Como reforzar el sistema inmune frente al Covid-19

El experto en nutrición y vocero del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo, explica en este programa de «Nota Universitaria», realizado por estudiantes y docentes de la Universidad de Lima, Ricardo Palma cómo reforzar el sistema inmune frente al covid-19 con la alimentación.

Algunos estudios que han salido en España vinculan la dieta mediterránea con reducir la probabilidad de contagios de Covid-19 hasta un 64%. En el fondo, apunta Bravo, se trata de una dieta pobre de alimentos procesados, rica en vegetales, verduras, frutas, frutos secos, legumbres, proteínas y grasas saludables, omega 3 proveniente de pescados azules y, sobre todo, alimentos naturales, evitando frituras y rebozados. Es decir, «más ceviche y menos arroz frito», resume el experto del IMEO.

El director periodístico del programa, José Castro Machado, ha hecho hincapié sobre la disponibilidad del paciente y la importancia de la motivación para tomar el camino de cuidarse a través de la alimentación saludable.

De nuestro tipo de dieta depende en buen grado nuestra condición física; una alimentación saludable puede actuar como un antídoto para el estrés y la la depresión, y como un buen aliado a nuestro sistema inmune.
Ya hay estudios que demuestran que el sedentarismo y la obesidad empeoran los cuadros de pacientes ingresados con Covid. Además, añade Bravo, hay que realizar deporte con cierta frecuencia o, como mínimo, caminar 3 horas a la semana.

Por qué con la pandemia de Covid-19 urge más que nunca perder los kilos que nos sobran

La obesidad duplica la probabilidad de ser ingresado en un hospital y eleva en un 48% la mortalidad

ABC, por Miguel A. Martínez González y Francisca Lahortiga Ramos

La conocida cuesta de enero de este año -en cuanto a quitarse kilos se refiere- se unió al reto de afrontar la tercera ola de la pandemia. La razón es triple: la obesidad eleva en casi un 50% la probabilidad de infectarse por Covid-19, duplica la probabilidad de ser ingresado en un hospital y eleva en un 48% la mortalidad. Con esos datos, parece indiscutible que nunca ha sido tan necesario como ahora protegerse y volver al peso saludable.

Lo grave del asunto es que el número de obesos en el mundo se ha incrementado desde unos 100 millones en 1975 a 700 millones actualmente. Como contamos en el libro «¿QUÉ COMES? Ciencia y conciencia para resistir» (Planeta, 2020), la pandemia de coronavirus pasará a la historia, pero desaparecerá; la de obesidad parece que está aquí para quedarse.

La mejor evaluación del daño que hace el exceso de peso la proporciona el «Global Burden of Disease» (GBD-2017). En este estudio valoraron a 68,5 millones de niños y adultos en 195 países entre 1980 y 2015, y cuantificaron la carga de enfermedad relacionada con un alto índice de masa corporal (IMC). Concluyeron que nada menos que 4 millones de muertes anuales en el mundo se debían al alto IMC.

Aunque el IMC no es un indicador perfecto, ya que puede elevarse en personas con mucha masa muscular, es el más usado y práctico. Se calcula dividiendo el peso (en kilos) entre la talla (en metros) elevada al cuadrado. Así, una persona que pese 80 kg y mida 1,70 m tendrá un IMC de 27,68 (porque 80 entre 1,7 al cuadrado es igual a 27,68).

Lo ideal es que el IMC esté aproximadamente en 22. El sobrepeso se define como un IMC superior a 25 y la obesidad, a 30. En el estudio GBD-2017, casi el 40% del exceso de muertes se daba en personas con sobrepeso u obesidad.

Comer menos

Podríamos seguir décadas hablando de genes y moléculas -buscando los culpables de la obesidad- mientras se constata lo mal que se están ejerciendo las acciones más básicas de prevención y salud pública. La paradoja es que en ningún otro país se ha investigado tanto en estos genes y moléculas como en EE.UU., que es donde más suben las tasas de obesidad mórbida. Uno de cada 12 estadounidenses ya es candidato a cirugía bariátrica –popularmente conocida como «reducción de estómago»–.

No hay que engañarse culpando a genes y moléculas. La rama no puede tapar el bosque. Lo que hay que hacer es comer menos (el mensaje que a ninguna industria alimentaria le interesa). Hace falta fuerza de voluntad. Empeño. Decisión libre. Control. Pero esto parece cada vez más difícil en una cultura dominada por un materialismo atroz y donde los ciudadanos son poco más que minions o títeres en manos de poderosos intereses comerciales de esas grandes corporaciones que venden comida y bebida basura.

El reto de superar la obesidad no es solo fisiológico, sino psicológico y cultural. Una cultura consumista y hedonista deja indefenso al ciudadano y propicia las conductas obesogénicas. Quizás falta decisión, valentía y radicalidad para confrontar en sus raíces un profundo déficit cultural.

Evidentemente nos estamos refiriendo a situaciones en que la obesidad no es consecuencia de una patología orgánica (por ej. un trastorno hipotalámico) o una enfermedad psiquiátrica (por ej. una bulimia nerviosa o un trastorno por atracones). Aquí no es sólo el ejercicio de la voluntad, sino que será necesario poner remedio a la enfermedad para solucionar la obesidad.

Otra excepción es cuando existen trastornos depresivos, y, sobre todo, trastornos de ansiedad, que dan lugar a sobreingestas o incluso atracones de comida que llevan a un estado de obesidad. En estos casos la resolución de la ansiedad será la única forma de atajar la obesidad. Evidentemente, estas son situaciones que explican sólo un pequeño porcentaje de los casos de obesidad.

Informar sin estigmatizar

Pero decir que en el siglo XXI el Homo sapiens ha dejado de alimentarse sabiamente y que los excesos se pagan, podría interpretarse como un ejercicio de crueldad equivalente a culpabilizar a las víctimas. ¿Se está estigmatizando a los obesos al decirles que quitarse ese sobrepeso pertenece a su libre albedrío? El estigma es dañino. Puede crear un círculo vicioso al aumentar la ansiedad y la depresión que a su vez podrá acompañarse de atracones.

