Cómo prevenir la obesidad infantil

Revista Dominical

El sedentarismo, los videojuegos y dispositivos electrónicos, amén de la comida chatarra y las chucherías extienden la pandemia de obesidad, que estraga la salud mundial, a la infancia.  Algunas medidas sencillas, como propiciar juegos que impliquen actividad física y predicar con el ejemplo, podrían ayudarnos a alejar a nuestros niños del pernicioso sobrepeso.  

Andrea Marqués, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), nos explica cómo.

• Participación en la mesa. Un buen comienzo es crear responsabilidad en el niño frente a lo que come. Al pequeño le encantará ser partícipe de la lista que hace para elaborar el menú de la semana.

• Desayuno balanceado. Prioriza los alimentos de absorción lenta, como manzana, higo, melocotón o ciruela, lácteos, legumbre y hortalizas, huevos, carnes grasas y  frutos secos. Esto es clave para mantenerlo activo en la escuela.

• Siempre activo. Pasear al perro, ayudar con la compra, jugar en el parque o andar en bicicleta son actividades que les ganan terreno al sedentarismo, pero estas deben ser complementadas con una disciplina deportiva; aprovecha las respectivas temporadas de fútbol y béisbol para animarlo a jugar con frecuencia, y bajo tu supervisión o la de un adulto.

• Hidratación permanente. Para completar el círculo virtuoso, es clave mantener al niño hidratado, así como lograr que duerma entre 9 y 10 horas al día para la reparación celular.

• El alimento no es un juez. Nunca emplees los alimentos como premio o castigo, porque el niño o niña podría asociar los dulces como alimentos buenos y las frutas o verduras como alimentos malos.

MENÚ PARA UN NIÑO

La nutricionista Andrea sugiere el siguiente menú para infantes:

Cinco comidas al día. Distribuidas en las tres principales (desayuno, comida y cena) y 2 secundarias (media mañana y merienda).

Cinco raciones diarias de frutas y verduras, incluyendo hortalizas

Cuatro raciones diarias de carbohidratos. Cereales, pan, pasta, arroz, legumbres o patatas, tomadas en todas las comidas excepto en la cena.

Tres raciones diarias de proteínas y lácteos. Pescado, huevos, carnes y lácteos, ricos en calcio y vitamina D que participan en la formación de estructuras óseas durante el crecimiento.

Dos raciones diarias de grasas saludables. Frutos secos y aceite de oliva.

Una ración semanal. El consumo de bollería, dulces, refrescos y chips (aperitivos), debe limitarse a una a dos raciones semanales, por su poder adictivo y elevadas dosis de azúcar.

LA MEMORIA DEL PALADAR 

“Desde los 2 a los 12 años los niños aprenden los hábitos alimentarios que les influenciarán, de forma consciente e inconsciente, el resto de su vida, estableciendo unos complejos puentes neurales que les hará profundizar en sus gustos hacia unos u otros alimentos que, a partir de la adolescencia, será más complicado cambiar”.

Dieta cetogénica: ¿qué alimentos están permitidos y cuáles prohibidos?

Alimente El Confidencial, por Noelia Hontoria

Este tipo de régimen se apoya en la reducción drástica del consumo de carbohidratos, priorizando una alta ingesta de grasas en primer lugar y de proteínas en segundo

La dieta cetogénica fue la dieta más buscada en Google en 2018. A pesar de parecer un plan de alimentación moderno, cuenta con casi un siglo de antigüedad. Fue Russell M. Wilder, profesor, médico y científico muy relacionado con la investigación de la diabetes y la nutrición, quien acuñó este término en el año 1921.

A pesar de ser una dieta muy antigua, todavía existen numerosas dudas respecto a ella, como si se puede consumir un bajo porcentaje de hidratos o si tiene contraindicaciones para la salud.

Base de la dieta cetogénica

La dieta cetogénica (o dieta keto) busca generar una situación de cetosis en el cuerpo a través la restricción de cierto tipo de alimentos. Es baja en glúcidos e hidratos de carbono y la alimentación del sujeto que la lleva a cabo está basada en proteínas y grasas.

