Los peligros de la dieta del vinagre

Diario Vasco, por Cristina González

Analizamos los peligros de la dieta del vinagre tras el fatídico desenlace de una chica británica que quiso probarla para perder peso

Desde hace un tiempo circula por la red información sobre una dieta pensada para perder peso de manera rápida, cuyo alimento protagonista es el vinagre de manzana. Un plan de alimentación restrictivo al que han llamado dieta del vinagre que combina el ayuno con este producto. La teoría es que ayuda a reducir el apetito y que además elimina toxinas, pero la realidad es otra diferente. Entre los peligros de la dieta de vinagre se encuentran los problemas gástricos que puede provocar.

Hace unos días se hacía pública la historia de Lindsay Bone, una joven de 20 años que murió tras someterse a este régimen. Según informa el diario británico Daily Mail, la dieta que seguía consistía en realizar ayunos y tomar suplementos de vinagre de manzana para controlar el apetito. Murió hace cinco años, pero ha sido ahora cuando su madre ha decidido compartir el caso para concienciar del peligro de las dietas extremas y esta en concreto, que se ha popularizado en los últimos meses. En parte, debido a la influencia de celebrities como Jennifer Aniston o Miranda Kerr, que confesaron tomar este vinagre para mantenerse en forma.

Fueron los compañeros de piso de Lindsey quienes encontraron su cuerpo y alertaron a las autoridades. Tras realizarle la autopsia, los médicos encontraron en su sangre niveles altos de ácido, consecuencia de la ingesta de vinagre. Y aunque su muerte se ha definido como un «misterio», se cree que los malos hábitos alimenticios influyeron. En un diario que había en su habitación, la joven había escrito indicaciones como ‘no comer más de 1.200 calorías al día’, ‘solo tomar carbohidratos una vez al día’, ‘quedarse en la biblioteca para no comer nada’ o ‘tomar el maldito vinagre de manzana’.

«El peligro de estas dietas milagro es que son muy restrictivas a nivel de energía. Entonces, claro que hay una pérdida de peso en poco tiempo, pero lo que se pierde es masa muscular, esto es un peligro porque reduce la tasa metabólica basal, es decir ralentiza nuestro metabolismo porque acostumbraras a tu cuerpo a vivir con menos energía, luego cuando vuelves a una dieta normal viene le rebote», añade Pastor.

La especialista es tajante. No hay ningún producto que sirva para desintoxicar. «El cuerpo tiene dos órganos importantes que limpian y desintoxican los riñones y el hígado, solo ellos pueden eliminar los contaminantes», afirma Pastor.

Por lo tanto, es importante que quede claro que ningún alimento hace el trabajo de estos órganos.

Los peligros de abusar del vinagre de manzana

En pequeñas cantidades no hay ningún tipo de riesgo, puesto que es un excelente aliño para ciertos platos como ensaladas. Pero no hay evidencias de que ayuda a adelgazar, a controlar los niveles de azúcar o a mejorar la digestión, como decían las celebrities, quienes confesaban que lo mezclaban con agua al tomarlo.

«El nivel de ácido en la sangre de Linsday no era alarmantemente alto, pero sí mucho más que el habitual», ha explicado el doctor que llevó el caso al diario británico. «El cuerpo tiene una forma natural de equilibrar el ácido y álcali, pero podría verse alterada con dietas de este tipo, altas en proteínas, bajas en grasas o con ayunos. Y cuando las personas abusan del vinagre».

La joven también tomaba antidepresivos y ansiolíticos, por lo que consideraron que podían haber influido en su muerte. En cualquier caso, los expertos desaconsejan seguir dietas extremas de este tipo.

«Lo más importante es que la gente debe informarse y educarse. Debe aprender que las dietas milagro son dañinas y peligrosas. Lo único que hace nos ayuda a ser saludables y tener un peso ideal son las buenas prácticas, es decir: hacer ejercicios, llevar una dieta equilibrada, dormir bien», explica Pastor.

“En disruptores endocrinos la única dosis segura es la que no existe”

Nicolás Olea, catedrático de Medicina de la Universidad de Granada, es uno de los científicos españoles más citados. Sus estudios sobre los efectos de la contaminación ambiental en la salud son referentes internacionales. Alertó de la presencia de bisfenol A en el revestimiento de las latas de conserva, los selladores dentales infantiles, los tickets de compra y calcetines de bebés. Ante las críticas de quienes le consideran alarmista, es tajante: “No son comunidad científica, son aficionados que opinan como podrían hacerlo de futbol o política”.

Agencia Sinc, por Mónica G. Salomone

Nicolás Olea (Granada, 1954) encajaría bien en uno de los papeles típicos de Hollywood: el científico que alerta de riesgos que el poder desprecia, hasta que pasa lo que pasa.

En este caso la advertencia es sobre el aumento de enfermedades como cáncer de mama, hiperactividad, diabetes, obesidad e infertilidad –entre otras–, por la exposición a compuestos como el bisfenol A (BPA) o los parabenos, presentes en comida, ropa, muebles, juguetes, cosméticos… A día de hoy la asociación entre exposición y efecto se considera probada; la relación causal no, pero las evidencias a su favor dan “como para llenar la estación Atocha”, dice Olea, sentado en el jardín de esa misma estación.

