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A los 40 dio un giro drástico: cambió su cuerpo sin dieta, reveló el secreto y hace furor en las redes

agosto 30, 2017

El Intransigente

Belinda Norton Smith decidió, a sus 40 años, darle un giro radical a su vida. Cambió sus hábitos. Transformó su cuerpo. Compartió sus secretos. Y hace furor en las redes.  transformó su cuerpo gracias a una modificación de hábitos radical.

La asutraliana, demostró, además, que nunca es tarde. A sus 40 años, decidió por empezar a nutrirse con una dieta más saludable y, lo fundamental, a hacer ejercicios. Ahora comparte sus secretos en Instagram para inspirar a otras personas.

1. Cardio en ayunas

“Podés caminar si no querés correr o si no podés salir de casa, saltá la soga o hacé bicicleta estática. Practicar ejercicio con el estómago vacío y después desayunar provoca que el metabolismo se active y ajuste tu ritmo cardíaco mientras se acelera la distribución de la sangre por todo el cuerpo”, aseguró.

2. Circuitos de velocidad

“Circuitos de 40 minutos aumentan tu masa muscular. No es necesario más”, remarcó. “Son muy importantes porque a medida que envejecemos tendemos a perder el tono muscular y si no los construimos bien terminamos perdiendo la fuerza y la movilidad”, explicó.

3. Seis comidas por día

“Las mujeres, sobre todo, necesitan seis comidas al día para estabilizar su metabolismo, por lo que es muy importante hacerlo”, sostuvo.

4. Cuidado con el alcohol

“El alcohol está bien un viernes por la noche o en una fiesta especial, pero hay que tratar de evitarlo el resto de la semana. La gente suele olvidar la gran cantidad de azúcar que tiene el vino. Reemplazá esa por agua y vas a ver los resultados”, comentó. Además, durante los primeros 10 días de cambio de dieta, nada de alcohol.

5. El cuidado de los abdominales

“Si lo que querés es una verdadera tabla de planchar, tenés que mirar con lupa lo que tomás y comés de manera sana o todo ese ejercicio no tendrá resultados”, advirtió. Además, remarcó la importancia de trabajar en ambos lados y con las planchas con peso en las piernas.

6. No obsesionarse con la balanza

Lo recomendable es pesarse una vez por día, siempre a la misma hora, desnudo o con poca ropa, para conocer la evolución que se tuvo una vez terminada la semana.

6.000 ó 10.000 pasos, ¿cuánto hay que caminar a diario?

agosto 9, 2017

Autoridades sanitarias y fabricantes de dispositivos inteligentes coinciden en sus recomendaciones. Pero la distancia variará según la longitud de la pierna o la cadencia.

En plena burbuja del running los médicos de familia siguen apostando por dejarse de veleidades olímpicas y echarse a andar para mantenernos con una salud de roble. Ante la pregunta de cuánto hay que caminar esgrimen una cifra mágica: 10.000 pasos. “No se trata de ponerse el chándal y lanzarse a correr como locos, sino de pasear a un ritmo que nos permita notar un aumento de la frecuencia cardíaca pero con el que podamos conversar con alguien. Y durante el tiempo suficiente para producir efectos notables en el organismo”, apunta Francisco Camarelles, del Grupo de Educación Sanitaria y Promoción de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).

Lo divertido de la mítica cifra es que su origen no parte de un sesudo estudio de laboratorio sino de una campaña de marketing de la marca japonesa Yamasa para vender podómetros. Aprovecharon el tirón de los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964 para incentivar a la gente a moverse y medir cuánto caminaban al día. Hablar de kilómetros siempre asusta, así que optaron por traducirlo a pasos, que siempre se ve como con un componente de reto más asequible. Y 10.000 es un número bonito, muy marketiniano, más redondo que 8.500 o que 11.236, por poner un ejemplo, que son números propios de sorteo de la lotería pero no de campaña publicitaria. Bautizaron al cachivache como manpo-kei, que significa precisamente 10.000 pasos. Se comieron el mercado y el resto es historia. La idea cuajó tanto que todas las grandes autoridades médicas del mundo dan por buenos los diez millares de pasos. Tanto que muchos dispositivos inteligentes para incentivar al movimiento, como las famosas pulseras Fitbit, asumen por defecto esa cifra.

A poco que uno se ponga a darle vueltas surgen dudas razonables. ¿Y eso cuántos kilómetros son? ¿Vale lo mismo para hombres que para mujeres? ¿Cuánto tiempo se tarda? La respuesta es laxa. Todo depende de lo largo de la zancada, más rápida a medida que se aumenta la velocidad. Y que, a su vez, está directamente relacionada con la longitud de la pierna. Si eres bajito estás condenado a dar más pasos para cubrir la misma distancia, así se las gasta la naturaleza. En otras palabras: si las mujeres tienen de media menos estatura que los hombres tendrán que dar más pasos. Muchas variables en el aire que llevan a que los expertos no se pongan tampoco de acuerdo en cuánta distancia se recorren con los dichosos 10.000 pasos. Ni cuánto tiempo debe invertir cada ser humano en recorrerla. Para algunos equivaldría a unos 8,5 kms, algo que a paso ligero se puede disparar a más de una hora caminando, muy por encima de los 30 minutos que sugiere la OMS. “Recientemente lo comentaba con otros colegas del ámbito sanitario, porque efectivamente no queda claro, y la distancia con mayor consenso son unos 5 kilómetros (recordemos, se trata de marcha enérgica, no de caminata dominguera). Para una persona normal viene a ser una hora caminando. Es un objetivo ambicioso, muy por encima de la media hora de actividad física que recomienda la OMS pero alcanzable. Tampoco hace falta hacerlos de seguido. Todo cuenta: desde que salimos de casa a coger el autobús, cuando vamos a comer, lo que andemos por la tarde. Al final no es tan descabellado”.

