La salvaje dieta del rey español de 240 kilos al que expulsaron del trono por su extrema obesidad

Sancho I, apodado «el Craso», logró perder la mitad de su peso corporal gracias a una cura de adelgazamiento de un médico judío. Gracias a ella pudo recuperar el trono que le habían arrebatado

ABC, por Manuel P. Villatoro

Una «operación bikini» hecha a la carrera para volver a reinar. Aprovechando la llegada del verano y de las dietas milagro, quizá esta sea una de las mejores formas de describir el proceso al que se sometió el rey de León, Sancho I, en el siglo X. Y es que, después de haber sido derrocado por su tío tras perder el respeto de sus súbditos por pesar la friolera de 240 kilos, el monarca (apodado «el Craso» o «el Gordo») solicitó al califa de Córdoba Abderramán III que le ayudara a perder peso y recuperar su trono.

Este le sometió a una cura de adelgazamiento que fue una auténtica tortura. ¿La razón? Que, según cuentan las crónicas, uno de los médicos más famosos del líder musulmán le cosió la boca, le encerró, le impidió probar bocado durante 40 días y tan solo le dio de beber unas raras infusiones para que no se deshidratara. Con todo, al final logró eliminar la mitad de su peso corporal y volver a sentarse en la poltrona.

La situación de España

Cuando Sancho andaba a gatas y todavía no se había introducido entre pecho y espalda decenas de venados asados y litros de vino, nuestra primitiva España se encontraba metida hasta el corvejón en el proceso de Reconquista contra los musulmanes. De hecho, el pequeño y famoso reducto de Don Pelayo -el héroe que derrotó a los moros en una batalla tan conocida como exagerada (la de Covadonga)- había dado paso a una serie de reinos cristianos ansiosos de hacerse con el mayor territorio peninsular posible para aumentar sus dominios. «La Península estaba formada por el reino Astur-Leonés, el condado de Castilla, el reino de Navarra, el reino de Aragón, Cataluña y Califato de Córdoba», explica, en declaraciones a ABC, la historiadora Sandra Navarro.

Nuestro protagonista era, precisamente, hijo de uno de los mandamases de entonces: Ramiro II. Un monarca que fue más conocido por ser sumamente cruel con sus enemigos (no en vano le llamaban «El diablo») que por la importante expansión que hizo del territorio leonés. Además, Sancho (el futuro «el Gordo») contaba con un hermano mayor, Ordoño. «Sancho I era hijo de Ramiro II, un rey que consiguió que en León no se produjese la disgregación entre las regiones de Asturias, Galicia y León; que impulsó la repoblación y organización en el valle del Duero; y que frenó los intentos expansionistas de Abderramán III», explica Navarro.

En palabras de la experta, la época que vivió el futuro Sancho I durante su infancia fue de mucho más esplendor que la que tendría que pasar posteriormente. «A partir del reinado de Ramiro II, sin duda una época de esplendor en el reino astur-leonés, este reinó entró en crisis. Una crisis que fue provocada por los conflictos civiles entre los condes de León. Desde ese momento se dejaron de realizar campañas militares contra los musulmanes y los gobernantes perdieron poder en favor de nobles cordobeses en ascenso, además de navarros y castellanos», completa la experta.

Por su parte, y mientras en León se detenía la Reconquista por momentos debido a los tortazos internos, el reino musulmán vivía una de sus mejores épocas. Una era de gloria sobre los cristianos. «Durante este período se formó el Califato de Córdoba en el año 929 y comenzó la época de esplendor musulmana. Los ejércitos de Abderramán III fueron superiores e, incluso, lograron llegar hasta Nájera, aunque al final una coalición de reyes cristianos logró asestarles una derrota importante en la expedición militar de Simancas», determina la historiadora.

Lo cierto es que aquella batalla (acaecida el 1 de agosto del año 939) fue de calado, pues los cristianos lograron acabar con un contingente que, según varios historiadores, ascendía a los 100.000 enemigos. Con todo, eso no le hizo perder su potencia a los moros. «A pesar de que fueron derrotados, siguieron teniendo la superioridad militar», añade la experta.

«El Gordo»

Sancho nació en el año 935 de la semilla de Ramiro II y el vientre de su segunda esposa, Urraca Sánchez. Como noble que era, desde que no levantaba un palmo del suelo se movía entre grandes comilonas y una vida envidiable para cualquier plebeyo. Algo que no tardó en pasarle factura pues, según las crónicas, en su adultez acabó pesando unos 240 kilos. «Su obesidad era monstruosa, mórbida si utilizamos el término médico actual. No en balde los cristianos y los moros le conocían por el sobrenombre de “el Craso” (“el Gordo”). Este hecho es bastante llamativo, ya que en la España cristiana de la época la alimentación era sobria por razones de escasez. ¡Era una barbaridad!», explica Pedro Gargantilla Madera (médico, escritor y divulgador científico) en su obra «Enfermedades que cambiaron la historia».

Pero… ¿A qué se debía su obesidad? Pues, simple y llanamente, a todo lo que comía a lo largo de la jornada. Y es que, según las crónicas, ingería alimentos siete veces al día. La mayoría de veces de 17 platos y, una buena parte de ellos, elaborados con carne de caza. Una dieta de miles y miles de calorías que superaba abiertamente la cantidad necesaria de un hombre adulto para mantenerse sano (entre 2.000 y 2.500 para no engordar). «La obesidad le había transformado en un auténtico inválido», añade el experto. Tal era el ingente número de kilos que soportaba su esqueleto, que no podía subirse a su jamelgo para cabalgar ni, por descontado, empuñar su espada en el campo de batalla.

Ascensión y pérdida del trono

Ya con sus 240 kilos de peso, Sancho vio como Ordoño ascendía al trono en el año 951 después de la muerte de su padre. Algo que debió tocar soberanamente las narices al «Craso», ansioso de coronarse. Al parecer, trató incluso de arrebatarle el cetro de poder a su hermano, aunque sin éxito. Algo en cierto modo lógico, pues no podía plantar cara en batalla y apenas podía levantarse de la cama. Con todo, la suerte le terminó sonriendo a nuestro protagonista, pues Ordoño dejó este mundo en el otoño de 956 tras cinco años manda que te manda. Una muerte que, como bien señala Navarro, fue tan oportuna como extraña para los ciudadanos de la época.