“En enfermedades en que intervienen muchos factores ambientales es muy difícil demostrar una causa única. ¿Qué esperas, que te dé ‘bisfenolitis’? No te va a dar, lo que tendrás son las enfermedades de siempre, más frecuentes, que es justo lo que vemos”, afirma.

Olea, exdirector del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada, coordinador de un grupo multidisciplinar de clínicos e investigadores, está entre los científicos españoles más citados –índice H de 59, para entendidos–.

Codirige un proyecto europeo para medir la exposición ambiental a contaminantes. En los noventa su grupo alertó de que el revestimiento de las latas de conserva suelta bisfenol A, y también los selladores dentales –que se usan en niños–. Más recientemente han detectado este compuesto en tickets de compra y calcetines, lo que afecta a dos grupos de riesgo: cajeras, “mujeres en edad de procrear que manipulan metros del papel de los tickets”, dice Olea; y bebés, que se chupan los pies.

Hay miembros de la comunidad científica que le consideran alarmista.

No, no, ahí no entro. La comunidad científica es la que me evalúa y la que me da proyectos, los demás son personas que opinan. La evaluación la hacen mis pares, científicos de mi misma categoría que hasta ahora han decidido concederme financiación, luego consideran necesario mi trabajo. Los otros no son comunidad científica, son aficionados que opinan como podrían hacerlo de futbol o política.

Tal vez sea su manera de exponer sus resultados al público.

Trato de contar mis resultados de la manera más clara posible. Dedico el tiempo necesario a explicar mi trabajo a quien pregunta. ¿Están preocupados? Motivo hay.

¿Qué motivos?

Un aumento del 2,4 % de cáncer de mama en Granada del 1984 a 2016 [aquí los datos], un aumento del hipotiroidismo, de la obesidad, de la diabetes, de la endometriosis, de la infertilidad… Todo eso sin explicación, sin más motivo que la vida moderna, es más que preocupante. Uno de cada tres hombres españoles que llega a los 72 años va a ser diagnosticado de cáncer y una de cada cuatro mujeres.

Se suele atribuir el aumento de la incidencia del cáncer al envejecimiento.

Al envejecimiento no puede ser porque el cáncer de mama está aumentando un 4,6 % anual en Granada en mujeres de menos de 49 años. A ver, aquí hay una cosa. Yo soy médico y hablo de enfermedad. ¿Qué hacen los ingenieros y los biólogos hablando de enfermedad? Ellos se ocupan de mecanismos, de ratones, de células, o de antenas y de teléfonos, pero no de enfermedad.

No puede ser que un ingeniero de una casa comercial de telefonía hable de riesgos. Si llevo 42 años ejerciendo de médico pregúntame a mí de enfermedad, no a quien se dedica al conocimiento mecanístico. Pregúntale de enfermedad al que tiene una consulta de pediatría y ve el aumento de pubertad precoz. Y a los oncólogos, que no se explican por qué hay cada vez más cáncer de mama en jóvenes.

¿Hay evidencias de que el aumento de esas enfermedades está asociado con tóxicos ambientales?

¿Evidencias? Como para llenar la estación de Atocha. Está todo publicado. Yo le digo a Bruselas: no quiero más dinero para hacer lo mismo, tenemos evidencia de sobra para actuar preventivamente. No quiero más financiación.

¿Se refiere al proyecto europeo en que trabaja ahora?

Se llama HBM4EU. 75 millones de euros, 28 países, para describir por enésima vez los niveles de exposición. ¡Vamos a actuar! Yo te digo lo que vamos a encontrar: asociación estadística y gran demostración de la exposición. No hay más asociación para enfermedades complejas como el cáncer de mama. Yo no puedo resolver en dos años las grandes incógnitas del cáncer de mama. Lo que tenemos es evidencia ambiental de factores que son prevenibles.

¿No se debe el aumento del cáncer de mama al menor número de hijos?

Ya. Los libros dicen: “La transformación del tejido mamario durante el embarazo temprano protege…”. Se viene repitiendo hace 40 años y nadie sabe qué significa. Nosotros decimos: cada embarazo y lactancia limpian la porquería acumulada. Después de cinco embarazos estás limpia de tóxicos, y tu riesgo de cáncer de mama baja. Se los pasas a tu hijo, pero eso ya es otra cosa.

¿Y el papel de la dieta?

La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) puso en marcha un estudio sobre dieta y cáncer, EPIC, en que siguió durante 20 años a medio millón de europeos, 40.000 españoles. El resultado son recomendaciones que nadie quiere oír: deja de comer carne roja, come verduras y legumbres, consume más fruta… ¡Y todavía hay quien dice que no hay evidencias!

Es decir, hay evidencia suficiente como para prohibir cosas como… ¿qué?

Como el bisfenol A. Es un disruptor endocrino [actúa en el organismo como si fuera una hormona] y la evidencia de su toxicidad es absolutamente abrumadora.

¿Por qué no se prohíbe?