La reacción del cuerpo a la situación de cetosis es muy similar a la que se produce cuando existe el ayuno. La energía se obtiene de las grasas almacenadas y no de los hidratos de carbono, de modo que se produce una pérdida de peso rápida.

Si hacemos un repaso rápido a sus beneficios, anotan desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad, destaca la pérdida de peso apoyada en la pérdida de grasa y manteniendo la musculatura, la mejora de los niveles de colesterol y la disminución del apetito.

Sin embargo, entre sus desventajas se incluyen el bajo aporte de vitaminas, minerales y fibra y la posibilidad de tener estreñimiento, halitosis o arritmias.

Además, también debemos tener en cuenta la probabilidad de generar cuerpos cetónicos, unos compuestos generados a raíz de los desechos de las grasas, un proceso similar al que sufre el cuerpo cuando existe una diabetes. Esto puede provocar dolor de estómago, vómitos, fatiga, dificultad para respirar, mal aliento…

Mantener el estado de cetosis es difícil y arriesgado, por lo que siempre se debe realizar esta dieta bajo supervisión médica.

Alimentos permitidos y prohibidos en ella

Si en una dieta normal la presencia de hidratos de carbono representa aproximadamente el 50% o 60% de las calorías ingeridas, en la dieta keto los hidratos se sitúan entre el 5% y el 10%.

No hablamos solo de dejar de consumir pasta o patatas, los máximos exponentes y los más conocidos por todos nosotros. Los hidratos de carbono se encuentran también en frutas y verduras, de ahí que se considere una dieta baja en vitaminas. Según lo restrictivo que sea el plan nutricional que sigamos, puede permitirnos consumir algo de fruta como excepción, mientras que en otros casos se prohíbe por completo.

En la dieta cetogénica también se eliminan alimentos como pan, harinas, cereales o legumbres (esto justifica la baja proporción de fibra consumida). También se rechazan los alimentos procesados, los dulces o las bebidas gaseosas y/o azucaradas, que suelen contener una alta cantidad de hidratos de carbono, aunque en cualquier caso es saludable retirarlas de la dieta, por lo que este es el mal menor.

Por otro lado, entre los alimentos que sí se permiten encontramos como prioridad el consumo de ácidos grasos saludables y de proteínas. De hecho, es habitual que se complemente la alimentación con suplementos proteicos. El pescado azul, la carne, los embutidos, algunos frutos secos, los huevos, los lácteos ricos en grasas, el aceite de oliva o las especias son las bases de la dieta cetogénica. Aunque los vegetales en general también están prohibidos, hay algunas excepciones, como los de hoja verde, además del aguacate.

¿Están totalmente prohibidos los hidratos?

No. De hecho, incluso aunque busquemos el estado de cetosis, siempre se incluye un pequeño porcentaje de hidratos. Cuando hablamos de dieta cetogénica a secas nos solemos referir a la dieta cetogénica estándar, donde se busca consumir más de un 70% de grasas, un 20% de proteínas y menos de un 10% de hidratos de carbono.

También se puede optar por una dieta cetogénica alta en proteínas, donde se equilibra un poco más la balanza, con un 60% de grasas, un 35% de proteínas y un 5% de hidratos.

En algunos casos sí que podemos introducir los carbohidratos en la dieta. Por ejemplo, los deportistas, en días de entrenamiento de alta intensidad o de competición. También existe la denominada dieta cetogénica cíclica, donde se pueden combinar días cetogénicos con días de alimentación estándar, siempre que la balanza se mueva a favor de la cetosis.

¿Podemos comer saludable con esta dieta?

Dependerá de la proporción que le demos a cada alimento. No es lo mismo que hagamos un alto consumo de embutidos a que nos apoyemos principalmente en alimentos como el pescado azul o los frutos secos, muy saludables. También es muy importante mantener un alto consumo de proteínas.

Sin embargo, no resulta saludable eliminar nutrientes básicos. La falta de fibra y vitaminas puede llevar a problemas de salud, por lo que siempre debemos buscar suplirlos con alimentos que sí estén permitidos y que a la vez nos den un buen aporte de estos.

