Estrechan el vínculo entre la obesidad y el riesgo de varios tipos de cáncer

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer ha realizado una nueva evaluación sobre factores de riesgo asociados y alude a ocho tipos distintos de cáncer más.

Diario de Sevilla
imagen-phpLa Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), que depende de la Organización Mundial de la Salud, ha realizado una nueva evaluación sobre factores de riesgo asociados al cáncer y, tras una revisión de la literatura científica publicada, ha identificado ocho tipos de cáncer adicionales relacionados con la obesidad y el sobrepeso.

Además, los resultados, que han sido publicados este jueves en The New England Journal of Medicine, ponen de relieve que reducir el exceso de grasa corporal reduce las posibilidades de padecer cáncer. “Esta evaluación integral de estudios refuerza los beneficios de mantener un peso corporal saludable con el fin de reducir el riesgo de varios tipos diferentes de cáncer”, ha afirmado la doctora Béatrice Lauby-Secretan, autora principal del artículo.

A esta conclusión han llegado un grupo de trabajo de 21 expertos internacionales independientes, convocado por la IARC, que evaluaron más de 1.000 estudios, incluyendo ensayos de intervención y de cohortes; estudios de casos y controles; estudios en animales de experimentación, y estudios sobre los mecanismos que vinculan el excesola grasa corporal y el cáncer.

Los expertos confirmaron lo ya señalado en una evaluación previa del IARC, publicada en 2002, que la ausencia de exceso de grasa corporal reduce el riesgo de padecer cáncere de colon y recto, esófago (Adenocarcinoma), riñón (carcinoma de células renales), de mama en mujeres posmenopáusicas, y el endometrio en el útero. Ahora, en este nuevo informe, gracias a la revisión de la literatura disponible, los expertos señalan que en adultos de mediana edad no se puede descartar la relación entre el exceso de grasa y ocho nuevos tipos de cáncer: tumores en el estómago, el hígado, vesícula, páncreas, ovario y tiroides, así como meningioma y mieloma múltiple.

Asimismo, señala que existe una evidencia limitada de que evitar el exceso de grasa corporal reduce el riesgo de cáncer mortal de próstata, cáncer de mama en hombres, y el linfoma de células B grandes difuso. El Grupo de Trabajo también revisó los datos relativos a la grasa corporal en niños, adolescentes y jóvenes (de hasta 25 años) para evaluar si la obesidad en estos periodos de vida están relacionados con el cáncer en la vida adulta. En varios tipos de cáncer, como el de colon e hígado, las asociaciones entre obesidad y cáncer fueron similares a los reportados en adultos.

Los expertos recuerdan que, en diversas investigaciones, está bien establecido que el sobrepeso en animales de experimentación aumenta la incidencia de varios tipos de cáncer. Los estudios en animales con sobrepeso mostraron que la restricción calórica o en la dieta reduce el riesgo de cánceres de la glándula, colon, hígado, páncreas, piel y glándula pituitaria mamaria.

A nivel mundial, se estima que 640 millones de adultos obesos en 2014 y 110 millones de niños y adolescentes eran obesos en 2013. La prevalencia estandarizada por edad estimada de la obesidad en 2014 fue del 10,8% en los hombres, el 14,9% enlas mujeres y el 5,0% en los niños, y en el mundo más personas tienen sobrepeso o son obesos que tienen bajo peso. En 2013, se estima que 4,5 millones de muertes en el mundo son atribuibles al sobrepeso y la obesidad.

¿Azúcar antes que grasas?: El error más ‘gordo’ de los dietistas en la lucha contra la obesidad

Décadas atrás, los nutricionsitas intentaron prevenir que el sobrepeso se extendiera como una plaga pero, de manera paradójica, aceleraron su avance con recomendaciones erróneas.

RT
heladoHace algunas décadas, la grasa saturada sufrió una monumental derrota a manos del azúcar. Por aquel entonces los científicos y dietistas —primero en Estados Unidos; después, en otras partes del mundo— condenaron la grasa por hallarse en el origen de la obesidad y de las enfermedades cardíacas, escribe Ian Leslie en su estudio para ‘The Guardian’.

La idea vigente era que el consumo excesivo de grasas saturadas en alimentos como la carne roja, el queso, la mantequilla y los huevos eleva el nivel de colesterol, que se coagula dentro de las arterias, dificulta el flujo sanguíneo y provoca que el corazón aumente de tamaño. Además, se estimaba que si consumimos grasa, nos ponemos gordos.

azucar en alimentos RTAños después resultó que, pese a que miles de personas que pretendían tener una dieta más sana modificaron su alimentación, los problemas cardíacos se volvieron epidémicos y el porcentaje de personas con sobrepeso creció de manera alarmante. Ya en 1972, el prominente científico británico John Yudkin afirmaba en su estudio ‘Pure, White, and Deadly’ (‘Puro, blanco, y mortal’, en inglés) que el azúcar era la causa principal de la obesidad, los problemas cardíacos y la diabetes, al tiempo que aseguraba que comer grasa no resultaba dañino.

