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El aire contaminado nos quita dos años de vida

marzo 30, 2019

En el mundo ya causa más muertes que el tabaquismo

El aire contaminado acorta la vida útil de los europeos en dos años. En el mundo ya causa más muertes prematuras que el tabaquismo, especialmente debido a enfermedades cardiovasculares. Una reevaluación de los riesgos para la salud asociados con la calidad del aire muestra un alto riesgo inesperado de mortalidad.

Tendencias 21.net
Una reevaluación de los riesgos para la salud asociados a la contaminación del aire muestra que el riesgo de mortalidad es más alto del que se pensaba. Las muertes se deben, especialmente, a enfermedades cardiovasculares.

Un equipo de científicos encabezado por el profesor de Química Jos Lelieveld, del Instituto Max Planck, y por el profesor Thomas Münzel, del Centro Médico de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, en Alemania, ha revelado que la contaminación del aire acorta la esperanza de vida de los europeos en aproximadamente dos años de media.
No hay una clara conciencia de que la mala calidad del aire sea un importante riesgo para nuestra salud. La contaminación atmosférica, especialmente por las partículas finas de un diámetro inferior a 2,5 micrómetros (PM2,5), puede desencadenar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, y se asocia con un alto riesgo de mortalidad.

Los datos
Según el estudio, alrededor de 120 personas por cada 100.000 habitantes mueren prematuramente por los efectos de la contaminación del aire a escala mundial. La cifra correspondiente para Europa es de 133 por 100.000 habitantes, lo que supera esa media mundial. Las enfermedades cardiovasculares son la causa de muerte en al menos la mitad de los casos.
Hasta ahora, se había asumido que la tasa de mortalidad mundial debida a la contaminación atmosférica era de alrededor de 4,5 millones de personas al año. El valor recalculado sitúa esa cifra en 8,8 millones anuales. Solo en Europa, casi 800.000 personas mueren prematuramente cada año como resultado de la contaminación del aire.
De acuerdo con los nuevos cálculos, la mala calidad del aire ahora se encuentra entre los riesgos para la salud más graves, al nivel de la hipertensión, la diabetes, la obesidad y el tabaquismo. Este último causa, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 7,2 millones de muertes prematuras al año.
La contaminación ambiental representa un riesgo similar al de fumar (incluso mayor). La principal diferencia es que la exposición a la contaminación atmosférica no es una decisión personal.

Riesgo cardiovascular
“La contaminación del aire debe reconocerse ahora como un importante factor de riesgo cardiovascular, ya que causa daños adicionales a través de la diabetes, la hipertensión arterial y los altos niveles de colesterol en la sangre”, explica Thomas Münzel, director del Centro de Cardiología del Centro Médico Universitario de Maguncia, en un comunicado.

Estas nuevas conclusiones llegan después de que los científicos se dieran cuenta de que era necesario actualizar los cálculos y datos vigentes, ya que un estudio publicado recientemente situó las tasas de riesgo específicas de enfermedades asociadas a la contaminación muy por encima de los valores de la carga mundial de morbilidad (GBD), evaluada por la OMS. La morbilidad es la proporción de individuos que enferman en un sitio y tiempo determinado

Debido a que este estudio incorporó 41 investigaciones a gran escala, con casos de 16 países (incluida China), proporciona la mejor base de datos disponible en la actualidad, según Lelieveld.

Partículas peligrosas
“Los resultados de nuestro estudio muestran que el valor límite europeo para partículas contaminantes (una media de 25 microgramos por metro cúbico de aire a lo largo de un año) es demasiado alto”, explica Münzel. Este límite está muy por encima de la guía de la OMS, que sitúa el máximo en 10 microgramos por metro cúbico.

Según Münzel, es más urgente que nunca reducir la exposición a partículas de este tipo y ajustar los valores límite en consecuencia. Además, subraya la importancia de que la Sociedad Europea de Cardiología las reconozca como una de las mayores causas de enfermedades cardiovasculares.

