¿Sabes qué es la pregorexia en el embarazo? Aquí te lo contamos

La pregorexia es un comportamiento muy preocupante en las embarazadas.

Imujer, por Alejandra Guerrero
peso-en-el-embarazo“Pregorexia” combina las palabras pregnacy (embarazo en inglés) y “anorexia”. Describe a las mujeres que tienen miedo a aumentar de peso durante el embarazo, y por lo tanto no se nutren adecuadamente a sí mismas y a su bebé en desarrollo. Y aunque no es considerado todavía un diagnóstico médico, describe un comportamiento muy real y preocupante.

¿Comer más o comer menos durante el embarazo?

Hoy en día es casi un cumplido decirle a una mujer embarazada “¡Casi no parece que estuvieras embarazada!” Y aunque cada mujer sube una cantidad de peso diferente durante el embarazo, el aumento de peso es saludable.

No subir de peso lo suficiente durante el embarazo es peligroso: puede aumentar el riesgo de aborto espontáneo y complicaciones de nacimiento, tales como prematuridad y bajo peso al nacer. Además, si se restringe la ingesta de alimentos durante el embarazo, el bebé no recibe los nutrientes adecuados que necesita para desarrollarse.

Y la restricción de alimentos durante el embarazo es contraria a la biología. Las mujeres con anorexia están ejerciendo un enorme control ante un impulso biológico natural, que es comer durante el embarazo. Y todos los trastornos alimentarios durante el embarazo son peligrosos, tanto para la madre como para el bebé.

Las mujeres más vulnerables de sufrir pregorexia

Las mujeres con antecedentes de trastornos alimentarios están particularmente en riesgo de sufrir de pregorexia durante el embarazo. Esto es especialmente cierto para las madres primerizas, que no están preparadas para lo que le va a suceder a su cuerpo. Algunas mujeres piensan que estarán bien al quedar embarazadas, pero cuando empiezan a ganar peso se desencadena una reacción que las pone de nuevo en el modo anoréxico.

Pero los trastornos alimenticios también pueden afectar a las futuras mamás que no los sufrieron en el pasado. Algunas de estas mujeres han mantenido un estrecho control de su peso corporal y figura durante toda su vida. Y cuando empiezan a subir de peso durante el embarazo desarrollan comportamientos poco saludables con los alimentos.

Las mujeres a menudo no hablan de sus trastornos alimenticios con su ginecólogo. Esto sería lo más saludable, ya que el médico las derivará a dietistas, psiquiatras y psicólogos que les brinden apoyo.

La buena noticia es que, a pesar de los desafíos que el embarazo puede traer, muchas mujeres con trastornos alimentarios lo utilizan como punto de inflexión para hacer cambios positivos para la salud de su bebé, que luego se extienden durante la lactancia y más allá, y pueden significar un futuro más saludable para la madre y el bebé.

La “dieta” de la fertilidad

Disminuir los niveles de estrés y realizar cambios oportunos en la alimentación aumenta las probabilidades de concebir hijos en hombres y mujeres, señalan los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad 

Hay evidencias científicas para asociar la calidad del semen con exposición continuada a quimicosSe estima que más del 15% de la población en España es infértil y que en los últimos años han aumentado las causas de esterilidad masculina[1]. Entre los factores ambientales y sociales que afectan la capacidad reproductiva de ambos sexos se encuentran el estrés, el sobrepeso, la escasa actividad física, el consumo de alimentos con presencia de químicos, el tabaquismo y el alcohol, la contaminación ambiental y la tardía edad para ser padres[2]. Por esta razón los especialistas del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) –entre ellos psicólogos, naturópatas y nutricionistas clínicos expertos en fitoterapia y gastronomía– han elaborado un compendio de pautas actualizadas con las últimas evidencias científicas y ejemplo de menú enfocadas en aumentar la fertilidad de aquellas parejas que tengan dificultades de concepción.