Asimismo, no debemos abusar de grasas saturadas por los problemas cardiovasculares que suelen llevar asociados.

Siete hábitos que te ayudarán a depurar tu cuerpo tras los excesos

Durante las celebraciones navideñas se engorda una media de 3-5 kilos.

La Razón

Entre comidas, cenas, copas y reuniones familiares, laborales y de amigos y compañeros, las Navidades hacen que comamos y bebamos de forma excesiva durante más de dos semanas. Como consecuencia, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad calcula que el resultado de todas estas ingestas es un incremento de entre 3 y 5 kilos de peso como media por persona.

Este instituto ha calculado también que una única comida de Navidad aporta una media de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías, que equivale a lo que deberíamos comer en todo un día o incluso dos, dependiendo de la constitución física del individuo. De esta forma, las semanas posteriores a las navidades resultan clave a la hora de depurar nuestro organismo, eliminar las toxinas ingeridas en exceso y perder el peso ganado.

Ondalium, empresa española de salud y alimentación saludable, ha creado una guía con los consejos a seguir tras los excesos de estas fiestas:

Compra con cabeza y comerás con cabeza: lo primero es lo primero. Pasadas las navidades, debemos evitar todos los productos que perjudiquen la salud y aporten más grasas de las necesarias, como los salados, azucarados, procesados, refinados, comida rápida… Habrá días en que se tengan caprichos o antojos y, por eso, es mejor no comprar ciertos productos, para evitar caer en la tentación y tener a mano opciones saludables para picar.

Pequeñas cantidades en cinco comidas al día: tras los increíbles excesos navideños, cargadas no solo de excesos, sino también de malos hábitos horarios, es importante volver a poner orden en el número de comidas y cantidades que ingerimos. La recomendación principal en este aspecto es realizar cinco comidas diariamente, siendo las más contundentes el desayuno y la comida, y las más ligeras la media mañana, la merienda y la cena. Se aconseja tomar productos vegetales al menos dos veces al día y frutas tres.

Método del plato: no menos importante que cuidar las cantidades es volver a los equilibrios saludables de comida. No puede ser que la mayoría de nuestras comidas consistan en carne como plato principal con patata de guarnición y turrones de postre. Tenemos que convertir de nuevo las proporciones saludables en la norma. Como referencia, podemos utilizar la siguiente proporción, en lo que se denomina ‘método del plato’: 50% verdura, 25% proteína (pescados o carnes) y 25% hidratos de carbono.

Más líquidos, menos alcohol: después de días bebiendo demasiado vino, cervezas y copas, es el momento de aumentar la ingesta de líquidos, pero sin alcohol. En este momento, podemos añadir algunas infusiones, que ayuden a tener una buena digestión, así como otros complementos que puedan beneficiar al cuerpo, como Extracto Fluido Concentrado de Ajo Negro, 100% natural y ecológico. Además, es recomendable beber dos litros de agua diarios.

Hacer ejercicio con objetivos razonables: igual de importante que alimentarse bien, es mantener una rutina de deporte adecuada. Y lo importante es establecer objetivos realizables, no imposibles, para no perder el ánimo a la primera de cambio. Si no eres una persona acostumbrada al ejercicio, el consejo básico es caminar durante 30 minutos a paso rápido cada día. Por supuesto, se puede incrementar la complicación combinando ejercicios de fuerza de diferentes intensidades con clases o deportes, como zumba o body combat, por ejemplo.

Adaptar el ejercicio a su rutina diaria: no solo debemos pensar en el ejercicio como una forma de perder peso, sino como una forma de sentirnos más felices y que nos ayude en nuestro trabajo. Un ejemplo es una persona que trabaje sentada en una oficina durante 8 horas. La recomendación para ella es realizar ejercicios que fortalezcan la espalda, para evitar dolores, así como intentar hacer descansos visuales de la pantalla de forma regular, para evitar también los problemas oculares. Además, realizar deporte genera endorfinas, hormonas que producen felicidad y alivian dolores y malestar. Tener todo esto en cuenta hará que nos resulte más sencillo integrar el deporte durante estos duros días post vacacionales.