Debe distinguirse el estigma –que sería toda representación o comentario peyorativo, despectivo o inculpador–, del derecho a poder decir la verdad científica. No se puede invocar el miedo al estigma para acallar la verdad científicamente demostrada. Siempre se puede decir la verdad con respeto, empatía y afecto. No se podría hacer educación nutricional si no se admitiese que los seres humanos somos libres y tenemos en nuestra voluntad las riendas de nuestra conducta.

Es preciso confrontar los determinantes económicos, sociales y culturales que han creado ambientes obesogénicos. Cierto. No todo es educación para cambiar conductas personales. Pero tampoco todo es estructura y economicismo. Hay que actuar a ambos niveles (educación personal y acción de abogacía social). Siempre con respeto, tacto, empatía, sinergia y brindando el oportuno apoyo psicológico.

Miguel A. Martínez González. Catedrático de Salud Pública, Universidad de Navarra.

Francisca Lahortiga Ramos. Consultor Clínico, Universidad de Navarra.

Este artículo fue publicado originalmente en The Converstion.

«La nutrición puede determinar la vida o la muerte en un paciente de COVID-19»

RTVE, por Jessica Martín

«La nutrición puede determinar la vida o la muerte en un paciente de COVID-19». Lo afirma con rotundidad el coordinador del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), el doctor Francisco Botella, quien explica por qué su especialidad está directamente implicada en el tratamiento de la enfermedad en todas sus fases y en qué medida el soporte nutricional es «vital» en las personas hospitalizadas.

«El virus nos infecta, pero la respuesta inflamatoria es, muchas veces, lo que ocasiona los cuadros graves que acaban en la UCI. En situación de mucha inflamación, hay mucha demanda nutricional, y el problema es que, en casos graves, el paciente no es capaz de alimentarse solo y, a veces, tiene que elegir entre respirar y comer. De no ser por el soporte, esa situación llevaría a una desnutrición que provocaría más mortalidad», sostiene Botella en una conversación con RTVE.es.

Su conocimiento y su experiencia diaria en el Hospital Universitario de Albacete le llevan a subrayar que un tratamiento nutricional adecuado y precoz es capaz de «mejorar el pronóstico» de pacientes pluripatológicos diagnosticados de COVID-19, algo que también han defendido desde la Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN) y la Sociedad Europea de Endocrinología.

La dieta del paciente hospitalizado por COVID-19

Desde la SEEN, propusieron, ya a mediados de marzo, un protocolo de tratamiento médico nutricional dirigido a cubrir las necesidades, mejorar la situación clínica de los pacientes y evitar secuelas.

La dieta para los pacientes hospitalizados, apuntan los expertos, debe ser energéticamente «densa» e hiperproteica, para proporcionar unas 25-30 kcal/kg de peso/día y 1,5 gramos de proteínas por kilogramo de peso y día, apoyándose en el empleo de suplementos nutricionales orales añadidos a la dieta.

«Ha sido necesario reestructurar las dietas hospitalarias para adaptarlas a las dietas especiales que requieren estos pacientes, que deben estar enriquecidas en calorías y proteínas y ser fáciles de comer para que el paciente no se canse, no se agote. Además, vimos que una de las medicaciones que con frecuencia forman parte del tratamiento provoca diabetes, así que desde las unidades de nutrición hemos tenido que estar muy pendientes para cuidar la alimentación de estos diabéticos de nueva aparición«, señala Botella.

Dentro del trabajo de su área, uno de los retos para los sanitarios está siendo garantizar que los pacientes que pueden ingerir sus propios alimentos estén bien nutridos, algo que no es nada fácil, explica el doctor, teniendo en cuenta que los ingresados están aislados –no tienen la ayuda de ningún familiar para comer– y a menudo presentan «debilidad extrema».

«Muchos pacientes tienen problemas para respirar y comer a la vez y, en este sentido, la labor de auxiliares y enfermeras es enorme. Esto se ha conocido poco pese a que ha habido situaciones casi heroicas de sanitarios que han tratado nutricionalmente a pacientes con la mitad de la plantilla y con el doble de presión asistencial», comenta Botella.

Otro desafío que ha lanzado el coronavirus a las unidades de nutrición ha sido el de cuidar de la salud de aquellos pacientes que no pueden cubrir sus necesidades por vía oral y que, por tanto, tienen que recibir los aportes energéticos a través de técnicas de nutrición artificial,por vía intravenosa o por sonda.

Problemas para tragar en pacientes que han estado intubados

Respecto al último recurso, el endocrinólogo apunta un problema añadido: «Las personas que han estado en la UCI intubadas, con respirador, salen con enormes dificultades para tragar, es lo que llama disfagia. Las lesiones están provocadas por el tubo en la tráquea y ocasionan, junto con la debilidad muscular, verdaderos problemas para ingerir alimentos», explica. 

En esos casos, a menudo es necesario elaborar una dieta con «una textura especial» para que puedan tragarla con mayor facilidad o prescribir unos suplementos nutricionales industriales adaptados. En pacientes con una disfagia más grave es necesario recurrir a la nutrición artificial mediante un tubo que se conecta directamente con el estómago.

«Calculamos ahora mismo, por los datos que manejamos, que la mitad de los pacientes que salen de la UCI presentan problemas para tragar alimentos en mayor o menos grado», añade Botella.

Por eso, insiste en que la terapia nutricional puede «salvar vidas» y agrega que puede ser crucial en el caso específico de los ancianos, uno de grupos con mayor riesgo de desnutrición. 

Como también apunta un estudio multidisciplinar impulsado por profesionales de profesionales de la SEEN junto con otros expertos de la Sociedad Española de Nefrología, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, la Sociedad Española de Enfermería Nefrológica y la Academia Española de Nutrición y Dietética, “la peor evolución de la infección por SARS-CoV-2 en pacientes ancianos y con comorbilidades se debe en parte a la habitual presencia de desnutrición y sarcopenia (pérdida de masa muscular)”.

Sin embargo, lamenta Botella, «en algunos hospitales la nutrición es una asignatura muy pendiente». Hay un 40% de hospitales españoles que no cuentan con equipo de nutrición, una especialidad con un potencial «muy superior a muchos fármacos» a la que, cree, se presta «poca atención».

