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En las redes de la obesidad infantil

agosto 2, 2017

El Consejo de la UE pide a los Estados medidas contra una epidemia silenciosa que afecta a uno de cada tres niños valencianos – Alertan de la agresiva promoción comercial y la publicidad directa a través de internet dirigidas a menores

Levante-EMV, por Paco Cerdà
Hasta el 60 % de niños con sobrepeso pueden convertirse en adultos obesos. La obesidad en la infancia está asociada a una mayor probabilidad de sufrir diabetes de tipo 2, asma, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. El aumento de peso tiene relación con la lactancia, la publicidad que reciben los adolescentes o el estatus socioeconómico del hogar: a más pobreza, peores hábitos alimenticios.

Una cruzada contra el sobrepeso y la obesidad infantiles. A ello se ha lanzado el Consejo de la Unión Europea en un documento de recomendaciones a los Estados que pone de relieve un problema de salud poco visible pero que determina el futuro de quienes lo padecen. El estudio avisa de que es probable que más del 60 % de los niños con sobrepeso se conviertan en adultos obesos. Y apunta a que la obesidad en la infancia está asociada a graves consecuencias para la salud, como una mayor probabilidad de sufrir diabetes de tipo 2, asma, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Además, acarrea un intangible, a veces incluso más peligroso: la obesidad infantil «está asociada con una baja autoestima», detalla el Consejo de la UE. En edades en las que es una lacra el acoso escolar (amplificado por el ciberacoso), la obesidad infantil puede tener aristas que solo conoce y sufre el niño y su entorno.

El documento radiografía la situación: señala que la obesidad infantil en Europa está relacionada con el estatus socioeconómico de los padres: cuanto más pobre es la familia, más opciones tienen los niños de adquirir malos hábitos alimenticios y padecer sobrepeso. Pero incluso antes del nacimiento hay factores de riesgo: según algunos estudios, favorecería la obesidad infantil factores como un elevado índice de masa corporal materno antes del embarazo, una exposición prenatal al tabaco, un aumento excesivo de peso de la madre durante la gestación y un aumento de peso acelerado del bebé durante sus primeros mil días.

Más ejercicio, menos pantallas

La lactancia es otro rasgo al que alude el documento del Consejo de la Unión Europea. «La lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida contribuye a lograr un crecimiento, un desarrollo y una salud óptimos. Posteriormente, para satisfacer sus crecientes necesidades nutricionales, los niños deben recibir una alimentación complementaria adecuada y segura, pero manteniendo la lactancia materna hasta los dos años o más», añade.

En todo caso, las conclusiones aprobadas por el Consejo se centran más en recomendaciones y peticiones a los Estados miembro para que aborden este problema. Están los consejos previsibles: que lo menores de 5 a 17 años hagan «como mínimo 60 minutos diarios de actividades físicas» y que al menos tres veces por semana ese ejercicio sea de intensidad vigorosa para reforzar músculos y huesos.

Se propone igualmente promover dietas sanas con alimentos nutritivos en el entorno educativo, desarrollar directrices con información sobre las porciones adecuadas según alimentos, y fomentar el etiquetado voluntario con las opciones saludables de alimentación.

Esas son las medidas esperadas. Pero hay una recomendación en la que la institución comunitaria pone un especial énfasis: controlar las pantallas, porque son el cordón umbilical por el que llega la obesidad infantil a muchos menores. Por este motivo reclama «aumentar los esfuerzos concertados por reducir la cantidad total y el poder de persuasión de la promoción de productos alimenticios destinada a niños y adolescentes que sea contraria al fomento de estilos de vida saludables».

En este sentido, exige a los Estados que «tomen nota, en particular, de la urgente necesidad de responder a los nuevos desafíos de la promoción comercial y la publicidad a través de las plataformas en línea y de las redes sociales donde los mensajes de comunicación, a menudo, van dirigidos a cada niño en concreto y son más difíciles de controlar».
Por ahí llega no solo el estilo de vida sedentario, sino una intensa y directa promoción de alimentos con alto contenido de energía, sal, azúcares o grasas saturadas y ácidos grasos trans o que no cumplan de otro modo las orientaciones nutricionales establecidas.

Ocho años: la edad crítica

El 30,4 % de niños de 0 a 16 años presenta exceso de peso en la Comunitat Valenciana, según los datos obtenidos del Informe de Salud del Escolar del año 2014. Es la última gran radiografía sobre la cuestión. En ella aparece que el exceso de peso infantil es más frecuente en niños (32,4 % niños y 28,3 % niñas). De ellos, el 18,6 % tiene sobrepeso (18,7 % niños y 18,5% niñas) y el 11,8 % obesidad (13,6 % niños y 9,8 % niñas).

