Las sorprendentes maneras en que las horas a las que comes afectan a tu peso y tu salud

Cuando los jóvenes comienzan la universidad, es común que aumenten de peso. En Estados Unidos llaman a este fenómeno “freshman 15”, en referencia a las 15 libras (algo más de seis kilos) que normalmente ganan durante el primer año en que los estudiantes viven fuera de casa.

En parte, este aumento de peso puede explicarse por la sustitución de comidas caseras por comidas precocinadas y comidas rápidas, combinadas con la reducción de la actividad física.

Sin embargo, cada vez más, los científicos están apuntando un factor adicional: el trastorno del ritmo circadiano, provocado por una cultura de comer y beber a altas horas de la noche y patrones de sueño inconsistentes.

La importancia del reloj

Durante décadas nos han dicho que el aumento de peso -junto con enfermedades asociadas como la diabetes tipo 2 y los padecimientos cardíacos- se debe a la cantidad y el tipo de alimentos que consumimos.

Pero hay una evidencia creciente que sugiere que la hora también es importante: no se trata solo de lo que comes, sino cuándo comes.

Tripa plana: cómo conseguirla sin hacer abdominales a diario

No beber líquido durante la comida, tomar proteínas antes de acostarte, dormir bien y reducir la sal y el azúcar se convierten en estrategias que funcionan según los expertos

Telva, por Clara Sánchez de Ron

Existen muchos mitos en torno a cómo conseguir una tripa plana como una tabla, algunos que puedes practicar a diario como ya te contábamos anteriormente y otros que puedes seguir religiosamente todos los días o aquellos en los que sientas esta zona más hinchada. Te damos seis trucos que seguro te funcionan para un vientre plano de la mano de los expertos y sin que te supongan un esfuerzo extra de ejercicios abdominales ni de tiempo.
Porque reconozcámoslo, la paciencia y resistencia para disolver la grasa de nuestro vientre a veces se evapora antes de que veamos los resultados esperados. Sin embargo, nos hemos puesto en contacto con siete expertos para analizar los mejores hábitos para perezosas que puedes adoptar para poner fin a la grasa abdominal (sin trabajar demasiado ni acabar exhausta).

NO BEBAS AGUA NI LÍQUIDO CON LA COMIDA

Aunque parece un mito, no beber agua durante la comida mejora el estado de tu estómago. “Es correcto beber agua durante las comidas para aliviar la sed pero es cierto que grandes cantidades de agua mientras comemos potencian la distensión abdominal aumentando éste de volumen. El cambio estético es mínimo (2-3 cm) pero la persona se siente hinchada e incómoda”, nos asegura Itziar Digón, experta en nutrición y mindful eating.

“Durante la comida, nunca jamás se debe beber agua porque los jugos gástricos durante la digestión necesitan ser para ser efectivos estar muy concentrados y tienen que nadar entre el agua o el líquido y tienen que trabajar el doble porque están digiriendo la comida y sobre todo, tomar agua del tiempo en lugar de agua fría”, nos cuenta la nutricionista Patricia Pérez .

Porque aunque es importante mantenerse hidratada durante todo el día, no bebas durante la comida para mantener tu digestión sin problemas ni obstáculos y un vientre plano y sin molestias.

TOMA PROTEÍNAS JUSTO ANTES DE ACOSTARTE

Las proteínas son claves a la hora de que el abdomen se mantenga en su sitio a la hora de cenar porque deben ser el aporte principal que realicemos en nuestro organismo mientras dormimos, ya que son las que ayudan a la recuperación y reestructuración de nuestro organismo sin aportar exceso de calorías y energía. “Si, además, queremos adelgazar o tener un vientre plano, deberíamos centrarnos en pescados (como el salmón y la merluza), pollo o pavo, purés de verduras, y alguna receta como tortilla francesa o huevo duro que aporta las proteínas y los nutrientes del huevo sin añadir la grasa del huevo frito”, nos cuenta Mar Mira, de la Clinica Mira + Cueto.

Otro de los menús para una tripa plana a la hora de cenar nos lo da la doctora Mª Ángeles López Marín, nutricionista y Directora del Centro Médico Rusiñol: un emperador a la plancha con unos espárragos verdes rehogados con aceite de oliva y ajo y un yogurt desnatado natural que puedes endulzar con sacarina.