Los humanos consumimos carne grasa desde siempre e hidratos de carbono desde hace 10.000 años, cuando se inventó la agricultura. Sin embargo, el azúcar puro solo forma parte de nuestra dieta desde hace 300 años, así que es más probable que tenga la culpa del sobrepeso porque, explica Yudkin, el hígado lo procesa y lo transforma en grasa, que pasa al torrente sanguíneo.

A John Yudkin este documento le costó su carrera y su reputación, con lo que otros investigadores perdieron las ganas de desarrollar esta idea.

Ahora, cuando surgen estudios apologéticos sobre la grasa, el colesterol alimentario y los efectos negativos del azúcar, cabe preguntarse por qué lo científicos no solo no previnieron la epidemia de obesidad ni los problemas de salud relacionados sino que, incluso, la agravaron con ideas erróneas e infundadas.

El ‘cabildeo azucarero’

Es más, el ‘cabildeo azucarero’ de los investigadores y dietistas que siguen culpando de todos los males a la grasa aún es tan fuerte que las recomendaciones alimenticias que los informes del Gobierno de EE.UU. en 2015 no incluyeron la amenaza que representa el azúcar, algo que criticaron duramente sus propios congresistas.

La situación era muy distinta a mediados del siglo pasado, cuando la obesidad aún no existía como problema global, pero las enfermedades cardíacas ya empezaban a manifestarse. Antes de los años 60 eran comunes las dietas que prescribían comer menos hidratos de carbono y más grasas, pues en aquella época se tomó en serio la idea sobre el carácter dañino del azúcar, propuesta por primera vez por Yudkin en 1957.

grasaSin embargo, durante aquella década empezó a consolidarse la condena de las grasas saturadas y el colesterol, que en unos pocos años se volvió omnipotente, en particular gracias al investigador estadounidense Ancel Keys. Hacia 1970 la idea de Yudkin fue marginada por los opositores agresivos contra el consumo de grasas y el propio Yudkin fue condenado al ostracismo.

Hacia 1980 los científicos lograron convencer al Gobierno de EE.UU. de que una dieta saludable debe ser reducida en grasas saturadas y en colesterol, recomendación que fue incluida en la Guía Alimentaria, estableciéndose como el único consejo beneficioso para cientos de millones de personas, doctores y empresas del sector. Además, fue la primera vez que se recomendó comer menos de algo, en vez de comer un poco de todo, explica ‘The Guardian’.

Las cifras hablan por sí solas. Si en los años 50 el 12 % de los estadounidenses sufría obesidad, en la década de los 80 ese porcentaje aumentó hasta el 15 %, mientras que en torno al año 2000 uno de cada tres estadounidenses era obeso y aumentaron los índices de diabetes tipo 2, vinculada con este problema.

¿Cómo pudo pasar esto?

5709508ac46188d2608b4616En ocasiones, una idea científica es rechazada por razones que no tienen nada que ver con la ciencia, sino con la política. En este sentido, destaca la influencia de un investigador como Ancel Keys quien, junto con los partidarios que tenía en algunas de las organizaciones sanitarias más influyentes de EE.UU., como el Instituto Nacional de la Salud, controló la financiación de las investigaciones.

Keys y otros científicos partidarios de las dietas reducidas en grasas llevaron a cabo estudios a gran escala que corroboraron su idea, como ocurrió con un informe ‘emblemático’ llevado a cabo entre 1958 y 1964, en el que participaron 12.770 personas de Italia, Grecia, Yugoslavia, Finlandia, Países Bajos, Japón y EE.UU. y que estableció una fuerte correlación entre el consumo de grasas saturadas y las enfermedades cardíacas.

Ese documento sirvió de referencia durante muchos años, antes de que trascendiera que fue llevado a cabo sin respetar los principios de investigación científica. Es más, al revisar su contenido años después, el investigador italiano Alessandro Menotti reveló que establece un vínculo entre las enfermedades cardíacas y el consumo de azúcar, no al revés.

Dos problemas principales

Los humanos obtenemos energía de tres fuentes alimentarias: las grasas, los hidratos de carbono y las proteínas, que no suelen causar problemas. En cuanto a las dos primeras, condicionan dos principales tipos de dieta: reducidas en hidratos de carbono o en grasas… que obliga a consumir más hidratos de carbono, cuyo máximo representante es el ‘asesino blanco’, también conocido como azúcar.

El segundo error, extendido hasta la fecha entre más de la mitad de los médicos, es creer que consumir mucho colesterol se traduce en que aumenta su presencia en sangre. El organismo humano es mucho más complejo como para simplemente transferir los elementos de afuera a dentro sin ‘procesarlos’.

