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María, la galleta, se pone a dieta

octubre 6, 2017

Hay ‘marías’ con el doble de grasas que otras, pero eso se va a acabar en Portugal

El País, por Javier Martín del Barrio

Nada parecen tener en común un escocés con su kilt a cuadros y un indio con su blanco dhoti, pero algo tienen: la humilde galleta María. En las tiendas de sus países y en las de casi todo el mundo se encuentra tan universal producto. El problema es que las marías son iguales de nombre, pero absolutamente diferentes de cuerpo. Y en Portugal quieren acabar con el desbarajuste.

Siempre con curvas, pero unas morenazas y otras tirando a paliduchas, unas regordetas y otras anoréxicas, el Instituto Nacional de Salud Ricardo Jorge ha ido más allá del aspecto externo de las marías portuguesas y ha analizado el interior. Su sorpresa ha sido encontrarse que unas marías tienen el doble de grasa que otras sin aparente motivo. El instituto, preocupado por la creciente obesidad de los niños y de la población en general, ha remitido al Gobierno su recomendación de que legisle sobre la grasa máxima que debe tener una maría.

Los investigadores se fueron al supermercado y escogieron varias marcas de galletas María, con gluten y sin él, con azúcar sin ella, pero al final comprobaron que el mismo producto tiene unas diferencias dietéticas abismales, que algunos fabricantes emplean el doble de sal y de grasas saturadas —que aumentan los riesgos cardiovasculares de las personas— para acabar vendiendo una maría. En su estudio con siete marcas, la proporción de grasa encontrada iba de los 8,73 gramos por cada 100 a los 19,5 gramos.

El INS advierte al Gobierno de que es posible producir la misma maría con mejor calidad nutritiva y le pide que “establezca metas que permitan la reformulación gradual de estos alimentos”.

La recomendación no caerá en saco roto, pues el Gobierno ha emprendido una lucha contra los malos hábitos alimenticios, por pequeña que parezca. Empezó por recomendar a la restauración reducir el azúcar incluido en los sobrecitos del café de 8 a 5 gramos; a principios de año, aumentó los impuestos sobre los refrescos con azúcar (su consumo ha caído un 25%) y este curso escolar comienza con máquinas expendedoras de comida, en las que faltan los artículos con excesos de calorías, de sal o de azúcar; además, en todos los comedores públicos de hospitales y organismos oficiales es obligatorio incluir una opción de menú vegetariano.

Así que más pronto que tarde la mítica galleta —creada por una pastelería londinense en 1874 para la boda de Alfredo I, hijo de la reina Victoria, con Maria Aleksandrovna, hija del zar de Rusia—, se va a poner a dieta; al menos maría la portuguesa.

 

La sorprendente razón por la que no debes saltarte el desayuno

octubre 5, 2017

No comer por la mañana se ha asociado tradicionalmente a una mayor tendencia a engordar. Sin embargo, un estudio español añade un nuevo y preocupante inconveniente

El Confidencial
En el ajetreo de la mañana, algo se te olvida. Has apurado al máximo para permanecer más y más tiempo entre las sábanas. La ducha, fugaz. Y ya saliendo por la puerta, con la prisa haciéndose notar, echas en falta algo en tu rutina mañanera. Tan importante no será, dices, y luego llegan los retortijones de estómago. El hambre se abre camino, pero tú aguantas hasta la hora de la comida, quizá con un solitario café a mediodía, sin saber que, en efecto, el desayuno es la comida más importante del día, no solo para adelgazar o para tener más energía, sino también para prevenir enfermedades cardiovasculares.

Saltarse el desayuno se ha asociado tradicionalmente con una mayor tendencia a engordar y a tener niveles de colesterol más altos. Sin embargo, un nuevo estudio español, publicado en el ‘Journal of American College of Cardiology’, lo ha relacionado con las primeras etapas de la aterosclerosis, es decir, la acumulación de placa en las arterias que, a la larga, puede causar problemas graves como el ataque cardíaco o accidentes cerebrovasculares.

El estudio, realizado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) en colaboración con el Banco Santander, analiza los hábitos dietéticos de más de 4.000 españoles, tanto hombres como mujeres, de 40 a 54 años y todos ellos trabajadores de banco. Los investigadores recogieron toda la información sobre rutinas y alimentos de los voluntarios y estos se dividieron en tres grupos, según la cantidad de calorías que ingerían por la mañana: menos del 5% del total diario, entre el 5% y 20% y más del 20%.

Placa en las arterias

Tan solo un 3% de las personas cumplía el perfil de la primera categoría. Es decir, una minoría se saltaba por completo la primera comida del día o solo tomaba un café rápido. La mayoría, alrededor del 69%, se enmarca en el segundo grupo: desayunos bajos en calorías (acompañaban el café con una tostada o pastel). Por último, el 28% restante empieza la jornada con una comida sana y sustancial: productos integrales, proteínas, grasas, frutas y pocos cereales refinados o azúcares añadidos.

