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Un estudio culpa a las madres que trabajan de la mayor obesidad en los niños

abril 15, 2019

20 minutos La Gulateca, por Iker Morán

La publicidad sin control, el poder de la industria alimentaria, la lamentable oferta gastronómica en colegios, hospitales o máquinas de vending, la falta de formación nutricional… Son algunas de las causas evidentes del aumento de la obesidad infantil que en países como el Reino Unido está alcanzando niveles muy preocupantes.

Algo que se resume de forma muy sencilla en un dato: es el país europeo donde más alimentos ultraprocesados se consumen y en el que, por tanto, menos producto fresco se compra y menos se cocina.

No hace falta un máster para deducir que esa tendencia va estupendamente a las empresas que venden ese tipo de alimentos. De hecho, desde hace años han tenido un papel muy activo a la hora de promocionarlos en campañas que incluso van dirigidas a los más pequeños. Pero ahora un surrealista estudio de la University College de Londres ha encontrado al auténtico responsable: la culpa es de las madres que trabajan.

No, ni es un chiste, ni parte de la estrategia publicitaria de algún partido político en campaña, ni uno de esos titulares sacados de contexto para forzar la polémica. Es la conclusión a la que han llegado tras analizar los datos y costumbres alimentarias de 20.000 familias británicas, comparando los datos de los hogares en los que la madre trabaja y en los que está en casa.

Tal cual. Según publica The Sunday Times, las conclusiones no recogen -ni siquiera para disimular un poco- la posibilidad de que sea el padre el que deje de trabajar para quedarse en casa. Una idea por lo visto inconcebible y tan loca que no hay margen para que la responsabilidad de la mala alimentación de los hijos sea compartida o incluso totalmente de los padres trabajadores.

El estudio asegura que en las casas en las que la madre trabaja fuera las posibilidades de que el pequeño padezca obesidad son un 25% superiores. Por ejemplo, en el caso de un desayuno casero en condiciones -habría que ver lo que se entiende por tal cosa- los hijos de hogares con madres trabajadores lo disfrutan un 29% menos.

El consumo excesivo de azúcar presente en alimentos ultraprocesados, refrescos y comida rápida ha demostrado ser uno de los principales focos de esa epidemia de obesidad que afecta a los más pequeños. Y, evidentemente, si en casa hay menos tiempo para cocinar, la exposición a este tipo de productos es mayor.

Aunque los resultados son dignos de un estudio del Capitán Obvio, las explicaciones de los investigadores para aclarar sus resultados son sencillamente un insulto al sentido común. Al menos al del siglo XXI.

Analizar la alimentación de los más pequeños fuera del contexto socioeconómico y laboral y adaptado a la realidad de 2019 para, de propina, culpar solo a la madre puede ser de todo menos científico. Por muchas cifras y porcentajes que se le ponga al asunto.