Del kétchup a la de yogur: ¿hay alguna salsa saludable en el supermercado?

Analizamos las salsas preparadas más comunes del supermercado, que son distintas en sabor y en salud. 

El Español, por Roberto Méndez

Partiendo de la base de que cualquier alimento que contenga más de cinco ingredientes entre sus componentes puede etiquetarse como “ultraprocesado“, las salsas prefabricadas que suelen vender los supermercados serían fácilmente denominadas como tal. Aún así, son muy consumidas hoy en día, y siguen siendo pocos los que prefieren preparar sus propias salsas caseras.

Entre las salsas prefabricadas más conocidas están la mayonesa, el kétchup, la mostaza, la salsa de soja, la salsa de yogur o la salsa barbacoa, entre otras mil combinaciones. Sin embargo, hoy solo analizaremos estas, y veremos otras opciones alternativas.

La mayonesa es una salsa que esencialmente debería contener huevo y aceite vegetal (originalmente era aceite de oliva) como ingredientes principales. Sin embargo, se le suele añadir sal, azúcar, almidón de maíz, vinagre y otros conservantes que en ocasiones son innumerables. Si bien es cierto que destaca su elevado contenido en vitaminas liposolubles (vitaminas A, D, E y K), su elevado contenido en grasas, cuyo tipo puede variar dependiendo del aceite usado en su elaboración, la hacen estar en el semáforo rojo nutricional.

Tan solo una cucharada de mayonesa (o un sobrecito prefabricado, como se suele vender en la actualidad) representa 10 gramos de producto, y alrededor de 100 kcal. Sin embargo, son pocos los que tan solo usan esta escasa cantidad, algo que aumenta drásticamente la densidad calórica de los platos.

En la actualidad, a nivel industrial, se usan diversos tipos de aceites vegetales para elaborar la mayonesa: desde aceite de girasol hasta aceite de maíz, pasando por el aceite de colza en algunos ámbitos culinarios como la cocina francesa. Todas estas alternativas son menos interesantes nutricionalmente que el mencionado aceite de oliva.

De hecho, una “mayonesa saludable” debería contener solo huevo y aceite de oliva batidos, junto a un poco de zumo de limón y sal, sin añadir ningún otro ingrediente. A nivel industrial, sin embargo, dada la necesidad de aromatización, palatabilidad y conservación, se suelen añadir muchísimos otros ingredientes innecesarios a nivel nutricional. No es, por tanto, la mejor salsa del mercado para añadir a nuestros platos.

Kétchup

De nuevo el caso del kétchup es similar al de la mayonesa. En un principio se trataba de una salsa de tomate sin más, pero se le acabó añadiendo azúcar o jarabe de maíz con un alto contenido de fructosa (el mismo azúcar que caracteriza a los refrescos). Se trata de una salsa con un sabor interesante, y de hecho se suele abusar de ella para que los más pequeños consuman determinados alimentos. Sin embargo, su contenido en azúcar es preocupante, a pesar de que no aumente drásticamente su densidad calórica como sucede con la mayonesa.

Por cada cucharada de kétchup “solo” hay 20 kcal, pero una salsa de tomate típica sin productos añadidos tiene la misma densidad calórica por cada 100 gramos de producto, por lo que la comparativa hace perder puntos al kétchup. De forma estándar, pueden haber hasta 4 gramos de azúcar por cada 10 g de producto, según la marca de kétchup. Puede parecer una cantidad escasa, pero como sucede con cualquier salsa, no se suele emplear tan solo una cucharada sin más.

En comparación a la mayonesa, el kétchup es más saludable, no solo por contener una menor densidad calórica, sino también por su componente principal, los tomates, los cuales contienen antioxidantes naturales como el licopeno, el cual destaca por su potencial protector frente a enfermedades cardíacas y determinados tipos de cáncer.

Aún así, tanto el contenido de azúcar como el exceso de sal que caracterizan al kétchup (2-7 g de sal por cada 100 g de salsa) no defienden el consumo de esta salsa, siendo siempre más recomendable usar salsa de tomate natural, y no frito.