Muchos casos de infertilidad se relacionan con alteraciones genéticas u hormonales, además de algunos trastornos ovulatorios que se dan en la mujer. Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que aspectos relacionados con el estilo de vida y la alimentación en la pareja también juegan un papel decisivo. De hecho, “en el momento que empecemos a plantearnos un embarazo hay que reducir los niveles de estrés y realizar algunos cambios en la dieta, teniendo en cuenta que sus efectos positivos en la fertilidad empezarán a dar sus frutos a partir del tercer mes”, señala Rubén Bravo, Naturópata experto en nutrición y portavoz del IMEO.

Alimentos que a largo plazo perjudican la fertilidad

Evitar alimentos expuestas a  pesticidas y herbicidasHoy en día existen suficientes evidencias científicas para asociar la calidad del semen y los óvulos con la exposición continuada a químicos en periodos de medio y largo plazo. En la gran mayoría de los alimentos de consumo cotidiano encontramos pequeñas dosis de productos químicos en forma de edulcorantes, conservantes, abonos químicos en la tierra, pesticidas en los cultivos, hormonas en algunas carnes, herbicidas en los vegetales, antibióticos en la ganadería, metales pesados en cultivo y en los mares… que por separado no tienen ningún efectos nocivos sobre la salud, pero que unidos y durante un consumo prolongado, podrían estar perjudicando diferentes aspectos de nuestro organismo como la fertilidad y la capacidad de engendrar hijos.

En este sentido, la nutricionista Andrea Marqués del IMEO recomienda “tener especial cuidado con las frutas y verduras expuestas a herbicidas y pesticidas[3]; carnes de animales que han sido tratados con hormonas como pollos de crecimiento intensivo o ganado vacuno; conservas de lata o alimentos envasados en plástico que pueden contener más trazas de Bisfenol A que actúa como disruptor endocrino e interfiere en el ciclo hormonal natural”. Deberíamos evitar también las acrilamidas que se filtran en nuestra dieta a través de la fritura de los hidratos de carbono. Esta sustancia neurotóxica en grandes dosis puede afectar al sistema endocrino, generar irritabilidad y trastornos neuroendocrinos que a su vez pueden influir en la capacidad reproductiva.

Estimulantes como cafeína y teína son desaconsejadas por sus posibles efectos adversos sobre el aparato reproductor femenino. Estas sustancias actúan como vasoconstrictores que ralentizan la llegada de la sangre al útero y pueden dificultar la implantación del óvulo.

En mujeres con síndrome del ovario poliquístico es esencial evitar los picos de insulina en sangre que puedan alterar el equilibrio hormonal y la ovulación, por tanto se recomienda controlar el consumo de harinas refinadas.

Por otro lado estar muy por encima o muy por debajo del peso considerado normal también puede resultar un factor de infertilidad a tener en cuenta, al igual que el consumo frecuente de bebidas alcohólicas y el tabaquismo nos afectan directamente nuestro factor de fertilidad, de modo que es altamente recomendada su abstención durante el período de concepción en hombres y mujeres, durante el embarazo y posteriormente en la lactancia.

Cómo influye el estrés en nuestra fertilidad y cómo combatirlo

Reducir los niveles de estrés aumenta la probabilidad de concebir“El estrés que experimentamos, además de disminuir la libido (falta de deseo sexual), induce una reacción en el cerebro que afecta a la dinámica del sistema reproductor”, explica María González Fernández, psicóloga del IMEO. Lo hace con la finalidad de evitar cualquier gasto de energía que pueda ser necesario para responder a la situación potencialmente peligrosa o de sobredemanda.

La tensión severa y continuada puede disminuir en el varón los niveles de testosterona, dificultar la erección y ocasionar eyaculación precoz, y repercute negativamente en la dinámica reproductora femenina. Se estima que una mujer que experimenta altos niveles de estrés y ansiedad puede ovular hasta un 20% de lo habitual, disminuyendo así la posibilidad de que sus óvulos sean fecundados.

La forma más habitual para eliminar el estrés es a través de la práctica de ejercicio físico (yoga, Pilates, estiramientos, baile o entrenamiento cardiovascular moderado). De esta manera se reduce la actividad nerviosa simpática, circula menos adrenalina en la sangre y a largo plazo desciende la presión arterial y la frecuencia cardíaca.

