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Estas son las cuatro hormonas que influyen en el aumento de peso

septiembre 13, 2018

En ocasiones, siguiendo incluso una dieta sana y equilibrada, nuestro cuerpo engorda de forma inesperada e incontrolable. Y es que hay sustancias que produce nuestro propio organismo

Alimente El Confidencial, por Veronica Mollejo

Siempre que hablamos de engordar, solemos poner el punto de mira sobre la alimentación y los ingredientes que componen la dieta diaria del paciente. Todo el mundo sabe que para mantener la línea hay que evitar los productos procesados, las grasas saturadas o el azúcar refinado. Sin embargo, no es justo que toda la responsabilidad recaiga sobre ellos. Sobre todo, cuando ese aumento de peso llega de forma inesperada siguiendo incluso un estilo de vida sano y equilibrado. En este punto, ¿quién está detrás de esos kilos de más?

Viviendo con el enemigo

Para aquellos que todavía no lo sepan, los desequilibrios hormonales que se producen en nuestro organismo son una de las principales causas del aumento de peso. “Los desequilibrios hormonales están muy ligados al sobrepeso y la obesidad. Unas veces, porque son la causa y otras la consecuencia. Es decir, cuando una persona llega a un sobrepeso considerable, los sistemas hormonales se alteran y ya no es posible perder peso con dieta y ejercicio”, explican desde el Instituto Médico Europeo de Obesidad. Por este motivo, también existen personas que apenas cumplen con su ración diaria de comida y aún así les resulta imposible adelgazar.

Estos desequilibrios hormonales dan como resultado una serie de problemas y enfermedades de suma importancia. Destacan el hipotiroidismo, el síndrome de Cushing, la falta de la hormona del crecimiento o la enfermedad de Addison, producida por la falta de cortisol ante un daño en las glándulas suprarrenales por causas autoinmunes. Bajo esta premisa, ¿qué hormonas provocan todos estos cambios dentro del cuerpo humano? Y lo que es más importante, ¿cómo podemos combatirlas?

Leptina

Descubierta en el año 1994 por un grupo de científicos de Genética Molecular de la Universidad Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos), la leptina es una hormona producida por el tejido adiposo que actúa informando al hipotálamo sobre el tamaño de los depósitos de grasa blanca en el organismo. Numerosos profesionales y estudios en la materia sugieren “que la obesidad se produce porque después de cierta cantidad de leptina su sistema de transporte desde el cerebro a la sangre se satura o porque se desarrolla una alteración en sus receptores a nivel del cerebro”, recuerdan desde el Instituto de Análisis Fares Taie.

Una resistencia que provoca un apetito exagerado en la mayoría de obesos, creando así un círculo vicioso del que resulta muy complicado salir. No obstante, en otros casos, la leptina genera el efecto contrario: disminuye el apetito e incrementa el gasto energético. En cualquiera de los dos casos, ¿qué alimentos nos ayudan a reducir su impacto en el organismo?

Una buena manera de controlar los niveles de leptina es consumiendo mucho pescado. El aceite que incluye en su composición ayuda a procesar los alimentos con mayor eficacia, además de potenciar el metabolismo. Otros ingredientes que estimulan el trabajo de esta hormona para perder peso de forma natural son el brócoli, los granos enteros, las almendras, las espinacas o las zanahorias, entre otros.

Estrógenos

Los estrógenos son una hormona producida por los ovarios y las glándulas adrenales, cuya función principal es determinar las características sexuales de la mujer como, por ejemplo, la aparición del ciclo menstrual o el contorno de las caderas. Los niveles de este compuesto alcanzan su punto álgido durante la pubertad, descendiendo desde entonces hasta llegar a la menopausia. Durante todo este proceso, los estrógenos contribuyen a metabolizar las grasas y a repartirlas por todo el cuerpo.

Sin embargo, en la premenopausia, algunas mujeres segregan más hormonas de lo habitual provocando un aumento de grasa tóxica, retención de líquidos o inflamación, entre otros síntomas. Esta dominancia de estrógenos se traduce también en un incremento de peso y la acumulación de grasa en la zona abdominal, las piernas y los glúteos. Para evitar estos cambios, se recomienda el consumo de frutos rojos, brócoli, col de Bruselas, coliflor, rábano, espárragos o cereales integrales con alto contenido en fibra.

Insulina

“Esta hormona es secretada por el páncreas y regula los niveles de glucosa en sangre. Las dietas ricas en hidratos de carbono y azúcares obligan al páncreas a generar más insulina para estabilizar los niveles de glucosa y cuando no lo consigue esta termina acumulándose en forma de grasa”, explican desde Sanitas. Afortunadamente, su impacto sobre el organismo resulta mucho más fácil de controlar que en el resto de casos.