El colesterol que existe en nuestro organismo lo produce el hígado, que lo genera en menos cantidad cuanto más se consume. En este sentido, la mayoría de las personas puede comer decenas de huevos llenos de colesterol cada día sin que aumente la presencia de sus placas en su sangre. El propio Keys entendía esto, así que sus estudios no atacaron a los alimentos con mucho colesterol, sino que fueron en contra de las grasas saturadas, que estimaba que se transformaban en colesterol en la sangre, amenazando al corazón.

Fin del mito

A principios de los años 90 se dio una situación paradójica, cuando durante varios años los nutricionistas aconsejaban a las mujeres que siguieran dietas reducidas en grasas sin conocer sus efectos. El primer estudio a gran escala al respecto lo realizó el Instituto Nacional de Corazón, Pulmón y Sangre de EE.UU. en 1993 y reveló que las mujeres que seguían esos regímenes corrían el mismo riesgo de padecer cáncer o enfermedades cardíacas que las demás.

En 2008 un estudio de la Universidad de Oxford (Reino Unido) reveló que la nación europea que más grasa saturada consume padece la menor tasa de enfermedades cardíacas, mientras que la nación que menos grasa consume registra el nivel más alto de estas enfermedades. El primer país es Francia, el segundo es Ucrania y ninguno de ellos fue incluido en el famoso estudio de siete naciones de Keys.

Ese mismo año un análisis de la ONU reveló que ningún estudio anterior había demostrado realmente que un alto nivel de grasa en los alimentos provoca cáncer o enfermedades cardíacas. El estudio de 192 naciones de Zoë Harcombe estableció un vínculo directo entre un nivel más bajo de colesterol y las tasas más altas de enfermedades cardíacas.

El misterio de la obesidad

La idea más simple y difundida es que, si uno consume más calorías de las que gasta, engorda. Un gramo de grasa tiene dos veces más calorías que un gramo de proteína o de hidratos de carbono, con lo cual se podría deducir que las personas con sobrepeso son aquellas que comen grasa y no hacen ejercicio, algo que durante años se convirtió en un lugar común en relación a los obesos.

Sin embargo, la realidad no es tan sencilla. En EE.UU., el aumento de la obesidad desde los años 80 supera en mucho el crecimiento del consumo de calorías, mientras que la actividad física no ha disminuido. En realidad, no existen pruebas ciertas de que las personas con dietas reducidas en grasa o en calorías pierdan peso a largo plazo.

Mientras tanto, cada vez hay más estudios que vinculan la obesidad con los problemas con hormonas como la insulina, responsable del nivel de azúcar en sangre, apoyados por el consumo de almidones y azúcares, un tipo de comida que se volvió popular tras la ‘prohibición’ de la grasa. La nueva idea es que, cuando consumimos demasiados alimentos azucarados, crece el nivel de insulina en sangre que, en pocas palabras, genera una mayor sensación de hambre y quita energía, con lo cual provoca que las personas obesas se sientan cansadas.

Existen ya más de 50 análisis que sugieren que, para perder el peso y controlar la diabetes tipo 2, las dietas reducidas en hidratos de carbono son mejores que dietas reducidas en grasas.

El combate ‘azúcar contra grasa’ cobfirma de manera empírica la idea del físico Max Planck, según la cual “una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus oponentes y haciéndoles ver la luz, sino cuando los rivales mueren y las nuevas generaciones crecen acostumbradas a esa idea”, escribe Ian Leslie. El problema es que, hasta ahora, demasiados ‘enemigos’ de las grasas y de Yudkin siguen activos.

7 síntomas de que tienes el colesterol por las nubes

La producción natural de colesterol por parte del hígado no supone un factor de riesgo, pero el proveniente de una dieta con elevados niveles de colesterol sí que lo es.
prevenir el colesterolDiario Panorama
Puedes vivir contento y feliz y, de repente, en la revisión de la empresa o en una analítica de control sin importancia descubres que tienes hasta el último vaso sanguíneo del organismo tapado con tanta grasa que estás a los pies de la tumba. Estos son los pistas e indicios para saber sobre el colesterol antes de que te den una pésima noticia.

Ya se sabe que más vale prevenir que curar. Para ir actuando contra las enfermedades coronarias, además de cuidar la dieta, hacer ejercicio moderado y demás consejos que todos sabemos ya, conviene conocer las pistas que deja en nuestro organismo, como por ejemplo el hecho de tener una alta concentración de colesterol plasmático. Poder vitar complicaciones y disfrutar de una mejor calidad de vida depende de saber interpretar los signos que nos deja nuestro cuerpo. Pero debes saber que el colesterol alto no tiene síntomas como tales, sino que deja pistas e indicios. Un análisis de sangre es la única forma certera de detectar un alto nivel de colesterol.

El colesterol es una sustancia vital para nuestro organismo ya que contribuye a la producción de hormonas y de vitamina D, además de ser un componente integral de las membranas celulares. La producción natural de colesterol por parte del hígado no supone un factor de riesgo, pero el proveniente de una dieta con elevados niveles de colesterol sí que lo es.

