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Vida Saludable también en Navidad

diciembre 13, 2017

Asimismo, los europeos pueden ganar entre dos y cuatro kilos, esto varía en función de la complexión física, estilo de vida y práctica deportiva de la persona, y la ingesta calórica que, por regla general, es más elevada en estas fechas, según IMEO.

Econoticias/ Infosalus
Se aproximan las fechas navideñas, y con ellas las cenas en los días festivos, las comida de empresa, así como la ingesta de alimentos con un alto contenido en azúcares. Todo ello significa un aumento de peso, en concreto, en el caso de los españoles la media de sitúa en 3 o 5 kilos de más, según datos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Asimismo, los europeos pueden ganar entre dos y cuatro kilos, esto varía en función de la complexión física, estilo de vida y práctica deportiva de la persona, y la ingesta calórica que, por regla general, es más elevada en estas fechas, según IMEO.

De igual modo, la entidad asegura que se espera que los excesos navideños afecten en mayor parte a los hombres, que este año subirán entre 3 y 4 kilos de media, mientras que las mujeres aumentarán entre 2 y 3.

Sin embargo, mantener el peso y la forma física es posible a través de varios “trucos”, uno de ellos es que “antes de empezar a comer es ver bien lo que hay en la mesa, seleccionar lo que nos queremos comer y ponernos un poquito de cada cosa en nuestro plato, evitando así el picoteo constante”, ha recomendado María Sánchez Maroto, nutricionista de Zagros Sports.

Por todo ello, los expertos de Zagros Sports ofrecen ocho consejos de nutrición y entrenamiento para “afrontar el mes de las fiestas sin que estas pasen factura a la salud del organismo y la forma física”:

– Selección de los alimentos: tanto en los días festivos como durante el resto del mes, la selección de alimentos es clave para evitar un consumo extra de calorías.

Los platos precocinados y alimentos con alta concentración de grasas saturadas y azúcares refinados pasarán a un segundo plano para compensar los excesos en comidas familiares, de empresas, ect. A nivel práctico, los alimentos con menor aporte de nutrientes beneficiosos se pueden cambiar por otros.

Un ejemplo son las salsas que pueden ser sustituidas por especias o aliños más saludables, como una vinagreta ligera o zumo de limón o de naranja.

– Control de las cantidades: la dinámica de las comidas de Navidad implica múltiples y variados platos en la mesa y un clima distendido en el que no se está controlando cuántas porciones se come de cada plato.

Al mismo tiempo, comer despacio hace que los alimentos se asimilen mejor y la señal de saciedad llegue antes al cerebro.

– No olvidar las verduras: las verduras tienen que estar presentes en el menú de Navidad como fuente rica en fibra y en vitaminas y minerales. Hay muchas recetas elaboradas que llevan verduras y, siendo bajas en calorías, no restan sabor a las comidas o cenas, como por ejemplo una tarta de espinacas y queso feta.

– Ejercicio más intenso: durante todo el mes es recomendable aumentar la intensidad del ejercicio diario para quemar un mayor número de calorías y grasas acumuladas.

La exigencia del ejercicio en materia de resistencia cardiovascular y fuerza debe ser mayor para aumentar su efectividad. Cada persona establece el nivel de su alta intensidad acorde con su forma física y el desarrollo de sus cualidades.

El entrenamiento más adecuado es el interválico, es decir, intercalar trabajo cardiovascular con trabajo muscular para tonificar los músculos a la vez que se queman grasas. Se trata del ejercicio que reporta más beneficios en un menor margen de tiempo.

– Entrenamiento 4 días a la semana: a pesar de los días de fiesta, el director de Salud de Zagros Sports Puerta de Europa, Sergio Daza, sostiene que la frecuencia más adecuada de entrenamiento debería ser de cuatro días a la semana, entre 45 y 60 minutos cada sesión.

Para que los resultados sean visibles antes y después de las navidades se debe seguir el plan de la forma más rigurosa posible, con máxima motivación para conseguirlo.

– Cardio y ejercicios en circuito: sin olvidar el calentamiento y los estiramientos para preparar el cuerpo para la actividad y evitar lesiones, la parte principal del entrenamiento debe estar basada en 5 repeticiones de un circuito de 5 ejercicios con 1 minutos de descanso entre cada repetición y 20 minutos de trabajo cardiovascular como correr, nadar o montar en bici.

El circuito, con ejercicios como las sentadillas o las planchas para quemar grasa abdominal, es una de las maneras más eficaces de alcanzar la alta intensidad.

– Correcta hidratación: a pesar de que en invierno no sufrimos las consecuencias del calor, el cuerpo se puede deshidratar de la misma manera si no se toma la cantidad suficiente de líquidos.

Una correcta hidratación, sobre todo basada en el agua, es clave para asegurar el correcto funcionamiento del organismo y evitar lesiones.

El peligro de las navidades es que se cambia el agua por bebidas carbonatadas y alcohólicas, siendo el alcohol enemigo del deporte al provocar en el cuerpo un mayor estado de cansancio. Además, las bebidas azucaradas son uno de los principales causantes de los aumentos de peso.

– Retrasar las compras: teniendo el consumo de alimentos y el entrenamiento controlados, un truco que previene el picoteo y la ingesta de dulces es no comprarlos hasta que lleguen los días festivos.

“Aunque desde octubre los turrones y polvorones inundan los supermercados, debemos pensar bien las cantidades que necesitaremos y comprarlos en el momento justo”, ha aconsejado la nutricionista.

¿Qué es peor: un atracón de beicon o de dulces?

agosto 23, 2016

Expertos nutricionistas despejan la eterna duda: grasas versus carbohidratos

El País, por Elena Horrillo

1471342866_572511_1471423965_noticia_fotograma¿Grasas o carbohidratos? Adivinar quién es el malo de la película parece fácil: “Las grasas”, dirá probablemente, con soltura. Un macronutriente de los tres principales (grasas, proteínas e hidratos) al que se ha demonizado en casi todas las dietas. Se ha llevado el sambenito de responsable de la obesidad y de las grasas acumuladas, se ha vinculado al aumento del colesterol y a un mayor riesgo cardiovascular. Sin embargo, la nutrición no es una cinta de Hollywood; aquí los malos no son tan malos, la ciencia evoluciona y los matices no solo son importantes, sino primordiales.

Pongamos las cartas sobre la mesa. Es cierto que las grasas tienen más calorías: 9 kcal por gramo, frente a las 4 que tienen las proteínas y los hidratos; pero también es cierto que, como el resto de macronutrientes, son completamente necesarias para nuestra dieta. Aportan el combustible a nuestro cuerpo, son imprescindibles para la absorción de importantes vitaminas (A, D, E y K), suministran ácidos grasos fundamentales y forman parte de la estructura de otros compuestos esenciales como las hormonas esteroides y los ácidos biliares. Aunque, eso sí, hay que tener en cuenta que no todas las grasas son iguales. Y esta es la piedra angular del asunto. Hay tres grandes tipos: en primer lugar, las insaturadas, que se dividen a su vez en monoinsaturadas (de origen vegetal, como el aceite de oliva o el aguacate) y poliinsaturadas (del pescado azul y otros aceites como el de girasol). El segundo grupo es el de las saturadas, presentes principalmente en carne y lácteos derivados de la leche entera. Y, por último, las grasas trans, que son las que pasan de ser insaturadas a saturadas (alterando las parejas de átomos), normalmente, de forma artificial, al añadir más hidrógenos, aumentando así su perdurabilidad y mejorando su textura. A este grupo pertenecen las margarinas, bollería industrial y multitud de alimentos preparados.

