Día Mundial de la Obesidad: la tasa de gente con kilos de más se ha duplicado desde 1980

El 12 de noviembre de todos los años está dedicado a informar y concienciar sobre una de las mayores lacras de la humanidad: los kilos de más. Sus efectos negativos no se limitan a lo visual, sino que ponen en riesgo la salud de todos

El Confidencial, por Álvaro Hermida

El almacenamiento de grasa corporal es un problema de salud mundial. Así como las terroríficas epidemias como el ébola, los esfuerzos que se llevan a cabo para ponerle freno no tienen el resultado deseado. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2014 más de 1.900 millones de adultos tenían sobrepeso y 600 millones eran, directamente, obesos. Lo peor es que esas cifras no han hecho más que aumentar, y el hecho de que hoy sea el Día Mundial de la Obesidad hace que nos encontremos en el momento perfecto para ver dónde estamos, de dónde venimos y, lo más importante, hacia dónde vamos.

Qué es la obesidad

A lo largo de los años se han dado multitud de definiciones de esta condición física. Actualmente, la más aceptada es que tanto obesidad como sobrepeso son el aumento anormal de grasa corporal que puede tener perjuicios para la salud.

Para clasificarlas, se utiliza el índice de masa corporal (IMC). Esta es una comparación estadística entre la altura de una persona y su peso. La fórmula que lo define es el peso de una persona dividido por el cuadrado de su altura en metros (kg/m²). Si bien otros factores tienen mucha relevancia individual y se ignoran con esta estadística (como la masa muscular, que es más pesada que la grasa), es una buena forma de establecer unos límites clasificatorios e informativos para la población. De hecho, como la propia Organización Mundial de la Salud aclara: “El IMC proporciona una útil referencia sobre el sobrepeso a un nivel de población total, dado que no diferencia entre sexos o edades. Dicho esto, se debe tener en cuenta que puede no corresponder al mismo nivel de ‘gordura’ para individuos diferentes“.

Según la OMS, los valores superiores a 25 se consideran sobrepeso, y aquellas personas que superen un índice mayor a 30 son considerados obesos. Por poner estos datos en perspectiva, podemos decir que un varón de 1’8 metros y 70 kilos tiene un IMC de 21,6. Si llega a los 81, alcanzará el sobrepeso; y si toca los 98, será considerado obeso.

Sus peligros

Junto con el tabaco, parece que hemos llegado todos nosotros a la conclusión de que estar obeso no es sano. La gente que la padece, según explican una grandísima cantidad de estudios científicos y confirma la OMS, tiene un riesgo mucho mayor de padecer enfermedades cardiovasculares, así como metabólicas (diabetes tipo II), problemas musculoesqueléticos como la osteoatritis y una mayor tasa de cáncer, en especial de colonmama endometrio.

El estado actual de la obesidad en el mundo

Tenemos que tener en cuenta que siempre ha habido cierta prevalencia de esta enfermedad entre la población general. Es más común en áreas urbanas y, según explican desde la OMS, no es raro que en un mismo edificio de un país en vías de desarrollo y del tercer mundo, convivan puerta con puerta una familia con problemas de obesidad y otra con desnutriciónEn 1980 la tasa mundial de sobrepeso no superaba el 13,5%, y según datos de 2015 proporcionados por la OMS, hoy en día ha superado el 39%, más de una tercera parte de la población.

Según explican los investigadores Lindsay M. JaacksStephanie Vandevijvere y el resto de su equipo de la Harvard T. H. Chan School of Public Health, de Estados Unidos y de la Universidad de Auckland en Australia, los niveles y la distribución de la prevalencia de la obesidad en un país son ejemplo de su desarrollo económico. Según los investigadores, existen 4 fases diferentes. En la primera, característica de los países del tercer mundo, la obesidad infantil es muy reducida y, en adultos, las mujeres tienen niveles mucho más altos que los hombres. La segunda fase se caracteriza por una equiparación del número de obesos de ambos sexos y un aumento sustancial de la obesidad infantil. Por último, los países desarrollados (como España) tienen más varones obesos que mujeres con esa misma condición. Ese punto de inflexión se dio en Italia en el año 2013, en Francia en 2011, en España en 2009 y en Alemania en 1993. De hecho, “se espera que Estados Unidos y Reino Unido cumplan con los pronósticos antes de 2022“, explican los investigadores.