Pregúntele a ellos. Tendría que leer la bronca que el Parlamento Europeo le echó el pasado abril a la Comisión Europea por no tomar medidas más duras contra los disruptores endocrinos, por no llevar a la regulación el conocimiento generado y pagado por Europa a lo largo de las pasadas décadas. Le mando el documento.

¿Cómo se puede reducir la exposición ambiental?

Hay precedentes: se eliminó el DDT. Se puede hacer, pero hay que tener convicción. Con respecto al bisfenol-A, la UE suprimió los biberones de policarbonato, y en 2018 reguló el recubrimiento de latas de conserva para menores de tres años –¡veinte años después de que lo detectáramos nosotros!– y el próximo enero suprimirá los tickets de caja… Se puede hacer mucho. Desde luego, aplicar todas las ordenanzas que llegan de Europa, con rapidez. Y también se puede actuar de manera independiente. No hay por qué esperar a Europa.

¿Sobre los selladores dentales no se hace nada?

No se ha encontrado una alternativa. Los dentistas dicen que es muy poco, que no pasa nada. Pero es que en disruptores endocrinos no hay dosis segura, la dosis segura es la que no existe.

Usted empezó investigando en cáncer. ¿Cómo llegó a los disruptores endocrinos?

Me fui de posdoc a Boston a estudiar cáncer de mama y próstata. Llegué con mi niño y mi mujer embarazada, con 250 muestras de sangre de enfermos para hacer un test de actividad hormonal. Las muestras iban en tubos de plástico y daban alta actividad estrogénica, tanto que yo creía que las había contaminado; un desastre. Hasta que nos enteramos de que el plástico de esos tubos era muy estrogénico. Pensé en el impacto de la exposición de un material así en una embarazada. Fue en 1988, me cambió la vida. Le dije a mi jefe, Carlos Sonnenschein, que me quería dedicar a disruptores endocrinos, me parecía más importante tratar de evitar enfermedades que explicar cómo ocurren.

¿Hay ahora más conciencia entre los médicos respecto a los contaminantes ambientales?

Los pediatras deberían preguntar en sus consultas sobre factores ambientales para identificar factores de riesgo: trabajo de los padres, mucho tráfico en el barrio, alguna fábrica cerca… Pocos lo hacen.

Ustedes miden exposición humana. ¿Qué han encontrado?

Empezamos en los noventa midiendo exposición a latas de conserva, empastes dentales, productos manufacturados, pesticidas… Nos dijeron que era muy improbable que la exposición ocurriera porque el organismo es muy listo y elimina estos compuestos de manera inmediata. Y dijimos, bueno, vamos a medir población vulnerable. Nos hicimos con las 3.600 placentas del estudio de Infancia y Medio Ambiente (INMA), con la orina de los niños y la leche de las madres. Después analizamos tejido adiposo de personas operadas en el hospital, y calidad seminal.

Cuando publicamos resultados nos dijeron que era normal que hubiera 4,2 nanogramos por mililitro de bisfenol A en la orina de los niños españoles. Y nosotros dijimos: no podemos aceptar que orinar plástico sea normal. Repito: ¿es ese el precio de la vida moderna?

La de los potitos es otra dieta milagro

CuidatePlus, por Ana Callejo Mora

“Actualmente, vivimos en una sociedad de carácter dicotómico. Por un lado, otorgamos excesiva importancia a una imagen corporal idealizada, que muchas veces asociamos erróneamente al éxito, y por la que llegamos a intentar métodos de lo más variopintos y extravagantes que nos permitan alcanzar este objetivo a corto plazo y sin esfuerzo”, afirma a CuídatePlus Sonia Peinado, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Por otro, añade, “cada vez aumenta más la tasa de sobrepeso y obesidad en la población que, lejos de encontrar un equilibrio, abandona una rutina saludable en pos de los azúcares refinados, bebidas carbonatadas, bollería industrial y fast food en general”.

Como consecuencia de esta ambigüedad, surgieron las dietas milagro, entre las que, sin duda, se encuentra la dieta de los potitos o baby food diet.

Este régimen comienza a hacerse popular el año 2010 de la mano de Tracy Anderson,  anteriormente bailarina, actual nutricionista y entrenadora de algunas estrellas de Hollywood (Estados Unidos). “Y es que no hay nada mejor para el marketing de cualquier producto que su promoción (muchas veces falsa) a través de personajes famosos como Jennifer Aniston, Gwyneth Paltrow y Madonna, entre otros, aunque algunos de ellos niegan su consumo”, comenta Peinado.

En concreto, el concepto básico de esta dieta es suplir la alimentación diaria sólida por un número elevado de potitos o papillas con avena y frutas, pudiendo realizar cenas con algo de proteína y verdura en sólido, para bajar de peso de forma rápida y sin esfuerzo.

“Siguiendo el perfil de otras dietas milagro, carece de base científica y no se ha podido demostrar que tenga ningún beneficio para la salud a corto o largo plazo”, afirma la experta.