Bienestar mental: el estado de ánimo y equilibrio mental son fundamentales en este proceso también. Muchas veces, el estrés, los nervios o la ansiedad, hacen que sintamos la necesidad consumir ciertos alimentos, que siempre suelen ser ricos en grasas y poco nutritivos. Por eso, es importante que los objetivos marcados de pérdida de peso sean realistas y alcanzables, para evitar frustrarse al no conseguirlos. Hay diferentes formas de evitar los altos niveles de estrés, como realizando ejercicios relajantes, como yoga, pilates o tai-chi; disfrutando de la naturaleza en compañía, descansando o, sencillamente, disfrutando de un hobby.

Miguel Serrano, director técnico y socio fundador de la compañía, recuerda: “lo importante es ser constante. No sirve de nada que el día 1 vayamos al gimnasio o empecemos a comer más saludablemente, si solo lo hacemos durante unos días. Una tarea se convierte en un hábito tras realizarla durante al menos 21 días. Son cambios que el cuerpo aceptará mejor y que se mantendrán en el tiempo, evitando el temido efecto rebote o yo-yo. Para conseguirlo es importante crear rutinas realizables y tomar complementos que refuercen los efectos positivos y nos ayuden, como Extracto Fluido Concentrado de Ajo Negro”.

Ser más felices, una cuestión de alimentación

Ingerir ciertos nutrientes y alimentarse saludablemente puede ayudar a mejorar el estado de ánimo.

El Tiempo por Pablo Gutman (EFE Reportajes, con información de Europa Press)
Asumir hábitos de vida saludable y comer de forma sana está de moda. Más allá de los beneficios físicos de combinar estas dos prácticas, cada vez son más los expertos que señalan la relación directa entre lo que se ingiere y una mayor estabilidad emocional. Según la dietista integrativa de Harvard Medical School, Neus Elcacho, todo lo que se hace, piensa y se come a lo largo del día aleja o acerca a las personas de la felicidad. “Las emociones forman parte de nuestro organismo, y si comemos muchos azúcares o alimentos procesados tendremos consecuencias a este nivel”, asegura.
Autora del libro ‘La dieta de las emociones’, la experta aconseja seguir una dieta consciente, nutritiva y responsable en la que la persona sepa en todo momento que está ingiriendo teniendo en cuenta los valores nutricionales de los alimentos. “La digestión es la base de todos nuestros problemas; en el aparato digestivo es donde se absorben todos los tóxicos y los nutrientes. En el intestino, por ejemplo, tenemos una cantidad de neurotransmisores y hormonas impresionantes, por lo que cuanto más limpio y operativo esté, todo irá mejor”, subraya.
La médica y nutricionista Odile Fernández define estos neurotransmisores como las “moléculas de la felicidad”. Su tarea es la de transmitir todas las acciones ordenadas por el cerebro y modulan las emociones.

Contra la depresión

Según Fernández, una dieta basada en el mundo vegetal, que priorice la ingesta de frutas, hortalizas, legumbres, semillas y frutos secos, ayuda a aumentar la síntesis de estas moléculas relacionadas directamente con el buen humor, como son la serotonina, la melatonina, la dopamina y la noradrenalina. Este tipo de dietas pueden ayudar a las personas con depresión o mayor probabilidad de desarrollar esta enfermedad a prevenir sus efectos. “La depresión se relaciona con la inflamación crónica. La carne es proinflamatoria, por eso se aconseja reducir su presencia” y reemplazarla por alimentos ricos en omega 3, “con un gran poder antinflamatorio”. En este grupo se encuentra también el pescado azul, como la caballa o las sardinas.
Carmen Escalada, diplomada en nutrición y dietética, destaca la importancia de consumir alimentos ricos en magnesio, “un mineral que interviene en la producción de energía, aumentando nuestra vitalidad”. Y añade que los carbohidratos también son importantes para la felicidad por su alto contenido en glucosa, nutriente necesario para el correcto funcionamiento del cerebro. Eso sí, advierte, en cantidades sensatas.
En cuanto a los buenos hábitos que se deben adoptar a la hora de comer y que favorecen la estabilidad emocional, el principal es evitar las grandes ingestas de alimentos o atracones. “Psicológicamente, nos generan un sentimiento de culpa muy fuerte”, señala Andrea Marqués, del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.
También, añade Escalada, es importante aprender a disfrutar de las comidas. Recomienda comer en un ambiente tranquilo, masticar despacio y disfrutar de cada bocado y de sus características organolépticas (sabor, olor y textura). De esta manera, prosigue, “se puede identificar mejor nuestro nivel de saciedad y, seguramente, ingeriremos menos cantidad de comida. El efecto son digestiones menos problemáticas”.
Estos son los diez alimentos que más potencian la estabilidad emocional y los diez más perjudiciales de acuerdo con las médicas:

Los diez más felices

1. Cacao puro y vainilla sin azúcares.
2. Pan de calidad elaborado a partir de harina integral que no sea de trigo ni incluya levadura y sal.
3. Semillas.
4. Frutos secos, por su alta presencia de micronutrientes, aminoácidos y grasas.
5. Verduras, frutas y germinados.
6. Alimentos con omega 3: semillas de chía, lino y sus aceites, y pescado azul pequeño, como sardinas, boquerones y anchoas.
7. Huevos ecológicos.
8. Carne de calidad en pequeñas cantidades (dos o tres veces a la semana).
9. Aceite de oliva y aguacate.
10. Agua: “No es un alimento, pero es esencial. Una deshidratación puede provocar cefaleas, bajadas de tensión y desconcentración”, aclara Neus Elcacho.

Los diez más nocivos

1. Todo lo que contenga azúcares añadidos, como la bollería, los zumos, las bebidas con gas, las galletas, las magdalenas y el chocolate convencional.
2. Alimentos elaborados con aceite de palma refinado o grasas trans.
3. Cereales de desayuno o pasta y arroz refinados (no integrales).
4. Alimentos procesados a los que se haya añadido fructosa, melaza, jarabe de maíz, sorbitol, maltitol o xilitol.
5. Bebidas con alcohol.
6. Pizza convencional.
7. Perros calientes.
8. Hamburguesas de cadenas de comida rápida.
9. Exceso de sal.
10. Alimentos con glutamato monosódico.

PABLO GUTMAN
EFE Reportajes
@EFEnoticias
* Con información de Europa Press

¿Puedo saltarme la dieta una vez a la semana para hincharme a hamburguesas?

La controversia está servida sobre la moda de las ‘cheat meals’ y los ‘cheat days’

Buena Vida El País, por Ángeles Gómez Lopez

Que el mundo tiene un problema con el exceso de kilos es de sobra conocido y los datos lo demuestran: más de 1.900 millones de personas tienen sobrepesoSolo en España, el 61% de la población supera el límite considerado normal (el 39,3 tiene sobrepeso y el 21% es directamente obesa), apunta el Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE). Esta realidad, unida a la presión social por la imagen y la moda por lo healthy ofrece un campo abonado para que proliferen todo tipo de dietas (la mayoría con escaso rigor científico), que a menudo utilizan reclamos del tipo “sin pasar hambre”, “variada” o “no aburrida” para captar adeptos.

Ponerse a dieta es sinónimo de sacrificio. Por eso, muchas personas abogan por hacer pequeñas transgresiones que alivian el rigor, aunque después de esas licencias suene la voz de Pepito Grillo martilleando la conciencia. Un ejemplo son los conocidos como cheat day (día trampa) y cheat meal (comida trampa), que consisten en saltarse la dieta durante una comida o un día para comer todo aquello que nos apetezca, aunque no sea saludable.

“El concepto se introdujo como compensación gratificante durante un día o una comida en un escenario de una dieta hipocalórica”, describe Francisco Tinahones, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad(SEEDO) y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (Ciberobn). La idea es que esta estrategia incremente la motivación para llevar una dieta hipocalórica el resto de los días, pero “no hay ninguna evidencia científica que demuestre que esta forma de actuar incremente la pérdida de peso o la motivación“, añade Tinahones.