El obstáculo de los que se alimentan en casa: la falta de apetito

En el caso de pacientes que hayan sido diagnosticados de coronavirus y que no necesiten hospitalización también es fundamental cuidar la alimentación. Lo que les recomiendan los especialistas es aportar una mayor cantidad de nutrientes en porciones de alimento pequeñas y, para esto, una buena opción es aumentar el número de comidas al día –realizar entre 6 y 10–, aunque no sean de gran cantidad, de forma que se aumente el aporte calórico y proteico sin sentir saciedad.

Respecto a estos pacientes que luchan contra la COVID desde casa, uno de los principales inconvenientes a la hora de conseguir que se alimenten adecuadamente tiene que ver con la pérdida de apetito, del gusto y del olfato, una combinación que lleva a algunas personas a descuidar su nutrición.

“En una enfermedad que te tiene con fiebre, con inflamación, y que mantiene al organismo con las necesidades nutricionales aumentadas comer menos significa debilitarse. Estos pacientes tienen que tener disciplina y decir ‘esto es un tratamiento médico que se llama comida’ porque quienes se conciencien van a tener mucho menos riesgo de tener que ingresar», recalca Botella.

El doctor recomienda a quienes tengan el apetito muy bajo empezar siempre por el alimento proteico y evitar una alimentación basada en sopas o caldos porque, lejos de lo que se cree, aportan pocos nutrientes.

Asimismo, los expertos aconsejan a las personas diagnosticadas con coronavirus beber abundantes líquidos, principalmente agua o infusiones, pero fuera de las comidas, separados de estas por 30 o 60 minutos, y no abandonar el ejercicio físico en ningún momento, aunque sea de baja intensidad.

La otra cara de la moneda: el sobrepeso y la obesidad

Además de la desnutrición, un problema que preocupa de forma significativa a los endocrinólogos es el que representa la obesidad. Las personas con exceso de peso tienen un 46% más riesgo de contagiarse de coronavirus, un 113% más riesgo de hospitalización por COVID-19, un 78% más riesgo de ingreso en UCI respecto a la población con normopeso, y el riesgo de mortalidad es un 48% superior.

Un informe presentado este lunes por la SEEN y la Sociedad española de Obesidad señala que se produjo un aumento de peso en el 49,8% de la población española tras los primeros meses del confinamiento, una tendencia que, según los expertos, se ha mantenido en el tiempo. La principal causa detrás del sobrepeso está en el deterioro de los hábitos de vida saludables y, «especialmente», en la falta de ejercicio físico.

Un estudio revela que los niveles altos de azúcar en sangre elevan la mortalidad del coronavirus

As, por Raul Izquierdo

El Hospital Regional Universitario de Málaga y el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga analizan la influencia de tener niveles altos de azúcar respecto al coronavirus.

Casi un año ha pasado desde que se detectara el primer caso oficial de la pandemia del coronavirus, pero muchas siguen siendo las incógnitas alrededor del SARS-CoV-2. Una de ellas ha sido resuelta por investigadores del Hospital Regional Universitario de Málaga y el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA).

Los niveles de azúcar en sangre también juegan un papel importante en las personas contagiadas por el patógeno. En su caso, según el estudio publicado en la revista científica Annals of Medicine, la tasa de mortalidad se eleva en aquellos pacientes que padecen hiperglucemia.

En el estudio se analizan muestras de 11.313 pacientes que fueron contagiados de coronavirus durante la primera ola de la pandemia en España, según han informado en un comunicado. Los pacientes fueron divididos en tres grupos, en función del grado de glucosa libre en sangre en el momento de recibir el alta.

Después de analizar todos los resultados, el equipo de investigadores llegó a la conclusión de que la tasa de mortalidad llegaba hasta un 41,1% en las personas que tenían hiperglucemia, con más de 180 miligramos por decilitro. Por contra, esta tasa bajaba hasta el 15% en aquellos que presentaban mucha menos azúcar en la sangre.

Por tanto, los investigadores destacan que la hiperglucemia supone otro factor de riesgo a tener en cuenta en la lucha contra el coronavirus, independientemente de la convivencia con otras enfermedades o la edad de los afectados.

Causas que aumentan el riesgo

El hecho de tener más azúcar en la sangre supone un mayor riesgo para los pacientes por varios motivos. El primero de ellos, destacan los investigadores, es que el páncreas, al ser el órgano que produce la insulina, facilita que el virus se quede en las células y las infecte.

Otra de las causas que eleva de forma considerable la tasa de mortalidad es la presencia en el organismo de otras infecciones virales, así como otras patologías que incrementan la presencia de azúcar en la sangre de forma puntual.

El jefe del servicio de Medicina Interna del hospital encargado del estudio, Ricardo Gómez Huelgas, señala que «el propio virus genera un estrés que hace que el organismo se asegure de disponer de reservar de energía incrementando el nivel de azúcar en sangre, algo contraproducente en caso de que la persona se infecte por la COVID-19″. Además, el facultativo destaca que esto se incrementa en las personas que padecen diabetes, pues parten en una situación de empeoramiento de salida.

Ante el riesgo de Covid-19 conviene aumentar la ingesta de alimentos ricos en vitamina D

Está Pasando , Telemadrid

Rubén Bravo, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) nos explica en este programa de Está Pasando de Telemadrid cómo aumentar la ingesta en el menú de alimentos ricos en vitamina D para elevar las defensas ante posibles contagios por coronavirus.

Aconseja incluir en el desayuno leche entera o enriquecida con vitamina D y Calcio, una rebanada de pan con salmón ahumado y aguacate.

En media mañana podemos tomar frutos secos y un yogur.

A la hora de comer se recomienda hacer un revuelto con setas o champiñones, ambos ricos en vitamina D.

A media tarde, una rebanada de pan con queso fresco.

En la cena, pescado como arenque, salmón, atún o mariscos. Y no olvidar tomar 30 minutos el sol, imprescindible para la formación de la tan necesaria vitamina D.

¡ALIMENTOS! PARA ELEVAR TUS DEFENSAS CONTRA LA GRIPE

EFE / El Aviso

Cuando caen las temperaturas a partir del otoño y especialmente en invierno, hay que elevar  las defensas orgánicas para afrontar en las mejores condiciones posibles los embates de las enfermedades respiratorias, a las que ahora se suma COVID-19.

Y algunos alimentos pueden ayudar de manera natural a reforzarla, de acuerdo a algunos nutricionistas.