En los casos más graves de estrés, se puede recurrir a un abordaje psicológico del estrés. Existen varias terapias individuales[4] y en pareja que pueden ser de utilidad a aquellas personas sometidas a altos niveles de estrés y con dificultades para concebir hijos, donde además de un abordaje psicológico para manejar el estrés, se evalúan posibles conflictos o causantes de la tensión y se cuidan los distintos ámbitos de la pareja (sexual, ocio, reparto de roles, etc.). “Generalmente, en estas situaciones se tiende a focalizar toda la atención y energía emocional en el hecho de concebir, sobreponiendo este objetivo a cualquier otro. Así pues, al no tener un control sobre ello se pone en riesgo la estabilidad de la pareja y el grado de satisfacción”, señala González. Cuando logramos reducir los niveles de estrés, se restablece el equilibrio en la segregación de hormonas que intervienen en la reproducción y el funcionamiento de nuestro sistema nervioso autónomo, facilitando así la capacidad de concepción.

Dieta de fertilidad IMEOPautas nutricionales para mejorar la fertilidad

Llevar una dieta saludable es imprescindible a la hora de concebir. En este sentido, la experta en nutrición y gastronomía del IMEO, Andrea Marqués recomienda:

  • Aumentar el consumo de frutas y verduras ricas en antioxidantes que degradan radicales libres que puedan dañar nuestros óvulos o espermatozoides. Algunas como la zanahoria, el arándano, el tomate o las coles (brócoli o coliflor) son especialmente ricas en estas sustancias.
  • Aumentar el consumo de ácidos grasos omega 3 a través de las nueces o el pescado azul. Estos ácidos grasos en el hombre ayudan a la maduración de los espermatozoides y en la mujer estimulan la ovulación.
  • Incluir proteínas animales en el menú por su aporte de hierro, ya que su deficiencia es un síntoma de infertilidad. Entre las opciones son pollo ecológico para evitar alteración en los niveles hormonales; carne roja una vez a la semana; y mariscos de concha como almejas, mejillones y berberechos.
  • Asegurar un correcto aporte de calcio a través del consumo diario de lácteos. Leche semidesnatada, yogures y queso tiernos y frescos ayudan a estimular el sistema reproductor.
  • Mantener unos niveles adecuados de ácido fólico antes y durante el embarazo. En los hombres el déficit de ácido fólico afecta al número y a la movilidad de los espermatozoides. En la mujer es imprescindible para el desarrollo del bebé. Además como suplemento, existe en verduras de hoja verde, cereales integrales y legumbres. El consumo de huevos, ricos en colina, ayuda para su correcta absorción.
  • Incluir en nuestra dieta alimentos con poder afrodisiaco, como plátano, frutos del bosque, chocolate negro, vainilla, canela u hojas de damiana en la infusión, podría aumentar el deseo sexual y también la libido.
  • Potenciar la fertilidad masculina con aportes adecuados de zinc, vitamina C y selenio. El zinc, que juega un papel esencial en la movilidad del espermatozoide para su llegada al óvulo, abunda en pescado, marisco, huevos y lácteos. La vitamina C, presente en cítricos, frutas y verduras como el tomate o el kiwi, contribuye a eliminar restos de metales pesados que alteran la calidad del semen. El selenio, presente en cereales integrales y frutos secos, contribuye a la producción de testosterona y mejora la cantidad y la calidad del esperma. 

Herbología y complementos alimenticios para él y ella

  • En los hombres el extracto de la raíz de la Maca Andina aumenta los niveles de testosterona, la cantidad de esperma útil y la movilidad de los espermatozoides.
  • La L-Carnitina es un aminoácido que incide directamente en los procesos de formación, regeneración y maduración del esperma.
  • “En la mujer, además de ácido fólico, en las etapas de concepción y embarazo recomendamos tomar diariamente inositol, a través de la ingesta diaria de semillas de lino, que mejora sustancialmente la maduración de los ovocitos”, añade Rubén Bravo, Naturópata y experto universitario en nutrición.
  • En ambos sexos, con el fin de controlar los niveles de estrés, se aconseja tomar extracto de semillas de Griffonia. Esta planta africana tiene un alto contenido natural en aminoácido que incide directamente en reducir tanto los estados de ansiedad, como los de depresión, mejorado la calidad del sueño y por lo tanto la reparación celular nocturna.