La investigación relaciona a aquellos que se saltan o escatiman en el desayuno con varios factores de riesgo. Son 2,5 veces más propensos a desarrollar aterosclerosis generalizada, pues sus arterias mostraban signos tempranos de placa (compuesta por grasas, colesterol, calcio y otras sustancias que limitan el flujo de sangre rica en oxígeno), en comparación con aquellos que eran generosos con el almuerzo. Además, su cintura era, por lo general, más ancha y presentaban un índice de masa corporal más alto, y lo mismo ocurría con sus niveles de presión arterial, de colesterol y de glucosa en ayunas.

No obstante, aunque el estudio demuestre una clara tendencia, no justifica una relación causa-efecto directa. De hecho, los autores, entre ellos el cardiólogo Valentín Fuster, señalan que las personas que se saltan el desayuno suelen tener estilos de vida menos saludables en general, como, por ejemplo, peores dietas o un mayor consumo de alcohol y tabaco. Asimismo, como son más propensos a tener sobrepeso, es posible que no tomen esa primera comida del día como una estrategia para bajar de peso. Es, en definitiva, el pez que se muerde la cola.

Más hambre durante el resto del día

Pero incluso cuando los autores ajustan todos estos indicadores (el consumo de alcohol, tabaco y el sobrepeso), la tendencia sigue siendo clara: “Todo parece sugerir que saltarse el desayuno podría ser uno de los factores de riesgo que se agrupan en torno a la aparición temprana y al desarrollo de la aterosclerosis”. Asimismo, un editorial, realizado por investigadores de la Universidad de California y el National Heart, Lung and Blood Institute, que acompaña al estudio asegura que puede causar desequilibrios hormonales y alterar los ritmos circadianos (cuyos descubridores acaban de ganar el Nobel de Medicina) y también a que la gente coma más calorías y alimentos menos saludables durante el resto del día.

“El importante mensaje de este estudio, como señalan los autores, es que saltarse la primera comida del día nos sirve como un indicio claro de una dieta y un estilo de vida pobres, vinculados con la aterosclerosis”, escribieron en el editorial. En este sentido, recomiendan fomentar desde la infancia el hábito de comer un desayuno regular, abundante y nutritiva que “frene el tsunami” inminente de diabetes y trastornos cardiovasculares.

Adelgazar mejora la calidad del sueño

agosto 3, 2017

Estudios demuestran que el sueño y la obesidad están muy relacionadas

El Observador

Perder peso, sobre todo reducir el abdomen, mejora en un 20% la calidad del sueño y reduce la incidencia de la apnea, reveló un estudio reciente realizado en Estados Unidos, por lo que el endocrinólogo argentino Alejandro García señaló que corregir el sobrepeso y respetar ciertos horarios a la hora de dormir son medidas fundamentales para conseguir un buen descanso.

“Parece ser que obesidad y calidad del sueño están muy relacionadas, ya que dormir mal disminuye la acción de la leptina, hormona reguladora de la saciedad, y aumenta la concentración de la grelina -hormona del hambre-, responsable del aumento de la ingesta”.

En ese sentido, el estudio de la Universidad de Berkeley (California, Estados Unidos) detectó que tras una mala noche aumenta la necesidad de comer durante el día, y especialmente las ganas de ingerir “comida basura”.

“Hay gran cantidad de información que describe las alteraciones del sueño asociadas a obesidad, tales como apneas, insomnio o el síndrome de las piernas inquietas, y a su vez muchas de esas patologías tienen una correlación directa con eventos cardiovasculares graves o accidentes cerebrovasculares”, detalló García.

Puntualmente, el estudio demuestra que la privación de sueño lleva a elegir alimentos más calóricos, lo que sumado a la alteración hormonal antes mencionada lleva a desarrollar obesidad o tener dificultad para bajar de peso.

“Es indispensable por lo tanto cambiar hábitos de vida que ayuden a darle sustentabilidad al esfuerzo que significa perder peso, como la actividad física y el correcto descanso del individuo”.

Pero si bien los estudios demuestran que en una persona con sobrepeso u obesidad perder kilos y masa grasa es importante, también lo es tener una conducta ordenada en cuanto a los horarios para ir a dormir.

“Las recomendaciones dependen de cada alteración en particular, pero a aquellas personas que les cuesta conciliar el sueño se les recomienda por lo general no ingerir bebidas estimulantes después de las 18 (como café, té, mate, bebidas colas o cacao), dormir en un lugar tranquilo o darse un baño caliente antes de acostarse”, detalló.

