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Cómo prevenir la obesidad infantil

agosto 26, 2019

Revista Dominical

El sedentarismo, los videojuegos y dispositivos electrónicos, amén de la comida chatarra y las chucherías extienden la pandemia de obesidad, que estraga la salud mundial, a la infancia.  Algunas medidas sencillas, como propiciar juegos que impliquen actividad física y predicar con el ejemplo, podrían ayudarnos a alejar a nuestros niños del pernicioso sobrepeso.  

Andrea Marqués, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), nos explica cómo.

• Participación en la mesa. Un buen comienzo es crear responsabilidad en el niño frente a lo que come. Al pequeño le encantará ser partícipe de la lista que hace para elaborar el menú de la semana.

• Desayuno balanceado. Prioriza los alimentos de absorción lenta, como manzana, higo, melocotón o ciruela, lácteos, legumbre y hortalizas, huevos, carnes grasas y  frutos secos. Esto es clave para mantenerlo activo en la escuela.

• Siempre activo. Pasear al perro, ayudar con la compra, jugar en el parque o andar en bicicleta son actividades que les ganan terreno al sedentarismo, pero estas deben ser complementadas con una disciplina deportiva; aprovecha las respectivas temporadas de fútbol y béisbol para animarlo a jugar con frecuencia, y bajo tu supervisión o la de un adulto.

• Hidratación permanente. Para completar el círculo virtuoso, es clave mantener al niño hidratado, así como lograr que duerma entre 9 y 10 horas al día para la reparación celular.

• El alimento no es un juez. Nunca emplees los alimentos como premio o castigo, porque el niño o niña podría asociar los dulces como alimentos buenos y las frutas o verduras como alimentos malos.

MENÚ PARA UN NIÑO

La nutricionista Andrea sugiere el siguiente menú para infantes:

Cinco comidas al día. Distribuidas en las tres principales (desayuno, comida y cena) y 2 secundarias (media mañana y merienda).

Cinco raciones diarias de frutas y verduras, incluyendo hortalizas

Cuatro raciones diarias de carbohidratos. Cereales, pan, pasta, arroz, legumbres o patatas, tomadas en todas las comidas excepto en la cena.

Tres raciones diarias de proteínas y lácteos. Pescado, huevos, carnes y lácteos, ricos en calcio y vitamina D que participan en la formación de estructuras óseas durante el crecimiento.

Dos raciones diarias de grasas saludables. Frutos secos y aceite de oliva.

Una ración semanal. El consumo de bollería, dulces, refrescos y chips (aperitivos), debe limitarse a una a dos raciones semanales, por su poder adictivo y elevadas dosis de azúcar.

LA MEMORIA DEL PALADAR 

“Desde los 2 a los 12 años los niños aprenden los hábitos alimentarios que les influenciarán, de forma consciente e inconsciente, el resto de su vida, estableciendo unos complejos puentes neurales que les hará profundizar en sus gustos hacia unos u otros alimentos que, a partir de la adolescencia, será más complicado cambiar”.

El desayuno en familia es sobretodo un acto social

julio 15, 2011

La alimentación de las personas tiene una importante dimensión social. Los hábitos alimentarios de un niño se determinan desde una edad muy temprana y factores como la cultura, la religión, el poder adquisitivo de la familia, el clima, los mitos o tabúes imperantes, los acontecimientos populares o la moda. No hay que olvidar que el desayuno es un momento importante en la dinámica familiar y da lugar a diálogo, encuentro y comunicación que forman parte de la personalidad del menor. Las prisas por llegar a la escuela y la somnolencia de los primeros momentos de la mañana, en ocasiones impiden realizar la primera comida del día correctamente, lo que puede provocar una disminución de la atención y del rendimiento en las primeras horas de clase. La familia debe tratar de organizar su tiempo para que el escolar pueda disfrutar de un buen desayuno.

Cocinar juntos es un buen hábito. Los niños que cocinan con sus padres o sus hermanos valoran los ingredientes y los productos que comen, aprenden a degustarlos, a olerlos y a conocer su textura y a la vez a estimular el gusto desde pequeños.

Es imprescindible predicar con el ejemplo. Los niños son esponjas y continuamente observan y aprenden las conductas de sus padres, por lo que es importante realizar los desayunos con ellos, y también de forma equilibrada.

Desayunar en familia comporta varios beneficios:

Fomenta los buenos modales del niño: los niños aprenden por imitación, por lo que si ven a sus padres utilizar los cubiertos, sentarse bien en la mesa y lavarse las manos antes de comer y después los dientes, los niños también lo harán.
Ayuda a crear vínculos familiares: el tiempo compartido en el desayuno es en muchas ocasiones el único momento del día en el que las familias están juntas. Se refuerzan los sentimientos de unidad y pertenencia.

Escucha los consejos de Rubén Bravo, nutricionista y naturópata del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) respecto la parte social de un desayuno familiar.

Fuente: www.laformuladeldesayuno3s.com