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[1]Antes un 70% de las causas de infertilidad eran femeninas, un 20% masculinas y un 10% mixtas, hoy se considera que un 40% de las causas son masculinas, un 50% femeninas y un 10% mixtas, según la Unidad de Reproducción Asistida del grupo sanitario Vithas que cuenta con 12 hospitales y 13 centros especializados en España.

[2] La edad media para ser madre en España es de 32,2 años, pero el 33% de los nacimientos son de mujeres de más de 35 años, INE 2014.

[3] Según la organización EWG las frutas y verduras más contaminadas con pesticidas son manzanas, melocotones, nectarinas, fresas, uvas, apio, espinacas, pimientos rojos dulces, pepino, tomates cherry, guisantes importadas y patatas.

[4] Entre las más efectivas terapias para controlar y reducir el estrés son la Relajación muscular de Jacobson, la Relajación Diafragmática, la Meditación y el Biofeedback.

El exceso de pescado durante el embarazo aumenta el riesgo de obesidad del futuro niño

Comer pescado más de tres veces a la semana en la gestación supone un mayor riesgo de crecimiento acelerado y obesidad, sobre todo para las niñas
ABC, M. Lopez
embarazopescado--620x349Los estudios han demostrado numerosos beneficios asociados al consumo de pescado. Es el caso, entre otros muchos, de la protección que confiere frente a la enfermedad de Alzheimer. Tal es así que el pescado está considerado como uno de los elementos claves de cualquier dieta saludable. Sin embargo, y dado que contiene mercurio, su consumo excesivo puede resultar perjudicial durante la gestación, razón por la que la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ya recomendó en 2014 que las mujeres embarazadas no lo coman más de tres veces por semana. De hecho, un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Creta (Grecia) muestra que comer mucho pescado durante el embarazo aumenta el riesgo de obesidad del futuro hijo.

Como explica Leda Chatzi, directora de esta investigación publicada en la revista «JAMA Pediatrics», «la presencia de contaminantes ambientales en el pescado podría explicar la relación observada entre el alto consumo de pescado durante el embarazo y un incremento de la adiposidad infantil. Sin embargo, y si bien hemos recopilado información sobre el consumo de diferentes tipos de pescado, no tenemos datos suficientes para establecer diferencias entre las especies, las maneras de cocinarlas o la procedencia, marina o fluvial, del pescado».

Pescado no tan ‘sano’

El objetivo del estudio era evaluar la posible asociación entre el consumo prenatal de pescado y el ritmo de crecimiento y tasa de sobrepeso durante la infancia. Y para ello, los autores analizaron los datos registrados en estudios tanto europeos como estadounidenses de un total de 26.184 mujeres embarazadas y de sus hijos hasta que cumplieron la edad de 6 años.

El promedio del consumo de pescado osciló entre las 0,5 veces semanales de las mujeres belgas hasta las 4,5 veces por semana observadas en las mujeres españolas. Así, los investigadores calificaron como ‘elevado’ todo consumo de pescado que excediera de tres tomas semanales, como ‘moderado’ a aquel entre 2 y 3 veces por semana, y como ‘bajo’ al que no superara una única toma semanal.

Del total de niños incluidos en el estudio, 8.215 –el 31%– tuvieron un crecimiento acelerado entre el nacimiento y su segundo año de edad. Además, 4.987 (19,4%) y 3.476 (15,2%) mostraron sobrepeso u obesidad a la edad de, respectivamente, 4 y 6 años.

Los resultados mostraron que los hijos de aquellas mujeres con un consumo ‘elevado’ de pescado durante el embarazo tenían mayores índices de masa corporal (IMC) a los 2, 4 y 6 años de edad. Asimismo, el consumo ‘elevado’ durante la gestación también se asoció con un crecimiento más rápido entre el nacimiento y los 2 años de edad y de sobrepeso u obesidad a la edad de 4 y 6 años.