A partir de ese año comenzó su reinado. Un gobierno marcado por el descrédito que su obesidad provocaba entre la población y por sus tejemanejes políticos. «Era una cuestión de falta de respeto. El rey había intentado atacar a su hermano en Sahagún en el 955 y había fallado y, además, no era capaz de subirse al caballo para comandar a sus tropas debido a su obesidad», determina la historiadora a ABC. Además, al «Craso» se le ocurrió la absurda idea de cortar relaciones con su tío, el conde castellano Fernán González, algo que hizo que este empezase a destrozar su ya de por si escasa reputación.

«La verdad es que la jugada no pudo ser más desafortunada. Al conde le faltó tiempo para mover las fichas en contra del soberano: se dedicó a malmeter en contra de Sancho, desprestigiando su autoridad, puesto que ni siquiera era capaz de valerse por sí mismo para levantarse de la cama y para andar», explica, en este caso, Gargantilla. Tampoco tuvo pelos en la lengua González a la hora de señalar que, con tal obesidad, no podría engendrar un hijo y su linaje se perdería entre comilona y comilona. Al final, chisme por aquí, comentario por allá, se fue forjando cierto odio hacia «el Gordo» en todo el reino. Un rechazo que se materializó en el año 958 cuando, armas mediante, Fernán le puso naso y le arrebató a su sobrino por las bravas el trono sin que este pudiese siquiera combatir para tratar de impedirlo.

Así lo explica el divulgador histórico del S.XIX Ángel González Palencia en su obra «Historia de la España musulmana»: «Sancho, que trataba de abatir a los nobles y restablecer la autoridad absoluta de los reyes, sus antepasados, fue destronado el 958 por una conjuración que alentaba Fernán González, y con pretexto de su excesiva gordura. Fue elegido rey Ordoño IV “el Malo”». Navarro señala también a este diario la conjura que se forjó entre González y el nuevo rey, además de que el noble castellano fue una pieza clave para el monarca se coronase: «Le fue arrebatado el poder a través a través de una rebelión militar y la coronación de su primo Ordoño Adefonsiz el 2 de marzo de 958. Este sitió León y entró en la ciudad el 3 de agosto del mismo año».

A la carrera

Derrotado y humillado, «el Craso» logró escapar como buenamente pudo de aquella trampa mortal (desconocemos cómo y, sabiendo que apenas podía andar, sería sumamente curioso averiguarlo). Poco podía hacer entonces, salvo acudir al único lugar en el que sabía que le recibirían de buen agrado: Navarra. Y es que, allí se encontraba su abuela, la reina Toda, una mujer que destacaba por tenerlos bien puestos a pesar de sumar casi 80 primaveras a sus espaldas. Tal y como esperaba, la reina le recibió de buen agrado. No solo eso sino que, haciendo honor a su reputación, decidió que su nieto no podía quedarse de brazos cruzados mientras le arrebataban la silla de poder y que debía combatir al nuevo monarca hasta expulsarle de una patada de la sala del trono. Pero lo primero era lo primero, tenía que perder esos «kilitos» de más que tenía para infundir respeto en sus enemigos y súbditos y poder combatir.

Pero… ¿Cómo diablos podía perder aquella ingente cantidad de peso en un tiempo tan breve? Piensa que te piensa, Toda llegó a la conclusión de que solo podía pedir ayuda a los únicos que estarían dispuestos a destronar a un rey cristiano. «Su abuela, la reina Toda de Navarra, se ocupó de refugiar a su nieto y envió mensajeros a Córdoba pidiendo la ayuda a Abderramán III a cambio de un pacto entre Córdoba y Navarra», señala Navarro a este diario. Al musulmán no debió parecerle mala idea la alianza, pues envió a uno de sus médicos a la región cristiana para que hiciese un diagnóstico del mal que atacaba al «Craso». El elegido fue el judío Hasday Ben Shaprut, nacido en Andalucía y uno de los más afamados sanadores de la época. El precio de tratamiento no fue barato, como bien señala González, pues consistió en la cesión de diez fortalezas al Califa cuando lograse volver al trono.

«Shaprut era un destacado médico y diplomático judío en la corte de Abd al Rahman III y Al Hakam II. Dominaba el árabe, latín hebreo y romance y tradujo al árabe la obra botánica de Dioscórides. Actuó de consejero del califa y participó en las relaciones con las embajadas de otros gobiernos, demostrando en todas las ocasiones gran habilidad y sutileza», explica el escritor Luis Molinos en su obra «La perla de Al-Andalus». Gargantilla, por su parte, señala que este médico había empezado a ser conocido en la corte gracias a que había ideado un remedio que podía curar todo tipo de males llamado Al-Faruk. Fuera por lo que fuese lo cierto es que, cuando llegó a Navarra, el galeno consideró que era urgente llevarse a Sancho a Córdoba para tratarle como Alá mandaba. Así fue como partió una gran comitiva hacia territorio musulmán. Región en la que, como explica el escritor, «el Craso» no pudo entrar montado por su gran peso.

La «cura de adelgazamiento»

Una vez en Córdoba, Hasday sometió a un auténtico calvario al leonés para obligarle a perder peso. A nivel dietético, no se le ocurrió otra cosa que coserle la boca para evitar que comiera nada sólido. Así fue como se acabaron los venados en la vida de Sancho. En palabras de divulgadores históricos como Francisco Hervás Maldonado, tan solo le dejaron una pequeña abertura en los labios por la que meter una pajita por la que beber agua y una serie de infusiones recomendadas por el judío. Además, Gargantilla es partidario de que le metieron en una habitación en donde, incluso, se le ataron manos y pies a la cama para evitar que pudiera comer nada.

«Con el paso de los días, su cuerpo adquirió la flacidez propia de los adelgazamientos»

Por si eso fuera poco, también le obligaron a hacer ejercicio. Tampoco es que pudiera correr una maratón, pero solo salía de aquella habitación en la que estaba encerrado para dar largos paseos a lo largo de los jardines musulmanes. En ellos, Sancho era ayudado de una curiosa forma por los sirvientes. Y es que, estos tiraban de él con cuerdas para obligarle a dar pequeños pasos. Finalmente, cuando terminaban estas sesiones de «running», «el Craso» tenía que estar horas y horas en un baño de vapor que le ayudaba a eliminar la gran cantidad de agua que había acumulado durante años en el cuerpo. El método era inhumano, según los cronistas de la época.