Como se explicaba al inicio, a nivel mundial hay 1,9 millardos de personas con sobrepeso y 600 millones con obesidad. Eso es más que preocupante, en el año 2014 el 39% de los adultos del planeta tenían más kilos de los que sería normal. A su vez, también supone un gran riesgo para las nuevas generaciones, sobre todo para las de los países desarrollados, dado que en 2013, explican desde la OMS, “42 millones de niños menores de 5 años eran obesos”.

Las perspectivas de futuro

Aunque los datos son más que limitados, pues al contrario que la mayor parte de enfermedades relevantes, no todos los obesos van al médico por su condición, se calcula, según datos del Centers for Disease Control (CDC) estadounidense, que en Estados Unidos un 39,3% de la población (un total de 93,3 millones de adultos) padece obesidad. El futuro no ofrece datos esperanzadores, ni para los habitantes del país norteamericano ni para el nuestro (dado que en una gran cantidad de datos macroeconómicos, los suyos son muy similares a los nuestros). Según el National Bureau of Economic Research de Estados Unidos, en el año 2025, el 83% de los varones y el 75% de las mujeres sufrirán sobrepeso u obesidad.

Qué podemos hacer

Muchas propuestas se han puesto sobre la mesa para luchar contra este tipo de problema de salud. La limitación del azúcar en los refrescos y la concienciación son las propuestas más comunes, pero otras vías son recomendables. Según la OMS, existen tres caminos claros:

  • Individual. A fin de cuentas nuestro cuerpo pertenece solo a una persona y la responsabilidad personal en la pérdida de peso es ineludible. Entre los aspectos clave está “la limitación de la ingesta de azúcares y grasas, el aumento de la actividad física regular (1 hora al día para los niños y 150 minutos semanales para los adultos) y un aumento del consumo de frutas, verduras, frutos secos, cereales integrales y legumbres”.
  • Social. Es imposible conseguir cambios de relevancia macroscópica sin un cambio en las políticas sanitarias de un país. Es por esto que la OMS recomienda “un apoyo por parte del sistema a los individuos que pretenden llevar a cabo los cambios en su estilo de vida antes mencionados a través de la colaboración de las entidades tanto privadas como públicas que tienen peso en este tipo de reformas”. Por otro lado, la organización internacional también recomienda que “los cambios de actividad física y dietéticos de la población deberían ser asequibles y accesibles para todos, especialmente para los individuos con menor poder adquisitivo”.
  • Sector privado. Es innegable que cada vez consumimos más alimentos preparados en masa por la industria. Esta puede llevar a cabo reformas que jueguen a favor de todos como “reducir los contenidos de azúcar, grasas y sal de los alimentos, asegurarse de que los alimentos sanos son una opción asequible, llevar a cabo campañas de marketing responsables, sobre todo aquellas en las que el público objetivo son niños y asegurarse de que un estilo de vida saludable es posible en el entorno laboral”.

Lo que tenemos que entender, al igual de bien que comprendemos que la obesidad es mala, es que esta condición se puede prevenir y se puede remediar. Está en nuestras manos, ya sea con el esfuerzo personal como con nuestro voto y con la promoción de iniciativas sociales y políticas, hacer de la obesidad un problema del pasado.

Un estudio culpa a las madres que trabajan de la mayor obesidad en los niños

20 minutos La Gulateca, por Iker Morán

La publicidad sin control, el poder de la industria alimentaria, la lamentable oferta gastronómica en colegios, hospitales o máquinas de vending, la falta de formación nutricional… Son algunas de las causas evidentes del aumento de la obesidad infantil que en países como el Reino Unido está alcanzando niveles muy preocupantes.

Algo que se resume de forma muy sencilla en un dato: es el país europeo donde más alimentos ultraprocesados se consumen y en el que, por tanto, menos producto fresco se compra y menos se cocina.

No hace falta un máster para deducir que esa tendencia va estupendamente a las empresas que venden ese tipo de alimentos. De hecho, desde hace años han tenido un papel muy activo a la hora de promocionarlos en campañas que incluso van dirigidas a los más pequeños. Pero ahora un surrealista estudio de la University College de Londres ha encontrado al auténtico responsable: la culpa es de las madres que trabajan.

No, ni es un chiste, ni parte de la estrategia publicitaria de algún partido político en campaña, ni uno de esos titulares sacados de contexto para forzar la polémica. Es la conclusión a la que han llegado tras analizar los datos y costumbres alimentarias de 20.000 familias británicas, comparando los datos de los hogares en los que la madre trabaja y en los que está en casa.