¿Hay una relación entre las “comidas trampa” y los desórdenes alimentarios?

El concepto no procede del mundo de la medicina ni del de la nutrición, sino del fitness, indica José Manuel Moreno, director de la revista Nutrición Hospitalaria, y aclara que en lugar de llamarlo “comida trampa” o “día trampa” y prefiere hablar de hacer excepciones: “Trampa suena a engaño, a falta de compromiso, y ese no es el propósito de hacer un día o una comida diferente”.

De hecho, un estudio publicado en Psychology&Health ha comprobado que hay personas que perciben esa recompensa como algo negativo y ese sentimiento de culpa puede conducir a pérdidas de autocontrol respecto a la comida. Otro trabajo en Appetite encuentra una fuerte correlación (mayor en los hombres que en las mujeres) entre la participación en comidas trampa y los síntomas de trastornos alimentarios y atracones, aunque sin repercusiones psicológicas o clínicas.

Para Moreno “en cualquier régimen de alimentación saludable hay cabida para que un día o en una comida se pueda hacer una excepción sobre la dieta habitual. El problema está en la falsa imagen que se ofrece de las cheat meal a través de las redes sociales, que tienden a idealizar su empleo en el contexto de personas muy comprometidas con la mejoría de su imagen o forma física que las conciben como una recompensa psicológica, sin demostrar potenciales repercusiones clínicas”.

“No existe un beneficio en seguir una dieta tan restrictiva que nos obligue a romperla”

La falta de evidencia científica sobre las consecuencias de las comidas trampa lleva a los expertos a poner en cuarentena los mensajes que llegan alrededor de esta estrategia. Por ejemplo, ¿tiene algún impacto sobre las hormonas que regulan el apetito? Bartolomé Burguera, director del Programa de Obesidad de la Clínica Cleveland, en Ohio (Estados Unidos) reconoce que “existe la creencia de que las dietas con trampa, al permitir una comida con cierto exceso, conllevan un aumento de los niveles de leptina [una de las hormonas reguladoras del apetito; cuanto más alto su nivel, menor el hambre] que podrían alterar la tasa metabólica basal, pero no está demostrado”. Por el contrario, existe evidencia científica de que “la pérdida de peso va asociada a una disminución de la tasa metabólica basal derivada del esfuerzo [del organismo] por conservar reservas”, añade.

Burguera afirma que “no existe un riesgo significativo en el hecho de permitirse una comida menos restrictiva una vez a la semana; de la misma forma no existe un beneficio claro en seguir una dieta tan restrictiva que nos cause la necesidad imperiosa de romperla un día”.

Coincide con el director de la revista Nutrición Hospitalaria en que las comidas trampa pueden ser útiles en deportistas que tienen que alcanzar unos objetivos en un momento puntual, pero “para la población en general no considero que sean eficaces a largo plazo ni hay ninguna evidencia que lo demuestre”, y lanza un aviso: “Esa comida semanal donde no existe control lleva obviamente asociada una ingesta extra de calorías que pueden compensar la restricción que se ha llevado a cabo durante el resto de la semana, sin además causar ningún beneficio asociado a un incremento en la tasa metabólica basal”.

No abusar de las grasas saturadas en los días “trampa”

Después de esta declaración parece difícil defender esta estrategia, pero el dietista-nutricionista Rubén Bravo, portavoz del IMEO ofrece una propuesta conciliadora: “Disfruta de tu comida trampa, degusta ese plato que habitualmente no puedes comer”. Pero que quede claro que ha dicho comida y no día trampa: “Es muy importante aclarar que se trata de una sola comida y no un día entero, pues lo que inicialmente puede ser un método que ayude a desestresar de una dieta muy estricta, podía convertirse en una falta de control, que provoque altos niveles de ansiedad y potencie un proceso de comedor compulsivo”.