Consumir alimentos saludables y estar físicamente activo pueden ayudar a prevenir el aumento de peso indeseado. ¿Qué pautas debemos seguir? Calcular las calorías de la dieta, seguir religiosamente las cinco comidas diarias o controlar el estrés de la rutina, pues este último activa los niveles de insulina y favorece la secreción de cortisol, aumentando el apetito y la grasa abdominal.

“Es importante que bases tu alimentación en hidratos de carbono de carga glucémica favorable como cereales integrales, verduras y hortalizas de temporada, legumbres y frutas. Estos HC liberan sus azúcares a sangre de forma más lenta que los cereales refinados”, recomiendan desde la plataforma Dieta Coherente. Además de evitar el consumo excesivo de productos excitantes como el té, el café o las bebidas azucaradas.

Ghrelina

Conocida también como la hormona del hambre, este compuesto se sintetiza en el estómago y adopta el papel de orexigénico, una sustancia capaz de despertar el apetito. Lamentablemente, este no es su único efecto. La hormona ghrelina también favorece la acumulación de lípidos en la grasa visceral, aquella que se sitúa en la zona abdominal y está considerada la más nociva, según los resultados de una investigación desarrollada por el Laboratorio de Investigación Metabólica de la Clínica Universidad de Navarra.

Al igual que ocurre con la insulina, resulta fundamental seguir las cinco comidas diarias recomendadas para así neutralizar el efecto de la ghrelina. Además de no dejar pasar más de cuatro horas sin comer, evitar el ayuno, realizar ejercicio físico con regularidad o no recurrir a dietas hipocalóricas estrictas, pues esta reducción del ingreso calórico afecta directamente al aumento de ghrelina y, por tanto, al deseo de seguir comiendo. Dentro de este grupo, las frutas, las verduras, las legumbres y los granos como la avena, el sésamo o la chía son de gran ayuda, al ser ricos en fibras solubles que controlan el apetito y la producción de esta hormona.

No es el beicon, son mis hormonas

mayo 19, 2016

Insulina, leptina, grelina, cortisol… Cómo influyen estas sustancias en el aumento de peso

El País, por Ángles Gómez López

1463158260_669554_1463570630_noticia_normal_recorte1La primavera marca el pistoletazo de salida de la clásica ‘operación bikini’. Comienza una carrera contrarreloj para eliminar en tres meses los kilos de más acumulados a lo largo del invierno, una competición en la que solo unos pocos elegidos alcanzarán el anhelado propósito. Muchos de los que fracasan en el intento (y otros que ni siquiera se plantean seguir una dieta) atribuyen a las hormonas su problema para perder peso. Aunque no les falta razón, casi siempre es posible mantener un control hormonal. “Las hormonas [sustancias segregadas por células localizadas en glándulas endocrinas] tienen mucho que decir en nuestra efectividad metabólica. Con una analítica de sangre podremos conocer los datos hormonales, y a partir de esta información, cualquier persona puede perder peso, por mucho que tenga un metabolismo menos eficaz. Costará más o menos, o el proceso será más lento, pero perfectamente se puede llegar a perder un kilo de peso a la semana”, afirma Rubén Bravo, director del Departamento de Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Una vez confirmado que hay esperanza, le conviene conocer las hormonas implicadas en los repudiados michelines, porque la mejor defensa es desenmascarar al enemigo.

¿Qué hormona manda en la obesidad? Insulina, leptina, grelina, cortisol, estrógenos, neuropéptidos… Muchas se disputan el protagonismo, sin que ninguna se imponga claramente sobre el resto. “El peso corporal está regulado por un complejo sistema coordinado desde el cerebro hasta los órganos periféricos, y viceversa, y mediado por numerosas hormonas que, en conjunto, mantienen el balance energético”, explica Ana Crujeiras, del Centro de Investigación en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (Ciberobn). “Cuando estamos en ayuno, se incrementan una serie de hormonas que estimulan el apetito, por ejemplo, la grelina, y cuando comemos aparecen otras que nos lo quitan, como la leptina”, añade Francisco Tinahones, presidente electo de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). Pero, además, el funcionamiento del circuito que regula el apetito y el peso corporal está influido por la genética, hasta el punto de que, según la investigadora, “el 40% de la predisposición a la obesidad viene dada por la herencia, y el resto está determinado por factores ambientales (que a su vez influyen en la expresión de los genes)”.

