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Llega a España la batalla para reducir las porciones de comida y combatir las calorías

septiembre 6, 2017

El objetivo es reducir la ingesta y mitigar los índices de obesidad

ABC, por Isabel Miranda

A todos nos han enseñado desde pequeños a no dejar nada en el plato, pero es una costumbre que puede volverse en nuestra contra. Al menos, si la porción es demasiado grande. En Estados Unidos llevan tiempo tratando de reducir el tamaño de las bebidas, mientras que en Reino Unido, aunque los productos en los supermercados han experimentado cierta reducción, las recomendaciones no han surtido aún efecto en los restaurantes de comida para llevar. Ya hay estudios que apuntan a que, de extenderse esta estrategia, la ingesta calórica diaria podría reducirse en un 12-16% entre los adultos de Reino Unido y en un 22-29% entre los de EE. UU.

En España, la disminución de las cantidades de alimentos es otra de las cuestiones que está abordando la industria y la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) de cara a la elaboración de un marco general en la lucha contra el sobrepeso.

«Puedes dejar a medias un plato, pero cuando uno paga por algo es casi instintivo querer acabarlo. Hacer porciones grandes alienta al consumo», explica el catedrático Miguel Ángel Martínez González. El experto, que asegura que hoy lo excepcional es tener un Índice de Masa Corporal normal, advierte de que la combinación de la ingesta de bebidas y porciones inmensas «es mortal». «Es una pandemia mundial y lo vamos a pagar muy caro en términos de salud».

 Un estudio publicado en 2015 concluyó que desde 1950, los tamaños de porciones, envases y hasta vajillas habían incrementado hasta en un 50%, provocando el aumento del consumo de calorías. Ahora, muchas compañías incluyen la disminución del tamaño como parte de su estrategia: ocurre con Nestlé, que lo ha introducido en sus 10 objetivos nutricionales, así como proyectos de educación, mientras en Mondelez apuestan por mejorar la información nutricional sobre las porciones recomendadas por consumidor.

Bioquimícos advierten que la epidemia de obesidad y diabetes no es por exceso de calorías

diciembre 4, 2012

Afirman que es por los emulsionantes que a menudo están en los productos horneados y la sacarina

Por Anastasia Gubin – La Gran Época

barbara-corkey_1La bioquímica estadounidense Barbara Corkey, advirtió que la epidemia de gordura y de diabetes están relacionadas y no tienen una historia de sólo comer patatas fritas con refrescos frente a una televisión, sino algo más. Avalada por la Universidad de Boston ella propone a la comunidad científica que los responsables son los aditivos alimentarios, entre los cuales destacó la sacarina y los emulsionantes.

Los emulsionantes utilizados, llamados monoglicéridos, y que a menudo se encuentran en productos horneados procesados, y la sacarina edulcorante artificial, se comprobó que tienen efectos secundarios, destaca el informe de la Universidad de Boston.

“No creo que comer en exceso causa la obesidad”, dijo Corkey rotundamente, según el reporte publicado en el portal de la universidad y que relata la historia de sus últimas revelaciones durante el año.

Lo dice la respetada científica con cinco décadas de investigación sobre el metabolismo humano en su haber, destaca la Universidad.

La doctora Corkey se define como apasionada del estudio del metabolismo y de cómo se comunican las células implicadas en la diabetes y en la obesidad.

“La enfermedad metabólica siempre me ha interesado”, dice ella. “Es un sistema en el que todas las vías se interconectan y hablan unas con otras; y así, si se presiona en un botón para acá, tiene consecuencias en todas partes”.

En su estudio, analizó el trabajo que realizan las células beta del páncreas, las que producen la insulina, una hormona que convierte los alimentos en energía, y la almacena como grasa y glucosas. Estas células en el caso de los diabéticos, se producen en demasiada cantidad, muy poco o nada.

Lo que se sabía siempre es que la diabetes tipo 1, generalmente diagnosticada en los niños, no puede producir insulina, entonces para vivir reciben la insulina externa. El tema está en la diabetes tipo 2, donde estos suelen ser obesos.

Se suponía que los enfermos de diabetes tipo 2, tenían un déficit menos dramático o algo de insulina, pero no lo suficiente. Pero cuando a los científicos se les ocurrió verificar esto de una manera diferente, encontraron que las personas con diabetes tipo 2, en realidad tenían demasiada insulina, destacó la doctora. Entonces, esto generó una nueva pregunta para ella: “¿Si tenían un montón de insulina, que es lo que causó la diabetes?”.

Una de las teorías era que los receptores de la insulina en el tejido muscular y grasa, se hicieron insensibles y no funcionaban bien, bombardeados a su vez por un exceso de la hormona, lo que llamaron “resistencia a la insulina”. En tanto, las células beta del páncreas producían más insulina, y en ocasiones dejaban de funcionar por completo.

La doctora explica que esta idea penetró en 1980, pero nadie sabía si primero las células beta fracasaban en sus funciones o se trataba de una resistencia a la insulina.

Corkey se preguntó ¿Cómo puede haber más secreción de insulina en las células beta, si la glucosa no está elevada?. ¿Cómo se explica esto?”. Ella sospechó entonces que la respuesta estaba en las células beta, quienes eran en parte responsables de desencadenar la diabetes, y pasó las siguientes dos décadas tratando de demostrarlo.