Tampoco podemos venirnos arriba y llenar el plato de grasas saturadas. En su opinión lo mejor es aprovechar para comer carbohidratos y enumera algunos de los platos que le parecen válidos: “Una hamburguesa completa con patatas y de postre una porción de bizcocho; paella; tortilla de patata; un buen bocadillo de jamón; fajitas de trigo y carne, dos huevos fritos para mojar pan; un plato de pasta o una buena ración de lasaña; una pizza casera, o ensalada campera”.

La cocina de la felicidad

La Vanguardia de México / EFE

Tres nutricionistas describen la alimentación que contribuye a mejorar nuestro bienestar emocional y estado de ánimo, y explican que la forma y el ambiente en que comemos puede ayudarnos a ser más felices

MADRID.-¿Sabe que hay alimentos que influyen en nuestro estado de ánimo y en nuestro humor, y que las personas que se sienten más satisfechas y felices suelen fumar y beber menos, hacer más ejercicio y comer mejor?

La doctora Odile Fernández,  especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y posgrado en Medicina Preventiva y Salud Pública, señala que “Felicidad es sinónimo de salud, dado que nuestra comida diaria puede influir en nuestras emociones y, por tanto, en nuestra salud”.

La doctora Fernández, autora de los libros “Mi Revolución Anticáncer” y “Recetas para Vivir con Salud”, apuesta por la que denomina “cocina de la felicidad”, es decir aquella alimentación que puede ayudarnos a mejorar nuestro bienestar emocional y nuestro estado de ánimo.

Odile Fernández se define a sí misma como “mamá, médico y superviviente de cáncer, por este orden” y su blog Mis recetas anticáncer (https://www.misrecetasanticancer.com) recibe a diario miles de vistas.

Esta médica propone un estilo de alimentación que no solo es válido para personas sanas que quieren sentirse mejor y más felices, sino que también podría ser útil para quienes sufren trastornos del ánimo, como la depresión, y trastornos de ansiedad y quieren mejorar su sintomatología.

LAS MOLECÚLAS QUE PREVIENEN LA DEPRESIÓN

Según Fernández, “la depresión se relaciona con la inflamación crónica, y dado que la carne es proinflamatoria, es decir que promueve la inflamación, aconseja reducir su presencia en los menús, en especial la carne roja, la procesada y los embutidos”.

Esta experta recomienda incorporar a diario las especias para dar sabor a los platos ya que son muy antiinflamatorias, y sugiere probar especialmente la cúrcuma, el jengibre, la pimienta, la canela, el clavo y el cardamomo, en sofritos, guisos, postres y bebidas, entre otros alimentos.

La doctora Fernández también aconseja consumir pescado azul al menos dos veces por semana, ya que es rico en Omega 3 y tiene un gran poder antiinflamatorio.

“El boquerón, la sardina, la caballa y el jurel son los más recomendados”, apunta.

“Las ‘moléculas de la felicidad’  o neurotransmisores, son pequeñas sustancias que ayudan a poner en contacto a nuestras neuronas, transmiten todas las acciones ordenadas por el cerebro y modulan nuestras emociones”, según esta profesional.

Explica que una dieta basada en el mundo vegetal, con frutas, hortalizas, legumbres, semillas y frutos secos, “nos ayudará a aumentar la síntesis en nuestro organismo de los neurotransmisores del buen humor, como son la serotonina, la melatonina, la dopamina y la noradrenalina”.

Fernández recomienda dormir como mínimo siete u ocho horas cada noche, siendo lo ideal estar dormido a las 23:00 horas, procurando que la habitación esté oscura y evitando usar los dispositivos móviles y mirar la televisión antes de dormir.

En lugar de eso “es mejor darse un baño calentito, un automasaje, practicar ejercicios de relajación o tomar una infusión templada de melisa o valeriana”, señala.

Esta doctora sugiere, asimismo,  tomar el sol veinte minutos cada día, preferiblemente por la mañana, para incrementar en nuestro organismo la síntesis de vitamina D, la cual regula el estado de ánimo y ayuda a prevenir la depresión.

“El complejo de vitaminas B nos ayuda a producir moléculas de la felicidad”, asegura Fernández, señalando que encontraremos la vitamina B6 y el ácido fólico en el mundo vegetal y la vitamina B12 en huevos, pescados y carnes.

