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Casi un 20% de los adultos españoles tiene obesidad y un 35,8% sobrepeso

agosto 4, 2016

Asturias, Galicia y Andalucía son las comunidades autónomas con las tasas más altas de obesidad.

obesidad en EspañaEl 35,8 por ciento de los adultos españoles tiene sobrepeso y el 19,9 por ciento obesidad, según se desprende del estudio Sobrepeso y obesidad general y abdominal en una muestra representativa de adultos españoles: resultados del estudio científico ANIBES, publicado en la revista ‘BioMed Research International’ y que ha sido coordinada por la Fundación Española de Nutrición (FEN).

En concreto, el trabajo, que pertenece al estudio científico ‘ANIBES’, se ha centrado en analizar los datos objetivos sobre medidas antropométricas y aportar información actualizada sobre la prevalencia de sobrepeso, obesidad general y abdominal en la población adulta en España entre 18 y 64 años.

Así, ha mostrado que el 36,4 por ciento de los hombres y el 48,3 por ciento de las mujeres en España tiene un peso normal, mientras que el 40,4 por ciento de los hombres y el 31,5 por ciento de las mujeres tiene sobrepeso, y el 22,7 por ciento de varones y el 17.2 por ciento de las españoles padece sobrepeso.

Según un estudio de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) publicado en el mes de mayo las tasas de obesidad más altas se dan en Asturias (25,7%), Galicia (24,9%) y Andalucía (24,4%), mientras que en el lado opuesto, las tasas más bajas se han observado en Islas Baleares (10,5%), Cataluña (15,5%) y País Vasco (17,9%).

“Estas cifras indican que el 55,7 por ciento del total de la muestra tenía exceso de peso y, como consecuencia, puede tener un mayor riesgo sanitario“, ha aseverado la directora del Grupo de Investigación ‘Valornut’ y catedrática de Nutrición de la Universidad Complutense de Madrid, Rosa Mª Ortega.

Respecto a la situación antropométrica general, el trabajo ha mostrado que sólo el 36,1 por ciento de la población participante tenía unos valores antropométricos óptimos, con un índice de masa corporal (IMC) inferior a 25 kilogramos por metro cuadrado y una relación entre la circunferencia de la cintura y altura menor a 0,5.

En este sentido, la experta ha destacado las diferencias entre población masculina, donde el 28,9 por ciento se encontraba dentro de los valores óptimos, y la población femenina, cuya cifra ascendía hasta el 42,7 por ciento.

Acumulación de grasa abdominal

“Teniendo en cuenta estos parámetros el 50,1 por ciento no sólo tenía exceso de peso, sino también una relación entre la circunferencia de la cintura y la altura elevada. Esta acumulación de grasa abdominal se asocia con un mayor riesgo cardiometabólico, por lo que este grupo de individuos merece una vigilancia especial. Por otro lado, el 13,9 por ciento de la muestra se ubicaba en situaciones intermedias, es decir, IMC elevado, pero sin obesidad abdominal, o IMC normal y obesidad abdominal”, ha recalcado Ortega.

Además, también se ha visto que la situación antropométrica favorable va decreciendo según se incrementa la edad. De esta forma, el 49,3 por ciento de los adultos entre 18 y 40 años que participaron en el estudio tenía unos valores antropométricos óptimos, mientras que la cifra descendía al 21 por ciento en población adulta con edades comprendidas entre los 41 y los 64 años.

Por otra parte, se han encontrado variaciones significativas dependiendo del criterio usado para la clasificación de la obesidad abdominal.

“En algunos estudios se utiliza la circunferencia de la cintura como indicador, con este criterio, en el estudio científico ANIBES se observa que un 28,1 por ciento de la muestra tiene una circunferencia de cintura excesiva. Sin embargo, dado que hay personas con alturas muy variadas, parece conveniente la valoración de la relación entre la circunferencia de la cintura y la altura, con este indicador antropométrico, se encuentra un 58,4 por ciento de individuos que presentan obesidad abdominal”, ha zanjado la doctora.

Nuevos factores de riesgo cardiovascular

marzo 16, 2011

Cada año mueren 17,1 millones de personas en el mundo a causa de las enfermedades cardiovasculares y según la Organización Mundial de la Salud, el 80% de las muertes prematuras podrían haberse evitado siguiendo un estilo de vida saludable y reduciendo factores de riesgo clásicos como hipertensión, tabaquismo, colesterol elevado, diabetes y obesidad. Según alerta la Fundación Española del Corazón (FEC), a estos factores se suma la aparición de otros agentes que amenazan, también, a nuestro corazón, como son la apnea del sueño, el estrés, la contaminación o el consumo de drogas.

Factores de riesgo cardiovascular clásicos

Según el último chequeo que ha elaborado la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sobre la Sanidad en 31 países durante 2010, el porcentaje de adultos obesos en España es del 14,9% pero la cifra se vuelve más preocupante en cuanto a la obesidad infantil, ya que alrededor de un 16,7% de los jóvenes españoles de entre 11 y 15 años presenta síntomas evidentes de sobrepeso u obesidad.

