La exposición a productos químicos tóxicos en los años 50 puede ser causa de obesidad

Un estudio sugiere que los efectos de la contaminación por productos tóxicos se transmite durante varias generaciones por un proceso epigenético

La Vanguardia
por Joaquim Elcacho/ BMC Medicine

La exposición a productos químicos tóxicos en individuos de una generación puede alterar la salud en sus descendientes varias generaciones más tarde, según sugiere un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Washington (Estados Unidos) que publica esta semana la revista BMC Medicine.

La investigación liderada por el doctor Michael Skinner, profesor de la Universidad Estatal de Washington y fundador del Centro para la Biología de la Reproducción de esta misma universidad, ha sido realizada con animales de laboratorio (ratas) pero hace pensar que contaminación transgeracional podría producirse también en humanos.

“La exposición a productos tóxicos como el DDT que afectó a su bisabuela cuando estaba embarazada puede provocar un importante incremento en la susceptibilidad a la obesidad de usted, y usted puede pasar este factor de riesgo a sus nietos sin que ellos hayan estado expuestos directamente al DDT”, indica el profesor Michael Skinner.

El experimento dirigido por Skinner fue realizado con ratas en gestación expuestas al insecticida DDT, un producto que todavía se utiliza de forma legal en algunos países del mundo para combatir los mosquitos que propagan la malaria. Ni las ratas expuestas al insecticida ni sus crías presentaron alteraciones de peso. En cambio, más de la mitad de los descendientes de tercera generación presentaron problemas de obesidad.

Los responsables de esta investigación consideran que el insecticida puede afectar a a forma en que los genes se activan y desactivan en los descendientes de un animal expuesto, a pesar de que sus secuencias de ADN se mantienen sin cambios.

Este tipo de alteraciones se conoce como herencia epigenética transgeneracional, es decir una modificación de la expresión de los genes no provocada directamente por una alteración en el ADN. En los últimos años, el laboratorio Skinner ha documentado efectos epigenéticos de una gran cantidad de sustancias tóxicas ambientales, incluyendo plásticos, pesticidas, fungicidas, dioxinas, hidrocarburos y el plastificante bisfenol A.

Skinner considera en este sentido que la frecuencia de los efectos del DDT sobre la obesidad son mucho mayores que otros tóxicos revisado en su laboratorio.

El líder de la investigación presentada ahora recuerda que hace 51 años se publicó el libro Primavera Silenciosa, de Rachel Carson, que documentaba por primera vez los efectos del DDT sobre el medio ambiente. El uso de este insecticida está prohibido desde 1972 en Estados Unidos pero, “la tercera generación de las personas expuestas al DDT en la década de 1950 es ahora mayor de edad y tiene un aumento espectacular de las enfermedades como la obesidad”, insinúa Skinner al tiempo que la Agencia norteamericana para el Desarrollo Internacional y la Organización Mundial de la Salud están apoyando el uso de DDT para controlar la malaria en los países en desarrollo.

“Los posibles efectos transgeneracionales de DDT deberían tenerse en cuenta en el análisis de riesgos y beneficios de su uso”, indica Skinner.

Bisabuelas pueden ser responsables de la obesidad

Tóxicos a los que se expusieron nos hacen más susceptibles a enfermedades

Por BBC Mundo / elnuevodia.com

obesity.jpg_thinstockNo importa qué tan sana sea la vida que llevamos, los tóxicos medioambientales a los que se expusieron nuestras madres, abuelas e incluso bisabuelas durante el embarazo pueden influir en las enfermedades que desarrollemos.

Investigadores de la Universidad de Washington se dieron a la tarea de hacer una lista de químicos que encontramos a diario en el ambiente y que, debido a la epigenética, causan enfermedades generaciones después.

Dos trabajos liderados por el biólogo molecular Michael Skinner, publicados por separado en PLOS ONE y Reproductive Toxicology, indican que la exposición a plastificadores -presentes en botellas de plástico- y a hidrocarburos -como el combustible de aeronaves-, pueden ser una causa de obesidad tres generaciones más tarde.

También pueden influir en el desarrollo de enfermedades de riñón, próstata, testículos y ovarios, así como en anormalidades relacionadas a la pubertad.

“Es la primera vez que probamos estas dos exposiciones medioambientales y descubrimos que los dos (químicos) promueven enfermedades transgeneracionales”, le explicó Skinner a BBC Mundo.

Este fenómeno se debe a la “herencia transgeneracional epigenética”. Al mismo tiempo que los animales (incluidos los humanos) heredan características de las secuencias de ADN de sus padres, también tienen una herencia epigenética con la activación o desactivación de algunos genes.

Ni los hijos ni los nietos… los bisnietos

El especialista señaló que muchas de estas enfermedades sólo aparecieron tres generaciones más tarde. “Es interesante ver cómo estas dolencias no se manifestaron en la generación F1, que serían los hijos, sino en la de los bisnietos”.

“(El estudio hecho en ratones) sugiere que una exposición ancestral de tus abuelos y bisabuelos puede aumentar tu susceptibilidad a desarrollar obesidad”. Esto incluye aumento de peso, y una gran cantidad de acumulación de grasa en la zona del abdomen.

Si dos personas -una con tendencia a sobrepeso y otra no- llevan la misma dieta y realizan la misma cantidad de ejercicio, la que es más susceptible a ganar peso podría desarrollar obesidad, al contrario de la otra.

“Lo que pasa con la exposición de nuestros ancestros a estos tóxicos es que aumenta la susceptibilidad. Si sabes que eres susceptible a ganar peso, podrás tomar medidas para no ser obeso”, aclara Skinner.

Según los expertos, el período más sensible para la exposición es durante la formación del feto. “Cuando se está formando en masculino o femenino es cuando hay más sensibilidad a ser reprogramado. Esto es un fenómeno epigenético”, aclara Skinner.

Estas enfermedades se evidencian tres generaciones más tarde debido a que permanentemente cambiamos las células germinales. “En este caso particular es la esperma, que tiene una firma epigenética que, básicamente, se transfiere a toda la descendencia subsecuente”, explica el experto. “Es una forma hereditaria no genética”.

Altos índices de obesidad

Michael Skinner sugiere que los altos niveles de obesidad hoy en día podrían tener relación con la exposición de nuestros ancestros a tóxicos. Estos químicos pudieron haber originado una reprogramación en nuestros genes y nos hicieron más susceptibles a ganar peso; una combinación explosiva si lo combinamos con comida rápida y sedentarismo.

“Si te fijas en las tasas de obesidad de los años 50 y principio de los 60, eran relativamente bajas, cerca del 5%. Si miramos los niveles de obesidad hoy en día, tanto en niños como en adultos, ronda más el 30-40%”.

“En tres generaciones hemos visto un aumento dramático de la obesidad. Un factor que no puedes atribuirse a la genética o a ninguna otra cosa que no sea influencia medioambiental”.

El experto aclara que si bien la dieta, la nutrición y el ejercicio son cruciales para evitar la obesidad, no hay que ignorar los componentes ancestrales.