“La nutrición puede determinar la vida o la muerte en un paciente de COVID-19”

RTVE, por Jessica Martín

“La nutrición puede determinar la vida o la muerte en un paciente de COVID-19”. Lo afirma con rotundidad el coordinador del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), el doctor Francisco Botella, quien explica por qué su especialidad está directamente implicada en el tratamiento de la enfermedad en todas sus fases y en qué medida el soporte nutricional es “vital” en las personas hospitalizadas.

“El virus nos infecta, pero la respuesta inflamatoria es, muchas veces, lo que ocasiona los cuadros graves que acaban en la UCI. En situación de mucha inflamación, hay mucha demanda nutricional, y el problema es que, en casos graves, el paciente no es capaz de alimentarse solo y, a veces, tiene que elegir entre respirar y comer. De no ser por el soporte, esa situación llevaría a una desnutrición que provocaría más mortalidad”, sostiene Botella en una conversación con RTVE.es.

Su conocimiento y su experiencia diaria en el Hospital Universitario de Albacete le llevan a subrayar que un tratamiento nutricional adecuado y precoz es capaz de “mejorar el pronóstico” de pacientes pluripatológicos diagnosticados de COVID-19, algo que también han defendido desde la Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN) y la Sociedad Europea de Endocrinología.

La dieta del paciente hospitalizado por COVID-19

Desde la SEEN, propusieron, ya a mediados de marzo, un protocolo de tratamiento médico nutricional dirigido a cubrir las necesidades, mejorar la situación clínica de los pacientes y evitar secuelas.

La dieta para los pacientes hospitalizados, apuntan los expertos, debe ser energéticamente “densa” e hiperproteica, para proporcionar unas 25-30 kcal/kg de peso/día y 1,5 gramos de proteínas por kilogramo de peso y día, apoyándose en el empleo de suplementos nutricionales orales añadidos a la dieta.

“Ha sido necesario reestructurar las dietas hospitalarias para adaptarlas a las dietas especiales que requieren estos pacientes, que deben estar enriquecidas en calorías y proteínas y ser fáciles de comer para que el paciente no se canse, no se agote. Además, vimos que una de las medicaciones que con frecuencia forman parte del tratamiento provoca diabetes, así que desde las unidades de nutrición hemos tenido que estar muy pendientes para cuidar la alimentación de estos diabéticos de nueva aparición“, señala Botella.

Dentro del trabajo de su área, uno de los retos para los sanitarios está siendo garantizar que los pacientes que pueden ingerir sus propios alimentos estén bien nutridos, algo que no es nada fácil, explica el doctor, teniendo en cuenta que los ingresados están aislados –no tienen la ayuda de ningún familiar para comer– y a menudo presentan “debilidad extrema”.

“Muchos pacientes tienen problemas para respirar y comer a la vez y, en este sentido, la labor de auxiliares y enfermeras es enorme. Esto se ha conocido poco pese a que ha habido situaciones casi heroicas de sanitarios que han tratado nutricionalmente a pacientes con la mitad de la plantilla y con el doble de presión asistencial”, comenta Botella.

Otro desafío que ha lanzado el coronavirus a las unidades de nutrición ha sido el de cuidar de la salud de aquellos pacientes que no pueden cubrir sus necesidades por vía oral y que, por tanto, tienen que recibir los aportes energéticos a través de técnicas de nutrición artificial,por vía intravenosa o por sonda.

Problemas para tragar en pacientes que han estado intubados

Respecto al último recurso, el endocrinólogo apunta un problema añadido: “Las personas que han estado en la UCI intubadas, con respirador, salen con enormes dificultades para tragar, es lo que llama disfagia. Las lesiones están provocadas por el tubo en la tráquea y ocasionan, junto con la debilidad muscular, verdaderos problemas para ingerir alimentos”, explica. 