A pesar de lo doloroso que resultó el proceso, a los 40 días –siempre según las crónicas-había surtido un efecto increíble. «Con el paso de los días su cuerpo adquiriría la flacidez propia de los adelgazamientos. Los colgajos de la carne campaban a sus anchas por todo su cuerpo, por lo que Sancho tuvo que ser sometido a unos terribles masajes para que la piel recuperase su firmeza», añade Gargantilla. Al final, infusión va, infusión viene, nuestro protagonista perdió la mitad de su peso corporal, tal y como afirma el doctor Antonio L. Turnes en su obra «Maimónides: el sabio sefaradí: el médico judío-español de la Edad de Oro, 1135-1204». Así pues, se quitó de encima 120 kilos, gracias a lo que pudo montar a caballo, sostener la espada y yacer con una mujer.

Un traidor

Totalmente recuperado, y «recio, pero no obeso», Sancho se embutió una armadura y, al mando de un ejército de musulmanes, se decidió a conseguir el cetro por las bravas. «Recuperó el trono gracias a la ayuda imprescindible de Abderramán III. Un ejército árabe marchó sobre Zamora en el 959. Con los navarros presionando por oriente y el conde de Monzón por el noroeste, el rey Ordoño IV abandonó el trono y huyó a Asturias. Sancho I consiguió de nuevo el trono en abril de ese mismo año», añade Navarro en declaraciones a ABC. Ordoño IV terminó poniendo su caballo en dirección a tierras musulmanas, donde solicitó ayuda a Abderramán para arrebatar de nuevo la poltrona al ya no «Craso». Sin embargo, el líder se declaró fiel al pacto que había firmado con Sancho. Así se dio por finalizado un cruel juego de tronos que había durado casi una década.

Todo podría haber acabado bien para Sancho. No obstante, aunque había perdido 120 kilos, su carácter no había cambiado ni un ápice. Ya con la corona sobre la cabeza, se negó a entregar las fortalezas que había prometido a Abderramán III y, cuando este murió, declaró que la deuda había quedado saldada. Una teoría, por cierto, que no compartió el descendiente de este, muy celoso de lo que se le debía. Al final, por esta u otras causas, el antiguo «Craso» dejó este mundo en extrañas circunstancias. «Continuó siendo rey hasta su muerte en el 966, cuando fue envenenado a los 35 años. Le sucedió su hijo Ramiro Sánchez, Ramiro III», añade la historiadora a ABC. ¿Le quitaron la vida los mismos que le quitaron la mitad de su grasa? Nunca lo sabremos.

La realidad de la «dieta milagrosa» de Sancho

En ocasiones, la historia tiene más de leyenda que de realidad. Por ello, ABC ha contactado con Leticia Garnica Baselga (licenciada en Ciencia y tecnología de los alimentos, diplomada en Nutrición y dietética por la Universidad San Pablo CEU y directora de «Dietista y Nutricionista») para que nos explique la verdad sobre la dieta de Sancho I «El Craso».

1-¿Es posible perder esa cantidad de peso en solo 40 días?

Resulta un poco difícil de creer (parece imposible) que una persona pueda perder 120 kilos en sólo 40 días a pesar de los tratamientos a los que dicen que le sometieron y el proceso de ayuno en el que estuvo. Lo miremos por dónde lo miremos, no es nada sano y muy poco creíble. Aunque es cierto que una persona de 240 kilos tiene un metabolismo basal [la cantidad de energía que gasta el cuerpo por el mero hecho de existir] mayor que el de una persona más delgada o esbelta y, por tanto, su gasto energético es mayor.

2-¿Cómo reacciona el organismo ante el ayuno?

El cuerpo puede aguantar más en ayuno que con la ausencia de agua, sin el agua no sobrevive, se deshidrata y hay un fallo del organismo rápido. Cuando comenzamos el ayuno, lo primero que busca el organismo es la energía en los hidratos de carbono. Cuando hay falta de consumo de glucosa, el hígado empieza a metabolizar los depósitos de glucógeno para obtenerla. De esta forma, la grasa se convierte en la principal fuente de energía al metabolizar los ácidos grasos para obtener energía.

Cuando se agotan ya las reservas de hidratos de carbono y de grasa, el sistema nervioso y el cerebro siguen requiriendo la presencia de glucosa, que se obtiene a partir de la degradación del músculo. A consecuencia de esa degradación, el cuerpo entra en cetosis, dónde la sensación de hambre desaparece y el cuerpo se va intoxicando poco a poco debido a la presencia elevada de cuerpos cetónicos que el cuerpo no es capaz de eleiminar.

3-¿Es posible que aguantara 40 días sin comer?

Al pesar 240 kilos, su metabolismo basal es muy alto y sus reservas son elevadas, por lo que sí es posible que aguantara 40 días, pero seguramente tendría muy pocas fuerzas.

4-¿Es posible perder 120 kilos en 40 días?

No es viable con una dieta equilibrada y sana, aún bajando la ingesta de esa persona a la mitad de lo que normalmente hace y a pesar de los paseos y los baños de calor. Más que nada, porque para los paseos estaría sin ningún tipo de fuerza.

5-¿Para qué sirven los baños de vapor en una dieta?

Lo que sucede cuando te das baños de vapor es que, a través del sudor, eliminas gran cantidad de líquido, por lo tanto bajas de peso por eliminación de líquido. Le someterían a esos baños con ese propósito.

6-¿Cree posible que la dieta de Sancho fuese tan crítica?

Lo primero de todo es que yo no lo llamaría dieta, porque lo que están sometiendo a esta persona es solo a un ayuno y a beber agua o infusiones, algo que ni siquiera se puede definir como dieta líquida. Además de eso, no es nada saludable, y muy difícil de creer, que la llevaran a cabo. Además, es difícil de creer que fuera capaz de levantarse de la cama sin ingerir ningún tipo de alimento. Casi imposible.