Además está demostrado que la cena con proteínas antes de acostarte aumenta tu metabolismo a la mañana siguiente y a ayuda a reparar tu cuerpo más efectivamente mientras duermes.

COME PROTEÍNAS CUANDO TE LEVANTES

De la misma manera en que debes terminar tu día con proteínas para ayudar a tu cuerpo a recuperarse durante la noche, empieza el día de la misma forma con un desayuno rico en proteínas para acelerar tu metabolismo aún más y ganar energía. Se ha demostrado que la proteína es termogénica, lo que significa que te hace quemar grasa. Encender el motor para quemar grasa a primera hora de la mañana mantiene tu metabolismo activo durante el resto del día.

Andrea Marqués, nutricionista y dietista del IMEO recomienda un desayuno compuesto por una bebida vegetal sin azúcar añadido o lácteo semidesnatado y dos tostadas de centeno con aceite de oliva, tomate y jamón serrano.

BEBER INFUSIONES DE JENGIBRE Y DE HIERBAS DIURÉTICAS

El jengibre es la estrella y es un excelente remedio para aliviar las digestiones.“Sólo tienes que añadir dos rodajitas de este rizoma, una de naranja y una de limón en una taza y aplastar muy bien con una cucharilla. Sobre ello, verter agua muy caliente y agregar una cucharadita de miel, una infusión perfecta para tomar después de comer”, señala el doctor Gonzalo Guerra Flecha, especialista en digestivo y fundador del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas. ¿El motivo? La miel es un prebiótico que viene muy bien a nuestra flora intestinal y la infusión es un depurante del hígado que favorece la digestión y es antioxidante, además de anticolesterol.

TOMA MÁS ALIMENTOS PROBIÓTICOS

Di siempre sí a los yogures y al kéfir o la kombucha y otros alimentos fermentados porque “estos probióticos son unos excelentes reguladores del tránsito intestinal, reducen la sensación de hinchazón y su ingesta ayuda a prevenir y disminuir la incidencia de enfermedades infecciosas gastrointestinales. “Además, durante y después de un tratamiento con antibióticos, previenen la aparición de diarreas asociadas al uso de medicamentos”, apunta el doctor Gonzalo Guerra Flecha, especialista en digestivo y fundador del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas.

MANTÉN A RAYA CIERTOS ALIMENTOS CON MUCHA SAL, AZÚCAR Y QUE CAUSAN HINCHAZÓN

A menudo no somos conscientes de la sal que consumimos, la mayoría procedente de alimentos procesados o de condimentos. “Para reducir el consumo de sal elige productos con menor contenido en sodio, reduce el consumo de aperitivos salados y evita añadir sal o salsas saladas como la soja a la hora de cocinar”, recomienda el doctor Rubén Bravo, portavoz del IMEO y experto en nutrición.

A la hora de comer, un truco sencillo es no poner sal en la mesa o sustituirla por especias para dar más sabor a los platos, incluso puedes añadirles verduras con fibra salteadas, que te ayudarán a incrementar el consumo de potasio.

DUERME MÁS Y MEJOR

El truco no menos importante para mantener tu tripa a raya es dormir a pierna suelta y a veces, si no notas que pierdas grasa abdominal puede ser por este motivo. Y es que un estudio de la Universidad de Chicago ha demostrado que mientras se hace dieta o se quiere perder grasa abdominal , dormir 8,5 horas seguidas por la noche hace que se pierda más cantidad de grasa.

Dormir poco o mal hace que aumenten los niveles de grelina, una hormona que estimula el hambre, y disminuye los de leptina, que indica al cuerpo satisfacción al comer. Por lo tanto, la falta de un sueño adecuado lleva a desear comidas con más cantidad de grasa y carbohidratos. También aumenta el cansancio del día a día, por lo que además de acabar comiendo más y peor, también se tiende a hacer menos ejercicio.