Leptina: la saciedad que no llega. El tejido adiposo (la grasa) libera leptina, que envía señales al cerebro para inhibir el apetito. Teóricamente, las personas obesas deberían tener niveles bajos de leptina, pero la realidad es la contraria y esto se puede explicar porque “el transporte de esta hormona [a través de la sangre hasta el cerebro] está limitado y la persona sigue comiendo a pesar de tener niveles altos de leptina en la sangre”, indica el profesor Bartolomé Burguera, director del Programa de Endocrinología y Obesidad de la Clínica Cleveland (Ohio). Los científicos intentan descifrar las causas que inutilizan la leptina y, en febrero, la revista Nature Communications publicó el hallazgo de una nueva enzima como posible responsable del incorrecto funcionamiento de esta hormona. De momento, hay muchas (y prometedoras) investigaciones, aunque de escasa utilidad práctica. ¿No hay nada que hacer para favorecerla? Sí: actividad física, porque ayuda a mejorar la sensibilidad de la leptina y a perder grasa, “que tiene un importante impacto en disminuir los niveles de esta hormona”, destaca Burguera

Grelina: la contradicción hecha hormona. Es la llamada hormona del apetito. Se produce en el estómago y aumenta cuando tenemos hambre, y disminuye después de comer. Pero como sucede con la leptina, “su funcionamiento está dañado en los obesos, que tienen niveles bajos de grelina”, dice Crujeiras. “De hecho, los obesos con mayor predisposición a recuperar el peso perdido después de hacer dieta presentan cifras más elevadas de leptina y menores de grelina que las personas que mantienen el peso perdido”, añade. ¿Es paradójico? En efecto: se supone que a menos grelina, menos apetito. Por lo que el especialista de la clínica de Cleveland ve una valiosa pista sobre dónde está el freno para encontrar una solución eficaz contra la obesidad: “Estamos mirando hormonas que se producen en la periferia, pero donde verdaderamente se regula el apetito es en el cerebro”.

Con todo, una dieta rica en proteínas aumenta la sensación de saciedad y ayuda a normalizar los niveles de grelina.

Insulina: picos que engordan. Inmediatamente después de una comida, los niveles de insulina suben “para retirar la glucosa del torrente sanguíneo e introducirla en las células, con el fin de que estas obtengan energía o la acumulen en la grasa”, detalla el doctor Tinahones. En ayunas, la insulina está muy baja y el organismo utiliza la grasa para obtener energía.

Las subidas bruscas de insulina (que favorecen que la glucosa se acumule en forma de grasa) se pueden prevenir evitando los alimentos que eleven rápidamente las cifras de azúcar en la sangre, como son los dulces, algunas frutas y los hidratos de carbono sencillos (pan blanco, arroz, pasta, etc.). “Hay que comer hidratos de carbono complejos, como son el arroz integral y la pasta y panes integrales”, recomienda el presidente electo de la SEEDO. También es eficaz para normalizar las cifras de insulina hacer ejercicio diariamente (basta con caminar) y beber té verde.

Estrógenos: cuando se van, entra el hambre. Durante la menopausia, muchas mujeres contemplan horrorizadas cómo la báscula se dispara sin causa aparente, pero tiene explicación. Como explica el doctor Burgada, “los estrógenos [hormonas femeninas] están asociados a la disminución de la grelina, por tanto, ayudan a reducir el apetito. Y durante la menopausia hay un descenso de los mismos”. Es decir, aumenta el hambre. A esto se añade la pérdida de masa muscular, con lo que el metabolismo pierde eficacia para quemar grasa y la tendencia a acumularla en el abdomen. Por eso, “hay que tomarse la menopausia muy en serio, porque si no es así en menos de dos años se pueden ganar 10 kilos”, enfatiza Rubén Bravo.

Para neutralizar el efecto de la pérdida de estrógenos, el experto en nutrición del IMEO propone limitar el consumo de hidratos de carbono al desayuno, comer verdura y proteínas de buena calidad al mediodía y en la cena; tomar dos onzas de chocolate negro (70% mínimo de cacao) al día por su poder antioxidante y evitar las bebidas estimulantes. La actividad física es casi más importante que la dieta (para aumentar la masa muscular), y “tres horas a la semana de clases colectivas de zumba, bodypump y aerobox consiguen muy buenos resultados”. Otra opción es caminar vigorosamente más de una hora diaria.

Hormonas tiroideas: no son tan fieras como las pintan. Aunque un descenso de la producción de estas hormonas se suele asociar a aumento de peso, Bravo desmonta tal relación argumentando que “un hipotiroidismo que esté bien regulado con medicación no tiene ningún efecto. Para muchas personas es la excusa perfecta para no hacer bien las cosas”.

