menos riesgo cardiovascular, como encontró una investigación española. También reduce la posibilidad de tener diabetes tipo 2, mejora los huesos y disminuye el riesgo de padecer demencia. Eso sí, todos los beneficios se asocian a un consumo moderado.

En cuanto al vino tinto, es un pilar de nuestra dieta mediterránea, y los taninos y el resveratrol de su composición proporcionan innumerables beneficios, los más notables para la salud cardiovascular, reconocidos por diferentes sociedades científicas, como la Sociedad Española de Cardiología, pero también protege de la depresión, mejora la resistencia a la insulina y defiende frente a algunos tipos de cáncer comunes (colon, próstata y ovario).

Si a la cerveza o el vino se le añade gaseosa (agua con gas edulcorada, pero sin ningún aporte calórico), observando la proporción 1:1, tenemos la fórmula perfecta de la clara y del tinto de verano con las propiedades de sus ingredientes alcohólicos intactas.

Las trampas del alcohol

Hasta aquí todo es positivo, pero ahora llega la parte que nos gusta menos, y Rubén Bravo, dietista y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), es quien desvela la realidad: «Tinto de verano y clara se toman para refrescarnos, pero es un gran error porque el alcohol deshidrata«. Y prosigue argumentando: «Cuando tenemos mucho calor, la deshidratación es muy alta y sin darnos cuenta podemos tomar una cantidad muy alta de alcohol con esas bebidas», y la ingesta etílica alta (diaria y en exceso) está «totalmente desaconsejada por los profesionales de la salud».

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Bravo explica, además, que «el alcohol nos deshidrata sobre todo a nivel cerebral, y pueden aparecer dolor de cabeza o desmayos». Por ello, propone otras opciones «más sanas y menos calóricas», que parten del agua y siguen por el zumo de tomate o el té con hielo y limón.

El consejo del dietista es muy bueno, pero ¿quién se plantea sentarse en un chiringuito playero a tomar té con hielo? Ante esta objeción, el portavoz del IMEO expone: «Primamos el vino tinto con gaseosa porque la cantidad que se bebe es menor y además hay más evidencia científica sobre los beneficios del vino tinto por su efecto antioxidante». En el caso de la clara, afirma que «es verdad que se han encontrado beneficios y un ligero efecto antioxidante, pero siempre vamos a beber más cerveza con gaseosa que vino tinto con gaseosa (y por tanto más alcohol)».

Para finalizar, aunque en realidad es el punto de partida, «tanto para el tinto de verano como para la clara hay que usar gaseosa, que no contiene calorías, en lugar de refresco de limón». Bueno, y haciendo una última concesión, «una limonada con cero calorías«.

En definitiva, como decíamos al principio del artículo, para refrescarnos e hidratarnos en verano el agua ha de ser la primera elección o, en su defecto, una infusión bien cargada de hielo, pero si seguimos con la determinación de una bebida alcohólica, «vino con gaseosa y una rodaja de limón, ya que así la cantidad de alcohol es menor que en el tinto de verano», defiende Rubén Bravo. ¡Ah!, y hielo, mucho hielo.

Papá Noel come más sano

Listín Diario / Omar Goncebat EFE

“Navidad, Navidad, dulce Navidad”, dice la letra de uno de los villancicos más populares, pero los nutricionistas aconsejan consumir con moderación los dulces y otras comidas repletas de calorías, que en poco tiempo pueden llevarnos a aumentar el parecido de nuestra barriga con la del simpático gordinflón vestido de rojo y blanco, que trae los regalos de Navidad.

Las posibilidades de engordar como Papá Noel aumentan porque en muchos países las tiendas y supermercados ponen  a la venta los productos navideños cada vez con mayor antelación, semanas e incluso meses antes de las fiestas, con lo cual son consumidos de manera anticipada.

Ricos en calorías, grasas y azúcares, estos productos de Navidad son altamente adictivos y aportan “el grueso” del peso que se suele ganar durante esta época, según el Instituto Médico Europeo de la Obesidad

Por esos sus expertos recomiendan reservar su consumo para las fechas señaladas, limitándonos a una o dos raciones para evitar caer en excesos y atracones, que en poco tiempo pueden llevarnos a aumentar nuestro parecido físico con Santa Claus.

“Debido su carácter gastronómico y a que se celebra en torno a la mesa, esta época presenta un mayor riesgo para el aumento de peso en la población adulta e infantil”, señala Sonia Peinado, nutricionista de este centro (www.imeoobesidad.com).

SUMANDO DE TRES A CINCO  KILOS EN DOS SEMANAS.

«Bastan dos semanas de malos hábitos alimenticios, acompañados por sedentarismo o disminución de la actividad física habitual, para despuntar en cuanto al porcentaje de masa grasa», apunta.

Incide Peinado en que «los kilos ganados con facilidad durante esta época -entre 3 y 5 de media, según una encuesta del Instituto- permanecen y no se esfuman por la chimenea como Papá Noel”.

«Las tentaciones gastronómicas –dulces, saladas o graduadas y todas calóricas en exceso— comienzan en octubre y se consumen hasta febrero cuando acabamos las “sobras” de la Navidad», afirma Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía del Instituto.

Aconseja comprar los productos a mediados de diciembre, consumirlos de manera moderada y ocasional, llevar una dieta equilibrada en los días que rodean los días más señalados, «compensando un exceso en la comida el mismo día o el siguiente con un menú ligero y digestivo, todo ello sin abandonar la actividad física”.

