¿Cómo influye el ayuno en nuestro organismo?

El ayuno terapéutico se utiliza cada vez más. Sus defensores afirman que ayuda a depurarse y alarga la vidaLucía Barrera / Estar Bien

Privar al cuerpo de alimento voluntariamente es algo que se ha hecho a lo largo de la historia de la humanidad, ligado fundamentalmente a la espiritualidad. Hoy en día se habla mucho del ayuno terapéutico, una práctica que defiende especialmente la medicina naturista, y que, según sus partidarios, ayuda al organismo a depurarse, potenciando la salud y la longevidad. Sin embargo, la técnica no consiste en no comer nada, sino en provocar en el cuerpo una serie de reacciones por la supresión de la comida sólida. Es decir, se beben líquidos procurando que la ingesta total de calorías no supere las 300 diarias. Esto provoca que se eche mano de las reservas corporales algo que genera, para aquellos que la potencian, una revolución física y psíquica. La duración más recomendada en la medicina naturista es ayunar de uno a tres días, una vez por semana o al mes, o bien de tres a siete días una vez al mes.
La técnica cuenta con fieles seguidores y también detractores. Así, para María Lourdes de Torres, responsable de Dietética y Nutrición de Adultos del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, no está demostrado que ayunar limpie el organismo de las toxinas. Su razonamiento parte de la base de que para trabajar todos los días el cerebro necesita glucosa y nitrógeno. El nitrógeno sale de los aminoácidos y estos a su vez de la proteína. El glucógeno o energía que almacena el hígado —cuya función es mantener la glucosa en sangre— sólo perdura en él 24 horas. Si se está un día sin ingerir azúcares, el cuerpo busca un lugar para extraer ese glucógeno y en ese proceso se utilizan también electrolitos y agua, por lo que si no se bebe mucha agua puede empezar un proceso de deshidratación. Por eso al ayunar hay que beber mucho líquido.
Pero además, sino se ingieren proteínas el organismo empieza a sacar de los propios músculos el nitrógeno, por lo que al extender esta práctica en el tiempo se pierde masa muscular. De este modo, estando una semana sin comer, hay una pérdida significativa de peso que responde a la pérdida de esta masa y de líquido, no de grasa, por ello se recuperan kilos rápidamente en cuanto se vuelve a comer.
Otra cosa que sucede es que al no haber ingesta no se hace bolo alimenticio lo que produce que la peristáltica se vuelve más perezosa, y haya más estreñimiento. “Los beneficios del ayuno no están avalados científicamente”, insiste De Torres, que apunta a que si se ayuna más de un día cuando se vuelve a comer se produce el llamado efecto yoyó, ya que el organismo ahorra la poca energía que recibe, por lo que cuando se vuelve a una alimentación normal se duplica la asimilación porque, en previsión de más restricciones, el cuerpo limita el gasto de energía. “Estar 24 horas de ayuno en una persona sana no es negativo para el organismo, pero más allá de ese tiempo no es recomendable”, acota la especialista al tiempo que insiste en que, pasado ese periodo, comienza a producirse una desorientación de la regulación de los fluidos corporales, de las transmisiones nerviosas y de las contracciones de los músculos porque las necesidades de minerales, de glucosa y de nitrógeno siguen estando ahí.
Mañana, ayuno
Comenzar un ayuno no es algo que se deba hacer de un día para otro. No es recomendable hacerlo de manera brusca, sino que hay que adaptar al cuerpo a ello al menos un día antes. De este modo, conviene ir sustituyendo productos animales por productos vegetales y tomar abundantes líquidos, especialmente infusiones. Se puede optar por las de cerezo, cola de caballo o diente de león. El día anterior se debe preparar al cuerpo ingiriendo sólo hortalizas y frutas crudas y lo mismo debe hacerse en el día posterior. “Por lo tanto, si se decide ayunar una vez por semana, sólo se hace una alimentación completa y equilibrada cuatro días, porque de los otros tres uno es pre, el otro es in y el tercero es post”, matiza la responsable de Dietética.
Otra de las recomendaciones si se practica es evitar hacer movimientos bruscos, ejercicio y esfuerzo mental, dado que se puede producir fatiga cognitiva, mareos, subida de temperatura y más degeneración muscular. En tal caso, para De Torres esto es algo que pueden hacer únicamente individuos sanos. No deben practicarlo, por tanto, mujeres embarazadas o en período de lactancia, menores de edad o mayores de 65 años, diabéticos, hipotensos o hiperglucémicos, personas con obesidad grave, enfermos de tuberculosis, cáncer o sida o pacientes con insuficiencia cardíaca, de riñón o hepática o con trastornos psiquiátricos.

Ayunar por creencias

Otras opciones para depurar
A la hora de depurar el organismo, De Torres propone una alternativa al ayuno. Teniendo en cuenta que el mecanismo de la digestión consume mucha energía, si se pone en marcha el ciclo Krebs muchas veces con una ingesta de calorías menor que las que necesita el cuerpo para hacer la digestión, esa energía se saca de la grasa acumulada. Por eso, 5-6 ingestas al día con un poco de proteína, abundantes líquidos y fibra puede ser una alternativa. Se ha demostrado, por ejemplo, que ingerir menos grasas animales y menos proteínas animales de las que se necesitan, sustituyéndolas por aceite de oliva, de girasol o por dietas ovolacteovegetarianas es más sano para metabolismo, ya que deja menos detritus. “Cuando uno se ha dado un atracón al día siguiente no es recomendable no comer, lo que está indicado es hacer seis ingestas, en solo dos de ellas comer proteína para incluir lo mínimo necesario para producir los aminoácidos y el nitrógeno del cerebro para que se gaste de los músculos y el resto hacerlo con fruta, no más de 4 al día y con muchas hortalizas o pasta en cantidades pequeñas”, aclaró.
En su connotación sagrada el ayuno “purifica el alma y eleva el espíritu“. Según las directrices de la Iglesia Católica, el próximo 6 de abril, Viernes Santo, es día de abstinencia y ayuno. El Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) propone un plan de alimentación para las personas que deseen llevarlo a cabo basado en líquidos que asegura los niveles mínimos de glucosa para el correcto funcionamiento del organismo. “En día de ayuno el aporte calórico nunca debería bajar de unas 1.000-1.100 calorías diarias”, indica Rubén Bravo, naturópata y especialista en nutrición del IMEO. Asimismo, se recomienda interrumpirlo si aparece sensación de debilidad, desmayos, sudoración profusa, temblor, taquicardia o fatiga.

Desayuno: Vaso y medio de zumo de piña recién hecho.
Media mañana: Vaso y medio de yogur bebido 0% grasas.
Almuerzo: Dos tazones de caldo de verduras y pescado.
Merienda: Zumo de tres naranjas.
Cena: Dos tazones de caldo de verduras y pescado.

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