El éxito de esta dieta y la rapidez con la que se ha expandido se debe a dos motivos fundamentales. “Al igual que todas las dietas milagro, promete una importante bajada de peso en muy poco tiempo. La segunda razón es la publicidad que da el hecho de que numerosas famosas hayan apostado por ella para lucir ‘fabulosas’ en sus eventos”, dice Carmen Escalada, nutricionista del IMEO. A pesar de esto, “no podemos nunca olvidar que, por muy popular que sea una dieta, eso no asegura ni su eficacia ni su seguridad”.

¿Qué cantidad de potitos toman al día sus seguidores?

En un principio, cuenta Peinado, las bases recomendadas de la dieta de los potitos eran hacer 14 minipapillas a lo largo del día basadas en avena y fruta para evitar sentir fatiga y consumir algo de carne baja en grasa con verdura en las cenas. Estas pautas más adelante acabaron mutando en un consumo ininterrumpido de potitos a lo largo de todo el día.

“Teniendo en cuenta que el aporte calórico medio de un potito es de entre 65 y 70 kilocalorías, el total de estas catorce tomas son 910-980 kilocalorías al día. A estas habría que sumar las procedentes de la cena donde, poniendo un ejemplo, un filete de pollo de tamaño medio acompañado de una guarnición de verduras, como espinacas o judías verdes, no sobrepasarían las 300 kilocalorías, haciendo un total diario de 1.200-1.280 kilocalorías”, especifica la nutricionista.

La repercusión de no masticar

“La masticación adecuada y suficiente de los alimentos nos permite aumentar el tiempo que tardamos en consumirlos”, señala Escalada. Esto es muy importante, ya que la respuesta de saciedad del cuerpo se produce gracias a la síntesis de diferentes hormonas, como la leptina, y este proceso requiere de unos 20 o 30 minutos. Por tanto, el hecho de no masticar se ha relacionado con comer más cantidad de alimento y, con ello, tener más facilidad para engordar.

Además, al masticar generamos saliva, que protege a nuestro aparato digestivo de irritaciones que pudiera provocar el alimento a su paso, y jugos gástricos, que posibilitan una correcta digestión del alimento en el estómago.

Por último, masticar nos permite saborear mejor los alimentos y, por tanto, disfrutar más de las comidas.

Riesgos para la salud de la dieta de los potitos

“Hemos escogido de forma aleatoria tres potitos de las principales marcas productoras del mercado y hemos analizado su etiquetado nutricional para opinar en cuanto a su concentración de macro y micronutrientes”, expone Peinado.

En primer lugar, y de forma general, el porcentaje total proteico sería bastante inferior si optamos por potitos de frutas, y ligeramente inferior a los valores recomendados en potitos con pescado o pollo.

“Nos faltan valores respecto a la fibra alimentaria y micronutrientes. Si bien es cierto que algunos potitos tienen aporte de vitamina C, no parece ser el caso de ninguno de los expuestos. Por tanto, y, de acuerdo con las tablas de ingestas recomendadas a la población de nuestro país de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (Sedca), habría déficits de folatos, niacina y vitaminas C, A y D, entre otras”, destaca la nutricionista.

Por tanto, “este tipo de alimentación, adecuada para el uso ocasional de niños, no se asemeja a las necesidades nutricionales de un adulto. Seguir esta dieta a largo plazo daría lugar a fatiga, cansancio, dolores musculares, mareos, dolores de cabeza, etc.”, concluye Peinado.

Además, las dietas líquidas son fáciles de absorber y producen un rápido vaciamiento gástrico. Sin embargo, estimulan poco el tracto gastrointestinal y un uso prolongado de ellas podría dar lugar a cambios en la motilidad del paciente.

“Los efectos secundarios más comunes de la dieta de los potitos serán el cansancio y la fatiga por el cambio de la alimentación. Con el tiempo, se pueden experimentar efectos como pérdida del cabello, fragilidad en las uñas, problemas digestivos, cálculos biliares y desnutrición grave que pueda conllevar convulsiones, coma o muerte”, advierte Peinado.

Grasas ‘trans’: no más de 2gr/día en una dieta de 2.000 kcal

La industria alimentaria utiliza estas grasas, innecesarias para el ser humano, para conseguir una consistencia más sólida, manejable y barata y con un sabor más adictivo.

Correo Farmacéutico, por Joanna Guillén Valera

patatas fritas

Bollería industrial, alimentos fritos, mantequillas, comida rápida, snacks, sopas en polvo, salsas industriales… Son sólo algunos ejemplos de productos alimenticios que incluyen en su composición grasas trans, un tipo de grasa “caracterizada por tener, al menos, un doble enlace en su posición trans”, informa Carmen Escalada, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Este tipo de grasas se pueden encontrar en productos cárnicos y en leche de rumiantes (como la leche de vaca), sin embargo, su origen habitual es un procedimiento industrial, “por el que someten diferentes aceites vegetales a altas presiones y temperaturas que permiten la adición de hidrógenos a su estructura química”, describe la experta. Gracias a este proceso, la industria alimentaria “consigue una grasa sólida, mucho más manejable y barata, de mayor vida útil y sabor más adictivo”.