A la hora de comer, el aperitivo resulta clave, según Bravo, quien sugiere «sustituir los patés, salsas, chorizos, salchichones, quesos curados y tentempiés fritos, ricos en grasas saturadas, por mariscos, embutidos magros y verduras».

“En la comida, hay que evitar el pan y los platos tradicionales a base de pasta, arroces o legumbres, porque son muy energéticos y el cuerpo no podrá metabolizarlos tan rápido. El pescado y el pavo al horno nos aportarían proteína saludable y menos grasas que un cochinillo asado o cordero lechal”, apunta.

En cuanto a la bebida, recomienda optar por vinos o cerveza con gaseosa, para “recortar en calorías” y en cuanto al postre, aconseja empezar por una fruta fresca (piña, melón) dejando el almíbar, y terminando con una onza de chocolate negro.

“Podemos finalizar con una copa de cava o champán, en lugar de licor  y tomar una infusión de hierbas (tisanas) que nos ayudará a realizar la digestión”, señala.

¡OJO CON LAS   ‘DELICATESSEN’ Y LOS DULCES TÍPICOS!.

Bravo recomienda tomar “con cabeza”, no solo las bebidas alcohólicas, sino además los productos ‘delicatessen’ y los clásicos dulces típicos, eligiendo en este último caso aquellos que no llevan azúcar añadido y controlando la cantidad.

«Algunos de los productos más calóricos cuyo consumo hay que limitar son: el ‘foiegras’ y los patés; los embutidos y los quesos; los panes, biscotes (pan especial tostado) y tostadas variadas; los licores de café, hierbas o de frutas, y las frutas escarchadas o confitadas», según la nutricionista Carmen Escalada.

«Existe una gran variedad de dulces navideños, cuya masa compacta se elabora a base de almendras, nueces, miel, azúcar, chocolate, manteca, fruta confitada, vino o aguardiente y harina de trigo, y con numerosas calorías provenientes de grasas saturadas y de baja calidad, además de harinas y azúcares refinados», añade la nutricionista dietista Estefanía Ramo.

«Por ello, al igual que sucede con los ‘delicatessen’, conviene tomar los dulces solo en las fechas señaladas y limitar su consumo a una o dos raciones diarias», apunta Ramo, explicando que una ración de turrón suele ser de 30 gramos y que las de mazapán y polvorones podrían variar entre 30 y 50 gramos.

Explica que los bombones, trufas, mazapanes, ‘panettone’ y turrones figuran entre los dulces navideños más calóricos, ricos en grasas y azúcares, muy adictivos y de escaso valor nutricional.

Para resistir la tentación de comprar o consumir en exceso estos dulces dentro o fuera de las fechas navideñas, los expertos recomiendan visualizar el esfuerzo físico que tendemos que realizar para compensar el extra de calorías que nos aportarán.

«Pensar que una cantidad minúscula de estas delicias contienen cientos de calorías y que, para quemar las calorías de dos bocados tenemos que realizar media hora de actividad física intensa, como correr, hacer «spinning», aerobic o pilates, puede tener efecto disuasorio a la hora de comprarlas y consumirlas», señalan los expertos del Instituto Médico.   

Esto es todo lo que ocultan tus ronquidos

Además de problemas para conciliar el sueño aparecen otros relacionados con estos molestos sonidos

La Opinión de Murcia

Los ronquidos son un problema tanto para la persona que los padece como para su acompañante. Estos suponen una de las mayores molestias a la hora de conciliar el sueño, pueden provocar trastornos de sueño y reducir las horas de descanso. Por esto es tan importante intentar evitar los ronquidos, ya sea con remedios caseros o acudiendo a un especialista.

Pero además de molesto e interrumpir el sueño, los ronquidos esconden otros problemas mucho más graves. La apnea es uno de estos problemas: los expertos coinciden en que es un trastorno que combina la presencia de ronquidos muy intensos, interrupciones de la respiración durante 10 o más segundos y cansancio durante el día. Estas interrupciones elevan el riesgo de sufrir un

Alcohol, tabaco y sustancias relajantes

Según datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, se calcula que la mitad de los hombres y el 25% de las mujeres ronca.

El sobrepeso

Es muy probable que no exista un único causante del ronquido y, a su vez, de la apnea. El sobrepeso es una de las causas y puede hacer que, de un día a otro, una persona que no roncaba, comience a hacerlo.

Esto se produce porque en personas con sobrepeso aumenta el grosor de las pareces torácicas y esto da lugar a una disminución de los movimientos respiratorios, según un estudio de la Universidad Nacional del Nordeste de Argentina. Este hecho podría prevenirse o curarse controlando el peso.

Expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han asegurado que tener exceso de grasa en la zona cervical supone un factor de riesgo para desarrollar apnea. Además, añaden que la falta de sueño y la obesidad son dos patologías que se retroalimentan. Esto quiere decir que la falta crónica de oxígeno contribuye la ralentización del metabolismo y, esto a la larga, se traduce en mayor facilidad para ganar peso.

Alcohol, tabaco y sustancias relajantes

El consumo de alcohol, tabaco o relajantes como ansiolíticos, antidepresivos o hipnóticos pueden ser también causantes de los ronquidos. Las pastillas para dormir pueden provocarlos porque deprimen el sistema nervioso central y relajan la musculatura, dificultando el paso del aire.

