¿La pandemia tiene un lado útil?

Algunos psicólogos responden de manera afirmativa a esta pregunta. Confían en que el nuevo coronavirus producirá, a la larga, una serie de repercusiones, aprendizajes o lecciones que podrían ayudarnos a mejorar nuestra relación con nosotros mismo, el mundo y los demás

Diario Libre / EFE Reportajes

Al igual que suele incomodarnos y nos parece inoportuno que nos digan “relájate” en el preciso instante en que atravesamos un momento de alta tensión mental o emocional, hablar ahora de “buscarle el lado positivo” al coronavirus mientras sigue causando víctimas en buena parte del mundo, puede producir incomodidad y parecer algo fuera de lugar.

Pero algunos psicólogos vaticinan que la crisis del coronavirus podría tener algunas repercusiones útiles para las personas, tanto a nivel individual como comunitario, con la esperanza puesta en el ser humano, en su naturaleza intrínsecamente benévola, y en su capacidad de adaptarse, evolucionar y recuperarse.

RETOS DE LA “NUEVA NORMALIDAD”

“Cuando comencemos a vivir en la ´nueva normalidad` que surgirá después de la actual crisis del coronavirus nos enfrentaremos a una serie de retos psicológicos y emocionales”, señala a Efe la psicóloga Dafne Cataluña, fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva, IEPP.

“Por ejemplo, volveremos a dedicar más tiempo al trabajo y menos a nosotros mismos, al autocuidado, al ejercicio, a la buena alimentación y los familiares con que estuvimos conviviendo confinados, lo que implica pasar un cierto duelo”, señala esta psicóloga.

Otro de los retos puede consistir en tener que hacer frente a las pérdidas económicas, los impagos, las deudas pendientes y los desajustes financieros, ya sea a nivel personal como empresarial.

En este sentido la psicóloga apunta que también es probable “que nos surjan sentimientos de injusticia, porque nos ha tocado vivir la dolencia en primera persona o la vivió un ser querido, o por las medidas que haya tomado la empresa en la que trabajamos, como reducciones de jornada, despidos temporales o vacaciones anticipadas”.

Cataluña señala que estos retos se pueden gestionar desde la logoterapia, una psicoterapia con una dimensión espiritual desarrollada por el neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Frankl y enfocada en superar los conflictos y situaciones que generan sufrimiento, encontrándoles un significado existencial y convirtiéndolos en oportunidades para crecer como personas.

“Desde la logoterapia se entiende que todo ocurre por alguna razón y que cada uno de nosotros encontrará un sentido y un aprendizaje, derivado de aquello que nos ha ocurrido durante la pandemia”, señala esta psicóloga.

“Para encontrar respuestas y desvelar ese sentido y aprendizaje, podemos reflexionar y preguntarnos: ¿Qué me ha permitido aprender la pandemia?, ¿me ha hecho crecer en algún sentido, a pesar de lo difícil que ha sido la situación?”, apunta Cataluña.

MAYOR SOLIDARIDAD Y CONCIENCIA SOCIAL

Para la psicóloga Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen la crisis del coronavirus podría fomentar en algunos casos una mayor cohesión social, “tanto durante como después de la pandemia”.

“El sentir que todos estamos conectados, que lo que uno hace afecta al otro, que formamos parte de una unidad global, ayuda a desarrollar cohesión, generosidad, civismo y unidad”, apunta.

“Todo ello contribuye a aceptar las medidas de confinamiento, restricciones de movimientos o distanciamiento físico desde la conciencia social y no desde la obligatoriedad. Esto puede ayudar a que la crisis pase de la manera más rápida posible y con el menor número de consecuencias”, asegura Conde.

Por su parte la psicóloga María González, del Instituto IMEO aconseja “encontrar un propósito durante esta pandemia. Debemos hacer una reflexión sobre las decisiones que hemos tomado o nos gustaría tomar a partir de ahora, con el objetivo de hacernos más conscientes y responsables de nuestra vida y de nuestro mundo emocional”.

“Debemos tener claro que nuestra mente está preparada para superar situaciones mucho más complejas gracias a la enorme capacidad de adaptación que tenemos”, indica González.

Por esto, asegura, “debemos enfocar nuestra atención en la aportación positiva social que nuestro esfuerzo va a generar o está generando, centrándonos en los tres mecanismos principales del ser humano: el hacer, el sentir y el pensar”.

TOMAR CONSCIENCIA DE NUESTRAS SOMBRAS

La psicóloga Giulia de Benito, directora de la unidad de Psicología General del Instituto Centta señala que ante la pandemia “nuestra psique se resiste ante la adversidad y no quiere que nada cambie, lo cual puede considerarse metafóricamente como otra “enfermedad” ”.

“Aparecen nuestras fallas, puntos débiles, inseguridades y miedos pero, si aprovechamos este momento de dificultad y desequilibrio para cuestionar nuestro funcionamiento habitual, nos movilizamos y nos atrevemos a tomar conciencia. Es ahí donde nacen el crecimiento y la oportunidad”, señala.

Esta especialista también sostiene que “en estos tiempos de coronavirus se podrían impulsar la creatividad, ya sea psicológica, social o empresarial”.

“La obligatoriedad de poner en marcha nuestros mecanismos creativos nos ayudará a enfrentarnos a la realidad de formas nuevas y más adaptativas”, según De Benito.

Ante la pandemia aconseja que nos preguntemos a nosotros mismos: “¿Cómo voy a poner en juego los recursos con los que cuento (tanto internos como externos) para generar otros recursos nuevos y adaptarme de una forma creativa a esta situación?”.

También confía en que esta crisis ayudará a movilizar recursos a nivel de comunidad y que producirá “una metamorfosis social en pequeños o grandes grupos, que nacerá de la incomodidad compartida”.

“Si nos atrevemos a cuestionar el individualismo y cultivamos la solidaridad podremos contribuir a construir una sociedad menos dependiente de factores ajenos a la índole humana”, señala.

CONCECTAR CON NUESTRO MUNDO INTERIOR

Giulia de Benito señala que la COVID-19 “puede ayudarnos a conectar con lo que llevamos dentro y convertirse en un detonante para tomar conciencia”.

“El virus saca en forma de enfermedad (estemos o no contagiados) lo que ya estaba dentro. La realidad que se nos presenta nos sirve de espejo para confrontar cómo somos, cómo nos vemos a nosotros mismos, a los demás y al mundo”, señala.

También apunta: “lo que hacemos con la realidad define lo que somos. Recomiendo gestionar la crisis desde un trabajo personal de contacto con nuestro ser interior”.

Respecto del confinamiento, señala que puede ayudarnos a observar, a estar más presentes en el “aquí y el ahora”, ya que “hay menos lugares a los que huir, al menos físicamente, y tenemos la oportunidad de conectar con lo que necesitamos, con las personas que nos rodean, con las actividades que realizamos”.