Los aliados de estas hormonas son las proteínas y el yodo (conviene consumir sal yodada). Las algas también son una excelente fuente de proteínas y de yodo.

Cortisol: las chivatas del mal sueño. Es la conocida como hormona del estrés y nos mantiene en estado de alerta. “Está implicada en multitud de funciones, desde las metabólicas hasta el funcionamiento de casi todos los órganos”, advierte Francisco Tinahones. Su ritmo es circadiano, por eso a las 20 horas el cortisol desciende y a partir de las 7 de la mañana aumenta para darnos vitalidad. E influye en el peso. “Si no descansamos bien por la noche, los niveles de cortisol no bajan lo suficiente y esto predispone a la obesidad”. Seguir una dieta adecuada, dormir más de 7 horas y evitar el estrés son claves decisivas para que la hormona no se dispare.

Hormonas femeninas, posible causa de la alta tasa de obesidad en hombres occidentales

junio 17, 2014

Científicos vinculan la exposición excesiva a estrógenos, por dieta y por contaminantes, con una feminización de los varones en la forma de ganar peso.

Investigadores de la Universidad de Adelaide, en Australia, sugieren que la alta tasa de obesidad entre los hombres occidentales podría estar relacionada con la exposición a sustancias -bastante comunes en nuestras sociedades- que contienen hormonas sexuales femeninas o estrógenos. Esto haría que los hombres ganasen peso de la misma forma que las mujeres, afirman los científicos.

Tendencias 21, Por Marta Lorenzo

estrógenos y obesidad en hombresUn desequilibrio provocado en hombres por hormonas sexuales femeninas en los países occidentales podría estar contribuyendo a los altos niveles de obesidad masculina de nuestras sociedades, sugiere una nueva investigación de la Universidad de Adelaide, en Australia.

En un artículo publicado en la revista en línea PLoS ONE, los investigadores de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad sugieren que la obesidad entre los hombres occidentales podría estar relacionada más concretamente con la exposición a sustancias que contienen estrógenos (hormona sexual femenina), sustancias que sobre todo se encuentran en las sociedades opulentas, como los productos de la soja o los plásticos.

Características del estudio

James Grantham, uno de los autores del estudio, y sus colaboradores compararon las tasas de obesidad entre hombres y mujeres de todo el mundo, con medidas tales como el Producto Interior Bruto, con el fin de determinar el impacto de la riqueza sobre la obesidad.

Así descubrieron que, si bien era corriente que las mujeres de los países en desarrollo tuvieran niveles de obesidad significativamente mayores que los hombres, en el mundo desarrollado el panorama era bastante diferente.

“El aumento de peso impulsado hormonalmente se da, en mucho mayor medida, en las mujeres que en los hombres. Esto resulta muy claro si se ven los índices de obesidad del mundo en desarrollo”, explica Grantham en un comunicado de la Universidad de Adelaide.

“Sin embargo, en el mundo occidental (Estados Unidos, Europa y Australia) las tasas de obesidad entre hombres y mujeres están mucho más cercanas. En algunos países occidentales, la obesidad masculina es mayor que la obesidad femenina”. “A pesar de la mala alimentación es, sin duda, la principal responsable de este hecho, creemos que hay más factores influyentes, además del alto consumo de calorías”, asegura el investigador.

Otros efectos posibles

Grantham y el coautor del estudio, Maciej Henneberg, creen que en sociedades con una dieta de alto contenido en soja, como Estados Unidos, esto puede hacer que los varones se “feminicen”, y que sus cuerpos imiten artificialmente la manera en que las mujeres ganan peso. Pero habría más.

“Una fuente bien establecida de xenoestrógeno (compuestos químicos que son agentes hormonales activos) es el polivinilo (más conocido como PVC). El uso de este producto está generalizado en la mayoría de los países ricos, y se halla desde en dispositivos médicos de plástico hasta en tubería para el agua“, e xplica Henneberg.

La presencia de estos materiales y de determinados alimentos podría estar provocando cambios micro-evolutivos en las sociedades occidentales, y también cambios en la testosterona y los estrógenos de los hombres. “Esto podría explicar ciertamente algunos efectos preocupantes, como la reducciones del conteo de esperma en los hombres de las naciones desarrolladas”, sigue diciendo Henneberg.

Sin embargo, los científicos afirman que aún se necesitarán más investigaciones para determinar si verdaderamente factores ambientales podrían estar provocando una “feminización” de los hombres en el mundo occidental.