Fumar afecta a los ronquidos según algunos expertos porque irrita, inflama y angosta las vías respiratorias superiores. La nicotina contiene cafeína, lo que funciona como relajante muscular. Al fumar se relajan los tejidos blandos de la garganta y, por lo tanto, se contraen reduciendo el tamaño de las vías respiratorias. Por esto se inflaman la garganta y la nariz, causando dolor.

Al igual que la nicotina del tabaco, el alcohol produce que los músculos de la garganta se relajen. Aunque el alcohol ayuda a conciliar el sueño, se ha demostrado que la bebida produce un sueño de baja calidad, interrupciones nocturnas y ronquidos.

Otras causas

Otras de las causas que esconden los ronquidos, podrían ser un resfriado o una alergia, ya que provocan congestión nasal y dificultad a la hora de respirar.

El embarazo y la menopausia también se relacionan con los ronquidos, debido a la redistribución del tejido adiposo que se produce con los cambios físicos y hormonales.

Falsos mitos sobre alimentación y cáncer

Ni el café produce cáncer ni el té lo previene. Estas son algunas de las creencias infundadas más frecuentes

National Geographic

Una buena alimentación puede ayudar a prevenir el cáncer, pero no existe ningún alimento que por sí mismo sea capaz de provocar o curar esta enfermedad. Otra cuestión es la manera de cocinarlos, el abuso de las dietas ricas en grasas o el consumo excesivo de alcohol, factores sobre los que sí se ha demostrado que pueden aumentar el riesgo de padecer esta enfermedad. Existe mucha información sobre el hipotético poder curativo o perjudicial de algunos alimentos, pero no todo lo que es vox populi es cierto. Ni mucho menos.

La única receta mágica para prevenir esta enfermedad desde el punto de vista de la alimentación es mantener una “dieta rica en frutas y verduras, consumir alimentos integrales, frutos secos y legumbres, y evitar el consumo habitual de alimentos procesados, con exceso de sal y/o azúcares, así como de carne roja –afirma Marta Blanco, oncóloga de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC)–. No existen dietas anticáncer, únicamente podemos hablar de hábitos nutricionales saludables que nos ayudan a disminuir el riesgo de algunos tipos de cáncer», añade.

De hecho, según la AECC, las dietas ricas frutas y verduras evitarían un 20% o más de todos los tipos de cáncer, especialmente los de cavidad oral, esófago, pulmón, estómago, colorrectal, páncreas, mama y vejiga.

La recomendación de los médicos es sencilla: consumir abundantes frutas y verdurasmoderar el consumo de grasas –de tal modo que no supere el 30% de las calorías totales– y evitar en la medida de lo posible el consumo de alcohol y productos que contengan azúcares añadidos. Ni los suplementos vitamínicos reducen el riesgo de cáncer, ni el café, los edulcorantes artificiales o los aditivos los provocan.

Entre los estudios al respecto, destaca este artículo publicado en 2015 en la revista especializada Cancer Epidemiology en se desarrollan los puntos especificados en el llamado «Código Europeo Contra el Cáncer«, o esta investigación realizada por científicos españoles sobre la relación entre la dieta mediterránea y el cáncer de mama.

Creencias erróneas sobre el cáncer

Desde la AECC conocen muy bien la enfermedad y los falsos mitos que van de boca en boca hasta el punto de casi convertirse en religiones dietéticas anticáncer. Por eso han decidido recopilarlas de cara a eliminar esas faltas creencias que pueden confundir a la sociedad. Estas son algunas de las principales:

1- “Tengo que comer cosas especiales para curarme”

Falso. En la mayoría de las ocasiones no es preciso modificar la dieta. En general, es recomendable realizar una alimentación equilibrada y saludable (como la de cualquier persona no enferma). Un buen estado de nutrición permite tolerar mejor las terapias. Sí es cierto que con algunos tumores y/o tratamientos es necesario modificar temporalmente la dieta para minimizar o hacer desaparecer algún síntoma molesto. Sin embargo, una vez que dicho síntoma desaparece, se puede retomar la dieta habitual. Y siempre supervisado por un médico especialista.

2- “El alcohol no provoca cáncer”
Falso. El alcohol aumenta el riesgo de padecer cáncer de boca, esófago, laringe, estómago e hígado. Una amenaza que se potencia si se asocia al consumo de tabaco, explican desde la AECC.

Existe un fuerte consenso científico de que el consumo de alcohol puede causar varios tipos de cáncer.

En su Informe sobre Carcinógenos, el Programa Nacional de Toxicología del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos incluye en la lista el consumo de bebidas alcohólicas como un conocido carcinógeno humano.

Por otra parte, este estudio elaborado en parte por científicos españoles establece una relación entre la metilación del ADN, un marcador del cáncer, y la ingesta de alcohol.

Tal y como se especifica en el Código Europeo contra el Cáncer, la mejor prevención es eliminar por completo el consumo de alcohol. Esta investigación,avalada por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), desvela hasta qué punto existe una relación causal entre el consumo de bebidas alcohólicas y casos de cáncer de cavidad oral, colorrectal, faringe, laringe, esófago, hígado y mama.

3- “Los suplementos de vitaminas reducen el riesgo de tener cáncer”
Falso. Los estudios actuales sugieren que aquellas personas que ingieren una mayor cantidad de frutas y verduras en su dieta habitual poseen menor riesgo de padecer determinados tipos de cáncer. ¿Por qué? Parece que la clave está en los antioxidantes.

