El 95% de los alimentos para bebés probados en EE. UU. contienen metales tóxicos, según informe

CNN, por Sandee LaMotte

Metales pesados tóxicos que dañan el desarrollo cerebral de los bebés podrían encontrarse en los alimentos que le das a tus hijos, de acuerdo con una nueva investigación publicada el jueves.

Pruebas a 168 alimentos para bebés de los principales fabricantes de EE. UU. encontraron que el 95% contenía plomo, el 73% contenía arsénico, el 75% contenía cadmio y el 32% contenía mercurio. Una cuarta parte de los alimentos contenía los cuatro metales pesados.

Uno de cada cinco alimentos para bebés probados tenía más de 10 veces el límite de 1 ppb (partes por billón) de plomo respaldado por defensores de la salud pública, aunque los expertos coinciden en que ningún nivel de plomo es seguro.

Los resultados coincidieron con un estudio previo realizado por la Administración de Drogas y Alimentos que encontró uno o más de los mismos metales en 33 de los 39 tipos de alimentos para bebés analizados.

Los alimentos con el mayor riesgo de daño neurotóxico fueron los productos a base de arroz, las batatas y los jugos de frutas, según el análisis.

“Incluso en las pequeñas cantidades que se encuentran en los alimentos, estos contaminantes pueden alterar el desarrollo del cerebro y erosionar el coeficiente intelectual de un niño. Los impactos se suman con cada comida o merienda que ingiere un bebé”, dijo el informe.

Las pruebas fueron encargadas por Healthy Babies Bright Futures, que se autodenomina una alianza de científicos, organizaciones sin fines de lucro y donantes que intentan reducir la exposición a químicos neurotóxicos durante los primeros meses de vida.

Alimentos a base de arroz

El cereal de arroz infantil, los platos de arroz y los refrigerios a base de arroz encabezaron la lista de alimentos más tóxicos para los bebés.

“Estos alimentos populares para bebés no solo son ricos en arsénico inorgánico, la forma más tóxica de arsénico, sino que casi siempre están contaminados con los cuatro metales tóxicos”, dijo el informe.

Investigaciones anteriores han demostrado que incluso niveles bajos de exposición al arsénico pueden afectar el desarrollo neurológico de un bebé. Un estudio de 2004 analizó a niños en Bangladesh que estuvieron expuestos al arsénico en el agua potable y descubrió que obtuvieron puntajes significativamente más bajos en las pruebas intelectuales. Un metaanálisis de estudios sobre el tema encontró que un aumento del 50% en los niveles de arsénico en la orina se asociaría con una disminución de 0,4 puntos en el coeficiente intelectual de los niños entre las edades de 5 y 15 años.

El arsénico es un elemento natural que se encuentra en suelo, agua y aire, siendo la forma inorgánica la más tóxica. (“Inorgánico” es un término químico y no tiene nada que ver con el método de cultivo).

Debido a que el arroz se cultiva en agua, es especialmente bueno para absorber arsénico inorgánico y, según la Administración de Drogas y Alimentos, tiene la concentración más alta de cualquier alimento.

Y en este caso, el arroz integral y el salvaje son los peores, porque el proceso de molienda utilizado para crear arroz blanco elimina las capas externas, donde se concentra gran parte del arsénico.

Y tampoco puedes confiar en lo orgánico. Un estudio de 2012 encontró que el jarabe de arroz integral, un edulcorante frecuente en los alimentos orgánicos, también era una fuente de niveles significativos de arsénico. Una fórmula de leche “orgánica” comercializada para niños pequeños tenía niveles de arsénico inorgánico que eran seis veces los niveles considerados actualmente seguros por la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU.

En el análisis de Healthy Babies, cuatro de siete cereales de arroz contenían la forma más tóxica de arsénico en niveles superiores al nivel de acción propuesto por la FDA de 100 ppb.

