La obesidad y el exceso de azúcar afectan la memoria

Padecer sobrepeso y consumir en exceso azúcares y grasas saturadas contribuyen en el deterioro de la memoria

La Opinión, por Lorenza Amor

Una excesiva ingesta de grasas saturadas se relaciona con ciertos tipos de demencia. Foto Shutterstock

Mucho se ha hablado sobre las consecuencias negativas que tiene el sobrepeso y la obesidad en la salud, se trata de un padecimiento que se deriva en diversas enfermedades degenerativas como es el caso de la diabetes, la hipertensión, enfermedades cardiovasculares y en particular afecta directamente el funcionamiento cerebral. 

Diversos estudios a nivel internacional relacionan la obesidad con afectaciones directas en el cerebro y sobretodo vivir con sobrepeso se destaca por tener efectos negativos en ciertas funciones cognitivas como es el caso de la memoria y el aprendizaje. Tomando en cuenta que la obesidad es uno de los padecimientos más graves de salud y que lo padecen cerca de 600 millones de personas en el mundo, es un tema en el que hay que prestar especial atención.

El exceso de peso puede afectar directamente las funciones cerebrales ya que interviene  en la expresión y funcionamiento de determinados genes relacionados con la memoria, esto se debe a que deteriora la zona del hipocampo, ya que mata a las células nerviosas y también dificulta la comunicación entre neuronas. 

A la vez el excesivo consumo de azúcar está altamente relacionado con serias consecuencias, por supuesto la más popular es un aumento de peso; sin embargo cuando analizamos la lista de efectos negativos, uno de las más graves es que causa una disminución considerable en el rendimiento intelectual, esto se debe principalmente a que provoca una reacción llamada hipoglucemia reactiva que se destaca por afectar al hipocampo, que también rige la concentración mental. Es por ello que uno de los mejores hábitos para cuidar nuestras funciones cognitivas es moderar significativamente el consumo de azúcares de absorción rápida, entre los que se destacan algunos hidratos de carbono y grasas que en muchas ocasiones consumimos de manera cotidiana como es el caso del pan blanco, patatas, sopas instantáneas, comidas rápidas, postres , galletas y cereales comerciales. 

Un estudio recientemente publicado por la revista Nurology establece que un alto consumo en azúcares o harinas refinadas, puede poner en riesgo la estructura y función cerebral es por ello que una de las principales consecuencias se refleja en un deterioro de la memoria. 

Por otra parte las investigaciones a nivel mundial han continuado y evolucionado, sobretodo aquellas realizadas por Investigadores del Instituto de Neurociencia de Princeton; quienes han comprobado los efectos negativos de las grasas en el cerebro, todos relacionados con afectaciones cognitivas en diferentes grados. Complementario el Hospital Brigham en Boston han asociado el origen de los problemas de memoria, con la ingesta de grasas trans las cuales se relacionan directamente con demencias y Alzheimer. 

Existen muchas bases científicas que comprueban los efectos de la obesidad en las funciones cognitivas y abren la puerta a establecer nuevos parámetros para potenciar aún más los beneficios de una alimentación equilibrada y consciente, enfatizando el gran valor de seguir las bases de tendencias de salud que promueven las bondades de gozar de los enormes beneficios de una dieta mediterránea o bien de los principios vegetarianos.

La obesidad favorece la aparición de la demencia

Catalunya Express
La obesidad favorece el desarrollo del deterioro de «algunas funciones mentales superiores, sobre todo cuando se envejece», dando pie a la aparición de la demencia, según ha apuntado la presidenta de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), Irene Bretón.

Asimismo, la obesidad abdominal, un aumento del perímetro de la cintura, «es la que más se relaciona con las enfermedades degenerativas, cardiovasculares y con el trastorno neurocognitivo«, ha explicado la doctora Purificación García Martínez de Icaya.

En este sentido, «el exceso de grasa que almacena el cuerpo es el contenido adiposo, y la capacidad de este se acaba», y «cuando ya no puede más dicha grasa va a otros órganos que no están preparados para ello, como por ejemplo el corazón, hígado, riñón, y el sistema nervioso».

PROBLEMAS DE MEMORIA

Por ello, «ese aumento de lípidos, de grasa ectópica, provoca alteraciones estructurales y funcionales en el sistema nervioso, lo que traduce en problemas de memoria, aprendizaje o ejecución», ha destacado la doctora.

También, «una mayor resistencia de insulina se asocia con niveles más altos de beta-amiloide, sustancia implicada directamente con el desarrollo de algunos tipos de demencia», según Bretón.

Además, otro de los factores que destacan es que las personas con obesidad pueden presentar otras enfermedades cardiovasculares asociadas que son factores que influyen de manera negativa sobre todo el riego sanguíneo cerebral, y por tanto contribuyen al deterioro.

ENFERMEDAD CRÓNICA

«La obesidad es una enfermedad crónica, que se define por un exceso de grasa corporal y que tiene unos ciertos efectos negativos en todo el organismo»

Así se relaciona con enfermedades tales como hipertensión, diabretes, triglicéridos, cardiovascular incluso con el cáncer. Hoy en día todos relacionados la obesidad como causa de todo ello», según ha declarado la doctora Martínez de Icaya.

Asimismo, califica a la enfermedad como «la epidemia del siglo XXI», pues uno de cada cinco españoles tiene obesidad.

Es mas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre 1980 y 2014, la prevalencia mundial de obesidad casi se ha duplicado.

En el caso concreto de España, casi un 40 por ciento de la población tiene sobrepeso, y obesidad, más de un 20, cifras que van aumento según la edad, ha señalado la experta.

VIDA SALUDABLE

Por todo ello, ambas sociedades, a través la campaña ‘cuida tu peso, cuida tu memoria’, lanzan varios hábitos de vida saludables que ayudan a prevenir el deterioro; basándose en una dieta saludable y el ejercicio físico regular.

En este sentido, la doctora Nuria Vilarrasa, coordinadora del grupo de trabajo de obesidad de la SEEN, ha recalcado que «hay que cambiar el estilo de vida, llevar una dieta sana y equilibrada y para ello hay que acercarnos a la dieta mediterránea», pues «se ha visto que los pacientes que se adhieren a ella se ha empezado a asociar a menores riesgos de demencia».

Asimismo, la nutricionista ha argumentado que se debe aumentar el consumo de frutas y verduras, «intentando mantener las cinco raciones al día», fomentar las legumbres y hortalizas.

Pero es importante «evitar los alimetnos con azúcares generales», donde han coincido las tres expertas en la medida del Ministerio de Sanidad en reducir la cantidad de esta en un 10 por ciento.

A su vez, ha recalcado el ejercicio físico moderado, y con ello un buen manteniendo de la hidratación. Incluso, las horas de sueño pueden influir en el deterioro, por lo que ha recomendado dormir una media de siete horas.