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Refrescos, ‘ganchitos’ y chucherías: la comida basura llega a los indígenas

junio 3, 2018
Un estudio analiza los cambios en la dieta de las comunidades chortí , en Guatemala, que se relaciona con enfermedades como el sobrepeso y la obesidad

El País

Para los indígenas mayas chortí, la comida de verdad es el maíz. En concreto, las tortillas. Si acaso, con algo de frijoles y algún cazo de café. Eso es lo que quita el hambre, lo que da fuerzas, lo que alimenta. Cualquier otra cosa que uno ingiera puede servir para alegrar el cuerpo, o para divertirse, o para entretenerse. Pero sin sus tortillas, en realidad, no puede decirse que esté alimentándose. O al menos así era hasta hace bien poco. Ahora, en una región como Chiquimula, en Guatemala —donde en algunas zonas siete de cada 10 menores de cinco años no comen lo suficiente— los refrescos azucarados, ganchitos y otros ultraprocesados se están haciendo un hueco en la dieta de los chortí.

“No… Hay bolsas en las tiendas, pero nosotros no se las compramos”. La reacción habitual a preguntas de los investigadores era negar la mayor. Lorenzo Mariano, doctor en Antropología de la Universidad de Extremadura, explica que la gran mayoría de la población chortí guatemalteca se sentía avergonzada y, al ver a extranjeros haciendo preguntas, aseguraba que no consumía productos chatarra, ni mucho menos se los daba a sus hijos. “Pero en los lugares donde teníamos más confianza nos confesaban que sí que lo hacen con normalidad, aunque sepan que no es bueno”, apunta.

Aunque los últimos datos oficiales (de 2006) aún no arrojaban un gran aumento del consumo de refrescos, ya señalaban una subida del 13% respecto a 1999 en la ingesta de snacks y otras chucherías ultraprocesadas en la región. Los algo más de 50.000 mayas chortí guatemaltecos viven en la región de Chiquimula, al este del país, frontera con Honduras y el Salvador. Estas comunidades registran tasas de desnutrición infantil un 13% superiores a la media nacional, que es la peor de Centroamérica. Y se relaciona la habitual talla baja de estos indígenas con la falta de alimento suficiente en los primeros cinco años de vida. La zona es conocida por haber sufrido una hambruna en 2001 que, en diversa medida, se viene repitiendo periódicamente. Pero ahora también se registran allí casos de sobrepeso y obesidad. Y el foco se coloca sobre el mayor consumo de grasas y azúcares.

“Las principales causas de la doble carga de la malnutrición [cuando conviven hambre y obesidad] son las condiciones sociales y la baja calidad de la alimentación”, explica Rubén Grajeda, experto de la Organización Panamericana de Salud (OPS). “Los productos con alto contenido calórico y bajo valor nutricional es decir, altos en azúcar, sal y grasa, están ampliamente distribuidos, son sabrosos, convenientes y de muy bajo precio”, añade.

Pese a que muchos se muestran convencidos de que son malos, la presencia de estas galguerías como patatas fritas, ganchitos, galletas azucaradas o refrescos se ha multiplicado en la tierra de los chortí. “El consenso es que ha crecido el número de tienditas de comunidad: todas las aldeas tienen una”, señala Mariano, coautor de un estudio sobre el tema para la ONG Acción contra el hambre. El trabajo de campo realizado por los investigadores muestra que en estos negocios los productos procesados y las bebidas azucaradas prácticamente monopolizan la oferta.

“Con la sustitución de los mercados tradicionales por estas tiendas, y la presencia de estos alimentos en su día a día, los chortí están realizando una transición alimentaria hacia cosas más procesadas. Pero sociedades como la española hicimos ese camino en cuatro décadas: ellos la están recorriendo prácticamente en una”, apunta el investigador. Son efectos colaterales del desarrollo, que permiten llevar estos productos a lugares antes inaccesibles. “Sus bajos costes de producción y la eficiente distribución en áreas remotas y usualmente pobres hacen que sus precios sean frecuentemente más bajos que alternativas saludables”, señala Grajeda, de la OPS.

Esta realidad no es exclusiva de este territorio, sino que se extiende por América Latina. “En toda la región, hoy es posible encontrar bebidas gaseosas, bollería industrial, galletas y snacks nutricionalmente pobres vendidos a precios bajos en territorios muy alejados”, explica Ricardo Rapallo, experto de la FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura). “Incluso en lugares donde a veces no llegan las escuelas, el agua potable ni los centros de salud”

El hecho de que la gente se avergüence de consumir esta chatarra ante los expertos demuestra, según los autores del informe, que la educación nutricional es acertada y llega. Pero la evidencia de que aun así se sigan consumiendo pone en duda su efectividad. Más aún cuando estos elementos compiten con una arraigada cultura culinaria en la que una dieta variada es muchas veces percibida como síntoma de desórdenes morales y sociales. “Esto nos sirve para reflexionar sobre los programas de cooperación en materia de salud. Partimos siempre de que todo se soluciona con información, y que gracias a ella la gente elegirá lo más saludable: vemos que no es así”, reflexiona el experto.