A pesar de la gran diferencia entre unas y otras, se las englobó en el mismo saco durante décadas. “De algún modo se equipararon todas las grasas con las saturadas, por lo que las recomendación nutricional era evitarlas y tomar, en su lugar, carbohidratos”, explica Emili Ros, director de la Unidad de Lípidos del Hospital Clinic de Barcelona y jefe de grupo de Obesidad y Nutrición del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBEROBN) del Instituto Carlos III. Así pues, durante años, se asoció directamente el consumo de cualquier tipo de grasas con el aumento del colesterol y, por tanto, con el incremento del riesgo cardiovascular. Además, múltiples dietistas ayudados por numerosas campañas de márketing hicieron de lo bajo en grasa (de nuevo, de forma genérica) un reclamo de dieta saludable. Pero la mayonesa light engorda (y mucho).

Con el tiempo, comenzaron las necesarias diferenciaciones y empezaron a borrarse o matizarse algunos de los estigmas atribuidos a este nutriente. Para nuestro cerebro, la conexión puede ser obvia: a mayor consumo de grasa, más obesidad; pero lo cierto es que la asociación no es tan sencilla. “La gente que come más grasas vegetales [aceites de oliva, girasol o maíz, aceitunas y frutos secos] no tiene más tasas de obesidad ni ganan más peso que las que consumen más carbohidratos. Para el tratamiento de la obesidad, un régimen hipocalórico con más grasa es más fácil de tolerar y consigue más pérdida de peso que con una dieta alta en carbohidrato”, asegura Ros.

¿Y qué pasa con el riesgo cardiovascular? Hasta ahora se afirmaba que había correlación entre el consumo de este tipo de lípidos y los peligros para el corazón, pero algunos estudios comienzan a ponerlo en duda. Porque ni siquiera la asociación grasas insaturadas/buenas y grasa saturadas/malas es certera. “El debate existe porque se ponían en un mismo saco a todas las grasas saturadas. Ahora se ha visto que hay que darles nombres y apellidos: no todas tienen el mismo efecto”, asegura Eduard Baladia, profesor de la Universidad de Alicante y editor de la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética. Tanto es así que Ros asegura que solo si se sustituyen “las grasas saturadas por mono o poliinsaturadas, baja el riesgo cardiovascular. Su mera eliminación carece de efecto sobre este problema y la diabetes”.

Baladia se muestra más cauto: “La mayoría de las grasas saturadas siguen teniendo efectos nocivos”, aunque asegura que los lípidos son solo “un factor más” al evaluar los peligros a nivel cardiovascular: “Las grasas nunca han sido el único elemento a tener en cuenta, el peso ha sido otro, la obesidad abdominal, la ingesta energética o la falta de ejercicio físico”. Sin embargo, Ros es más optimista y cree que habría que ir sacando del banquillo de los acusados a la leche entera, los lácteos fermentados ricos en grasa como el queso y las carnes rojas magras. Se quedarían, sin embargo, las carnes procesadas, como ya adelantó en su día la OMS.

El peligro de los azúcares

El debate sobre las grasas se encuentra abierto y la evidencia científica trabaja contra reloj para aportar más certezas sobre el asunto. Sin embargo, en lo que todos los expertos consultados se muestran de acuerdo es en la condena a los hidratos de carbono refinados, es decir, el azúcar y aquellos a lo que se les ha eliminado la parte más rica en fibra. Aquí también es capital la diferenciación entre estos y los hidratos buenos (principalmente los integrales y los que se encuentran se forma natural en frutas y verduras). “Estos van entrando lentamente, así que nos aportan energía estable a largo plazo, en cambio, los azúcares nos provocan un pico de insulina, que es una energía que dura poco y que, si no la quemamos, la almacenaremos en forma de grasa”, explica Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Los refinados sí se han demostrado enemigos de nuestro corazón. Según el informe Consenso sobre las grasas y aceites en la alimentación de la población española adulta, dirigido por Ros, “las dietas altas en hidratos de carbono, particularmente aquellas con un alto índice glucémico [que elevan rápidamente la glucosa en la sangre: donuts, azúcar de mesa, refresco, pasta blanca, natillas, golosinas…], contribuyen, no solo a un mayor riesgo cardiovascular, sino también de síndrome metabólico, obesidad y diabetes”. Baladia señala que su consumo “hace que aumente la producción de grasa saturada endógena” y señala a los integrales como sustitutivos primordiales.

Tanto Ros como Baladia señalan un punto fundamental que parece resumir, con grandes dosis de sentido común, el estado de la cuestión: la importancia del tipo de grasa o de hidratos, y recordar que un alimento no se compone de un único nutriente. Por ello, Ros se muestra tajante: “Es mucho más importante el alimento que el nutriente”. El foco, más que en consumir más o menos grasas, más o menos hidratos o más o menos proteínas, debe centrarse en tomar más alimentos saludables. Y ni un kilo de beicon o una caja de donuts parecen serlo…

RFI: Los food trucks son sabrosos, pero no tan buenos para la salud

junio 11, 2016

Radio Internacional de Francia, por Ivonne Sánchez


Actualmente, los food trucks son la nueva moda en comida urbana. Importado de Estados Unidos, los food trucks se han implantado con éxito en Francia proponiendo diversas opciones gastronómicas. En América Latina también, sobre todo en versión “food truck park”, un espacio donde varios camiones están estacionados y el cliente puede escoger según lo que le apetezca. Pero expertos en nutrición cuestionan la calidad de los alimentos por su alto contenido en grasas saturadas e hidratos de carbono.

Hamburguesas, pizzas, crepes, comida asiática a base de frituras, la oferta es variada, pero esta “novedad gastronómica sobre ruedas” podría ser a la larga nociva para la buena alimentación, advierten expertos en nutrición. El Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) en España señala que existe una real amenaza de sobrepeso y obesidad con dicha oferta de comida, al ser por lo general alta en calorías y de escaso valor nutricional.

Rubén Bravo, nutricionista de este organismo, explica por qué los food trucks no son tan buenos como parecen: “La gran mayoría de los casos que hemos evaluado son alimentos muy altos en grasas, muy altos en hidratos de carbono, en azúcares refinados, que distan mucho de ser saludables. Lo que es criticable es el alimento que venden (los food trucks) y no el sistema en sí de vender estos alimentos”.

¿Cuántas calorías tiene una hamburguesa?