Esta experta propone buscar espacios y momentos en los que podamos tomar conciencia plena de nuestros estados internos y de aquello con lo que interactuamos externamente y mantenerlos una vez que pase el confinamiento.

“Además, la pandemia puede llevarnos a interactuar con el planeta de una forma más responsable, al tomar conciencia del impacto que está suponiendo habernos apartado un tiempo del mundo,” señala.

“A partir de esa concienciación, cuando ingresemos a la nueva normalidad, podremos cuidar mejor del entorno que nos acoge, desde una nueva conciencia social y ambiental”, asegura.

De Benito señala que “podemos cultivar e insistir en mantener todos estos procesos y aprendizajes después de la pandemia, procurando que siga presente todo aquello que la crisis ha movilizado en nosotros a nivel humano, tanto individual como social”.

“Al fin y al cabo se trata del proceso pedagógico de la vida, que aprovecha las distintas situaciones y adversidades que enfrentamos para enseñarnos y darnos la oportunidad de trabajar en nosotros mismos y crecer como personas”, concluye la psicóloga.

Por María Jesús Ribas.

EFE/REPORTAJES

El menú en época de coronavirus

Punto medio, por Arturo Pérez

Durante la pandemia, la gente va menos a comprar por miedo al contagio y llena el carro de la compra con grandes cantidades de alimentos más duraderos y procesados industrialmente, pero no todos son igual de saludables. Una nutricionista explica cuáles conviene elegir y consumir.

Durante la pandemia muchas personas se han lanzado a los supermercados para llenar sus despensa  y así reducir la cantidad de salidas a la calle.

La inmensa mayoría optó por llenar su cesta de la compra con alimentos no perecederos y productos procesados y ultraprocesados por su prolongada vida útil. ¿Pero son saludables estos alimentos?.

Las compras del miedo y la ansiedad que se dispararon ante la emergencia del COVID-19, podrían tener resultados muy diferentes a los buscados, ya que las comidas procesadas y ultraprocesadas a las que estamos recurriendo no son la solución, señaló la divulgadora especializada en nutrición Soledad Barruti, (https://twitter.com/solebarruti) en ‘The New York Times’.

Estos alimentos, que tienen altas cantidades de azúcar, sal, aceites agregados, harinas refinadas, aditivos y nutrientes artificiales, son responsables de obesidad y de enfermedades  que aumentan la mortalidad ante el coronavirus, y al mismo tiempo, la falta de alimentos frescos debilita la inmunidad dejándonos más expuestos, advirtió Barruti.

Para Estefanía Ramo López, nutricionista y experta en tecnología de los alimentos, los alimentos procesados de los que en muchos casos estamos abusando durante la pandemia, “podemos clasificarlos en saludables y no saludables”.

“En sí, un alimento procesado es aquel al que se le ha realizado cualquier tipo de elaboración en la industria alimentaria, a diferencia de los que no presentan ningún tipo de procesado como son los productos frescos, las carnes, pescados o huevos”, explicó a Efe esta nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (www.imeoobesidad.com).

Indicó que los procesados saludables incluyen en su mayoría alimentos que han sido sometidos a un mínimo procesado y aportan a la dieta una serie de nutrientes de calidad.

Por el contrario, “los procesados no saludables, también llamados ultraprocesados no saludables, incluirían a aquellos alimentos que han sido sometidos a varios tratamientos de procesado  y necesitan un gran aporte de aditivos para su conservación y que tenga un aspecto final apetecible”, señaló Ramo.

“Estos procesados no saludables aportan muy pocos o ningún nutriente de calidad, aportando principalmente ácidos grasos saturados, ácidos grasos ‘trans’, azúcares añadidos y altas concentraciones de sal”, explicó esta especialista.

Enfatizó que “en muchos casos, si se toman con frecuencia, pueden perjudicar nuestra salud”.

Ramo describe algunos alimentos procesados saludables que destacan en la cesta de la compra de esta pandemia:.

PRODUCTOS LÁCTEOS

Destacó la leche, los quesos, yogures y el kéfir, y recomendó aquellas variedades que no tienen azúcares añadidos y sus versiones semidesnatadas o enteras, por su capacidad de saciarnos y facilitar la absorción de nutrientes como el calcio o la vitamina D.

“Hay que intentar evitar los sucedáneos como el queso para fundir tipo “tranchetes”, o el queso rallado envasado, porque llevan harinas o almidones en su composición, entre otros ingredientes”, señaló.

HARINAS DE CEREALES

“Entre estos alimentos se incluyen el trigo, el centeno y la espelta,  destacando el pan y la pasta”, explicó Ramo.

Entre sus variedades destacan sus versiones ‘100% integral’ o de grano completo, por su aporte en fibra, vitaminas (sobre todo del grupo B) y minerales, que “proporcionan al organismo beneficios como mejorar  el tránsito intestinal, disminuir la absorción del colesterol ‘malo’ y su capacidad de saciar el apetito”, indicó.

ACEITE DE OLIVA

Ramo recomendó variedad ‘virgen extra’ para su consumo en crudo en ensaladas y tostadas y, la variedad ‘virgen’ para consumirla en caliente al cocinar los alimentos.

“El consumo moderado de este aceite ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares, mantener el sistema inmunológico, regular el tránsito intestinal, proteger el cerebro del deterioro cognitivo, destacando su aporte en ácidos grasos saludables, como el omega 3, polifenoles y vitamina E, con efecto antioxidante, antiinflamatorio y antimicrobiano”, apuntó. 

Por otra parte, aconsejó “tomar más esporádicamente otros tipos de aceite como lino o coco y descartar siempre que se pueda las versiones refinadas de aceite”.

CONSERVAS VEGETALES

Ramo aconsejó las versiones enteras o troceadas al natural o cocidas de frutas, verduras y legumbres envasadas.

“De esta forma, seguirán aportando gran parte de sus propiedades y evitaremos las formas escarchadas, almíbares o ya guisadas en forma de plato preparado”, indicó.

LEGUMBRES

Para Ramo son “el alimento estrella considerado saludable que más variedades de procesado puede presentar”.

Esta nutricionista recomendó sus versiones cocidas al natural, desecadas y congeladas, así como las harinas de legumbre, cada vez más presentes en los hogares en forma de “pasta de legumbre”, todas las cuales “aportan fibra soluble, vitaminas y minerales con beneficios sobre el tránsito intestinal y la regulación de los niveles de colesterol”, aseguró.

CARNES Y PESCADOS

La especialista destacó sus versiones envasadas y congeladas, y recordó que los pescados también pueden encontrarse en salazón, como el bacalao, y también ‘curados’ como la ‘mojama’ de atún.

Ramo aconsejó “descartar las carnes picadas envasadas, ya que presentan en su mezcla numerosos aditivos para su conservación y los surimis de pescado por el mismo motivo, además de féculas y almidones”.