También peces feminizados

La feminización por exposición a factores ambientales, aunque sorprendente, parece no estar afectando solo a nuestra especie. En otro estudio de marzo de este mismo año, miembros del equipo de Biología Celular en Toxicología Ambiental de la Universidad del País Vasco/EHU descubrieron también indicios de “feminización”, en este caso, en peces macho de los estuarios de Gernika, Arriluze, Santurtzi, Plentzia, Ondarroa, Deba y Pasaia.

Los primeros casos fueron datados entre 2007 y 2008, y se estableció que contaminantes que actúan como estrógenos serían los causantes de este fenómeno.

El origen de estos contaminantes de las aguas se encontraría en productos de uso común como plastificadores, pesticidas, píldoras anticonceptivas, fragancias y detergentes, entre otros. Todos ellos productos con los que conviven los humanos.

Referencia bibliográfica:

James P. Grantham, Maciej Henneberg. The Estrogen Hypothesis of Obesity. PLoS ONE (2014). DOI: 10.1371/journal.pone.0099776.

Diagnósticos gratuitos y bonos de ayuda del IMEO en el Día Mundial de la Obesidad 2013

noviembre 11, 2013

Dia de la Obesidad 2013
Con el motivo del Día Mundial contra la Obesidad que se celebra este martes 12 de Noviembre, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) inicia una campaña de una semana en señal de apoyo a las  personas afectadas bajo el lema La obesidad es un enemigo público, detenla antes de que acabe contigo.

Con este fin, del 11 al 15 de noviembre el IMEO ofrecerá dos tipo de aportaciones:

Sede del IMEO en MadridDe cara al público general, se ofrecerán en la sede del centro en Madrid (Paseo de la Habana, 63) 250 estudios gratuitos que consisten en un diagnóstico exhaustivo que incluya análisis profundo del metabolismo, perfil emocional con relación a la comida y perfil hormonal. A ello pueden acceder aquellas personas que lo reserven del 11 al 15 de noviembre, ambos incluidos, llamando al 91 737 70 70.

De cara al paciente, el IMEO propone un tratamiento multidisciplinar que englobe nutricionistas, endocrinos, psicólogos, entrenador personal, y en algunos casos soluciones bariátricas o endoscópicas que faciliten la pérdida y mantenimiento del peso. Este año IMEO ofrecerá 10 bonos ayuda de 2.200 euros para aquellos pacientes con pocos recursos que lo acrediten sobre el tratamiento de Manga Gástrica, como la mejor solución a largo plazo de Obesidad Severa, Diabetes tipo 2 e hipertensión.

La Manga Gástrica ha demostrado ser muy efectiva en casos de obesidad severa, diabetes 2 e hipertensión

  • Esta técnica laparoscópica de mínima invasión tiene 0% de mortalidad y muestra excelentes resultados a largo plazo: en el 72% de los casos se logra la pérdida total del sobrepeso; en un 81%, la completa remisión de la diabetes 2 y en un 62% se observa una mejora en la hipertensión[1].

El éxito de ésta intervención se debe a tres factores fundamentales: seguimiento multidisciplinar, reducción en la ingestas de comida y disminución en la sensación de hambre. “Para conseguir un cambio profundo en los hábitos del paciente con obesidad severa, en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad aunamos, además de la gran ayuda de la Manga Gástrica, los esfuerzos de un amplio equipo de especialistas, entre ellos nutricionistas, endocrinos, psicólogos, cirujanos bariátricos y plásticos”, señala Carmen Arribas, Directora Técnica y Asistencial del IMEO. Además de favorecer la pérdida de peso, disminuir la diabetes y mejorar la hipertensión, la Manga Gástrica produce una serie de efectos endocrinos beneficios para la salud. Regula el metabolismo de la glucosa, la secreción de insulina y la función del páncreas. Aumenta la secreción de la hormona de crecimiento y relentiza el vaciado gástrico. Reduce tanto el apetito, como la sensación de hambre y es un gran avance en la lucha contra la obesidad severa.