Todas estas características favorecen que sean utilizadas por la industria para “aumentar la vida útil del alimento, para potenciar su sabor, para mejorar su textura, evitar que se pongan rancios, hacerlos más resistentes a la oxidación y, por tanto, abaratar costes de producción”, destaca Estefanía Ramo, nutricionista del IMEO.

Riesgos para la salud

Los riesgos para la salud de este tipo de grasas son innumerables. Los efectos nocivos, junto al hecho de que son grasas totalmente innecesarias, hizo que la Organización Mundial para la Salud limitara su ingesta al “1 por ciento del aporte energético total, lo que supondría consumir unos 2-2,5 gramos al día en una dieta de unas 2.000 kcal”, sostiene Sonia Peinado, nutricionista del IMEO, una cantidad mínima, teniendo en cuenta que entre las grasas trans también se encuentran los lácteos y las carnes.

Sobre los efectos para la salud de su consumo, Escalada señala que “se ha visto, en numerosos estudios realizados desde los años 90, que el consumo de este tipo de grasas aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardio y cerebrovasculares, como la hipertensión, el infarto de miocardio o el ictus”. Esto, según la nutricionista, “se debe a que, al absorberse, sustituyen a las moléculas que forman las paredes de los vasos sanguíneos haciendo que éstas queden rígidas e impidiendo que las moléculas de colesterol se adhieran a ellas”. El resultado de esto es “una elevación en sangre de los niveles de colesterol total y LDL”.

Además, no hay que olvidar que, al tratarse de una grasa, su aporte energético es elevado (9 kcal/gr), “por lo que su consumo abusivo está ligado a mayores niveles de sobrepeso y obesidad”, advierte Escalada. Estos efectos son los que están demostrados pero, según ella, hay otros que señalan “su relación con la diabetes tipo 2 y algún tipo de cáncer”.

Etiquetado

Como se ha mencionado antes, los alimentos que suelen contener altos porcentajes de este tipo de grasas son, fundamentalmente, los altamente procesados. Para saberlo y evitarlos, es importante fijarse en el etiquetado de los productos, ya que “cualquiera que se comercialice en el mercado europeo debe seguir una serie de normas, como el su-brayado de aquellas sustancias que se consideren alérgenos o de las cantidades de macronutrientes (proteínas, grasas y azúcares).

“Aunque su porcentaje por 100 gr de alimento se puede encontrar en la tabla de composición nutricional, algunas veces, el fabricante sólo lo enumera en la lista de ingredientes bajo los términos ácidos grasos trans, grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas, aceites hidrogenados o parcialmente hidrogenados”, apunta Peinado. Esto, por el momento, es lo que puede ayudar al consumidor a elegir, a la espera del logotipo nutricional Nutri-Score“más intuitivo y en colores”, que comunicó Sanidad para este año.

Los sustitutos sin grasas trans

Para limitar el consumo de grasas trans, existen sustitutos más sanos que pueden añadirse a la dieta. Frente a los fritos, Estefanía Ramos, nutricionista del IMEO, aconseja cocinar con aceite de oliva y sustituir la bollería industrial por productos caseros elaborados con este aceite. Ademas, en lugar de patatas fritas de bolsa, aconseja escoger su versión deshidratada o cocida, y de los snacks, elegir frutos secos naturales o tostados. Las sopas de sobre deberán sustituirse por las caseras con verduras.

El simple plan de 7 días para reducir el azúcar en tu dieta y adelgazar

Aunque su sabor haya conquistado los paladares a lo largo de la historia y sea una de las sustancias más consumidas en todo el mundo, es de las más peligrosas para la salud

El Confidencial

Tomamos mucho más azúcar de la que necesitamos. Hay demasiados alimentos que, sin que seas consciente, contienen esta dulce sustancia. La identificamos en las bebidas azucaradas, los caramelos o la bollería, pero también está oculta en yogures de sabores, cereales, panes de molde o salsas como el kétchup.

Aunque su sabor haya conquistado los paladares a lo largo de la historia y sea una de las sustancias más consumidas en todo el mundo, lo cierto es que también es una de las más peligrosas para la salud. Proporciona calorías sin aporte nutritivo y su ingesta elevada está vinculada al aumento de peso y a enfermedades cardiovasculares, obesidad o diabetes tipo II.

Cuando aparezca la necesidad de tomar algo dulce, detente y piensa de dónde viene ese sentimiento. Puede que solo estés cansado o tengas sueño.

Al respecto, la ONU recomienda que limitemos su consumo por debajo del 5% (equivalente a unos 25 gramos o seis cucharaditas). Lo notaremos en la salud: tendremos menos caries dentales, más facilidad para conciliar el sueño y un peso más equilibrado, entre otros muchos beneficios.

Dado que el azúcar ha sido el culpable de la mayoría de las crisis de salud de los últimos años, es hora de tomar cartas en el asunto y comenzar a reducir su consumo. Brooke Alpert, autora de ‘The Sugar Detox’, ha ideado un plan de 7 días para romper tu adicción a esta sustancia poco a poco y para siempre.

Atento:

Lunes: hacer limpia en casa

Es hora de deshacerse de los brownies, del alijo de dulces que tienes en el cajón de la oficina y de las galletas de chocolate que guardas en el armario. También de esa barra de cereales aparentemente light y del zumo bajo en grasa. Además de quitarte el azúcar, recortarás un montón de calorías innecesarias de tu dieta.