FRUTOS SECOS Y SEMILLAS 

“Las versiones de estos alimentos que vienen pelados, troceados y crudos o ligeramente tostados, aportan todas sus propiedades beneficiosas derivadas de su contenido de ácidos grasos, vitaminas y minerales”, señaló Ramo, quien desaconseja “sus versiones fritas y azucaradas”.

Texto y foto: EFE

16 de mayo: Día Europeo de la Obesidad

En respuesta del tsunami sanitario y económico desatado por la pandemia, IMEO anuncia una subvención de 250 mil euros en tratamientos de obesidad en apoyo a las familias perjudicadas por el COVID-19

Numerosos estudios relacionan la obesidad con un peor pronóstico ante el Covid-19, debido a las complicaciones originadas por el exceso de tejido adiposo que dificulta la respiración, debilita el sistema inmune, interfiere en la absorción de medicamentos y complica la eliminación del virus.

En España una de cada dos personas tiene exceso de peso corporal: un 17,43 muestra obesidad y el 37,7 por ciento, sobrepeso.[1]

Con el motivo del Día Europeo de la Obesidad[2] que se celebra este sábado 16 de mayo y en respuesta del tsunami desatado por la pandemia del coronavirus en el ámbito de salud y económico, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) anuncia una subvención evaluada en 250 mil euros que se aplicará en distintos tratamientos de obesidad, destinada a personas afectadas por la enfermedad y la crisis del Covid-19. 

“Como profesionales de la salud, hemos estudiado la obesidad durante décadas para darle una respuesta y tratamiento adecuado y ahora notamos con cierta preocupación cómo la fusión de estas dos pandemias, del coronavirus y la obesidad, afecta las personas más predispuestas a padecerlas y su núcleo familiar”, señala el portavoz del Instituto Rubén Bravo. Al malestar generado por el exceso de peso que muchos ya tenían antes del confinamiento, se añade la desesperación y la sensación de impotencia por la forma en la que haya evolucionado la situación y que no es precisamente favorable. “Quedarse en casa durante meses con movilidad física muy reducida ha puesto contra la pared muchas personas que han tenido que lidiar con emociones de tristeza o ansiedad, que son las que alteran el funcionamiento de nuestra dopamina, serotonina y cortisol, aumentando como resultado el apetito y terminando en sumar nuevos kilos de más”, añade. 

A fecha de hoy la obesidad no es considerada un factor independiente de riesgo para contraer el coronavirus; no obstante, en muchos países ya han saltado las alarmas sobre el importante número de casos de pacientes con esta condición infectados. En un hospital francés se ha detectado que el 47,5% de los pacientes eran obesos; un informe del Reino Unido apuntaba que un 37,7% de los ingresados tenían un IMC superior al 30; y un estudio retrospectivo estadounidense suma resultados similares, con un 35,8% de pacientes del sexo masculino con obesidad. Otras publicaciones alertan que, a mayor índice de obesidad, más posibilidades hay de complicaciones y de ingreso en la UCI; y si se trata de obesidad extrema o mórbida, la complicación es equiparable que la detectada en personas mayores. “Teniendo en cuenta todo ello y que en España una de cada dos personas tiene exceso de peso, urge tomar medidas a corto plazo y concienciar a la sociedad por qué esta patología implica un mayor riesgo ante el Covid-19”, recalca Bravo.   

¿Por qué la obesidad implica un mayor riesgo ante el Covid-19? 

–  Empeora el pronóstico. La obesidad lleva asociada una inflamación crónica originada por el exceso de tejido adiposo, lo que produce una disfunción metabólica que puede conducir a aumento de la concentración plasmática de colesterol y lípidos en la sangre, resistencia a la insulina, diabetes mellitus tipo dos, hipertensión y enfermedad cardiovascular, todos ellos factores de riesgo de Covid-19, agravando los síntomas y la enfermedad en pacientes infectados.

–  Dificulta la respiración. El exceso de grasa comprime el diafragma y reduce la capacidad pulmonar, elevando la probabilidad de necesitar ventilación mecánica invasiva.

–  Debilita el sistema inmune. A nivel celular la obesidad altera la respuesta inmunológica e inflamatoria, pudiendo bloquear las defensas a la hora de combatir el virus. 

– Interfiere en la absorción de medicamentos. En pacientes obesos la proporción de tejido adiposo y masa magra no aumenta proporcionalmente y puede alterar la distribución y la absorción de los fármacos, suponiendo una dificultad añadida para calcular las dosis.

Complica la eliminación del virus. El coronavirus utiliza como puerta de entrada al organismo humano una proteína llamada ACE2, situada en la superficie de las células de las mucosas, pulmones, arterias, corazón, riñón e intestinos, que tiene la función de regular la presión sanguínea. Una vez dentro, es capaz de multiplicarse, creando hasta cien mil copias en cada célula, afectando sus funciones esenciales. La presencia de esta proteína suele ser más elevada en el tejido adiposo y esto aumenta su capacidad de “almacenar” el virus en alta proporción.  

Requisitos y condiciones de las subvenciones

Las ayudas anunciadas por el IMEO están destinadas exclusivamente a personas con grado de obesidad equivalente a un IMC igual o superior a 30 y en su mayor parte serán aplicadas en forma de descuentos importantes en la contratación de intervenciones quirúrgicas de cirugía bariátrica o endoscópica. Así mismo, prevén la asignación de veinte planes de reeducación alimentaria, sin coste para el paciente y de una duración de cuatro semanas que incluyen dos consultas de nutrición y dos enfocadas en los aspectos psicológicos de la enfermedad.

Para la asignación de las subvenciones en tratamientos quirúrgicos se tendrá en cuenta la pertenencia a la Comunidad de Madrid y regiones colindantes, el grado de obesidad, las patologías asociadas y las cargas económicas familiares.

Respecto a los planes de reeducación alimentaria, su ámbito se ampliará a nivel nacional, con la posibilidad de realizar las consultas online y se tendrá en cuenta un menor grado de obesidad (inicial o leve), las patologías asociadas y las cargas económicas familiares derivadas de la crisis del coronavirus.

Estas ayudas se pueden solicitar durante todo el mes de mayo[3] rellenando el formulario de la web o llamando al 91 737 70 70 y se dará prioridad a las solicitudes debidamente cumplimentadas por orden de llegada.


[1] Datos del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social basados en la Encuesta Nacional de Salud de España 2017.

[2] El Día Europeo de Obesidad se celebra el tercer sábado de mayo desde 2010 cuando fue instaurado oficialmente en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo. 

[3] Finalizando el período de enviar las solicitudes el 31 de mayo del 2020 incluido.

IMEO registra cambios en los hábitos saludables durante el confinamiento

  • A falta de vida social y actividades al aire libre, el ocio digital se dispara entre la población en las seis semanas de confinamiento estricto, pone de manifiesto una encuesta realizada por el IMEO. 
  • Comer por aburrimiento, el picoteo poco saludable y el ejercicio físico insuficiente son otros de los factores que auguran un esperado aumento de peso, según se desprende del sondeo.  