Qué es la ‘dieta militar’ y por qué no todos debemos seguirla

Un ayuno breve tiene consecuencias que no te imaginas

La Vanguardia, por Rocío Navarro Macías

img_msanoja_20170227-134537_imagenes_lv_otras_fuentes_istock-519788470-kqhb-u42253445971jcg-992x558lavanguardia-webSe acerca la primavera y también el firme propósito mejorar la forma física de cara al verano. Es el momento de elegir la fórmula para plantarle cara a la báscula. Existen dietas que consiguen reducir hasta cuatro kg en tres días. Pero pese a que estas pautas pueden resultar atractivas no siempre están justificadas y cuentan con una lista de contras a tener en cuenta.

Una de ellas es la dieta militar, un plan nutricional que establece un límite diario de calorías entre 860 y 1150. Está considerada un tipo de ayuno: se ingiere menos alimento de lo que el cuerpo consume, por lo que el organismo se nutre de las reservas de grasa.

Deberían abstenerse las personas sin exceso de peso, los diabéticos tipo 1 o 2, las mujeres embarazadas o lactantes, los menores de 18 años y los mayores de 65”, dice Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Asimismo, la comunidad médica alerta de que estas rutinas alimenticias no favorecen una pérdida saludable o sostenible de peso. Entonces, ¿tienen algún beneficio? Hemos valorado con el especialista las dos caras de las dietas hipocalóricas y estos son los resultados.

Pueden mejoran la salud cardiovascular

“Desde el año 2007 diversos estudios y declaraciones apuntan a que el semiayuno o las dietas hipocalóricas cortas aportan algunos beneficios para la salud en personas con exceso de peso”, señala Bravo. El Dr. Benjamin Home, director de epidemiología cardiovascular y genética del Instituto del Corazón del Centro Intermountain en EEUU, realizó un estudio a un grupo de mormones de Utah, pues son la comunidad norteamericana con menos mortalidad cardiovascular.

Los investigadores entrevistaron a 200 personas que se sometieron a una prueba de diagnóstico llamada angiografía, un examen de rayos X de los vasos sanguíneos y del corazón que puede determinar si una persona tiene una enfermedad coronaria.

Los resultados demostraron que las personas que ayunaban regularmente tenían un 58 % menos riesgo de enfermedad coronaria en comparación con aquellos que dijeron que no ayunaban.

Pueden mejoran el estado de ánimo

Otro estudio publicado en JAMA Internal Medicine indicó que restringiendo las calorías de la dieta en un 25%, puede mejorar el humor, la calidad del sueño y la vida sexual. Se reclutaron 220 hombres y mujeres con un índice de masa corporal normal (entre 22 y 28) y una edad media de 38 años y se dividieron en dos grupos. El primero tuvo que reducir su ingesta de calorías un 25 % durante dos años, y el segundo pudo limitar las que quisiesen al día. Ambos tuvieron que rellenar cuestionarios sobre su estilo de vida.

Quienes redujeron de forma obligatoria su dieta perdieron una media de 7,7 kg. Los que tuvieron libertad, menos de medio. Aunque los participantes tenían un peso normal y saludable, los investigadores creen que los beneficios se extenderían a la población con sobrepeso y obesidad basándose en estudios previos.

Reajuste de los sistemas

En 2015 el Dr. Pablo Saz Peiró realizó un análisis de diversos estudios científicos y publicó un informe sobre las indicaciones terapéuticas del ayuno, declarando que “la reacción del cuerpo mientras está viviendo de las reservas, siempre que se disponga de ellas, provoca un efecto de reequilibrio que reajusta muchos sistemas”.

Desnutrición leve

Estas dietas limitan la ingesta de alimentos básicos para las funciones cognitivas como aquellos ricos en grasas omega 3 como el salmón, la quinoa o el aguacate. “Si se prolongan en tiempo pueden provocar una desnutrición severa”, alerta el experto.

Bravo manifiesta que cuando existe un seguimiento profesional estas dietas podrían prolongarse hasta una o dos semanas, siempre que haya exceso de grasa corporal y las pautas alimenticias cubran las necesidades mínimas diarias en micronutrientes. “En personas sanas con exceso de peso que decidan practicarlas por su cuenta, no deberían extenderse más de 2 o 3 días”, añade.

Efecto rebote

Uno de los grandes contras de estas dietas es que si la transición no se realiza de forma controlada puede recuperarse más peso del que se ha perdido. “Para evitar el efecto rebote, y problemas digestivos, habría que realizar una pauta alimenticia progresiva, incorporando poco a poco todos los grupos de alimentos en sus cantidades adecuadas. Éste proceso debería durar entre una y dos semanas”, recomienda Bravo.

La propuesta del experto

img_msanoja_20170227-134537_imagenes_lv_otras_fuentes_istock-526655611-kqhb-656x449lavanguardia-webFrente a estas dietas de acción rápida existen otras alternativas más saludables con resultados que insisten en un cambio de hábitos. “Es el caso de la Dieta de los Días Alternos, recomendada para personas a las que les cuesta perder peso y han fracasado con las dietas hipocalóricas habituales”.

Según cuenta el especialista, esta opción combina Días Detox, Días de Régimen y Días Sociales para los fines de semana, incorporando superalimentos en los menús cotidianos que han demostrado evidencias de prevención frente a diferentes enfermedades.

“Se divide en tres fases: La primera de pérdida rápida de peso, la segunda de pérdida moderada y la última de mantenimiento, lo que enseña a sus seguidores a mejorar sus hábitos saludables de vida” concluye Bravo.

¿Saltarse el desayuno ayuda a adelgazar?

DMedicina, por Blanca Sánchez Carrascosa
desayuno-adelgazarEn la actualidad encontramos algunas dietas que afirman que saltarse el desayuno es la clave para adelgazar. Sin embargo, los expertos lo desaconsejan, ya que éste se caracteriza por ser la comida más importante del día. Lo explicamos a continuación.

Tal y como indica Rubén Bravo, experto en Nutrición y Gastronomía y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), el desayuno es fundamental debido al tiempo que transcurre desde la cena del día anterior hasta la primera comida del siguiente, lo que supone que nuestro cuerpo permanezca mucho tiempo sin recibir nutrientes.