Mostaza

La mostaza, junto a la mayonesa y el kétchup, suele completar el grupo de salsas más vendidas y sobre todo más consumidas en los restaurantes de comida rápida. Como también sucede con las salsas anteriores, la mostaza industrial difiere mucho de su preparación original. En teoría, tan solo debería contener semillas de mostaza, agua, vinagre, poca sal, poco azúcar, zumo de limón y especias (destacando la cúrcuma, entre otras).

Sin embargo, no suele ser tan saludable cuando se consume de forma prefabricada. Los niveles de sal y azúcar de la mostaza suelen ser muy elevados en comparación a su elaboración casera, algo que no la haría recomendable en el día a día, pero en este caso destacando mucho más el caso de la sal respecto a otras salsas, con hasta 125 mg por cucharada.

Por otro lado, a nivel calórico, destaca por ser una salsa bastante baja en calorías, con apenas 15 kcal por cucharada. Además, contiene selenio y vitaminas Cy B12 entre su composición, aunque no en cantidades tan significativas como para recomendar su consumo. Si se elabora de forma casera, controlando las cantidades de sal y azúcar, podría decirse que es la salsa “más saludable”, dentro de lo que significa aderezar la comida con salsas, que siempre se traducirá en elevar su densidad calórica.

Salsa de soja

La salsa de soja podría copar el podium de salsas más saludables, dada su densidad calórica, de tan solo 10 kcal por cucharada, superando incluso a la mostaza. Sin embargo, su elevado contenido en sodio también supera a la mostaza, siendo de entre 575 y 1.000 mg por cucharada, cuando las recomendaciones actuales limitan el consumo de sodio a unos 2.500 mg diarios.

Por otro lado, dependiendo de su elaboración, la salsa de soja también puede contener azúcar, colorantes y conservantes, por lo que una vez más se aconseja su elaboración casera y su consumo con moderación (sobre todo por el caso del sodio). No es muy común, pero existen casos potencialmente mortales relacionados con esta salsa, como el caso de una mujer que intentó hacer una “dieta detox” bebiendo un litro de salsa de soja de golpe.

Salsa de yogur

La salsa de yogur, por su parte, no suele ser tan consumida como es el caso de las anteriores, dado que se suele utilizar como aderezo para ensaladas. Así mismo, su elaboración casera es relativamente fácil, pero podemos encontrarla en versión prefabricada en el supermercado.

Su composición de base es más saludable que otras, al contener yogur, aceite, zumo de limón y hortalizas como el pepino, entre otras. Pero, a nivel industrial, sigue destacando su elevado contenido en calorías: por cada cucharada de 10 gramos de salsa encontraremos unas 40 kcal y 100 mg de sodio, similar al caso de la mostaza. Además, casi el 80% de una salsa industrial de estas características es grasa.

Si se quiere elaborar de forma casera, existen múltiples versiones, pudiendo elegir entre diversos tipos de yogures (naturales o desnatados) dependiendo de la densidad calórica deseada. Esencialmente, la salsa debería componerse de yogur, aceite, pepino, zumo de limón, una pizca de sal y especias al gusto. Incluso existen versiones que usan queso batido en lugar de yogur.

Salsa barbacoa

Finalmente, la salsa barbacoa, de origen estadounidense, tiene múltiples ingredientes, donde destacan la salsa de tomate, mostaza, salsa picante, especias, sal, edulcorantes e incluso miel y/o vinagre, dependiendo de la zona en la cual se consuma.

En su elaboración industrial se pueden encontrar que la salsa barbacoa contiene unas 13 kcal por cada cucharada de 10 gramos, con alrededor de 3 gramos de azúcar y unos 150 mg de sal por cada una. De nuevo, se trata de una salsa rica en sodio con una escasa densidad calórica (como los casos de la salsa de soja o la mostaza), de la cual no se debería abusar.

Su elaboración casera también es relativamente fácil, aunque se puede complicar dependiendo de la cantidad de ingredientes que se quieran añadir. En este caso es posible reducir aún más la densidad calórica, y sobre todo el nivel de azúcar y sal.