Reemplazar los combustibles fósiles con fuentes de energía limpia podría reducir la tasa de mortalidad en más de la mitad. Dado que gran parte de las partículas finas y otros contaminantes del aire son el resultado de la quema de combustibles fósiles, los científicos abogan por reemplazarlos por fuentes de energía sostenibles.

“Cuando nos cambiemos a la energía limpia y renovable, podríamos cumplir con el acuerdo de París para mitigar los efectos del cambio climático”, explica Lelieveld, quien también es profesor en el Instituto de Chipre, en Nicosia. “En ese caso, también podemos reducir las tasas de mortalidad relacionadas con la contaminación del aire en Europa hasta en un 55 por ciento”.

La exposición a productos químicos tóxicos en los años 50 puede ser causa de obesidad

octubre 27, 2013

Un estudio sugiere que los efectos de la contaminación por productos tóxicos se transmite durante varias generaciones por un proceso epigenético

La Vanguardia
por Joaquim Elcacho/ BMC Medicine

La exposición a productos químicos tóxicos en individuos de una generación puede alterar la salud en sus descendientes varias generaciones más tarde, según sugiere un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Washington (Estados Unidos) que publica esta semana la revista BMC Medicine.

La investigación liderada por el doctor Michael Skinner, profesor de la Universidad Estatal de Washington y fundador del Centro para la Biología de la Reproducción de esta misma universidad, ha sido realizada con animales de laboratorio (ratas) pero hace pensar que contaminación transgeracional podría producirse también en humanos.

“La exposición a productos tóxicos como el DDT que afectó a su bisabuela cuando estaba embarazada puede provocar un importante incremento en la susceptibilidad a la obesidad de usted, y usted puede pasar este factor de riesgo a sus nietos sin que ellos hayan estado expuestos directamente al DDT”, indica el profesor Michael Skinner.

El experimento dirigido por Skinner fue realizado con ratas en gestación expuestas al insecticida DDT, un producto que todavía se utiliza de forma legal en algunos países del mundo para combatir los mosquitos que propagan la malaria. Ni las ratas expuestas al insecticida ni sus crías presentaron alteraciones de peso. En cambio, más de la mitad de los descendientes de tercera generación presentaron problemas de obesidad.

Los responsables de esta investigación consideran que el insecticida puede afectar a a forma en que los genes se activan y desactivan en los descendientes de un animal expuesto, a pesar de que sus secuencias de ADN se mantienen sin cambios.

Este tipo de alteraciones se conoce como herencia epigenética transgeneracional, es decir una modificación de la expresión de los genes no provocada directamente por una alteración en el ADN. En los últimos años, el laboratorio Skinner ha documentado efectos epigenéticos de una gran cantidad de sustancias tóxicas ambientales, incluyendo plásticos, pesticidas, fungicidas, dioxinas, hidrocarburos y el plastificante bisfenol A.

Skinner considera en este sentido que la frecuencia de los efectos del DDT sobre la obesidad son mucho mayores que otros tóxicos revisado en su laboratorio.

El líder de la investigación presentada ahora recuerda que hace 51 años se publicó el libro Primavera Silenciosa, de Rachel Carson, que documentaba por primera vez los efectos del DDT sobre el medio ambiente. El uso de este insecticida está prohibido desde 1972 en Estados Unidos pero, “la tercera generación de las personas expuestas al DDT en la década de 1950 es ahora mayor de edad y tiene un aumento espectacular de las enfermedades como la obesidad”, insinúa Skinner al tiempo que la Agencia norteamericana para el Desarrollo Internacional y la Organización Mundial de la Salud están apoyando el uso de DDT para controlar la malaria en los países en desarrollo.

“Los posibles efectos transgeneracionales de DDT deberían tenerse en cuenta en el análisis de riesgos y beneficios de su uso”, indica Skinner.