Se necesitan medidas

Se necesitan medidas urgentes por parte de las principales compañías de alimentos para bebés y la FDA, según el informe. Si bien la FDA ha estado investigando cómo reducir la exposición y algunos niveles de arsénico en el arroz y el jugo son más bajos que hace una década, la exposición aún es demasiado alta.

“Cuando la FDA actúa, las empresas responden. Necesitamos que la FDA use su autoridad de manera más efectiva y mucho más rápida para reducir los metales pesados tóxicos en los alimentos para bebés”, dijo la autora del estudio Jane Houlihan, directora de investigación de Healthy Babies Better Futures, en un comunicado.

¿Qué pueden hacer los padres?

El análisis revisó qué alimentos para bebés tienen el mayor riesgo y ofreció alternativas más seguras.

Bocadillos y cereales de arroz inflado

El cereal de arroz es la principal fuente de arsénico en la dieta de un bebé porque a menudo se usa como primer alimento; los bocadillos de arroz y otros refrigerios de harina de arroz también contienen altos niveles. Healthy Babies sugirió cereales bajos en arsénico, como avena y cereales multigrano, y bocadillos envasados sin arroz.

La pediatra Tanya Altmann, autora de “What to Feed Your Baby” se hace eco de los consejos de la Academia Estadounidense de Pediatría, que aconseja a los padres que ofrezcan una amplia variedad de primeros alimentos, incluidos granos como avena, cebada, trigo y quinua.

“Los mejores primeros alimentos para bebés son aguacate, puré de verduras, avena con mantequilla de maní y salmón”, dijo Altmann. “Todos proporcionan nutrientes importantes que los bebés necesitan, ayudan a desarrollar sus papilas gustativas para preferir alimentos saludables y pueden disminuir las alergias alimentarias”.

Ella cree que las carnes son una mejor fuente de hierro y zinc para los bebés que el cereal de arroz, “así que no he recomendado el cereal de arroz como primer alimento en varios años”.

Si elige cocinar arroz para su niño pequeño, Healthy Babies recomienda cocinar arroz en agua extra y verterlo antes de comerlo. Dicen que eso reducirá los niveles de arsénico en un 60%, según estudios de la FDA.

“Para los niveles más bajos, compre arroz basmati cultivado en California, India y Paquistán. El arroz blanco tiene menos arsénico que el arroz integral”, dijo el informe.

Alimentos para la dentición

Las galletas para la dentición pueden contener arsénico, plomo y cadmio, según el informe. En cambio, alivia el dolor de tu bebé con plátanos congelados, un pepino pelado y frío o una toallita limpia y húmeda, pero asegúrate de que no se atragante.

Bebidas

El jugo es a menudo la bebida preferida para los padres, pero no es una buena opción, dice la Academia Estadounidense de Pediatría. Los jugos son ricos en azúcar, carecen de fibra y pueden contribuir a la caries dental y más tarde a la obesidad. Los jugos de manzana, pera, uva y otras frutas también pueden contener plomo y arsénico, por lo que su consumo frecuente es la principal fuente de estos metales pesados.

En cambio, los expertos dicen que el agua y la leche son las mejores opciones, dependiendo de la edad del niño. Los bebés menores de seis meses solo necesitan leche materna y fórmula. Las bebidas preferidas para el segundo año de vida de un niño deben ser agua y leche entera. Entre los 2 y 5 años, los padres deben pasar a la leche descremada o baja en grasa y seguir promoviendo el agua para hidratar a sus hijos.

A todas las edades, el jugo debe mantenerse al mínimo. Un consejo: agrega agua para que el jugo dure más y siempre asegúrate de que la bebida sea 100% jugo.

Frutas y verduras

Si bien las batatas y las zanahorias son excelentes fuentes de vitamina A y otros nutrientes clave, el informe encontró que también son ricas en plomo y cadmio. Continúa alimentando a tu hijo con estas verduras, pero asegúrate de agregar muchas otras frutas y verduras coloridas para agregar variedad.