La prevalencia de exceso de peso va aumentando progresivamente con la edad hasta los 11 años y desciende en edades posteriores. Pero los datos señalan un momento crucial: entre los 7 y los 8 años se pasa de un 34 a un 40 % de menores aquejados de exceso de peso.

En el sobrepeso, se constata un aumento de la prevalencia entre los 6 y los 11 años, alcanzando su cénit a esta edad. Sin embargo, en la obesidad se observa un incremento progresivo y marcado de las cifras hasta los diez años.
Los programas de atención integral a la obesidad infantil no solo modifican las dietas e incentivan la actividad física. También limitan el uso de las pantallas, un foco de origen del exceso de peso. En caso de obesidad secundaria o de presencia de síndrome metabólico, las autoridades sanitarias valoran la derivación del menor a la endocrinología pediátrica.

Elsa Pataky, Miranda Kerr y Jessica Alba siguen la regla 80/20 en su dieta

junio 8, 2017

Aunque hemos oído hablar de la dieta Dukan, la de la alcachofa o de la carísima Pronokal que le han hecho a famosas como Carlota Corredera perder varias decenas de kilos, lo cierto es que no todas las dietas funcionan igual ni en las mismas personas. Y sino que se lo digan a la mujer de Chris Hermsworth, que también tiene que cuidarse para lucir tipazo.

Según publica Informalia, Elsa Pataky es una de las celebrities (también la hacen Miranda Kerr o Jessica Alba) que en los últimos tiempos se ha apuntado a la conocida dieta 80/20. Pero, ¿en qué consiste? Lo primero que debes saber es que esta no es una dieta milagro, es decir, no perderás kilos de golpe y por supuesto, luego no volverás a recuperarlos en pocas semanas (el conocido y temido efecto rebote).

La dieta 80/20 es una dieta de mantenimiento que consiste en cuidar nuestra alimentación al máximo en el 80% de las ocasiones y nos permite momentos de relax en el otro 20%. Es decir, debes cuidarte durante la semana por ejemplo, y el fin de semana te puedes dar el capricho de tomar un dulce o una hamburguesa con tus amigos. Es el llamado por los americanos ‘cheating day’, un día trampa en el que no hay prohibiciones a la hora de comer.

Así, si haces 21 comidas a la semana (3 por día), 19 comidas, el 80%, deberán ser sanas mientras que las 3 comidas restantes, el 20%, no tendrás que preocuparte. Si haces 5 pequeñas comidas al día, entonces serán 7 las pequeñas comidas que podrás hacer sin preocuparte de lo que comes.

Y es que el cuerpo necesita también ciertos alimentos que no son considerados demasiado sanos, así que de vez en cuando debemos darnos un capricho, sin pasarnos por supuesto, porque quedará amortiguado por nuestra forma de comer habitual.

“Te portas bien durante la semana, comes tu pescado, verduras, haces ejercicio a diario. Pero, ¿a quién no le gusta darse un capricho? En ese día engañas un poco a tu cuerpo”, explica Pataky en su último libro. “Me puedo tomar lo que me apetezca, sin pasarme, pero dándome un capricho, porque es imposible ser muy estricto con la dieta o con una misma durante mucho tiempo”, añade la actriz.

Se trata de una dieta que lo que consigue es cambiar tus hábitos de alimentación y como consecuencia también de vida. Este método ayuda a aplicar el equilibrio y la moderación, un concepto que no existe en las dietas que están de moda. Lo que consigue es mantenernos en forma y además ayudarnos a perder los kilos que nos sobran, de forma progresiva y natural.

Fuente: Periodista Digital

El sobrepeso aumenta el riesgo de padecer depresión

noviembre 27, 2013
Los especialistas destacan la importancia de una buena alimentación para prevenir estados depresivos y proponen a la dieta mediterránea como la alternativa más recomendable
El Dia
la dieta meditarránea favorece la saludEl riesgo de padecer depresión es un 55% mayor en las personas obesas, mientras que el riesgo de obesidad aumenta en un 58% entre quienes tienen depresión, según datos que aporta la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). Esta entidad señala que muchos de los episodios depresivos que sufren personas con obesidad se deben a que su exceso de peso les deprime.
Por su parte, las personas deprimidas sufren ansiedad, que a menudo se traduce en una necesidad imperiosa de comer. De hecho, algunas pueden ingerir más de 5.000 calorías en un atracón, subraya. La SEEDO explica que estas personas “buscan sentirse saciadas, por lo que comen muchos hidratos de carbono. En algunos casos, se produce una auténtica adicción a la comida con el fin de calmar la ansiedad, lo que puede derivar en obesidad”.