En realidad los signos de colesterol elevado están emparentados con los síntomas propios de una enfermedad vascular, ya que recordemos que una de las causas del origen de esta enfermedad es la concentración elevada de colesterol LDL -colesterol llamado malo producido por al dieta- en sangre. Te brindamos información sobre cuáles pueden ser los síntomas en la hipercolesterolemia.

1.- Adormecimiento de las extremidades: Puede deberse a causas neurológicas, como la migraña, pero conviene saber que puede deberse también a un problema circulatorio que no sea asociado, necesariamente, con el colesterol alto. Por ello, es muy difícil establecer si este síntoma es consecuencia de ello. Desde el punto de vista de la influencia de la nutrición, los problemas de circulación se pueden deber a falta de vitamina E, el exceso de sodio, la falta de potasio, el abuso de alimentos ácidos, poca fibra en la dieta o deshidratación.

2.- Hinchazón de extremidades: Es una consecuencia natural. La inflamación es un proceso de nuestro organismo que nos ayuda a defendernos cuando se ve agredido por un golpe o un traumatismo, o bien por la afección de una toxina o un agente infeccioso. A la hinchazón le suele acompañar el dolor y el enrojecimiento, como procesos naturales de reparación del daño.

Esta sería la inflamación aguda, pero el problema viene cuando esta inflamación en principio natural y buena, no sirve para eliminar el proceso que lo produce, aquí empiezan la Inflamación Silenciosa, asociada a problemas circulatorios en los que puede concurrir el colesterol alto.

Este tipo de inflamación no causa dolor por lo tanto no haces nada para detenerlo y está asociado a los hábitos alimenticios inadecuados por excesivo consumo de hidratos de carbono de absorción rápida y cereales refinados. O también al excesivo consumo de ácidos grasos omega 6, aceites de cómo el de girasol, soja, coco o maíz, el abandono de la dieta mediterránea y el consumo de comida industrializada y preparada que comemos y que contiene demasiado omega 6. Y Como resultado de este exceso de omega 6 los tejidos se taponan y se inflaman. La inflamación es el síntoma principal de muchas enfermedades, desde la enfermedad cardiovascular hasta la artritis, alergias o el asma.

3.-Mareos: El colesterol alto es el preludio de las enfermedades coronarias. De este modo,los mareos y dolores de cabeza son síntomas de que algo no marcha del todo bien en nuestro corazón. Además, niveles altos de grasas en el plasma son un factor de riesgo de accidente cerebrovascular. Los mareos suelen concurrir unidos a una sensación de falta de fuerza, falta de equilibrio y visión difusa.

La razón es muy sencilla: La sangre no circula de manera fluida. Además, tu hígado esta inflamado, al inflamarse evita que la sangre que transporta la vena fluya de forma adecuada.

4.- Pérdida de equilibrio y problemas de oído: A veces se confunde con el vértigo, pero son situaciones distintas que vendrían definidas por mareos, inestabilidad y en ocasiones, desfallecimientos muy puntuales. Además de los problemas circulatorios en pequeños vasos sanguíneos que riegan el cerebro, esos problemas de equilibrio que a veces se confunden con los famosos vértigos, tienen que ver con problemas en el oído. ¿En el oído? Sí, y están relacionados también con el altos niveles de colesterol en sangre.

Y es que elevadas cifras de glucosa, colesterol y triglicéridos son responsables de diabetes, infartos y daño en el riñón, pero también es cierto que antes de que se presente cualquiera de estos problemas, su primera víctima puede ser el oído. Y con ello, el equilibrio. Además, antes provocaría ruidos o zumbidos en el oído (acúfenos) y disminución en la capacidad de distinguir sonidos (hipoacusia), todo provocado por los hábitos alimenticios que llevamos.

5.- Visión borrosa: Más de 153 millones de personas sufren defectos o errores de refracción como hipermetropía, miopía y astigmatismo. El 75% de las causas de ceguera son prevenibles o tratables lo señala la Organización Mundial de la Salud (OMS). ¿Por qué? Es sencillo: Factores como los valores altos del colesterol y de los triglicéridos elevados pueden dar síntomas de visión borrosa, por ello es importante tener un control médico y oftalmológico.

Ocurre por una leve arteriopatía carotídea, es decir, cuando las arterias carótidas resultan levemente estrechas y el riego sanguíneo principal al cerebro disminuye levemente por una ateroesclerosis por tabaquismo, hipertensión y lo que nos ocupa, colesterol alto. Hay que tener cuidado, puede ser un aviso de que puede ocurrir un accidente cerebral.

6.- Dolor en el pecho: No es lo mismo el dolor de pecho con 20 años que con 65. Así, existen una serie de factores denominados de riesgo, que en el caso de estar presentes cuando una persona sufre dolores en el pecho suponen mayor peligro. Entre estos factores se encuentran la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaco, así como el sobrepeso-obesidad y el sedentarismo.