El especialista explica que las tendencias que indican el ritmo que sigue el cuerpo son dos:

  • Diurna: de seis de la mañana seis de la tarde.
  • Nocturna: de seis de la tarde a seis de la mañana.

Tomar los nutrientes necesarios en la fase de activación o diurna es imprescindible. La mejor manera de hacerlo es mediante un desayuno completo que aúne todos los macronutrientes y micronutrientes necesarios para acompañar el ritmo de la nutrición a las demandas de cada momento del día.

¿Qué implica no desayunar?

“Cuando nuestro cuerpo empiece a moverse y a pensar tras unas 12 o 15 horas sin comer nada comenzará a demandar una serie de nutrientes que no va a tener, por lo que notaremos cansancio, fatiga física y cerebral y no tendremos la misma agilidad mental”, afirma el portavoz de IMEO.

Entonces, ¿saltarse el desayuno adelgaza? Bravo indica que no desayunar puede ayudar a perder peso, pero no a adelgazar. Esto último lo define como “perder volumen de grasa”.

Cuando el cuerpo detecta que no estamos comiendo, comienza a ralentizar el metabolismo, aumentando el sistema ahorrador de energía. De esta manera se produce un menor gasto calórico y se provoca que cuando entra el alimento al cuerpo éste se almacena como grasa.

Además, el especialista indica que saltarse el desayuno de forma habitual puede provocar desequilibrios alimenticios. Cuando el cuerpo no obtiene una respuesta a su demanda de nutrientes tiene que buscarlos en otro sitio, reduciendo de esta manera los almacenes de vitaminas y minerales. Si se produce de forma habitual pueden aparecer problemas de salud.

El desayuno adecuado

El desayuno adecuado debe incluir un poco de cada macronutriente. El portavoz del IMEO habla de hidratos de carbono integrales, grasas saludables y proteínas de alto valor biológico. Lo ejemplifica de la siguiente manera: una rebanada de pan de centeno con tomate triturado, aceite de oliva y jamón ibérico.

En definitiva, Bravo explica que comer demasiado poco por el día promueve que por la tarde y por la noche tengamos más ansiedad, lo que sería una mala decisión para perder peso, ya que pueden producirse atracones. “Si se quiere perder peso  lo mínimo que hay que realizar son tres comidas y lo recomendado cinco”, indica el experto.

Ayunar, un error común a la hora de adelgazar

Muchas personas se privan de ciertas comidas con el objetivo de perder peso. Sin embargo, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad nos alerta de las consecuencias a las que se exponen…

Consalud.es

El ayuno no es recomendable para perder peso
El ayuno no es recomendable para perder peso

Entre los objetivos que nos proponemos, perder peso siempre es el protagonista, o al menos uno de los más habituales entre la mayoría de la población. A menudo iniciamos dietas que acaban en fracaso o nos apuntamos a un gimnasio que acabamos abandonando por pereza, falta de tiempo y desmotivación.

Y es que, normalmente, el fracaso de los planes de adelgazamiento recae en las malas prácticas. Así lo explica el Instituto Médico Europeo de la Obesidad, que alerta en este caso de los peligros que supone recurrir al ayuno para perder esos kilos de más.

“Nuestro organismo está diseñado para sobrevivir y por ello y detecta ciertas prácticas como una agresión y sin querer desencadenamos una serie de procesos que juegan en nuestra contra, y ese es el caso del ayuno”, manifiestan desde el organismo.

CONSECUENCIAS DEL AYUNO

El cortisol, por ejemplo, es una hormona que estimula la acumulación de grasas y destruye masa muscular para producir energía. Por tanto, si no desayunamos, el organismo detecta una agresión y comienza a segregar esta hormona para ahorrar la máxima cantidad de energía posible, lo que desencadenará una pérdida de la masa muscular y un incremento del tejido adiposo.

En cuanto a la ansiedad por la comida, ante la falta de alimento, tu cuerpo incrementará la sensación de hambre incrementando la posibilidad de que recaigas con un atracón. Por este motivo, siempre será mejor repartir la alimentacion en cinco comidas pequeñas que saltarse ninguna.

Por otro lado, ante el ayuno, muchas veces recurrimos al consumo excesivo de café para calmar el apetito por la somnolencia y el cansancio que provoca no comer. El Instituto Médico Europeo de la Obesidad insiste en que el insomnio y las alteraciones sobre los patrones del sueño pueden llevarnos no solo a coger más peso, sino también a generar episodios de ansiedad y depresión.

Como conclusión, el Instituto establece que si realmente queremos intentar adelgazar con éxito habrá que llevar una comida equilibrada compuesta de un desayuno completo y recalca que, como mucho, se podría reducir la cena.

Las 5 dietas que no debemos seguir este 2016

HOLA.com

peores-dietasAlgunas prometen perder mucho peso en poco tiempo, otras son demasiado restrictivas e incompatibles con la vida social y no faltan las que incluso confieren poderes milagrosos a determinados alimentos. En definitiva, son desequilibradas y comprometen nuestra salud. El equipo de expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) analiza el ‘top 5’ de las peores dietas por las que bajo ningún concepto debemos dejarnos seducir por mucho que busquemos desprendernos de los odiosos kilos de más. Ya sabes: huye de las modas y recuerda que por encima de todo está tu salud.

1. Las monodietas a base de sirope de savia, limón, manzana o piña. Son planes que basan la alimentación en un sólo alimento por un tiempo determinado. Según los expertos de IMEO son extremadamente restrictivas en calorías, muy desequilibradas y con asegurado efecto rebote. Por ejemplo, la dieta del limón, utilizada a menudo para bajar una talla de pantalón en una semana, puede desencadenar enfermedades como diabetes, hipertensión y anemia al obligar a nuestro organismo a consumir en exceso un ácido tan potente. Así, es especialmente contraindicada en personas con problemas de reflujo, acidez de estómago, ácido úrico elevado o estreñimiento.

Por otro lado, encontramos las dietas de la manzana y la piña, que se han popularizado tras los excesos navideños. Es cierto que estos alimentos tienen propiedades diuréticas y depurativas, pero “son frutas que no contienen proteinas; por lo que, a la hora de perder peso, se elimina masa muscular y cuando terminemos la dieta volveremos a recuperar el peso con gran facilidad”, apunta Estefanía Ramo, nutricionista del IMEO.