Cuando aparezca la necesidad de tomar algo dulce, detente y piensa de dónde viene ese sentimiento. Las situaciones más comunes que han podido llevarte a desarrollar el antojo son las siguientes:

  • Tu nivel de azúcar en la sangre es demasiado bajo. Eso significa que es probable que te saltes comidas o que las espacies demasiado, o que no comas suficiente proteína para estabilizar el azúcar en sangre. Como remedio, combina un refrigerio azucarado con nueces mixtas similares a proteínas y frutas deshidratadas sin azúcar. Las grasas saludables en las nueces absorben lentamente los azúcares naturales de la fruta para que recuperes el equilibrio y los antojos desaparezcan.
  • Estás cansado. Tienes sueño, porque duermes mal y/o poco. En lugar de buscar algo azucarado para aumentar tu energía, opta por un café o un té; ambos son beneficiosos para la salud.
  • Tienes síndrome premenstrual o perimenopausia. En caso de que seas mujer, este puede ser tu caso. Niveles inadecuados de progesterona o estrógeno desencadenan los antojos de dulces, ya que dejan de producirse determinadas sustancias químicas necesarias para que el cerebro se sienta bien, como son la serotonina, la dopamina y la norepinefrina. Todo ello provoca insomnio, dolores de cabeza, fatiga o depresión leve. Si este es tu caso, trata de comer vainas de soja, pues contienen unos compuestos llamados isoflavonas que imitan al estrógeno. Si esto no reduce los antojos de azúcar, opta por productos dulces y sanos como una naranja o dos cuadraditos de chocolate negro.

Martes: tira los edulcorantes

Ya es hora de deshacerse de todos los edulcorantes que tengas por casa. Tu cuerpo es extremadamente rápido en la descomposición de azúcares simples como este. ¿El problema? Aunque no tengan apenas calorías, un consumo excesivo provoca picos de azúcar en sangre, lo que hace que quieras consumir más.

Limita asimismo el uso de endulzantes naturales como el agave o la miel: tu cuerpo los procesa de la misma manera. Al café, por ejemplo, puedes ponerle canela.

Cuidado con el vino tinto: puede tener fitoquímicos buenos para la salud, pero cuando tomamos alcohol, se convierte en azúcar en nuestro cuerpo

Los azúcares artificiales “son más dulces que el azúcar y tu cuerpo tiene la misma respuesta hormonal, como si fuera azúcar normal”, dice Alpert. “Por eso no los recomiendan para perder peso”.

Prueba con el extracto de vainilla, el coco o crea contraste con la sal (una pizca de esta sustancia puede endulzar el plato en cuestión; solo se puede aplicar a alimentos que no son naturalmente dulces, como la sopa de calabaza o las rodajas de fruta).

Miércoles: corta el gas

Las bebidas con gas no son buenas para tu salud, según asegura la experta en ‘Prevention’, pero además contienen mucha azúcar. Incluso las light. “Estas han sido endulzadas con jarabe, por eso están tan buenas”, añade.

Si estás habituado a consumir estas bebidas, lo mejor será que las reemplaces: te será más fácil eliminarlas de tu dieta. El psicólogo James Claiborn, autor de ‘The Habit Change Workbook’, sugiere optar por reemplazos que choquen con el comportamiento que se está tratando de cambiar. Piénsalo: si tus bebidas gaseosas son con cafeína, puedes sustituirlas por un café o un té.

Jueves: leer etiquetas

Comienza a leer las etiquetas de ingredientes de todo lo que consumas como si te fueras a examinar de ello. Cambia el yogur de sabores o la leche de almendras por las versiones simples.

Igual no lo sabes, pero algunos yogures de frutas con sabor contienen casi 6 cucharaditas de azúcar añadida en sus pequeños envases, que es la cantidad que la American Heart Association sugiere que consumas en un día entero. En su lugar, endulza tus comidas favoritas con frutas enteras. “Y estate atento: los aderezos, la salsa de pasta, las galletas, la mantequilla y las sopas son también fuentes comunes de azúcar oculta”.

Viernes: cuidado con los hidratos

“La harina blanca, el arroz blanco y el pan blanco son básicamente azúcar”, dice Alpert. De hecho, es posible que no pienses que eres goloso, pero si comes bagels y pasta regularmente, probablemente te estás engañando a ti mismo. “La pizza es básicamente un postre. Para tu cuerpo es como un trozo de pastel”, añade la experta.

La solución: come carbohidratos, pero siempre integrales. El arroz integral, el pan de grano germinado y la quinua se tienen que convertir en tus mejores amigos. Este es el esquema que tienes que grabarte a fuego:

  • Granos refinados: comer raramente.
  • Granos enteros: con moderación.
  • Legumbres: con moderación.

Sábado: modera el alcohol

Si eres de los que toma una copa de vino cuando sale o cena fuera, es hora de que, según Alpert, recuerdes que “el vino tinto puede tener fitoquímicos y beneficios para la salud, pero la verdad es que cuando tomamos alcohol, este se convierte en azúcar en nuestro cuerpo”.