Tal cual. Según publica The Sunday Times, las conclusiones no recogen -ni siquiera para disimular un poco- la posibilidad de que sea el padre el que deje de trabajar para quedarse en casa. Una idea por lo visto inconcebible y tan loca que no hay margen para que la responsabilidad de la mala alimentación de los hijos sea compartida o incluso totalmente de los padres trabajadores.

El estudio asegura que en las casas en las que la madre trabaja fuera las posibilidades de que el pequeño padezca obesidad son un 25% superiores. Por ejemplo, en el caso de un desayuno casero en condiciones -habría que ver lo que se entiende por tal cosa- los hijos de hogares con madres trabajadores lo disfrutan un 29% menos.

El consumo excesivo de azúcar presente en alimentos ultraprocesados, refrescos y comida rápida ha demostrado ser uno de los principales focos de esa epidemia de obesidad que afecta a los más pequeños. Y, evidentemente, si en casa hay menos tiempo para cocinar, la exposición a este tipo de productos es mayor.

Aunque los resultados son dignos de un estudio del Capitán Obvio, las explicaciones de los investigadores para aclarar sus resultados son sencillamente un insulto al sentido común. Al menos al del siglo XXI.

Analizar la alimentación de los más pequeños fuera del contexto socioeconómico y laboral y adaptado a la realidad de 2019 para, de propina, culpar solo a la madre puede ser de todo menos científico. Por muchas cifras y porcentajes que se le ponga al asunto.

La mayoría de los restaurantes fomenta la obesidad

El 90% de los menús que sirven establecimientos de seis países rebasan con creces la cantidad de calorías recomendadas por la OMS para una comida saludable, según advierten dos estudios internacionales liderados por científicos de Estados Unidos y el Reino Unido.

Cadena Ser, por Javier Gregori

Dos equipos internacionales de científicos ha analizado los menús que sirven en restaurantes de seis países (entre ellos, Estados Unidos, China o el Reino Unido) y éste ha sido el resultado: en más del 90% de los casos la comida servida contenía más de 600 calorías, el límite máximo recomendado por la OMS, la Organización Mundial de la Salud.

A tenor de estos datos, esta investigación advierte que comer fuera de casa aumenta el riesgo de padecer obesidad, un problema que se ha multiplicado por tres en el mundo en las últimas cuatro décadas según la OMS.

Menús no saludables

En concreto, en un estudio que publica el “British Medical Journal”, investigadores de la Universidad de Liverpool analizaron las comidas que se sirven en 27 grandes cadenas de restaurantes del Reino Unido y han detectado que el 89% de los platos superan, con creces, el límite saludable de calorías.

Mientras tanto, otro equipo internacional midió también las calorías de los menús más frecuentes en 116 restaurantes de Estados Unidos, Brasil, China, Finlandia, Ghana e India, y encontraron también que el 94% de los platos superaban el límite. Y eso que en este cálculo no se incluía el postre y ni la bebida.

Recomendaciones

Para poder frenar la epidemia de obesidad que ahora afecta a la población mundial, este grupo de expertos recomiendan a los restaurantes que ofrezcan porciones más pequeñas, reduciendo también, de forma proporcional, el precio del menú para hacerlo más atractivo a sus potenciales clientes.

Además, por otro lado, piden también a los gobiernos que obliguen a etiquetar toda la comida que se sirve ahora fuera de casa.

“Comer fuera ahora es muy común en todo el mundo, pero es importante tener en cuenta que es fácil comer en exceso”, ha advertido la directora de esta investigación, Susan B. Roberts, de la Universidad de Tufts (EEUU).

Y atención, porque en el 3% de los menús analizados en este centenar largo de restaurantes escogidos al azar acumulaban más de 2.000 calorías.

 

Los países donde hay demasiados gordos y demasiados flacos (y cuáles son los de América Latina)

Fuente: BBC, por 

La obesidad se presenta a menudo como un problema occidental y la desnutrición como algo típico de países más pobres.

Pero la realidad es mucho más compleja. Nueve de cada 10 países están atrapados en una epidemia de salud conocida como la “doble carga”: esto significa que las personas con sobrepeso y las desnutridas viven lado a lado.

La disponibilidad sin precedentes de alimentos poco saludables, los empleos de oficina y la expansión de los medios de transporte y el uso de la televisión son algunas de las causas.