“Desde el punto de vista de la nutrición, nutrir consiste en proporcionar calorías, lípidos, proteínas y otros nutrientes al organismo para mantener un adecuado funcionamiento y estado de salud”, destaca Estefanía Ramo, nutricionista y tecnóloga de Alimentos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

A continuación, Ramo y Rubén Bravo, dietista experto en nutrición y gastronomía del Instituto (www.imeoobesidad.com) describen que “algunos alimentos accesibles a toda la población contienen numerosos nutrientes capaces de influir positivamente en el sistema inmune”, explicando cómo nos benefician y podemos incorporarlos a nuestra alimentación habitual.

SALMÓN, LA PROTECCIÓN QUE LLEGA DEL MAR.

“Este pescado contiene ácidos grasos omega 3, que ayudan a reforzar el sistema inmunitario y también vitaminas del grupo B (B2, B3, B6, B9, B12), que cumplen funciones reguladoras de la respuesta inmunitaria de nuestro organismo frente a posibles ataques externos de virus y bacterias”, explican Ramo y Bravo.

Apuntan que la vitamina A tiene un papel importante en la regulación del sistema inmunitario, tanto el innato o inespecífico (las defensas orgánicas con las que nacemos) como el adquirido o secundario, es decir la inmunidad que se desarrolla al exponernos a diversas sustancias denominadas antígenos, que provocan una respuesta defensiva del organismo.

“El salmón también contiene hierro, un mineral cuyo déficit en el organismo afecta a la correcta función de las defensas orgánicas, principalmente deprimiendo determinados aspectos y funciones celulares, como la secreción de unas proteínas inmunitarias llamadas citoquinas”, añaden.

Ramo y Bravo recomiendan tomar el salmón “en las cenas, a la plancha, al horno, a la parrilla acompañado de verdura (de hoja verde, como las espinacas) o en forma de ‘tartar’ con aguacate”.

ALMENDRAS, DULCES ALIADAS DE LA INMUNIDAD.

“Las almendras son ricas en minerales como el cobre, que puede contribuir en la respuesta antimicrobiana de los macrófagos; y el selenio, esencial para una respuesta correcta, tanto del sistema inmunitario innato como del adquirido”, de acuerdo a Ramo y Bravo.

Los expertos del IMEO recomiendan incorporarlas a la dieta “como ingrediente en las ensaladas o como alternativa a las comidas de media mañana o la merienda, siendo la mejor forma de consumirlas crudas o ligeramente tostadas”.

KÉFIR, BARRERA LÁCTEA CONTRA LOS GÉRMENES.

Esta leche fermentada rica en bacterias y levaduras probióticas, así denominadas porque contienen microorganismos vivos que aportan beneficios para el organismo, es rica en vitaminas D y A, que favorecen la actividad inmunitaria mediante diversos mecanismos.

Ramo y Bravo destacan en particular una cepa probiótica que es específica del kéfir y se llama ‘Lactobacillus Kefiri’, la cual ayuda al organismo a defenderse contra bacterias dañinas como la ‘salmonella’ y la ‘E. Coli’.

“Esta cepa bacteriana, junto con otras, ayuda a modular el sistema inmunitario e inhibe el crecimiento de bacterias dañinas”, destacan.

ESPINACAS, FUERZA ‘VERDE’ CONTRA LA INFECCIÓN.

Las espinacas son hortalizas de hoja verde, ricas en cobre, hierro y zinc. Son grandes aliadas de nuestro sistema inmunitario, según los nutricionistas del IMEO, quienes aconsejan comerlas como guarnición en comidas y cenas acompañando a alguna carne magra o pescado azul, en crudo o como complemento de ensaladas, para aprovechar al máximo su potencial nutritivo.

Ricardo Segura // EFE Reportajes

Argentina declara la obesidad como un factor de riesgo para contraer el COVID-19

El Gobierno argentino estima que las personas que sufren de sobrepeso u obesidad tienen un mayor riesgo de contraer la enfermedad y tener una evolución desfavorable. Varios estudios validan esa idea.

DW


El Gobierno argentino, a través del Boletín Oficial, ha comunicado al país que las personas con obesidad fueron incluidas en el listado de los grupos que tienen un mayor riesgo frente a la enfermedad del COVID-19, haciendo referencia a la experiencia internacional.

«Por la experiencia observada en otros países y la prevalencia de casos, la evidencia reconoció a la obesidad como un factor asociado a mayor riesgo de contraer la enfermedad y de sufrir evolución desfavorable de la misma», se puede leer en el Boletín Oficial.

Dentro de esa misma lista ya se encontraban las recomendaciones para personas mayores de 60 años, quienes sufren de enfermedades cardiovasculares o respiratorias, quienes poseen una insuficiencia renal crónica, quienes portan el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (VIH) o para quienes padecen de diabetes.

Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, el 36% de los argentinos mayores de 18 años posee obesidad y más del 60% de la población tiene sobrepeso. Las mediciones para determinar si una persona es obesa o tiene sobrepeso se analizan con el índice de masa corporal (IMC).

Aquellos que tienen más de 25 puntos de IMC  son clasificados con sobrepeso, mientras que quienes sobrepasen los 30 puntos, son calificados como obesos. El IMC se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2).

De acuerdo a un estudio publicado por la revista Jama Internal Medicine, de 3.000 pacientes que estuvieron hospitalizados en EE. UU., los adultos jóvenes (18-34 años) con obesidad, así como con diabetes e hipertensión, fueron los más propensos a necesitar ventilación mecánica o morir de COVID-19.

Otro estudio revelado por la revista Obesity, explicó que las personas, en general, con obesidad mórbida tienen el doble de riesgo de ser hospitalizadas por COVID-19 e incluso de tener que ser ingresadas en UCI o fallecer. Este estudio fue realizado por el Instituto de Salud Pública de Navarra, en España.

En tanto, un informe de la Organización Mundial de la Salud menciona que la obesidad, y el consumo de tabaco y de alcohol aumentan la posibilidad de sufrir la COVID-19 en sus formas más severas.

