Ortorexia: ¿Por qué es peligroso comer demasiado sano?

Comer demasiado sano puede convertirse en una grave enfermedad. Se llama ortorexia y, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud, afecta ya al 28 por ciento de la población mundial.
Qué, por Diana García Bujarrabal

anorexiaDicen los grandes filósofos que en el equilibrio está la virtud. Los excesos no son buenos, y mucho menos cuando hablamos de la salud. Sin embargo, en los países desarrollados la obsesión por la buena salud y la figura están desembocando en una enfermedad de nuevo cuño: la ortorexia.

“Hace cinco años se veían muy pocos casos y ahora se ven muchos, son entre el 15 y 20 por ciento de los casos que atendemos”,  cuenta Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad. Pero, ¿en qué consiste la ortorexia?, ¿qué comportamientos tienen quienes padecen esta enfermedad?

Han tenido éxito en una dieta anterior:

El perfil más habitual del ortoréxico, según Bravo, es la persona que ha tenido éxito en una dieta anterior y tiene un miedo atroz, irracional, a recuperar el peso. “El cambio a veces es en poco tiempo, hay gente que pierde 40 kilos en dos años y les cuesta acostumbrarse a su nuevo yo”. De repente, un cambio de alimentación les ha dado la felicidad. “Son como mariposas que han salido del capullo, dse ven guapos, recuperan sus relaciones sociales, tienen éxito…”. A prtir de ahí se desarrolla la obsesión.

Cuentan cuantas veces mastican….

Además de preocuparse por lograr siempre los alimentos más sanos según el último estudio, los ortoréxicos desarrollan comportamientos extraños. Por ejemplo, cuentan cuantas veces mastican cada bocado o dejan de beber agua durante las comidas de forma radical. “Cada ortoréxico tiene su propia teoría de lo que es comer sano. Pero los instauran con muchas fuerza”.

Asegura Bravo que algunos llegan a irse a vivir al campo “para cultivar su propia comida”.

Se enfadan si les cuestionan:

Esta forma tan extraña de manejarse con la comida suele terminar provocando muchos problemas en sus relaciones sociales, sobre todo con el entorno más cercano. El problema es que, además, ante cualquier crítica el ortoréxico responde con cierta agresividad. “Creen en lo que hacen, piensan que es lo mejor. Son personas con un ego muy alto que se ven por encima de los demás”, describe Bravo. De hecho, si pueden intentan imponer a los demás su forma de comer.

Una enfermedad de personas racionales:

La ortorexia es una enfermedad típica de un perfil muy racional: todas las decisiones que toma un ortoréxico las basa en el último estudio nutricional publicado en las revistas médicas más conocidas o bien en opiniones de nutricionistas que ha rastreado por Internet. El ortoréixco está plenamente convencido de que está en posesión de la verdad.

Una enfermedad cara:

La ortorexia sale cara. No solo por las limitaciones que impone al enfermo, o por lo que afecte a sus relaciones con amigos y familiares. Los complementos alimenticios, los productos orgánicos y ecológicos, en general, la compra de herbolario es más cara de lo habitual. Normalmente es una enfermedad de un perfil socioeconómico medio-alto.

Muy difícil de tratar:

Precisamente por su carácter hiperrracional la ortorexia es muy difícil de tratar. “Se necesita un nutricionista muy preparado, a la última. Que tire por tierra todas sus teorías”. Tanto más cuanto que normalmente van al tratamiento “a regañadientes”.

Para curarlos se trabaja desde el aspecto nutricional y el psicológico un mínimo de seis meses y, a veces, toda la vida. Los trastornos alimentarios son así, siempre que hay un problema en su vida la persona tiende a recaer”. En el caso de la ortorexia cuenta Bravo que no es raro que meses después del tratamiento un paciente te mande un enlace a un estudio que acredite sus teorías…

Puede desembocar en anorexia:

Bravo ve un vínculo entre la ortorexia y la anoeria y, en ocasiones, una enfermedad puede desembocar en otra. “La ortorexia es la obsesión por la calidad de los alimentos, mientras que la anorexia es la obsesión por la cantidad”, observa Bravo. De una a otra se tienden puentes.