A renglón seguido Camarelles reconoce que los españoles caminamos una media de 4.000 pasos al día, muy por debajo de ese objetivo. Tal vez por eso otras autoridades sanitarias dan por buenos objetivos más realistas. Por ejemplo, el Ministerio de Sanidad de Japón sugiere entre 8.000 y 10.000 pasos. El Forum Nacional contra la Obesidad del Reino Unidos se decanta por una horquilla entre 7.000 y 10.000. “Lo importante es plantear el reto de que la gente se mueva. Si salen a andar varias personas a la vez, cada uno recorrerá una cantidad diferente de pasos. Pero todos ganarán en salud”.

La rutina fugaz de 7 minutos con la que Adele perdió 68 kilos en total

julio 26, 2017

La cantante reveló su secreto para lograr su nuevo y espléndido cuerpo.

Mundo TKM

Adele fue durante mucho tiempo atacada por su cuerpo. Blanco de haters en las redes sociales por su sobrepeso, hoy enfrenta una realidad muy distinta. Con una carrera consolidada, la cantante reapareció en los escenarios con una figura renovada, más estilizada. Pero aunque muchos creyeron que se debió a un tratamiento súper estricto, la misma cantante reconoció que su rutina fitness le lleva sólo ¡7 minutos!

En qué consiste la dieta paleo: pros y contras

junio 12, 2017

As, por Javier Robledo Vico

Hay tantas dietas disponibles en internet que es complicado no perderse. Pese a que en Deporte y Vida no somos demasiado fanáticos de seguir dietas de moda ya que la mayoría pueden conllevar problemas para la salud, hemos estado investigando acerca de la dieta paleo, si es tan buena como dicen y qué supuestos beneficios puede tener para el organismo.

¿Qué es la dieta paleo?

Efectivamente, la dieta paleo hace referencia al paleolítico, buscando en ésta época cómo se alimentaban los hombres y las mujeres: más o menos, hace referencia a una “dieta de las cavernas”, en las que nuestros antepasados salían a cazar y se alimentaban buenamente de lo que podían, sobre todo carnes, pescado y vegetales.

El responsable de su popularidad fue el gastroenterólogo Walter L. Voegtlin, que pregonaba que la alimentación adecuada era aquella de hace más de 10.000 años, antes de que apareciese la agricultura. De hecho, fue en este punto donde sus defensores más defienden la dieta paleo, ya que consideran que enfermedades cardiovasculares o diabetes no existían en la época del paleolítico.

Para seguir este tipo de dieta, únicamente tendríamos que alimentarnos de frutas, vegetales, carnes magras, pescados, nueces y semillas, y destierra de la alimentación todo lo que tenga que ver con lácteos, legumbres, almidones, azúcares, granos o alimentos procesados. Casi nada. Seguramente, el que nos esté leyendo debería tirar a la basura prácticamente toda su nevera. Sólo podríamos alimentarnos de aquello que nos da la naturaleza.

Por qué se defiende la dieta paleo

Los defensores de la dieta paleo mencionan que las dietas modernas, basadas en productos refinados y azúcares, son las responsables de una ingente cantidad de problemas de salud: a saber, el Alzheimer, la obesidad, el Párkinson, la diabetes o la infertilidad. Además, creen que las carnes que se consumían antiguamente provenían de animales salvajes alimentados de pasto u de otros animales salvajes, y por ende eran magras y contenían significantes cantidades de ácidos grasos esenciales.

¿Qué supuestos beneficios tiene?

Por una parte, la dieta paleo tiene beneficios perfectamente lógicos, asociados a un menor consumo de azúcares y alimentos procesados, y un mayor consumo de verduras y frutas, frutos secos o carnes de calidad. Esto, lógicamente, ayudaría enormemente a combatir problemas como la obesidad.

Sus defensores argumentan que es muy positiva para la función digestiva, y que la lucha contra las enfermedades crónicas comienza precisamente en el intestino. Profesan que al consumir constantemente alimentos que el cuerpo no tolera, se crea una irritación en el sistema digestivo, lo que provoca una cadena de problemas inflamatorios y auto-inmunes.

Asimismo, los defensores de este tipo de dieta creen que regula el azúcar en sangre, fundamental para prevenir enfermedades como la diabetes. En definitiva, la dieta paleo busca evitar alimentos que pueden producir inflamación en el cuerpo, como el gluten, los lácteos pasteurizados o los granos, aunque son temas que producen una gran controversia. También rechazan los alimentos altamente procesados, como puedan ser los edulcorantes artificiales, los aceites industriales, las grasas trans o los alimentos provenientes de animales que han ingerido hormonas o antibióticos.

Además, la dieta paleo cuenta con el respaldo del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, que la calificó en 2015 como una de las dietas más efectivas para lograr la pérdida de peso.

El estudio que la desmonta

Según publicó El Confidencial basándose en un estudio publicado en The Quarterly Review of Biology, la dieta paleo no es tan efectiva ya que obvia el papel fundamental que han tenido el almidón y los carbohidratos en el desarrollo del cerebro humano.