Por otra parte, es categórica al afirmar: “No fumes. El tabaco merma nuestra salud y genera radicales libres, unos compuestos químicos perjudiciales para la salud y relacionados con el inicio de la depresión”.

La doctora Fernández también recomienda hacer ejercicio a diario.“Por ejercicio entendemos, no solo hacer deporte, sino también caminar a paso ligero, cuidar el jardín, subir escaleras en vez de usar el ascensor y moverse en lugar de quedarse en el sillón” , enfatiza.

“Los alimentos más destacados y recomendables para consumirlos a diario en ‘la cocina de la felicidad’ son el chocolate negro y el plátano”, según Fernández.

COMER CON TRANQUILIDAD Y EN BUENA COMPAÑÍA

Por su parte,  las nutricionista  Carmen Escalada y Andrea Marqués,  del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (www.imeoobesidad.comexplican a Efe que, para ser más felices y estar más animados, no solo es importante lo que se come, sino además cómo se come.

Marqués, nutricionista dietista con grado en nutrición y dietética y postgrado de especialista en nutrición y gastronomía, recomienda los denominados “Platos coloreados”.

“Cuanta más variedad de colores haya en nuestro plato, más atractivo será visualmente, estimulando nuestra apetencia. Para ello resulta muy práctico combinar las verduras o frutas de temporada con alimentos proteicos”, explica.

También es importante para ella  “comer en un ambiente tranquilo, masticar despacio disfrutando de cada bocado y  de sus características organolépticas, como el sabor, el olor y la textura, entre otras”.

“Comiendo de esta manera, identificaremos mejor nuestra señal de saciedad y, seguramente, ingeriremos menos cantidad de comida, por lo que  tendremos mejores digestiones”, destaca.

“Para una ‘alimentación para la felicidad’ también hay que evitar las grandes ingestas o atracones, pues nos harán sentir más pesados y psicológicamente nos generarán un sentimiento de culpa sobrecargando emocionalmente el acto de comer”, señala Marqués.

Esta nutricionista dietista también aconseja “hacer al menos una comida al día en compañía, en lugar de alimentarse mirando la televisión o delante del ordenador”.

“El compartir este rato nos va a aportar un placer extra por la buena compañía y nos permitirá relacionar la comida con un momento social”, apunta Marqués.

NUTRIENTES QUE NOS LEVANTAN EL ÁNIMO

Para mejorar nuestro estado de ánimo, Carmen Escalada, diplomada en nutrición y dietética, y postgrado en nutrición clínica y deportiva, destaca la importancia de consumir alimentos ricos en magnesio, “un mineral que interviene directamente en la producción de energía aumentando nuestra vitalidad”.

En ese sentido, esta experta aconseja tomar cacao en polvo puro en el desayuno, frutos secos como nueces, almendras o anacardos en los medios tiempos, es decir entre las comidas principales, y legumbres al menos una vez a la semana.

Escalada  señala que también “debemos cuidar el consumo de triptófano, un aminoácido precursor de la serotonina, que nos ayudará a mejorar nuestro bienestar emocional sintiéndonos más tranquilos y relajados”.

“Algunas fuentes naturales de triptófano son la carne roja, la leche, los huevos, las legumbres y cereales integrales y, por supuesto, el chocolate negro, del que podemos consumir 1-2 onzas al día después de la comida o de la cena”, asegura.

Los carbohidratos también son importantes para la felicidad, según Escalada, ya que “no debemos olvidar que la glucosa alimenta nuestro cerebro”.
“Aunque es importante buscar estos nutrientes en fuentes saludables. Por ejemplo, podemos consumir pan integral o fruta por la mañana recargando así nuestra energía y activando nuestro metabolismo para empezar bien el día”, indica a Efe.

Escalada coincide con la doctora Fernández en la recomendación de consumir alimentos ricos en ácidos grasos Omega 3,  señalando que están presentes en las anchoas, el salmón y el atún, que resultan fáciles de consumir en verano, así como en los frutos secos naturales: almendras, nueces y pistachos.

¿Qué tomar en cuenta en las dietas de moda?