Con el fin de registrar cambios en los hábitos saludables de la población adulta en España durante las seis semanas de confinamiento estricto[1], el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha realizado un sondeo a modo de termómetro digital. Basado en una muestra de 221 entrevistas anónimas, fue llevado a cabo a través de mensajería instantánea y redes sociales en el territorio nacional durante el mes de abril.

Entre las cuestiones planteadas destacan las relacionadas con la familia, el teletrabajo, los desplazamientos y el ejercicio físico, la alimentación y el peso corporal, la calidad del sueño, el ocio y las limitaciones consideradas de mayor dificultad. “La falta de vida social y la imposibilidad de realizar actividades al aire libre ha disparado el entretenimiento digital entre la población, fomentando hábitos sedentarios que pueden resultar adictivos y muy difíciles de corregir una vez levantado el estado de alarma”, señala el portavoz del IMEO Rubén Bravo. Esto, junto a otros factores, como el consumo de alimentos muy procesados, el hambre emocional o la insuficiente práctica de ejercicio físico, afecta los hábitos saludables de forma directa y no tardará en pasar factura en kilos de más.   

En el perfil de muestra resalta la alta participación del sexo femenino (73% frente al 27% masculina) y la edad, donde el 74% de los encuestados tiene entre 30 y 60 años, el 16% menos de 30 y un 10%, más de 60. La gran mayoría vive el confinamiento en un contextofamiliar (79,2%), seguidos por los que están aislados solos (15,4%) o en la compañía de su mascota (5,4%).

Una amplia mayoría (57,5%) afirma que actualmente no trabaja o no puede desempeñar sus funciones mediante teletrabajo, el 29% realiza jornada completa y un 13,6%, media jornada.

Respecto a los desplazamientos, la inmensa mayoría (80,1%) reconoce que acude al supermercado dos veces a la semana, un 18,6% recibe la compra en su casa y una escasa minoría (1,3%) sale a comprar a diario.

Sobre la práctica de ejercicio físico, más de la mitad de los encuestados (54,3%) mantiene la rutina deportiva desde casa 3 veces o más a la semana, frente a un 34,4% que no sigue ninguna rutina durante el aislamiento, y un 11,3% que camina sólo cuando sale a pasear el perro o va a comprar.

“El ejercicio físico es nuestro mejor aliado para cuidar la línea y una forma saludable para bajar los niveles de estrés y ansiedad a los que ahora estamos más expuestos que de costumbre”, recalca Rubén Bravo. La ausencia o escasez de ejercicio no sólo hace que quememos hasta 600 calorías menos, sino también puede jugar en nuestra contra disparando los niveles de cortisol, hormona relacionada con el estrés y la obesidad. Si, además, consumimos alimentos muy procesados o ricos en grasas y azúcares, tendremos “el cóctel perfecto” para sentirnos mal física y anímicamente, añade.   

En este sentido, no es de extrañar que un 33% de los encuestados teme que durante la cuarentena pueda aumentar bastante de peso, un 40,3% estima que pueda experimentar un leve aumento y un 26,7% descarta cambio físico.

Con relación a la dieta, casi la mitad (49,8%) reconoce que ahora come más por ansiedad o aburrimiento, haciendo hincapié sobre el picoteo salado a base de pan, snacks y quesos (62,4%), el consumo de dulces (25,3%) o las bebidas graduadas y los refrescos (12,2%). No obstante, el 40,7% de los encuestados afirma que durante el confinamiento sigue su dieta habitual sin variaciones y un 9,5% indica que come menos debido a la falta de apetito.       

La calidad del sueño es otra pieza clave dentro de los hábitos saludables que resalta el estudio, donde el 42,5% no experimenta cambio a la hora de dormir y afirma que se acuesta y levanta a la misma hora que antes, frente al 29,9% que sí reconoce que duerme menos y mal a causa de las preocupaciones. El 27,6% afirma que durante estos días se acuesta y levanta más tarde de lo habitual.

En cuanto al tiempo libre, el estudio pone de manifiesto el ocio digital e interactivo (mensajería instantánea, redes sociales, películas online) como principal ocupación entre los entrevistados (64,3%). La siguen las actividades en familia, como juegos de mesa o manualidades (22,2%) y la lectura (13,6%).      

El factor que peor lleva la gran mayoría (61,8%) es la falta de vida social, incluidas las salidas con familia y amigos, seguida por la frustración de no poder pasear al aire libre, ir a la playa o al gimnasio (33,3%) y la dificultad de hacerse cargo de los niños las 24 horas (5%).

La obesidad, un factor de riesgo asociado a mal pronóstico en pacientes mayores de 60 años con COVID-19

Un contagiado con sobrepeso tiene más posibilidades de que la enfermedad evolucione peor, advierten los endocrinos del Hospital de Salamanca quienes calculan que ese ‘exceso’ peligroso ronda los 15 o 20 kilos

La Gaceta de Salamanca, por javier Hernández

El sobrepeso ya está identificado como uno de los factores de riesgo más determinantes frente a una infección por COVID. Se habla de obesidad, pero diversos especialistas advierten que no solo deben sentirse amenazados quienes padezcan obesidad mórbida. Bastaría con un sobrepeso de 15 kilos para que un contagio por coronavirus se vuelva mucho más peligroso.

“La obesidad se está demostrando como un factor de riesgo asociado a mal pronóstico en pacientes con infección por COVID-19, sobre todo en los mayores de 60 años”, puntualiza la endocrina del Hospital de Salamanca Maite Mories. Otros estudios realizados en Reino Unido alertan de que si las personas jóvenes –de 18 a 65 años- no suelen tener patologías graves, esos 15 o 20 kilos de más es lo que puede convertirles en pacientes de riesgo.

La especialista recalca que, de por sí, “los pacientes obesos son más vulnerables en general a procesos infecciosos y además, por analogía, con otras infecciones víricas”. Lo que complica la situación durante la pandemia es que la grasa “podría constituir un reservorio para el virus, aunque esto no esté todavía demostrado para COVID-19”. “En el tejido adiposo se encuentra de manera significativa el receptor de una enzima que es una de las puertas de entrada del virus a las células en diferentes órganos como el pulmón, y que hace vulnerable a la grasa corporal, más abundante en obesos, a la infección por el virus”.

La obesidad no tiene solución a corto plazo, por lo que la alternativa para estas personas es sobreprotegerse.

La especialista del Complejo Asistencial aclara que “la obesidad es ya un estado proinflamatorio” y eso conjuga con la evidencia de que “la inflamación es un proceso determinante de daño orgánico (pulmón, corazón, riñón) en los pacientes con COVID-19”. En esta situación el riesgo tromboembólico –se obstruye la arteria pulmonar y el oxígeno no llega a los pulmones- se dispara.