Si se tratase de un dolor que persistiera más de tres minutos, se extendiese por casi toda la zona central del pecho y se presenta en una persona hipertensa y/o diabética, sedentaria y con sobrepeso entorno al 15% tendríamos que pensar en una consulta con su médico en cuanto tuviese ocasión, incluso aunque el dolor se hubiese producido en una ocasión aislada.

7.- Xantomas y agitación al caminar o realizar las actividades físicas diarias: Comenzamos por lo último. Si tras los días intensos en que se ha caminado más de la cuenta o se ha tenido más actividad laboral observas que te es difícil volver a la calma o continúas con cierta excitación podríamos pensar en el colesterol, aunque ya sabes que este factor descrito, por si mismo no significa mucho.

Otra cosa es la presencia de xantomas, que son afecciones cutáneas por las cuales ciertas grasas se acumulan debajo de la superficie de la piel. Son comunes, especialmente entre los adultos mayores y entre las personas con niveles altos de lípidos en la sangre. Los xantomas varían en tamaño. Algunos son muy pequeños, mientras que otros son mayores a 7.5 cm de diámetro. Pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, pero se observan con mayor frecuencia en los codos, las articulaciones, los tendones, las rodillas, las manos, los pies o los glúteos.

Un xantoma aparece como una inflamación o protuberancia bajo la piel y generalmente es plano, suave al tacto y de color amarillo, con bordes claramente definidos.

La obesidad envejece de forma acelerada nuestro higado

La edad de los tejidos hepáticos de las personas obesas no se corresponde con su edad cronológica.
ABC
obesidad--478x270Tener sobrepeso o ser obeso puede acelerar el proceso de envejecimiento de nuestro hígado. Lo acaba de ver un equipo de la Universidad de California-UCLA (EE.UU.) después de analizar una serie de biomarcadores hepáticos en el tejido hepático de 137 individuos. Los resultados, que se publican en «PNAS» pueden explicar porque las personas con sobrepeso u obesidad tienen más complicaciones de salud y una mayor tasa de cáncer de hígado.

Debido a que las personas obesas tienen un mayor riesgo de muchas enfermedades relacionadas con la edad los investigadores creen que es una hipótesis plausible que la obesidad aumente la edad biológica de algunos tejidos y tipos de células. Sin embargo, hasta ahora ha sido difícil detectar este efecto de envejecimiento acelerado porque no se sabía cómo evaluar la edad del tejido. Ahora, los investigadores de UCLA han utilizado un biomarcador de envejecimiento, conocido como «reloj epigenético», para descubrir por primera vez que la obesidad acelera en gran medida el envejecimiento del hígado.

Gracias a la colaboración del equipo de UCLA de Steve Horvath y el de Jochen Hampe, del Hospital Universitario de Dresden (Alemania) se ha visto que el sobrepeso puede impactar negativamente en los tejidos humanos. «Este es el primer estudio que evalúa el efecto del peso corporal en las edades biológicas en una variedad de tejidos humanos -señala Horvath-. Dada la epidemia de obesidad en el mundo occidental, los resultados de este estudio son de gran relevancia para la salud pública».

«Reloj del envejecimiento»

El «reloj del envejecimiento» utiliza un mecanismo de tiempo previamente desconocido en el cuerpo para medir con precisión la edad de diversos órganos, tejidos y tipos de células. En concreto, los investigadores se centraron en un proceso llamado metilación de origen natural, una modificación química de la molécula de ADN.

Así evaluaron la edad biológica de varios tejidos y vieron que, en los sujetos delgados, el «reloj epigenético» mostraba la misma de los tejidos y su edad cronológica. Sin embargo observaron que los tejidos del hígado de los sujetos obesos tenían una edad biológica superior a la esperada.

En concreto, los investigadores han analizado casi 1.200 muestras de tejidos humanos, incluyendo 140 muestras de hígado, para estudiar la relación entre la aceleración de la edad epigenética y el peso corporal. Y mientras que la obesidad no afecta a la edad epigenética de grasa, músculo o tejido sanguíneo, sí lo hace en la edad epigenética del hígado: ésta aumentaba en 3,3 años por cada 10 unidades de índice de masa corporal (IMC) (el IMC es una medida de asociación entre el peso y la talla que clasifica a las persona desde ‘por debajo de peso’ hasta ‘obesos’).

Por ejemplo, el trabajo ha visto que el hígado de una mujer que mide 1,67 cm y pesa 90 kilos y tiene un IMC de 33,3 sería de unos tres años mayor que el otra + de la misma estatura, pero con un peso de 67 kilos (IMC=23,3). Aunque no parece muy grave, dice Horvath, «en realidad sí que lo es. Para algunas personas, la aceleración de la edad debido a la obesidad será mucho mayor, incluso hasta 10 años más».

Además, el estudio también encontró que la pérdida rápida de peso inducida por la cirugía bariátrica no revirtió el envejecimiento acelerado, al menos en a corto plazo.