A menudo esta doble carga ocurre no solo dentro de una misma comunidad, sino también dentro de una misma familia.

Incluso puede sucederle a una misma persona. A veces se puede tener sobrepeso pero carecer de nutrientes vitales.

También existe el fenómeno “grasa delgada”, cuando las personas parecen tener un peso saludable pero en realidad tienen grandes cantidades de grasa oculta.

Tasas de sobrepeso y obesidad en niños de 5 a 19 años

Niños obesos

En realidad todos los países del mundo están luchando contra problemas de nutrición de algún tipo.

El número de personas que sufren de privación crónica de alimentos alcanzó los 815 millones en 2016. Esto es un aumento del 5% en dos años.

Gran parte del aumento se produjo en África, donde el 20% de las personas están desnutridas.

Mientras tanto, las tasas de obesidad se han triplicado en los últimos 40 años.A nivel mundial, más de 600 millones de adultos son obesos, mientras que 1.900 millones tienen sobrepeso.

La tasa de personas obesas en países en desarrollo está alcanzando al mundo desarrollado.

Las tasas más altas de obesidad infantil se pueden encontrar en Micronesia, Oriente Medio y el Caribe. Y desde 2000, el número de niños obesos en África se ha duplicado.

En muchos países los niños tienen una dieta que no satisface sus necesidades.

En Sudáfrica, casi uno de cada tres niños tiene sobrepeso o es obeso, mientras que otro tercio tiene bajo peso.

En Brasil, el 36% de las niñas tienen sobrepeso o son obesas, mientras que el 16% pesa demasiado poco.

Tasa de peso insuficiente en niños de 5 a 19 años

Más dinero para gastar

Los cambios en el estilo de vida son en parte responsables de esta doble carga de obesidad y desnutrición.

Muchos países de ingresos medios y bajos, como India y Brasil, tienen una nueva clase media con más dinero.

Esto significa que muchas personas rechazan sus alimentos tradicionales y ahora ingieren una gran cantidad de productos occidentales altos en azúcares, grasas y carne.

En algunos países esto también ha ocurrido a medida que las personas se mudan del campo a la ciudad, donde hay mucha más variedad de alimentos.

Por ejemplo, un estudio de niños pequeños en China reveló que las tasas de obesidad en el campo eran del 10%, mientras que la tasa de desnutrición era del 21%. En las ciudades, el 17% de los niños eran obesos, mientras que el 14% estaban desnutridos.

Aunque las dietas de muchas personas pueden ser más altas en calorías, tiene muy pocas vitaminas y minerales.

El profesor Ranjan Yajnik, un especialista en diabetes en Pune, India, afirma que este cambio de dieta tiene un efecto importante en los niños.

“Normalmente la diabetes está considerada como una enfermedad que tienen las personas mayores y más obesas”, dice. “Pero en India lo estamos viendo en personas más jóvenes y con un índice de masa corporal más bajo“.

Según el profesor Yajnik, los indios cada vez consumen menos alimentos ricos en nutrientes y obtienen más calorías de la comida basura. “Muchas personas que parecen delgadas en realidad tienen grandes cantidades de grasa oculta”.

La grasa oculta o visceral se acumula alrededor de los órganos internos, incluyendo el hígado. Los niveles altos de grasa visceral pueden aumentar el riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas, incluso si el portador no parece tener sobrepeso.

Combatiendo el hambre

Los niños son particularmente vulnerables a las dietas poco saludables, ya que necesitan vitaminas y minerales para crecer y desarrollarse con normalidad.

En algunas familias puede haber niños desnutridos y padres obesos, porque a pesar de tener la misma dieta los niños necesitan muchas más vitaminas.

Los niños desnutridos también tienen más probabilidades de tener sobrepeso cuando crezcan, ya que su metabolismo se ralentiza y su cuerpo se aferra a las reservas de grasa.

Esto significa que los países deben tener cuidado de que las políticas dirigidas a combatir el hambre no aumenten accidentalmente el problema de la sobrealimentación.

En Chile se introdujo un programa nacional en 1920 para proporcionar raciones de alimentos a mujeres embarazadas y menores de seis años.

Aunque esto mejoró el problema del hambre, a largo plazo se cree que contribuyó al rápido aumento de las tasas de obesidad infantil.

Opciones

La solución a esta doble carga es complicada.

No se trata solo de tener acceso a alimentos saludables. Y además, no hay dos personas o culturas que vean la nutrición de la misma manera.