NO COMAS A TODAS HORAS

Si eres de las que desde el momento en que te despiertas hasta que te vas a la cama estás comiendo o ingiriendo más calorías de la cuenta, aumentarás tu grasa abdominal. Si deseas perderla, intenta un ayuno intermitente como recomienda el experto en nutrición y fitness, Edgar Barrionuevo. Un ejemplo de ello es comer durante ocho horas durante el día y ayunar durante las otras 16 horas para permitir a tu cuerpo utilizar las reservas de grasa para perder tripa.

Estas son las cuatro hormonas que influyen en el aumento de peso

En ocasiones, siguiendo incluso una dieta sana y equilibrada, nuestro cuerpo engorda de forma inesperada e incontrolable. Y es que hay sustancias que produce nuestro propio organismo

Alimente El Confidencial, por Veronica Mollejo

Siempre que hablamos de engordar, solemos poner el punto de mira sobre la alimentación y los ingredientes que componen la dieta diaria del paciente. Todo el mundo sabe que para mantener la línea hay que evitar los productos procesados, las grasas saturadas o el azúcar refinado. Sin embargo, no es justo que toda la responsabilidad recaiga sobre ellos. Sobre todo, cuando ese aumento de peso llega de forma inesperada siguiendo incluso un estilo de vida sano y equilibrado. En este punto, ¿quién está detrás de esos kilos de más?

Viviendo con el enemigo

Para aquellos que todavía no lo sepan, los desequilibrios hormonales que se producen en nuestro organismo son una de las principales causas del aumento de peso. “Los desequilibrios hormonales están muy ligados al sobrepeso y la obesidad. Unas veces, porque son la causa y otras la consecuencia. Es decir, cuando una persona llega a un sobrepeso considerable, los sistemas hormonales se alteran y ya no es posible perder peso con dieta y ejercicio”, explican desde el Instituto Médico Europeo de Obesidad. Por este motivo, también existen personas que apenas cumplen con su ración diaria de comida y aún así les resulta imposible adelgazar.

Estos desequilibrios hormonales dan como resultado una serie de problemas y enfermedades de suma importancia. Destacan el hipotiroidismo, el síndrome de Cushing, la falta de la hormona del crecimiento o la enfermedad de Addison, producida por la falta de cortisol ante un daño en las glándulas suprarrenales por causas autoinmunes. Bajo esta premisa, ¿qué hormonas provocan todos estos cambios dentro del cuerpo humano? Y lo que es más importante, ¿cómo podemos combatirlas?

Leptina

Descubierta en el año 1994 por un grupo de científicos de Genética Molecular de la Universidad Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos), la leptina es una hormona producida por el tejido adiposo que actúa informando al hipotálamo sobre el tamaño de los depósitos de grasa blanca en el organismo. Numerosos profesionales y estudios en la materia sugieren “que la obesidad se produce porque después de cierta cantidad de leptina su sistema de transporte desde el cerebro a la sangre se satura o porque se desarrolla una alteración en sus receptores a nivel del cerebro”, recuerdan desde el Instituto de Análisis Fares Taie.

Una resistencia que provoca un apetito exagerado en la mayoría de obesos, creando así un círculo vicioso del que resulta muy complicado salir. No obstante, en otros casos, la leptina genera el efecto contrario: disminuye el apetito e incrementa el gasto energético. En cualquiera de los dos casos, ¿qué alimentos nos ayudan a reducir su impacto en el organismo?

Una buena manera de controlar los niveles de leptina es consumiendo mucho pescado. El aceite que incluye en su composición ayuda a procesar los alimentos con mayor eficacia, además de potenciar el metabolismo. Otros ingredientes que estimulan el trabajo de esta hormona para perder peso de forma natural son el brócoli, los granos enteros, las almendras, las espinacas o las zanahorias, entre otros.

Estrógenos

Los estrógenos son una hormona producida por los ovarios y las glándulas adrenales, cuya función principal es determinar las características sexuales de la mujer como, por ejemplo, la aparición del ciclo menstrual o el contorno de las caderas. Los niveles de este compuesto alcanzan su punto álgido durante la pubertad, descendiendo desde entonces hasta llegar a la menopausia. Durante todo este proceso, los estrógenos contribuyen a metabolizar las grasas y a repartirlas por todo el cuerpo.

