¿Cuánto tiempo diario debo hacer ejercicio en casa o en la calle? Esto dicen los expertos

Mucha gente ha comenzado a hacer deporte en casa por miedo a los gimnasios: hablamos con un experto sobre cómo es mejor ejercitarnos.

La Sexta, por Guillermo Rodríguez Pérez

Pesas y zapatillas deporte | Pixabay

La pandemia de COVID ha cambiado muchas de nuestras rutinas, entre ellas, la deportiva. El confinamiento y las medidas restrictivas han hecho que hacer ejercicio en casa sea un nuevo hábito pero, ¿estamos haciéndolo bien? ¿Cuánto tiempo tenemos que dedicarle? ¿Es necesario tener material como pesas o máquinas?

“Hay canales de YouTube, como el de Patry Jordan, que seguirlos es como recibir una clase de una profesional”, argumenta Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de Obesidad (IMEO). “Lo pones en la televisión, por ejemplo, y te va dando indicaciones de cómo calentar y cómo hacer el ejercicio”, cuenta a lasexta.com

El portavoz del IMEO recomienda que, para hacer ejercicio en casa, lo mejor es trabajar el cuerpo por zonas, de lunes a viernes, haciendo 30 o 40 minutos, y así estarías cubriendo una parte de la actividad física. “Si quieres tonificar puedes utilizar gomas de pilates, o puedes hacer un ejercicio más intenso”, añade.

Ejercicio sin gimnasio ni material

Hacer actividad física no tiene por qué implicar hacer un deporte en concreto o ir al gimnasio. “Hay muchas formas de hacer ejercicio sin material: como flexiones al suelo o triceps y pecho con una mesa. También se pueden utilizar botellas de agua o escaleras para subir y bajar, hacer gemelos, zancadas…”, relata Bravo.

A este respecto, propone la calistenia, que consiste en “hacer deporte con el propio peso corporal, y se pueden hacer muchos ejercicios trabajando muchas zonas del cuerpo diferentes”, cuenta Bravo. “Puedes llegar a niveles de gimnasio haciendo unos 8.000 o 10.000 pasos diarios y una sesión diaria de 25 minutos desde casa, trabajando cada día una zona”, asegura.

Los cuatro pilares

Bravo comparte los cuatro pilares de los que habla con sus pacientes: “Una buena alimentación, complementos nutricionales naturales ajustados personalmente, actividad física y pensamiento positivo con la ayuda de psicólogos. Con esto conseguimos resultados más rápidos, más estables y a largo plazo”, asegura el nutricionista.

Bravo asegura que las pautas psicológicas, siempre “con la ayuda de psicólogos”, guían a los pacientes a “ser más optimistas y a estar agradecidos”. “Con el COVID, esto ha sido muy importante y ha funcionado muy bien”, zanja.

Recomendaciones de la OMS

¿Cuánto ejercicio debemos hacer al día? Aunque depende de las características de cada persona, la propia OMS ha establecido unas pautas generales de ejercicio según la edad:

  • Menores de un año: necesitan moverse varias veces al día mediante juegos interactivos en el suelo. No se recomienda pasar tiempo frente a una pantalla.
  • Menores de tres años: deben realizar un mínimo de 180 minutos al día de actividad física; y de tres a cinco años, una actividad física moderada o intensa durante una hora al día.
  • De cinco a 17 años: deben realizar al menos 60 minutos diarios de actividad física de moderada a intensa, como mínimo tres días a la semana, incluyendo actividades que fortalezcan los músculos y refuercen los huesos. Es importante limitar el tiempo dedicado a actividades sedentarias, particularmente el tiempo de ocio que pasan frente a una pantalla.
  • Mayores de 18 años: deben realizar, como mínimo, un total de 150 minutos de actividad física moderada durante la semana, o 75 minutos de actividad física intensa, incluyendo actividades de fortalecimiento muscular dos o más días por semana.
  • Mayores con poca movilidad: deben realizar actividades físicas variadas y con diversos componentes, que hagan hincapié en el equilibrio funcional y en un entrenamiento de la fuerza muscular moderado o de mayor intensidad, tres o más días a la semana, para mejorar la capacidad funcional y prevenir las caídas.

LaSexta/ Noticias/ Sociedad

10 argumentos para desmontar la absurda moda “sin gluten”

20minutos / La Sexta Noticias

¿Padeces enfermedad celiaca? ¿Has sido diagnosticado con intolerancia al gluten? En ese caso, eliminar esta proteína de tu dieta no es una opción. Se calcula que el 1% de la población está en este grupo, aunque la cifra posiblemente sea mayor dado que existe un gran número de casos sin detectar.

¿Pero qué ocurre con las personas que no sufren esta intolerancia y están convencidas de que eliminar el gluten de su alimentación es una buena idea? Pues que son víctimas de una absurda moda promovida por charlatanes, vendehúmos, famosos desinformados e iluminados intentando hacer negocio con la salud.

Mentira-gluten-portadaAsí de claro y duro se muestra Alan Levinovitz, autor de La mentira del gluten, recién editado en castellano por Planeta, y que desmonta los mitos que han convertido a esta proteína en el nuevo enemigo número uno de la alimentación para muchas personas.