Horvath y su equipo quieren determinar si es posible prevenir el envejecimiento epigenético prematuro del tejido hepático en personas con obesidad con el fin de reducir el riesgo de diabetes y cáncer de hígado. «Los resultados apoyan la hipótesis de que la obesidad se asocia con efectos acelerados de envejecimiento y subrayan, una vez más, la importancia de mantener un peso saludable».

 

Conoce el impacto de la ansiedad en cada órgano

La tensión que produce afecta a nuestro cuerpo emocional y físicamente.

El Nuevo Día, por Francisca Vargas V./ El Mercurio, GDA

stop_ansiedad“La ansiedad es una respuesta fisiológica y emocional frente a un evento que interpretamos como amenaza y vendría a estar en la línea de lo que conocemos por miedo”, define la psicóloga Betania Cohen.

Explica, que es una respuesta de sobrevivencia que activa nuestro sistema hormonal y nervioso para poder escapar o hacer frente a una situación que es leída como una “amenaza”.

El problema está en que nuestro sistema nervioso ni nosotros dejamos de diferenciar las situaciones reales de las imaginarias, generando ansiedad crónica o patológica y ejemplifica diciendo que nos podemos poner tan ansiosos conversando con nuestro jefe, tal y como si estuviéramos en una guerra.

Por otro lado, la doctora Nelly Baeza, del programa de Salud Pública de la Universidad Central afirma que una persona con ansiedad, le invadirá una sensación de irrealidad, se sienten fuera de la situación, teme perder el control, conocimiento o enloquecer. Es decir, lo que sucede es que desencadena fuertes estados de estrés y éste a su vez, generan depresión o bien, se gatillan síntomas y enfermedades fisiológicas.

Aunque también es frecuente que induzca el vicio por la comida. Así de problemática es la ansiedad y lo peor, es que no se reconoce como una enfermedad ni como una reacción inadecuada.

¿Qué pasa en nuestro cuerpo? 

“Los síntomas clásicos son manos sudorosas, aumenta la velocidad de las palpitaciones del corazón y se produce un estado generalizado de alerta, respiración agitada y en algunos casos mareos y temblores”, enseña la psicóloga.

Pero además, la ansiedad puede afectar gravemente nuestro cuerpo. ¿Qué ocurre realmente? Toma nota:

1. Garganta: La voz se vuelve ronca, pero también se produce tensión y rigidez, que resecan la garganta y dificultan el tragar.

2. Hígado: El sistema suprarrenal producirá en exceso cortisol, que a su vez, causará que el hígado genere más glucosa, generalmente se puede absorber esa cantidad extra de azúcar, pero para quienes tienen riesgo de sufrir diabetes, es grave.

3. Piel: Como respuestas al estrés se produce un cambio de flujo sanguíneo y aparece sudor frío o las mejillas se enrojecen. Además, el sistema nervioso simpático envía más sangre a los músculos, acelerando el envejecimiento de la piel, eccemas, aumenta la transpiración y la histamina, dando paso a inflamaciones, entre otras reacciones.

4. Bazo: Para distribuir más oxígeno al cuerpo y para enfrentar la ansiedad, el bazo libera glóbulos rojos y blancos adicionales y se incrementa el flujo sanguíneo entre un 300 y un 400% durante este proceso.

5. Músculos: El cuerpo se tensa creando presión en los grupos musculares grandes. Pero también, si la ansiedad es crónica la tensión provoca dolores de cabeza, rigidez en los hombros, dolor de cuello, incluso se corre el riesgo de trastornos osteomusculares crónicos.

6. Corazón: Aumenta la probabilidad de sufrir problemas cardiovasculares dado el aumento constante del ritmo cardíaco, la elevada presión sanguínea y la sobreproducción de cortisol. Como consecuencia, puede ser causante de hipertensión, arritmia, derrames y ataques al corazón.

7. Pulmones: Existe evidencia que hay una relación entre la ansiedad y el asma, ya que las personas con asma tienen más probabilidades de experimentar ataques de pánico.

8. Cerebro: Se afectan las áreas del cerebro que influyen en la memoria a largo y corto plazo y en la elaboración de sustancias químicas que pueden dar lugar a un desequilibrio. Además, puede activar de forma constante el sistema nervioso, que a su vez puede afectar a otros sistemas del cuerpo, generando reacciones físicas, como fatiga y desgaste, entre otras.

9. Sistema inmunitario: Es el que más sufre debilitándose sus funciones, dando paso a gripes y ser más susceptible a infecciones e inflamaciones.

10. Estómago: La digestión se desregula pudiendo tener efecto a largo plazo problemas en los intestinos y en la absorción de nutrientes, produciendo ardores, hinchazón, colitis y a veces, pérdida del control de esfínteres.

11. Metabolismo: Se desequilibra y puede causar sobrepeso y obesidad. Esto por la liberación constante de cortisol en el flujo sanguíneo que hace reducir la sensibilidad a la insulina. Además, de generar úlceras.

¿Qué hacer? 