Es más; como destacan los autores, «la magnitud del efecto del consumo de pescado fue mayor en las niñas que en los niños».

Causa desconocida

Sin embargo, y como se ha referido, el estudio no desgranó la posible relación en función del tipo de pescado o de la manera de cocinarlo. Y como reconocen los propios investigadores, «dada la ausencia de información sobre los niveles de contaminantes en el pescado entre las distintas cohortes de participantes, nuestra hipótesis de que la contaminación asociada al pescado puede jugar una relación sobre el ritmo de crecimiento y la obesidad de los hijos es meramente especulativa».

Sea como fuere, concluye Leda Chatzi, «nuestros hallazgos están en consonancia con la limitación de consumo de pescado durante el embarazo propuesta por la FDA».

 

Las claves de la alimentación durante la lactancia

En este periodo, las madres necesitan más nutrientes y calorías para generar leche suficiente y de calidad

La Nueva España
lactanciaLa lactancia materna es un periodo en el que la mujer precisa mayores requerimientos nutricionales y un aumento de la ingesta calórica, de unas 500 kilocalorías más al día, ya que afecta significativamente al volumen de leche y a su composición en nutrientes.

Así lo ha señalado la responsable de Nutrición y Salud de la Federación de Industria de Alimentos y Bebidas (FIAB), Carolina Muro, que recuerda no obstante que la calidad de la leche también depende, además de la nutrición materna, del número de veces y la fuerza de la succión del niño y la edad gestacional de la madre en el momento del parto.

En términos generales, las mujeres lactantes producen entre 500 y 700 mililitros de leche al día, con un elevado valor energético y rico contenido en micronutrientes, lo que hace que tengan mayores requerimientos de energía que las mujeres no lactantes.

El consumo de proteínas es fundamental en este periodo y “al menos el 50 por ciento de las proteínas deben ser de alto valor biológico”, señala Muro. Además, se recomienda consumir entre un 30-35 por ciento de lípidos, principalmente aquellos que provienen del pescado azul, ya que los lactantes consiguen mejores resultados en las pruebas de evaluación neurológica.

Los hidratos de carbono también son fundamentales en esta etapa pero se puede mantener el mismo porcentaje que las mujeres no lactantes, y deben aportar entre un 50-55 por ciento de las kilocalorías totales ingeridas.

Micronutrientes

Además, esta especialista recuerda que “durante la lactancia los micronutrientes como el hierro, el calcio y el yodo son fundamentales”. El hierro se encuentra en alimentos animales y vegetales como la carne, hígado, huevos, pescado, almejas, mejillones, legumbres, acelgas o espinacas.

Por otro lado, el calcio contribuye al mantenimiento de los huesos y su déficit puede aumentar el riesgo de osteoporosis en la madre los años posteriores. Durante la lactancia, las necesidades son especialmente elevadas para la producción de la secreción láctica, por lo que se debe asegurar su aporte recomendando con un consumo diario entre 1200-1500 miligramos al día de calcio en la dieta.

Para ello, se aconseja consumir alimentos ricos en calcio como leche, yogur, cuajada, queso, acelgas, espinacas, escarola, frutos secos (almendras, avellanas, nueces) y legumbres (soja, lentejas, alubias, garbanzos).

Y para que el recién nacido mantenga unos niveles óptimos de hormonas tiroideas, las mujeres lactantes deben tomar como mínimo 200-290 microgramos de yodo diario, que se encuentra en el pescado de mar; caballa, verduras, carne, huevos, marisco, además de utilizar, como recomendación, sal yodada.

Los requerimientos de vitaminas, tanto liposolubles como hidrosolubles, se ven incrementados durante la lactancia, especial relevancia adquiere la vitamina A por su papel en el sistema inmunitario, en la visión y en la diferenciación celular, que debe incrementarse 500 microgramos al día con respecto a una mujer no lactante. La vitamina A predomina en vegetales de hoja verde, así como en tomate, zanahoria y el pimiento.