La comida que las ONG repartían en las emergencias alimentarias no podía competir con las cualidades nutritivas de las tortillas en el imaginario local. “Por eso, el mero hecho de que todos estos productos lleguen a competir con la dieta tradicional es muy sorprendente”, opina Mariano. El estudio sostiene que los más jóvenes son los más propensos a consumirlos, y apunta a las técnicas de marketing como una de las claves para comprender el fenómeno: las chucherías se venden en paquetes pequeños de precio bajo, para intentar hacerlas asumibles a todas las capas de la población, y en este caso se adaptan a los gustos locales, con una preferencia por el picante.

“Además está la cuestión del prestigio, estas cosas se identifican como algo moderno”, argumenta el antropólogo. Los nombres y el empaquetado de lo que se ve en las tiendas casi siempre hasta arriba de publicidad de marcas—también tratan de acercarse a las nuevas generaciones, con colores y nombres atractivos.

Otro estudio que comparó las exigencias de los etiquetados y mensajes nutricionales de México, Ecuador, Chile y Guatemala, reveló que la regulación guatemalteca era la más débil en este sentido. Y advertía de que conseguir una información que fuera comprensible y útil para todos era un reto mayor en un país tan heterogéneo ética y culturalmente. ¿Valdría para algo señalar las calorías que contiene cada producto sin una formación previa?

Rapallo lamenta la falta de información sobre las diferencias particulares de las comunidades indígenas, y cree que las políticas públicas en toda América Latina pecan de falta de adaptación a la realidad de estos pueblos. “Pero, aunque sin duda el tema cultural de la propia idiosincrasia indígena tiene su importancia, otros factores de exclusión como la pobreza y la desigualdad pesan mucho en su situación nutricional”.

De ahí la necesidad de tomar medidas por parte de los Estados. Mariano apuesta por el gravamen a su venta: “Al final vemos que lo que realmente frena el consumo de estas cosas es el precio”. En México, uno de los países con mayores niveles de obesidad y sobrepeso, la venta de bebidas azucaradas cayó un 7,6% en dos años tras imponer una tasa especial.

Cuatro preguntas muy sencillas para antes de comer que ayudan a adelgazar

marzo 23, 2016

¿Y si fuera ira? Responder a estas cuestiones le dirá si merece la pena hincarle el diente a ese dónut con doble de crema

El País, por Salomé García

preguntas antes de ponerse a dietaEl equilibrio con la báscula en personas sanas suele es una cuestión de matemática: ingerir más calorías de las que se queman dará lugar a unos kilos de más, mientras que lo contrario sería la fórmula para bajar de peso. Pero de nada sirve encomendarse al mejor dietista-nutricionista y entrenador personal si, en un momento de flaqueza, saboteamos la ingesta diaria con chucherías o si abordamos el plan de adelgazamiento como si fuéramos el Llanero Solitario: contra todo y contra todos. Si está pensando en perder peso o lo intenta pero no hay manera, hágase estas preguntas antes de comer nada.

  1. ¿Siento ira, ansiedad o mal humor? Si la respuesta es “sí”, no coma

Puede que haya tenido un mal día en el trabajo, o que se le haya averiado el coche. El caso es que se encuentra delante del frigorífico con una sensación de enfado e impotencia: se abre una cerveza y arremete contra una bolsa de patatas fritas XL. O unos nachos con salsa. En cuestión de nanosegundos se mete para el cuerpo 300 calorías o más y una suma preocupante de grasas saturadas. “Calmar un estado emocional interno con comida es una gratificación a corto plazo que no aplaca la ira y, además, genera sentimientos de culpa”, insiste María González, psicóloga del Instituto Médico Europeo de la Obesidad. “Para no lamentarlo, hay que reconocer que atravesamos un episodio de ansiedad. Lo primero es procurar no abalanzarse sobre la comida. A continuación, se recomienda realizar ejercicios de relajación”. Su compañera, la dietista nutricionista Andrea Marqués, da algunas pautas para no sucumbir en esas horas cruciales previas a la cena: “No es necesario eludir la ingesta de alimentos, ya que, dadas las horas, es muy posible que haya hambre de verdad. Basta con decantarse por los que no sean tan negativos para nuestra salud física y mental. Por ejemplo, una pieza de fruta, una onza de chocolate negro si nuestro cuerpo nos pide dulce o bien unas lonchas de jamón serrano o queso fresco, si lo que nos apetece es algo salado”. Y advierte frente a los atracones de un mal día: “Nuestro cerebro asocia esas patatas con el placer o la relajación y volverá a pedírnoslas cuando vuelva a suceder”.