“Hasta ahora ha habido una gran atención en el papel que la proteína animal y la cocina han tenido en el desarrollo del cerebro humano durante los últimos dos millones de años, y la importancia de los carbohidratos, especialmente en forma de comidas ricas en almidón, ha sido totalmente pasada por alto”, señaló la doctora Karen Hardy, responsable de la investigación.

Elsa Pataky, Miranda Kerr y Jessica Alba siguen la regla 80/20 en su dieta

junio 8, 2017

Aunque hemos oído hablar de la dieta Dukan, la de la alcachofa o de la carísima Pronokal que le han hecho a famosas como Carlota Corredera perder varias decenas de kilos, lo cierto es que no todas las dietas funcionan igual ni en las mismas personas. Y sino que se lo digan a la mujer de Chris Hermsworth, que también tiene que cuidarse para lucir tipazo.

Según publica Informalia, Elsa Pataky es una de las celebrities (también la hacen Miranda Kerr o Jessica Alba) que en los últimos tiempos se ha apuntado a la conocida dieta 80/20. Pero, ¿en qué consiste? Lo primero que debes saber es que esta no es una dieta milagro, es decir, no perderás kilos de golpe y por supuesto, luego no volverás a recuperarlos en pocas semanas (el conocido y temido efecto rebote).

La dieta 80/20 es una dieta de mantenimiento que consiste en cuidar nuestra alimentación al máximo en el 80% de las ocasiones y nos permite momentos de relax en el otro 20%. Es decir, debes cuidarte durante la semana por ejemplo, y el fin de semana te puedes dar el capricho de tomar un dulce o una hamburguesa con tus amigos. Es el llamado por los americanos ‘cheating day’, un día trampa en el que no hay prohibiciones a la hora de comer.

Así, si haces 21 comidas a la semana (3 por día), 19 comidas, el 80%, deberán ser sanas mientras que las 3 comidas restantes, el 20%, no tendrás que preocuparte. Si haces 5 pequeñas comidas al día, entonces serán 7 las pequeñas comidas que podrás hacer sin preocuparte de lo que comes.

Y es que el cuerpo necesita también ciertos alimentos que no son considerados demasiado sanos, así que de vez en cuando debemos darnos un capricho, sin pasarnos por supuesto, porque quedará amortiguado por nuestra forma de comer habitual.

“Te portas bien durante la semana, comes tu pescado, verduras, haces ejercicio a diario. Pero, ¿a quién no le gusta darse un capricho? En ese día engañas un poco a tu cuerpo”, explica Pataky en su último libro. “Me puedo tomar lo que me apetezca, sin pasarme, pero dándome un capricho, porque es imposible ser muy estricto con la dieta o con una misma durante mucho tiempo”, añade la actriz.

Se trata de una dieta que lo que consigue es cambiar tus hábitos de alimentación y como consecuencia también de vida. Este método ayuda a aplicar el equilibrio y la moderación, un concepto que no existe en las dietas que están de moda. Lo que consigue es mantenernos en forma y además ayudarnos a perder los kilos que nos sobran, de forma progresiva y natural.

Fuente: Periodista Digital

¿Sabes cuánto ejercicio equivale a comerse una torrija?

abril 18, 2017

El Mundo, por Gema García Marcos

Ese popular -y muy gráfico- dicho de “un momento de placer en la boca, una eternidad en el trasero” le viene como anillo al dedo al delicioso repertorio de dulces que, de Norte a Sur, salpican el mapa de España durante la Semana Santa. Los pestiños andaluces, la leche frita cántabra, los buñuelos valencianos, las monas de Pascua catalanas y murcianas -cuyo nombre proviene de la munna, vocablo árabe que significa “provisión de la boca”- y, sobre todo, las grandes estrellas del momento, las torrijas, fueron creados originariamente por cocineros y pasteleros “en un alarde de imaginación para compensar la posible falta de calorías producidas por el ayuno propio de estas fechas”, según explica Rubén Bravo, experto en Nutrición y Gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Todos ellos aportan entre 500 y 1.000 Kcal por ración, las mismas que una comida completa. Es decir, una auténtica barbaridad.

Preparados con ingredientes como leche, pan, harina, huevos, mantequilla, azúcar y miel -que eran los productos permitidos y más accesibles- estos alimentos hipercalóricos tenían su razón de ser en aquellos tiempos de vigilia estricta pero hoy en día, “esta sobrecarga calórica tan bestial e intensa, si no va acompañada de una actividad física vigorosa, nos puede pasar factura”, asevera Bravo. Según sus estimaciones, si el tema se nos fue de las manos durante la Pascua hemos podido “llegar a engordar hasta cuatro kilos” en unos pocos días.

BOMBA CALÓRICA

Más allá del acusador veredicto de la báscula y nuestros pantalones vaqueros más ajustados, abusar de los dulces y no quemar la energía extra que éstos nos proporcionan hace que “el hígado acumule un exceso de azúcar que, con el tiempo, acaba convirtiéndose en grasa y dificultando su correcto funcionamiento”, explica el experto en Nutrición del IMEO. Además, Rubén Bravo señala que la existencia de estudios que han demostrado que “el exceso de azúcar en sangre está relacionado con el aumento de la acción de una proteína, llamada b-catenina, íntimamente relacionada con la progresión tumoral y capaz de convertir una célula sana en una tumoral e inmortal”.