Sin embargo, en la premenopausia, algunas mujeres segregan más hormonas de lo habitual provocando un aumento de grasa tóxica, retención de líquidos o inflamación, entre otros síntomas. Esta dominancia de estrógenos se traduce también en un incremento de peso y la acumulación de grasa en la zona abdominal, las piernas y los glúteos. Para evitar estos cambios, se recomienda el consumo de frutos rojos, brócoli, col de Bruselas, coliflor, rábano, espárragos o cereales integrales con alto contenido en fibra.

Insulina

“Esta hormona es secretada por el páncreas y regula los niveles de glucosa en sangre. Las dietas ricas en hidratos de carbono y azúcares obligan al páncreas a generar más insulina para estabilizar los niveles de glucosa y cuando no lo consigue esta termina acumulándose en forma de grasa”, explican desde Sanitas. Afortunadamente, su impacto sobre el organismo resulta mucho más fácil de controlar que en el resto de casos.

Consumir alimentos saludables y estar físicamente activo pueden ayudar a prevenir el aumento de peso indeseado. ¿Qué pautas debemos seguir? Calcular las calorías de la dieta, seguir religiosamente las cinco comidas diarias o controlar el estrés de la rutina, pues este último activa los niveles de insulina y favorece la secreción de cortisol, aumentando el apetito y la grasa abdominal.

“Es importante que bases tu alimentación en hidratos de carbono de carga glucémica favorable como cereales integrales, verduras y hortalizas de temporada, legumbres y frutas. Estos HC liberan sus azúcares a sangre de forma más lenta que los cereales refinados”, recomiendan desde la plataforma Dieta Coherente. Además de evitar el consumo excesivo de productos excitantes como el té, el café o las bebidas azucaradas.

Ghrelina

Conocida también como la hormona del hambre, este compuesto se sintetiza en el estómago y adopta el papel de orexigénico, una sustancia capaz de despertar el apetito. Lamentablemente, este no es su único efecto. La hormona ghrelina también favorece la acumulación de lípidos en la grasa visceral, aquella que se sitúa en la zona abdominal y está considerada la más nociva, según los resultados de una investigación desarrollada por el Laboratorio de Investigación Metabólica de la Clínica Universidad de Navarra.

Al igual que ocurre con la insulina, resulta fundamental seguir las cinco comidas diarias recomendadas para así neutralizar el efecto de la ghrelina. Además de no dejar pasar más de cuatro horas sin comer, evitar el ayuno, realizar ejercicio físico con regularidad o no recurrir a dietas hipocalóricas estrictas, pues esta reducción del ingreso calórico afecta directamente al aumento de ghrelina y, por tanto, al deseo de seguir comiendo. Dentro de este grupo, las frutas, las verduras, las legumbres y los granos como la avena, el sésamo o la chía son de gran ayuda, al ser ricos en fibras solubles que controlan el apetito y la producción de esta hormona.

Bajar de peso para dormir mejor

Dieta Hipocalórica

Revista Belleza Médica, número de abril -mayo 2016
Carmen Escalada del IMEOCarmen Escalada es nutricionista clínica del Instituto Medico Europeo de la Obesidad (IMEO). En su consulta emplea la dieta hipocalórica como herramienta de pérdida de peso, con una serie de claves que aumentan su eficacia: la personalización y el apoyo a través de ejercicio físico y tratamientos medico-estéticos.

La experta explica que “la base de la dieta hipocalórica es establecer un plan de alimentación que aporte menos calorías que las que el paciente va a quemar, de modo que pierda peso por un balance energético negativo. Por mucho que modernicemos el sistema, este planteamiento debe mantenerse”.

La nutricionista destaca que “estas dietas siempre deben ser supervisadas por un especialista en Nutrición que las adapte al gasto energético, ritmo de vida, ejercicio físico que practica el paciente y patologías que tenga asociadas a su sobrepeso. Esta supervisión, que en las dietas hipocalóricas tradicionales no se hacía, sirve para evitar deficiencias de distinta índole que pueden llegar a ser graves si no se controlan”.

Una buena comunicación con el paciente, fundamental para el éxito

Carmen Escalada destaca que “cuando se pauta una dieta es fundamental explicar al paciente que no se trata solo de bajar de peso, sino de disminuir la grasa corporal, que es la que realmente produce enfermedades.

