Cómo la obesidad afecta los puntos vitales del cuerpo humano

Rubén Bravo del IMEOPunto de vista: Rubén Bravo
Portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, Especialista en Nutrición, Naturopatía y Análisis Hematológicos

  • “Cuando una sociedad es sofocada por enfermedades como la obesidad, se reduce su propio potencial”, sostiene el experto.
  • Cada 15 kg extras aumentan el riesgo de muerte temprana un 30 por ciento[1]. La obesidad severa acorta la vida de 8 a 10 años[2]

Cerebro y salud mental  

Las enfermedades cerebro y cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo. En 2008 cobraron la vida de 17,3 millones de personas, lo cual representa un 30% de todas las defunciones registradas. Se calcula que en 2030 morirán cerca de 23,3 millones de personas a causa de estos males. Gran parte de estas muertes se puede prevenir actuando sobre los factores de riesgo, entre ellos las dietas malsanas, la obesidad, la inactividad física y el aumento de los lípidos.

cerebroLa obesidad eleva considerablemente la probabilidad de sufrir problemas de memoria o inestabilidad emocional y supone un incremento del riesgo de demencia en edad avanzada. Existen estudios que demuestran que en los adultos mayores obesos las regiones cerebrales que son fundamentales para la función cognitiva son más pequeñas, lo cual hace que sus cerebros parezcan hasta 16 años más viejos que los de otras personas de su misma edad con un peso normal.

A nivel psicológico y social la obesidad acarrea tales problemas como pérdida de autoestima, depresión, estrés, apatía, ansiedad o una sensación de discriminación a nivel laboral y sentimental.

Corazón, sistema cardiovascular y aparato respiratorio

La obesidad dificulta la respiración de la persona, causa una sensación repentina de fatiga y eleva el riesgo de asma alérgica en los menores y es lo que percibimos en primera vista, pero el problema es mucho más complejo. El exceso de grasa puede obstruir las arterias e incrementar la presión arterial, así como generar insuficiencia cardíaca, ateroesclerosis, enfermedad coronaria o infartos.

la obesidad afecta al corazónSe estima que la obesidad es un factor que aumenta por 5 la probabilidad de desarrollar un problema cardíaco y se considera que puede alterar la edad del corazón, aumentándola de 5 a 10 años. Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte hoy en día y sólo en la UE cobran la vida de 2 millones de personas cada año.

Hígado, intestinos, páncreas y aparato reproductivo

La obesidad causa daños difíciles de reparar a nuestros órganos y puede detonar un hígado graso o cáncer de colon. Se estima que el 90% de las personas con síndrome metabólico padece hígado graso. Está demostrado que el cáncer de colon es más frecuente en hombres con índices de masa corporal elevados que en los que están en su normopeso.

estómago e intestinosA la obesidad y al sobrepeso se le atribuyen del 7 al 41 por ciento de determinados cánceres, como el de mama, páncreas y colon. Actualmente el cáncer causa alrededor del 7,5 millones de muertes al año, aunque la previsión de la OMS es de 13,1 millones para el año 2030.

La disfunción del páncreas en las personas obesas conlleva al desarrollo de diabetes. Se considera que la obesidad es responsable del 44 por ciento de los casos mundiales de diabetes, una enfermedad que puede disminuir hasta en 30 años la esperanza de vida.

La obesidad también es un factor de riesgo de infertilidad.  Aumenta el riesgo de sufrir cáncer de próstata en los hombres y lesiones benignas y malignas en el útero, en el caso de las mujeres.

Tobillos, rodillas, cadera y columna vertebral 

Los huesos aportan rigidez a nuestra estructura. La obesidad castiga la estructura ósea y articular del cuerpo humano y dificulta su capacidad de movilización. En las personas con obesidad es más alto el riesgo de sufrir osteoporosis, artritis, atrofia muscular o hernia discal.

huesos y articulacionesEstudios recientes de la escuela de medicina de Harvard demuestran que la obesidad aumenta los niveles de grasa en la médula ósea y en la sangre, acelerando la degradación de los huesos. La osteoporosis provoca 1,5  millones de fracturas en EEUU al año, causando la muerte en un 20 por ciento de los casos.

En general, se estima que el 80 por ciento de los problemas degenerativos de articulaciones en los adultos se debe a la obesidad. La sobrecarga del propio peso agrava el dolor de espalda y los problemas en la zona lumbar. Se calcula que las mujeres obesas son un 21 por ciento más propensos a tener dolor de espalda baja, mientras que en los hombres la cifra es de un 16 por ciento.


[1] Según el informe de la OCDE sobre “La obesidad y la economía de la prevención”.