JU (clarin.com, boletinoficial.gob.ar, efe, afp)

Cómo es el plan del Reino Unido para luchar contra la obesidad

Limitar los anuncios de comida chatarra y andar en bicicleta por prescripción médica son algunas de las medidas adoptadas por el gobierno luego de que un estudio la señalara como agravante en casos de COVID-19

Infobae

Limitar los anuncios de comida chatarra, detallar las calorías de los menús y montar en bicicleta por prescripción médica son algunas de las medidas del plan del gobierno británico contra el sobrepeso anunciado este lunes después de que un estudio señalara a la obesidad como un agravante de la COVID-19.

Sabemos que la obesidad aumenta el riesgo de enfermedades graves y de muerte por coronavirus, por eso es vital que tomemos medidas para mejorar la salud de nuestra nación y proteger al NHS”, el sistema nacional de salud británico”, declaró el lunes el ministro de Salud Matt Hancock en un comunicado.

La campaña “Con mejor salud”, lanzada por las autoridades sanitarias británicas, “instará a las personas a adoptar un estilo de vida más sano y a perder peso si lo necesitan”, afirmó en un comunicado la institución, que quiere luchar contra “la bomba de tiempo que es la obesidad”.

Entre las medidas anunciadas el lunes figuran la prohibición en la televisión y en línea de la publicidad de comida chatarra antes de las 21 hs, “cuando los niños son más susceptibles de estar expuestos a ella”, así como la obligación de que los restaurantes y las cadenas de comida para llevar con más de 250 empleados informen del número de calorías de sus menús.La campaña “Con mejor salud”, lanzada por las autoridades sanitarias británicas, “instará a las personas a adoptar un estilo de vida más sano y a perder peso si lo necesitan” (Shutterstock.com)La campaña “Con mejor salud”, lanzada por las autoridades sanitarias británicas, “instará a las personas a adoptar un estilo de vida más sano y a perder peso si lo necesitan” (Shutterstock.com)

Los supermercados también tendrán que poner fin a los descuentos en la comida chatarra y no podrán colocar estos productos “en lugares clave de sus establecimientos, como delante de las cajas registradoras o en la entrada”. “Cuando usted hace la compra, es justo que tenga acceso a la información adecuada sobre la comida que come, para ayudar a la gente a tomar las decisiones correctas”, estimó Hancock.

También se amplían los servicios del NHS dedicados a la pérdida de peso y se insta a los médicos de cabecera a «prescribir el ejercicio físico» a los pacientes.

Según una fuente de Downing Street citada por la agencia de prensa británica PA, esto podría concretarse en proyectos piloto en barrios poco saludables, donde los médicos podrán “prescribir sesiones de bicicleta”. Se facilitará mediante el suministro de material y la creación de más carriles bici.

El plan se hizo público después de que un estudio de PHE revelara el sábado que las personas obesas tenían un 40% de riesgo adicional de morir por el nuevo coronavirus. “Perder peso es difícil, pero con algunos pequeños cambios, todos podemos sentirnos más delgados y con mejor salud”, declaró el primer ministro Boris Johnson, que estima que esto permitiría “protegerse del coronavirus” y “aliviar la presión sobre el NHS”.“Perder peso es difícil, pero con algunos pequeños cambios, todos podemos sentirnos más delgados y con mejor salud”, declaró el primer ministro Boris Johnson REUTERS/Hannah Mckay/File Photo“Perder peso es difícil, pero con algunos pequeños cambios, todos podemos sentirnos más delgados y con mejor salud”, declaró el primer ministro Boris Johnson REUTERS/Hannah Mckay/File Photo

El gobierno no dio detalles de cómo financiará el plan. El diario británico The Guardian calcula el costo de las medidas en 10 millones de libras (11 millones de euros, 12,8 millones de dólares).

En el Reino Unido, casi dos tercios (63%) de los adultos están por encima de un peso considerado saludable, con un 36% en sobrepeso y un 28% obesos, según datos gubernamentales. Uno de cada tres niños de entre 10 y 11 años también tiene sobrepeso u obesidad.

Los detalles del estudio

El artículo publicado por The British Medical Journal (BMJ) asegura que existe evidencia creciente que indica que la obesidad es un factor de riesgo independiente para enfermedades graves y muerte por COVID-19.

La investigación, que incluyó a 428.225 participantes -340 ingresados en el hospital con coronavirus confirmado, 44% de los cuales tenían sobrepeso y 34% obesos-, y el estudio OpenSAFELY, realizado utilizando registros electrónicos de salud vinculados de 17.425.445 pacientes, 5683 fallecidos por COVID-19 (29% de sobrepeso, 33% de obesidad)- han mostrado una relación dosis-respuesta entre el exceso de peso y la gravedad de la enfermedad desarrollada.

Después de que se ajustaron los posibles factores de confusión, incluidos la edad, el sexo, el origen étnico y la privación social, el riesgo relativo de enfermedad crítica de COVID-19 aumentó en un 44% para las personas con sobrepeso y casi se duplicó para las personas con obesidad en el estudio de grupos.El brote de COVID-19 parece ser otro problema de salud exacerbado por la pandemia de obesidad REUTERS/Kevin CoombsEl brote de COVID-19 parece ser otro problema de salud exacerbado por la pandemia de obesidad REUTERS/Kevin Coombs

Así fue como Monique Tan, investigadora de doctorado, y los profesores Feng J He y Graham A MacGregor, autores del paper científico, explicaron que de manera similar, en el estudio OpenSAFELY, después de que todos los demás factores de riesgo -incluidas las comorbilidades- se ajustaron por completo, las posibilidades de morir por COVID-19 aumentaron con la gravedad de la obesidad, desde un riesgo 27% mayor en la primera categoría de obesidad según el índice de masa corporal (IMC: 30-34.9) a más del doble del riesgo en la categoría más obesa (IMC> 40). 2 Estudios más pequeños de la región de Asia-Pacífico, Europa y los Estados Unidos confirmaron estos hallazgos.

“Múltiples mecanismos podrían explicar la relación entre obesidad y COVID-19, entre ellos la enzima convertidora de angiotensina-2 (ACE-2), es decir, la transmembrana que el SARS-CoV-2 usa para la entrada celular, y que existe en grandes cantidades en personas con obesidad”, explicaron los investigadores.