El paciente debe contarnos sus hábitos, su forma de vida, que alimentos le gustan… y en función de todo eso planear la dieta”.

La experta aclara que “hay que tener muy en cuenta el ritmo de trabajo que lleva el paciente (si come o no en casa, si va a diario a un restaurante o se lleva comida al trabajo…). Otros elementos que hay que considerar son la cantidad de fibra que la dieta aporta y la consistencia de los alimentos, ya que los más consistentes aumentan la sensación de saciedad, así como la temperatura (lo alimentos calientes retrasan el vaciado gástrico), el agua, la sal…”.

Herramientas de apoyo

Para el seguimiento de la dieta, la nutricionista explica que “realizamos análisis de composición corporal para comprobar que el paciente pierde grasa además de peso, y saber si está debidamente hidratado o si

retiene líquidos. También hacemos diversas pruebas para comprobar su situación hormonal, ya que influye en el hambre y la saciedad y el estrés que le puede generar la dieta”.

Otras herramientas de apoyo que emplean son la psicoterapia, el entrenamiento físico personalizado y los tratamientos medico-estéticos. También ofrecen la opción de la cirugía bariátrica “para pacientes que

necesitan perder mucho peso, quienes son resistentes a las dietas o aquellos que tienen mucha sensación de hambre, ya que la intervención actúa sobre la grelina y logra disminuirla mucho”, añade.

En cuanto al ejercicio físico, Carmen Escalada apunta que “hemos comprobado que ayuda mucho a la pérdida de peso, pero sobre todo al mantenimiento del musculo. Esto es muy positivo a largo plazo, para el bienestar general del paciente (físico y anímico) y para el mantenimiento del peso perdido”.

Los tratamientos medico-estéticos de apoyo que emplean son “el LipoContour, un sistema laser para tratar la grasa localizada; el Vela Smooth para ablandar y movilizar la grasa; la radiofrecuencia INDIBA

para reafirmar y regenerar el tejido, y la termoestimulación, un tratamiento de gimnasia pasiva para la reafirmación del musculo que combina calor con corrientes”, concluye la experta.

No es el beicon, son mis hormonas

Insulina, leptina, grelina, cortisol… Cómo influyen estas sustancias en el aumento de peso

El País, por Ángles Gómez López

1463158260_669554_1463570630_noticia_normal_recorte1La primavera marca el pistoletazo de salida de la clásica ‘operación bikini’. Comienza una carrera contrarreloj para eliminar en tres meses los kilos de más acumulados a lo largo del invierno, una competición en la que solo unos pocos elegidos alcanzarán el anhelado propósito. Muchos de los que fracasan en el intento (y otros que ni siquiera se plantean seguir una dieta) atribuyen a las hormonas su problema para perder peso. Aunque no les falta razón, casi siempre es posible mantener un control hormonal. “Las hormonas [sustancias segregadas por células localizadas en glándulas endocrinas] tienen mucho que decir en nuestra efectividad metabólica. Con una analítica de sangre podremos conocer los datos hormonales, y a partir de esta información, cualquier persona puede perder peso, por mucho que tenga un metabolismo menos eficaz. Costará más o menos, o el proceso será más lento, pero perfectamente se puede llegar a perder un kilo de peso a la semana”, afirma Rubén Bravo, director del Departamento de Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Una vez confirmado que hay esperanza, le conviene conocer las hormonas implicadas en los repudiados michelines, porque la mejor defensa es desenmascarar al enemigo.

¿Qué hormona manda en la obesidad? Insulina, leptina, grelina, cortisol, estrógenos, neuropéptidos… Muchas se disputan el protagonismo, sin que ninguna se imponga claramente sobre el resto. “El peso corporal está regulado por un complejo sistema coordinado desde el cerebro hasta los órganos periféricos, y viceversa, y mediado por numerosas hormonas que, en conjunto, mantienen el balance energético”, explica Ana Crujeiras, del Centro de Investigación en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (Ciberobn). “Cuando estamos en ayuno, se incrementan una serie de hormonas que estimulan el apetito, por ejemplo, la grelina, y cuando comemos aparecen otras que nos lo quitan, como la leptina”, añade Francisco Tinahones, presidente electo de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). Pero, además, el funcionamiento del circuito que regula el apetito y el peso corporal está influido por la genética, hasta el punto de que, según la investigadora, “el 40% de la predisposición a la obesidad viene dada por la herencia, y el resto está determinado por factores ambientales (que a su vez influyen en la expresión de los genes)”.