El especialista advirtió por último que si se presentan síntomas como ronquidos excesivos, cefaleas, poca libido o apetito sexual o boca seca al levantarse se debe consultar a un especialista. “El médico de cabecera o un experto en trastornos del sueño pueden ser de gran ayuda, ya que son problemas cuyo tratamiento mejora notablemente la calidad de vida de quienes los padecen”, afirmó.

Pequeños cambios en la dieta pueden reducir hasta un 17% el riesgo de mortandad

julio 24, 2017
  • Algunos ejemplos: sustituir diariamente las carnes rojas y procesadas por frutos secos y legumbres o las bebidas azucaradas por frutas y verduras.
  • Es uno de los resultados de un estudio sobre la relación entre longevidad y dieta alimenticia.
  • Más de 100.000 personas han sido estudiadas durante más de 30 años.EFE, 20 minutos

Pequeños cambios en la dieta alimenticia, como sustituir diariamente las carnes rojas y procesadas por frutos secos y legumbres o las bebidas azucaradas por frutas y verduras, pueden reducir entre un 8 y un 17 por ciento el riesgo de mortalidad en la persona.

Esta relación entre cambios en la dieta y longevidad se demuestra por primera vez en un estudio longitudinal y de amplia envergadura realizado por Mercedes Sotos-Prieto, ya que abarca una muestra de más de 100.000 personas estudiadas durante más de 30 años y continua con el seguimiento en la actualidad.

Sotos-Prieto, doctora en Epidemiología Nutricional y Salud Pública por la Universitat de Valencia (premio extraordinario) y premio nacional en las carreras de Nutrición Humana y Dietética y Ciencia y Tecnología de Alimentos, ha asegurado que este estudio supone una “oportunidad única” porque permite “estudiar cambios dinámicos en el tiempo”.

El estudio, dirigido por Sotos-Prieto en la Escuela de Salud Publica de Harvard y publicado en la revista New England Journal of Medicine, concluye que pequeños cambios en la dieta están asociados con la reducción de entre un 8 y un 17 por ciento de la mortalidad total, independientemente de otras variables como la actividad física o dejar de fumar.

Para su elaboración, Sotos-Prieto estudió la asociación entre cambios en la calidad de tres patrones de dieta durante doce años (1986-1998) y su asociación con la mortalidad total en los subsecuentes 12 años (1998-2010) en una muestra de cerca de 48.000 mujeres y unos 25.000 hombres.

El estudio ha demostrado que en las personas que tenían una mala alimentación durante los primeros años de investigación y mejoraron su dieta en los años posteriores disminuyeron significativamente su riesgo mortalidad.

“Si aumentamos un 20% la calidad de la dieta, hemos encontrado que se disminuye el riesgo de mortalidad total entre el 8 y el 17% dependiendo del índice de dieta estudiado”, ha asegurado Sotos-Prieto.

En este sentido, ha explicado que un 20% de aumento de la calidad de la dieta se puede alcanzar, por ejemplo, sustituyendo el consumo de carne roja procesada por el consumo de frutos secos y legumbres a una ración diaria.

“No hace falta adherirse a una dieta mágica, sino tener un equilibrio nutricional, porque pequeños cambios mantenidos en el tiempo pueden tener un gran impacto a largo plazo, mejorando la longevidad”, ha afirmado la investigadora albaceteña, que ha añadido que “nunca es tarde para mejorar la dieta”.

De hecho, ha agregado, la gran mayoría de los participantes en el estudio eran de mediana edad, lo que significa que “nunca es tarde para mejorar tu dieta y conseguir un beneficio”.

Según ha señalado, en España hay un alto consumo de cereales refinados, “cuyo consumo se ha asociado a mayor riesgo de diabetes o enfermedades cardiovasculares”. “Hay que concienciar a la gente de la importancia de cambiar los cereales refinados por cereales integrales (pan, arroz o pasta integral)”, ha apostillado.

Las dietas milagro fracasan

La nutricionista también ha abogado por abandonar las “dietas milagro”, ya que cualquier dieta que no se pueda mantener en el tiempo “es un fracaso”.

Según Sotos-Prieto, las últimas recomendaciones de las guías dietéticas de Estados Unidos reconocen la importancia de distintos patrones de dieta, entre ellos la Mediterránea y la dieta DASH (elaborada en EEUU para disminuir la hipertensión arterial), patrones estudiados en esta investigación.

“Queremos demostrar que aunque hay distintas dietas, no importa el nombre si comparten características saludables como el consumo de frutos secos, legumbres, ácidos grasos saludables (como el aceite de oliva virgen extra o el omega 3 del pescado), cereales integrales, frutas y verduras”, ha concluido.

Horarios regulares para prevenir la obesidad infantil

mayo 10, 2017
El estudio asocia la rutina con un desarrollo saludable

El Observador
Un estudio de la Universidad Estatal de Ohio en Estados Unidos muestra que no tener horarios fijos de sueño en edad preescolar es un factor de riesgo de obesidad a los once años.

