Obesógenos: ¿son el mayor enemigo de las dietas de adelgazamiento?

Perder peso puede ser una tarea complicada y frustrante para algunas personas, sobre todo si en su camino se cruzan estas sustancias químicas que impiden adelgazar sea cual sea la alimentación

El Confidencial, por Verónica Mollejo

Mujer en una báscula. (iStock)

A pesar de llevar sumo cuidado a la hora de escoger los alimentos y productos que forman parte de nuestra rutina diaria, es habitual toparnos de manera inesperada con ciertos compuestos que tienen un efecto negativo sobre el metabolismo y que interfieren en el funcionamiento de las hormonas del cuerpo, perturbando así todo el sistema. Una de estas sustancias químicas son los obesógenos, responsables de promover la obesidad tanto en humanos como en animales y presentes en la contaminación del aire, algunos pesticidas, el humo de los cigarros o la alimentación, entre otros.

Un enemigo a batir

En 2010, un grupo de científicos publicó un estudio en el que se relacionaba el aumento de peso de ciertas poblaciones de animales con la influencia de los humanos con los que convivían. Entre las razones de este incremento se barajaron el sedentarismo, una mala alimentación o un ambiente perjudicial para dichas criaturas. Sin embargo, tras meses de investigación, descubrieron que todos ellos vivían en un ambiente controlado, con una dieta constante y unos hábitos de vida inalterables. Fue entonces cuando aparecieron en escena los obesógenos.

Foto: iStock.
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“La teoría de los obesógenos considera que hay ciertas sustancias en los envases alimenticios que son los responsables de la estimulación y proliferación en el organismo de las células grasas llamadas adipocitos y que como en la sociedad actual muchos alimentos están envasados, todos estamos expuestos a ellos”, explican desde el Instituto Médico Europeo de Obesidad. Bajo esta premisa, son muchos los expertos en la materia que han comprobado el vínculo entre el aumento de agentes químicos ambientales y el aumento de la obesidad. Una epidemia social que solo en España se traduce en un 53% de la población por encima de su peso, un 36% con sobrepeso y un 17% con obesidad diagnosticada.

Sin embargo, es importante aclarar que los obesógenos no provocan directamente ese aumento de peso. Su función es potenciar la sensibilidad de nuestro cuerpo ante esa tendencia, especialmente durante los primeros años de vida. Tal y como explica Sanitas, compañía aseguradora y proveedora de servicios de salud, su modus operandi se basa en tres procedimientos igual de problemáticos para el ser humano:

  • Elevar la capacidad de almacenamiento de grasa de nuestro cuerpo y multiplicar a la vez el número de células de grasa.
  • Modificar la manera en la que el organismo regula las sensaciones de hambre y saciedad, o incrementar los efectos de las dietas altas en azúcar y otras sustancias perjudiciales.
  • Transformar la cantidad de calorías consumidas, lo que altera el equilibrio energético a favor del almacenamiento de grasa.
Foto: iStock.
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“A pesar de las pruebas científicas que avalan esta influencia en tejidos y animales, todavía existen muy pocos datos de estudios en humanos que permitan establecer definitivamente su papel como obesógenos“, concluye una investigación realizada por expertos de la Universidad de Vigo. Aun así, es importante tener en cuenta su radio de actuación para evitar posibles riesgos. A día de hoy, ¿dónde habitan los temidos obesógenos?

¿Dónde están y cómo podemos evitarlos?

Foto: iStock.
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Como ya hemos visto anteriormente, los obesógenos no solo forman parte de la alimentación. Una de estas sustancias, el bisfenol A, se utiliza mucho en productos industriales y de consumo como, por ejemplo, los envases de plástico. Un objeto de uso diario que también incluye ftalatos en su composición, además de en juguetes, detergentes y productos de cosmética, higiene personal y limpieza del hogar. “Se considera que la exposición a niveles inadecuados y en momentos del desarrollo, sobre todo en la etapa fetal y la infancia, influyen en la obesidad y la diabetes”, alerta Sanitas en relación a ambos compuestos sintéticos.

Los parabenos, muy presentes en los productos de cuidado personal, también forman parte de este grupo. Se trata de una sustancia química con propiedades similares a los estrógenos, una hormona asociada al aumento de peso. Los obesógenos cierran el círculo con otras dos sustancias igual de perjudiciales: el tributilestaño, un agente contaminante que se emplea en los sistemas de conducción de agua o como fungicida de los alimentos; y los pesticidas organoclorados, que, a pesar de haber sido prohibidos, todavía se detectan en la población y encuentran su peor versión en los alimentos ricos en grasas animales.