Si decides tomar una bebida, elije una cerveza ligera, un vino o una copa de bebidas espirituosas (vodka, ginebra, ron, whisky escocés, bourbon), sin mezcla. La mayoría de los refrescos, incluso la tónica, tienen azúcar añadida o proceden de jugos de frutas. Y como último consejo, limita tus bebidas a un máximo de dos por semana.

Domingo: limita las frutas

La excesiva cantidad de azúcar presente en la fruta, derivada de la fructosa naturalmente presente en esta, desestabiliza los niveles en sangre y puede conducir al letargo, a caer en los antojos, a la falta de concentración o a acabar con un microbioma alterado. Por eso es bueno limitar su consumo o decidirse por las menos calóricas.

Día mundial del deporte, ¿qué pasa si no hacemos ejercicio?

El 73% de la sociedad está en riesgo de padecer enfermedades por no moverse.

Telva, por Gloria Vázquez Sacristán

Muchas veces nos referimos al ejecicio unicamente como un medio para conseguir nuestro fin físico (y estético) es decir, un aliado de nuestra dieta o es empujón para bajar esos 5 kilos que siempre molestan en nuestra báscula. Pero el ejercicio físico es mucho más que eso, puede ser nuestro pasaporte para una vida más saludable. Te explicamos por qué debes caminar media hora 5 días a la semana.

¿Por que debemos hacer deporte?

FOTO GUILLAUME REYNAUD

Cada día somos más conscientes de la importancia de hacer deporte. Pero muchas veces, la falta de motivación, tiempo o gimnasio hace que se nos complique nuestra rutina fitness.
Para ayudarte a concienciarte aún más, preguntamos al Dr. Vázquez, cardiólogo, los beneficios que reporta el ejercicio (dentro de los niveles adecuados a la forma y condición física de la persona) a nivel cardiovascular: “El deporte mejora las cifras de presión arterial (los hipertensos pueden llegar a ser normo-tensos haciendo deporte regularmente); mejora el metabolismo oseo y aumenta la flexibilidad articular y muscular. Es especialmente interesante en personas con ligero sobrepeso ya que el ejercicio acrecienta la resistencia a la insulina, reduce la grasa y aumenta el músculo. Entrenar beneficia a la frecuencia cardíaca consiguiendo que descienda a niveles más lentos, lo que supone un mejor rendimiento hemodinámico, es decir, mejorar el gasto cardíaco”.
Por su parte, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, pone freno a nuestra pereza y nos ayuda a vencerla diciéndonos que: “la actividad física es esencial para el mantenimiento y mejora de la salud y la prevención de las enfermedades, para todas las personas y a cualquier edad. La actividad física contribuye a la prolongación de la vida y a mejorar su calidad, a través de beneficios fisiológicos, psicológicos y sociales, que han sido avalados por investigaciones científicas”.
Entre los múltiples beneficios, desde Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, destacan que: “La actividad física reduce el riesgo de padecer: Enfermedades cardiovasculares, tensión arterial alta, cáncer de colon y diabetes. Ayuda a controlar el sobrepeso, la obesidad y el porcentaje de grasa corporal. Fortalece los huesos, aumentando la densidad ósea. Fortalece los músculos y mejora la capacidad para hacer esfuerzos sin fatiga (forma física)” a nivel físico. Pero, tal y como ya hemos hablado en otras ocasiones, es muy beneficioso para “mejorar el estado de ánimo y disminuye el riesgo de padecer estrés, ansiedad y depresión; aumenta la autoestima y proporciona bienestar psicológico”.

No voy al gimnasio, ¿estoy en peligro?

No queremos ser alarmistas, sólo queremos hacer un llamamiento a la falta de movimiento de nuestra sociedad. La batalla no es contra los kilos de más, en el sentido frívolo de la palabra, sino contra un mal de nuestra sociedad, el temido sedentarismo. Según un estudio publicado por el Ministerio de Salud, Educación y Deporte: “el 73% de los españoles está por debajo del umbral de actividad física que les ayudaría a alejar riesgos a la salud”. Y prosigue ” la prevalencia de algunas de las enfermedades crónicas más comunes (hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes, depresión y ansiedad) se incrementa notablemente en la población inactiva, cuadruplicándose en algunos casos con respecto a la observada en la población que practica actividad física o deporte. Asimismo, el riesgo estimado de padecer algunas de estas enfermedades se puede llegar a duplicar como consecuencia de la inactividad física”.
¿Cuánto ejercicio tenemos que hacer? Según la Revista española de cardiología debemos “realizar actividad física de intensidad moderada durante un mínimo de 30 min 5 días por semana o de intensidad alta durante un mínimo de 20 min 3 días por semana mejora la capacidad funcional y se asocia a reducciones en la incidencia de enfermedad cardiovascular y mortalidad”.