El estudio no solo hace referencia a la hora de acostarse, sino también a los horarios de comidas y al control de las horas frente a las pantallas, y menciona que la regularidad en este sentido mejora la salud emocional del niño en edad preescolar, reduciendo, por lo tanto, el riesgo de sufrir obesidad durante su pre adolescencia.

La principal autora del trabajo, Sarah Anderson afirma: “Este estudio proporciona más pruebas de que las rutinas para los niños en edad preescolar están asociadas con su desarrollo saludable y podrían reducir la probabilidad de que estos niños sean obesos”.

El mencionado estudio, publicado en la International Journal of Obesity, sería el primer trabajo en analizar las conexiones que existen entre las rutinas de la primera infancia y la autorregulación, con los problemas de peso en los años pre-adolescentes.

La investigación consistió en evaluar tres rutinas a los tres años de edad: horarios regulares para acostarse, horarios regulares para comer, y limitación del tiempo frente a las pantallas a una hora diaria o menos.

De todo el grupo de niños de 3 años analizado, se concluyó que el 41% tenía horarios regulares para irse a la cama, el 47% para comer, y el 23% tenía limitado el tiempo de pantallas a una hora o menos por día. Asimismo, se vio que, a los 11 años, el 6% de estos niños eran obesos.

Se les realizaron preguntas a los padres de los niños acerca de la facilidad con la que los mismos se frustraban o se excitaban, y se vio que las tres rutinas de los hogares se asociaban con una mejor autorregulación emocional. Los niños con menos autorregulación tienen mayor probabilidad de ser obesos en un futuro a corto plazo.

“Vimos que los niños que tenían más dificultades con la regulación de la emoción a los 3 años también eran más propensos a ser obesos a los 11 años”, afirmó la autora.

Otro resultado que arrojó el estudio fue que la ausencia de una hora regular para ir a acostarse en la etapa preescolar era un predictor independiente de la obesidad a los 11 años.

Los niños con obesidad tienen un riesgo cuatro veces superior de desarrollar diabetes tipo 2

abril 26, 2017

El 20% de los niños de nuestro país tiene sobrepeso y el 10% es obeso, por lo que es necesaria una mayor inversión en medidas para prevenir el desarrollo de la diabetes

ABC
Lejos de ser un problema meramente ‘estético’, la obesidad es una enfermedad muy grave y asociada al desarrollo de patologías potencialmente mortales como las cardiovasculares, la diabetes o el cáncer. Un aspecto muy a tener en cuenta no solo en los adultos, cuya prevalencia global de obesidad se ha duplicado en poco más de tres décadas hasta alcanzar el 13% –o lo que es lo mismo, más de 600 millones de personas–, sino sobre todo en los niños, que ya llevan arrastrando las consecuencias de esta enfermedad desde la infancia. De hecho, un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del King’s College de Londres (Reino Unido) demuestra que, comparados con aquellos con índice de masa corporal (IMC) normal, los niños con obesidad tienen un riesgo hasta cuatro veces superior de desarrollar diabetes tipo 2 durante los primeros años de su etapa adulta.

Como explica Ali Abbasi, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of the Endocrine Society», «dado el rápido aumento de la prevalencia de obesidad y sobrepeso, la cifra de niños y adultos jóvenes diagnosticados de diabetes ha crecido notablemente en Reino Unido desde el inicio de la década de los años 90. Y en este contexto, y comparados con sus homónimos con un peso normal, los niños con obesidad presentan un riesgo cuatro veces mayor de ser diagnosticados de diabetes a la edad de 25 años».

Epidemia creciente

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los historiales médicos, y muy especialmente los datos referidos al IMC y a las enfermedades metabólicas, de 369.362 menores británicos con edades comprendidas entre los 2 y los 15 años.

Los resultados mostraron que 654 de los niños y adolescentes participantes en el estudio habían sido diagnosticados de diabetes tipo 2 entre los años 1994 y 2013. Y lo que es más importante, que la tasa de niños que desarrollaron la enfermedad, de ‘solo’ seis nuevos casos por cada 100.00 niños entre los años 1994 y 1998, se elevó hasta los 33 nuevos casos por cada 100.000 infantes durante el periodo 2009-2013. Un incremento de la incidencia de diabetes que, simple y llanamente, se explica por el aumento de la prevalencia de obesidad en Reino Unido.

Como refiere Ali Abbasi, «la diabetes conlleva una enorme carga para la sociedad dado que la enfermedad es cada vez más común y más costosa de tratar. Las estimaciones actuales indican que uno de cada 11 adultos padece diabetes tipo 2, lo que supondría una cifra global cercana a los 415 millones de personas. Y dado que tanto la diabetes como la enfermedad se pueden prevenir desde los primeros años de vida, esperamos que nuestros resultados, conjuntamente con los alcanzados en otras investigaciones, motivarán al público y a los decisores políticos a implicarse e invertir en esfuerzos para la prevención de la diabetes».