Según este nuevo estudio aún no está claro si este es el resultado de una mayor expresión de ACE-2 en los adipocitos de personas con obesidad o que tienen más tejido adiposo en general (y, por lo tanto, un mayor número de células que expresan ACE-2). Por ende, el tejido adiposo de las personas con obesidad puede ser un objetivo potencial y un reservorio viral para el SARS-CoV-2 antes de que se propague a otros órganos, como ha demostrado ser el caso de otros virus”.

De acuerdo a lo que se desprende de esta nueva evidencia científica, la obesidad también puede alterar las respuestas inmunes, como se ha demostrado con el virus de la influenza, lo que lleva a una defensa debilitada del huésped y una mayor probabilidad de una tormenta de citoquinas con COVID-19. Finalmente, la obesidad disminuye la función pulmonar a través de una mayor resistencia en las vías respiratorias y una mayor dificultad para expandir los pulmones. Cuando los pacientes con obesidad necesitan ser ingresados en unidades de cuidados intensivos, es un desafío mejorar sus niveles de saturación de oxígeno y ventilarlos.

Ambiente insalubreLimitar los anuncios de comida chatarra, detallar las calorías de los menús y montar en bicicleta por prescripción médica son algunas de las medidas del plan del gobierno británico contra el sobrepeso REUTERS/Henry NichollsLimitar los anuncios de comida chatarra, detallar las calorías de los menús y montar en bicicleta por prescripción médica son algunas de las medidas del plan del gobierno británico contra el sobrepeso REUTERS/Henry Nicholls

El brote de COVID-19 parece ser otro problema de salud exacerbado por la pandemia de obesidad. En 2016, más de 1.900 millones de adultos tenían sobrepeso u obesidad en todo el mundo, y este número continúa aumentando rápidamente. La prevalencia del sobrepeso y la obesidad ahora ha alcanzado el 65-70% en las poblaciones adultas del Reino Unido y los Estados Unidos. La obesidad es una de las principales causas de presión arterial alta, diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas, derrames cerebrales y cáncer, y representa una gran carga para los sistemas de salud y las economías. En 2014-15, el NHS -sistema de salud británico- gastó más de 6 mil millones de libras esterlinas, lo que equivale a 7,6 mil millones de dólares para abordar las consecuencias directas de la obesidad.

Para la investigadora Monique Tan y los profesores He y Graham, “la pandemia de obesidad es el resultado de vivir en entornos alimentarios donde es difícil no consumir en exceso las calorías. La industria alimentaria mundial produce y promueve ampliamente bebidas baratas azucaradas y alimentos ultraprocesados con alto contenido de sal, azúcar y grasas saturadas que solo proporcionan una sensación transitoria de saciedad”.

Los gobiernos han hecho muy poco, con uno de los pocos éxitos que son los impuestos a las bebidas azucaradas, en particular, la tasa de la industria en el Reino Unido que ha resultado en una reformulación para reducir el contenido de azúcar”, agregaron.La obesidad disminuye la función pulmonar a través de una mayor resistencia en las vías respiratorias y una mayor dificultad para expandir los pulmones (Shutterstock.com)La obesidad disminuye la función pulmonar a través de una mayor resistencia en las vías respiratorias y una mayor dificultad para expandir los pulmones (Shutterstock.com)

Ahora está claro que la industria alimentaria comparte la culpa no solo de la pandemia de obesidad sino también de la gravedad de la enfermedad de COVID-19 y sus devastadoras consecuencias. Durante la pandemia por coronavirus, un aumento en la pobreza alimentaria, interrupciones en las cadenas de suministro y compras de pánico pueden generar un acceso limitado a alimentos frescos, inclinando la balanza hacia un mayor consumo de alimentos altamente procesados y aquellos con una larga vida útil que generalmente son altos en sal, azúcar y grasas saturadas.

Además, desde el comienzo de la pandemia de COVID-19, la industria alimentaria ha lanzado campañas e iniciativas de responsabilidad social corporativa, a menudo con tácticas poco veladas que utilizan el brote como una oportunidad de marketing, por ejemplo, ofreciendo medio millón de donas con forma de “sonrisas” para el personal del NHS.

Para los autores del estudio, las industrias alimentarias de todo el mundo deben dejar de promocionarse de inmediato, y los gobiernos deben forzar la reformulación de alimentos y bebidas poco saludables. En el Reino Unido, los objetivos incrementales ya han reducido gradualmente la cantidad de sal agregada a los alimentos, lo que resulta en una menor ingesta de sal, presión arterial y mortalidad cardiovascular. Reducir la sal, el azúcar y las grasas saturadas en todos los ámbitos mejoraría la dieta de toda la población y brindaría beneficios aún mayores para las personas más desfavorecidas socialmente. El costo de la morbilidad y mortalidad de COVID-19 lo ha hecho más evidente y más urgente que nunca.

Con información de AFP

¿La pandemia tiene un lado útil?

Algunos psicólogos responden de manera afirmativa a esta pregunta. Confían en que el nuevo coronavirus producirá, a la larga, una serie de repercusiones, aprendizajes o lecciones que podrían ayudarnos a mejorar nuestra relación con nosotros mismo, el mundo y los demás

Diario Libre / EFE Reportajes

Al igual que suele incomodarnos y nos parece inoportuno que nos digan “relájate” en el preciso instante en que atravesamos un momento de alta tensión mental o emocional, hablar ahora de “buscarle el lado positivo” al coronavirus mientras sigue causando víctimas en buena parte del mundo, puede producir incomodidad y parecer algo fuera de lugar.

Pero algunos psicólogos vaticinan que la crisis del coronavirus podría tener algunas repercusiones útiles para las personas, tanto a nivel individual como comunitario, con la esperanza puesta en el ser humano, en su naturaleza intrínsecamente benévola, y en su capacidad de adaptarse, evolucionar y recuperarse.

RETOS DE LA “NUEVA NORMALIDAD”

“Cuando comencemos a vivir en la ´nueva normalidad` que surgirá después de la actual crisis del coronavirus nos enfrentaremos a una serie de retos psicológicos y emocionales”, señala a Efe la psicóloga Dafne Cataluña, fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva, IEPP.

“Por ejemplo, volveremos a dedicar más tiempo al trabajo y menos a nosotros mismos, al autocuidado, al ejercicio, a la buena alimentación y los familiares con que estuvimos conviviendo confinados, lo que implica pasar un cierto duelo”, señala esta psicóloga.