En España, un 53% de la población está por encima de su peso y un 17% tiene obesidad diagnosticada

En base a estos hallazgos, los expertos “sugieren recomendaciones específicas para reducir la exposición a los obesógenos, como elegir alimentos frescos sobre productos procesados con listas largas de ingredientes en la etiqueta -cuanto más larga es la lista, es más probable que el producto contenga obesógenos- y comprar frutas y verduras producidas sin pesticidas, como productos certificados orgánicos o locales libres de pesticidas”, aconsejan desde la Clínica Cisem.

Asimismo, resulta fundamental reducir al máximo la ingesta de carnes, las bebidas que vengan en envases de plástico, el agua embotellada, no utilizar plásticos en el microondas o recurrir exclusivamente a sartenes de cerámica. De esta forma, la posibilidad de reducir los riesgos y la acción de los obesógenos sobre nuestro organismo será mucho mayor.

Expertos piden que España regule la presencia de ftalatos y prohíba los más peligrosos para la salud

  • La Fundación Vivo Sano y Ecologistas en Acción han reclamado al Gobierno españól que regule la presencia de ftalatos, sustancias químicas presentes en multitud de productos, y prohíba los que se consideran más peligrosos para la salud o aquellos que están en contacto con alimentos, ya que el riesgo también es mayor.

La Vanguardia / Europa Press

La Fundación Vivo Sano y Ecologistas en Acción han reclamado al Gobierno españól que regule la presencia de ftalatos, sustancias químicas presentes en multitud de productos, y prohíba los que se consideran más peligrosos para la salud o aquellos que están en contacto con alimentos, ya que el riesgo también es mayor.

Estas sustancias, de las que hay más de 100 tipos diferentes, se usan como plastificantes y fijadores y están presentes en numerosos objetos y sustancias de uso diario, como geles, jabones, cosméticos, perfumes, productos para limpieza, ambientadores, cables, envases, plásticos, pinturas, juguetes e incluso material médico.

El amplio espectro de uso hace que más del 90 por ciento de los españoles esté expuesto a ftalatos que, al no unirse químicamente a los productos de los que forman parte, se van desprendiendo poco a poco y son inhalados, ingeridos o absorbidos a través de la piel, ha explicado Carlos de Prada, responsable de la campaña ‘Hogar sin Tóxicos’ de la Fundación Vivo Sana y autor de un informe que recopila diferentes estudios científicos que han analizado el riesgo para la salud que conlleva esta exposición.

Entre otros efectos, se relacionan con un deterioro de la calidad del semen, alteran los niveles de hormonas sexuales como la testosterona, infertilidad, alergias, obesidad, malformaciones genitales e incluso crecimiento de células tumorales.

Además, se ha visto que niños y embarazadas son más sensibles a estas sustancias, que al ser disruptores endocrinos alteran el equilibrio hormonal, lo que hace que también se asocie a trastornos del desarrollo, partos prematuros o bajo peso al nacer.

Ante esta relación, De Prada pide a España que “deje de estar a remolque de lo que diga o haga la Unión Europea” y siga el ejemplo de países nórdicos como Dinamarca, que cuenta con una Estrategia Nacional frente a los ftalatos, y reclama también que prohíba los considerados más preocupantes (DEHP, DBP, BBP y DiBP) que, de hecho, ya necesitan una autorización en Europa previa a su utilización.

Sin embargo, ha denunciado la responsable de Políticas de Sustancias Químicas de Ecologistas en Acción, Dolores Romano, hasta ahora el Gobierno español está manteniendo una postura favorable a estas sustancias y junto a Reino Unido, Alemania e Italia han bloqueado una iniciativa para que estos cuatro ftalatos se consideren de forma legal disruptores endocrinos y puedan prohibirse.

¿EN QUÉ BENEFICIA PAR QUE SIGAN EN EL MERCADO?

“Queremos que el Ministerio de Sanidad explique en qué beneficia a la salud de la población como para mantener a estas sustancias en el mercado”, ha denunciado.

Esta experta asegura que hay sustancias no tóxicas o materiales que pueden sustituir a los ftalatos o a los productos que contienen estas sustancias, y celebra que algunas grandes empresas los hayan eliminado de su cadena de producción o especifiquen en su etiquetado que son productos libres de ftalatos. “El problema es que ningún producto avisa de su presencia”, ha añadido De Prada.

Ambos expertos denuncian que la exposición a estas sustancias en España es mayor que en otros países, según constató un estudio del Instituto de Salud Carlos III, y denuncian que la Endocrine Society ha alertado del elevado coste económico de las enfermedades relacionadas con la exposición a estas sustancias, que puede ascender a 270.000 millones de euros al año en Europa.

Asimismo, piden que aumente la investigación sobre estas sustancias, ya que no está claro a partir de qué niveles de exposición aumentan los diferentes riesgos para la salud, así como una mayor inversión en campañas de información a la población sobre los efectos perjudiciales que conllevan.