Las vitaminas hidrosolubles (las del grupo B) deben aumentarse entre un 30 y un 50% con respecto a una mujer adulta no lactante, están presentes en multitud de alimentos como vegetales, frutas, legumbres, cereales, lácteos, carne.

Después del pecho? ¿qué?

Aproximadamente cuando el bebé cumple medio año es necesario el aporte de otros alimentos, al tiempo que se despierta la curiosidad por nuevos sabores y texturas. Por eso, los expertos aconsejan empezar a introducir en su dieta nuevos alimentos.

A partir de los 4-6 meses se introduce de manera gradual, fruta, verduras, hortalizas y cereales sin gluten. Y a partir del sexto mes, ya con gluten. Con medio año de vida se pueden comenzar a incluir en la alimentación carnes magras, quitando la grasa visible y la piel de las aves.

A partir del octavo o noveno mes se pueden introducir pescado y huevos, y al año pueden comenzar a comer legumbres. Hasta los dos años no se deben incorporar las frutas tropicales, y de manera individual para detectar posibles alergias.

Fuentes EP

El desarrollo de nuevas tecnologías en alimentación ayuda a prevenir la obesidad

Según los expertos, en el futuro el estudio de la interacción entre los nutrientes y los genes permitirán determinar el grado de predisposición de los individuos a padecer sobrepeso y obesidad

El Confidencial
obesidad y genesComo no podía ser de otra manera, las nuevas tecnologías cada vez ocupan más aspectos de nuestra vida cotidiana, abarcando también áreas como son la actividad física o la alimentación. Desde usos más cotidianos como medir la intensidad de la actividad deportiva, las nuevas tecnologías también están siendo fundamentales para el desarrollo de test nutrigenéticos, para el tratamiento de trastornos alimentarios, o para la detección de biomarcadores nutrigenómicos capaces de identificar y prevenir la obesidad.

Éstas son algunos de los temas que se están poniendo sobre la mesa en el simposio “Nuevos desarrollos en alimentación, actividad física y salud”, dirigido por el profesor Andreu Palou, Catedrático y Director del LBNB (Laboratorio de Biología Molecular, Nutrición y Biotecnología) de la Universidad de Las Islas Baleares (UIB) y el Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Obesidad y Nutrición (CIBERobn), que se está celebrando en Vitoria-Gasteiz desde el 1 al 3 de julio.

“El estudio de la interacción entre los nutrientes y los genes es una faceta en la que estamos avanzando a buen ritmo para identificar biomarcadores que nos permitan determinar el grado de predisposición de los individuos a padecer obesidad antes de que ésta se manifieste”, apunta el profesor. “Tanto es así que ya se han encontrado varios biomarcadores y expresiones de genes alteradas en modelos con ratas jóvenes que hacen que tengan más probabilidad de sufrir obesidad y sus complicaciones en la edad adulta”.

Según esta investigación, dirigida por Palou, “la alimentación durante las etapas tempranas del desarrollo tiene un papel protagonista. Los efectos de la alimentación de la madre durante la gestación quedan registrados en nuestros genes y cromosomas, y esto puede determinar que la descendencia tenga una predisposición mayor o menor a la obesidad”.

A lo largo de este importante simposio, que se celebra cada dos años y que en esta ocasión suma ya su séptima edición, se discutirán temas tan importantes como la actividad física y la alimentación personalizada, los problemas metabólicos del sedentarismo y su control, biomarcadores personalizados para la salud, y las guías de nutrición cada vez más personalizadas como tendencia para tratar y prevenir la obesidad.

“Hace ya tiempo que hemos asumido que la alimentación es de lo más importante en nuestras vidas y que, junto con un estilo de vida saludable, puede llegar a ser nuestra principal fuente de bienestar y salud, y un paraguas para la felicidad”, comenta Palou.

Ver la televisión durante el embarazo puede ser una causa de obesidad en el niño

Un estudio presentado de la Sociedad Americana de Pediatría también revela que apagar la televisión a la hora de la comida ayuda a una mejor alimentación de los niños.