2. Dieta de las 500 calorías. Es otra de las dietas milagro que abundan en la red y que consiste en hacer un par de días de ayuno a la semana con una ingesta máxima de 500 calorías. Desde IMEO recalcan que ninguna dieta debería ser inferior a las 800 calorías; ya que una ingesta tan inferior podría tener grandes consecuencias para la salud: deficiencias nutricionales que pueden derivar en anemia, osteoporosis…; falta de vitalidad, fatiga muscular, desórdenes alimenticios, ansiedad, etcétera.

3. Dieta de los sobres proteinados. Este tipo de dieta, de procedencia fracesa, utiliza sobres y preparados proteicos como sustitución de comidas. Lleva al organismo a una situación de cetosis, provocada por el uso de la grasa corporal como fuente de energía al reducir radicalmente los niveles de glúcidos. El veredicto de los expertos: no es una dieta equilibrada y el hecho de reemplazar los alimentos cotidianos por preparados proteicos la hace insostenible en el tiempo.

4. Dieta de los ‘smoothies’ multivitamínicos. A base de frutas, verduras, hortalizas… Son auténticos cócteles de vitaminas y minerales, pero reducidos en proteinas y grasas; por lo que alimentarse únicamente a base de zumos es no aportar al cuerpo los nutrientes necesarios de una comida. Además, al ingerir la fruta y verdura trituradas omitimos la masticación y la insalivación, una parte del proceso digestivo que influye en el efecto de saciedad. Los expertos recomiendan que este tipo de dieta no exceda nunca las 48 horas y no con el objetivo de adelgazar; sino como una forma de ‘limpiar’ el cuerpo.

5. Dieta del ‘cero carbohidratos’. Esta dieta, que ha cobrado especial fuerza en EEUU, de la mano de ‘celebrities’ como Gwyneth Paltrow o Miley Cyrus, limita la ingesta de hidratos de carbono (cereales, legumbres, vegetales y fruta) -nuestra principal fuente de energía-. Como consecuencia, “provoca que el organismo no disponga de glucosa suficiente en la sangre y agote las reservas del hígado y el músculo”, explique la nutricionista Andrea Marqués. Seguir esta dieta puede provocar a corto plazo mareo y dolor de cabeza, extreñimiento severo por la carencia de fibra… A largo plazo las consecuencias pueden ser aún más pejudiciales: desde pérdidas de calcio a nivel renal por el exceso de proteina, a pérdida de masa muscular, pasando por arritmias cardiacas.

Zumos y dieta dietox para resetear tu organismo

Telva, por Gloría Vázquez Sacristán

depurar el organismoNos enfrentamos a una época complicada a varios niveles. Nuestra agenda se llena de miles de eventos (cenas, comidas, meriendas de Navidad) y nuestros hábitos alimenticios se descolocan por completo. Comemos y bebemos más. Y día a día esto acaba causando estragos en nuestro organismo. ¡Necesitamos hacer una cura interna a nuestro cuerpo! Sí, hablamos de las famosas dietas detox que echarán una mano a tu body para liberarse de las toxinas que te hacen parecer más hinchada, tener una piel apagada e incluso no lograr perder esos kilitos que nos sobran. Descubre, de la mano de dos expertas, los beneficios de estas dietas tan de moda y los hábitos alimenticios que tendrás que realizar para lograr “limpiar” tu organismo.

¿Qué significa hacer detox?Hacer un detox significa ofrecerte a ti mismo un break, un momento de relax: desconectar de la rutina, permitiendo a tu organismo limpiarse desde dentro. No sólo a nivel alimentario, sino mental y físico“. “Un detox global implica un cambio al 100% de rutinas y hábitos durante un mínimo de 3 días“, explica la doctora en Naturopatía Louise de Sayve.

Esto implica que introduzcas las pautas correctas para que el resultado sea el beneficioso para tu organismo. Puedes realizar dietas controladas por expertos o acudir a un retiro itinerante como el de The Green Shelters que combinan detox desde todas sus facetas: ejercicio, alimentación, meditación… y relax auténtico.

¿Son necesarios o es una moda? Sayve responde: “Hacer una ‘cura’ detox no sería, en teoría, necesario para todo el mundo. Pero sí para la gran mayoría de los que vivimos inmersos en un lifestyle al más puro estilo S. XXI (polución, estrés y con una dieta poco equilibrada)“.
Para mantenerse sano, resulta esencial liberar el cuerpo del exceso de toxinas“, es decir ayudar a nuestro cuerpo a eliminar los excesos de toxinas que pueden perjudicar nuestra salud y el correcto funcionamiento del cuerpo.

¿Quienes deberían hacer dietas detox?La polución, ciertos estilos de vida marcados por el sedentarismo, el estrés crónico y una nutrición desequilibrada forman parte del día a de muchos y son precisamente esos tres factores los principales causantes de un sobre-exceso de toxinas. Para ellos, purificar el organismo con cierta regularidad es esencial“.

Un toque detox en tu día a día: agua caliente con limón

agua con limón“Tomar cada día, nada más levantarte, agua caliente con unas gotas de zumo de limón (el estómago agradece que lo primero que recibe en la jornada no sea frío; las bajas temperaturas le dificultan los procesos digestivos), ayuda a eliminar el exceso toxinas: facilita los correctos procesos depurativos, impulsando la eliminación de toxinas a lo largo del día y, además, ¡ayuda a despertarse!“, explica Marion Thelliez, doctora en Naturopatía, miembro del equipo de retiros itinerantes healthy detox The Green Sheltes.
La regla de oro: espera 15 minutos antes de tomar nada más.

Receta del zumo: Agua caliente con zumo de limón natural. Si no te gusta el sabor, puedes añadirle un poco de jengibre para camuflar la acidez. Importante: nada de azúcar.

Receta para un día detox: un día a arroz (1 vez a la semana o 1/2 veces al mes)

arrozThelliez explica que: “Optar por un solo tipo de alimento durante un día entero es una fórmula detox clásica y muy eficaz. Si el alimento elegido tiene propiedades depurativas, como la piña (clásico entre los clásicos para la mono-dieta) y resulta fácil de digerir funciona aún más. Otro alimento que en naturopatía empleamos mucho como limpiador: el arroz. Ayudar a realizar una especie de “cepillado” depurativo del aparato digestivo, ayuda a evacuar el exceso de toxinas“.