El uso continuado de anticonceptivos orales puede causar obesidad a largo plazo

20 minutos / EFE

Especialmente cuando su uso es constante y se extiende durante periodos de más de dos años.

El uso continuado de anticonceptivos orales puede causar obesidad a largo plazo, según ha comprobado un equipo de investigadores españoles. Los resultados, además de aconsejar “cautela” en el uso de anticonceptivos orales, aportan, según el investigador Alfredo Gea, una información “importante” a las mujeres a la hora de tomar la decisión de usar estos fármacos.

Una mujer muestra un blíster con anticonceptivos orales. MEJOR CON SALUD

Además, los resultados están en línea con otros riesgos previamente identificados en otros estudios suecos y norteamericanos sobre diabetes, hipertensión, enfermedad coronaria y cáncer de mama, todas ellas asociadas a la obesidad.

Los expertos analizaron el riesgo de desarrollar obesidad en 4.920 mujeres jóvenes (con una edad media de 28 años) durante más de ocho años de seguimiento. Todas ellas, que inicialmente no padecían obesidad, se clasificaron en dos grupos, en función de si utilizaban o no de forma regular anticonceptivos orales, y el uso de anticonceptivos orales y el índice de masa corporal se evaluaron al principio y luego cada dos años durante el seguimiento.

Los resultados del estudio revelaron que el uso de anticonceptivos orales está “significativamente” asociado con mayores probabilidades de desarrollo de obesidad, especialmente cuando el uso de estos es constante y se extiende durante periodos de más de dos años.

Según Álvaro San Juan Rodríguez, investigador de la Universidad estadounidense de Pittsburgh y primer autor del trabajo, “se comprobó que, a igualdad de otros factores y de manera independiente de ellos, el riesgo de desarrollar obesidad durante los años sucesivos prácticamente se duplicaba en las mujeres que usaban regularmente anticonceptivos orales, y casi se triplicaba en las que los habían usado continuadamente durante más de dos años”.

El estudio ha sido realizado por científicos del Centro de Investigación en Red de Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), pertenecientes al Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, que han publicado sus conclusiones en la revista International Journal of Obesity.

Los 4 tipos de cáncer cuya principal causa es la obesidad

BBC News Mundo

Ser obeso ha superado al tabaquismo como la causa principal de cuatro tipos comunes de cáncer.

Cancer Research UK (CRUK), una fundación de investigación y divulgación en Reino Unido, concluyó tras una reciente investigación que los cánceres del intestino, riñón, ovario e hígado son probablemente más el producto del sobrepeso que del tabaquismo.

La organización advierte que millones de personas están en riesgo debido al exceso de peso y que los números de obesos sobrepasan a los de fumadores en razón de dos a uno.

Para resaltar la gravedad de los riesgos asociados con la obesidad, CRUK inició una campaña con una valla publicitaria que ha sido criticada porque se asemeja a las advertencias en las cajetillas de cigarrillos que pretenden frenar el consumo de tabaco.

CRUK no es la única entidad especializada que llama la atención sobre la relación entre el cáncer y el sobrepeso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el National Cancer Institute en Estados Unidos, entre otros, han hecho énfasis en esta relación.

Cancer Research UK dice que no está sugiriendo que la obesidad y el tabaquismo se pueden comparar directamente en términos del riesgo de cáncer. Ambos incrementan el riesgo.

Mientras que el sobrepeso y la obesidad causan unos 22.800 casos de cáncer al año en Reino Unido, comparados con 54.300 casos causados por fumar, la organización resalta cuatro tipos específicos de cáncer y sus causas:

  • Intestinal– Unos 42.000 casos nuevos; el sobrepeso u obesidad causan 4.800; el fumar 2.900
  • Renal– 12.900 en total; el sobrepeso u obesidad causan 2.900; el fumar 1.600
  • Hepático– 5,900 in total; el sobrepeso u obesidad causan 1.300 casos; el fumar 1.200
  • Ovárico– 7,500 in total; el sobrepeso u obesidad causan 490 casos al año; el fumar 25

Fumar continúa siendo la principal causa evitable del cáncer en su totalidad. La obesidad en la segunda, según CRUK.