La forma en la que se cocinan estos suculentos postres no hace sino empeorar el ya de por sí oscuro panorama nutricional: “No es recomendable abusar de los fritos, ya que aportan altos niveles de grasas saturadas, aumentan los niveles del colesterol y pueden favorecer la aparición de arterioesclerosis. Si queremos tener una larga vida, deberíamos evitar las frituras, ya que aceleran los procesos del envejecimiento y pueden ocasionar un gran número de enfermedades, algunos males del intestino o incluso cáncer”.

Si todavía no lo ves claro -y no te atreves a someterte al trago de pesarte tras la Semana Santa- toma nota de este inquietante dato: «Esa única torrija de unos 243 gramos que te comiste tras el potaje del almuerzo puede haberte aportado cerca de 566 Kcal». No es por agobiarte pero te conviene saber que todos sus ingredientes, salvo la canela, “son ricos en grasas y/o carbohidratos”.

El tamaño es el primer factor que determina las calorías que se ha metido entre pecho y espalda con cada unidad pero, ojo, porque los problemas empiezan con el tipo de pan que ha usado para prepararlas. “Cada vez más, se utilizan los tiernos, como los de molde, enriquecidos, los tipo brioche o incluso bollos suizos. Salen muy ricas, porque absorben mejor la leche, pero como consecuencia también multiplican las calorías”. Es lógico, “si partimos de una rebanada que ya va cargada de grasas y azúcares, la torrija final engordará mucho más que si la preparamos con el pan duro de toda la vida”.

Su aporte calórico depende también “del tipo de leche -si es entera o desnatada-, si se le añade un poco de nata o si incorporamos más o menos azúcar a la mezcla”.

Bocado muy energético, con poca fibra pero muchos azúcares de absorción rápida, y con un alto contenido en grasas, Bravo también reconoce que “las torrijas contienen vitaminas y minerales esenciales como calcio, ácido fólico, niacina o potasio las mencionadas proteínas y ácidos grasos saludables”. Y, lejos de demonizarlas, apunta que “tanto los hidratos como las grasas también forman parte de una alimentación equilibrada, dentro de una dieta saludable y en su justa medida”.

EJERCICIO

Rubén Bravo incluso se atreve a apuntar durante cuánto tiempo tendrías que desarrollar una actividad física para conseguir eliminar su rastro de tu anatomía. «Hay opciones para todos los gustos: 147 minutos de caminata vigorosa; 97, de baile; 81, de bicicleta de carretera en llano o 70 minutos de natación a crol a ritmo medio”. ¿Exageramos? Nos tememos que no.

No te queda otra. O pones remedio ya a los efectos que esas dulces bombas calóricas han provocado en tu cuerpo o la operación biquini -que ya se nos viene encima- se te va a complicar mucho. “Lo mejor es ponerse las pilas lo antes posible”, recomienda Carolina Prato, entrenadora personal y experta en bienestar.

Aunque, puestos a pedir, lo mejor hubiera sido tomar cartas en el asunto de forma inmediata, es decir, “en las horas posteriores a los atracones”. “Caminar, durante 30 minutos como mínimo, a buen paso y, si es posible, por recorridos con tramos cuesta arriba, subir escaleras, bailar, patinar o jugar con los niños -si consigues seguirles el ritmo- son algunas de las actividades cotidianas con la que podemos contrarrestar el efecto de semejante festín de calorías”, asegura Prato.

En el gimnasio el plan perfecto para aniquilar el efecto torrija podría ser “empezar con 15 minutos de bicicleta estática -con intervalos de un minuto a tope y otro de recuperación-; seguir con 15 de elíptica -a ritmo regular- para terminar con 15 minutos de cinta, que podríamos plantearnos de la siguiente manera: un minuto de caminar en cuesta y otro corriendo a tope”.

Así que ya sabe, no esperes a la operación biquini para quitarte los daños colaterales de su antecesora: la operación torrija. «Come equilibrado, bebe mucha agua, descanse y muévete un poco más de lo habitual. Tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán».

Esto es lo que ocurre cuando uno se pasa 7 años sin hacer deporte

abril 12, 2017

Reencontrarse con la actividad deportiva tras una larga época de sedentarismo y talla XL no es fácil. Primera norma: olvide el ‘running’

El País, por Salomé García

Acaba de tomar una determinación: mañana mismo empieza a hacer deporte. Tal vez se había abandonado y Facebook vino a recordarle que hace siete años usted estaba hecho un figurín. Puede ser la crisis de los 40 sumada a una oronda barriga. O que la naturaleza le ha mandado un aviso en forma de amago de infarto o la glucosa y el colesterol por las nubes. Aunque usted solo vea michelines, sepa que ponerse en marcha va a costar. Y no solo por su voluminosa anatomía, que también. En su mochila posiblemente lleve malos compañeros de viaje, que resume así Carlos Saavedra, del Laboratorio de Metabolismo Energético del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos de la Universidad de Chile: “Lipoglucotoxicidad muscular (el exceso de glucosa y lípidos en sangre durante mucho tiempo provoca resistencia a la insulina), sarcopenia (degradación muscular por desuso) y mal funcionamiento muscular”.