Como resultado del metabolismo normal se producen una serie de sustancias oxidantes que lesionan los distintos tejidos y que son los responsables del envejecimiento normal de los mismos y, en ocasiones, de las lesiones precursoras del cáncer. Los antioxidantes se encuentran en las frutas y verduras, entre otros alimentos, y destruyen los productos derivados de la oxidación, protegiendo los tejidos del daño que pudieran causar los mismos.

Son antioxidantes la vitamina C, la E, el selenio, los carotenoides… (la vitamina C y la E, junto con la provitamina A, son las únicas que cumplen la función de antioxidantes). Importante: los estudios demuestran que el consumo de frutas y verduras reduce la probabilidad de tener algunos tipos de cáncer, pero no hay evidencia de que los suplementos como tal tengan la misma función.

4- “Los edulcorantes artificiales causan cáncer”

Falso. Los edulcorantes (como la sacarina o el aspartamo) no aumentan el riesgo de padecer cáncer. Es cierto que determinados estudios realizados con sacarina, empleada a grandes dosis, en ratas de laboratorio han puesto en evidencia que puede promover el desarrollo de cánceres vesicales por poseer una acción erosiva sobre la mucosa. Sin embargo, los estudios epidemiológicos en humanos no han demostrado el aumento de la incidencia de cáncer de vejiga.

5- “Los alimentos transgénicos tienen relación con la aparición de cáncer”
Falso. No existen estudios científicos que hayan relacionado los alimentos transgénicos con procesos oncológicos. Estos alimentos, los famosos OMG (organismos modificados genéticamente) se modifican mediante técnicas de bioingeniería. Básicamente se les introducen genes que cambian ciertas cualidades (como su tamaño, dureza, grosor de la piel, cantidad de pepitas…) a partir de genes de otro organismo. Pero al comerlos no cambia los genes del consumidor.

6- “Tomar café produce cáncer”
Falso. Hace años un estudio científico relacionó la ingesta de café con el aumento del riesgo de padecer cáncer de páncreas; sin embargo múltiples estudios de los últimos años no han encontrado relación alguna, incluso algunos evidencian beneficios y un posible papel protector en determinados tipos de cáncer, como el de colon.

Por ejemplo, el artículo «Cofee and cancer risk: a summary overview», se especifica que no solo no hay ningún tipo de correlación positiva entre el consumo de café y el cáncer, sino que su consumo moderado se asocia incluso con una menor incidencia en determinados cánceres, como el de hígado o el orofaríngeo. Del mismo modo, el estudio indica que los datos parecen demostrar un efecto positivo del consumo de café en los casos de cáncer colorrectal.

Esta otra investigación , titulada Cofee and pancreatic cancer risk among never-smokers in the UK prospective Million Women Study , tampoco encuentra relación casual entre el consumo de café y el cáncer de páncreas entre no fumadores, por lo que la relación encontrada en otros estudios podría ser espuria, al estar basada en otro factor (el tabaco), el cual habría dado lugar a confusión.

7- “La manera de cocinar los alimentos no influye en el riesgo de padecer cáncer”
Falso. Es importante evitar alimentos muy fritos o muy asados a la parrilla, ya que pueden contener benzopirenos, unos compuestos cancerígenos. Además, no se debe abusar de los alimentos ahumados, salazones o conservados en vinagre, pues producen nitrosaminas.

8- “Los aditivos causan cáncer”
Falso. Los aditivos están presentes en un número muy variado de alimentos pero en cantidades muy pequeñas. De hecho los aditivos autorizados no son perjudiciales para la salud, ni siquiera si se consumieran de forma excesiva.

9- “Los alimentos irradiados pueden causar cáncer”
Falso. No existe evidencia de que el consumo de este tipo de alimento aumente el riesgo de cáncer. Se irradian determinados alimentos con el objeto de matar los organismos dañinos que podrían acelerar la destrucción del mismo. La radiación no permanece en el alimento irradiado tras el tratamiento, es solo un mito sin fundamento científico.

10- “El azúcar causa cáncer o hace que empeore”
Falso. Hay diferentes teorías que respaldan la idea de que el consumo de azúcar está directamente relacionado con la aparición del cáncer o su empeoramiento. Cuando hablamos de azúcar, normalmente hacemos referencia a la sacarosa, o azúcar de mesa, que resulta de la unión de una molécula de glucosa y otra de fructosa. Sin embargo, además de la sacarosa, existen otras formas de azúcar, como por ejemplo, la lactosa (azúcar de la leche) o la fructosa (azúcar de la fruta). De todas las moléculas citadas anteriormente, la glucosa constituye la principal fuente de energía de nuestro organismo.

A través de diversos mecanismos, en los que interviene el páncreas, la glucosa llega a las células para que estas puedan vivir y realizar sus funciones de manera adecuada.

El cáncer está formado por células que característicamente presentan mutaciones, y éstas les confieren la capacidad de reproducirse a una velocidad mucho más rápida que el resto de células de nuestro organismo. Estas células malignas, al igual que las sanas, utilizan como principal fuente de energía para desarrollar sus funciones la glucosa, pero necesitan de una cantidad mayor puesto que crecen de manera más rápida.

Esta afirmación no debe confundirse con la idea de que las células malignas crecen más rápido si la persona ingiere más azúcar en su dieta, sino que consumirán mayor cantidad porque su metabolismo así lo requiere.

Existen diversos estudios sobre la relación entre el consumo de azúcar y diferentes tipos de cáncer, pero ninguno de ellos es concluyente.
Lo que sí debemos recordar es que el sobrepeso y obesidad son factores de riego frente algunos tipos de cáncer, como el de mama o el de colon, y que la ingesta elevada de azúcares de absorción rápida favorece la obesidad. Por lo que es recomendable evitar el exceso de azúcares refinados y preferir los hidratos de carbono complejos, que son más saludables.