Otro de los retos puede consistir en tener que hacer frente a las pérdidas económicas, los impagos, las deudas pendientes y los desajustes financieros, ya sea a nivel personal como empresarial.

En este sentido la psicóloga apunta que también es probable “que nos surjan sentimientos de injusticia, porque nos ha tocado vivir la dolencia en primera persona o la vivió un ser querido, o por las medidas que haya tomado la empresa en la que trabajamos, como reducciones de jornada, despidos temporales o vacaciones anticipadas”.

Cataluña señala que estos retos se pueden gestionar desde la logoterapia, una psicoterapia con una dimensión espiritual desarrollada por el neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Frankl y enfocada en superar los conflictos y situaciones que generan sufrimiento, encontrándoles un significado existencial y convirtiéndolos en oportunidades para crecer como personas.

“Desde la logoterapia se entiende que todo ocurre por alguna razón y que cada uno de nosotros encontrará un sentido y un aprendizaje, derivado de aquello que nos ha ocurrido durante la pandemia”, señala esta psicóloga.

“Para encontrar respuestas y desvelar ese sentido y aprendizaje, podemos reflexionar y preguntarnos: ¿Qué me ha permitido aprender la pandemia?, ¿me ha hecho crecer en algún sentido, a pesar de lo difícil que ha sido la situación?”, apunta Cataluña.

MAYOR SOLIDARIDAD Y CONCIENCIA SOCIAL

Para la psicóloga Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen la crisis del coronavirus podría fomentar en algunos casos una mayor cohesión social, “tanto durante como después de la pandemia”.

“El sentir que todos estamos conectados, que lo que uno hace afecta al otro, que formamos parte de una unidad global, ayuda a desarrollar cohesión, generosidad, civismo y unidad”, apunta.

“Todo ello contribuye a aceptar las medidas de confinamiento, restricciones de movimientos o distanciamiento físico desde la conciencia social y no desde la obligatoriedad. Esto puede ayudar a que la crisis pase de la manera más rápida posible y con el menor número de consecuencias”, asegura Conde.

Por su parte la psicóloga María González, del Instituto IMEO aconseja “encontrar un propósito durante esta pandemia. Debemos hacer una reflexión sobre las decisiones que hemos tomado o nos gustaría tomar a partir de ahora, con el objetivo de hacernos más conscientes y responsables de nuestra vida y de nuestro mundo emocional”.

“Debemos tener claro que nuestra mente está preparada para superar situaciones mucho más complejas gracias a la enorme capacidad de adaptación que tenemos”, indica González.

Por esto, asegura, “debemos enfocar nuestra atención en la aportación positiva social que nuestro esfuerzo va a generar o está generando, centrándonos en los tres mecanismos principales del ser humano: el hacer, el sentir y el pensar”.

TOMAR CONSCIENCIA DE NUESTRAS SOMBRAS

La psicóloga Giulia de Benito, directora de la unidad de Psicología General del Instituto Centta señala que ante la pandemia “nuestra psique se resiste ante la adversidad y no quiere que nada cambie, lo cual puede considerarse metafóricamente como otra “enfermedad” ”.

“Aparecen nuestras fallas, puntos débiles, inseguridades y miedos pero, si aprovechamos este momento de dificultad y desequilibrio para cuestionar nuestro funcionamiento habitual, nos movilizamos y nos atrevemos a tomar conciencia. Es ahí donde nacen el crecimiento y la oportunidad”, señala.

Esta especialista también sostiene que “en estos tiempos de coronavirus se podrían impulsar la creatividad, ya sea psicológica, social o empresarial”.

“La obligatoriedad de poner en marcha nuestros mecanismos creativos nos ayudará a enfrentarnos a la realidad de formas nuevas y más adaptativas”, según De Benito.

Ante la pandemia aconseja que nos preguntemos a nosotros mismos: “¿Cómo voy a poner en juego los recursos con los que cuento (tanto internos como externos) para generar otros recursos nuevos y adaptarme de una forma creativa a esta situación?”.

También confía en que esta crisis ayudará a movilizar recursos a nivel de comunidad y que producirá “una metamorfosis social en pequeños o grandes grupos, que nacerá de la incomodidad compartida”.

“Si nos atrevemos a cuestionar el individualismo y cultivamos la solidaridad podremos contribuir a construir una sociedad menos dependiente de factores ajenos a la índole humana”, señala.

CONCECTAR CON NUESTRO MUNDO INTERIOR

Giulia de Benito señala que la COVID-19 “puede ayudarnos a conectar con lo que llevamos dentro y convertirse en un detonante para tomar conciencia”.

“El virus saca en forma de enfermedad (estemos o no contagiados) lo que ya estaba dentro. La realidad que se nos presenta nos sirve de espejo para confrontar cómo somos, cómo nos vemos a nosotros mismos, a los demás y al mundo”, señala.

También apunta: “lo que hacemos con la realidad define lo que somos. Recomiendo gestionar la crisis desde un trabajo personal de contacto con nuestro ser interior”.

Respecto del confinamiento, señala que puede ayudarnos a observar, a estar más presentes en el “aquí y el ahora”, ya que “hay menos lugares a los que huir, al menos físicamente, y tenemos la oportunidad de conectar con lo que necesitamos, con las personas que nos rodean, con las actividades que realizamos”.

Esta experta propone buscar espacios y momentos en los que podamos tomar conciencia plena de nuestros estados internos y de aquello con lo que interactuamos externamente y mantenerlos una vez que pase el confinamiento.

“Además, la pandemia puede llevarnos a interactuar con el planeta de una forma más responsable, al tomar conciencia del impacto que está suponiendo habernos apartado un tiempo del mundo,” señala.

“A partir de esa concienciación, cuando ingresemos a la nueva normalidad, podremos cuidar mejor del entorno que nos acoge, desde una nueva conciencia social y ambiental”, asegura.

De Benito señala que “podemos cultivar e insistir en mantener todos estos procesos y aprendizajes después de la pandemia, procurando que siga presente todo aquello que la crisis ha movilizado en nosotros a nivel humano, tanto individual como social”.

“Al fin y al cabo se trata del proceso pedagógico de la vida, que aprovecha las distintas situaciones y adversidades que enfrentamos para enseñarnos y darnos la oportunidad de trabajar en nosotros mismos y crecer como personas”, concluye la psicóloga.