La doctora Nelly Baeza propone comenzar desde la infancia y que como padres nos hagamos responsables de la ansiedad de los hijos y enseñarles que la vida es más que responsabilidades y éxitos.

“Debemos aprender a manejar el estrés, ya que a las personas ansiosas les paraliza, las llena de temores, pensamientos y no les permite actuar”, aconseja.

Para la psicóloga Betania Cohen lo importante es empezar a diferenciar situaciones reales de las imaginadas y poner acción frente a los problemas, en vez de quedarse en un estado de paralización, en la que a veces sólo deja ansiedad y miedo.

“También sirve aprender ejercicios de respiración, que contribuyen a inducir tranquilidad y mantener hábitos saludables, como hacer ejercicio, dormir entre 6 a 8 horas diarias, alimentarse de manera correcta, suplementarse naturalmente en caso de que exista ya un desgaste del organismo”, recomienda.

Esto es, porque de lo contrario se inducirá un círculo vicioso, donde si el organismo está descuidado, habrá cansancio u otra enfermedad lo que hará que no se podrá enfrentar de manera óptima los desafíos de la vida y eso generará más ansiedad.

“La clave está en tomar conciencia y despertar del automatismo en el cual la mayoría estamos, porque eso nos enferma y a la larga trae sufrimiento”, señala la psicóloga.

Por lo tanto, el tener conciencia de todos los daños que se producen en nuestro cuerpo a causa de la ansiedad y el estrés se puede tratar de elegir otro camino, lo que no quiere decir que sea más fácil, pero valdrá la pena vivir sin esos ataques de ansiedad que paralizan y enferman.

Cómo la obesidad afecta los puntos vitales del cuerpo humano

Rubén Bravo del IMEOPunto de vista: Rubén Bravo
Portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, Especialista en Nutrición, Naturopatía y Análisis Hematológicos

  • “Cuando una sociedad es sofocada por enfermedades como la obesidad, se reduce su propio potencial”, sostiene el experto.
  • Cada 15 kg extras aumentan el riesgo de muerte temprana un 30 por ciento[1]. La obesidad severa acorta la vida de 8 a 10 años[2]

Cerebro y salud mental  

Las enfermedades cerebro y cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo. En 2008 cobraron la vida de 17,3 millones de personas, lo cual representa un 30% de todas las defunciones registradas. Se calcula que en 2030 morirán cerca de 23,3 millones de personas a causa de estos males. Gran parte de estas muertes se puede prevenir actuando sobre los factores de riesgo, entre ellos las dietas malsanas, la obesidad, la inactividad física y el aumento de los lípidos.

cerebroLa obesidad eleva considerablemente la probabilidad de sufrir problemas de memoria o inestabilidad emocional y supone un incremento del riesgo de demencia en edad avanzada. Existen estudios que demuestran que en los adultos mayores obesos las regiones cerebrales que son fundamentales para la función cognitiva son más pequeñas, lo cual hace que sus cerebros parezcan hasta 16 años más viejos que los de otras personas de su misma edad con un peso normal.

A nivel psicológico y social la obesidad acarrea tales problemas como pérdida de autoestima, depresión, estrés, apatía, ansiedad o una sensación de discriminación a nivel laboral y sentimental.

Corazón, sistema cardiovascular y aparato respiratorio

La obesidad dificulta la respiración de la persona, causa una sensación repentina de fatiga y eleva el riesgo de asma alérgica en los menores y es lo que percibimos en primera vista, pero el problema es mucho más complejo. El exceso de grasa puede obstruir las arterias e incrementar la presión arterial, así como generar insuficiencia cardíaca, ateroesclerosis, enfermedad coronaria o infartos.

la obesidad afecta al corazónSe estima que la obesidad es un factor que aumenta por 5 la probabilidad de desarrollar un problema cardíaco y se considera que puede alterar la edad del corazón, aumentándola de 5 a 10 años. Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte hoy en día y sólo en la UE cobran la vida de 2 millones de personas cada año.

Hígado, intestinos, páncreas y aparato reproductivo

La obesidad causa daños difíciles de reparar a nuestros órganos y puede detonar un hígado graso o cáncer de colon. Se estima que el 90% de las personas con síndrome metabólico padece hígado graso. Está demostrado que el cáncer de colon es más frecuente en hombres con índices de masa corporal elevados que en los que están en su normopeso.

estómago e intestinosA la obesidad y al sobrepeso se le atribuyen del 7 al 41 por ciento de determinados cánceres, como el de mama, páncreas y colon. Actualmente el cáncer causa alrededor del 7,5 millones de muertes al año, aunque la previsión de la OMS es de 13,1 millones para el año 2030.

La disfunción del páncreas en las personas obesas conlleva al desarrollo de diabetes. Se considera que la obesidad es responsable del 44 por ciento de los casos mundiales de diabetes, una enfermedad que puede disminuir hasta en 30 años la esperanza de vida.