[2] Datos de la OCDE.

Cómo evitar el bisfenol A, la peligrosa sustancia cancerígena

ESPAÑA AÚN NO LA HA PROHIBIDO

El Confidencial

sustancias cancerígenasEl bisfenol A, también conocido como BPA, es un producto químico utilizado para fabricar todo tipo de plásticos policarbonatos, latas de alimentos o bebidas, recibos de compras o extractos bancarios, CDs e, incluso, biberones. Su presencia en los productos que utilizamos a diario es tan común que un estudio del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) refrendó que más del 90% de los estadounidenses tienen trazas en su organismo de esta sustancia, aunque generalmente por debajo de la “dosis diaria tolerable”. Un umbral de seguridad que para la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de Francia (Anses) está subestimado, pues ha asegurado en repetidas ocasiones que puede ser altamente dañino para las generaciones venideras, especialmente en lo que respecta al cáncer de pecho.

La Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (AESA) publicó el pasado mes de julio un informe donde alerta que los niños de entre 3 y 10 años son los más expuestos al Bisfenol A debido a que su consumo de alimentos en relación a su peso corporal es superior al que se da en otras edades. En concreto, señala que en un 23% de los casos, las mujeres embarazadas están expuestas a niveles del compuesto potencialmente peligrosos, por lo que sus hijos tendrán más posibilidades de sufrir cáncer de pecho cuando crezcan. Unos datos que van en sintonía con el panorama legislativo, pues el Senado francés declaró ilegal este compuesto en octubre del pasado año.

Las autoridades sanitarias españolas aún no han movido ficha sobre esta controvertida sustancia que  se encuentra en el punto de mira de los investigadores médicos. Sin embargo, desde la Unión Europea se están promoviendo diversos estudios para analizar su riesgo potencial en la salud humana y legislar según sus resultados. La comunidad científica internacional no ha conseguido consensuar un punto de vista respecto a los perjuicios de la exposición al Bisfenol A, aunque sí coinciden en subrayar que los bebés y niños pequeños son el grupo poblacional con más riesgos.

La publicación de informes contradictorios ha contribuido a aumentar todavía más la desconfianza de las organizaciones de consumidores, que cada vez se preocupan más por la exposición crónica a esta sustancia. Los informes más críticos, varios de ellos publicados en la prestigiosa revista científica de la American Medical Association, concluyen que, incluso a niveles muy bajos de concentración, el BPA puede estar asociado a la diabetes, la obesidad, la infertilidad, el cáncer de mama o de próstata, los problemas cardiovasculares, las alteraciones en el desarrollo neurológico y cerebral y a los trastornos del comportamiento.

La Agencia de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA, por sus siglas en inglés) ha elaborado una serie de recomendaciones para limitar la exposición de los consumidores a esta sustancia que se pueden resumir en cinco puntos.

Código de reciclaje de las botellas

El código de reciclaje que indica el tipo de plástico usado para su fabricación en la parte inferior del recipiente (código de identificación de resinas) nos puede ayudar a identificar su presencia. Los que pueden contener más trazas de Bisfenol A son aquellos con los números 7, 3 y 10. Los plásticos que no contienen BPA, ftalato, ni poliestireno expandible son los que llevan los códigos de reciclaje con los números 1 (Pete), 2 (HDPE), 4 (LDPE), y 5 (PP), según la Unidad Especial de Salud Ambiental Infantil (PEHSU, por sus siglas en inglés).

Alternativas a las latas

Las conservas envasadas se pueden encontrar tanto en envases de lata como de cristal. La FDA recomienda abusar lo menos posible de las primeras ya que el BPA utilizado en el revestimiento de las latas puede filtrarse en el contenido de los alimentos, especialmente en el caso de los líquidos, como las sopas y las salsas.

Embotellado en vidrio

Hay muchas alternativas a los envases plásticos, incluyendo el vidrio, la cerámica, la madera o el acero inoxidable. Todos ellos son más duraderos, reducen la generación de desechos y, por supuesto, la exposición al BPA. Es especialmente recomendable sustituir el aceite embotellado en plástico por el de vidrio, ya que tiene una mayor tendencia a filtrarse en este producto.

Evitar las botellas que se rayen

La FDA recomienda evitar el consumo de alimentos calentados en envases de plástico en el microondas, así como hervir biberones de plástico hecho con BPA. Cuanto más altas sean las temperaturas más fácilmente se liberará y filtrará en los alimentos este producto químico.

No reutilizar demasiadas veces

La reutilización de botellas de plástico para beber, como es el caso de las utilizadas por los deportistas, no debe ser demasiado prolongada porque con el tiempo liberan más fácilmente el BPA.