Esta organización pone de relieve la importancia de la nutrición en la prevención primaria de la depresión y defiende la dieta mediterránea como el patrón alimentario más recomendable. “La dieta mediterránea podría tener un papel preponderante en la prevención de la depresión”, sostiene Miguel Angel Martínez-González, miembro de la SEEDO. La dieta mediterránea se caracteriza por la abundancia de alimentos de origen vegetal como el pan, la pasta, el arroz, las verduras, las hortalizas, las legumbres, las frutas y los frutos secos. Además, se emplea el aceite de oliva como fuente principal de grasa; se da un consumo moderado de pescado, mariscos, aves de corral, productos lácteos y huevos; comprende, asimismo, la ingesta de pequeñas cantidades de carnes rojas y un aporte diario de vino, consumido generalmente durante las comidas, indica la Fundación Dieta Mediterránea.

Según indica la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es un trastorno mental frecuente que afecta a más de 350 millones de personas en el mundo. “Es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye, de forma muy importante, a la carga mundial de morbilidad”, añade. La OMS recalca que la depresión es distinta a las variaciones habituales del estado de ánimo y a las respuestas emocionales breves ante los problemas de la vida cotidiana. “Puede convertirse en un problema de salud serio, causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos, puede llevar al suicidio”, destaca este organismo. Asimismo, la OMS precisa que la depresión es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos. A su vez, esta patología “puede generar más estrés y disfunción, empeorar la situación vital de la persona afectada y, por consiguiente, la propia depresión”, puntualiza.
Por su parte, el doctor Martínez-González recuerda que la depresión “puede conducir a hábitos dietéticos más pobres” lo que puede acabar derivando en un exceso de peso. “En este sentido, varios estudios indican que la incidencia de la obesidad es mayor en las clases más desfavorecidas porque comen menos carne y pescado, ingieren más cantidad de grasas poco saludables y realizan menos deporte”, refleja la SEEDO. De ahí la importancia de mejorar la educación en lo que a hábitos alimentarios se refiere pues, según indica esta entidad, “la prevención es el mejor tratamiento”.
No en vano, la psicoterapia cognitivo-conductual indicada para las personas obesas que sufren depresión se centra en enseñar pautas alimenticias, además de en mejorar la autoestima, ayudar a desarrollar habilidades sociales, favorecer la motivación para bajar de peso y dotarles de pautas para hacer ejercicio.

Los alimentos que previenen la depresión

octubre 3, 2013

Las frutas, cereales, legumbres, frutos secos, pescado y verduras, propios de la dieta mediterránea, puede reducir el riesgo entre un 40% y un 50%

Gonzalo Cruz, ABC

alimentos-previenen-depresion--644x362La obesidad mantiene una peligrosa relación con la depresión, ya que está demostrado que el exceso de peso se asocia con un mayor riesgo de sufrir cuadros depresivos y, a su vez, éstos se relacionan con una mayor probabilidad de desarrollar obesidad. Una correcta alimentación, basada en la dieta mediterránea, puede ser clave para prevenir la depresión.

«La dieta mediterránea podría tener un papel preponderante en la prevención de la depresión y abre una vía importante al conocimiento, con el objetivo de anticiparse a este grave problema de salud pública», asegura Miguel Ángel Martínez González, miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo) que acaba de publicar un artículo en la revista médica BMC Medicine bajo el título «Dieta, ¿una nueva forma de prevenir la depresión?».

Precisamente un estudio reciente dirigido por el doctor Martínez González ha revelado que la dieta mediterránea no sólo protege de las enfermedades cardiovasculares y de algunos tipos de cáncer, sino que, además, puede reducir el riesgo de depresión entre un 40% y un 50%. ¿Los alimentos clave en la prevención? Frutas, cereales, legumbres, frutos secos, pescado y verduras.

«Mientras que el consumo de ácidos grasos trans, la comida rápida y los productos de bollería industrial se asocian con un mayor riesgo de depresión, el de ácidos grasos omega3 (procedentes del pescado) y el de aceite de oliva, por ejemplo, muestra asociaciones inversas, influyendo en la estructura de las membranas de las células nerviosas y mejorando el funcionamiento de la serotonina, un neurotransmisor implicado en la depresión», explica el especialista de la Seedo.