Una hamburguesa de un food truck (o de un restaurante) puede llegar a tener hasta 600 calorías. Si se agregan las papas fritas, 300 calorías, más una soda azucarada, otras 200 calorías. En una sola ingesta, una persona puede consumir hasta 1.100 calorías, sin contar el brownie que se comió de postre. Demasiadas calorías, señalan los nutricionistas, cuando el promedio de calorías recomendable para la mujer va entre 1.500 calorías y 1.800 y para el hombre entre 2.000 y 2.500 calorías por día.

Gourmet

Existe también la idea de que los food trucks proponen comida “gourmet”, por lo que existe la idea subyacente de que la comida propuesta es de buena calidad pero el nutricionista Rubén Bravo analiza la comida a nivel nutricional: “Se intenta adornar poniendo nombres a los alimentos, pero si leemos ‘crujiente de pescado bañado en salsa tártara’, pues sí, suena más gourmet pero a final tenemos un pescado de baja calidad, porque si no, no podrían competir en precios, un pescado rebozado, frito, y en una salsa rica en grasas saturadas”.

Rubén Bravo recomienda limitar los food trucks o la comida de la calle a una vez a la semana para que no provoque problemas de sobrepeso o de obesidad. Y llevar una dieta equilibrada, con frutas, verduras, leguminosas y pescado o carne magra, limitando las grasas, los hidratos de carbono y el azúcar refinado.

Entrevistado: Rubén Bravo, experto en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO)  en España.

¿Cuánto engorda una torrija?

marzo 27, 2016

torrijasDirecto al paladar

La Semana Santa se celebra en muchos países y en nuestro país tiene sin duda un significado muy especial, se sigan más o menos los preceptos religiosos. Gastronómicamente hablando también es una época especial para los golosos, con dulces típicos en cada región. Pero las torrijas son las grandes protagonistas de estas fechas, dulce tradicional donde los haya, del que cada casa tiene su receta especial. Eso sí, no nos podemos engañar: son bombas calóricas. Pero, ¿cuánto engorda una torrija? ¿Es posible hacerlas más ligeras?

Como tantas recetas surgidas de las cocinas humildes y de la escasez, en tiempos en los que de verdad había que ganarse el pan con el sudor de la frente, las torrijas parten de una base muy simple de ingredientes para proporcionar un alimento muy energético, saciante y calórico, lleno de hidratos de carbono y grasas. Si queremos darnos un capricho y disfrutarlas en su esplendor –una vez al año no hace dado- no merece la pena mortificarse. ¿Y cómo saber cuánto engordan? La respuesta depende de muchos factores, pero podemos analizar su composición nutricional para hacernos una idea de hasta qué nivel nos pueden estropear la dieta.

La torrija básica, sus ingredientes y su valor nutritivo

Pan, leche, azúcar, huevos y aceite, más los aromas, son los ingredientes esenciales de los que se compone una torrija. La base es el pan, que tradicionalmente se usaba de barra -o el que había en casa- que se había quedado duro, ya que en otros tiempos no estaban las cosas para tirar comida. Esto se traduce en que las torrijas son, de entrada, energéticas por su alto contenido en hidratos de carbono, y hay que añadirles las proteínas y grasas de la leche y el huevo, los azúcares del azúcar y la grasa del aceite de la fritura.

En definitiva, una torrija es un bocado muy energético, con poca fibra pero muchos azúcares de absorción rápida, y con un alto contenido en grasas. También hay que reconocer que contienen vitaminas y minerales esenciales como calcio, ácido fólico, niacina o potasio las mencionadas proteínas y ácidos grasos saludables. No está de más mencionar que tanto los hidratos como las grasas también forman parte de una alimentación equilibrada, dentro de una dieta saludable y en su justa medida.

Factores que pueden variar las calorías de una torrija

El primer factor diferencial es el tamaño, pero además los problemas empiezan cuando usamos otro pan para las torrijas. Son frecuentes los más tiernos, como los panes de molde, enriquecidos, los tipo brioche o masas ya muy calóricas como los bollos suizos. Estos panes son los más usados hoy en día porque así salen más ricas y absorben mejor la leche, pero como consecuencia también multiplican las calorías. Si partimos de una rebanada de pan que ya va cargado de grasas y azúcares, la torrija final engordará mucho más.

También depende un poco de si usamos leche entera o desnatada, si añadimos un poco de nata o si incorporamos más o menos azúcar a la mezcla. La fritura es otro punto crítico, pues si no está bien ejecutada cada pieza puede absorber mucha grasa, y además serán más indigestas. Es importante emplear un aceite de oliva de calidad y controlar la temperatura y el tiempo. Por último, hay quien no se corta rebozando las torrijas fritas en nubes de azúcar, de nuevo sumando calorías, o bañándolas en demasiada miel.

Entonces, ¿engordan tanto?

Es difícil calcular de forma genérica las calorías exactas de una torrija, por las variables mencionadas y porque el tamaño de la ración puede cambiar mucho el resultado. Tampoco me gusta reducir el valor de un alimento a su aporte energético, ya que nos hace obsesionarnos en exceso y no es la mejor manera de controlar la dieta porque nos puede llevar a engaños y errores. Sin embargo, según diferentes fuentes unos 100 g de torrija aportarían entre 203 y 229 kcal.

Es poco probable que encontremos una torrija con un peso de 100 g, así que más bien estamos hablando de entre 350 kcal y hasta incluso 580 kcal por ración. Tendrían menos calorías las torrijas caseras hechas con pan de barra sin rebozarlas en demasiado azúcar, mientras que las comerciales o de panadería de gran tamaño, hechas con pan brioche, podrían hasta casi doblar su contenido calórico. Gran parte de ese conteido energético proviene de los azúcares o hidratos de carbono, y de las grasas.

¿Es demasiado? Depende. Está claro que no son un dulce para tomar todos los días, pero son admisibles dentro de una alimentación equilibrada, y limitadas a unas pocas ocasiones al año. Una torrija no nos va a estropear la dieta por sí sola, y no nos va a hacer engordar, siempre que llevemos una dieta saludable y practiquemos ejercicio regularmente. Siempre es mejor escoger las variedades menos calóricas y los tamaños más pequeños, y si es posible, prepararlas caseras.

Cómo hacer torrijas más ligeras

La idea es cocinar nuestras propias torrijas reduciendo un poco las calorías, los azúcares y las grasas, pero sin que su sabor se resienta demasiado al final. ¿Qué sentido tendría hacer torrijas que nadie querría comerse? Como comentaba al principio, mejor elegir un pan de barra, puede estar un poco duro pero procurando que la miga no tenga demasiados alveolos. Lo ideal es que la barra no sea muy ancha y cortaremos rebanadas del grosor justo, para servir porciones razonables.

Podemos usar leche semidesnatada o desnatada y endulzarla poco, compensándolo con un buen uso de la canela y la corteza de limón. Otra opción son las bebidas vegetales sin colesterol o usar edulcorantes. Los huevos no tienen versión light pero, si podemos, mejor usar de gallinas felices, que además saldrán más ricas. Es importante usar un aceite de oliva virgen extra y controlar la temperatura a la hora de freír, alrededor de 170ºC. Se deben dorar por ambos lados, alrededor de un minuto por cada cara, y nunca sobrecargar la sartén.