11- “La obesidad no aumenta el riesgo de cáncer”
Falso. Las personas con sobrepeso tienen un riesgo más elevado de padecer determinados tumores (mama en postmenopáusicas, colon, endometrio y recto) que la población con peso normal.

12- «El té previene el cáncer”
Falso. El té verde contiene gran cantidad de antioxidantes, motivo por el cual algunos investigadores han propuesto que puede ser beneficioso. Sin embargo, aún no se ha podido demostrar este beneficio en personas de manera científica.

13- “Los envases de plástico pueden causar cáncer, incluso el agua embotellada”
Falso.

Hace unos años corrió el bulo de que el prestigioso hospital Johns Hopkings había comunicado el riesgo de consumir productos envasados en plástico. Sin embargo, el hospital publicó una entrevista con un experto en el que se negaba esa relación.

Los materiales plásticos que se utilizan para envasar los alimentos están constituidos por diferentes tipos de sustancias de las que pequeñas moléculas pueden migrar al producto durante el proceso de fabricación del envase, el llenado o el almacenamiento. Estas sustancias pueden tener efectos indeseables sobre la salud -en ocasiones- si se superan los límites que marca la legislación sobre materiales plásticos en contacto con alimentos.

La mayor parte de las investigaciones realizadas al respecto han arrojado como conclusión que el uso de estos materiales, siempre que cumplan la legislación vigente, y se sigan las normas de correcta utilización, son seguros para la salud, y no se ha encontrado correlación con aumento de riesgo de cáncer. Se sabe que los recipientes de plástico rígido a base de policarbonato que contienen el aditivo BPA o Bisfenol A sí pueden liberar estas sustancias al contenido del envase.

Sin embargo, la cantidad liberada es generalmente mínima, aunque se está reevaluando constantemente a nivel científico para descartar que sea potencialmente dañino. Y por un principio de precaución, en Europa está prohibido su uso en productos destinados a la lactancia y la edad temprana.

La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) es una organización sin ánimo de lucro formada por pacientes, familiares, voluntarios y profesionales del ámbito de la salud que lleva 65 años trabajando en la lucha contra el cáncer. Su objetivo es prevenir, sensibilizar, acompañar a las personas afectadas y financiar proyectos de investigación oncológica que permitan un mejor diagnóstico y tratamiento de la enfermedad.

Cómo adelgazar tras el desfase navideño

El Mundo, por Gema García Marcos

Te notas pesado. Te cuesta moverte. Sientes como si tu estómago fuera una lavadora en constante fase de centrifugado. De abrocharse los vaqueros -o de simplemente intentar entrar en ellos-, mejor ni hablamos. No, no se está sugestionando. Es que, tras tres semanas de desfases navideños -cuatro si sumamos la de las celebraciones previas a las fiestas-, ha alcanzado sus máximos históricos de peso. Puede que hayas engordado «entre uno y dos kilos», según le advirtió Rubén Bravo, experto en Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), en estas mismas páginas a principios del mes de diciembre.

Tranquilo. Respire. Y, antes de lanzarse a la desesperada a ayunos inútiles que no harán más que minarte la salud y la moral, toma nota de los consejos del comité de sabios de ZEN.

GRASAS

Croquetas, quesos, cordero, salsas elaboradas con nata y mantequilla, mayonesa… Mantenerse alejado de la grasa resulta una misión imposible durante estas fechas. «Una vez al año, no hace daño», nos autojustificamos. Puede que sea cierto, siempre y cuando el tema no se nos vaya de las manos.

Ana Albarsanz, experta en nutrición, explica que, con tanto exceso, «hemos sobrecargado y congestionado a tope a nuestro hígado, nuestro preciado órgano détox«. La mejor manera para limpiarlo es «ingerir alimentos que ayuden a depurar y eliminar toxinas». La lista de los más aconsejables: «Alcachofas, brécol, espinacas, rúcula, ajo, espárragos, apio, calabacín, berenjena, piña o sandía». La mejor manera de tomarlos es «en crudo -ensaladas o batidos-, y siempre acompañado de una buena proteína como carne magra, pescado blanco, clara de huevo o para los vegetarianos con legumbre, tofu, quinoa o nueces».

Además de incluir alimentos orgánicos en nuestra dieta -legumbres, semillas, jengibre, miso, chía, setas shiitake, hojas verdes, etc-, los expertos de Sha Wellness Clinic (El Albir, Alicante), sugieren que, durante estos días, «reduzcamos un poco las raciones, mastiquemos despacio y bebamos más agua».

María Amaro, nutricionista de la Clínica Feel Good (Madrid), alaba los beneficios del té verde «como bebida digestiva y quemagrasa».

Los truquillos de toda la vida también ayudan a sobrellevar los empachos. María Amaro recuerda que «el bicarbonato, al neutralizar el ácido transformándolo en cloruro de sodio, produce un alivio inmediato y también combate las flatulencias». Eso sí, advierte de que no conviene abusar de él ya que «puede producir alcalosis, que es un desequilibrio grave para el organismo». Además, está contraindicado «en personas que sufren gastritis, hipertensión o problemas cardiovasculares». Digestiva y depurativa para el hígado, «el agua con limón nos aporta energía y mejora el estado de ánimo».