Recomendaciones para hacer ejercicio

Acudimos a la Organización Mundial de la Salud para que nos ayude a establecer unos parámetros básicos para saber cuánto deporte, sin hablar de Hiits ni tábatas, debemos hacer para mantenernos en niveles óptimos de salud física, con el fin de prevenir todas las enfermedades que puede causar la ausencia del mismo.
“Para los adultos (18 a 64 años) la actividad física consiste en en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (por ejemplo, paseos a pie o en bicicleta), actividades ocupacionales (es decir, trabajo), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias”.

Con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares, se recomienda que:

– 150 minutos semanales a la práctica de actividad física aeróbica (en sesiones de 10 minutos de duración, como mínimo), de intensidad moderada.
– Otra opción es realizar 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana.
– Tercera opción, una combinación de actividades moderadas y vigorosas.
– Un plus para obtener mayores beneficios para la salud: los adultos de este grupo de edades aumenten hasta 300 minutos por semana la práctica de actividad física moderada aeróbica, o bien hasta 150 minutos semanales de actividad física intensa aeróbica, o una combinación equivalente de actividad moderada y vigorosa. Y, dos veces o más por semana, realicen actividades de fortalecimiento de los grandes grupos musculares.

Ortorexia: ¿Por qué es peligroso comer demasiado sano?

Comer demasiado sano puede convertirse en una grave enfermedad. Se llama ortorexia y, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud, afecta ya al 28 por ciento de la población mundial.
Qué, por Diana García Bujarrabal

anorexiaDicen los grandes filósofos que en el equilibrio está la virtud. Los excesos no son buenos, y mucho menos cuando hablamos de la salud. Sin embargo, en los países desarrollados la obsesión por la buena salud y la figura están desembocando en una enfermedad de nuevo cuño: la ortorexia.

“Hace cinco años se veían muy pocos casos y ahora se ven muchos, son entre el 15 y 20 por ciento de los casos que atendemos”,  cuenta Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad. Pero, ¿en qué consiste la ortorexia?, ¿qué comportamientos tienen quienes padecen esta enfermedad?

Han tenido éxito en una dieta anterior:

El perfil más habitual del ortoréxico, según Bravo, es la persona que ha tenido éxito en una dieta anterior y tiene un miedo atroz, irracional, a recuperar el peso. “El cambio a veces es en poco tiempo, hay gente que pierde 40 kilos en dos años y les cuesta acostumbrarse a su nuevo yo”. De repente, un cambio de alimentación les ha dado la felicidad. “Son como mariposas que han salido del capullo, dse ven guapos, recuperan sus relaciones sociales, tienen éxito…”. A prtir de ahí se desarrolla la obsesión.

Cuentan cuantas veces mastican….

Además de preocuparse por lograr siempre los alimentos más sanos según el último estudio, los ortoréxicos desarrollan comportamientos extraños. Por ejemplo, cuentan cuantas veces mastican cada bocado o dejan de beber agua durante las comidas de forma radical. “Cada ortoréxico tiene su propia teoría de lo que es comer sano. Pero los instauran con muchas fuerza”.

Asegura Bravo que algunos llegan a irse a vivir al campo “para cultivar su propia comida”.

Se enfadan si les cuestionan:

Esta forma tan extraña de manejarse con la comida suele terminar provocando muchos problemas en sus relaciones sociales, sobre todo con el entorno más cercano. El problema es que, además, ante cualquier crítica el ortoréxico responde con cierta agresividad. “Creen en lo que hacen, piensan que es lo mejor. Son personas con un ego muy alto que se ven por encima de los demás”, describe Bravo. De hecho, si pueden intentan imponer a los demás su forma de comer.

Una enfermedad de personas racionales:

La ortorexia es una enfermedad típica de un perfil muy racional: todas las decisiones que toma un ortoréxico las basa en el último estudio nutricional publicado en las revistas médicas más conocidas o bien en opiniones de nutricionistas que ha rastreado por Internet. El ortoréixco está plenamente convencido de que está en posesión de la verdad.

Una enfermedad cara:

La ortorexia sale cara. No solo por las limitaciones que impone al enfermo, o por lo que afecte a sus relaciones con amigos y familiares. Los complementos alimenticios, los productos orgánicos y ecológicos, en general, la compra de herbolario es más cara de lo habitual. Normalmente es una enfermedad de un perfil socioeconómico medio-alto.

Muy difícil de tratar:

Precisamente por su carácter hiperrracional la ortorexia es muy difícil de tratar. “Se necesita un nutricionista muy preparado, a la última. Que tire por tierra todas sus teorías”. Tanto más cuanto que normalmente van al tratamiento “a regañadientes”.

Para curarlos se trabaja desde el aspecto nutricional y el psicológico un mínimo de seis meses y, a veces, toda la vida. Los trastornos alimentarios son así, siempre que hay un problema en su vida la persona tiende a recaer”. En el caso de la ortorexia cuenta Bravo que no es raro que meses después del tratamiento un paciente te mande un enlace a un estudio que acredite sus teorías…

Puede desembocar en anorexia:

Bravo ve un vínculo entre la ortorexia y la anoeria y, en ocasiones, una enfermedad puede desembocar en otra. “La ortorexia es la obsesión por la calidad de los alimentos, mientras que la anorexia es la obsesión por la cantidad”, observa Bravo. De una a otra se tienden puentes.