Una vez fritas conviene dejarlas sobre papel absorbente para evitar el exceso de aceite, y después añadir sólo el azúcar necesario, mejor si está mezclado con canela. Otra opción es servirlas con miel, de nuevo sin pasarnos, o con un almíbar casero. Para complementarlas de forma ligera podemos servirlas con fruta o yogur natural, en lugar de las tradicionales natillas o helado. Más allá de la receta tradicional podemos emplear métodos diferentes, como cocinarlas a la plancha o en el horno. Sobra decir que si las rellenamos de crema o chocolate engordarán bastante más.

¿Conclusiones? Sí, las torrijas engordan -bueno, engordamos nosotros-, pero tampoco mucho más que otros dulces que tanta gente come casi a diario. No hay más que compararlas con un trozo de tarta, un dónut, un muffins o magdalenas, un paquete de galletas o una chocolatina. Al menos una torrija artesana nos aporta también nutrientes saludables, por eso no hay que fijarse sólo en las calorías que contienen. Si te gustan las torrijas disfruta de ellas esta Semana Santa, siempre que sea con moderación y mucho mejor si son caseras.

 

Menú para ser padres

marzo 8, 2016

El Mundo de Córdoba / EFE
Dieta de fertilidad IMEO¿Sabía que el estilo de vida y la alimentación de la pareja juegan un papel decisivo en la fertilidad de sus miembros? Un equipo de psicólogos, naturópatas y nutricionistas clínicos ofrece una serie consejos claves para aumentar las posibilidades de convertirse en papá y mamá.
Realizar unos cambios oportunos en la alimentación aumenta las probabilidades de concebir hijos en hombres y mujeres, según los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, IMEO que han elaborado un compendio de pautas actualizadas y enfocadas en aumentar la fertilidad de las parejas.
“En el momento que empecemos a plantearnos un embarazo, además de reducir los niveles de estrés, hay que realizar algunos cambios en la dieta, teniendo en cuenta que sus efectos positivos en la fertilidad empezarán a dar sus frutos a partir del tercer mes”, señala Rubén Bravo, naturópata experto en nutrición del IMEO (www.imeoobesidad.com).
Según este instituto, existen suficientes evidencias científicas para asociar la calidad del semen y los óvulos con la exposición continuada a químicos en periodos de medio y largo plazo. En la gran mayoría de los alimentos de consumo cotidiano encontramos pequeñas dosis de productos químicos que, unidos y durante un consumo prolongado, podrían estar perjudicando la fertilidad y la capacidad de engendrar hijos, añaden los expertos de este instituto. La nutricionista dietista Andrea Marqués del IMEO recomienda “tener cuidado con las frutas y verduras expuestas a herbicidas y pesticidas, utilizados para controlar los cultivos”.
Cuando queramos evitarlos la primera opción consiste en “elegir productos obtenidos de la agricultura ecológica, con la que nos aseguramos la calidad y la ausencia de sustancias químicas nocivas, aunque quizás la variedad y la vida media del producto sean menores y su precio más alto”, señala Marqués a Efe.
“Nuestra segunda opción es realizar siempre un lavado de frutas y verduras con abundante agua corriente frotándolas con un cepillo de cerdas blandas o con las propias manos”, prosigue. Para Marqués, esta es la mejor manera de limpiarlas, “ya que los jabones y las lejías, si las frutas y verduras son porosas, penetrarán y se mezclaran con los pesticidas y herbicidas dificultando su eliminación”.

MEJOR LAVAR LOS VEGETALES QUE PELARLOS
Advierte que muchas personas “prefieren pelar las piezas de fruta y verdura, pero olvidan que de esta manera se perderán el 80 por ciento de sus nutrientes, normalmente concentrados en la piel”. La nutricionista también recomienda a las parejas que están tratando de concebir o se encuentran en tratamiento de fertilidad “tener cuidado con las carnes de animales que han sido tratados con hormonas, como pollos de crecimiento intensivo o ganado vacuno”.
“La mejor opción es consumir carnes de vacuno y de ave de ganadería ecológica en las que no se utilizan ni productos químicos, ni organismo modificados genéticamente (OMG)”, señala Marqués. Las conservas de lata o alimentos envasados en plástico que pueden contener más trazas de Bisfenol A son otros de los productos que deberían vigilar las mujeres y hombres que deseen tener hijos, de acuerdo a la nutricionista del IMEO.
“El Bisfenol A es una sustancia química capaz de alterar el equilibrio hormonal y afectar al sistema reproductivo, tanto en hombres como en mujeres”, según Marqués, por lo que durante el embarazo o un tratamiento de fertilidad es recomendable evitar el consumo de alimentos enlatados y envasados en plásticos.
“Si los consumimos de forma habitual, es recomendable sustituirlos por aquellos que estén envasados en vidrio, así como utilizar siempre que sea posible botellas de cristal, no calentar plásticos en el microondas, ni recurrir a utensilios de plásticos para cocinar”, destaca.
Marqués también aconseja a los aspirantes a papás, evitar las acrilamidas que se filtran en nuestra dieta a través de la fritura de los hidratos de carbono. “Estas sustancias químicas pueden formarse en distintos alimentos cocinados por encima de los 100 grados centígrados, y son más habituales en los hidratos de carbono, como las patatas fritas, aunque también pueden estar en la corteza del pan, los cereales del desayuno y los granos de café tostados”, especifica.

REDUCIR LA CAFEÍNA
Respecto a la cafeína, Marqués indica que no hay una evidencia científica suficiente en relación a sus efectos secundarios para la fertilidad, “aunque si se ha visto que en hombres puede afectar a la movilidad del esperma y en mujeres reduce la actividad de las trompas de Falopio”.
Por ello, según la experta “es recomendable reducirla o eliminarla, si la pareja tiene problemas de fertilidad, y no abusar de ella durante el embarazo, ya que en exceso puede relacionarse con partos prematuros y pequeñas alteraciones morfológicas en el bebé”. “Bien es cierto que estos datos coinciden con consumos de café muy elevados durante el embarazo (entre 6-8 tazas al día)”, señala Marqués, quien también aconseja que, durante la gestación, “el consumo no debe ser superior a 150-200 mg/día de cafeína, lo que puede equivaler a una taza o taza y media de café al día, 2 tazas de té ó una taza de café y un refresco con cafeína”.
Por otra parte también advierte que “en mujeres con síndrome del ovario poliquístico es esencial evitar los picos de insulina en sangre, y por tanto, se recomienda controlar el consumo de harinas refinadas”. Principal ingrediente de productos de consumo habitual, como el pan blanco, la bollería industrial o las galletas de desayuno, las harinas refinadas “producen aumentos de la insulina en el organismo porque han perdido su fibra y además se les suelen adicionar azúcares”, de acuerdo a la nutricionista.
Para evitar los picos insulínicos, Marqués, recomienda consumir aquellos productos elaborados a base de harinas integrales (pan, pasta, cereales de desayuno) para “conseguir un mayor aporte de vitaminas y minerales y de fibra, cuya presencia hará que la absorción del azúcar en sangre sea más lenta y progresiva”.
Con respecto al alcohol, la experta indica a Efe que , “cuando una pareja decide concebir, el consumo de alcohol debería reducirse a no más de una copa de vino o una cerveza al día, eliminando el consumo de destilados, y deberá eliminarse por completo en el mismo momento que exista la posibilidad de que la mujer esté embarazada”.
“Esto se debe a que, por un lado, el consumo de alcohol reduce la fertilidad y, por otro, el feto metaboliza el alcohol de manera mucho más lenta, por lo que le podría ocasionar diversos problemas como hiperactividad o alcoholismo fetal”, explica Marqués a Efe.