Dado que el sobrepeso va unido a tantos otros problemas de salud, a la hora de plantar cara al coronavirus las opciones de que las cosas vayan mal son mucho mayores. “La obesidad se asocia a otras patologías como la diabetes, la hipertensión o las enfermedades pulmonares crónicas que se han identificado como factores de riesgo de mal pronóstico en la evolución del COVID”.

Reducción de estómago contra la obesidad: “Son más débiles ante cualquier enfermedad”

La doctora Lourdes Hernández Cosido es especialista en Cirugía Bariátrica. Trata diariamente con personas obesas que necesitan operaciones de reducción de estómago. “Está claro que su respuesta inmunitaria es peor. Tienen muchas comorbilidades porque son hipertensos, diabéticos… Son más débiles ante cualquier otra enfermedad y su mortalidad es mucho más alta sin necesidad de que haya una pandemia”, reconoce.

El espectro del sobrepeso es amplio. “Tener 15 kilos de más es mucho en función de cuanto midas. Nosotros decimos que la obesidad es a partir de un índice de masa corporal de 30, mientras que la obesidad mórbida es a partir de 40”.

Tiene claro que el mes y medio de confinamiento ya se está traduciendo en un incremento del peso, aunque solo sea por la falta de movilidad en los hogares. Los nutricionistas calculan que ha sido tiempo suficiente para ganar “entre 3 y 5 kilos” que pueden seguir aumentando. “Nosotros hemos suspendido las cirugías bariátricas porque solo se está operando las patologías urgentes y porque se ha demostrado que una persona recién operada corre más riesgo si se contagia”, explica la doctora Cosido.

Más del 50% mantiene alguna rutina de ejercicio tres veces a la semana durante el confinamiento

Europa Press / COPE

Una pequeña encuesta señala que más de la mitad de la población(54,3%) mantiene la rutina deportiva desde casa 3 veces o más a la semana, frente a un 34,4 por ciento que no sigue ninguna rutina durante el aislamiento, y un 11,3 por ciento que camina sólo cuando sale a pasear el perro o va a comprar.

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Desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) que ha desarrollado la encuesta – realizada sobre una muestra de 221 entrevistas anónimas-, señalan que “no es de extrañar que un 33% de los encuestados teme que durante la cuarentena pueda aumentar bastante de peso, un 40,3% estima que pueda experimentar un leve aumento y un 26,7% descarta cambio físico”.

Con relación a la dieta, casi la mitad (49,8%) reconoce que ahora come más por ansiedad o aburrimiento, haciendo hincapié sobre el picoteo salado a base de pan, ‘snacks’ y quesos (62,4%), el consumo de dulces (25,3%) o las bebidas graduadas y los refrescos (12,2%). No obstante, el 40,7% de los encuestados afirma que durante el confinamiento sigue su dieta habitual sin variaciones y un 9,5% indica que come menos debido a la falta de apetito.

La calidad del sueño es otra pieza clave dentro de los hábitos saludables que resalta el estudio, donde el 42,5 por ciento no experimenta cambio a la hora de dormir y afirma que se acuesta y levanta a la misma hora que antes, frente al 29,9 por ciento que sí reconoce que duerme menos y mal a causa de las preocupaciones

En cuanto al tiempo libre, el estudio pone de manifiesto el ocio digital e interactivo (mensajería instantánea, redes sociales, películas online) como principal ocupación entre los entrevistados (64,3%). Mientras que el 27,6 por ciento afirma que durante estos días se acuesta y levanta más tarde de lo habitual.

La siguen las actividades en familia, como juegos de mesa o manualidades (22,2%) y la lectura (13,6%). El factor que peor lleva la gran mayoría (61,8%) es la falta de vida social, incluidas las salidas con familia y amigos, seguida por la frustración de no poder pasear al aire libre, ir a la playa o al gimnasio (33,3%) y la dificultad de hacerse cargo de los niños las 24 horas (5%).

Una amplia mayoría (57,5%) afirma que actualmente no trabaja o no puede desempeñar sus funciones mediante teletrabajo, el 29% realiza jornada completa y un 13,6%, media jornada.

Respecto a los desplazamientos, la inmensa mayoría (80,1%) reconoce que acude al supermercado dos veces a la semana, un 18,6% recibe la compra en su casa y una escasa minoría (1,3%) sale a comprar a diario.

“La falta de vida social y la imposibilidad de realizar actividades al aire libre ha disparado el entretenimiento digital entre la población, fomentando hábitos sedentarios que pueden resultar adictivos y muy difíciles de corregir una vez levantado el estado de alarma”, señala el portavoz del IMEO Rubén Bravo.

Alimentos a tomar en cuenta para consumir con más frecuencia durante la cuarentena

El Imparcial
Es importante saber qué podemos consumir con mayor frecuencia para esta cuarentena y que sea parte de nuestra lista cada vez que vayamos al supermercado porque se consideran alimentos esenciales.

En estos momentos es donde la ansiedad incrementa mucho más, por eso lo primero que debemos hacer es organizar una lista para llenar la despensa con productos que se conserven mucho más, los no perecederos. 

Lo otro según Cuídate Plus es fijarnos de las fechas de vencimiento para evitar que se nos dañe antes de tiempo. También hay que abastecernos de otros alimentos que aunque no se conserven por largos períodos son importante consumirlos. 

Estefanía Ramo, diplomada en Nutrición y Dietética y Licenciada en Tecnología de los Alimentos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), compartió algunos consejos: 

Cereales: harina, arroz, pasta, pan precocinado congelado o elaborado casero, cereales de desayuno enriquecidos en hierro y copos de avena, ambos sin azúcar añadido.

 Legumbres: garbanzos, lentejas, judías pintas y judías blanca y todos los granos. 

 Verduras y hortalizas: Espinacas, acelgas, judías verdes, zanahorias, calabaza, menestra de verduras, patatas y tomate entero o triturado al natural; cebolla y cabezas de ajo crudos; purés de verduras envasados bajos en sal.

Frutas y frutos secos: Papillas de fruta y zumos sin azúcar añadido esterilizados; por supuesto las frutas naturales, frutos secos naturales o ligeramente tostados, como nueces, almendras, avellanas o pistachos.

 Proteínas animales, pescados y mariscos, salmón para congelar en casa y aumentar su vida útil.

 Lácteos: leche en polvo, leche UHT, yogures esterilizados y quesos curados.

Grasas, aceites y vinagres: aceite de oliva virgen extra, vinagres.

Cafés, tés y especias: café, tés, infusiones, sal, azúcar moreno, especias, hierbas, condimentos, levadura.

Otro tipo de productos totalmente prescindibles serían la bollería industrial (por su alto aporte en grasa saturada, trans, azúcares y sal)

Los huevos son considerados alimentos perecederos, pero “bien refrigerados en la nevera tienen una fecha de consumo de aproximadamente 3 semanas”. 