De los 10.000 voluntarios que participaron en esta investigación, en aquéllos que más se ajustaron al modelo alimentario tradicional del sur de Europa la incidencia de depresión tras cuatro años de seguimiento resultó considerablemente menor que en el resto, lo que sin duda redundó en su felicidad, ya que Martínez González recuerda que los cuadros depresivos son una de las principales causas de suicidio.

El riesgo de padecer depresión es un 55% mayor en las personas obesas, mientras que el riesgo de obesidad aumenta un 58% entre quienes tienen depresión. Teniendo en cuenta que el exceso de peso no es un trastorno psiquiátrico, muchos de los episodios depresivos que sufren las personas con obesidad se deben al hecho de que estar obesos les deprime. Esto es, la depresión es consecuencia de la obesidad, muchas veces debido a la presión social y casi siempre más profunda en el caso de las mujeres.

Buenos hábitos alimentarios para prevenir

Por su parte, las personas deprimidas sufren ansiedad, lo que a menudo causa un trastorno por atracón que se traduce en una necesidad imperiosa de comer hasta que el cuerpo no puede más. De hecho, está comprobado que algunas personas pueden ingerir más de 5.000 calorías en un atracón. Cuando ocurre esto las personas lo que buscan es sentirse saciadas, por lo que comen muchos hidratos de carbono, dándose en algunos casos una auténtica adicción a la comida con el fin de calmar la ansiedad, pudiendo derivar en obesidad.

En este punto el especialista de la Seedo recuerda que la depresión «puede conducir a hábitos dietéticos más pobres», lo que también está demostrado que deriva en un exceso de peso. De hecho, varios estudios indican que la incidencia de la obesidad es mayor en las clases más desfavorecidas porque comen menos carne y pescado, comen más grasas poco saludables y realizan menos deporte.

Mejorar la educación en los hábitos alimentarios es clave, ya que prevenir a tiempo es el mejor tratamiento. De hecho, la psicoterapia cognitivoconductual indicada para las personas obesas que sufren depresión se centra precisamente en aprender pautas alimenticias, además de mejorar la autoestima, desarrollar habilidades sociales, favorecer la motivación para bajar de peso y adquirir pautas para hacer ejercicio.

ADN triste y obeso

La Seedo también avala diferentes investigaciones previas sobre la existencia de un componente genético común a los trastornos del estado de ánimo y a la obesidad. Así, una de las más recientes, realizada por la Universidad de Granada, sostiene que el gen responsable del exceso de peso, el FTO, también es el responsable de la depresión.

Este trabajo, pionero a nivel mundial, indica que la depresión modifica el efecto del FTO sobre el índice de masa corporal de un individuo. Los resultados han sido confirmados en dos muestras independientes, una de ellas de unas 18.000 personas procedentes de 21 países de todo el mundo y de diferentes grupos étnicos.

En este punto, el doctor Martínez González destaca en su artículo que varios estudios también sugieren que la depresión parece compartir mecanismos comunes no sólo con la obesidad, sino también con las enfermedades cardiovasculares. «De hecho, hay varios factores de riesgo cardiovascular que son más frecuentes entre los pacientes con depresión», explica.

Onda Madrid visita el Insituto Médico Europeo de la Obesidad

julio 3, 2013

Este lunes el programa Hoy en Madrid de la Radio Onda Madrid ha visitado el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) para realizar un reportaje in situ.
En esta edición del programa –dedicado a la obesidad, las dietas y los hábitos de los españoles de cara a la época estival– intervienen Rubén Bravo, portavoz del IMEO y Andrea Márquez del Departamento de nutrición. Ambos analizan el por qué del bum de las dietas de verano, objeto de una reciente encuesta realizada por el centro. Los resultados fueron más que sorprendientes. Ni la salud, ni el miedo a las enfermedades relacionadas motivan tanto a seguir un régimen como el “miedo” a la prueba del bañador, en el caso de las mujeres, o la espectativa de ligar con más facilidad, en el caso de los hombres.
Para escuchcar el audio completo, pulsa PLAY.

Las mujeres españolas pasan una media de 8 años a dieta

abril 25, 2013

El 44,6% tienen sobrepeso

Europa Press

Woman Eating Apple  Las mujeres españolas pasan una media de ocho años a dieta, lo que equivale a la realización de 94 dietas de cuatro semanas de duración cada una, según ha explicado el experto en nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo.

No obstante, a juicio del experto, la preocupación por el estado físico es “natural” en las mujeres dado que su peso está destinado a fluctuar debido a los momentos de cambio físico y/u hormonal importantes que experimentan, como tener un hijo, factores emocionales derivados de las relaciones personales, la menopausia o el entorno laboral.