El diagnóstico es clave en tanto en la prevención, como en el tratamiento del sobrepeso y la obesidadHoy en día se trabaja en varios frentes, todos en proceso y abiertos, con el fin de detener el aumento de la obesidad. Se investiga la hormona que nos hace engordar. Desde los medios de comunicación se insiste sobre la necesidad de cambiar los hábitos que nos han llevado a esta situación. Ésta es una cuestión de largo plazo, pero también se buscan soluciones a corto plazo. Las últimas investigaciones en el sector están relacionados con el desarrollo de la tecnología inteligente aplicada a la salud. Los diagnósticos de última generación nos ayudan dar las claves con cada uno de los pacientes y nos permiten establecer una relación directa entre la causa y la solución personalizada.
¿Cómo se determina el perfil emocional de un paciente?

eis_emocionalRealizando un análisis transversal del sistema cerebral, cruzando datos de perfusión tisular, presión sanguínea, rigidez capilar, pH y oxigenación tisular de los lóbulos frontales y temporales tanto derechos como izquierdos, podemos concretar un perfil bastante exacto del paciente, cuantificando:

  • Serotonina cerebral: controla los niveles de ansiedad y a saciedad principalmente a partir de las 16:00h-17:00h. Su secreción irregular marcaría una tendencia a la ansiedad en la franja horaria de tarde/noche, con episodios de atracones hacia el dulce.
  • Dopamina cerebral: fundamental como percepción de bienestar, felicidad y ansiedad. Un secreción irregular o escasa nos indicaría tendencias depresivas o hacia la tristeza.
  • Adrenalina/Noradrenalina cerebral: capacidad de respuesta y alerta. Pudiéndonos mostrar el exceso o carencia de preocupaciones, o sensación de miedo/estrés.
  • Acetilcolina: involucrada en aprendizaje y memoria a corto plazo. Uno de los indicadores para determinar los niveles de estrés.
  • Cociente de actividad SNA: indicador de actividad del sistema nervioso autónomo.

¿En qué consiste el perfil hormonal/endocrino?eis_endocrinoA través del análisis transversal de los tejidos de diferentes glándulas endocrinas como el tiroides, paratiroides y las glándulas adrenales, evaluamos los niveles de las siguientes hormonas:

  • Cortisol: incide en el metabolismo de hidratos de carbono, proteinas y grasas. Sus niveles elevados nos podrían indicar una mayor tendencia a almacenar grasas en los adipocitos corporales.
  • DHEA: involucrada en la producción del estrógenos, y un indicativo para evaluar los niveles generales de vitalidad.
  • Tirotropina TSH: estimulante del tiroides y gran reguladora metabólica, sus niveles elevados podrían indicarnos hipotiroidismo clínico o subclínico, traduciéndose en una excesiva complicación para perder peso, caída del cabello, sensación de cansancio…
  • Hormona paratiroidea: control de la homostasis del calcio y del fósforo, imprescindible su control en mujeres con menopausia.
  • Renina: control del consumo proteico y reguladora de la homeostasis o temperatura corporal.

Funciones MetabólicasCruzando el análisis transversal del hígado, vesícula biliar, páncreas y niveles de masa grasa, el sistema nos ofrece indicadores de:

  • Resistencia a la insulina: como perfíl fundamental de la glucosa, que podría marcarnos una tendencia a la diabetes tipo II.
  • Leptina: hormona implicada en la sensación de saciedad y hambre.
  • Indicadores de colesterol: LDL con posibilidad de hígado graso o ácido úrico elevado, a contrastar con analítica sanguínea.
  • Indicadores de triglicéridos: en el balance de lípidos como marcadores de riesgo cardiovasculares.

[1] Según resultados mostrados en un estudio realizado por el Instituto Clínico de Florida durante 5 años sobre 730 pacientes intervenidos de Manga Gástirca.

 

Alimentos para no sufrir la menopausia

agosto 16, 2013

EFE / Mujer hoy, por Isabel Martínez Pita

Mujer y menopausiaLa mayoría de los ginecólogos y endocrinólogos aún no recetan a sus pacientes una terapia basada en la dieta para disminuir los “golpes de calor” “sofocos” o “calores” climatéricos y contrarrestar los posibles trastornos de la salud que puede ocasionar la menopausia. Pero hay evidencias científicas que sugieren que la alimentación puede ser tan eficaz como los suplementos hormonales para controlar estos desórdenes.

Los expertos que están a la vanguardia de las investigaciones sobre la menopausia ya admiten que las pautas de alimentación pueden explicar porqué las mujeres de algunas culturas asiáticas son menos propensas a sufrir los episodios de calor que suelen padecer las mujeres occidentales, como consecuencia de la cesación natural de la menstruación a determinada edad.

Las mujeres asiáticas tampoco parecen sufrir los efectos posmenopáusicos de largo plazo relacionados con la disminución de los niveles de estrógenos en el organismo, ya que se hayan mucho menos propensas a padecer trastornos cardíacos y fracturas de cadera, en comparación con las mujeres del mundo occidental.