Por María Jesús Ribas.

EFE/REPORTAJES

El menú en época de coronavirus

Punto medio, por Arturo Pérez

Durante la pandemia, la gente va menos a comprar por miedo al contagio y llena el carro de la compra con grandes cantidades de alimentos más duraderos y procesados industrialmente, pero no todos son igual de saludables. Una nutricionista explica cuáles conviene elegir y consumir.

Durante la pandemia muchas personas se han lanzado a los supermercados para llenar sus despensa  y así reducir la cantidad de salidas a la calle.

La inmensa mayoría optó por llenar su cesta de la compra con alimentos no perecederos y productos procesados y ultraprocesados por su prolongada vida útil. ¿Pero son saludables estos alimentos?.

Las compras del miedo y la ansiedad que se dispararon ante la emergencia del COVID-19, podrían tener resultados muy diferentes a los buscados, ya que las comidas procesadas y ultraprocesadas a las que estamos recurriendo no son la solución, señaló la divulgadora especializada en nutrición Soledad Barruti, (https://twitter.com/solebarruti) en ‘The New York Times’.

Estos alimentos, que tienen altas cantidades de azúcar, sal, aceites agregados, harinas refinadas, aditivos y nutrientes artificiales, son responsables de obesidad y de enfermedades  que aumentan la mortalidad ante el coronavirus, y al mismo tiempo, la falta de alimentos frescos debilita la inmunidad dejándonos más expuestos, advirtió Barruti.

Para Estefanía Ramo López, nutricionista y experta en tecnología de los alimentos, los alimentos procesados de los que en muchos casos estamos abusando durante la pandemia, “podemos clasificarlos en saludables y no saludables”.

“En sí, un alimento procesado es aquel al que se le ha realizado cualquier tipo de elaboración en la industria alimentaria, a diferencia de los que no presentan ningún tipo de procesado como son los productos frescos, las carnes, pescados o huevos”, explicó a Efe esta nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (www.imeoobesidad.com).

Indicó que los procesados saludables incluyen en su mayoría alimentos que han sido sometidos a un mínimo procesado y aportan a la dieta una serie de nutrientes de calidad.

Por el contrario, “los procesados no saludables, también llamados ultraprocesados no saludables, incluirían a aquellos alimentos que han sido sometidos a varios tratamientos de procesado  y necesitan un gran aporte de aditivos para su conservación y que tenga un aspecto final apetecible”, señaló Ramo.

“Estos procesados no saludables aportan muy pocos o ningún nutriente de calidad, aportando principalmente ácidos grasos saturados, ácidos grasos ‘trans’, azúcares añadidos y altas concentraciones de sal”, explicó esta especialista.

Enfatizó que “en muchos casos, si se toman con frecuencia, pueden perjudicar nuestra salud”.

Ramo describe algunos alimentos procesados saludables que destacan en la cesta de la compra de esta pandemia:.

PRODUCTOS LÁCTEOS

Destacó la leche, los quesos, yogures y el kéfir, y recomendó aquellas variedades que no tienen azúcares añadidos y sus versiones semidesnatadas o enteras, por su capacidad de saciarnos y facilitar la absorción de nutrientes como el calcio o la vitamina D.

“Hay que intentar evitar los sucedáneos como el queso para fundir tipo “tranchetes”, o el queso rallado envasado, porque llevan harinas o almidones en su composición, entre otros ingredientes”, señaló.

HARINAS DE CEREALES

“Entre estos alimentos se incluyen el trigo, el centeno y la espelta,  destacando el pan y la pasta”, explicó Ramo.

Entre sus variedades destacan sus versiones ‘100% integral’ o de grano completo, por su aporte en fibra, vitaminas (sobre todo del grupo B) y minerales, que “proporcionan al organismo beneficios como mejorar  el tránsito intestinal, disminuir la absorción del colesterol ‘malo’ y su capacidad de saciar el apetito”, indicó.

ACEITE DE OLIVA

Ramo recomendó variedad ‘virgen extra’ para su consumo en crudo en ensaladas y tostadas y, la variedad ‘virgen’ para consumirla en caliente al cocinar los alimentos.

“El consumo moderado de este aceite ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares, mantener el sistema inmunológico, regular el tránsito intestinal, proteger el cerebro del deterioro cognitivo, destacando su aporte en ácidos grasos saludables, como el omega 3, polifenoles y vitamina E, con efecto antioxidante, antiinflamatorio y antimicrobiano”, apuntó. 

Por otra parte, aconsejó “tomar más esporádicamente otros tipos de aceite como lino o coco y descartar siempre que se pueda las versiones refinadas de aceite”.

CONSERVAS VEGETALES

Ramo aconsejó las versiones enteras o troceadas al natural o cocidas de frutas, verduras y legumbres envasadas.

“De esta forma, seguirán aportando gran parte de sus propiedades y evitaremos las formas escarchadas, almíbares o ya guisadas en forma de plato preparado”, indicó.

LEGUMBRES

Para Ramo son “el alimento estrella considerado saludable que más variedades de procesado puede presentar”.

Esta nutricionista recomendó sus versiones cocidas al natural, desecadas y congeladas, así como las harinas de legumbre, cada vez más presentes en los hogares en forma de “pasta de legumbre”, todas las cuales “aportan fibra soluble, vitaminas y minerales con beneficios sobre el tránsito intestinal y la regulación de los niveles de colesterol”, aseguró.

CARNES Y PESCADOS

La especialista destacó sus versiones envasadas y congeladas, y recordó que los pescados también pueden encontrarse en salazón, como el bacalao, y también ‘curados’ como la ‘mojama’ de atún.

Ramo aconsejó “descartar las carnes picadas envasadas, ya que presentan en su mezcla numerosos aditivos para su conservación y los surimis de pescado por el mismo motivo, además de féculas y almidones”.

FRUTOS SECOS Y SEMILLAS 

“Las versiones de estos alimentos que vienen pelados, troceados y crudos o ligeramente tostados, aportan todas sus propiedades beneficiosas derivadas de su contenido de ácidos grasos, vitaminas y minerales”, señaló Ramo, quien desaconseja “sus versiones fritas y azucaradas”.

Texto y foto: EFE