De acuerdo al potal Baptisthealth al abastecerse, hay que concentrarse en las cosas que la familia disfruta comiendo. La planificación es útil para que sepa lo que tiene y lo que hará. 

Aconsejan utilizar cualquier alimento fresco que se tenga antes de recurrir a sus reservas de alimentos congelados y estables. La clave es no dejar que nada se desperdicie. 

El encierro pasa factura en la báscula

La falta de actividad física y el consumo de productos poco saludables auguran un aumento de peso

El País, por Jessica Mouzo

El confinamiento dejará huella en la báscula y en la salud de los ciudadanos. Entre dos y cinco kilos de más y un incremento de los índices de sobrepeso y obesidad, según los expertos consultados, será la factura física que pagarán los ciudadanos por estas semanas de encierro. El estrés emocional y los problemas económicos derivados de la gestión de la pandemia abocan al consumo de productos poco saludables, como muestra el incremento en la compra de harina (un 196%) o de alcohol (un 57%). La falta de actividad física corona unos hábitos de vida que ponen en riesgo la salud.

La pandemia se ha convertido en un cóctel perfecto de factores de riesgo, en niños y adultos. La ausencia de ejercicio físico, las horas delante de las pantallas, el consumo de alimentos procesados para matar el estrés, el miedo o el aburrimiento. Todo ello configura el caldo de cultivo perfecto para disparar la báscula y elevar, más si cabe, las cifras de exceso de peso. “Lo esperable es que aumente entre tres y cinco kilos. La lucha contra la obesidad es un castillo de naipes. En pocos días puedes perder lo que habías conseguido en meses”, apunta Albert Goday, jefe de sección del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital del Mar de Barcelona. El 17% de los adultos y el 10% de los niños padecen obesidad en España.

A falta de datos o estudios concluyentes sobre el impacto que tendrá el confinamiento en el peso, los expertos hacen sus estimaciones, aunque con prudencia. Según la Sociedad Española de la Obesidad (Seedo), los niños y adolescentes pueden aumentar de peso un 5%. “Es bastante previsible que haya un aumento de peso. En un mes de confinamiento, con que aumentes en 200 kilocalorías el consumo, que no es nada, ya es un kilo más”, advierte Francisco Tinahones, presidente de la Seedo. Esas 200 kilocalorías adicionales se consiguen, por ejemplo, comiéndose diariamente varias galletas, explican desde la Seedo.La compra de harina ha crecido un 196% y la de alcohol, un 57%

Eduardo Iglesias, coordinador del grupo de investigación Intervenciones Traslacionales para la Salud de la Universidad de Oviedo, es uno de los investigadores que ha empezado a medir el impacto del confinamiento en los hábitos alimentarios. “Queremos saber la percepción subjetiva del cambio, si hacen más o menos ejercicio, si duermen más, si comen más de esto o de lo otro, y, sobre todo, por qué”, explica. Con datos de 3.000 personas, los resultados preliminares arrojan cambios en los hábitos de la gente en esta etapa. “Se ven consumos mayores o menores de determinados alimentos. Uno de los motores que genera estos cambios es lo relativo a la actividad física y hemos visto que se polariza: hay más gente que no hace nada y más gente que hace deporte”, señala. El estrés y el aburrimiento también son motores de cambio, explica el investigador. “Aunque no necesariamente significa comer más. Pueden estar nerviosos y comer menos”, matiza.

Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la compra de chocolate ha aumentado hasta un 60% en la tercera semana de confinamiento. Los snacks y frutos secos, por su parte, han subido también hasta un 61%; y la cerveza y otras bebidas espirituosas, en torno al 42%. “Cuando estás en situación de estrés, depresión y aburrimiento se producen ingestas compensatorias para subir los niveles de serotonina. Esto genera pulsiones alimentarias hacia productos que provocan satisfacción, como la grasa y el azúcar. Se produce una sensación de alivio y hace de ansiolítico, como el consumo moderado de alcohol, que genera una secreción de endorfinas que tiene el mismo efecto”, explica Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.

Los expertos auguran un incremento de la prevalencia del sobrepeso y la obesidad. “El organismo siempre ahorra energía. Lo que podemos retroceder estas semanas en peso tardaremos bastantes meses en volver a bajarlo”, explica Goday. El endocrinólogo es el principal investigador de una revisión científica que concluye que ocho de cada 10 hombres y el 55% de las mujeres tendrán sobrepeso u obesidad en 2030.

El confinamiento ha desperezado las capacidades culinarias de los ciudadanos, pero no siempre hacia comidas saludables. De hecho, la compra de pescado fresco ha bajado y la de azúcar y cacaos ha subido un 60% y un 30%, respectivamente. “Para ocupar el tiempo, estamos cocinando más. Quizás comemos más sano, pero también descuidamos las cantidades”, apunta Rocío Basanta, psicóloga del Grupo Gallego de Tratamiento de la Obesidad Grave. Dejar de vestirse, apostilla la experta, tampoco ayuda a tomar conciencia del peso individual. “Muchas personas descuidan la ropa y están todo el día en chándal y pijama. No cuidas tanto tu aspecto, que es cuando te das cuenta de si subes de peso o no”, señala. La psicóloga aconseja vestirse y ponerse como reto no subir de peso, también usar recipientes para comer que permiten ver cuánto se está ingiriendo. “Un error que cometimos fue acumular comida en casa por miedo al desabastecimiento. Esas son compras insensatas y poco sanas. Hay que comprar con prudencia”, advierte.

El parón económico que causa el confinamiento también es un factor de riesgo. Por el impacto de una eventual crisis monetaria de muchas familias. Y los augurios económicos no son buenos. “Hay una relación directa. La obesidad se asocia al nivel socioeconómico y es más alta en las clases desfavorecidas. Además, los alimentos más saludables son más caros”, zanja Tinahones.

Los profesionales temen, especialmente, que se descompensen las personas que ya están diagnosticadas de obesidad o sobrepeso. De entrada, ya son un colectivo de riesgo para muchas enfermedades sobrevenidas, también para la infección por coronavirus. Y el hecho de que los hospitales hayan suspendido consultas presenciales de otras especialidades para contener la pandemia puede poner en peligro la adherencia de estos pacientes al tratamiento. “Un factor que se asocia a que el curso clínico vaya bien es la frecuencia de la visita médica: la respuesta es mejor cuantas más visitas. Si podemos contactar menos con los pacientes, el peso va a subir, aunque intentemos reconvertirnos a la telemedicina. La visita directa siempre tiene capacidad de adherencia”, apunta Goday. Coincide Aranceta: “Esta falta de recordatorio y evaluación puede hacer que estos pacientes se despisten. Más de la mitad de los que tienen obesidad y sobrepeso van a aumentar la masa corporal, y los que estaban en tratamiento perderán adherencia”.