Sin embargo, aunque el número de fumadores está disminuyendo, el de obesos va en aumento, algo que preocupa a los expertos en salud.

¿Cómo actúa la obesidad en términos del cáncer?

A pesar de que los vínculos entre la obesidad y el cáncer están bien establecidos, los mecanismos biológicos relacionados no están completamente entendidos.

Los Centros de Control de Enfermedades de EE.UU., explican que es difícil definir las causas de cáncer por obesidad porque la gente obesa puede presentar otros factores de comportamiento diferentes a su peso corporal.

El ser obeso o tener sobrepeso no significa que una persona definitivamente desarrollará cáncer, pero el riesgo sí se incrementa.

Y ese riesgo crece entre más peso gana la persona y más tiempo lo mantiene.

Las células grasas sobreproducen hormonas y factores de crecimiento que le informan a las células del cuerpo a dividirse con mayor frecuencia. Eso aumenta la posibilidad de que se produzcan más células cancerosas.

Los obesos frecuentemente tienen niveles crónicos de inflamación ligera que pueden, con el tiempo, dañar el ADN y generar cáncer.

Otros posibles mecanismos que pueden afectar el riesgo de cáncer incluyen cambios en las propiedades mecánicas de la estructura que rodea a las células mamarias y la alteración en la respuesta del sistema inmune.

De acuerdo a Cancer Research UK, hay 13 tipos de cáncer que están vinculados a la obesidad: • de mama (en mujeres posmenopáusicas) • intestinal • pancreático • del esófago • hepático • renal • de la parte superior del estómago • de la vesícula biliar • uterino • ovárico • de tiroides • mieloma múltiple (cáncer de la sangre) • meningioma (cáncer del cerebro)

Los vínculos entre la obesidad y el cáncer están solamente presentes en adultos, aunque un peso saludable también es recomendable en los niños.

Los resultados de la investigación de Cancer Research UK coinciden con un debate actual sobre el papel de las autoridades para reducir el problema de obesidad.

Según la profesora Linda Bauld, experta de CRUK, el gobierno debería tomar más medidas para controlar la obesidad, como la restricción de publicidad de alimentos poco saludables y de bebidas azucaradas, tal cual lo recomendó la Asociación Médica Británica.

“Mientras estamos muy conscientes de los riesgos asociados con fumar, se han hecho menos esfuerzos para hacerle frente a la obesidad, que se ha convertido en una de las principales causas de cáncer”, declaró Bauld.

La OMS, que también aboga por un impuesto a los alimentos y refrescos azucarados para disminuir su consumo, plantea una estrategia que abarque a varios sectores de la sociedad incluyendo familias, empresas alimenticias y agencias gubernamentales para combatir un problema que considera “epidémico” en muchas partes del mundo.

Uno de cada tres jóvenes en Madrid presenta obesidad abdominal

Agencia SINC

La tasa de sobrepeso y obesidad infantil y juvenil en España preocupa cada vez más. Un estudio realizado en centros escolares de la Comunidad de Madrid sitúa esa tasa en el 27,23 %. Sin embargo, es aún más alarmante el porcentaje que padece obesidad abdominal, la más grave y relacionada directamente con enfermedades cardiovasculares: un 35,17%.

El 27,23 % de la población infantojuvenil de la Comunidad de Madrid padece sobrepeso u obesidad. Esta cifra alcanza el 35,17 % si se trata de obesidad abdominal, según un estudio realizado por el Grupo de Investigación EPINUT de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA).

La obesidad abdominal está relacionada con el riesgo cardiovascular. / rawpixel.com

Los resultados, publicados en Nutrición Hospitalaria, revelan también una preocupante tasa de sedentarismo, 25,12 %, y un alto consumo de productos procesados de bajo valor nutricional en las franjas horarias del desayuno, media mañana y merienda.