Va a ser duro, pero no imposible. Y no será de hoy para mañana. Hay dos perfiles complicados. “Está el que antaño llevaba una vida activa y un buen día se abandonó, y cree que puede reengancharse al mismo nivel desde el principio sin plantearse que arranca con 20 o 40 kilos extra. La ventaja es que el cuerpo tiene memoria, ya conoce la rutina de entreno, las sensaciones y, si solo han pasado de 5 a 7 años y se retoma paulatinamente, la progresión será rápida”, apunta Mayte Fernández Arranz, directora de Fitness Center SportTime en Rafa Nadal Academy. Y un segundo grupo: los sedentarios y obesos con solera, que llevan ya 8 años apalancados en el sofá. Cuidado con los riesgos. “Sobre todo, por desconocimiento. La falta de experiencia puede llevarle a realizar ejercicios inadecuados, con técnicas erróneas o intensidades excesivas”, advierte Jorge Brañas, entrenador personal y preparador físico del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Haga caso a su barriga (y a la analítica)

No todas las personas con talla grande son iguales. Entre otras cosas, porque ni su corazón ni sus arterias ni su analítica, y puede que hasta la edad o nivel de entrenamiento previo, serán iguales. Entrenadores y médicos coinciden: ponerse a hacer deporte con un índice de masa corporal superior a 25 (sobrepeso) es arriesgado. Con más de 30 (obesidad) puede ser una bomba de relojería. Para José Ángel Cabrera, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid, “antes de atarse los cordones se debería medir los niveles de tensión arterial, el perfil lipídico, las cifras de colesterol, glucosa y de tensión arterial para valorar el riesgo cardiovascular. El aumento del perímetro de cintura es, en sí mismo, un factor de riesgo cardiovascular porque ese exceso de grasa está provocando un mal funcionamiento de las vísceras abdominales. También es recomendable realizar un ecocardiograma para chequear la función ventricular, las paredes del corazón y la función diastólica”. Y añada una prueba de esfuerzo para ver hasta dónde da de sí en un entorno controlado.

No corra

A la hora de arrancarse querer es poder, sí, pero no a cualquier precio. “Hay que ir de menos a más y siempre de la mano de un médico y un entrenador. Ahora no se trata de perder peso ni de lograr marcas. La prioridad en las primeras semanas es preservar la salud y mantener a raya las lesiones. Y a la vez, que le guste para lograr la máxima adhesión al programa. De nada sirve arrancar a tope si a los pocos días se siente agotado, se aburre o se frustra al no ver resultados.

Lo ideal es empezar tres días a la semana con sesiones de 20-30 minutos de actividad aeróbica a baja intensidad y sin impacto. Al principio no se debe superar el 60% de la frecuencia cardíaca máxima (FCM). Poco a poco iremos aumentando hasta llegar al 80% (la FCM equivale a 220 menos la edad, es decir, para una persona de 40 años será de 180 pulsaciones por minuto). Es fácil monitorizarlo con un pulsómetro. “Rotundamente prohibido correr, saltar o cualquier práctica de impacto”, explica Rubén Gadea, director de Sanus Vitae.

¿Por qué ese veto al running? Porque cada vez que apoyamos el pie contra el suelo el impacto no es solo el de nuestro peso, sino que se multiplica según la fuerza con la que lo posemos. “Al caminar a paso lento, cada pie aguanta una masa equivalente a su peso multiplicado por 1,19. Así que una persona que pese 70 kilos, cada vez que apoye el pie está soportando 83,3 kilos. Si pesa 100, serán 119. En el caso de correr, el impacto aumenta entre 2 y 3 veces. Esto es, caer con hasta 200 kilos o con 300 kilos. Y lo normal es que un corredor impacte entre 160 y 180 veces por minuto contra el suelo”, añade Gadea. Las rodillas tampoco salen bien paradas si le da por trotar: soportan el doble del peso del cuerpo con cada zancada. Ante tal panorama el experto sugiere sencillamente pasear, pedalear en la bicicleta (puede que para unas posaderas rotundas sea menester un sillón más ancho) o darle a la elíptica en las primeras semanas.

Con cada paso al caminar, su peso se multiplica por 1,19, y al correr por 2 o por 3, por lo que las articulaciones de una persona de 100 kilos pueden soportar entre 200 y 300 kilos…

Elija las pesas más pequeñas

“Alguien que lleva mucho tiempo sin ejercitar su masa muscular la tiene atrofiada. Hay que despertar esos músculos mediante ejercicios específicos de fuerza para fortalecerlos y, de paso, activar el metabolismo basal”, recalca el doctor Iván Ibáñez, de la Unidad de Medicina Nutricional, Ejercicio y Antiaging de Clínicas Planas. La recomendación es: empezar con 20 o 30 minutos de ejercicios suaves, como por ejemplo practicar con máquinas, pero que sean siempre de poco peso.

Meta la espalda

Incluso un garbeo aparentemente inocuo puede ser perjudicial con muchos kilos de más. Antes de echarse a andar, coloque bien la espalda o lo lamentará. Y plantéese hacer abdominales. El doctor Juan Antonio Corbalán, director de la Unidad de Medicina Deportiva de Vithas Internacional, advierte de que “las personas con obesidad tienden a desviar la columna hacia atrás (hiperlordosis lumbar) para compensar ese peso extra del abdomen. De ahí la conveniencia de ejercitar la musculatura toracoabdominal (abdominales, lumbares y oblicuos preferentemente)”. No se lo tome a broma: por cada kilo de sobrepeso estará sobrecargando 4 kilos a las vértebras lumbares y del sacro (en concreto, a la L5 y la S1). Lo mismo con la cadera: en el apoyo monopodal de la marcha, los aductores se tensan con una fuerza igual a tres veces el peso del cuerpo para equilibrarlo. Con los datos en la mano, no es fácil inferir que aunque camine sin prisas puede aparecer dolor. Si sucede, pare y coméntelo con su entrenador. O con el médico. No se arriesgue a una tendinitis por cabezonería.