Desnudo y exuberante, Depardieu se mete en la piel de Strauss-Khan para protagonizar una cinta de escándalo

El actor francés que ha actuado en más de 180 películas y fue nominado a un Oscar dijo en un programa de la BBC que no le importaba en lo absoluto su peso. “Estoy maravilloso como estoy”, aseguró Gerard Depardieu y pese su visible obesidad entró en el papel de Dominique Strauss-Kahn –el exdirector del FMI envuelto en escándalo sexual– para protagonizar la película “Welcome to New York” presentada en el festival de Cannes.

EFE / El País
welcome-cartelNo hubo alfombra roja en el Festival de Cannes para la esperada película “Welcome to New York”, en la que el director Abel Ferrara relata, en versión libérrima, la lujuriosa vida y el escándalo sexual que apartó del Fondo Monetario Internacional a Dominique Strauss-Kahn (Gerard Depardieu).

“No es porno en absoluto, para que sea porno tienes que ver una gran polla levantada así (brazo en alto)”, dijo Depardieu al comentar la cinta tras su estreno.

El filme, mediatizado desde su génesis, no se proyectó en el programa del certamen, sino en el Mercado de Películas, la plataforma aledaña al festival donde la industria cinematográfica hace negocio.

Simultáneamente, la película se estrenó internacionalmente a través de internet, un modelo de explotación global y directo para distribuir una historia de desenfreno brutal en la cúspide del poder financiero que ha dado la vuelta al mundo.

“Nunca me cuestioné la moralidad de mi personaje. Lo que vi es que este hombre no es como yo en absoluto, pero puedo entenderle. Y puedo entender cómo se vuelve cada vez más y más loco”, agregó el francés, que se dejó guiar por la “improvisación”.

El resultado, buscado o no, es un filme despiadado contra Strauss-Kahn en el que un Depardieu valiente se muestra desnudo artísticamente y que deja que la cámara se entretenga alrededor de su obesidad.

“Sabes que estás enfermo, pero no quieres ir al doctor”, comentó el intérprete, que reconoció saber lo que es entrar en “una dinámica de autodestrucción”.

La cinta, que emplea siempre nombres ficticios y que ha encontrado incontables obstáculos para llegar al público, según denuncian sus autores, se estrena exactamente tres años después de la demanda por agresión sexual. El procedimiento civil se cerró con una indemnización millonaria por su parte a favor de Nafissatou Diallo, la camarera que le acusó de intentar violarla.

Aunque finalmente fue desestimada, la demanda precipitó la salida de Strauss-Kahn del FMI, aireó su libérrima vida privada y desencadenó una serie de diferentes denuncias relacionadas con asuntos de cama y poder, de las que solo una sigue pendiente.

Tras el estreno de la película, el abogado de Strauss-Kahn anunció que presentará una demanda por difamación por las insinuaciones que contiene la cinta.

El filme, que mete a Depardieu en la piel de Strauss-Khan aunque le llama “Deveraux”, retrata la insaciable sed sexual del protagonista. Nada más llegar a un hotel de Nueva York le esperan tres prostitutas en su suite, a las que luego sustituyen otras dos. Tras una noche de pasión, la mañana siguiente, Deveraux se abalanza sobre la camarera que acude a limpiar su habitación e intenta abusar de ella.

El actor con más caché de Francia cobró solo 100.000 euros por la interpretación de un hombre al que desprecia profundamente. No lo esconde y se ofreció a rodar gratis.

A partir de un guión trabajado por un psiquiatra y psicoanalista, se limita a describir el estilo de vida del político.

Se va adentrándose lentamente en la mente del que fue un brillante idealista sumido en una espiral de egoísta: el todopoderoso que prefería las orgías a jugar al golf.