Hacer ejercicios en casa, sentadillas o flexiones, y ser disciplinados con la comida son algunas de las propuestas de los expertos. Y, sobre todo, insiste Basanta, “ponerle remedio y no dejarse ir” cuando pase el confinamiento.

ESTUDIOS EN MARCHA AHORA DESVIRTUADOS

El confinamiento también ha provocado que se desvirtúen las intervenciones iniciadas en el marco de estudios científicos. “Esos estudios los seguimos haciendo, pero ya se ve una diferencia importantísima desde el mes antes del confinamiento. Una persona con una dieta hipocalórica y mediterránea, que estaba perdiendo entre tres y cuatro kilos, ahora ya nos damos con un canto en los dientes si no suben de peso”, admite Tinahones. El estudio Predimed, sobre el estilo de vida y la dieta mediterránea, sigue a 6.000 personas. A propósito de la dificultad de seguir a los participantes debido a la suspensión de las consultas presenciales en los hospitales por el coronavirus, esta investigación también se ha resentido. “Nuestra gran preocupación es que perdamos lo que hemos conseguido en estos tres o cuatro años. Intentamos ver si podíamos seguir con las visitas presenciales y, cuando vimos que no, miramos de hacerlo a través de un soporte telemático”, explica Goday. En cualquier caso, insiste Tinahones: “Los pacientes en estudios que están con medicación e intervención dietéticas, intentamos que sigan adelante”.

Vitamina “D” anticáncer

También llamada “La vitamina del sol” porque nuestro cuerpo la produce  de manera natural al exponerse a la luz solar directa

Algunas veces con el sol no es suficiente el nivel óptimo de vitamina D y es necesario, a partir de una opinión médica, completarlo con dosis extra de vitamina. Foto: Cortesía | IMEO

Omar Goncebat | EFE Reportajes

“En nuestro estudio la vitamina D tuvo un efecto significativo en la reducción del riesgo de muerte entre las personas con cáncer”, señala Tarek Haykal, médico en la MSU.

También llamada “La vitamina del sol” porque nuestro cuerpo la produce de manera natural al exponerse a la luz solar directa. Un equipo de médicos de la Universidad Estatal de Michigan, (MSU) en Estados Unidos, ha descubierto que esta vitamina podría ayudar a los pacientes con cáncer a vivir más tiempo, si la toman en forma de suplementos durante, al menos, tres años.

Este hallazgo sugiere que, además de contribuir a la salud de los huesos, al ayudar al cuerpo a absorber el calcio, y de jugar un papel clave en los sistemas nervioso, muscular e inmunitario, esta vitamina podría conllevar beneficios significativos en el cáncer, la segunda causa principal de muerte en EEUU, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

MÁS ALLÁ DE LAS DOSIS DIETÉTICAS

“El objetivo principal de VITAL era ver si hay un beneficio en ir más allá de la asignación dietética recomendada, más de lo que se considera necesario para la salud ósea”, señala la doctora JoAnn Manson, del Brigham And Women’s Hospital, de la Facultad de Medicina de Harvard, quien dirigió aquel estudio.

Por su parte, los investigadores de la MSU analizaron datos relacionados con la prevención de enfermedades de más de 79.000 pacientes en múltiples estudios, que compararon aleatoriamente el uso de vitamina D con un placebo (sustancia inocua) durante al menos tres años.

El doctor Haykal y su equipo se centraron en la información que involucraba la incidencia y mortalidad por cáncer.

“La diferencia en la tasa de mortalidad entre los grupos que tomaron suplementos de vitamina D y los que tomaron placebo fue estadísticamente significativa y mostró cuán importante podría ser entre la población con cáncer”, dijo Haykal.

Aunque estos hallazgos son prometedores, Haykal advirte que aún se desconoce la cantidad exacta de vitamina D que hay que tomar y qué niveles se necesitan en la sangre.

También afirma que no está claro cuánto tiempo más extiende la vitamina D la esperanza de vida de estos pacientes y por qué produce este resultado en estas personas.

“Todavía hay muchas preguntas y se necesita más investigación. Todo lo que podemos decir es que se requieren al menos tres años de tomar el suplemento para ver este efecto”, apunta.

Para Haykal los resultados de su estudio (https://ascopubs.org/doi/abs/) son lo suficiente prometedores como para que más médicos, especialmente oncólogos, consideren la posibilidad de recetar vitamina D a los pacientes en general.

“Sabemos que la vitamina D conlleva beneficios con efectos secundarios mínimos. Hay mucho potencial aquí”, destaca.

LA VITAMINA DEL SOL, AMIGA DEL CALCIO

Además de producirla el cuerpo cuando se expone la piel a la luz solar, la vitamina D se encuentra en algunos alimentos: como en los pescados grasos, salmón, atún y caballa; en los hongos; en el hígado vacuno; en el queso y la yema de huevo, entre otros.

“Muchas personas padecen un déficit de vitamina D, a pesar de la exposición solar, por lo que resulta importante saber sus fuentes (naturales o no) así como su ingesta recomendada y las consecuencias de su déficit”, explica a Efe el experto en nutrición Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, IMEO ( http://www.imeoobesidad.com).

Esta vitamina resulta esencial para la absorción de calcio en el intestino, y su déficit está asociado con osteomalacia (reblandecimiento de los huesos) en adultos y raquitismo (falta de mineralización del hueso) en niños, apunta.

Añade que su déficit también se relaciona con distintas patologías, como la hipertensión, la diabetes, el cáncer, la insuficiencia cardíaca o la enfermedad renal crónica.

“Con niveles suficientes de vitamina D la absorción del calcio puede variar del 30 al 60%, pero en un estado de déficit, esta absorción disminuye hasta el 10-15%”, señala Bravo.

Por otra parte el exceso de vitamina D consumida mediante suplementos y alimentos enriquecidos también puede afectar la salud y calidad de vida, y Bravo recomienda “evitar la complementación innecesaria y tomar como referente los resultados diagnósticos, como una analítica de sangre, cuyos niveles deberán ser supervisados por un especialista que dará las recomendaciones pertinentes en caso de ser necesarias”.

Pautas psicológicas y nutricionales para sobrellevar el confinamiento

Periodista Digital por Juan Luis Recio

La complicada convivencia de confinamiento que millones de personas afrontan en el intento de frenar la propagación del coronavirus ha hecho que su casa se convierta en oficina, guardería, colegio, comedor, gimnasio y lugar de actividades lúdicas, refugio y campo de batalla para conflictos generacionales o sentimentales. En esta situación de alarma social e incertidumbre económica, los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han querido brindar su apoyo a las personas que viven aislados en sus hogares la crisis desatada por el coronavirus con unas pautas psicológicas, nutricionales y de actividad física para que les sean de ayuda a la hora de sobrellevar el confinamiento, que mucho le agradecemos y que hoy aquí compartimos con usted.