“Prescindir del gluten no es divertido. No es el nuevo modo de perder peso. No es lo que la evolución nos dice. No existe ninguna prueba concluyente de que prevenga el cáncer, el Alzheimer o el autismo. Puede conducir a desórdenes alimentarios y puede ocasionar que empieces a manifestar síntomas que antes no existían”, alerta el autor. Y deslegitima, además, la verdadera enfermedad celiaca que muchos pacientes sufren.

Y para desmontar esta nueva moda -muchas veces alimentada por los propios medios de comunicación- nada mejor que repasar los argumentos que Levinovitz expone en esta recomendable obra. A modo de aperitivo, aquí van algunas pistas que merece la pena tener a mano para cuando toque salir en defensa del gluten.

1. A mi me funciona. Mantra omnipresente de dietas y medicinas alternativas, La mentira del gluten deja las cosas claras con un principio básico que habría que tener siempre presente: “Los testimonios personales por si mismos no establecen la eficacia de un medicamento o una dieta”.

2. El guión de siempre. Ahora es el gluten, ayer la grasa y antes fue el glutamato monosódico. Culpar a un producto de los males alimenticios del mundo, señalarlo como responsable de numerosas enfermedades, desatar la histeria y comenzar a ver etiquetas que presumen de no contener ese nuevo diablo es parte del guión habitual de estas historias. Tampoco pueden faltar insinuaciones sobre la vinculación y los oscuros intereses de la industria, claro.

3. El mito. La alimentación siempre ha tenido una relación muy próxima a los mitos y la religión. De hecho, la mala fama de los cereales se remonta a un cuento sobre ciertos monjes taoístas que rechazaban su consumo y vivían centenares de años, recuerda el autor de libro. Detrás de esta idea no hay nada nuevo, el viejo cuento de la vuelta al paraíso pasado frente a los riesgos de los alimentos nuevos.

4. Las cifras. Centrándose en el caso de Estados Unidos, 1 de cada 100 personas padece enfermedad celiaca. A esta cifra habría que sumar los casos no diagnosticados y la intolerancia al gluten, pero con todo sorprende comprobar que, en recientes encuestas, 1 de cada 3 personas estaría dispuesta a eliminar el gluten de su dieta. Está claro que la maquinaria de comunicación de los apóstoles del anti-gluten y sus negocios funciona mejor que la ciencia a la hora de tumbar mitos.

5. El miedo. Todo villano tiene que dar miedo. Y el gluten, según muchos autores, es un gran malvado. William Davis y David Perlmutter son dos de los principales impulsores e ideólogos del antigluten, relacionando el consumo de cereales con todo tipo de enfermedades: déficit de atención, cáncer de mama, esquizofrenia, o pechos en los hombres. “Cada vez que comes pan te estás envenenando con una toxina más peligrosa y adictiva que la cocaína”, llegaron a escribir.

6. Respuestas fáciles a problemas complejos. Es una de las mejores armas de la llamada mala ciencia, de las dietas y de la medicina alternativa: dar una respuesta muy simple a un problema complejo. “Las curas milagrosas no existen y las respuestas no son fáciles”, recuerdan en este libro. ¿Pero quién puede resistirse a escuchar y creer un “deja el gluten” como solución a todo tipo de problemas y síntomas para los que no hay una respuesta concreta? De hecho -recuerdan en La mentira del gluten– algunos autores y defensores de esta dieta pasaron por malas experiencias a causa de celiaquías no diagnosticadas. En su caso dejar el gluten fue la solución y les salvó la vida, pero de ahí a aplicar ese tratamiento para todo hay una gran diferencia.

7. Los síntomas. El libro recuerda un fenómeno tan sorprendente como real: las personas expuestas a mucha información y alertas sobre el potencial peligro de algo pueden llegar a presentar síntomas de una enfermedad aunque no la padezcan o hayan sido expuestas a la causa. Cuando ocurre de forma generaliza ante, por ejemplo, una crisis alimentaria o una intoxicación, se conoce como enfermedad psicogénica masiva. Y si somos capaces de mostrar esta especie de falsos síntomas, por supuesto adoptar la que creemos la solución acabará con ellos. Dicho de otro modo, si estamos convencidos de que el gluten nos está haciendo mal, dejar el gluten nos “curará”.

8. Que vienen los famosos. No hay dieta que se precie ni moda alimentaria que no cuente con unos cuantos famosos ejerciendo de apóstoles. La popularidad de los alimentos sin gluten se dispara en 2010 cuando se apuntan Oprah, Victoria Beckham o Gwyneth Paltrow, entre muchos otros. Miley Cyrus llegó a tuitear: “Todos deberíamos evitar el gluten durante una semana. El cambio en tu piel y en tu salud física y mental es asombroso”.

9. Una dieta peligrosa. Mención aparte merecen los que defienden que prescindir del gluten es una buena idea para adelgazar. Igual que cualquier otra dieta de eliminación es peligrosa, alerta el autor. “La ansiedad por lo que se come puede producir los mismos síntomas que se le atribuyen a la sensibilidad al gluten. Satanizar la comida puede contribuir al desarrollo de desordenes alimentarios”.

10. Un buen diagnóstico. Ponerse en manos de los médicos y rehuir de los alergólogos no tradicionales de diagnóstico fácil y rápido es el único camino seguro. “No más gluten, no más lácteos… Cuando te dices esas cosas a ti mismo es una profecía que se autocumple”, explica Levinovitz.