COMIDAS PARA MEJORAR LA FERTILIDAD
Para aumentar las posibilidades de concebir Andrea Marqués recomienda:.
— Aumentar el consumo de frutas y verduras ricas en antioxidantes, como la zanahoria, el arándano, el tomate, el brócoli o la coliflor.
— Elevar el consumo de ácidos grasos omega 3 a través de las nueces o el pescado azul.
— Incluir en el menú proteínas animales por su aporte de hierro, tomando pollo ecológico, carne roja (una vez a la semana) y mariscos como almejas, mejillones y berberechos.
— Asegurar un correcto aporte de calcio a través del consumo diario de leche semidesnatada, yogures y queso tiernos y frescos.
— Mantener unos niveles adecuados de ácido fólico – existente en verduras de hoja verde, cereales integrales y legumbres- antes y durante el embarazo.
— Incluir en nuestra dieta alimentos con poder afrodisiaco, como plátano, frutos del bosque, chocolate negro, así como vainilla, canela u hojas de damiana en las infusiones.
— Potenciar la fertilidad masculina con aportes de zinc (pescado, marisco, huevos y lácteos), la vitamina C (cítricos, frutas, tomate y kiwi) y selenio (cereales integrales y frutos secos).

Variedad y densidad de nutrientes, la tendencia que debe seguirse

enero 26, 2016

Los azúcares añadidos y las grasas saturadas, así como la dieta mediterránea como ejemplo saludable, protagonizan la nueva edición de las guías dietéticas americanas. Estas pautas marcarán la senda de los próximos cinco años.

Correo Farmacéutico, por Ana Callejo Mora

piramide nutricionalCentrarse en comer de forma variada y dando prioridad a los alimentos de alta densidad en nutrientes es una de las propuestas de la octava edición de las guías dietéticas americanas (2015-2020 Dietary Guidelines for Americans), presentadas el pasado mes de diciembre por los departamentos de Salud y Agricultura de Estados Unidos, y publicadas en la edición electrónica del JAMA a principios de enero.
Para Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia y profesora visitante de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), lo más interesante de estas guías es que “destacan la importancia de la variedad. A pesar de la gran disponibilidad de alimentos, tendemos a repetir los que consumimos. La monotonía es lo que dificulta que obtengamos los nutrientes necesarios. Otra idea resaltada en esta edición es la densidad de nutrientes; un concepto relativamente nuevo. Lo importante es que los alimentos sean de alta densidad en nutrientes y con baja cantidad de calorías; es decir, que tengan muchos nutrientes por caloría (verduras y frutas), ya que ahora se consume menos energía que hace 30 años. Al día deberían ingerirse un plato y medio de verduras y tres piezas completas de fruta”.

Además, la experta en Nutrición, comenta que “estas pautas subrayan que la nutrición debe venir del alimento, no de los aditivos, como los suplementos nutricionales. Hay mucha gente que cree que hay que tomar batidos o cápsulas, pero es una idea errónea”.

Asimismo, las guías recomiendan cumplir patrones alimentarios saludables -ofreciendo el ejemplo de la dieta mediterránea- y ponen límites al consumo de azúcar (menos del 10 por ciento de calorías diarias deben proceder de azúcares añadidos) y de grasas saturadas (menos de un 10 por ciento de calorías diarias que procedan de estas grasas). Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), “critica que intentan reducir el consumo de azúcar pero, por otro lado, no establecen normas hacia la industria alimentaria para que disminuyan los niveles de azúcar en sus productos. Es el caso de la bollería industrial, donde también se encuentran grasas saturadas”. Sobre este tipo de grasas, Bravo recuerda que también se hallan en las carnes procesadas, además de en algunas galletas y cereales, e incluso en el pan.

REVALORIZAR LAS LEGUMBRES
Según la catedrática, “en España deberían seguirse las recomendaciones de dieta mediterránea que incluyen estas guías, donde la fuente principal de proteínas son las legumbres. Este alimento tendría que consumirse tres veces a la semana, ya sea cocinado, en puré o en ensalada”. Tanto ella como Bravo afirman que en Estados Unidos no están acostumbrados a estos platos de cuchara.

Algo que no se hace en España y debería, en palabras de Garaulet, es “tomar la mitad de alimentos ricos en carbohidratos en su forma integral. No vas a comer una paella de arroz integral, pero los cambios se pueden hacer en la pasta, arroz y pan del día a día”. En cuanto a los lácteos, la experta señala que, aunque los americanos insistan en aconsejar el consumo de lácteos libres o bajos en grasa, “en nuestro país no llegamos a las cantidades de calcio necesarias, por eso no es tan importante recurrir a desnatados. Los niños deberían tomar dos raciones de leche entera al día y los adultos, tres de semi“.

Pautas americanas ‘recien salidas del horno’

Principales recomendaciones Y limitaciones de la octava edición de las guías dietéticas americanas:

1. Seguir un patrón alimentario saludable, como el mediterráneo, a lo largo de la vida y apoyar el seguimiento de ese patrón para todas las personas. Un patrón saludable incluye:
•Verduras variadas de todos los subgrupos -las de color verde oscuro, rojo y naranja y las ricas en fécula-, legumbres (alubias y guisantes) y otras.
•Frutas, especialmente en piezas enteras.
•Cereales, al menos la mitad de los cuales deben ser integrales.
•Productos lácteos libres o bajos en grasa, entre los que se hallan la leche, el yogur, el queso y las bebidas de soja fortificadas.
•Una variedad de alimentos proteicos, entre los que están
el marisco, carnes magras, aves, huevos, legumbres, frutos secos, semillas y productos de soja.
•Aceites.
2. Centrarse en la variedad, densidad de los nutrientes y cantidad.
3. Limitar las calorías procedentes de los azúcares añadidos, las grasas saturadas y reducir la ingesta de socio. En concreto:
•Consumir menos del 10 por ciento de calorías al día que procedan de azúcares añadidos.
•Consumir menos del 10 por ciento de calorías al día de grasas saturadas.
•Consumir menos de 2.300 miligramos al día de sodio.
4. Elegir alimentos y bebidas más saludables.
5. En caso de consumir alcohol, se debería hacer con moderación (hasta una unidad de bebida al día para las mujeres y hasta dos unidades para los hombres) y sólo para los adultos con edad permitida para ello.
Fuente: 2015-2020 Dietary Guidelines for Americans.JAMA. 2016.

