Clara o tinto de verano, ¿de verdad son buenos para combatir el calor?

Son las estrellas indiscutibles de terrazas y chiringuitos y una muestra inequívoca de la estación estival. Su fama es excelente, tienen un sabor agradable y ‘entran’ de maravilla. Si son la mejor opción contra el calor es otro tema

Alimente El Confidencial, por Ángeles Gómez

Cuando el calor y la sed aprietan, un buen vaso de agua es la elección más acertada, lo que no significa que tenga que ser también la más rica ni la más popular. De hecho, un vistazo por terrazas, barras de bar o chiringuitos nos enseña qué bebidas dominan: la cerveza (sola o con gaseosa) y el vino, especialmente el célebre tinto de verano. Ante el temor de que el ojo nos haya engañado, recurrimos a la inmensa fuente de información que es Google y comprobamos que en 2018 los españoles nos bebimos 2.700 millones de litros de cerveza en establecimientos públicos, frente a los más de 34 millones de litros de tinto de verano, según los datos ofrecidos por Mercasa.

Las dos bebidas nacieron a principios del siglo XX y se popularizaron en los años 50 con la llegada de una célebre gaseosa

El dicho afirma que las comparaciones son odiosas pero, sin quitar una pizca de razón a la sabiduría popular, en Alimente nos gusta enfrentar bebidas y alimentos parecidos y descubrir qué aporta cada uno de ellos. En este caso, y remontándonos a sus orígenes, la clara y el tinto de verano nacieron en la misma época, en la primera mitad del siglo XX, como recoge la Wikipedia, pero no fue hasta pasados los años 50 cuando ganaron popularidad gracias a la llegada de la conocida marca de gaseosa. A partir de ahí, forman parte de nuestra cultura gastronómica.

Cualidades al descubierto

¿Qué aporta cada bebida alcohólica? Según la Base de Datos Española de Composición de los Alimentos (BEDCA), la cerveza contiene algo menos del 4% de su volumen de alcohol, 42 calorías en 100 ml, minerales (calcio, fósforo, potasio, magnesio) y vitaminas (sobre todo E). El vino tiene una proporción etílica del 9,8%, 71 calorías en 100 ml y más potasio que la cerveza (pero menos del resto de minerales).

En cuanto a sus efectos saludables, la cerveza optimiza el perfil lipídico (colesterol y grasas), lo que se traduce en menos riesgo cardiovascular, como encontró una investigación española. También reduce la posibilidad de tener diabetes tipo 2, mejora los huesos y disminuye el riesgo de padecer demencia. Eso sí, todos los beneficios se asocian a un consumo moderado.

En cuanto al vino tinto, es un pilar de nuestra dieta mediterránea, y los taninos y el resveratrol de su composición proporcionan innumerables beneficios, los más notables para la salud cardiovascular, reconocidos por diferentes sociedades científicas, como la Sociedad Española de Cardiología, pero también protege de la depresión, mejora la resistencia a la insulina y defiende frente a algunos tipos de cáncer comunes (colon, próstata y ovario).

Si a la cerveza o el vino se le añade gaseosa (agua con gas edulcorada, pero sin ningún aporte calórico), observando la proporción 1:1, tenemos la fórmula perfecta de la clara y del tinto de verano con las propiedades de sus ingredientes alcohólicos intactas.

Las trampas del alcohol

Hasta aquí todo es positivo, pero ahora llega la parte que nos gusta menos, y Rubén Bravo, dietista y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), es quien desvela la realidad: «Tinto de verano y clara se toman para refrescarnos, pero es un gran error porque el alcohol deshidrata«. Y prosigue argumentando: «Cuando tenemos mucho calor, la deshidratación es muy alta y sin darnos cuenta podemos tomar una cantidad muy alta de alcohol con esas bebidas», y la ingesta etílica alta (diaria y en exceso) está «totalmente desaconsejada por los profesionales de la salud».

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Bravo explica, además, que «el alcohol nos deshidrata sobre todo a nivel cerebral, y pueden aparecer dolor de cabeza o desmayos». Por ello, propone otras opciones «más sanas y menos calóricas», que parten del agua y siguen por el zumo de tomate o el té con hielo y limón.

El consejo del dietista es muy bueno, pero ¿quién se plantea sentarse en un chiringuito playero a tomar té con hielo? Ante esta objeción, el portavoz del IMEO expone: «Primamos el vino tinto con gaseosa porque la cantidad que se bebe es menor y además hay más evidencia científica sobre los beneficios del vino tinto por su efecto antioxidante». En el caso de la clara, afirma que «es verdad que se han encontrado beneficios y un ligero efecto antioxidante, pero siempre vamos a beber más cerveza con gaseosa que vino tinto con gaseosa (y por tanto más alcohol)».

Para finalizar, aunque en realidad es el punto de partida, «tanto para el tinto de verano como para la clara hay que usar gaseosa, que no contiene calorías, en lugar de refresco de limón». Bueno, y haciendo una última concesión, «una limonada con cero calorías«.