“Sólo pensé que todo Estados Unidos estaba mal”, destacó, y ahora los científicos le dan la razón.

“Ella tenía razón. Los científicos ahora aceptan ampliamente que una persona no puede tener diabetes tipo 2 sin mal funcionamiento de las células beta, un cambio de paradigma en gran medida precipitada por Corkey”, destaca la Universidad de Boston.

Ahora, la bioquímica advierte que son los químicos, los aditivos presentes en los alimentos los que están causando esta nueva epidemia de enfermedad en el ser humano. Entre ellos están la sacarina y los emulsionantes.

Los emulsionantes corresponden a una mezcla de líquidos y grasas comunes entre compuestos químicos, que se agregan a los alimentos.

Como ganadora de la medalla Banting de la ciencia, Corkey tenía que dar una charla de una hora de duración a una multitud de 6.000 personas en junio pasado. La Universidad de Boston relata en su informe que ella se pasó una hora discutiendo la nueva dirección de su investigación, sobre los 4.000 aditivos en los alimentos de EE.UU.

“Si usted es una buena persona y hace todas las cosas correctas, usted va a ser magra. Y si usted es una mala persona y come como un cerdo y no hace ningún ejercicio, va a ser gorda”. Esa era la premisa, pero ahora ella explica, se están fijando en otro camino, estos aditivos químicos que ya están en un avanzado estudio.

La doctora de 73 años, comenzó su nueva línea de investigación con unos 500 aditivos alimentarios para los efectos sobre el hígado, grasa, tejidos o células beta.

De inmediato se constató que una clase de emulsionantes utilizados, llamados monoglicéridos, y que a menudo se encuentran en productos horneados procesados, y la sacarina edulcorante artificial, tiene efectos secundarios.

“Ambos aditivos hicieron que las células beta secretasen más insulina, pero no en la forma normal”, señaló, la científica.

Por lo general”, dice Corkey, “el calcio está implicado en la estimulación de las células beta para producir insulina, y cuando se estimula aumentan su consumo de oxígeno. Pero cuando los monoglicéridos y la sacarina fueron puestos a prueba, ninguna de estas cosas sucedieron”.

En cambio, agregó, “las células beta se sometieron a algunos cambios químicos inesperados y se liberaron moléculas llamadas especies reactivas de oxígeno, que han sido implicadas en el daño celular, la inflamación y la obesidad”.

Se sospecha que los niveles de fondo de ciertos aditivos alimentarios podrían causar cambios sutiles, pero cruciales en nuestros tejidos metabólicos, que posiblemente contribuyen a la diabetes y la obesidad, asegura la investigadora.

“Es una hipótesis que necesita pruebas y tiene que ser cuidadosamente probada”, destaca la bioquímica que continúa con sus investigaciones.

La Universidad de Boston cree que Corkey no está sola en su sospecha y agrega que los factores ambientales pueden también contribuir a la diabetes y la obesidad.

El Programa Nacional de Toxicología, del departamento de Salud y Servicios Humanos, dijo que ciertos factores desencadenantes ambientales, como el envenenamiento por arsénico y algunos pesticidas, se asocian a su vez con la diabetes tipo 1.

También encontró que los hijos de madres que fumaron durante el embarazo eran más propensos a ser obesos, informa en su reporte.

“Hay muchos factores en el ambiente que probablemente estarían provocando esta epidemia”, dice Kahn Harvard. “La mayoría de los investigadores se han centrado en las cosas obvias: usted come en McDonalds, usted se sienta en su computadora, usted engorda. Creo que es mucho más complicado que eso”.

Por supuesto que la postura de Corkey tiene sus opositores. Uno de ellos es Nestlé. Que usa aditivos y componentes en sus alimentos.

“Bárbara es una de las pocas personas que realmente comprende e integra en el metabolismo de investigación de la diabetes”, defiende Ronald Kahn, ex presidente del Centro de Diabetes Joslin y profesor de medicina de la Harvard Medical School”.

“El metabolismo vuelve ahora, después que en los últimos 30 años había sido una ciencia perdida”, agrega Kahn.

Barbara Corkey es la vicepresidenta del Departamento de investigación de la Facultad de Medicina y en noviembre fue galardonada. Ella es la ex directora del Centro de Investigación de la Obesidad en el Centro Médico de Boston Medical y el año pasado fue galardonada con la medalla de Banting para el Premio al Logro Científico, la más alta distinción científica de la Asociación americana de  Diabetes, y uno de los más importantes del mundo premios científicos.

Estadísticas alarmantes

Según el Centros de EE.UU. para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), 25,8 millones de niños y adultos en Estados Unidos, equivalentes a un 8.3 por ciento de la población tiene diabetes, la cual es a su vez, la principal causa de insuficiencia renal y de ceguera entre los adultos.

La especialista teme que un tercio de los adultos estadounidenses podrían tener diabetes para el año 2050, y esto no se ve mejor fuera de Estados Unidos, donde expresa que “las cifras son igualmente sombrías”.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), 346 millones de personas en todo el mundo, es decir un cinco por ciento de todos los seres humanos tienen diabetes, diabetes y muertes probablemente se duplicará para el año 2030.