Sin embargo, los datos estadísticos a nivel nacional indican que el 44,6 por ciento de las españolas tiene sobrepeso. Esto demuestra que gran parte de estas mujeres no consigue deshacerse de los kilos de más y el hecho de que se embarquen al menos en dos dietas cada año –en la época posterior a las navidades y en la ‘Operación Bikini’ de verano– sugiere que recuperan cualquier peso que logran perder, debido a una “consecución innevitable” de efectos rebote.

“Si nos proponemos un objetivo real en la dieta, como éste de perder 2 o 3 kilos en un mes en vez de 10, al cabo del año habremos conseguido un avance importante hacia nuestra meta que no nos costaría tanto mantener. Es lógico que, si después de pasar por una dieta baja en calorías, volvemos a los hábitos anteriores, el cuerpo aumente de peso, pudiendo alcanzar hasta un peso mayor al que teníamos antes de empezar la dieta, ya que quiere asegurarse de sobrevivir gracias a las reservas suficientes, cuando vuelva aquella dieta que se le impone”, ha explicado Bravo.

Además, algunos estudios alertan que cada vez son menos los españoles que siguen la dieta mediterránea, declarada en 2010 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Más que de un régimen, se trata de un estilo de vida saludable con una alimentación equilibrada y variada, baja en grasas saturadas y rica en fibra y antioxidantes.

Pero en una sociedad azotada por los altos índices de la obesidad y el sobrepeso, las prioridades han cambiado y lo que busca la gran mayoría, sin duda, es una dieta que permite perder peso rápido. De hecho, actualmente hay registradas más de 130 dietas para adelgazar y su número va en aumento.

En este sentido, el experto en Nutrición ha recordado a las mujeres que escoger una diera al azar es “tan malo” como estar constantemente a dieta, al igual que fijarse unos objetivos muy altos a corto plazo, saltarse las comidas, retirar algún grupo de alimento o los que “dan placer”, ingerir el mismo menú todos los días, no beber agua durante las comidas, consumir sólo productos ‘light’, cenar sólo fruta, no realizar ejercicio y consultar la báscula de forma compulsiva.

Por ello, ha recomendado acudir a un especialista en el momento en el que se tenga cualquier duda con la dieta y, especialmente, para seguir un programa profesional basado en las características propias de la persona, tanto emocionales, metabólicas como de hábitos y vida social. Además, ha recordado que lo saludable es perder un kilo por semana, realizar cinco comidas al día, reducir la ingesta de algunos alimentos y realizar ejercicio físico.

Los hábitos de vida, muy relacionados con las enfermedades cardiovasculares

marzo 15, 2013

El 14 de marzo se celebra el día europeo de prevención de estas dolencias
 
Hola.com

dieta-sanaMás vale prevenir. Ésa es la clave cuando hablamos de enfermedades cardiovasculares. Y es que un buen número de estas dolencias se podrían evitar con el cambio de determinados hábitos. Con motivo del Día Europeo de Prevención del Riesgo Cardiovascular, que se celebra hoy, la Fundación Española del Corazón (FEC) recuerda que las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la primera causa de muerte en los países desarrollados, por encima del cáncer y las enfermedades del sistema respiratorio. Sólo en España se cobraron 118.313 muertes en 2011, lo que representa el 30,5% de los fallecimientos producidos.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las enfermedades cerebrovasculares (ictus) causaron un total de 28.855 muertes en 2011, cifra que representa un 24,38% de los fallecimientos por causas cardiovasculares. En segundo lugar, se encuentran otras enfermedades cardiovasculares que han supuesto la muerte de 20.466 personas, mientras que el infarto agudo de miocardio ha causado 18.101 muertes.

Una rutina de hábitos cardiosaludables
Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que el 90% de los infartos –tal vez el accidente cardiovascular más conocido- se asocia a factores de riesgo clásicos fácilmente modificables y prevenibles, como son la hipertensión, el colesterol elevado, el tabaquismo, la diabetes y la obesidad. Según el Dr. Enrique Galve, presidente de la sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardíaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), “los factores de riesgo más preocupantes son la diabetes y la obesidad, factores estrechamente relacionados con la mala nutrición” y añade que “nuestra sociedad ha pasado de un modelo de alimentación basado en los productos naturales a la comida rápida y los productos precocinados”.