  1. ¿He hecho suficiente ejercicio hoy? Si la respuesta es “sí”, coma

¿Es usted uno de esos maratonianos que no se libra de sus michelines pese a correr muchos kilómetros a la semana? Puede que la pizza de beicon con doble de queso no sea la mejor manera de reponer carbohidratos. “La dieta deber ir en consonancia con la intensidad del ejercicio y distribuirse, preferentemente, en cinco comidas a lo largo de la jornada. De otra forma, el hambre se dispara y estamos ante los mismos picos de ansiedad de quienes se ponen a dieta”, comenta Marqués.

Por si fuera poco, no es tan común acertar calculando calorías a ojo de buen cubero. “Infravaloramos el aporte energético de los alimentos y tendemos a exagerar el gasto”, señala Juana María González, directora técnica de la Clínica Alimmenta. Mover el esqueleto no es un cheque en blanco para engullir comida basura o no nos habrá servido de nada el esfuerzo. “Si soñamos con un festín podemos premiarnos (cuando hayamos conseguido nuestro objetivo) con una cena en un buen restaurante donde la calidad prime sobre la cantidad”, señala.

  1. ¿Compartiría este plato con un ser querido que busca adelgazar? Si la respuesta es “sí”, coma

La fuerza de voluntad tiende a flaquear ante un bizcocho de chocolate casero cuando toda la casa huele a horno. Tampoco es fácil contenerse cuando se encuentra el armario repleto de snacks. “A veces no es suficiente el compromiso con nosotros mismos, conviene contar también basta con el apoyo del entorno. Esto implica no tener a mano aquellas tentaciones como dulces, quesos grasos, snacks, patatas fritas, galletas, bollería, refrescos… Es importante transmitir a quienes viven con nosotros que estamos haciendo un esfuerzo y que nos lo faciliten no consumiendo esos productos o, al menos, no en nuestra presencia”, apunta González. “En cambio, es un buen estímulo que nuestros allegados se centren en el refuerzo positivo de los buenos hábitos y no en hacer leña del árbol caído cuando no sigamos la dieta a rajatabla. Es también un buen momento para que el resto de la familia adopte hábitos más saludables, como aumentar la ingesta de frutas y verduras o utilizar técnicas de cocinado como el horno, la plancha o la cocina al vapor”.

  1. ¿Hace mucho que no bebo agua? Si la respuesta es “sí”, no coma

Antes de lanzarse sobre ese dónut con doble de chocolate analice sus sensaciones: “A veces la sed se confunde con el hambre. Es bueno pararse un momento para detectar qué nos pide el estómago, porque puede que lo que necesite sea un vaso de agua”, revela Mª Pilar Casanova, instructora en Mindful Eating y cofundadora de Alimentación Consciente. “Tampoco conviene dejarse llevar por el aspecto de un alimento o por lo bien que huela para comer sin mesura”, concluye.

Siete comidas con bastante grasa que te ayudan a perder peso

febrero 5, 2016

¿Estás harto de eliminar de tu dieta todos los alimentos que te gustan para poder adelgazar? Basta ya: aquí tienes algunos ‘snacks’ deliciosamente grasos con los que no te meterás ni un gramo más

El Confidencial
siete-comidas-con-bastante-grasa-que-te-ayudan-a-perder-pesoPicar entre horas es el gran enemigo de nuestra dieta. Cada vez que acudimos a la nevera o la máquina de ‘vending’ –en un momento dado, todos acabamos cayendo–, nos metemos en el cuerpo unas cuantas calorías de más absolutamente innecesarias. Lo entendemos, estás haciendo dieta y tienes hambre, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de los ‘snacks’ suelen estar entre los alimentos menos saludables de la pirámide alimenticia (aunque obvies mirar directamente la información nutricional que hay en sus bolsas y envoltorios, lo pone).

‘¿Entonces qué hago para saciar el apetito?’, dirás. Lo primero, no ponerte dramático ni obsesionarte con que estás hambriento; lo segundo, probar con alguno de estos aperitivos que te quitarán de un plumazo el hambre y evitarán que te metas una caloría de más.

Eso sí, por muy sanos y sabrosos que sean tampoco te puedes comer toneladas. Sus efectos nunca serán similares a los de zamparte varios dulces de bollería industrial, pero funcionarán mucho mejor si los consumes con cabeza: procura que tus aperitivos nunca superen las 200 calorías por ración, acompáñalos con agua en lugar de con un refresco e intenta llevártelos a la boca después de haber hecho algo de ejercicio. ¡Buen apetito!