El saber popular suele apuntar a la natación como un ejercicio seguro y saludable. Pues no lo es tanto. “Los pacientes con un volumen corporal alto someten a su columna vertebral a una curvatura lumbar peligrosa. En estos casos es preferible correr en el agua, ya que el propio medio minimiza el impacto que sí habría sobre el suelo. A medida que pierdan peso, podrán ir dando brazadas con el estilo que más les acompañe”, explica Miguel Guillermo Garber, cardiólogo y director médico de Revitacell Clinic. Tómeselo con calma y disfrute de la antigravedad subacuática. Se ahorrará entre un 33% y un 54% del impacto sobre el tren inferior.

Ojo también con querer darlo todo jugando al tenis. Ni siquiera una pachanguita al pádel en la comunidad de vecinos. “Son deportes muy rápidos que someten a las articulaciones a más peso del habitual. Es mejor evitarlos hasta que se desarrolle una mayor agilidad y se descargue el peso”, advierte Fernández Arranz. ¿Y pilates o yoga? Esta entrenadora reconoce que son prácticas beneficiosas. “El único problema es que una persona muy voluminosa y con poca flexibilidad puede sentirse cohibida en una clase colectiva. Levantarse, ponerse a cuatro patas o mantenerse sobre una sola pierna pueden antojarse como retos titánicos ante colegas más gráciles”, explica. Si se siente más cómodo, huya de las clases con compañeros de alto nivel. Incluso del gimnasio si la inhibición continúa. En un parque se notará menos observado.

Beba

Aunque la sudoración depende de la cantidad de glándulas sudoríparas y de la genética, es muy posible que si se arranca a hacer deporte con bastantes kilos de más sude bastante y pronto. “Es un mecanismo de adaptación para mantener la temperatura corporal estable, por eso nos pasa cuando hacemos deporte. Al transpirar perdemos agua y electrolitos, como sodio y cloro, de ahí la necesidad de beber incluso durante la práctica. En aquellas personas no acostumbradas a realizar ejercicio físico intenso es especialmente peligrosa la deshidratación, ya que la sensación de sed puede tardar en detectarse”, advierte la doctora Iris de Luna, endocrinóloga del Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid. Por si las moscas, beba con frecuencia.

Día mundial del deporte, ¿qué pasa si no hacemos ejercicio?

abril 5, 2017

El 73% de la sociedad está en riesgo de padecer enfermedades por no moverse.

Telva, por Gloria Vázquez Sacristán

Muchas veces nos referimos al ejecicio unicamente como un medio para conseguir nuestro fin físico (y estético) es decir, un aliado de nuestra dieta o es empujón para bajar esos 5 kilos que siempre molestan en nuestra báscula. Pero el ejercicio físico es mucho más que eso, puede ser nuestro pasaporte para una vida más saludable. Te explicamos por qué debes caminar media hora 5 días a la semana.

¿Por que debemos hacer deporte?

FOTO GUILLAUME REYNAUD

Cada día somos más conscientes de la importancia de hacer deporte. Pero muchas veces, la falta de motivación, tiempo o gimnasio hace que se nos complique nuestra rutina fitness.
Para ayudarte a concienciarte aún más, preguntamos al Dr. Vázquez, cardiólogo, los beneficios que reporta el ejercicio (dentro de los niveles adecuados a la forma y condición física de la persona) a nivel cardiovascular: “El deporte mejora las cifras de presión arterial (los hipertensos pueden llegar a ser normo-tensos haciendo deporte regularmente); mejora el metabolismo oseo y aumenta la flexibilidad articular y muscular. Es especialmente interesante en personas con ligero sobrepeso ya que el ejercicio acrecienta la resistencia a la insulina, reduce la grasa y aumenta el músculo. Entrenar beneficia a la frecuencia cardíaca consiguiendo que descienda a niveles más lentos, lo que supone un mejor rendimiento hemodinámico, es decir, mejorar el gasto cardíaco”.
Por su parte, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, pone freno a nuestra pereza y nos ayuda a vencerla diciéndonos que: “la actividad física es esencial para el mantenimiento y mejora de la salud y la prevención de las enfermedades, para todas las personas y a cualquier edad. La actividad física contribuye a la prolongación de la vida y a mejorar su calidad, a través de beneficios fisiológicos, psicológicos y sociales, que han sido avalados por investigaciones científicas”.
Entre los múltiples beneficios, desde Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, destacan que: “La actividad física reduce el riesgo de padecer: Enfermedades cardiovasculares, tensión arterial alta, cáncer de colon y diabetes. Ayuda a controlar el sobrepeso, la obesidad y el porcentaje de grasa corporal. Fortalece los huesos, aumentando la densidad ósea. Fortalece los músculos y mejora la capacidad para hacer esfuerzos sin fatiga (forma física)” a nivel físico. Pero, tal y como ya hemos hablado en otras ocasiones, es muy beneficioso para “mejorar el estado de ánimo y disminuye el riesgo de padecer estrés, ansiedad y depresión; aumenta la autoestima y proporciona bienestar psicológico”.

No voy al gimnasio, ¿estoy en peligro?