“El estudio confirma lo que sabemos desde hace tiempo: el exceso de peso infantil en nuestro medio alcanza unas cifras realmente importantes. Pero más allá de ellas, el problema a medio y largo plazo es el riesgo aumentado de numerosas enfermedades que estos niños podrían tener en un futuro”, apunta Jesús Román Martínez Álvarez, investigador del departamento de Enfermería de la UCM y uno de los autores del trabajo.

La investigación se ha llevado a cabo en varios centros escolares de la Comunidad de Madrid durante los cursos 2016/2017 y 2017/2018, con una muestra de 1.936 chicos y chicas de entre 7 y 16 años de edad.

Según Martínez Álvarez, los datos obtenidos “son muy interesantes ya que la población madrileña representa bastante fielmente la media poblacional española. Aun así, es de esperar que en localidades concretas o en regiones específicas con niveles de renta muy por debajo de las de Madrid esas cifras de exceso de peso sean mayores”.

Más riesgo en chicas

El grupo de edad de 12 a 16 años presenta mayor sobrepeso y obesidad que el de sus compañeros más jóvenes y la tasa en mujeres es del 30,19 % frente al 24,61 % de los varones. Estos porcentajes se obtuvieron a partir del índice de masa corporal (IMC).

Una de las novedades de este trabajo es la relevancia otorgada al índice cintura/talla (ICT), que reveló que la tasa de adiposidad abdominal es ocho puntos superior a la global, siendo la franja de edad entre 7 y 11 años la mayor afectada.

“El índice cintura/talla proporciona una definición más concreta y exacta de la obesidad y, especialmente, del riesgo cardiovascular por su correlación con la obesidad abdominal, precisamente la más peligrosa de todas”, advierte Martínez Álvarez.

Además de este análisis antropométrico, también se realizaron encuestas sobre los alimentos que los jóvenes suelen consumir, sus gustos y el estilo de vida y hábitos sedentarios o relacionados con la práctica de actividad física.

Para solventar esta situación, el investigador de la UCM aboga por el diseño de intervenciones que promocionen la dieta mediterránea “acompañados de acciones para favorecer la práctica de la actividad física y la disminución del sedentarismo”.

Referencia bibliográfica:

Calderón García A, Marrodán Serrano MD, Villarino Marín A, Román Martínez Álvarez J. “Valoración del estado nutricional y de hábitos y preferencias alimentarias en una población infanto-juvenil (7 a 16 años de la Comunidad de Madrid”. Nutrición Hospitalaria 2019. DOI: 10.20960/nh.2244.

La obesidad infantil grave es más elevada en los países de la dieta mediterránea

Pressdigital

La obesidad infantil grave es más elevada en Grecia, Italia y España en medio del declive de la dieta mediterránea, según un informe de la OMS.

Prevalencia de la obesidad infantil en Europa

Malta tiene la tasa más alta de niños gravemente obesos, con un 5,5 por ciento de niños de seis a nueve años afectados, pero el sur de Europa tiene tasas más altas que los estados occidentales.

Los países mediterráneos -con dietas se han mantenido durante mucho tiempo como puntos de referencia para una vida sana- tienen las tasas más altas de obesidad infantil grave de Europa, ha advertido la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El informe, que recoge datos de 21 países europeos, pone al desnudo la crisis en los estados del sur, con más del 4 por ciento de los niños en edad de asistir a la escuela primaria que sufren de obesidad grave en España, Grecia, Italia, España y San Marino.

Con más del 5,5 por ciento de los niños afectados, Malta tenía las tasas más altas de obesidad grave en el estudio, presentado en el Congreso Europeo sobre Obesidad en Glasgow el 30 de abril.

Mientras que los países de Europa occidental y septentrional, como Bélgica, Irlanda y Noruega, tienen tasas de obesidad grave inferiores al 2 por ciento.

Los investigadores señalan que un factor probable es la “disminución” de la dieta mediterránea idealizada, rica en cereales integrales, nueces, verduras, aceite de oliva y pescado.