La economía ‘ayuda’ a coger kilos: si baja el precio de la caloría, la población engorda

enero 30, 2015

El Economista
obesidadUn nuevo documento de la Oficina Nacional de Investigación Económica de EEUU argumenta que los factores económicos pueden ser una causa de relevancia que explique por qué ha crecido la obesidad.

Tal y como publica Bloomberg tanto el precio de la comida como la oferta de trabajo en un estado o comunidad podrían explicar el 37% del incremento en el Índice de Masa Corporal en EEUU entre 1990 hasta 2010, así como el 59% del aumento de la obesidad severa.

Para simplificarlo completamente se puede afirmar que la población engorda cuanto el coste por caloría baja, cuanto más barata es la comida rica en calorías y azúcares mayor es el crecimiento de la obesidad.

Por otro lado, otro de los factores que incrementan el peso de los ciudadanos es la expansión y la proliferación de grandes supermercados y almacenes. La apertura de este tipo de centros explica el 17,2% del aumento de peso de los norteamericanos.

Según palabras textuales del documento, “la densidad de supermercados y grandes almacenes incrementa la probabilidad de que los ciudadanos inicien una dieta… El acceso a todo tipo de comida de bajo coste que proporcionan estos centros desencadena en problemas de autocontrol”.

Este problema no ha pasado desapercibido por parte de las grandes empresas dedicadas a la venta de bienes comestibles, como es el caso de Wal-Mart. Tara Greco, directora de comunicación de esta empresa, asegura que están trabajando para crear comida más sana y accesible, porque son conscientes del aumento de la obesidad en EEUU, que ha pasado del 13% en 1960 al 35% en 2012.

Hay esperanza

Según el mismo estudio, hay esperanza puesto que está demostrado que por ejemplo la expansión de las ciudades deportivas y los gimnasios afectan de forma negativa al Índice de Masa Corporal. El mismo resultado tienen los aumentos en el precio de la gasolina.

Por otro lado, el tabaco y la jerarquía dentro de la empresa son otros componente relevante. Cuando el precio de los cigarros sube la obesidad aumenta. En lo que se refiere a los puestos de trabajo, cuanto menor es la cualificación requerida es mayor la tendencia a tener unos kilos de más.

¿Es sano saber al detalle las calorías de un menú?

enero 16, 2015

La FDA americana ha dado de plazo un año a los restaurantes, entre otros locales de hostelería, para informar en sus menús sobre el contenido calórico de cada plato. En España, expertos discrepan sobre esta medida. De una parte está la opinión del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, que la valora positivamente. De otra, la responsable de la Unidad de trastornos alimentaria del Clínico de Madrid, que ve un posible riesgo de obsesión en forma de recuento.

Correo Farmacéutico, por Ana Callejo Mora
Saber cuantas calorías tiene cada menú nos ayuda a elegir bienLa agencia reguladora de medicamentos y alimentos (FDA, en inglés) de Estados Unidos presentó a finales de noviembre del pasado año dos regulaciones que exigen incluir información sobre las calorías en los menús y tableros de menús en cadenas de restaurantes, establecimientos de venta de alimentos y máquinas expendedoras con 20 o más ubicaciones . El objetivo es ofrecer a los consumidores mayor información nutricional acerca de los alimentos que consumen fuera de casa. Estas regulaciones, exigencia de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio y Protección del Paciente de 2010, piden  a los establecimientos contemplados (ver cuadro) proporcionar, a solicitud del consumidor y según se indique en los menús y los tableros de menús, información nutricional adicional por escrito sobre el número total de calorías y el número de calorías derivadas de la grasa, así como el contenido total de grasa, el de grasa saturada y el de grasa trans, y el contenido de colesterol, sodio, carbohidratos totales, azúcares, fibra y proteína.

Los restaurantes y otros establecimientos similares de venta de alimentos tendrán un año para cumplir con los requisitos de etiquetado, mientras que para los administradores de máquinas expendedoras el plazo será de dos años.

A Rubén Bravo, especialista en Nutrición y Gastronomía y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), le parece una iniciativa muy positiva, pues, “por un lado, el consumidor estará mucho más informado y podrá tomar decisiones más acertadas sobre los alimentos que come fuera de casa, y, por otro, presiona a la industria alimentaria para competir no sólo en precios y sabores, sino también para proporcionar alimentos más saludables e hipocalóricos”.

La pregunta es obligada: ¿tendría sentido una medida de este tipo en España? Según el portavoz del IMEO, “se debería implantar tanto aquí como en el resto de países que configuran el top 30 de los que tienen mayores tasas de obesidad mundial (lista encabezada por Estados Unidos, según un informe de 2012 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Ayudaría de forma muy favorable a reducir los niveles de obesidad, sobrepeso, diabetes, hipercolesterolemia e hipertensión, mejorando de esta manera la salud de las diferentes franjas poblacionales”.

Sin embargo, Bravo reconoce que, para que la medida se hiciera efectiva en España, “muy posiblemente tendría que comenzar como una iniciativa propuesta en la Unión Europea y sus estamentos pertinentes”.

Esta regulación traerá más efectos positivos que negativos para el consumidor, afirma el especialista en Nutrición, aunque “es posible que en casos muy concretos y escasos pudiera acentuar un comportamiento obsesivo compulsivo incorporado en trastornos de alimentación, como la bulimia, el comedor nocturno o el compulsivo”.

EL ‘PESO’ DEL RECUENTO
Marina Díaz-Marsá, responsable de la Unidad de trastornos de la conducta alimentaria del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid, es más crítica con la decisión de la FDA: “Poner esta información tan a mano me parece negativo porque puede llevar a personas vulnerables, o incluso a la población general, a obsesionarse por contar las calorías”. Lo que plantea la especialista es “que pusiera un mensaje más global como alimento recomendable o plato saludable”, algo que ya incluyen algunas cartas de restaurantes españoles. “Las anoréxicas restrictivas cuentan las calorías a lo largo del día para limitarse la ingesta. Las bulímicas, a pesar de hacer recuento, tienden a descontrolarse, cosa que no ocurre en las anoréxicas nerviosas”, puntualiza Díaz-Marsá.

Sobre la importancia del recuento de calorías en la prevención del exceso de peso, Bravo comenta que el total de calorías ingeridas al día o la semana es el primer paso para controlar y planificar un planteamiento tanto de pérdida de peso como de mantenimiento del mismo. “Aun así, cada persona trae asociado un metabolismo determinado y unas características individuales que nos indicarán, previos estudios concretos, las claves determinadas en su prevención contra el exceso de peso. En nutrición no todo son kilocalorías, pues depende de qué alimentos aporten esa energía y cuándo consumamos dichos alimentos. No obstante, las calorías sí son la base para comenzar a estructurar una forma de alimentación determinada”.

Lo que exige la FDA

Resumen general de los requisitos de etiquetado de la FDA para los restaurantes, establecimientos similares de venta de alimentos y máquinas expendedoras.

¿Qué cubre?