No queremos ser alarmistas, sólo queremos hacer un llamamiento a la falta de movimiento de nuestra sociedad. La batalla no es contra los kilos de más, en el sentido frívolo de la palabra, sino contra un mal de nuestra sociedad, el temido sedentarismo. Según un estudio publicado por el Ministerio de Salud, Educación y Deporte: “el 73% de los españoles está por debajo del umbral de actividad física que les ayudaría a alejar riesgos a la salud”. Y prosigue ” la prevalencia de algunas de las enfermedades crónicas más comunes (hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes, depresión y ansiedad) se incrementa notablemente en la población inactiva, cuadruplicándose en algunos casos con respecto a la observada en la población que practica actividad física o deporte. Asimismo, el riesgo estimado de padecer algunas de estas enfermedades se puede llegar a duplicar como consecuencia de la inactividad física”.
¿Cuánto ejercicio tenemos que hacer? Según la Revista española de cardiología debemos “realizar actividad física de intensidad moderada durante un mínimo de 30 min 5 días por semana o de intensidad alta durante un mínimo de 20 min 3 días por semana mejora la capacidad funcional y se asocia a reducciones en la incidencia de enfermedad cardiovascular y mortalidad”.

Recomendaciones para hacer ejercicio

Acudimos a la Organización Mundial de la Salud para que nos ayude a establecer unos parámetros básicos para saber cuánto deporte, sin hablar de Hiits ni tábatas, debemos hacer para mantenernos en niveles óptimos de salud física, con el fin de prevenir todas las enfermedades que puede causar la ausencia del mismo.
“Para los adultos (18 a 64 años) la actividad física consiste en en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (por ejemplo, paseos a pie o en bicicleta), actividades ocupacionales (es decir, trabajo), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias”.

Con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares, se recomienda que:

– 150 minutos semanales a la práctica de actividad física aeróbica (en sesiones de 10 minutos de duración, como mínimo), de intensidad moderada.
– Otra opción es realizar 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana.
– Tercera opción, una combinación de actividades moderadas y vigorosas.
– Un plus para obtener mayores beneficios para la salud: los adultos de este grupo de edades aumenten hasta 300 minutos por semana la práctica de actividad física moderada aeróbica, o bien hasta 150 minutos semanales de actividad física intensa aeróbica, o una combinación equivalente de actividad moderada y vigorosa. Y, dos veces o más por semana, realicen actividades de fortalecimiento de los grandes grupos musculares.

La dieta de Pippa Middleton

octubre 7, 2016

Hola

middleton_librorecetas_-tApasionada del deporte y de la cocina sana, la hermana de la Duquesa de Cambridge acaba de publicar un libro de recetas ‘amigas’ de la salud y de la línea. Te enseñamos a preparar uno de los platos que figuran en este recetario, nacido como resultado de la colaboración entre Pippa Middleton y la ‘Fundación Británica del Corazón’.
Si hay un tipo de cocina del que Pippa es defensora (y asidua ‘practicante’), es la denominada ‘healthy food’, o lo que es lo mismo, un alimentación basada en productos y recetas saludables, como las que se incluyen en las páginas de su recién publicado libro ‘Heartfelt’.
libro_portada_-zNacido de su colaboración con la ‘Fundación Británica del Corazón’ (entidad de la que Middleton es embajadora), este recetario agrupa un centenar de platos perfectos para ayudarnos a estar en forma, gozar de buena salud, y por qué no, disfrutar en la mesa. Y es que, como la propia Middleton asegura, ‘La comida saludable no sólo es buena para ti y tu organismo, sino que preparándola puedes pasar además un rato muy divertido y disfrutar de recetas deliciosas’.
A continuación os mostramos, a modo de ejemplo, uno de esos platos que podemos encontrar en las páginas de ‘Heartfelt’, a la venta en la propia web de la ‘Fundación Británica del Corazón’ (todos los ingresos que se recauden irán destinados a las labores de investigación relacionadas con la salud cardiovascular que desarrolla esta organización).
Se trata de una receta a base de pollo y verduras, perfecta para una comida o cena ligera, y que además, nos ayuda a cumplir la norma nutricional que nos insta a comer cinco raciones de fruta y verdura al día.

CAZUELA DE POLLO Y PUERROS

Ingredientes

-Una cucharadita de aceite de oliva
-500 gr de pechuga de pollo sin piel
-400 gramos de puerros cortados en rodajas finas
-400 gramos de alubias blancas escurridas y enjuagadas
-4 ramitos de tomillo fresco
-1 hoja fresca de laurel
-300 ml de caldo casero de pollo
-Un manojo de perejil fresco, picado no excesivamente fino

Elaboración

1. Calienta el aceite en una sartén o cazuela antiadherente y cocina la pechuga a fuego fuerte hasta que se doren ambos lados. Retira de la sartén, colócala sobre papel de cocina (para retirar el exceso de grasa) y reserva.

2. Añade los puerros a la sartén y cocina a fuego bajo durante 3 ó 4 minutos hasta que se ablanden (pero no se doren). Añade las alubias, el tomillo, el laurel y el caldo de pollo, cubriendo y dejando hervir a fuego lento durante unos 4 minutos.

3. Coloca el pollo sobre las alubias, cubre la sartén y deja cocinar a fuego bajo durante unos 15 o 20 minutos hasta que el pollo esté cocinado.

4. Esparce el perejil y sirve con cebada perlada (el grano del cereal que ha sido descascarillado y pulido), flores de brócoli al vapor y algunos espárragos o acelgas hervidas.

También puedes servirlo con unas rebanadas de pan integral, sobre el que previamente hemos frotado medio diente de ajo y añadido al final un poquito de aceite de oliva.