Muchos países están viendo ahora los efectos de un abuso de alimentos baratos y ricos en calorías, y algunos, como Dinamarca o Reino Unido, han introducido impuestos sobre los productos con alto contenido de azúcar o de grasas.

Otros estudios han encontrado tasas igualmente altas de obesidad infantil y adulta en los países del sur del Mediterráneo.

Pero la investigación, dirigida por el doctor João Breda, jefe de la Oficina Europea para la Prevención y el Control de Enfermedades No Transmisibles de la OMS, es la primera en analizar específicamente la obesidad infantil “grave”. 

Esto se define de manera diferente a la de los adultos, pero más o menos requiere que tengan un índice de masa corporal superior a 19 de cada 20 niños de su grupo de edad.

Breda y sus colegas aseguran que una explicación para los mayores índices de obesidad en el sur de Europa “sigue siendo esquiva”, aunque hay varias explicaciones posibles.

“La pérdida de la dieta mediterránea en los países del sur de Europa podría estar relacionada con este grave problema de obesidad”, señalan los autores.

Aunque también podría ser el resultado de la “menor estatura para la edad que se encuentra en el sur de Europa”, el mayor peso al nacer, la menor duración del sueño y los diferentes patrones de alimentación y actividad física.

Los índices más altos de educación materna es otro factor que reduce el riesgo de obesidad grave, según el informe. 

Los autores advierten que si no se hace nada, el mismo patrón podría desarrollarse en otras naciones con dietas y hábitos tradicionalmente mediterráneos, como Albania y Moldavia.

“Sin medidas políticas oportunas, apropiadas y eficaces para prevenir la obesidad, existe el riesgo de que las tasas de prevalencia en estos países acaben igualando los niveles observados en otros países europeos”, apuntan los autores.

El estudio utilizó datos de 636,933 niños de seis a nueve años de edad, y los hallazgos indican que hay al menos 400,000 niños que ya son gravemente obesos de un total de 13.7 millones de niños de seis a nueve años de edad en los 21 países incluidos en el estudio.

“La obesidad grave es un grave problema de salud pública y los resultados de este estudio muestran que un gran número de niños en Europa la padecen”, concluyen los autores.

“Dado su impacto en la educación, la salud, la asistencia social y la economía, la obesidad debe abordarse a través de una serie de enfoques, desde la prevención hasta el diagnóstico y el tratamiento precoz”.

Sobrepeso y obesidad, un problema que afecta al 40% de las personas con diabetes tipo 1

Un estudio muestra que la diabetes triplica el riesgo de tener periodontitis y de que esta enfermedad de las encías sea más grave

Hasta un 40% de los pacientes con diabetes tipo 1 en España presentan sobrepeso u obesidad. Son datos del estudio SED1, realizado por la Sociedad Española de Diabetes (SED) a través de la recogida de datos 647 personas con DM1 (62 pacientes pediátricos y 585 adultos), que se ha presentado en el XXX Congreso de la SED.

La diabetes tipo 1 supone aproximadamente 1 de cada 10 casos de diabetes en España. Se estima una prevalencia en la población general del 0,2 por ciento (unas 90.000 personas). Se trata, además, de un tipo de diabetes con necesidades de tratamiento específicas y complejas. Sin embargo, son escasos los datos epidemiológicos y de manejo real de esta enfermedad en nuestro país, limitándose a algunas iniciativas locales o autonómicas y que se circunscriben a población adulta o pediátrica.

La diabetes mellitus tipo 1 es una enfermedad autoinmune que ataca selectivamente a las células beta productoras de insulina en los islotes al infiltrar células inmunes. Como resultado, el organismo ya no puede producir insulina y desarrolla hiperglucemia y, si no se trata, termina causando la muerte. A pesar de los avances en la tecnología de dispositivos médicos y los análogos de insulina, así como en la generación de células productoras de insulina in vitro, todavía no existe una terapia sólida para sustituir y proteger las células beta que se pierden en la DM1.