En esos casos, a menudo es necesario elaborar una dieta con “una textura especial” para que puedan tragarla con mayor facilidad o prescribir unos suplementos nutricionales industriales adaptados. En pacientes con una disfagia más grave es necesario recurrir a la nutrición artificial mediante un tubo que se conecta directamente con el estómago.

“Calculamos ahora mismo, por los datos que manejamos, que la mitad de los pacientes que salen de la UCI presentan problemas para tragar alimentos en mayor o menos grado”, añade Botella.

Por eso, insiste en que la terapia nutricional puede “salvar vidas” y agrega que puede ser crucial en el caso específico de los ancianos, uno de grupos con mayor riesgo de desnutrición. 

Como también apunta un estudio multidisciplinar impulsado por profesionales de profesionales de la SEEN junto con otros expertos de la Sociedad Española de Nefrología, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, la Sociedad Española de Enfermería Nefrológica y la Academia Española de Nutrición y Dietética, “la peor evolución de la infección por SARS-CoV-2 en pacientes ancianos y con comorbilidades se debe en parte a la habitual presencia de desnutrición y sarcopenia (pérdida de masa muscular)”.

Sin embargo, lamenta Botella, “en algunos hospitales la nutrición es una asignatura muy pendiente”. Hay un 40% de hospitales españoles que no cuentan con equipo de nutrición, una especialidad con un potencial “muy superior a muchos fármacos” a la que, cree, se presta “poca atención”.

El obstáculo de los que se alimentan en casa: la falta de apetito

En el caso de pacientes que hayan sido diagnosticados de coronavirus y que no necesiten hospitalización también es fundamental cuidar la alimentación. Lo que les recomiendan los especialistas es aportar una mayor cantidad de nutrientes en porciones de alimento pequeñas y, para esto, una buena opción es aumentar el número de comidas al día –realizar entre 6 y 10–, aunque no sean de gran cantidad, de forma que se aumente el aporte calórico y proteico sin sentir saciedad.

Respecto a estos pacientes que luchan contra la COVID desde casa, uno de los principales inconvenientes a la hora de conseguir que se alimenten adecuadamente tiene que ver con la pérdida de apetito, del gusto y del olfato, una combinación que lleva a algunas personas a descuidar su nutrición.

“En una enfermedad que te tiene con fiebre, con inflamación, y que mantiene al organismo con las necesidades nutricionales aumentadas comer menos significa debilitarse. Estos pacientes tienen que tener disciplina y decir ‘esto es un tratamiento médico que se llama comida’ porque quienes se conciencien van a tener mucho menos riesgo de tener que ingresar”, recalca Botella.

El doctor recomienda a quienes tengan el apetito muy bajo empezar siempre por el alimento proteico y evitar una alimentación basada en sopas o caldos porque, lejos de lo que se cree, aportan pocos nutrientes.

Asimismo, los expertos aconsejan a las personas diagnosticadas con coronavirus beber abundantes líquidos, principalmente agua o infusiones, pero fuera de las comidas, separados de estas por 30 o 60 minutos, y no abandonar el ejercicio físico en ningún momento, aunque sea de baja intensidad.

La otra cara de la moneda: el sobrepeso y la obesidad

Además de la desnutrición, un problema que preocupa de forma significativa a los endocrinólogos es el que representa la obesidad. Las personas con exceso de peso tienen un 46% más riesgo de contagiarse de coronavirus, un 113% más riesgo de hospitalización por COVID-19, un 78% más riesgo de ingreso en UCI respecto a la población con normopeso, y el riesgo de mortalidad es un 48% superior.

Un informe presentado este lunes por la SEEN y la Sociedad española de Obesidad señala que se produjo un aumento de peso en el 49,8% de la población española tras los primeros meses del confinamiento, una tendencia que, según los expertos, se ha mantenido en el tiempo. La principal causa detrás del sobrepeso está en el deterioro de los hábitos de vida saludables y, “especialmente”, en la falta de ejercicio físico.

Autor: noticiasdeobesidad

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