El tabaco, mal aliado
Y junto a estos problemas de salud, el tabaco, uno de los factores de riesgo cardiovascular que más preocupan a los médicos. “Aunque se ha producido una situación de contención, especialmente en el caso de los hombres, sigue siendo un factor a tener en cuenta. Durante los últimos 30 años, la mujer ha incrementado el consumo de tabaco, en parte porque ésta se ha incorporado mucho más tarde al hábito de fumar. Este hecho provocará a la larga un incremento de enfermedades coronarias en el caso del género femenino” explica el Dr. Galve. La mujer, especialmente durante su etapa fértil, está más protegida que el hombre ante eventos cardíacos gracias a su sistema hormonal pero, en la actualidad, esta protección se ve disminuida a causa del tabaquismo y los hábitos poco saludables.
Y si al tabaco le sumamos el sedentarismo, nos encontramos con un cóctel complicado. La inactividad física es otro de los factores que, junto a la mala alimentación, puede conducir a la alteración de las cifras de la presión arterial, el colesterol, los lípidos en sangre, la obesidad y la diabetes. El Dr. Galve afirma que “a pesar de que las campañas para promover la actividad física entre la población han sido muy bien recibidas por el público en general, son precisamente las personas que más necesitan la actividad deportiva, las que llevan una vida más sedentaria”.

Un error si tenemos en cuenta las cifras, para reflexionar: ocho de cada diez infartos se podrían evitar dejando de fumar, practicando ejercicio físico regular y manteniendo una dieta sana. Estos hábitos saludables reducen la hipertensión arterial, el nivel de lípidos (colesterol y triglicéridos) y previenen la diabetes o en su defecto mejoran su control si el individuo ya la padece.

Varios factores de riesgo
Además, hay que tener en cuenta que la mayoría de las veces, el riesgo cardiovascular de una persona no se debe a un solo factor, sino a varios. Se puede afirmar que el riesgo cardiovascular no es el resultado de una suma de factores, sino que éstos multiplican el riesgo de manera exponencial. De hecho, cada vez son más los casos de pacientes que presentan el perfil clínico llamado “síndrome metabólico”, que es la existencia en un mismo individuo de varios factores de riesgo junto a la obesidad abdominal.
Además de los factores de riesgo cardiovascular ya conocidos, el estilo de vida actual está muy relacionado con la aparición de nuevos factores como la apnea del sueño, el estrés o el consumo de drogas.

Cuatro claves para combatir el riesgo cardiovascular
La FEC recomienda:
1. Seguir una dieta sana y cardiosaludable para prevenir el sobrepeso, la obesidad y, en particular, la obesidad abdominal. Para combatir la obesidad en general, hay que mantener el índice de masa corporal (IMC), por debajo de 24,9.
2. Practicar ejercicio físico de intensidad moderada regularmente. Una buena opción es pasear a buen ritmo entre 30 y 60 minutos diarios, al menos cinco días por semana.
3. No fumar.
4. Acudir al médico cada cierto tiempo para conocer los factores de riesgo de cada uno. Así, con la medida de la presión arterial y un análisis de sangre se puede saber si la presión arterial, los lípidos y la glucosa (azúcar) en sangre se encuentran dentro de los parámetros de la normalidad.

Cáncer de mama: Evitar la obesidad en la menopausia

diciembre 9, 2012

Ella hoy / American Association for Cancer Research

Cancer de mama y obesidad, Salud 180Uno de los factores de riesgo, el exceso de peso, en el que los especialistas ponen el acento a la hora de reforzar la prevención contra el cáncer de mama y, en concreto, su aparición después de la menopausia. El sobrepeso, tal y como ha constatado un nuevo estudio publicado en Cancer Research, hace a las mujeres más vulnerables a desarrollar este tipo de tumor una vez superada la etapa de la menopausia. Para ello, la prevención y la adopción de medidas deben comenzar mucho antes.

Reducir los riesgos de desarrollar un cáncer de mama después de la etapa de la menopausia controlando factores como el sobrepeso o los problemas de obesidad. Esta es la recomendación avalada por los resultados del estudio publicado en la revista Cancer Research, dependiente de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer. Factores de riesgo que, tal y como señalan los autores del estudio (ensayo realizado con modelos de ratas con cáncer y obesidad), se deben controlar desde la denominada perimenopausia, ya que los resultados obtenidos han constatado un mayor riesgo entre las mujeres con problemas de obesidad posmenopáusicas frente a las mujeres que están más delgadas.