Diabetes tipo 2, no tipo 1

Finalmente, los resultados también mostraron que 1.138 niños fueron diagnosticados de diabetes tipo 1 durante el periodo 1994-2013. Sin embargo, y contrariamente a lo sucedido en el caso de la diabetes tipo 2, los autores no hallaron ninguna relación entre la diabetes tipo 1 y la obesidad. Un resultado esperable dado que la diabetes tipo 1 es el resultado de una enfermedad autoinmune subyacente.

En definitiva, el exceso de peso aumenta, y mucho, el riesgo de que los niños acaben desarrollando diabetes tipo 2. Un aspecto muy a tener en cuenta dado que, ya a día de hoy, hasta un 20% de los niños españoles presenta sobrepeso y un 10% es obeso.

La bollería, culpable de la obesidad infantil en aumento en España

diciembre 22, 2016

Y los malos hábitos, como no desayunar

En pocas décadas nuestro país ha pasado de la escasez a la sobrealimentación. Un nuevo estudio vuelve a poner de manifiesto los problemas de la bollería industrial

El Confidencial

imagen-sin-tituloLos ‘desayunos saludables’ en los colegios han cambiado a mejor la rutina de millones de niños españoles y ya no es habitual que consuman bollos en horario escolar. La medida es importante, dado que la obesidad es una auténtica epidemia de los países desarrollados. En el nuestro la prevalencia es preocupante: un 26,2% de los niños entre seis y nueve años tiene sobrepeso y el 18,3% son obesos, si usamos los estándares de crecimiento de la OMS. Sin embargo, no es la franja más problemática. A partir de 7 años, el problema aumenta considerablemente.

Uno de los motivos puede ser el poco tiempo que los adultos tienen para encargarse de comprar y cocinar, con padre y madre trabajando a jornada completa en muchos casos. Las familias uniparentales o de padres separados, cada vez más frecuentes, complican también el presupuesto para comida, y ayudan a caer en círculos viciosos. Superados y con miedo a no satisfacer las necesidades de los hijos, los padres tienen problemas para negarles un capricho dulce o un premio en forma de aperitivo aceitoso en el rato en que sí disfrutan de su compañía.

Desayunar bollos

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, a través de la Estrategia Naos (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad), coordinada por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan), ha presentado el estudio Aladino para vigilar el “crecimiento, alimentación, actividad física, desarrollo infantil y obesidad” en 2015, y la industria de la bollería sale muy mal parada.

Para recabar los datos han contado con la colaboración de administraciones públicas de educación y sanidad de las comunidades autónomas, colegios, directores y profesores, asociaciones de padres y familias, y han usado datos de 10.899 niños en total. Han comprobado que, tras muchos años de tendencia creciente (más prevalencia de la obesidad cada vez), la situación empieza a invertirse en el rango de los seis a los nueve años de edad, como se ha observado en otros países.

Estas edades son críticas, y se presta especial atención a ellas porque, como puso de manifiesto la iniciativa COSI (“WHO European Childhood Obesity Surveillance Iniciative”), a la que España se adhirió desde el principio, en esta etapa los posibles cambios debidos a la pubertad son mínimos, de forma que los datos son más útiles para buscar patrones generales y valorar cómo intervenir para prevenir la obesidad y educar en los mejores hábitos de vida para su futuro.

Se han tenido en cuenta peso y medidas, respuestas a cuestionarios en colegios y casas y se ha hecho un análisis estadístico, teniendo en cuenta también datos de los niños nada más nacer y de su primer año de vida. Las medidas a favor de la lactancia materna, con formación en hospitales, talleres públicos y sobre todo el consejo directo de matronas y pediatras, han hecho que sean ya un 76% de familias del estudio las que indican que el niño recibió este tipo de alimentación, la más recomendada en los primeros meses de vida.

solo-de-vez-en-cuando-istockAunque la mejora de este año en la prevalencia de obesidad infantil es una buena noticia, hay que seguir trabajando sobre todo en estas claves, que estadísticamente están relacionadas con mayor peligro:

  • Malos hábitos de alimentación.
  • Falta de ejercicio físico.
  • No desayunar a diario. El 15,5% de los niños consultados respondieron que habían tomado solo agua, leche o zumo. Además, aún son una pequeña minoría los que toman fruta o zumo natural a primera hora: un 8,4%. Un 6,4% tomaron otros alimentos, como huevos o jamón, mientras que un 12,3% comieron bollería.
  • Tener televisión, ordenador o videojuegos en su habitación.
  • Usar estos dispositivos más de dos horas diarias.
  • Dormir poco.
  • Bajo nivel de ingresos familiares.
  • Bajo nivel educativo de padres y madres.