En definitiva, como decíamos al principio del artículo, para refrescarnos e hidratarnos en verano el agua ha de ser la primera elección o, en su defecto, una infusión bien cargada de hielo, pero si seguimos con la determinación de una bebida alcohólica, «vino con gaseosa y una rodaja de limón, ya que así la cantidad de alcohol es menor que en el tinto de verano», defiende Rubén Bravo. ¡Ah!, y hielo, mucho hielo.

Siete ideas para mantener a los niños hidratados en agosto

Los ‘peques’ de la casa se encuentran entre los grupos de mayor riesgo ante una ola de calor

Hola.com
ninos-hidratacion-01-zLos climas mediterráneos son más propensos a las olas de calor que otras regiones europeas. Aunque las temperarturas y el tipo de calor en la Península, así como en Baleares y Canarias, pueden cambiar radicalemente dependiendo de dónde nos encontremos, la Agencia Estatal de Meteorología española considera que nos encontramos en una ola de calor cuando los termómetros rebasan los 32°C por un período de al menos tres días. Es decir, una sitiuación bastante frecuente en muchas comunidades autónomas durante los meses de julio y agosto.
Los niños (sobre todo los bebés), las embarazadas y las personas mayores son los grupos más susceptibles de sufrir las consecuencias de una ola de calor; el más peligroso es el famoso golpe de calor, que aparece cuando la temperatura corporal pasa de los 40º, a menudo porque el cuerpo ha perdido demasiada agua a través del sudor corporal, ya sea por una exposición muy larga el sol o por no beber suficientes líquidos. Ya hemos visto lo importante que es no ‘cortar’ repentinamente con la temperatura corporal metiéndonos en el agua muy deprisa… ¿sabes cómo puedes mantener hidratados a los más ‘peques’ este mes de agosto? Aquí van algunos consejos súper refrescantes:

1. FRUTAS. Especialmente las frutas de temporada propias de los meses de verano, que suelen tener un elevado porcentaje de agua, como por ejemplo la sandía, el melón, la piña, las nectarinas o la naranja. Es el snack veraniego más saludable, que aporta carbohidratos para mantener altos los niveles de energía a lo largo de todo un día de juegos, y además permite mil y una presentaciones divertidas, incluidas las brochetas, las frutas heladas batidas con un poco de leche o los smoothies de colores.

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2. LIMONADA. Un litro de agua, unas gotas de zumo de limón, hielos y azúcar. Recuerda que el azúcar no es nada más que calorías vacías y es mejor tenerlo bajo control (más incluso que las grasas, sobre todo las grasas buenas), para que la dieta de los niños sea sana y equilibrada, así que intenta rebajar la cantidad de azúcar cuando sirvas a los niños frutas muy ácidas (también es común mezclarlo con el zumo de naranja, aunque a menudo innecesario), o sustitúyelo por otras alternativas más saludables, como por ejemplo la miel, que a pesar de ser también muy dulce aporta multitud de vitaminas y minerales.

3. LÁCTEOS. Incluidos claro, los helados, aunque siempre es mejor que sean artesanales que industriales; la gran estrella en estos casos es sobre todo la leche, que aporta casi 90 gramos de agua por cada 100 gramos de líquido, además de proteínas, grasas y minerales.

4. HELADOS DE HIELO. Especialmente si los hacemos en casa, para mantener bajo control la cantidad de azúcar de cada polo. Un helado de hielo casero no requiere más que zumo de frutas (por ejemplo lima y limón, o limón y sandía), agua, azúcar y moldes aptos para el congelador. Para dar más color a estos helados (y sabor) se pueden incluir pedacitos de frutas naturales también con alto contenido en agua, como arándanos, fresas, cerezas o la misma sandía, además de pétalos de flores comestibles.

5. OFRECE LÍQUIDOS A MENUDO. Aunque los niños se olviden de beber, es importante que les recuerdes que, cuando la sed aparece, significa que ya estamos deshidratados. Es decir, hay que beber antes incluso de tener sed. Si el día es muy caluroso, o tienen planificadas muchas actividades al aire libre, recuérdales con frecuencia que beban, y bebe con ellos. Evita los zumos industriales, los refrescos y las bebidas energéticas.

6. UTILIZA PAJITAS. Igual que hacer los platos divertidos funciona a la hora de hacer que los niños coman desde brócoli hasta espinacas, las pajitas, de colores o con diferentes formas, también pueden hacer las bebidas mucho más apetecibles, especialmente en niños pequeños.

7. LOS NIÑOS TAMBIÉN SUDAN EN LA PSICINA. Aunque no lo parezca, es posible sudar en el agua, y de hecho sucede cada vez que nadamos o realizamos una actividad acuática. Aunque estén ‘en remojo’ más horas de las que puedes contar, insiste en que ingieran bebidas a menudo para que no se deshidraten.