Nuestra elección de alimentos está influenciada por muchos factores. Por ejemplo el coste, la disponibilidad local, un bien conocimiento de lo que es una alimentación saludable y la dieta de las personas que nos rodean.

Y las necesidades nutricionales de cada persona son diferentes. Esto depende en parte de su metabolismo y su estado de salud.

Pero esta doble carga de obesidad y desnutrición puede ser muy peligrosa.

Los niños que crecen desnutridos suelen sacar peor resultados en la escuela y tener peores trabajos más adelante.

Y la obesidad infantil lleva a una peor salud en la edad adulta, y aumenta el riesgo de enfermedades como el cáncer.

Progreso poco a poco

En los países en vías de desarrollo, es probable que los problemas como la diabetes y las enfermedades cardíacas se disparen a medida que aumentan las tasas de obesidad.

¿Qué se puede hacer? América del Sur, donde muchos países sufren esta doble carga, está liderando el camino.

Brasil fue el primer país en adherirse a la Década de Acción sobre Nutrición de la ONU.

Entre los compromisos están reducir el consumo de bebidas azucaradas en un 30% y aumentar el de frutas y verduras en un 18% para detener el aumento de la obesidad.

Su objetivo es lograrlo con políticas tales como microcréditos para los agricultores, reducir los impuestos sobre ciertos alimentos frescos y educar a los niños sobre la importancia de la nutrición.

México fue el primer país en implementar un ‘impuesto al azúcar’ del 10% a las bebidas endulzadas artificialmente en 2014.

Se prevé que este impuesto reducirá las tasas de obesidad en un 12,5% en 12 años.

Pero se necesita mucho más para detener esta crisis mundial de nutrición.

línea

Esta pieza de análisis fue encargada por la BBC a expertos que trabajan para una organización externa.

La Dra. Sophie Hawkesworth trabaja en el equipo de salud de la población en la organización benéfica de investigación biomédica Wellcome y la Dra. Lindsay Keir está en el Departamento de Ciencias Clínicas y Fisiológicas de Wellcome.

 

 

 

El exceso de peso aumenta el riesgo de muerte

Cualquier IMC superior a 22-23 kg/m2 conlleva un mayor riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular. Y a mayor cantidad de grasa abdominal, mayor riesgo

ABC, por M. López

Es bien sabido que el sobrepeso y la obesidad se asocian con un mayor riesgo de padecer enfermedades muy graves y potencialmente mortales, caso muy especialmente de las cardiovasculares y de distintos tipos de cáncer. Sin embargo, algunos estudios han sugerido que, en realidad, el exceso de peso no tiene ningún efecto negativo sobre la mortalidad cardiovascular o por otras causas. Es más; algunos de estos trabajos han llegado incluso a plantear que el sobrepeso y la obesidad podrían tener un efecto protector, sobre todo en aquellas personas que, aun con exceso de peso, se encuentran en un buen estado de forma. Unas evidencias que han dado lugar a la denominada ‘paradoja de la obesidad’, según la cual tener un índice de masa (IMC) elevado no solo no se asocia con un mayor riesgo cardiovascular, sino que resulta beneficioso para la salud. Y es que según esta teoría, las personas con exceso de peso y aparentemente sanas –o dicho de otro modo, ‘fofisanas’– viven más. Pero, ¿esto es realmente así? Pues según un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Glasgow (Reino Unido), no. Definitivamente no.

Concretamente, el estudio, publicado en la revista «European Heart Journal», muestra que cualquier IMC superior a 22-23 kg/m2 conlleva un incremento del riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, caso de la hipertensión arterial, de los infartos de miocardio y de los ictus. Y asimismo, que este riesgo también se ve notablemente aumentado en función de la cantidad de grasa abdominal que ‘porte’ la persona.

En palabras de Stamatina Iliodromiti, directora de la investigación, «cualquier idea errónea que albergue la población sobre un efecto potencialmente ‘protector’ de la grasa sobre el riesgo de episodios cardio y cerebrovasculares debe ser cuestionada».

El mito del ‘fofisano’

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los historiales médicos de 296.535 adultos que, completamente sanos e incluidos entre los años 2006 y 2010 en el Biobanco de Reino Unido, fueron sometidos a un seguimiento clínico ‘intensivo’ hasta el año 2015.