En un estudio de octubre de este mismo año, la OMS concluyó que los refrescos azucarados son la primera causa de obesidad infantil. Entre las recomendaciones de la organización internacional estaba aumentar los impuestos a estos productos. El estudio Aladino viene a negar la importancia de ese factor en nuestro país: según estos nuevos datos los niños no consumen refrescos azucarados a diario.

Muchos padres solo dan a sus hijos refrescos en cumpleaños y fechas especiales, pero les ofrecen bollería para merendar de forma habitual o galletas para desayunar cada mañana.

El 53% de los niños encuestados dijo que no los tomaban nunca; el 31% lo hacía una vez a la semana o menos; el 12,1% entre uno y tres días; y solo un minúsculo 0,8% lo hacía cada día. En cambio, las galletas, pasteles, donuts o bollos son consumidos a diario por un 7,8% de los niños y hasta un 39% lo hace entre una y tres veces por semana.

Estas cifras convierten a la bollería en lo segundo que los niños toman más frecuentemente, solo después de frutas frescas, verduras o lácteos. El pescado, recomendado en mucha mayor medida por los nutricionistas, lo consumen menos. Los niños que toman pescado a diario son solo un 5%.

También es significativo el número de niños que nunca han tomado bollería. Son realmente muy pocos, solo el 8,7%, aunque es aún menor (4,7%) el de los que nunca han probado pizzas, patatas fritas o hamburguesas. ¿Y los refrescos azucarados? Más de la mitad de los niños del estudio no los han tomado nunca, un 53%.

Cómo reducir los efectos del alcohol con ejercicio

noviembre 16, 2016

El ejercicio regular podría reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con la sustancia

La Vanguardia, por Rocío Navarro Macias
el-ejercicio-ayuda-contra-la-resaca_istocklavanguardia-webExiste una larga lista de recetas populares que pretenden contrarrestar los efectos de la resaca. Desde complementos vitamínicos hasta ciertas comidas, son las herramientas que de forma cotidiana intentan minimizar el molesto estado. La cuestión es ¿alguna funciona?

Aunque según una revisión de estudios publicada en el British Journal of Medicine concluía que no existe ningún método efectivo para acabar con ella, un nuevo trabajo parece indicar que puede haber una vía para que su presencia sea lo menos invasiva posible.

Según indica una reciente investigación, sudar la camiseta podría ser el remedio contra la resaca y sus efectos a largo plazo.

Sudar contra el alcohol

El estudio de la Universidad de Sidney ha descubierto que incluso la actividad básica recomendada por semana (unos 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada) podría disminuir los efectos nocivos de la ingesta de alcohol.
“La práctica de ejercicio nos puede ayudar a eliminar las toxinas que se han acumulado en el organismo pues aumenta la velocidad de metabolización del alcohol”, apunta Jorge Martín Brañas entrenador personal del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Como comenta el especialista físico, cuando se consumen un par de copas o más, el hígado las metaboliza en acetato, un elemento residual utilizado por el cuerpo en lugar de las grasas como combustible. La práctica de ejercicio físico ayudaría al organismo a quemar más rápido el acetato y volver a la normalidad.

La mejor rutina anti-resaca

Para obtener beneficios el día después de haberse pasado con las copas no sirven las sesiones extenuantes. “Una sesión suave de cardio en el gimnasio o un paseo andando o en bicicleta al aire libre pueden ser una buena opción, siempre haciendo caso a nuestras sensaciones e hidratándonos muy bien”, recomienda Brañas.
Lo más importante estos días, según subraya Jorge es no sobrepasar la intensidad. “Si mantenemos esta premisa, estas rutinas activarán el metabolismo favoreciendo la eliminación de las sustancias tóxicas que sobran en el organismo”, manifiesta.

Entrenar contrarresta los síntomas

De vuelta a la investigación anterior, los científicos encontraron una relación directa entre el consumo de alcohol y el riesgo de mortalidad por cáncer. Sin embargo, el análisis de los resultados de los más de 36.370 participantes demostró que la asociación entre el consumo de alcohol y el riesgo de mortalidad fue atenuada entre los individuos que cumplían con las recomendaciones de actividad física.
“Hay que destacar una relación dosis-respuesta entre el consumo de alcohol y las muertes por cáncer, es decir, son directamente proporcionales. Pero este no es el caso entre personas físicamente activas”, comenta el autor del estudio Dr. Emmanuel Stamatakis en un comunicado.
Sin embargo, los investigadores alertan: “En ningún caso sugerimos que hacer ejercicio es una licencia para beber más alcohol, ya que el abuso de esta sustancia causa un daño en la salud y la sociedad significativo”, afirma Stamatakis.
Algo en lo que coincide Jorge: “El alcohol no es un buen aliado para nuestra salud ya que su consumo puede estar unido a enfermedades como la cirrosis, cáncer de hígado, deterioro de la función renal, disminución de la función sexual y cardiopatías”.