“Es imprescindible concienciar a la sociedad de que para mantenernos sanos hay que llevar un estilo de vida saludable, tener una dieta equilibrada y practicar ejercicio”, comenta la Dra. Pilar Mazón, presidenta de la Sección de Hipertensión Arterial de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), “en España las tasas de obesidad son alarmantes, sobre todo en cuanto a obesidad infantil”, añade la doctora.

Otro factor de riesgo cardiovascular totalmente evitable es el tabaquismo, la incidencia de la patología coronaria en los fumadores es tres veces mayor que en el resto de la población. La posibilidad de padecer una enfermedad de corazón es proporcional a la cantidad de cigarrillos fumados al día y al número de años en los que se mantiene este hábito nocivo. Los jóvenes que comienzan pronto con este hábito, multiplican las posibilidades de desarrollar algún tipo de enfermedad respiratoria, tumor o complicación cardiovascular.

Como medidas preventivas para controlar nuestra salud cardiovascular, los profesionales recomiendan no fumar, seguir una dieta equilibrada, realizar ejercicio físico de forma regular, controlar el colesterol, la glucosa y la tensión arterial al menos una vez al año, a partir de los 40 años, en el caso de las personas sanas y con mayor periodicidad en el caso de quienes padezcan alguna patología.

Nuevos factores de riesgo cardiovascular

Además de los factores de riesgo cardiovascular clásicos anteriormente comentados, el estilo de vida actual está haciendo que ciertas circunstancias empiecen a destacar, también, como factores de riesgo cardiovascular, como por ejemplo la apnea del sueño, el estrés, la contaminación o el consumo de drogas.

Apnea de sueño

La apnea del sueño es una enfermedad que se puede padecer en cualquier edad y sexo, pero es más común en hombres. Un 4% de hombres y un 2% mujeres de mediana edad padecen apnea acompañada de somnolencia durante el día. La apnea obstructiva, la más común, se produce cuando el aire no fluye por la nariz o la boca del paciente, mientras continúan los esfuerzos para respirar. La persona que la padece generalmente comienza a roncar muy fuerte poco después de quedarse dormida. A menudo, el ronquido se vuelve más fuerte y luego es interrumpido por un largo período de silencio durante el cual no hay respiración. Esto va seguido por un fuerte resoplido y jadeo, a medida que la persona trata de respirar. Las personas que padecen esta enfermedad a menudo no son conscientes de los episodios durante la noche y son sus familias quienes detectan el problema.

Está demostrado que un 50% de pacientes que sufren apnea del sueño padecen hipertensión arterial y tienen más riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un ictus. Esto se debe a diferentes factores, entre los cuales el más trascendente es la hipoxia (falta de oxígeno) intermitente, y sus consecuencias: aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial (por hiperactividad simpática), daño en las paredes arteriales (disfunción endotelial, estrés oxidativo e inflamación) y resistencia a la insulina. También se ha reconocido la presencia de fenómenos que favorecen la formación de trombos por activación plaquetaria, aumento del fibrinógeno, aumento del hematocrito y de la viscosidad de la sangre.

Estrés

La relación entre el estrés emocional y los eventos coronarios mayores ha sido establecida hace ya mucho tiempo, pero la verificación de esta presunción se ve obstaculizada porque no existe un test científico para cuantificar el grado de estrés emocional. Por ejemplo, se ha demostrado que existe el doble de riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio durante las dos horas siguientes a un episodio significativo de alteración emocional.

Algunos estudios apuntan a un mayor riesgo de episodio cardiovascular en las personas con perfil psicológico tipo A, es decir, competitivas, muy autoexigentes, apegadas al trabajo y obsesionadas con el éxito.

Contaminación

Según estudios publicados recientemente, las personas que habitan en lugares próximos a una autopista o una carretera altamente transitada, sufren un deterioro de las arterias el doble de rápido de las que viven en zonas menos contaminadas. En concreto, el grosor de sus arterias carótidas aumenta 5,5 micrómetros más por año. Además, la contaminación tiene efectos nocivos inmediatos sobre el funcionamiento de nuestras arterias, reduciendo instantáneamente su capacidad vasodilatadora. Si la exposición se mantiene, la polución podría provocar, a largo plazo, el engrosamiento y acumulación de grasas en las arterias y desembocar en una arteriosclerosis.

Se calcula que en España se producen ya cerca de 16.000 muertes ligadas a la contaminación. Se estima que si una ciudad de las dimensiones de Madrid o Barcelona redujera el nivel de contaminación al recomendado a nivel internacional, se disminuiría en 1.800 el número anual de ingresos hospitalarios por enfermedad cardiovascular y respiratoria y en 3.500 el número de muertes.

Consumo de drogas

La cocaína, es también un factor de riesgo que, aunque es minoritario si hablamos de la población en general, es muy dañino entre las personas que la consumen, ya que recientes estudios han demostrado que cuadriplica el riesgo de infarto de miocardio en los menores de 55 años que la consumen. Al inhalarse por vía nasal, la cocaína se absorbe y pasa a la sangre de forma inmediata, lo que multiplica por 24 las posibilidades de sufrir un infarto durante la primera hora tras el consumo de esta droga.