Importante: ¡sólo comes un alimento! Sin mezclar con ningún otro. Si eliges pasar un día comiendo sólo arroz, no lo puedes mezclar ni con otros elementos ni con salsas o aceites. Puedes “mejorarlo” con especias como cúrcuma, canela, vainilla, hierbas aromáticas (tomillo, romero, orégano…).

Consejo: Apuesta por el Basmati. Si tienes problemas de estreñimiento mejor elige otro alimento.

Detox líquido intensivo. 2 ó 3 días. Dos veces al año

dieta detoxNunca más de tres días, salvo que se realice con supervisión médica”. “Las curas detox a base de líquidos son la receta para deshacerse del exceso de toxinas y para ganar energía. Al evitarle gran parte del trabajo habitual al aparato digestivo, la energía que nuestro organismo normalmente tiene que destinar a procesar los alimentos no líquidos a través de la digestión, nos hace estar más activos e incluso de mejor humor. Además ¡ayuda a deshincharse y disparar la luminosidad de la piel!“.

Importante: Nada de zumos procesados. Opta por frutas, verduras y hortalizas frescas (preferiblemente de cultivo orgánico) y consumir los zumos (la cantidad por persona/día debe ser de 2,5 litros) y las sopas. Mejor si todo está recién hecho.

Truco: Elegir 2 ó 3 días tranquilos en los que evitemos salir a comer fuera de casa.

Las expertas de The Green Sheltes nos dan el menú tipo para hacerlo durante 3 días.

Día 1

Desayuno: Zumo alcalino regenerante (zanahoria, manzana, remolacha, granada, jengibre, limón y menta fresca) + 1 cucharada sopera de granos de chía.

Media Mañana: 1 Infusión: antioxidante de Cassis (grosella negra) o digestiva de anís,
menta, verbena y regaliz. (Común a todos los días).

Almuerzo (medio-día): Zumo especial para limpiar el hígado. A base de apio, perejil,
espárragos verdes, naranja, cúrcuma, jengibre y algas Klamath.

Media-tarde/ Merienda: 1 vaso de leche de almendras o un puñado de pepitas de cacao crudo. (Común a todos los días).

Cena: Sopa depurativa de verduras: apio, nabo, zanahoria, batata, patata, puerro, tomate kale y perejil.

Día 2

Desayuno: Zumo digestivo y antiinflamatorio (manzana, hinojo, jenjibre y cúrcuma) + 1 cucharada sopera de granos de chía.

Almuerzo (medio-día): Zumo depurativo del riñón (remolacha, limón, espinacas, rábano,
jengibre, cúrcuma y alga Klamath).

Cena: Sopa depurativa de verduras: apio, nabo, zanahoria, batata, patata, puerro, tomate kale y perejil.

Día 3

zumo antioxidanteDesayuno: Zumo antioxidante (Pera, espinacas, kale, agua de coco, perejil y limón) + 1 cucharada sopera de granos de chía.

Almuerzo (medio-día): Zumo digestivo hidratante de pepino, acelgas, apio, perejil, menta, corianda, jengibre y algas Klamath.

Cena: Sopa depurativa de verduras: apio, nabo, zanahoria, batata, patata, puerro, tomate kale y perejil.

La dieta de la mediana edad: los modos más sencillos de perder peso a partir de los 40

Llegados a los 30 años nuestro metabolismo se desacelera y nos cuesta más mantener firme la masa muscular. Las dietas que hacíamos 20 años atrás ya no nos sirven, pero tiene solución

El Confidencial, por Alba Ramos Sanz
la-dieta-de-la-mediana-edad-los-modos-mas-sencillos-de-perder-peso-a-partir-de-los-40Echa cuentas: de media nos pasamos unos 23 años de nuestra vida durmiendo. Aproximadamente una tercera parte, una eternidad de tiempo perdido, pero lo cierto es que el descanso es fundamental para la salud. Ahora, que si piensas la cantidad de años que te pasas a dieta a lo largo de tu existencia, entonces puede que te lleves las manos a la cabeza.

Según calculó en 2013 el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) las mujeres españolas se pasan ocho años de su vida a dieta, lo que equivale realizar casi 100 dietas de unas cuatro semanas de duración. Y ojo, porque los hombres no se quedan atrás en esto de quitarse los kilitos de más y cada vez se unen más a aquello de seguir un régimen y apuntarse al gimnasio, al menos en los dos momentos cumbre del año: después de Navidad y antes de verano.

Deberíamos estar estupendos, pero la realidad es muy diferente. Al seguir este tipo de dietas relámpago dos veces al año nos topamos con el conocido “efecto rebote” porque volvemos a nuestros hábitos alimenticios en cuanto perdemos el peso que pretendíamos… Y cuando llegas a los 40 este impacto es mucho mayor de lo que era a los ‘veintitantos’.

A medida que nos acercamos a la mediana edad, nuestro metabolismo se desacelera y perdemos masa muscular, lo que se traduce en que las dietas que hacíamos 15 y 20 años atrás ya no nos sirven apenas para nada. No pasa nada, simplemente tienes que empezar a seguir los trucos para adelgazar adecuados a tu edad como los que recoge Grant Stoddard en ‘Eat This Not That’.

1. Reduce el consumo de alcohol

“Es muy agradable relajarse al final de un largo día abriendo una botella de vino, ¡pero antes de que te des cuenta te has tomado dos o tres copas cada noche!”, advierte la nutricionista Amy Shapiro, quien recuerda que una copa de vino tiene en torno a 75 calorías, o sea que si te calzas tres como costumbre estamos hablando de unas 225 calorías.

Y sí, la barriga cervecera existe y habrás notado que es bastante más común en las personas que ya han pasado los 30 años… Está claro que las tapas son las grandes protagonistas de que nos llevemos unos cuantos gramos de más cada vez que salimos a tomar unas cañas, pero la cerveza no está exenta de calorías: aunque depende del tipo, en general, un tercio –unos 33 centilitros– tiene 150 calorías. Esto, unido a un estilo de vida sedentario; suma y sigue con las calorías de más. Córtate un poco con el alcohol y busca alternativas para acompañar tus comidas, tu salud y tu cintura te lo agradecerán ahora más que nunca.