Es un hecho constatado que la mujer, al llegar a la etapa de la menopausia, tiende a aumentar de peso. Una de las causas está en la dieta y en que se suelen ingerir más calorías de las que necesita nuestro cuerpo. Esta tendencia a ganar peso nos hace más vulnerables a uno de los cánceres más frecuentes en la mujer. De hecho, en un ensayo previo, los investigadores ya habían indagado en la relación entre aumento de peso y desarrollo del tumor de mama, cuya aparición después de la ovariectomía quirúrgica confirmó la influencia de la obesidad y la sobrealimentación. En este estudio, realizado también con modelos de ratas, se observó que en los casos de obesidad el organismo se muestra más incapaz de manejar de manera apropiada este exceso de energía en forma de grasa dietética y glucosa cuando éste exceso deriva de la sobrealimentación. Algo que, a su vez, se observó que no sucedía en los modelos de ratas delgadas, las cuales eran capaces de almacenar la glucosa y la grasa en el hígado, músculo y tejido sano del pecho, respuesta metabólica normal a la sobrealimentación.

No fue la única causa, según apuntan los investigadores, que explicaría el crecimiento y desarrollo de los tumores, ya que al comparar los dos grupos de modelos de ratas (obesas y delgadas) también se hallaron perfiles moleculares diferentes en los tumores. Así, en el caso de las ratas obesas aparecían mayores niveles de expresión del denominado receptor de progesterona, relacionado directamente con la proliferación del tumor.

Tal y como concluyen los autores del estudio, si estos resultados se trasladan a humanos, se puede afirmar que durante la etapa de la perimenopausia es esencial promover medidas de prevención para determinar los riesgos de desarrollar cáncer de mama tras la menopausia. Medidas preventivas como modificar el estilo de vida y adoptar una serie de hábitos más saludables, cuidando especialmente la alimentación. Los investigadores aconsejan restringir el consumo de determinados alimentos y aumentar la práctica de ejercicio físico. En algunos casos, se puede recurrir a fármacos como la metformina para el control metabólico.

Uno de cada dos españoles sufre el síndrome postvacacional

agosto 28, 2012

Las hormonas del buen humor, antiestrés y el descanso son clave para superarlo, afirman los especialistas del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) 

  • Es un dato que va en aumento. En el año 2008, un 35% de los españoles por debajo de los 45 años sufría el síndrome postvacacional, según datos del Instituto Superior de Estudios Psicológicos. En el 2010 la cifra alcanzó el 50%, según el Área de Psicología de Antiaging Group.
     
  • Dentro de los países miembros de la UE, somos lo que mejor llevan el síndrome postvacacional, debido a que un 62% de los españoles planifica el siguiente viaje con antelación para tener un aliciente psicológico, según un estudio realizado por TripAdvisor en  2011.          

El Instituto Médico Europeo de la Obesidad, en un trabajo conjunto entre psicólogos y especialistas en nutrición, hace pública una guía práctica de consejos prácticos que ayudan a diezmar las secuelas negativas en los que sufren el síndrome postvacacional, un problema que cada vez afecta a más españoles, en términos de duración y gravedad.

Es un fenómeno estudiado por los psicólogos que, aunque no esté catalogado como enfermedad, guarda relación con el aumento progresivo de niveles de ansiedad, falta de concentración, nerviosismo, indiferencia, irritabilidad o tristeza. Se produce en el principio de septiembre, coincidiendo con la vuelta de vacaciones. “La duración de esta ‘depresión’ oscila entre una y dos semanas y se caracteriza con una sensación de malestar importante que repercute en la calidad de vida, tanto en área emocional, como física”, determina Rubén Bravo, especialista en nutrición y portavoz del IMEO. En los casos más acusados, observamos cuadros de angustia vital, depresión temporal, bloqueo o predisposición a la agresividad. “En consulta, nuestros psicólogos han detectado también una dificultad a la hora de retomar las gestiones habituales y laborales, aguzada por falta de concentración, deterioro en los ciclos del sueño, insuficiencia creativa, todo ello acompañado por una desgana general”, puntualiza Bravo. Estos episodios se pueden evitar, si gestionamos de forma adecuada nuestras emociones y controlamos la alimentación. Si aumentamos, por ejemplo, nuestros niveles de dopamina (una hormona que incide en el buen humor) por el día, y por la noche los niveles de serotonina y melatonina (hormonas que guardan relación directa con el antiestrés y el descanso) por la noche, nuestro cerebro y el total de nuestro organismo tendrá vitalidad estable y suficiente para experimentar un alto rendimiento diurno y una sensación de bienestar nocturno. 