Para empezar nos dan unos consejos psicológicos para mantener el equilibrio emocional, ya que la situación de confinamiento prolongado por coronavirus que estamos viviendo tiene un impacto psicológico importante, en primer lugar, debido a la manifestación del concepto de muerte repentina y enfermedad como algo natural. Encontrar sentido a nuestro sufrimiento en los momentos de mayor dificultad nos ayudará a protegernos de la desesperanza y la depresión. Por esta razón, la psicóloga del IMEOMaría González aconseja encontrar un propósito durante esta cuarenta, hacer una reflexión sobre las decisiones que hemos tomado o las que nos gustaría tomar a partir de ahora para hacernos más conscientes y responsables de nuestra vida y nuestro mundo emocional.

En algunas personas puede salir a la luz sintomatología depresiva, como ansiedad o sentimiento de soledad, encubiertas hasta ahora por hacer el día a día. En otras, que sufrían patologías previas, depresión, fobias o trastornos de conducta alimentaria (anorexia, bulimia y trastorno por atracón), puede aumentar el malestar. En estos casos, el consejo de la experta es “poner en práctica lo trabajado anteriormente en terapia, llevar a cabo una autoobservación e iniciarse en el autoconocimiento y trabajo personal, si hasta el momento no ha habido necesidad de acudir a psicólogo”. 

Debemos tener claro que nuestra mente está preparada para superar situaciones mucho más complejas gracias a la enorme capacidad de adaptación que tenemos. Por esta razón, nuestra atención debe estar enfocada en la aportación positiva social que nuestro esfuerzo va a generar, centrándonos en los tres mecanismos principales del ser humano: el hacer, el sentir y el pensar.

Otro buen consejo es el de establecer horarios de rutina diaria. No es el momento de abarcar todas las actividades con las que nos bombardean las redes sociales o de iniciar actividades que nunca han suscitado interés o que no corresponden a nuestra condición física, porque nos puede generar frustración. Desde el IMEO recomiendan trabajar en tres pilares básicos para mantener un equilibrio físico y emocional:

  1. En primer lugar, establecer una rutina de actividades diarias, marcando horarios para gestiones laborales o académicos online, dejando espacio para la lectura, las manualidades, el ocio y el descanso. Los padres deben asumir que no son profesores, monitores y vigilantes de sus hijos y limitarse con guiarles y supervisarles durante la cuarentena, que también es nueva para ellos y requiere un tiempo de adaptación.  
  2. En segundo, cuidar la alimentación, fijando horarios para las cinco comidas principales, y hacer partícipes todos los miembros de la familia en las tareas relacionadas. Las personas que viven solas deben huir de hábitos como comer de bandeja o delante de la tele en el sofá, ya que a la larga les puede generar sensación de dejadez y apatía.
  3. En tercer lugar, hay que hacer rutina la práctica de actividad física. Necesitamos movernos, aunque sea a pequeña escala y en un espacio reducido, para evitar la rigidez y las malas posturas que pueden generar lesiones a la larga. No es momento para planteamientos muy ambiciosos o exigirse más de lo que la condición física está acostumbrada. Las personas deportistas pueden buscar alternativa de sus ejercicios habituales y adaptarlas a la situación. Los que nos suelen hacer gimnasia, es un buen momento para empezar, pero con rutinas fáciles y asequibles, con media hora al día sería suficiente. Disciplinas como yoga, taichí o pilates pueden aportar muchos beneficios psicológicos al enfocarse también en la respiración y la meditación, ayudando a disminuir la ansiedad. “Si no tenemos un mínimo de desgaste físico al día, nos costara más conciliar un sueño reparador, por lo que el ejercicio es fundamental no sólo para el descanso de calidad, sino también para generar endorfinas que equilibren nuestro estado anímico”, recalca la psicóloga del IMEO.

Un asunto muy relevante es cómo gestionar las emociones, que debe hacerse desde la comprensión. Es importante afrontar emociones como el miedo, la incertidumbre, la tristeza o la ansiedad desde el cariño y la comprensión, evitando juzgar. Es un buen momento para escuchar las emociones, porque hasta las más incómodas nos pueden proporcionar información de mucha utilidad para trabajar la gestión emocional. Compartir estos momentos con personas en las que confiamos, ya sea por videollamada o chat, puede ser muy útil, así como escribir sobre ello o utilizar la respiración consciente para calmar la ansiedad y la angustia.

Y es bueno aprender a pensar que estás haciendo lo mejor que puedes.En situaciones límite de cambios importantes, nuestra mente se acelera, poniéndose en escenarios futuros catastróficos o idílicos, para evadir la realidad. No obstante, tenemos que mantener los pensamientos en el presente sin hacer planes más allá de una semana y evitar planteamientos sin respuesta o generalizaciones extremas (empleando palabras como siempre, nunca, todo, nada), ya que están sujetos a distorsiones cognitivas y pueden agudizar la sensación de ansiedad y depresión. “Revisar el diálogo interno con amabilidad y sin críticas, decirse a uno mismo “lo estás haciendo lo mejor que puedes y es suficiente”, aconseja la psicóloga María González, porque lo que sí funciona en estos casos es perdonarse, animarse y ocuparse en actividades del presente. Asimismo, conviene evitar la sobreinformación con noticias preocupantes, sobre todo a última hora del día, porque nos puede privar del sueño, generando ansiedad, conclusiones erróneas y distorsionadas.

Veamos seguidamente sus consejos para no aumentar de peso durante el confinamiento.Quedarnos en casa por un mes o más puede traer consecuencias muy serias para nuestra salud y peso, si descuidamos la alimentación y no realizamos suficiente actividad física. Nos movemos menos y tenemos menor gasto energético y esto suele ir ligado a aburrimiento, ansiedad e incertidumbre que compensamos comiendo, en muchas ocasiones, mucho y mal. Además, el estrés que nos puede generar esta situación puede llevarnos a comer de manera compulsiva y a sufrir atracones que, además de la natural subida de peso que pueden conllevar, traen consigo otros problemas como las indigestiones, la distensión abdominal o los vómitos.

“En el peor de los casos, si se ingieren alimentos muy calóricos de forma repetitiva, como bollería, fritos, chips o dulces, se puede ganar hasta 1 kilo a la semana y unos 5 al mes, que desemboca en otros riesgos relacionados, como hipertensión o elevaciones de los niveles de azúcar, colesterol y triglicéridos”, advierte Carmen Escalada, nutricionista clínica del IMEO. Aunque si se ajustan las cantidades a las recomendadas y al apetito, que ahora va a ser menor, y se controla la ansiedad por otras vías que no sea la comida, manteniendo una actividad física de 45 minutos a una hora al día, combinando ejercicios aeróbicos y de tonificación para no perder masa muscular, no tiene por qué experimentarse un aumento de peso durante el confinamiento”, recalca la experta.

Por ello, veremos mañana las pautas nutricionales para comer de forma saludable en casa que nos recomiendan desde IMEO, así como algunos consejos para entrenar en el salón de tu casa.