Queso: prueba con el mozzarella
Si eres un aficionado al queso, no te vengas arriba que tampoco puedes picar trozos y trozos sin que tu cintura se resienta. Sin embargo, si comemos pequeñas porciones y las ponemos como acompañamiento en una ensalada o en una brocheta con un par de tomates ‘cherry’, estaremos picando algo entre horas sin llevar al colapso nuestro plan de adelgazamiento. Especialmente si optamos por una ración de queso mozzarela fresco que, además de ser bajo en calorías, estudios recientes han demostrado que su capacidad para saciar nuestro apetito es mucho mayor que la de otras variedades.

Nueces
Además de reducir el riesgo de infarto y otras enfermedades cardiovasculares, las nueces son un aperitivo excepcional cuando el objetivo es perder peso. Llenas de fibra y de grasas saludables, un reciente estudio publicado en ‘The American Journal of Clinical Nutrition’ demostró que las nueces, gracias a la gran cantidad de ácidos omega-3 que contienen, pueden acelerar el metabolismo ayudando al cuerpo a descomponer la grasa almacenada para usarla como energía. Ante su ausencia, otros frutos secos como las almendras, los anacardos o los cacahuetes, pueden ser una alternativa ideal.

Aceitunas
Los ácidos grasos monoinsaturados, además de ser un gran aliado para satisfacer los antojos salados, son famosos por ayudar a reducir el peso corporal. Si tiene que venirte a la cabeza algún alimento rico en los susodichos, piensa en las aceitunas. Piscolabis ideal en casa o en el bar de la esquina, contienen también un poco de grasa, lo que erradica el hambre y nos ayuda a aguantar saciados hasta la hora de comer o cenar.

Los sabores más intensos hacen trabajar más duro a nuestro paladar por lo que nos sentimos satisfechos al consumir menores cantidades de los mismos

‘¿Pero no tienen muchísimas calorías?’, preguntarás contrariado. No. Olvídate del mito porque no es para tanto. Según datos del estudio del Instituto de la Grasa del CSIC realizado en 2006, las aceitunas verdes tienen unas 154 calorías por cada 100 gramos y las negras unas pocas menos, alrededor de 140 por cada 100 gramos.

Yogur
Hace ya algún tiempo que los científicos han desmitificado que el yogur desnatado es mejor que el normal para perder peso. La grasa natural de los yogures tiene un poder saciante mucho más alta, lo que, a diferencia de lo que ocurre con los bajos en grasas y descremados, evitará que nos entre un hambre atroz a las pocas horas de habernos merendado uno. Procura no añadirles azucar y buscar la combinación de sabores añadiéndole, por ejemplo, los mencionados frutos secos o un poco de fruta fresca.

Chocolate negro
Cuando estamos bajos de ánimo un buen chute de azúcar nos anima, y qué mejor forma de disfrutarlo si encima sabemos que apenas nos estamos metiendo calorías. Entra en juego la opción del chocolate puro o negro que, como han remarcado diferentes estudios, no sólo no engorda sino que además, consumido con moderación y acompañado de un estilo de vida saludable, ayuda a reducir el índice de masa corporal.

Procura que tus aperitivos nunca superen las 200 calorías por ración, acompáñalos con agua e intenta comerlos después de haber hecho algo de ejercicio

Además, una investigación publicada en la revista ‘Flavour’ determinó que es uno de los mejores ‘snacks’ para saciar el hambre porque los alimentos con sabores más intensos hacen trabajar más duro a nuestro paladar por lo que nos sentimos satisfechos al consumir menores cantidades de los mismos.

Guacamole
No nos cansamos de elogiar este superalimento. Y no es para menos. Repleto de grasas saludables, el aguacate es capaz de mantenernos saciados hasta cinco horas. Lo mejor de todo, es alto en grasa pero apenas tiene calorías, poco más de 130 por cada 100 gramos. Sólo con un poco de limón y sal ya está delicioso, pero si queremos disfrutarlo a lo grande en su plato estrella por excelencia, el guacamole, evita comértelo a cucharadas con nachos, patatas fritas o regañás. Unas ramitas de apio o zanahoria serán la cuchara ideal para acompañar nuestro grasoso pero saludable ‘snack’.

Batidos
Si te da pereza ponerte a pelar fruta o te parece realmente aburrido comerte una manzana fresca para merendar, prueba a preparar un buen batido en el que combines varios ingredientes ricos en nutrientes y con algo de grasas saludables –como por ejemplo coco fresco o un poco de aceite de coco– para mantenerte saciado más tiempo. Te puede servir incluso como reemplazo de una comida o cena.