5 claves para combatir los síntomas del síndrome postvacacional

  1. Planificar tu próximo viaje.

Un estudio realizado por TripAdvisor en el año 2011 apuntaba que los españoles somos los miembros de la Unión Europea con menos niveles de síndrome postvacacional, debido a que un 62% planifica el siguiente viaje con antelación para tener un aliciente psicológico. La ilusión y las metas aumentan nuestros niveles de dopamina, haciéndonos pensar que después del esfuerzo tendremos un descanso o un premio. Nos pasa en periodos más cortos, como por ejemplo la jornada semanal, donde el lunes tendríamos un pequeño síndrome postvacacional que a lo largo de la semana va remitiendo en niveles de optimismo más elevados según se acercan el fin de semana. Si las siguientes vacaciones nos quedan lejos, siempre podemos planificar actividades más veraniegas para los próximos fines de semana: días de piscina, barbacoas, visitas al campo o a parques temáticos. 

  1. Máxima hidratación: beber entre 2 y 2,5 litros de agua.

Nuestro cerebro es la clave, pues regula y dirige las acciones y reacciones de nuestro cuerpo. Se determina que su composición es de un 75% de agua, por lo que mantenernos en niveles de hidratación óptima, nos ayudará a que nuestras entre 50 a 100 mil millones de neuronas funcionen cuanto antes a pleno rendimiento. 

       3. Primer día de trabajo: organizar las tareas.

Una serie de estudios demuestran que una de las sensaciones más habituales de aquellos que padecen este mal postvacacional es el bloqueo a la hora de iniciar las obligaciones laborales. “Llevamos una o dos semanas de inactividad y descanso, por lo que nuestros niveles de acetilcolina –un importante neurotransmisor que influye en la memoria, la concentración y en procesos que suponen más esfuerzo intelectual como el pensamiento, el cálculo o la innovación–, han disminuido, provocando que los primeros días de trabajo nos cueste coger el ritmo, a lo que sumamos algo de trabajo acumulado por el periodo de vacaciones”, indica Rubén Bravo.
Una forma de romper este bloqueo, según los psicólogos, es dedicar el primer día de trabajo principalmente a organizar las tareas en orden de importancia y tiempos de entrega. De esta manera romperemos el bloqueo y la sensación de tener muchos trabajos que realizar y no saber por dónde empezar. 

  1. Cinco raciones de fruta y verdura diarias + hidratos de carbono integrales.

El cerebro consume alrededor del 15% al 20% de nuestra energía diaria que principalmente proviene de la glucosa. Para funcionar a un buen ritmo, necesitamos priorizar los alimentos que nos proporcionan energía de forma estable y regular los azúcares.

Las frutas, las verduras y lo que comúnmente conocemos como hidratos de carbono son nuestra principal fuente de energía. Entre ellos, debemos escoger aquellas que tengan bajo índice glucémico, es decir, que aporten los niveles de glucosa de forma constante y estable, y no de golpe. Por ello recomendamos seleccionar los hidratos de carbono en su forma integral, ya que nos aportan más del doble de vitaminas y minerales que las versiones no integrales y, además, tienen un índice glucémico mucho más bajo. Es conveniente consumir el arroz, la pasta o el pan integral en la primera mitad del día, entre el desayuno y la comida, porque es cuando nuestro organismo demanda más cantidad de energía.

Las frutas y las verduras de bajo índice glucémico darán un apoyo imprescindible a los hidratos de carbono. De las frutas, las que mejor irían para superar el síndrome postvacacional son las cerezas, peras, pomelo, naranja, nectarina, melocotón o manzana; y en el caso de las verduras, los espárragos, espinacas, lechuga, pepino, calabacín, coliflor, pimientos, champiñones, setas, cebolla cruda o tomates. 

  1. Tres horas semanales de actividad física.

A la hora de realizar alguna actividad física, no nos centremos única y exclusivamente en practicar el deporte de rutina. Un estudio realizado por la Universidad de Huelva en el 2011, en el que se aplicó un programa de actividades deportivas a pacientes con patología dual, demostró que la actividad física regular mejora también los niveles de ansiedad, depresión y socialización.

Muchas veces la monotonía es la culpable de encasillarnos en un estilo de vida predominantemente sedentario; habrá que abrirnos a la diversidad de actividades que existen hoy en día y que combinan el ejercicio con la música o la diversión: clases de zumba o salsa, caminatas nocturnas, actividades acuáticas o con bicicleta. Sólo basta escoger una actividad que nos agrade, con un nivel de intensidad y frecuencia acorde que podamos realizar en un lugar favorable, con música y en buena compañía.