Leptina: la saciedad que no llega. El tejido adiposo (la grasa) libera leptina, que envía señales al cerebro para inhibir el apetito. Teóricamente, las personas obesas deberían tener niveles bajos de leptina, pero la realidad es la contraria y esto se puede explicar porque “el transporte de esta hormona [a través de la sangre hasta el cerebro] está limitado y la persona sigue comiendo a pesar de tener niveles altos de leptina en la sangre”, indica el profesor Bartolomé Burguera, director del Programa de Endocrinología y Obesidad de la Clínica Cleveland (Ohio). Los científicos intentan descifrar las causas que inutilizan la leptina y, en febrero, la revista Nature Communications publicó el hallazgo de una nueva enzima como posible responsable del incorrecto funcionamiento de esta hormona. De momento, hay muchas (y prometedoras) investigaciones, aunque de escasa utilidad práctica. ¿No hay nada que hacer para favorecerla? Sí: actividad física, porque ayuda a mejorar la sensibilidad de la leptina y a perder grasa, “que tiene un importante impacto en disminuir los niveles de esta hormona”, destaca Burguera

Grelina: la contradicción hecha hormona. Es la llamada hormona del apetito. Se produce en el estómago y aumenta cuando tenemos hambre, y disminuye después de comer. Pero como sucede con la leptina, “su funcionamiento está dañado en los obesos, que tienen niveles bajos de grelina”, dice Crujeiras. “De hecho, los obesos con mayor predisposición a recuperar el peso perdido después de hacer dieta presentan cifras más elevadas de leptina y menores de grelina que las personas que mantienen el peso perdido”, añade. ¿Es paradójico? En efecto: se supone que a menos grelina, menos apetito. Por lo que el especialista de la clínica de Cleveland ve una valiosa pista sobre dónde está el freno para encontrar una solución eficaz contra la obesidad: “Estamos mirando hormonas que se producen en la periferia, pero donde verdaderamente se regula el apetito es en el cerebro”.

Con todo, una dieta rica en proteínas aumenta la sensación de saciedad y ayuda a normalizar los niveles de grelina.

Insulina: picos que engordan. Inmediatamente después de una comida, los niveles de insulina suben “para retirar la glucosa del torrente sanguíneo e introducirla en las células, con el fin de que estas obtengan energía o la acumulen en la grasa”, detalla el doctor Tinahones. En ayunas, la insulina está muy baja y el organismo utiliza la grasa para obtener energía.

Las subidas bruscas de insulina (que favorecen que la glucosa se acumule en forma de grasa) se pueden prevenir evitando los alimentos que eleven rápidamente las cifras de azúcar en la sangre, como son los dulces, algunas frutas y los hidratos de carbono sencillos (pan blanco, arroz, pasta, etc.). “Hay que comer hidratos de carbono complejos, como son el arroz integral y la pasta y panes integrales”, recomienda el presidente electo de la SEEDO. También es eficaz para normalizar las cifras de insulina hacer ejercicio diariamente (basta con caminar) y beber té verde.

Estrógenos: cuando se van, entra el hambre. Durante la menopausia, muchas mujeres contemplan horrorizadas cómo la báscula se dispara sin causa aparente, pero tiene explicación. Como explica el doctor Burgada, “los estrógenos [hormonas femeninas] están asociados a la disminución de la grelina, por tanto, ayudan a reducir el apetito. Y durante la menopausia hay un descenso de los mismos”. Es decir, aumenta el hambre. A esto se añade la pérdida de masa muscular, con lo que el metabolismo pierde eficacia para quemar grasa y la tendencia a acumularla en el abdomen. Por eso, “hay que tomarse la menopausia muy en serio, porque si no es así en menos de dos años se pueden ganar 10 kilos”, enfatiza Rubén Bravo.