Heraldo.es

obesidad y embarazoLos padres pueden prevenir la obesidad de sus hijos simplemente apagando la televisión durante las comidas. Los niños se alimentarán así de manera más saludable y los mayores podrán darse cuenta de cuándo están saciados. Así lo revela un estudio presentado este martes durante la reunión anual de la Sociedad Americana de Pediatría en Vancouver (Canadá). Además, el estudio demuestra que este proceso puede comenzar incluso antes del nacimiento del niño, debido a la relación entre el tiempo que las mujeres ven la televisión durante el embarazo y la futura obesidad de sus bebés.

Y es que las futuras madres que están acostumbradas a comer o cenar viendo series o el telediario serán más propensas a hacerlo también cuando nazca su hijo, lo que puede derivar en una mala alimentación de éstos debido a que los padres les prestan menos atención a lo que comen y al momento en el que se sienten saciados. “Reforzar una vida saludable durante el embarazo ayuda a reducir el impacto de los malos hábitos en los niños en el largo plazo”, aseguró la autora principal del estudio, la doctora Mary Messito. “Si las mujeres embarazadas no vieran la televisión al comer serían más eficaces los programas de prevención de la obesidad en los niños más pequeños”, recordó Messito.

La doctora y sus compañeros analizaron los datos de ‘Starting Early’, un proyecto en el que estudiaron el efecto de la intervención a través de programas de prevención en niños obesos de familias hispanas de bajos recursos de la Escuela Belleveu de Nueva York. Las mujeres que se inscribieron en el estudio fueron analizadas desde el embarazo hasta que los bebés cumplieron tres años. Estas madres recibieron asesoramiento nutricional individual durante el embarazo y tras el nacimiento del niño, participaron en grupos de actividades y se les dio varios libros y vídeos relacionados con la buena alimentación.

Durante el último mes de embarazado estas mujeres tuvieron que explicar con qué frecuencia veían la televisión durante las comidas. Cuando sus bebés cumplieron tres meses tuvieron que responder acerca de con qué frecuencia estos niños veían la televisión mientras les alimentaban. Los resultados mostraron que el 71% de las mujeres embarazadas veían la televisión durante las comidas y el 33% de los niños de tres meses estaban frente a la televisión mientras eran alimentados. Las mujeres embarazadas que veían la televisión durante las comidas eran cinco veces más propensas a exponer a sus bebés a la televisión que las que no estaban acostumbradas a verla. Por otro lado, las madres de menos de 25 años son las más propensas a exponer a su bebé a los programas de televisión mientras estos se alimentan, según reveló el estudio.

“Este estudio es de los pocos que determinan cómo los hábitos de la madre durante su embarazo afectan en la vida del niño al nacer”, explicó la doctora Messito. “Identificar el comportamiento de las embarazadas ayudará a prevenir la obesidad infantil”, añadió la autora. Además, según la doctora, se promoverá una alimentación más sana y se pondrá límite al tiempo que los niños ven la televisión, sobre todo a la hora de las comidas.

Dietas altas en grasas y azúcares en el embarazo pueden provocar vulnerabilidad a abuso de alcohol y drogas en los hijos

Según investigación en modelo animal

Europa Press

Foto by Carla Bonnet EPLa vulnerabilidad al abuso de alcohol y las drogas puede comenzar en el útero y estar vinculada a la cantidad de alimentos grasos y azucarados que la madre ingirió durante el embarazo, según los resultados de experimentos de laboratorio de animales presentados en 121a Convención Anual de la Asociación Americana de Psicología (APA), que se celebra en Honolulu, Hawai (Estados Unidos).

“La mayoría de las mujeres a la edad de procrear en Estados Unidos tienen sobrepeso y esto es muy probablemente debido a que comen en exceso alimentos sabrosos, ricos en grasa, con alto contenido de azúcar. El aumento de la obesidad prenatal y en la infancia y el aumento del número de jóvenes que abusan del alcohol y las drogas son problemas que pueden convertirse en cada vez mayores”, dijo Nicole Avena, neurocientífico de investigación en el Instituto del Cerebro McKnight de la Universidad de Florida (Estados Unidos).