Los resultados mostraron que los participantes con menor riesgo de enfermedad cardiovascular eran aquellos con un IMC entre los 22 y los 23 kg/m2. Sin embargo, y una vez superado este IMC, el riesgo se disparaba. De hecho, parece que la probabilidad de desarrollar una patología cardiovascular aumenta hasta un 13% por cada incremento en el IMC de 5,2 kg/m2 en el caso de las mujeres y de 4,3 kg/m2 en el de los varones.

Pero aún hay más. Partiendo de un perímetro de cintura de 74 cm en las mujeres, cada aumento de 12,6 cm adicionales se asoció con un incremento del 16% en la probabilidad de padecer una enfermedad cardiovascular. Un incremento del riesgo que también se observó en varones, en este caso de un 10% por cada 11,4 cm adicionales a un perímetro de cintura de 83 cm.

Como indica Stamatina Iliodromiti, «el nuestro es el mayor estudio de los realizados hasta la fecha que ofrece evidencias frente a la paradoja de la obesidad en la población sana. Sin embargo, es posible que la situación sea diferente en las personas con una enfermedad pre-existente, pues ya se ha demostrado que, por ejemplo, el tener un ligero exceso de peso se asocia con una menor mortalidad en los pacientes con cáncer, especialmente porque tanto los tumores como los tratamientos oncológicos pueden conllevar una pérdida de peso muy poco saludable».

Sea como fuere, continúa la directora de la investigación, «al mantener un IMC en torno a los 22-23 kg/m2, las personas sanas pueden minimizar su riesgo de sufrir o morir por una enfermedad cardiovascular. Y cuanto menor grasa porten, sobre todo en el abdomen, menor será su probabilidad de enfermedad cardiovascular en el futuro».

Perder unos kilos

En definitiva, lograr y mantener un IMC de 22-23 kg/m2 nos ayudará a prevenir las enfermedades cardiovasculares y, por tanto, a vivir más. Lo cual, como reconocen los propios autores, no resulta fácil. Sobre todo en las edades avanzadas.

Como apunta Naveed Sattar, co-autor de la investigación, «hay muchas personas que no pueden tener un IMC tan bajo, por lo que el mensaje es: cualquiera que sea tu IMC, y sobre todo cuando este IMC se encuentre en el rango del sobrepeso y la obesidad, perder tantos kilos como sea posible solo mejorará tu salud. Pero es cierto que no hay atajos para perder peso de forma intencionada, por lo que los médicos deben hacerlo mejor a la hora de ayudar a sus pacientes a perder estos kilos».

Y llegados a este punto, ¿cómo es posible que algunos estudios sugieran que el exceso de peso fuera bueno para la salud cardiovascular? O dicho de otro modo, ¿cómo es posible que se pudiera concebir la ‘paradoja de la obesidad’? Pues en opinión de los autores, por defectos en la metodología de estos estudios. Y es que seguramente hubo algunos factores de riesgo que no fueron tenidos en cuenta. Por ejemplo, que algunos participantes tuvieran una enfermedad grave que, además de hacerles perder peso, ocasionara su muerte prematura. O que se pasara por alto el caso de los fumadores. Y es que fumar cambia la distribución de la grasa corporal y reduce el apetito, lo que provoca que los fumadores, si bien presentan un riesgo cardiovascular muy superior al de la población general, tengan un menor IMC.

Alerta en Reino Unido: la obesidad ha alcanzado niveles de récord

23 amputaciones por diabetes se llevan a cabo al día en Inglaterra, 4 de cada 5 podría haberse evitado con una vida más saludable y mayor atención médica.

As, por Laura Martín San Juan

La alerta es real desde hace años, pero viendo las cifras oficiales de amputaciones, el gobierno ha pedido ayuda y ha dado la voz de alarma: la obesidad está llegando a tales niveles que las amputaciones por diabetes empiezan a tener cifras de récord.

En 2016, se han amputado más 8.500 miembros, un dato que podría haberse evitado, según los expertos. El número es altísimo, máximo histórico concretamente. En 9 de cada 10 casos de amputaciones es por diabetes tipo 2, la vinculada a la obesidad y la inactividad.

Desde la asociación Diabetes UK abogan por intentar que la tasa se frene y llegue a bajar. No puede ser que dos de cada tres adultos tengan sobrepeso u obesidad. Perder los brazos o las piernas y quedarse ciego es algo ya habitual en la sociedad británica. Y no parece que nada pueda frenar esto.