Para neutralizar el efecto de la pérdida de estrógenos, el experto en nutrición del IMEO propone limitar el consumo de hidratos de carbono al desayuno, comer verdura y proteínas de buena calidad al mediodía y en la cena; tomar dos onzas de chocolate negro (70% mínimo de cacao) al día por su poder antioxidante y evitar las bebidas estimulantes. La actividad física es casi más importante que la dieta (para aumentar la masa muscular), y “tres horas a la semana de clases colectivas de zumba, bodypump y aerobox consiguen muy buenos resultados”. Otra opción es caminar vigorosamente más de una hora diaria.

Hormonas tiroideas: no son tan fieras como las pintan. Aunque un descenso de la producción de estas hormonas se suele asociar a aumento de peso, Bravo desmonta tal relación argumentando que “un hipotiroidismo que esté bien regulado con medicación no tiene ningún efecto. Para muchas personas es la excusa perfecta para no hacer bien las cosas”.

Los aliados de estas hormonas son las proteínas y el yodo (conviene consumir sal yodada). Las algas también son una excelente fuente de proteínas y de yodo.

Cortisol: las chivatas del mal sueño. Es la conocida como hormona del estrés y nos mantiene en estado de alerta. “Está implicada en multitud de funciones, desde las metabólicas hasta el funcionamiento de casi todos los órganos”, advierte Francisco Tinahones. Su ritmo es circadiano, por eso a las 20 horas el cortisol desciende y a partir de las 7 de la mañana aumenta para darnos vitalidad. E influye en el peso. “Si no descansamos bien por la noche, los niveles de cortisol no bajan lo suficiente y esto predispone a la obesidad”. Seguir una dieta adecuada, dormir más de 7 horas y evitar el estrés son claves decisivas para que la hormona no se dispare.

Perder peso comiendo chocolate: la razón por la que debes desayunar con dulces

A pesar de que las dietas suelen evitar cualquier dulce por defecto, este estudio dejó claro que no caer en la tentación a primera hora del día puede resultar contraproducente para adelgazar

El Confidencial

imagen-sin-tituloEs el estudio perfecto para los golosos que no pueden resistir la tentación de llevarse a la boca cualquier producto bañado en cacao. Según una investigación llevada a cabo por la Universidad israelí de Tel Aviv –desarrollada hace años pero recuperada recientemente por la prensa internacional por sus llamativas conclusiones– las personas que desayunan alimentos con chocolate tienen más posibilidades a largo plazo de adelgazar que los que no lo hacen. Este análisis basa la explicación afirmando que comer dulce a primera hora del día hace que se controle con más facilidad la segregación de grelina, la hormona responsable de gestionar la sensación de hambre.

Para entresacar los datos, este centro educativo sometió a examen a 200 adultos obesos a los que estudió su metabolismo durante las 24 horas del día. Cien de estos participantes tomó un desayuno de 600 calorías –entre cuyos alimentos se incluyó una porción de tarta de chocolate–, mientras que la otra mitad del grupo limitó la ingesta calórica a 300 calorías sin englobar en el menú nada más que productos bajos en carbohidratos.

El desayuno es la comida del día que más ayuda a controlar los niveles de grelina y, por tanto, la ansiedad

A las 18 semanas de estudio, los expertos constataron que los dos grupos perdían peso a un ritmo similar. Sin embargo, desde ese momento y hasta el final del experimento –que duró en total ocho meses–, los obesos que comían tarta de chocolate en su desayuno empezaron a dejar atrás los kilos de una manera mucho más rápida que los que no. Daniela Jakubowitz, directora de la investigación, explica este curioso dato estableciendo el nivel de satisfacción como punto clave.

De esta manera, los que consumían la porción de tarta controlaban mejor sus niveles de grelina a lo largo del día y por eso no veían la necesidad de picar entre horas o pegarse atracones de azúcar. Por el contrario, el grupo que no tomaba dulce en el desayuno no podía contener de manera eficaz sus ganas de caer en la tentación. “Los participantes en el grupo de la dieta baja en carbohidratos estaban menos satisfechos”, comentó Jakubowitz como una de las conclusiones del estudio.