A veces, mejor descansar

Aunque los beneficios del ejercicio físico quedan constatados cuando se realizan de forma regular, existen ocasiones en las que es mejor dejar la sesión para otro día. Existe una larga lista de consecuencias como la desnutrición, mareos, diarrea y un largo etcétera que requieren sobre todo de reposo.

“Si tenemos síntomas como náuseas, diarrea y vómitos, lo ideal será quedarse en casa tranquilo e hidratarse hasta que desaparezcan”, cuenta Jorge.

¿Por qué engordamos después de las vacaciones? Consejos para perder esos kilitos de más

septiembre 9, 2016

¿Por qué casi siempre engordamos después de las vacaciones? Según un estudio en España, una de cada dos personas ha aumentado entre dos y cinco kilos después del periodo estival. Un experto en nutrición explica este aumento pero también da algunos consejos sencillos para regresar a nuestro peso habitual.
RFI, por Ivonne Sánchez


Se acabaron las vacaciones, regreso a clases, a la vida laboral, a la rutina. Y la báscula no perdona, mostrando los excesos que tuvimos durante este periodo. Esto que se intuía de manera general ha sido confirmado por un estudio llevado a cabo en España, cuyos resultados acaban de ser publicados por el Instituto Médico Europeo de la Obesidad, el IMEO.

Cambios de hábitos alimenticios, menor actividad física, más actividad social, son algunas de las razones que explican este aumento de peso. Rubén Bravo, experto en nutrición del IMEO explica por qué se sube de peso durante las vacaciones: “En verano se come menos, menos cantidad, porque el apetito baja, pero se come peor, se reduce mucho la calidad del alimento. En muchos casos, sobre todo en países donde hace calor,  se tiende más a comer fuera, a sentarse en una terraza, a la vida social”.

El estudio fue llevado a cabo entre junio y agosto en Madrid, con 204 encuestados, 69% de mujeres y 31 % de hombres. Casi la mitad de las personas (47%) descarta de antemano la posibilidad de estar a dieta en verano.

Varias situaciones evocadas para explicar este aumento de peso

Según los encuestados, que han marcado más de una respuesta, algunas de las situaciones particulares que impiden seguir una dieta saludable durante las vacaciones son: reuniones familiares y cenas tardías (prevalencia en un 42 % de las respuestas), chiringuitos y terrazas (33%), restaurantes de comida rápida (25 %), hoteles con bufet libre (16%) y fiestas regionales (9%). La disminución de la actividad física durante las vacaciones contribuye a este aumento.
 
Consejos para regresar al peso habitual

Bueno, pero no todo está perdido, Rubén Bravo da algunos consejos sencillos para perder esos kilitos de más acumulados durante las vacaciones de verano: “La recomendación más importante es ir a un especialista que nos proponga una dieta saludable y ajustada a nuestras características personales. No tenemos que pensar sólo en bajar kilos sino en mejorar nuestra forma de comer”.

Aumentar la actividad física, objetivo: 10.000 pasos al día

Es indispensable también retomar la actividad física, estima Rubén Bravo: “Ahora hay aparatos que miden los pasos, y la recomendación a nivel europeo es de 10.000 pasos por día. No hace falta ir al gimnasio para hacer esta actividad física, pero obligarnos un poco, como bajarnos una estación de metro antes, subir las escaleras, caminar en cualquier situación, en fin, intentar sumar a lo largo del día esos 10.000 pasos”.

Los 10.000 pasos recomendados también por la OMS equivalen a una hora de marcha o 7.5 kilómetros. Se pueden hacer por partes a lo largo del día y es una manera sencilla de mantenerse en actividad.

Entrevistado: Rubén Bravo, experto de nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) en España.

¿Son útiles las redes sociales para prevenir la obesidad?

julio 27, 2016

Un estudio concluye que, aunque no permiten una reducción sostenida de peso entre los jóvenes, sí podrían facilitar la pérdida de kilos limitados a corto plazo.

Con salud, por  Andrés Lijarcio

redes_sociales_obesidad_21072016_saludigitalLas cifras son alarmantes y en los últimos años no han hecho más que aumentar activando todas las alarmas. El sobrepeso y la obesidad son catalogadas como muchos especialistas como verdaderas epidemias del siglo XXI en países de todo el mundo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2014 había más de 1.900 millones de adultos de 18 o más años con sobrepeso, de los cuales, más de 600 millones eran obesos. En general, durante ese año alrededor del 13% de la población adulta a nivel mundial (un 11% de los hombres y un 15% de las mujeres) era obesa. En lo que respecta al sobrepeso, lo padecía el 39% de los mayores de 18 años.