ALCOHOL

Perjudiciales para la salud y cargadas de calorías vacías, las bebidas alcohólicas son de lo peor que le puede sentar a nuestro organismo. Y, si encima, nos ha dejado como secuela una resaca, el daño se multiplica. En este caso, Ata Pouramini, director de Quiropractic (Valencia) y autor de ‘Escuela de la Espalda’ y ‘Tú eres tu medicina’ -entre otros libros-, aconseja «no tomar paracetamol o ibuprofeno». ¿Por qué? Lo argumenta: «El hígado ha sufrido mucho en la metabolización del alcohol y, si encima lo combinamos con medicamentos, podemos provocar un daño hepático». Por este mismo motivo, indica la necesidad de dejar descansar a este órgano: «Está trabajando en la limpieza de las impurezas y los tóxicos del alcohol. Aunque sintamos vacío en el estómago, la comida debe ser ligera. Por supuesto, nada de grasas ni azúcares refinados».

Rehidratarse es básico. «No se trata sólo de beber agua -insiste Pouramini- sino de tomar alimentos ricos en ella, por ejemplo, peras o caldos de verduras». Para desayunar, su recomendación es «una infusión de té con jengibre». Si se añade «un huevo cocido, mucho mejor».

Para contrarrestar las bajadas de azúcar y de minerales que provoca el alcohol, aconseja consumir ‘snacks’ revitalizantes de plátano o nueces». En la comida, lo mejor son «las hojas verdes: espinacas y también achicoria». Es preferible olvidarse del café, porque al ser diurético, «nos va a deshidratar más y no ayudará ni al esófago ni al estómago». Para la cena, lo más indicado es una buena inyección de B12 «con atún, sardinas o algo de marisco».

Ata PouraminI recomienda huir de otros consejos populares como ‘limpiarse en la sauna’. «La combinación de alcohol, altas temperaturas y sudor nos puede conducir a un nivel alarmante de deshidratación. Es un mal consejo, muy, muy peligroso», advierte.

DULCE

A estas alturas de las fiestas navideñas, probablemente ya nos habremos puesto las botas de turrones, polvorones y mazapanes, «todos ellos ricos en calorías y grasas no saludables», según señala la nutricionista María Amaro. Y todavía nos queda la gran traca final, el roscón de Reyes. «Es hipercalórico pero también muy nutritivo, ya que el 48% de su composición son hidratos de carbono -a diferencia de otros dulces navideños-, el 10% proteínas y el 42% grasas», relata la experta en nutrición.

Una porción de roscón sin relleno tiene «unas 260 kcal». Si, además, lleva nata, trufa o crema hay que sumar «unas 100 kcal más por cada trozo». Si lo comparamos con las 120 kcal de un polvorón o las 85 de un pequeño mazapán -a las que hay que añadir el perjuicio que supone el derroche de grasas saturadas que llevan ambos en su composición-, el roscón, mucho más artesanal en su elaboración, se perfila como la opción más saludable a hora de comer dulce en Navidad.

Si te has pasado… Rosa Ordoyo, nutricionista de Clínicas Dorsia, recomienda «tomar al día siguiente caldos a base de cebolla, apio, puerro y pescado blanco. También, yogur, piña, zumos o licuados de naranja, manzana y zanahoria».

EJERCICIO

No queda otra. Si pretendemos devolver a nuestro cuerpo a su estado original antes de los festejos, tenemos que ponernos las pilas con el deporte. Kilian Rodríguez Ordóñez, preparador físico de la plataforma Entrenarme y director del Centro Well (Barcelona), enumera cinco consejos para combatir el rastro de los excesos en nuestra figura:

1. Optimizar al máximo el tiempo de entrenamiento con el que contamos. Si vamos justos, es recomendable reducir la carga aeróbica e incorporar el trabajo de fuerza como parte principal de la sesión que estamos realizando.

2. Salir del umbral de confort, buscando nuevas emociones en nuestras rutinas. Una opción bastante recomendable es pasarse al HIIT (entrenamiento interválico de alta intensidad) para quemar más grasa y calorías durante y después del ejercicio. Pero, ojo, que esta alternativa sólo está indicada para personas con una buena condición física previa y no debería realizarse más de tres veces a la semana.

3. Combinar ejercicios específicos en zonas de nuestro cuerpo en la que nos interese profundizar con grandes grupos musculares para aumentar el gasto calórico.

4. Trabajar de manera funcional, utilizando como carga nuestro propio peso corporal, en lugar de trabajar con máquinas. De este modo, conseguiremos quemar más calorías.

5. Huir de gurús y dietas détox milagrosas. No hay más secreto que convertir en protagonistas de nuestra dieta a frutas, verduras y proteínas magras (pollo, pavo…).

Si el deporte no forma parte de tu vida, aprovecha los buenos propósitos del nuevo año y la mala conciencia que te provoca el aumento de peso para introducir, poco a poco, el movimiento en tu día a día. Camine, monta en bici… ¡Te cambiará la vida!

 

A los 40 dio un giro drástico: cambió su cuerpo sin dieta, reveló el secreto y hace furor en las redes

El Intransigente

Belinda Norton Smith decidió, a sus 40 años, darle un giro radical a su vida. Cambió sus hábitos. Transformó su cuerpo. Compartió sus secretos. Y hace furor en las redes.  transformó su cuerpo gracias a una modificación de hábitos radical.

La asutraliana, demostró, además, que nunca es tarde. A sus 40 años, decidió por empezar a nutrirse con una dieta más saludable y, lo fundamental, a hacer ejercicios. Ahora comparte sus secretos en Instagram para inspirar a otras personas.