En comparación con las crías de las ratas que comían la alimentación habitual de los roedores, las crías de ratas que se alimentaron con dietas ricas en grasa o alto contenido de azúcar durante el embarazo pesaron más que los adultos y bebieron más alcohol, y las de las dietas altas en azúcar también tuvieron respuestas más enérgicas para abusar comúnmente de drogas como la anfetamina, destacó Avena, cuyo trabajo examinó experimentos de tres estudios, con una duración cada uno de tres meses y la participación de entre tres y cuatro ratas hembras adultas y entre diez a 12 crías en cada modelo dietético.

Los investigadores compararon el peso y el comportamiento sobre el consumo de drogas entre las crías de ratas alimentadas con dietas ricas en grasas, sacarosa, que se produce de forma natural y se procesa comúnmente a partir de la caña de azúcar o remolacha en azúcar de mesa, o jarabe de maíz con alta cantidad de fructosa, que se sintetiza a partir del maíz, con la descendencia de ratas que tuvieron una alimentación normal de roedores durante la gestación o la lactancia.

Para determinar los efectos de las dietas de las madres durante la gestación, las crías de ratas alimentadas con dietas ricas en grasas, altas en sacarosa o fructosa de jarabe de maíz fueron amamantadas por ratas madres que tomaban comida normal. Para hallar los efectos de las dietas de las madres de las crías durante la lactancia, las crías de madres que habían tomado comida normal fueron amamantadas por madres ratas que comían alimentos altos en alta sacarosa, en grasa o jarabe de maíz de alta fructosa.

La dieta alta en grasa contenía un 50 por ciento de grasa, 25 por ciento de hidratos de carbono y 25 por ciento de proteína, mientras que la dieta de control refleja una dieta recomendada en humanos, con 25 por ciento de grasa, 50 por ciento de hidratos de carbono y 25 por ciento de proteína, según Avena.

La descendencia de las ratas que tenían dietas altas en grasa durante el embarazo bebió significativamente más alcohol en la edad adulta que las crías de ratas con la dieta normal, mientras que no hubo diferencias en la cantidad media diaria de agua que bebieron o la comida que tomaron.

Las crías de las ratas en la dieta alta en grasas durante el embarazo también tenían niveles significativamente más altos de triglicéridos, un tipo de grasa que se encuentra en el torrente sanguíneo que puede aumentar el riesgo de enfermedades del corazón. Los cachorros de ratas alimentadas con dietas con alto contenido en jarabe de maíz de alta fructosa o sacarosa no mostraron diferencias en los triglicéridos en comparación con el grupo de comida regular.

Para comprobar los efectos de las dietas ricas en sacarosa y el jarabe de maíz alto en fructosa, los expertos dieron a un grupo de las ratas embarazadas una dieta diaria de comida regular más una solución de sacarosa al 10 por ciento o una solución de jarabe de maíz de alta fructosa del 16 por ciento. Los recién nacidos amamantados por las ratas, ya sea de dietas con alta sacarosa o jarabe de maíz de alta fructosa durante el embarazo, bebían más alcohol en comparación con las crías del grupo que no tomó azúcar.

Además, los cachorros expuestos a cualquiera de las dietas ricas en azúcar antes del nacimiento o durante la lactancia se convirtieron en hiperactivos cuando se administraron dosis bajas de anfetamina, lo que sugiere la sensibilidad a la droga. Estos animales también pesaron significativamente más al final del estudio que los nacidos a las ratas que ingirieron comida regular.

Investigaciones previas con animales de laboratorio y personas han demostrado que comer en exceso alimentos de buen sabor altera sistemas cerebrales de recompensa, y las dietas con exceso de grasa y azúcar pueden causar un aumento del apetito, así como algunos comportamientos como la adicción, según el principal científico de este trabajo.

“Nuestros hallazgos sugieren que incluso cuando las ratas están todavía en el útero, la exposición a dietas altas en grasas y ricas en azúcar puede, además de aumentar el peso corporal, conducir a una predisposición a beber alcohol y una sensibilidad a las drogas”, concluyó.