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10 claves para perder peso

junio 16, 2016

Al empezar una dieta tome en cuenta lo que va a lograr y preste menos atención a lo que no podrá comer
Establezca horarios estables de comidas, cada 3 horas, e intente cumplirlos de lunes a domingo
No se rinda ante el menor fracaso en la dieta. No necesita alcanzar la perfección. Permítase algún fallo y aprenda a resolverlo retomando la dieta cuanto antes.

Foto EFE, cortesía Instituto Médico Europeo de la ObesidadSegún el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (EUFIC), “Uno de los problemas más comunes asociado al estilo de vida actual es el exceso de peso”. Esta entidad subraya que el sobrepeso y la obesidad están entre los principales factores de riesgo de muchas enfermedades, como patologías respiratorias y cardíacas, diabetes tipo 2, hipertensión, algunos tipos de cáncer e, incluso, de muerte prematura.

No obstante, “el sobrepeso y la obesidad, así como sus enfermedades no transmisibles asociadas, son en gran parte prevenibles”, precisa la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Para ello, entre otras medidas, esta entidad recomienda: limitar la ingesta de grasa y azúcares; aumentar el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos y realizar actividad física de forma periódica. Pero si ya se ha llegado a una situación de exceso de peso, es fundamental ponerse en manos de un profesional acreditado para buscar solución.

En este sentido, los especialistas del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido indican que el propio médico de cabecera o personal de enfermería pueden evaluar si el peso de un paciente es o no saludable. “Esto significa pesarlo y medirlo para calcular su índice de masa corporal”, detallan.

También valorarán la dieta actual y los niveles de actividad física de ese paciente para establecer objetivos personalizados. Con esta información, pueden proponerle cambios sencillos en el estilo de vida. Junto al personal sanitario, el paciente “trabajará en un plan para perder peso de manera saludable y a largo plazo. Será un plan hecho a la medida, teniendo en cuenta su estilo de vida y sus preferencias”, exponen.

LAS 10 CLAVES

Cambie su actitud ante la dieta

“Antes de empezar una dieta es importante fijarse en los aspectos positivos que se van a conseguir y prestar menos atención a los alimentos que no se podrán comer en un tiempo. Hay que resaltar las cosas buenas que este cambio de alimentación aportará a nuestra vida: conseguiremos adelgazar, mejorará nuestra autoestima, nos sentiremos más ágiles, nos sentará mejor la ropa, etc. Piense en ello a diario. Lo motivará”, recomiendan.

Establezca pequeños objetivos alcanzables y realistas

“Es mucho más gratificante marcarse un pequeño objetivo y comprobar que lo ha conseguido que fijar una meta a largo plazo y no obtener ninguna repercusión hasta el final. Esta forma de enfrentarse a la dieta lo ayudará a confiar más en sí mismo y a conseguir mejores resultados”, afirman.

Lleve un cuaderno donde anote logros y dificultades

“Le ayudará a conocer sus puntos fuertes y débiles y así se comprometerá más con su tratamiento. Escriba a diario”, aconsejan.

Haga cinco comidas diarias

“Márquese horarios estables de comidas, cada 3 horas, e intente cumplirlos de lunes a domingo. Sentirá que lleva una vida más ordenada, podrá anticiparse al hambre y, por lo tanto, tendrá menos ansiedad”, precisan.

Coma despacio

“Intente comer de forma consciente, teniendo presente lo que está haciendo. Mastique y saboree cada alimento. Olvídese de las prisas. Si come despacio, necesitará menos cantidad de alimento. Además, estará aprendiendo a concederse un tiempo que lo ayudará a reducir el estrés”, indican.

Cambie de recetas

“No coma siempre lo mismo. Busque recetas nuevas que lo motiven y lo ayuden a disfrutar más de la comida. Comparta esas recetas con amigos y familiares, le gustará ver que a los demás también les agrada la comida saludable. Disfrute cocinando”, expresan.

No se obsesione con el peso

Los especialistas recomiendan pesarse una vez a la semana, siempre el mismo día y a la misma hora.

En este sentido, subrayan que el peso hay que vigilarlo toda la vida, no solo cuando se está haciendo una dieta. Asimismo, recuerdan que los extremos no suelen ser buenos, es decir, no hay que pesarse todos los días pero tampoco olvidarse del peso.

Haga ejercicio

“Busque un deporte que le guste, que resulte fácil de incluir en su vida cotidiana y, si es en compañía, mejor. Márquese de nuevo pequeñas metas, alcanzables. Empiece con poco y vaya aumentando, a medida que vaya dominando la rutina. No se sobrecargue, pues lo abandonará pronto si supone un sobreesfuerzo”, manifiestan.

Diviértase

“Disfrute su tiempo libre, haga actividades que le resulten placenteras y que lo ayuden a evadirse de los problemas. Cuando uno está feliz segrega endorfinas, que son las ‘hormonas del bienestar’. El deporte o las aficiones lo ayudarán a segregar endorfinas. Si su vida está llena de cosas agradables, no necesitará estar llenando el estómago a todas horas”, puntualizan.

Tolere la frustración

“No se rinda ante el menor fracaso en la dieta. No necesita hacerlo de manera perfecta, lo que necesita es mantenerlo en el tiempo. Permítase algún fallo y aprenda a resolverlo retomando la dieta cuanto antes”, destacan.

Fuentes: El Nuevo Herald / EFE Reportajes