En este contexto, la OMS pone de relieve que la prevalencia mundial de la obesidad se ha multiplicado por más de dos entre 1980 y 2014. Un año antes, en 2013, más de 42 millones de niños menores de cinco años de edad tenían sobrepeso. Si bien el sobrepeso y la obesidad eran considerados hace tiempo un problema propio de los países de ingresos altos, actualmente ambos trastornos aumentan considerablemente en aquellos países más humildes, sobre todo en los entornos urbanos. Por su parte, en los países en desarrollo con economías emergentes, el incremento porcentual del sobrepeso y de la obesidad en los niños han sido un 30% superior al de los países desarrollados.

Como consecuencia, estas complicaciones suponen un factor de riesgo importante de enfermedades como las cardiovasculares, principalmente cardiopatías y accidente cerebrovascular, que en 2012 fueron la causa principal de fallecimiento en el mundo; diabetes; trastornos del aparato locomotor, como osteoartritis; así como algunos cánceres entre los que destacan el de endometrio, el de mama y el de colon.

En lo que se refiere a los pacientes pediátricos, la obesidad infantil se asocia con una mayor probabilidad de obesidad, muerte prematura y discapacidad en la edad adulta. Pero además de estos riesgos futuros, los niños obesos sufren dificultad respiratoria, un mayor riesgo de fracturas e hipertensión, y presentan marcadores tempranos de enfermedad cardiovascular, resistencia a la insulina y efectos psicológicos.

LA INFLUENCIA DE LAS REDES SOCIALES

Ante este panorama, las nuevas tecnologías en general y las redes sociales en particular influyen significativamente en la forma en la que los usuarios anuncian métodos para adelgazar o formas “eficaces” de hacer ejercicio para conseguir el peso deseado. Como en todo, la información que se puede encontrar en este tipo de plataformas es muy variada y por lo tanto no toda es fiable.

Recientemente se ha publicado un estudio sobre el uso de este tipo de herramientas, así como de aplicaciones para móviles enfocadas a la pérdida de peso en adultos jóvenes con sobrepeso y obesidad. La investigación, llevada a cabo por especialistas del The National Heart, Lung and Blood Institute del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, y publicada en la revista científica The Lancet, concluye que este tipo de tecnologías “no permiten una reducción sostenida de peso entre los adultos jóvenes, aunque podrían facilitar la pérdida de peso limitado a corto plazo”.

chica_reduccion_peso_2_21072016_saludigitalEn redes sociales como Facebook o Instagram, normalmente las que cuentan con un mayor número de usuarios jóvenes se pueden encontrar numerosas experiencias de gente que expone a través de fotografías u otro tipo de contenido la manera en la que han perdido peso. Según este estudio, este tipo de imágenes o relatos no suelen influir significativamente en el usuario que también busca una solución a determinados problemas de sobrepeso.

HISTORIAS REALES Y VIRALES

La historia de Aubrey Johansen, una chica de 25 años, se ha hecho ya viral en las redes sociales más utilizadas en todo el mundo. Con sus fotos explica cómo llegó a pesar hace un tiempo hasta 159 kilos, un hecho que puso en jaque a su salud hasta tal punto que los médicos llegaron a alertarle que, si no bajaba de peso, sólo le quedarían alrededor de 15 años de vida.

Tras someterse a una operación esta paciente llegó a perder 72 kilos, sin embargo no está contenta con el resultado. Tras la reducción de peso a través de una intervención quirúrgica, Aubrey muestra cómo ha quedado su cuerpo ahora, caracterizado sobre todo por los excesos de piel después de la reducción de grasa. Aún así, independientemente del aspecto más estético, la joven reconoce sentirse ahora más enérgica y positiva que antes.

antes_despues_21072016_saludigitalEn este tipo de redes sociales es también común encontrar casos de personas que afirman haber conseguido un cuerpo atlético en un tiempo determinado animando a los usuarios a seguir sus métodos que, a priori, usaron para conseguirlo. En estos casos, los expertos recomiendan prudencia ante la credibilidad de determinadas historias usadas a menudo por marcas comerciales concretas que buscan un fin económico y lucrativo más allá de la concienciación saludable.

APPS ÚTILES CONTRA EL SOBREPESO

A pesar de la relativa influencia que este tipo de aplicaciones puedan tener sobre alguien con intención de prevenir problemas de salud relacionados con el sobrepeso o la obesidad, los especialistas destacan que en los últimos años el auge de determinadas apps saludables es beneficioso como complemento a los hábitos de vida sana que aconsejan para perder peso o mantenerse en forma.

Precisamente en torno a este tema, la oferta disponible de apps para dispositivos móviles es amplia y en ocasiones hace complicado al usuario conocer cuáles son las mejores. El ámbito de la mHealth se configura cada vez más como una fuente de herramientas eficaces para llevar a cabo una dieta sana y equilibrada, así como en una mejor realización de ejercicio físico.