  • Los restaurantes y los locales de comida rápida, las panaderías, los cafés, y las comidas “estilo restaurante” que venden ciertos supermercados y tiendas de autoservicio.
  • Las comidas para llevar y de entrega a domicilio, como las pizzas.
  • Las comidas que se compran desde una ventanilla de servicio para automóviles.
  • Los alimentos que uno mismo se sirve en una barra de ensalada o de comida caliente.
  • Las bebidas alcohólicas, tales como los cócteles, cuando se incluyen en el menú.
  • Las comidas que se venden en centros de entretenimiento, como son las salas de cine.
  • La regulación es para las máquinas expendedoras y sólo afectan a los que administren 20 máquinas o más.

¿Qué no cubre?

  • Los alimentos que se venden en las barras de viandas frías y que normalmente están destinados para el consumo de más de una persona.
  • Las botellas de licor que se exhiben detrás de una barra.
  • Los alimentos que se encuentran en vehículos de transporte, tales como cocinas móviles, aviones y trenes.
  • Las comidas que aparecen en el menú de escuelas primarias, secundarias y preparatorias que formen parte de los programas de alimentación escolar del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (aunque sí contempla las máquinas expendedoras disponibles en los lugares citados).

(Fuente: FDA)

Desciende un 24% en Estados Unidos la adquisición de tartas, pasteles y donuts

Al observar el comportamiento de los estadounidenses en el supermercado ya se atisba un cambio -a mejor- en su alimentación. Un estudio publicado en el último número del Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics concluye que, dentro de las compras globales de los consumidores de Estados Unidos, en los últimos siete años ha descendido un 24 por ciento la adquisición de postres listos para tomar, como las tartas, galletas, pasteles y donuts.

Los investigadores, coordinados por Kevin C. Mathias, del Departamento de Nutrición de la Universidad de Carolina del Norte,  midieron, en el periodo comprendido entre 2005 y 2012, si las compras de los citados productos habían crecido o disminuido.

Según los autores de esta investigación, el desarrollo de nuevos sistemas de etiquetado en la parte frontal de los envases, que conduce al consumidor hacia productos con menor contenido en calorías, azúcar y grasas saturadas, supone una oportunidad para ayudar a los consumidores a mejorar su ingesta alimenticia.

Otro de los descubrimientos de este análisis es que entre 2005 y 2012 se ha producido un pequeño cambio en el contenido nutricional de estos postres industriales.

En 5 ideas

1. Nuevo reglamento

La FDA americana presentó a finales de noviembre de 2014 dos regulaciones que exigen incluir información sobre calorías en los menús de los restaurantes y las máquinas expendedoras.

2. Cambio en estados unidos

En Estados Unidos se está empezando a ver un cambio nutricional. Un estudio de la Universidad de Carolina del Norte concluye que las compras de postres industriales han bajado.

3. Problema en anorexia

Las anoréxicas restrictivas cuentan durante el día el número de calorías que ingieren. Las bulímicas hacen recuento calórico pero tienden a descontrolarse.

4. Bajar de peso

El total de calorías ingeridas a lo largo del día o de la semana es el primer paso para controlar y planificar una dieta para la pérdida de peso o para el mantenimiento de éste.

5. No todo son kilocalorías

En nutrición no todo son las kilocalorías que se ingieren, ya que depende de qué alimentos son los que aportan esa energía y en qué momento se consuman esos alimentos.

Casi medio millón de personas en España son celíacos

junio 13, 2014

La Sexta


En España hay casi medio millón de personas que son celíacas y un tercio de la población mundial sufre este tipo de alergias. Las asociaciones denuncian que hay un desconocimiento general de esta enfermedad y destacan la necesidad de fomentar la producción ecológica y una relación calidad-precio acequible.
Se trata de productos que son muy controlados, carecen de gluten, lactosa, azúcar o alergenos y se consideran de suma importancia para la salud de los celíacos.
¿Cómo podemos saber a qué somos alérgicos o qué alimentos nos causan los cuadros de males digetivos?
Una de las formas es mediante un Test de Intolerancias Alimenticias, como el que realizan en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) de Madrid. “La prueba consiste en extraer en cada una de las mediciones una muestra electromagnética del paciente y compararla con cada uno de estos alimentos”, explica Rubén Bravo, portavoz del centro médico.
El precio de este tip de análisis anunciados en la Red puede alcanzar los 300 euros y varia en función del número y tipo de productos que se utilicen.
Para más información sobre el Test de Tolerancias Alimenticias, consulta la web del IMEO: http://www.imeoobesidad.com/intolerancias_alimenticias.php 

El bioayuno, ideal para la Semana Santa

abril 16, 2014

Una propuesta nutricional de IMEO para esta Semana Santa que incorpora las últimas tendencias en dietoterapia favoreciendo la detoxificación y el equilibrio emocional

jornada de ayuno baja
Según la tradición católica, el próximo 18 de abril, Viernes Santo, es día de procesiones, ayuno y abstinencia. Algunas de las recomendaciones que recoge la “ley del ayuno” de la Constitución Apostólica son: abstenerse de carne, consumir únicamente líquidos o hacer una comida al día, siendo permitidos los lacticinios, huevos y productos de grasa animal. Desde un punto de vista nutricional el ayuno, igual que la alimentación, requiere obrar con medida y control para evitar problemas digestivos, astenia, hipoglucemia, mareos y desmayos. Por ello, los especialistas del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han elaborado un menú completo, indicado para este día que cubre las necesidades bionutricionales de los que guardan ayuno y, además, favorece la detoxificación y el equilibrio emocional.

Bioayuno del IMEO de 1020Kcal

Desayuno: 1 vaso de zumo de naranja y zanahoria y Pastel de Kéfir con un chorrito de miel y dos cucharadas de levadura de cerveza.

Media Mañana: 1 vaso de zumo de naranja y zanahoria y 2 nueces.

Comida: De primer plato, un caldo de verduras depurativas preparado con 4 ramas de apio, 1 ramillete de perejil, un kilo y media de cebolla, una cucharadita de diente de león y 2,5 litros de agua. Aconsejable no añadir sal. De segundo plato, hummus griego con un chorrito de aceite de oliva y pimentón rojo. Para beber una copa de mosto tinto sin alcohol. Como postre, tomar una infusión de Azahar.

Merienda: 2 nueces, infusión de Azahar y 1 onza de chocolate negro puro.

Cena: Caldo de verduras depurativas como plato único. Para beber, una copa de mosto tinto sin alcohol. De postre, 1 onza de chocolate negro puro y una Infusión de Azahar.

“El menú del bioayuno que hemos elaborado para este Viernes Santo incorpora las últimas tendencias en dietoterapia, pero respetando las tradiciones centenarias de la Constitución Apostólica. Se puede practicar, una vez concluida la Semana Santa, con cierta regularidad –un día a la semana y nunca más de dos días seguidos– con fines terapéuticos y depurativos”, comenta Rubén Bravo, portavoz del centro y experto en nutrición. Su aporte calórico es de unas 1020Kcal y, por tanto, no conviene realizar mucha actividad física, para evitar posibles bajadas de tensión o azúcar.