1. Cardio en ayunas

«Podés caminar si no querés correr o si no podés salir de casa, saltá la soga o hacé bicicleta estática. Practicar ejercicio con el estómago vacío y después desayunar provoca que el metabolismo se active y ajuste tu ritmo cardíaco mientras se acelera la distribución de la sangre por todo el cuerpo», aseguró.

2. Circuitos de velocidad

«Circuitos de 40 minutos aumentan tu masa muscular. No es necesario más», remarcó. «Son muy importantes porque a medida que envejecemos tendemos a perder el tono muscular y si no los construimos bien terminamos perdiendo la fuerza y la movilidad», explicó.

3. Seis comidas por día

«Las mujeres, sobre todo, necesitan seis comidas al día para estabilizar su metabolismo, por lo que es muy importante hacerlo», sostuvo.

4. Cuidado con el alcohol

«El alcohol está bien un viernes por la noche o en una fiesta especial, pero hay que tratar de evitarlo el resto de la semana. La gente suele olvidar la gran cantidad de azúcar que tiene el vino. Reemplazá esa por agua y vas a ver los resultados», comentó. Además, durante los primeros 10 días de cambio de dieta, nada de alcohol.

5. El cuidado de los abdominales

«Si lo que querés es una verdadera tabla de planchar, tenés que mirar con lupa lo que tomás y comés de manera sana o todo ese ejercicio no tendrá resultados», advirtió. Además, remarcó la importancia de trabajar en ambos lados y con las planchas con peso en las piernas.

6. No obsesionarse con la balanza

Lo recomendable es pesarse una vez por día, siempre a la misma hora, desnudo o con poca ropa, para conocer la evolución que se tuvo una vez terminada la semana.

Tras la Navidad, ¡Chicos, barriga fuera!

EFE Reportajes, por Pablo Gutman

showimage¿Por qué la obesidad masculina se sigue viendo como «un mal menor» y se presenta con eufemismos exculpatorios, como «barriguita cervecera» o «la curva de la felicidad», que le ayudan a gozar de un mayor grado de aceptación social?.

¿Por qué la obesidad del varón se acepta como algo normal y se justifica porque “es sabido” que ellos beben más alcohol, frecuentan restaurantes por motivos de trabajo, comen durante las reuniones, hacen vida social en bares y apenas hacen dieta?.

Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) y experto en nutrición y gastronomía, no ofrece una respuesta para estos interrogantes, pero tiene claro que «quitar importancia a un problema de salud, no hace que se resuelva por sí solo».

“El número de hombres que visita nuestras consultas en busca de solución a su estado de obesidad es significativamente menor (21 por ciento) que el de mujeres (79 por ciento)”, explica el experto de este instituto (www.imeoobesidad.com) . “Pero entre 1975 y 2014 el número de hombres obesos se ha triplicado, y la cantidad de mujeres obesas solo se ha duplicado”, señala Bravo en referencia a un estudio publicado en 2016, coordinado por el Imperial College de Londres y que involucró a 20 millones de hombres y mujeres adultos de 186 países.

«Al analizar los datos estadísticos podemos corroborar que la obesidad masculina aumenta a un ritmo superior a la femenina en todo el mundo de manera general y que cada vez son más los hombres con altos niveles de grasa corporal y, por tanto, en riesgo de padecer todas las enfermedades que esto conlleva», confirma a Efe Carmen Escalada, nutricionista clínica del IMEO.

Ellos engordan diferente que ellas

La naturaleza del sobrepeso se muestra de forma diferente entre ambos sexos, según los especialistas. En los hombres empieza a desarrollarse a partir de los 35 años, acompañado por un cambio hormonal conocido como “hipogonadismo” relacionado con la disminución de testosterona, mientras que en mujeres el golpe importante suele darse a partir de la menopausia, entre los 48 y los 52 años, según el instituto IMEO.

“El aumento de peso en hombres se caracteriza principalmente por la acumulación de tejido graso a nivel abdominal, lo que se denomina obesidad de tipo androide”, explica a Efe, Estefanía Ramo, nutricionista de ese instituto. Esta grasa acumulada en “la barriguita” de los hombres, es la grasa visceral (aquella que envuelve los órganos vitales), es la más peligrosa para la salud y la que va a dar lugar al Síndrome Metabólico (SM), asociado a una mayor prevalencia de patologías crónicas.

Algunas de las patologías asociadas al SM y que limitan las expectativas y calidad de vida de la persona son: la hipertensión arterial, la diabetes mellitus tipo 2 e insulino-resistencia, el hígado graso, la cardiopatía coronaria, el cáncer, y las enfermedades respiratorias u osteo-articulares, según los expertos de IMEO.

Cinco reglas de oro para mantener la línea

Ramo traslada a Efe cinco claves nutricionales encaminadas a controlar la obesidad y prevenir el SM en los hombres, cuyo patrón alimentario, según indica, tiende a incluir carnes, arroz, pasta, pan o alcohol, así como ‘comida rápida’, snacks, platos listos para calentar y productos animales reconstruidos.

1.- Aumente los alimentos de origen vegetal y la fibra soluble (frutas, verduras, legumbres, avena…) que ayudan a disminuir el colesterol.

2.- Asegure el aporte de calcio, vitamina D, vitamina K y magnesio, para mejorar la salud ósea, aumentando el consumo de lácteos no enteros, pescados azules, verduras de hojas verdes o alimentos enriquecidos.