En muchos casos, afirman desde la organización, 4 de 5 amputaciones podrían haberse evitado si hubieran tenido esos pacientes controles diarios. Una crítica a la sanidad británica desde varios colectivos estos días.

Uno de los controles que se puede hacer de manera sencilla es mirarse los pies cuando la situación ya ha llegado a un punto difícil, evitando así la aparición de heridas que no cierran y que éstas se infecten y puedan llevar a la amputación.

Para la organización caritativa NICE, a los mayores de 40 años se les debería ofrecer una revisión de su diabetes y controlar la dieta por sus médicos. Además, abogan por clases de nutrición saludable para quienes estén poniendo en peligro su salud, además clases donde puedan aprender a adelgazar.

Los niños con obesidad tienen un riesgo cuatro veces superior de desarrollar diabetes tipo 2

El 20% de los niños de nuestro país tiene sobrepeso y el 10% es obeso, por lo que es necesaria una mayor inversión en medidas para prevenir el desarrollo de la diabetes

ABC
Lejos de ser un problema meramente ‘estético’, la obesidad es una enfermedad muy grave y asociada al desarrollo de patologías potencialmente mortales como las cardiovasculares, la diabetes o el cáncer. Un aspecto muy a tener en cuenta no solo en los adultos, cuya prevalencia global de obesidad se ha duplicado en poco más de tres décadas hasta alcanzar el 13% –o lo que es lo mismo, más de 600 millones de personas–, sino sobre todo en los niños, que ya llevan arrastrando las consecuencias de esta enfermedad desde la infancia. De hecho, un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del King’s College de Londres (Reino Unido) demuestra que, comparados con aquellos con índice de masa corporal (IMC) normal, los niños con obesidad tienen un riesgo hasta cuatro veces superior de desarrollar diabetes tipo 2 durante los primeros años de su etapa adulta.

Como explica Ali Abbasi, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of the Endocrine Society», «dado el rápido aumento de la prevalencia de obesidad y sobrepeso, la cifra de niños y adultos jóvenes diagnosticados de diabetes ha crecido notablemente en Reino Unido desde el inicio de la década de los años 90. Y en este contexto, y comparados con sus homónimos con un peso normal, los niños con obesidad presentan un riesgo cuatro veces mayor de ser diagnosticados de diabetes a la edad de 25 años».

Epidemia creciente

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los historiales médicos, y muy especialmente los datos referidos al IMC y a las enfermedades metabólicas, de 369.362 menores británicos con edades comprendidas entre los 2 y los 15 años.

Los resultados mostraron que 654 de los niños y adolescentes participantes en el estudio habían sido diagnosticados de diabetes tipo 2 entre los años 1994 y 2013. Y lo que es más importante, que la tasa de niños que desarrollaron la enfermedad, de ‘solo’ seis nuevos casos por cada 100.00 niños entre los años 1994 y 1998, se elevó hasta los 33 nuevos casos por cada 100.000 infantes durante el periodo 2009-2013. Un incremento de la incidencia de diabetes que, simple y llanamente, se explica por el aumento de la prevalencia de obesidad en Reino Unido.

Como refiere Ali Abbasi, «la diabetes conlleva una enorme carga para la sociedad dado que la enfermedad es cada vez más común y más costosa de tratar. Las estimaciones actuales indican que uno de cada 11 adultos padece diabetes tipo 2, lo que supondría una cifra global cercana a los 415 millones de personas. Y dado que tanto la diabetes como la enfermedad se pueden prevenir desde los primeros años de vida, esperamos que nuestros resultados, conjuntamente con los alcanzados en otras investigaciones, motivarán al público y a los decisores políticos a implicarse e invertir en esfuerzos para la prevención de la diabetes».

Diabetes tipo 2, no tipo 1

Finalmente, los resultados también mostraron que 1.138 niños fueron diagnosticados de diabetes tipo 1 durante el periodo 1994-2013. Sin embargo, y contrariamente a lo sucedido en el caso de la diabetes tipo 2, los autores no hallaron ninguna relación entre la diabetes tipo 1 y la obesidad. Un resultado esperable dado que la diabetes tipo 1 es el resultado de una enfermedad autoinmune subyacente.

En definitiva, el exceso de peso aumenta, y mucho, el riesgo de que los niños acaben desarrollando diabetes tipo 2. Un aspecto muy a tener en cuenta dado que, ya a día de hoy, hasta un 20% de los niños españoles presenta sobrepeso y un 10% es obeso.