El estudio ha determinado que la edad media en el momento del diagnóstico de DM1 es de 4,9 años en la población pediátrica y de 19,3 años en adultos. Un 48,7 por ciento de la población de la investigación presenta comorbilidades, principalmente dislipidemia (25,8%), retinopatía (19,3%) y nefropatía (5,9%).

Todavía no existe una terapia sólida para sustituir y proteger las células beta que se pierden en la DM1

Respecto al tratamiento con insulina, revela que un 75 por ciento de la población global estaba en un régimen de tratamiento insulínico basal-bolo y un 20 por ciento con bomba de insulina. El 67 por ciento de la población evaluada usó dosis correctoras de insulina y un 51% emplearon una ratio insulina/carbohidratos (ICR).

En cuanto al tratamiento futuro, España va a la vanguardia en la investigación en nuevas terapias para curar la DM1. La prevención, la protección de las células productoras de insulina para enlentecer la progresión de la enfermedad después de un diagnóstico temprano y la terapia celular sustitutiva en etapas más avanzadas son algunos dlíneas futuras.

Tarde o temprano, la cura para la diabetes tipo 1 llegará

«Probablemente, un futuro tratamiento de la DM1 consistirá en una terapia combinada de tres aproximaciones: aplicación de nanovacunas, células madre y el abordaje farmacológico», señala Benoit Gauthier, del Centro Andaluz de Biología Molecular & Medicina Regenerativa gestionado por la Fundación Progreso y salud de la Consejería de Salud (Junta de Andalucía), quien no duda en afirmar que, «tarde o temprano, la cura para la DM1 llegará. Nosotros tenemos ese sueño, que es compartido por asociaciones de pacientes y familiares, y es con ellos con los que tenemos el compromiso de trabajar sin descanso para lograrlo».

Diabetes y salud bucodental

Por otra parte, sufrir diabetes triplica el riesgo de tener periodontitis y de que esta enfermedad de las encías sea más grave, según Eduardo Montero, de la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense (Madrid).

«La periodontitis, a su vez, hace que el control de la glucemia sea más difícil en personas con diabetes, aumentando también el riesgo de sufrir las habituales complicaciones asociadas a la diabetes (retinopatía, nefropatía, alteraciones neurológicas, enfermedades cardiovasculares…)», señala.

Por otra parte, ha recordado que el tratamiento periodontal permite mejorar los niveles de HbA1c en alrededor de un 0,4 por ciento en pacientes con dificultades para presentar un adecuado control de la glucemia, lo que supone «una disminución similar a la procurada por algunos tratamientos antidiabéticos de referencia», concluye.

El tamaño del plato no influye en la cantidad real que comemos

Un estudio reciente desmonta algunos mitos sobre la alimentación que creíamos ciertos

La Vanguardia, por Estefanía Grijota

Quizás cuando oigamos aquello de “cómetelo todo, que es un plato muy pequeño”, o “sírvete en un plato pequeño y comerás menos”, debamos comenzar a no hacer caso. Nuestras ganas de comer, el peso, y nuestro índice de masa corporal (IMC), serán los responsables de cómo influirá en nuestra saciedad y en nuestro cuerpo la cantidad que comamos, sea cual sea el tamaño del plato en el que nos sirvamos. De hecho, en los últimos años el tamaño de los platos para comer ha registrado un incremento del 23%, lo que a priori sugeriría que comemos raciones más grandes que las que ingerían nuestros abuelos.

Quizás cuando oigamos aquello de “cómetelo todo, que es un plato muy pequeño”, o “sírvete en un plato pequeño y comerás menos”, debamos comenzar a no hacer caso. Nuestras ganas de comer, el peso, y nuestro índice de masa corporal (IMC), serán los responsables de cómo influirá en nuestra saciedad y en nuestro cuerpo la cantidad que comamos, sea cual sea el tamaño del plato en el que nos sirvamos. De hecho, en los últimos años el tamaño de los platos para comer ha registrado un incremento del 23%, lo que a priori sugeriría que comemos raciones más grandes que las que ingerían nuestros abuelos.