3.- Recuerde los alimentos proteicos, dando prioridad a la proteína vegetal (legumbres, cereales, frutos secos) y a las carnes que sean magras, sin grasa.

4.- Reduzca o modere el consumo de alimentos grasos, sobre todo de grasas saturadas (que inciden en el riesgo cardiovascular) y aumente el consumo de grasas poliinsaturadas, como los omega 3, que ayudan a prevenir las dolencias cardiovasculares y que se encuentran presentes en pescados azules, aceites vegetales, nueces y semillas.

5.- Haga ejercicio físico. Esto es muy importante porque reduce la pérdida de músculo, aumenta el gasto calórico y fortalece los huesos, a la vez que mejora la salud cardiovascular, la presión arterial, resistencia aeróbica, autoestima y niveles de estrés, entre otros. Opciones saludables para casos concretos Consultadas por Efe sobre algunas situaciones concretas y cotidianas en las que los hombres pueden tomar medidas para prevenir el sobrepeso, las nutricionistas Escalada y Ramo, sugieren:.

6.- En lugar de consumir productos ultraprocesados como pizzas, ‘nuggets’, salchichas o bollería industrial, es preferible comprar la mayor variedad posible de productos frescos, para reducir el consumo de grasas poco saludables, azúcares y sal, acudiendo a los mercados tradicionales.

7.- En lugar de beber refrescos, azucarados o edulcorados, o zumos cuando tenga sed, es preferible optar por agua o infusiones que, además de hidratarnos, también hacen que reduzcamos considerablemente nuestro consumo de azúcar.

8.- En lugar de disfrutar de los deportes solo a través del televisor o las gradas de un estadio, es preferible practicarlos, teniendo en cuenta que su variedad es inmensa: interiores o al aire libre, individuales o en equipo, de más o menos intensidad o impacto.

9.- En lugar de movernos siempre en coche porque es más cómodo y rápido, conviene desplazarse a pie o en bicicleta en las distancias más cortas, lo cual nos ayuda a mantener la línea y a apreciar la diferencia entre una vida activa y una sedentaria.

10.- En lugar de saltarnos comidas y pasar muchas horas sin comer, conviene aumentar el número de tomas, reduciendo el volumen de las colaciones, para que al comer no tengamos tanta sensación de hambre ni estemos ansiosos, ingiramos menos cantidad y elijamos opciones más beneficiosas.

11.- En lugar de tomar patatas fritas o galletas saladas, prepárese aperitivos saludables como unos ‘crudités’ (hortalizas crudas cortadas en forma de bastón) de verduras, con salsa de yogur y especias.

Cinco claves nutricionales para evitar la obesidad masculina

Noticias de Mallorca / Infosalus
fotonoticia_20161204073134_640El 52,7 por ciento de la población española de más de 18 años está por encima de su peso y más años presenta sobrepeso u obesidad, un problema que se da en mayor medida en hombres (60,7%) que entre las mujeres (44,7%) aunque no tenga la misma repercusión según un sexo u otro.

De hecho, desde el Instituto Médico para el Estudio de la Obesidad (IMEO) reconocen que, mientras que la obesidad femenina está despiadadamente juzgada y temida –e incluso en las redes sociales hasta circula el término «gordofobia» con este fin–, la obesidad masculina se sigue viéndose como «un mal menor» encriptado en términos exculpatorios, como ‘barriguita cervecera’ o ‘la curva de la felicidad’, que le ayudan a gozar de un mayor grado de aceptación social.

Eufemismos que se encargan de presentar la obesidad del varón dentro de un contexto social de lo más normal, porque los hombres beben más (alcohol), frecuentan restaurantes por motivos de trabajo, comen durante las reuniones, hacen vida social en bares y, al mismo tiempo, apenas se someten a dieta.

El problema, según el experto en nutrición y portavoz del IMEO, Rubén Bravo, es que «quitando importancia a un problema de salud no hace que se resuelva por sí solo», al tiempor que reconoce que los hombres que visitan sus consultas en busca de solución a su estado de obesidad es significativamente menor (21%) que el de mujeres (79%).

Aunque lo ideal es contar con un nutricionista que supervise nuestra alimentación, los expertos en nutrición de IMEO nos ofrecen cinco claves para seguir un patrón nutricional que haga posible evitar la obesidad masculina:

Aumentar los alimentos de origen vegetal y la fibra soluble (frutas, verduras, legumbres, avena) que ayudan a disminuir el colesterol.

Asegurar el aporte de calcio, vitamina D, vitamina K y magnesio, con el fin de mejorar la salud ósea. Aumentar el consumo de lácteos no enteros, pescados azules, verduras de hojas verdes o alimentos enriquecidos.

No olvidar los alimentos proteicos. Mejor la proteína vegetal (legumbres, los cereales, frutos secos). Las carnes que sean magras, sin grasa.

Reducir o moderar el consumo de alimentos grasos, sobre todo las grasas saturadas (por su incidencia en el riesgo cardiovascular) y aumentar el consumo de grasas poliinsaturadas, como los omega 3, que juegan un papel importante en la prevención de enfermedades cardiovasculares. Los encontramos en principalmente en pescados azules, aceites vegetales, nueces, semillas, etc.

Recordar que el ejercicio físico reduce la pérdida de músculo, aumenta el gasto calórico y fortalece los huesos, a la vez que mejora la salud cardiovascular. Su práctica regular ayuda a evitar enfermedades y potencia el bienestar emocional.