Meditación al aire libre bajaLas raciones están distribuidas en cinco comidas diarias y se toman en pequeñas cantidades para asegurarnos suficiente energía que nos permitirá concluir la jornada sin incidentes. Es muy importante la toma de azúcares, de modo que hemos incorporado al menú miel, naranja, mosto sin alcohol y chocolate negro. Los lácteos como el kéfir, con demostradas propiedades sobre el sistema inmunitario, ayuda a mejorar la flora y prevenir desequilibrios intestinales. Los caldos de verduras depurativas, como el apio y la cebolla, contribuyen a reducir los niveles del colesterol y propician la detoxificación del hígado y del sistema linfático.

Incorporar una onza de chocolate negro en la merienda y en la cena favorece el aumento de los niveles de serotonina y la dopamina en el cerebro proporcionándonos una sensación de bienestar, y una reducción de la ansiedad o el estrés.

El Bioayuno también cuenta con algunos alimentos con pronunciado efecto anti estrés, como son las nueces, los garbanzos presentes en el hummus griego, la infusión de azahar y la levadura de cerveza.

Además, para facilitar el proceso de depuración del organismo, necesitamos dormir las ocho horas diarias, beber entre 2 y 3 litros de agua y olvidarnos de los cigarrillos y las bebidas graduadas.

La meditación, el organizar las ideas y el “ruido mental” es altamente recomendado, ya que “influye positivamente sobre el buen humor y el equilibrio, además de mejorar el optimismo en cuanto a la perspectiva de vida”, recuerda el especialista.

BOTIQUÍN NATURAL CONTRA LAS ENFERMEDADES DEGENERATIVAS

zumoZumo natural de naranja y zanahoria. Este elixir de tinte naranja arma nuestras defensas con grandes cantidades de vitamina C y fotoquímicos que aumentan el sistema inmune. Por un lado tenemos la naranja que es un potente antioxidante, beneficiosa para nuestra vista, piel y aparato respiratorio. La zanahoria, por otra parte, es un alimento alcalinizante que ayuda a depurar la sangre. Favorece la limpieza hepática, mejora la estructura muscular, de huesos y dientes. También es un aliado contra la diabetes, al equilibrar los niveles de azúcar en la sangre. “Por esta razón, recomendamos tomar dos vasos a lo largo de la mañana para asegurarnos un punto de partida cargado de suficiente energía para la larga jornada de ayuno a la que haremos frente”, concluye Bravo.

kefir de lecheKéfir. Este hongo digestivo de propiedades milenarias aumenta el valor biológico de las proteínas de la leche y tiene múltiples virtudes curativos. Es rico en calcio, magnesio, vitaminas del grupo B y triptófano, con alta concentración de bacterias intestinales. Se emplea generalmente para mejorar la digestión y en casos de estreñimiento o enfermedad inflamatoria del intestino. En el período de astenia primaveral ayuda a estimular el sistema inmunológico y controlar el estrés.

Miel. Desde tiempos remotos, la miel es apreciada por su naturaleza antimicrobiana y cicatrizante. Es recomendada por la OMS como remedio natural contra la tos, resfriados e infecciones de garganta. Una o dos cucharitas en el desayuno ayuda a comenzar el día con energía, gracias a sus azúcares de rápida asimilación.

Levadura de cerveza. Este suplemento, muy completo en su composición y rico en vitaminas del grupo B, es imprescindible para el buen funcionamiento del sistema nervioso y recomendado contra depresión, ansiedad o estrés.

nueces bajaNueces. Las propiedades de estos frutos secos son tantas que han pasado a recetarse en las consultas de los cardiólogos. Sus ácidos grasos Omega 3 juegan un papel importante en la prevención de enfermedad cardíaca, pudiendo reducir el riesgo hasta un 50%. Asimismo se toman como un alimento anti estrés, debido que contribuyen para el aumento de melatonina en sangre, favoreciendo el descanso y el equilibrio emocional.

caldo depurativo bajaCaldo de verduras depurativas. Conocido coloquialmente como sopa anticelulitis o ‘quemagrasas’, este plato de sabor potente tiene mucho que ofrecer a los que se proponen a perder peso. Según la leyenda urbana, la mismísima Marilyn Monroe seguía una dieta basada en verduras depurativas para evitar la retención de líquidos y mantenerse en forma.

El apio y la cebolla son diuréticos naturales por excelencia con múltiples propiedades terapéuticos. Ayudan a reducir los niveles del colesterol en el cuerpo y favorecen la detoxificación del hígado y del sistema linfático. Además, relajan el sistema nervioso y ayudan a reconciliar el sueño.

hummus griego con pimenton bajaHummus griego. Tomado en los banquetes fúnebres de la antigua Grecia fue trasladado posteriormente a las celebraciones del Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Se trata de un puré consistente preparado de garbanzos machacados, aceite de oliva y pimentón rojo. “Este legumbre, rico en magnesio, folatos, zinc y triptófano, ayuda a disminuir el estrés y, en este sentido, incide directamente en el estado de ánimo”, explica el especialista en nutrición.

Por su composición en ácidos grasos, el aceite de oliva virgen o extra es el alimento más similar a la leche materna. Su consumo moderado favorece la salud cardiovascular, el funcionamiento del hígado y la vesícula biliar. La elevada cantidad de polifenoles (un antioxidante natural) que contiene este ‘oro verde’ ayuda a prevenir enfermedades degenerativas como el Alzheimer, el cáncer o la diabetes, y actúa contra el envejecimiento celular.

Mosto tinto sin alcohol bajaMosto tinto. En esta bebida encontramos los beneficios del vino tinto sin fermentar con 0% alcohol. Gracias a su alto contenido en polifenoles y taninos, actúa como antinflamatorio y reductor del colesterol malo LDL.

Infusión de Azahar. Posee propiedades calmantes, hipnóticas e inductoras de la relajación, recomendada en períodos de nerviosismo, insomnio o calambres musculares.

Una onza de chocolate y una taza de cafe al día aumentan el rendimiento, crédito Gregory Gerber I ShutterstockChocolate negro. Este ‘dulce amargo’ es capaz de desatar una cadena de reacciones químicas en el organismo humano, aumentando la producción de feniletilamina, serotonina y dopamina, creando así una sensación de placidez que dura horas. Es por ello que en la antigüedad fue considerado “comida de los dioses” y los Incas, los Mayas y los Aztecas lo utilizaron como fuente de poder, energía y curación.

Hoy en día sabemos a qué se debe la sensación de “subidón” que experimentamos tras consumirlo: es debido a una alteración en la función de un neurotransmisor, denominado anandamida –derivado de la palabra ‘felicidad’ en Sánscrito–, que a nivel cerebral y de forma temporal bloquea los sentimientos de depresión y dolor. Por esta razón es muy importante controlar las cantidades para evitar a caer en una necesidad adictiva.

No obstante, en el IMEO a la hora de diseñar una dieta personalizada, a menudo recurrimos al chocolate negro, recomendable en merienda y cena, para disminuir posibles cuadros de ansiedad y facilitar la sensación de bienestar y relajación en el paciente. Además, este manjar amargo, rico en flavonoides, actúa como un potente antioxidante y protege al organismo frente a las enfermedades cardiovasculares y degenerativas, frenando el envejecimiento de las células.