Una alimentación más vegetariana, que incluya comidas de soja, tiene un alto contenido de una serie de compuestos naturales denominados fitoestrógenos, los cuales son transformados en el intestino en sustancias similares a las hormonas que el organismo femenino puede “confundir” con los estrógenos.

Las principales fuentes de fitoestrógenos son las comidas de soja, como el “tofu” (requesón de soja) y la leche de soja, así como los cereales enteros, con su salvado, y el germen de lino. Las frutas y verduras contienen estas sustancias en menores cantidades.

Según los expertos, no se trata de consumir grandes cantidades de fitoestrógenos. La dieta de las mujeres asiáticas contiene un promedio de 100 gramos de comida de soja al día, lo que les aporta de 25 a 40 miligramos de isoflavonos, uno de los principales grupos de fitoestrógenos. En cambio, las mujeres de los países desarrollados consumen mucho menos isoflavonos.

Algunos especialistas incluso advierten de que las comidas que contienen fitoestrógenos pueden llegar a ser muy potentes y a tener efectos similares a los de un medicamento.

Como el papel de los fitoestrógenos nutricionales en la salud todavía es un área de investigación relativamente nueva, los científicos están estudiando cuál es su proporción en los distintos tipos de comida de soja y cuál es la dosis diaria ideal para la salud.

Ingerir una o dos pequeñas raciones cotidianas de alimentos de soja como el “tofu” es un objetivo razonable para diseñar una dieta bien balanceada y saludable, según los nuevos nutricionistas.

Además de este rasgo característico de muchas dietas asiáticas, los investigadores han observado que cuando las mujeres de aquellas culturas, con alrededor de 50 años de edad, gozan de una salud fuerte y robusta, sus dietas contienen muy pocas proteínas animales y son extremadamente bajas en sustancias grasas, sobre todo las saturadas.

En los países donde la ingestión de proteínas, sobre todo las de origen animal, es más baja, se registra una menor incidencia de las fracturas de cadera, comparado con la población de las naciones occidentales, según un estudio del médico estadounidense Mark Messina, especialistas en dietas de soja.

Según este experto, este efecto “osteoprotector” puede deberse a que las proteínas de soja influyen en que el organismo pierda menos calcio a través de la orina.

Diversos estudios científicos demuestran que los requerimientos diarios de calcio de un organismo sano se sitúan en torno a los 1.500 miligramos. Por eso resulta aconsejable tomar algún suplemento de este mineral, como el citrato de calcio (sólo), o el carbonato cálcico (junto con las comidas).

Para lograr una mejor absorción del calcio es conveniente distribuir la ingestión diaria de esta sustancia (tanto la que proviene de los alimentos como la de los suplementos), a lo largo de la jornada, de modo que no se tomen más de 500 o 600 miligramos de una sola vez.

Después de la menopausia, la mujer no requiere las mismas cantidades de hierro. A partir de los 50 años, el aporte nutricional recomendado desciende desde los 15 miligramos hasta los 10 miligramos, con lo que desaparece una de las principales razones que tenía para comer carne, la cual aporta hierro.

Además, comparada incluso con la carne roja más magra, las comidas de soja -que de por sí representan un excelente sustituto de la carne-, tienen un contenido más bajo de grasas saturadas.

Apenas el 14 por ciento de las sustancias grasas presentes en la mayoría de los “tofu” son saturadas, y las versiones “ligth” o de “bajas calorías” de este producto tienen aún menos grasa. Algunas marcas comerciales, incluso brindan una considerable dosis de calcio adicional, debido a que su “tofu” está elaborado con granos de soja que contienen compuestos cálcicos.

No obstante, algunas comidas como las hamburguesas vegetarianas o las de soja, no son tan favorables, ya que se elaboran con “proteínas de soja concentrada”, las cuales casi no contienen los benéficos isoflavonos.

Las ventajas de que una mujer con menopausia adopte una dieta de tipo asiático todavía deben demostrarse, pero muchos de sus componentes nutricionales ya han sido identificados por los expertos como algunas de las llaves para prevenir el cáncer, por lo que no está de más intentar “matar dos pájaros” de un tiro.

Aunque todavía hay que efectuar más investigaciones para confirmar definitivamente que la comida puede influir en la menopausia femenina, algunos especialistas creen que la alimentación asiática clásica puede guardar claves importantes en este sentido y sugieren llevar una dieta que contenga menos del 20 por ciento de calorías en materia grasa, tenga un contenido reducido de carnes, y sea rica en variedad de frutas, verduras y cereales completos, los cuales son fuentes abundantes de fitoestrógenos,

Además debe incluir al menos una pequeña ración al día de “tofu” u otra comida a base de soja.