2. Apaga la calefacción

Una medida bastante económica que te ayudará a perder barriga. Al menos así lo asegura un estudio publicado en la revista ‘Diabetes’ según el cual reducir el calor durante el invierno puede ayudarnos a atacar la grasa del vientre mientras dormimos. Las temperaturas más frías ayudan a que nuestra grasa marrón se active y actúa más eficazmente en su tarea de quemar las grasas acumuladas en el abdomen.

3. Haz ejercicio en ayuno

Según el entrenador personal Seth Santoro, un elemento clave en la estrategia para adelgazar a partir de los 40 es hacer más ejercicios cardiovasculares, pero para que funcione debemos hacerlos en ayunas. “Ir al gimnasio y hacer algunos ‘sprints’ en la cinta de correr con el estómago vacío ayuda a quemar grasas. Los niveles de glucógeno se agotan durante el sueño y al despertarnos el cuerpo empieza a utilizar un mayor porcentaje de grasa corporal como fuente de energía. Si hacemos deporte en ayunas cuando el cuerpo tiene un déficit de calorías activamos el metabolismo y aumentamos la capacidad de quemar calorías más que en otros momentos del día”, explica el experto.

4. Recena

Dar al metabolismo una pequeña sacudida justo antes de acostarnos ayuda a mantener activo nuestro metabolismo –que, recordemos, va desacelerándose a medida que envejecemos– para que no deje de trabajar durante la noche. Y las proteínas serán el mejor aliado.
Así lo confirmó un estudio realizado en la Universidad Estatal de Florida según el cual los hombres que se comían un bocadillo que incluía unos 30 gramos de proteínas tenían una tasa metabólica en reposo superior a la mañana siguiente que los que no habían comido nada. La proteína realiza un efecto termogénico –que ayuda al organismo a generar calor mediante reacciones metobólicas– superior al de los carbohidratos o las grasas, lo que traduce en que ayuda a que el cuerpo queme más calorías mientras dormimos.

5. Práctica sexo

Aunque depende de las posiciones y el tiempo total invertido, practicar sexo ayuda a quemar calorías. En concreto se calcula que se pueden llegar a perder unas 100 calorías por cada encuentro sexual de unos 20 minutos. Olvídate del ‘ya no estoy para estos trotes’, hay formas de elevar la libido y disfrutar del sexo.
Según un estudio publicado en ‘The Journal of Sexual Medicine’, el deseo sexual femenino aumenta en proporción a la calidad de su descanso: es decir, por cada hora extra de sueño más minutos de placer demandarán. Además, otra investigación demostró que cuanto más cantidad y más a menudo se practique, se pierde más peso. Como cuando vamos habitualmente al gimnasio, de este modo conseguimos crear un circuito de retroalimentación positiva.

6. El ritual si sales a cenar

“Si sales a comer fuera, pide dos primeros en vez de un entrante y un plato principal. Hay que controlar la cantidad de las porciones y, por lo general, éstos son más ligeros que los segundos”, aconseja Shapiro. “Siempre recomiendo escoger entre uno de los tres venenos: pan, alcohol o postre”, añade la experta, quien recuerda que cualquiera de estas opciones no son más que calorías vacías así que debemos tratar de limitar su consumo total. Así conseguirás que una cena de ocio no se convierta en un duro trabajo durante la semana para quemar esos pequeños excesos que, con la edad, se notan más que nunca.

7. Cierra las cortinas

Siguiendo los consejos anteriores, si llegas al dormitorio y está frío y has comido algún aperitivo nocturno alto en proteínas, estás listo para irte a dormir y quemar calorías mientras descansas. Claro que para que estas técnicas funcionen correctamente necesitas conciliar el sueño de forma rápida y duradera y la luz exterior es el peor enemigo de este objetivo.
Aunque creas que tu sueño es inmune a la luz solar y ‘te dé igual’ que las persianas estén levantadas, la realidad es que no correr las cortinas afecta a los niveles de melatonina –la hormona responsable de conseguir que nuestro cuerpo se duerma antes– y afecta a la calidad de nuestro descanso, lo que con los años se traduce en que nuestro metabolismo no actúe durante la noche tal y como deseamos.

8. Apaga la tele

¿Sabías que las personas que ven menos la televisión están más delgadas? Y no es que inviertan su tiempo en hacer ejercicio en lugar de sentarse delante de la ‘caja tonta’, es que evitando este hábito reducen el riesgo de padecer diabetes, enfermedades de corazón y una muerte prematura en un 20%, 15% y 13%, respectivamente. Así lo aseguró un estudio según el cual esto puede deberse a que al estar más rato sin movernos gastamos menos combustible y los niveles de azúcar en sangre inundan el torrente sanguíneo y esto a partir de los 40 años contribuye en mayor medida a las posibilidades de tener diabetes y otras enfermedades relacionadas con el peso.

9. ‘Hara Hachi Bu’: aprende de los japoneses

En general, los japoneses envejecen estupendamente y mantienen una alimentación sana y equilibrada. De hecho están entre las personas más longevas del mundo. Aquí está su truco, cuyo nombre puede costarte memorizar: la técnica ‘Hara Hachi Bu’. Literalmente significa “estómago lleno 8 de 10”, y en la práctica se traduce en comer hasta alcanzar el 80% del nivel real de hambre que tenemos y parar. Recuerda que no se acaba el mundo y volverás a comer más tarde. Si vas reduciendo tus porciones poco a poco acostumbrarás a tu estómago a comer menos cantidad y, por tanto, evitar la ingesta de unas cuantas calorías innecesarias.

10. Bebe más agua

Una de las cosas más importantes que podemos hacer para perder peso a medida que envejecemos es beber agua. Entre otros muchos beneficios, así conseguimos reducir la cantidad de sal de nuestra dieta sin darnos cuenta. Un exceso de sodio puede traducirse en que el cuerpo retenga líquidos, lo que se traduce en una desagradable sensación de hinchazón. Bebiendo al menos dos litros de agua al día, lo podrás evitar.