La obesidad también es un factor de riesgo de infertilidad.  Aumenta el riesgo de sufrir cáncer de próstata en los hombres y lesiones benignas y malignas en el útero, en el caso de las mujeres.

Tobillos, rodillas, cadera y columna vertebral 

Los huesos aportan rigidez a nuestra estructura. La obesidad castiga la estructura ósea y articular del cuerpo humano y dificulta su capacidad de movilización. En las personas con obesidad es más alto el riesgo de sufrir osteoporosis, artritis, atrofia muscular o hernia discal.

huesos y articulacionesEstudios recientes de la escuela de medicina de Harvard demuestran que la obesidad aumenta los niveles de grasa en la médula ósea y en la sangre, acelerando la degradación de los huesos. La osteoporosis provoca 1,5  millones de fracturas en EEUU al año, causando la muerte en un 20 por ciento de los casos.

En general, se estima que el 80 por ciento de los problemas degenerativos de articulaciones en los adultos se debe a la obesidad. La sobrecarga del propio peso agrava el dolor de espalda y los problemas en la zona lumbar. Se calcula que las mujeres obesas son un 21 por ciento más propensos a tener dolor de espalda baja, mientras que en los hombres la cifra es de un 16 por ciento.


[1] Según el informe de la OCDE sobre “La obesidad y la economía de la prevención”.

[2] Datos de la OCDE.

Qué comer para reducir el riesgo de cáncer

Huffingtonpost /Informe 21

alimentos anticancer
En la batalla para erradicar el cáncer, hay otro factor que preocupa a los científicos: la obesidad. El American Institute for Cancer Research (AICR) comprobó que se puede prevenir una tercera parte de los tipos de cáncer si la gente mantiene un peso saludable, come una dieta basada en plantas y está físicamente activa, precisamente lo que se recomienda para evitar la obesidad.

Ya hace un tiempo atrás el National Cancer Institute (NCI) ha estado recomendando y difundiendo lo que ellos llaman la “Nueva Dieta Americana” que debe servirse en un plato: dos terceras partes de alimentos basados en plantas (vegetales, habichuelas o frijoles, granos enteros y nueces) y no más de una tercera parte de alimentos provenientes de animales como pollo, mariscos, carne magra o productos lácteos bajos en grasa. Ese estilo de comer no solo ayuda a reducir el riesgo de cáncer, sino el de enfermedades cardiacas y la diabetes.

Junto con la “Nueva Dieta Americana”, difunden la siguiente información cuatro entidades que realizan investigaciones en conjunto: las mencionadas AICR y NCA, el National Institute of Health (NIH), American Association of Retired Persons (AARP) y American Cancer Society (ACS). Algunos datos te sorprenderán.

1.- El café reduce el riesgo de cáncer del colon y del endometrio. Un estudio encontró que la gente que bebe café vive más años. Las mujeres que beben más de 3 tazas de café diarias están 35 por ciento menos propensas a ser diagnosticadas con cáncer del endometrio. Las que beben 4 o más tazas de café al día tienen un riesgo más bajo de cáncer del colon que las que no beben café. Se cree que esto se debe a que el café reduce el tiempo de tránsito de los desechos de alimentos en el intestino. Mientras menos tiempo están los desechos en el colon, menor es el riesgo de cáncer en ese órgano. Siguen estudiando el café porque tiene más de 1,000 componentes y aún no se sabe cuál protege del cáncer.

2.- La gente que come muchos vegetales, frijoles, frutas, nueces, granos enteros, aceite de oliva y pescado, y menos carne roja, carne procesada y mantequilla, tiene menos incidencia de cáncer y enfermedad cardiaca. Se relaciona la carne roja con un aumento en el riesgo de cáncer, especialmente en el colon. El cerdo no es, como dicen, “la otra carne blanca”. Está en la misma categoría de la carne roja y el cordero. Nadie debe comer más de 18 onzas semanales de carne roja a la semana, y se recomienda pre-cocinarla (al microonda o hirviendo en agua antes de ponerla a la parrilla, para reducir los cancerígenos.

3.- El licopene presente en los tomates, la toronja rosada, el repollo y las remolachas, ayuda a proteger contra el cáncer prostático.

4.- Los vegetales crucíferos como brócoli y repollo protegen contra varios tipos de cáncer por sus vitaminas, minerales y antioxidantes.

5.- Los arándanos (blueberries) protegen contra el cáncer de la boca, la garganta, los pulmones y el estómago.

6.- Las frutas rojas y anaranjadas como el melón cantaloupe y las batatas o boniatos protegen contra el cáncer de la boca.

7.- Una dieta rica en la fibra de los granos enteros protege contra el cáncer, especialmente del colon.

8.- Cualquier nivel de alcohol aumenta el riesgo de cáncer del seno. El alto consumo aumenta el riesgo de varios tipos de cáncer en ambos la mujer y el hombre, incluyendo el colon y el hígado. La ACS recomienda, como límites de consumo de alcohol, 2 tragos diarios para los hombres y un trago diario para las mujeres.