Las comidas “ardientes”, tanto las calentadas al fuego como las condimentadas con pimienta o picantes, elevan la temperatura del cuerpo y producen una oleada de calor que ruboriza la cara y el pecho. El alcohol y la cafeína también pueden causar rubores.

Por ello, los expertos recomiendan a las mujeres con menopausia evitar la ingestión, tanto de las comidas que elevan el calor corporal, como la de café, té, refrescos y chocolate.

La crisis se ceba con el sobrepeso femenino

noviembre 11, 2012
Madrid, 11 nov (EFE).- Las últimas estadísticas mundiales sobre obesidad sitúan a la mujer en el foco de esta epidemia del siglo XXI, una tendencia que en España se ha acentuado con la crisis, el aumento del paro femenino y el consumo de productos más baratos y menos nutritivos para ajustar la economía doméstica a los ingresos.
Así lo han recalcado los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) de cara al Día Mundial contra la Obesidad, que se celebra mañana, una jornada en la que se abordará la que se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las sociedades modernas en la última década.
En el informe “Generación XXL”, publicado recientemente por la compañía IPSOS -especializada en identificar las conductas, actitudes y opiniones de la sociedad-, se incidía ya en el hecho de que la crisis estaba disparando los casos de obesidad.
El 17 por ciento de la población considera que el principal escollo para llevar a cabo un estilo de vida más saludable es el precio de algunos productos, que les resultan caros, algo que ha hecho cambiar la dieta de muchas familias y muchas mujeres.
A los especialistas les preocupa esta circunstancia porque la mujer es mucho más propensa a desarrollar obesidad y, de por sí, tiene mayor tendencia a acumular sobrepeso por aspectos emocionales, endocrino-hormonales y metabólicos.
Según la experta en nutrición del IMEO Elisabeth Gónzalez, las mujeres son más vulnerables a sufrir depresiones y ansiedad, y estas situaciones afectan en un alto porcentaje a su forma de comer.
Las mujeres tienen de dos a tres veces más posibilidades de desarrollar ansiedad que los hombres y, fisiológicamente, según la especialista, una vulnerabilidad mayor a sufrir alteraciones emocionales por las influencias hormonales.
Hormonas como los estrógenos, opioides endógenos, la hormona de la juventud, la sulfatodehidro-epiandroestendiona, la progesterona y la testosterona, entre otras, forman un coctel que influye en la forma de comportarse, de sentir tristeza o alegría y de enfrentarse a la comida, y las hace “más susceptibles de ser comedoras emocionales que los hombres”.
Por ejemplo, en el caso de la serotonina, a veces conocida como la hormona de la felicidad, se ha observado que las mujeres producen un 52 por ciento menos en su cerebro que los hombres.
Este neurotrasmisor es un peso pesado en el estado de ánimo, en los niveles de ansiedad, en la percepción del dolor, el sueño y la conducta alimentaria, y si disminuyen sus niveles aumenta la sensación de tristeza y desánimo.
“No es casualidad -comenta González- que cuando estamos tristes o desanimadas, nos apetece un helado de chocolate, ya que los alimentos dulces y con altas concentraciones de azúcares aumentan las concentraciones de serotonina produciendo un efecto antidepresivo y ansiolítico momentáneo”.
Pero, además, la mujer tiene menos capacidad muscular que el hombre, por lo cual su metabolismo es menos efectivo quemando grasas o más bien, según la experta, “a falta de una actividad física regular, se acentuaría la tendencia a acumularlas”.
A ello se suma que con la madurez, el porcentaje de grasa en la mujer aumenta, cambia su composición corporal y disminuye su necesidad de energía, con lo que si no ajusta la dieta a estas nuevas condiciones fisiológicas puede aumentar su peso año tras año.
No obstante, a pesar de todos estos condicionantes para ganar peso, las españolas se preocupan por su figura, son las que principalmente contratan tratamientos de pérdida de peso y practican más ejercicio físico moderado que los hombres, según señala la preparadora física y psicóloga Sandra Pino.
Cada vez son más conscientes de que la actividad física y una dieta equilibrada son la mejor forma de combatir el exceso de kilos.
Y según Pino los efectos saludables de esta actividad no tardan en manifestarse si se dedican treinta minutos todos los días de la semana para caminar, subir y bajar escaleras, ir en bici o bailar con la pareja.
Se mejora la función respiratoria, se reduce el colesterol malo y la grasa corporal, bajan los niveles de ansiedad y aumenta la sensación de bienestar, gracias a la segregación de endorfinas. EFE