Son diversas las investigaciones que han analizado esta cuestión de si se come más o menos en función del tamaño del plato. Pero ahora, el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COP) ha ido un poco más allá y acaba de publicar un estudio, en la revista especializada Clínica y Saluden el que por primera vez se revisa el impacto del tamaño del plato teniendo en cuenta el sexo y el IMC de los comensales.

Una investigación descubre que algunas personas terminan por comer más si lo hacen en plato pequeño

Y uno de los resultados, para sorpresa de los expertos, fue que servir los alimentos en platos pequeños puede influir negativamente en algunas personas, que incrementan la ración a consumir cuando los son platos pequeños. En concreto, y tras analizar los datos según el IMC de los sujetos estudiados, los investigadores encontraron que fueron los individuos con un peso adecuado, y en especial las mujeres, los que comieron más en plato pequeño. Y, en cambio, entre las personas con obesidad o sobrepeso, el tamaño del plato no parecía influir en la cantidad de comida ingerida.

Además, según el experimento realizado, no hay correlación entre el tamaño de los platos utilizados y el nivel de saciedad, que los investigadores midieron con una escala EVA, que cuantifica la percepción subjetiva de una sensación mediante una línea horizontal en cuyos extremos figuran los límites de dicha sensación.

Carmen Escalada, experta en nutrición clínica y miembro del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), asegura que comer en un plato más pequeño no va a hacernos adelgazar de manera automática, puesto que dependerá también de las veces que lo llenemos y sobre todo de con qué alimentos lo llenemos. Y es que “el hábito popular que nos han inculcado nuestros abuelos de no levantarnos de la mesa hasta no haber terminado toda la comida servida en el plato ha influido de manera considerable en los hábitos alimenticios”, comenta Escalada.

Todo depende de la forma de comer de cada cual

El estudio publicado por el Colegio Oficial de Psicólogos llega a la conclusión de que el uso de platos pequeños podría tener un efecto perverso, ya que puede contribuir a que las personas se sirvan una segunda ración, lo que terminará por representar una ingesta mayor que si se usara un plato más grande.

No obstante, Carmen Escalada explica que las personas con más ansiedad, hambre emocional o que coman demasiado rápido puede que no sean capaces de distinguir cuando están llenas, por lo que en este caso puede ser beneficioso que coman en un plato de menor tamaño. “Como mínimo, a mitad de su ingesta deberán parar de comer para rellenarse el plato, y en muchas ocasiones, esto es suficiente para notar la saciedad”, detalla Escalada.

Igualmente, y según explica esta nutricionista, comer en un plato pequeño no tiene que resultar siempre negativo en personas con normopeso, al igual que tampoco va ayudar a adelgazar a una persona con sobrepeso. Para adecuar las raciones, más que elegir la vajilla, “se tienen que dar otras condiciones, como que el plato esté constituido por alimentos de calidad, que comamos despacio y que respetemos nuestra señal de saciedad”, agrega.

Una estrategia para controlar la ingesta

A la pregunta de qué es más importante si la cantidad o lo que se consume, Escalada responde que ambas cosas tienen la misma relevancia. “Si consumimos un alimento muy sano, pero en demasiada cantidad, estamos aumentando nuestra ingesta calórica, por lo que no bajaremos de peso, sino que engordaremos. También puede suceder que no consumamos otros muchos alimentos, y con ello, no cubriremos nuestras necesidades en algún nutriente”, asegura.

En ese caso, una estrategia posible para controlar la cantidad de todo lo que ingerimos puede ser la de servirnos la comida siempre en un plato más pequeño. “Puede ayudarnos a ser más conscientes de lo que comemos, aunque se deben tener en cuenta siempre otros factores como que venga acompañado de comer despacio y en ambientes no muy estresantes”, puntualiza.

Hay que comer variado, despacio, y en ambientes no muy estresantes